Vendetta II
Lana estuvo mirando el techo de su apartamento por las siguientes cuatro horas. Puede que la conversación por teléfono hubiera salido muy bien, pero el shock de tenerla la había dejado ansiosa y sintiéndose extraña. Recordaba que esa sensación comenzó cuando desbloqueó su móvil y encontró aquel "Hey", justo a un lado de la foto y el nombre de Jennifer Morrison. Así como si nada, así como si no se hubiera pasado varios años dirigiéndole la palabra sólo si no tenía una mejor opción.
Contestar fue una formalidad y, quizás, una reacción movida por la curiosidad. Quería saber qué era lo que movía a su ex compañera, la apática Jennifer Morrison, a hablarle después de tanto tiempo. No había una razón aparente. No había novedades de la producción de la serie, ni nada para celebrar o rememorar. Se impresionó cuando la actriz la felicitó por su posible contrato con la FOX, aunque no se creyó bajo ninguna circunstancia que esa era la razón de su repentino mensaje. Y acertó.
Al final, Jenn le dijo que quería retomar el contacto con ella y, siendo como era, quería escuchárselo decir. Quería oírlo de su voz, para saber que no le estaba tomando el pelo. Fueron tantas las veces que Lana intentó acercarse a su compañera de elenco y tantas las que fue rechazada sistemáticamente, que necesitaba saber que aquello no era una burla cruel o un ataque impulsivo. La voz de Jennifer contestó a su llamada con aquel tembloroso "Hola" y ella se vio pestañeando tanto como cuando llegó el primer mensaje. Los nervios eran evidentes en el timbre de voz de la rubia y se encontró sonriendo de medio lado. No es que le interesará demasiado incomodarla, pero está era algo así como su tímida revancha y usó todas sus armas, como recordarle que se había pasado 3 años sin hablarle.
Esperando a que Jennifer reaccionará a ello de mala forma o como la insensible que recordaba, le costó asimilar el oírla acceder a sus reclamos. Tanto que sólo pudo suspirar. Esperaba más resistencia. Atacó de nuevo porque no hacerlo le parecía una muestra de debilidad y Jenn sólo se dejó hacer, como si fuera consciente de sus errores y quisiera enmendarlos. Como sí dejarse atacar fuera un precio que estaba dispuesta a pagar solo por hablarle.
Lana no pudo evitar un bufido a pesar que lo intento, lo ahogó y salió de su boca en forma extraña. Se sintió contrariada con ese carácter aparentemente sumiso porque si Jenn reaccionará ella sabría por dónde darle. Podría batallar con sus emociones de igual a igual, pero intentar molestar a alguien que no se defiende es como darle un puñetazo a una pared. Al final el único que sale peor parado es quién lo da.
Se tomó unos segundos, algo que su ex compañera aprovechó para mostrar sus cartas. Quería convertirse en algo diferente. Quería ser la Jennifer que ella conoció cuando Once Upon a Time vio la vida por primera vez, una con la que compartir cosas sencillas. Siguió sintiéndose contrariada por algunos instantes, pero de un segundo a otro se oyó a ella misma riendo y disfrutando la conversación. Haciéndole la clase de bromas que le hacía a Jenn cuando todavía eran amigas, cuando eran algo más que simples compañeras de trabajo.
Y cuando colgaron la invadió la nostalgia. Tenía el corazón lleno para variar. Llevaba demasiado tiempo sin sentirse del todo bien a la hora de dormir y, últimamente, se replanteaba cada retazo de su vida. Tener esa sensación de satisfacción era especialmente nuevo para cualquier momento posterior a su divorcio y al final de la serie. Pero más que disfrutarla, lo que hizo fue preocuparse. ¿Por qué en tan solo unos minutos Jennifer Morrison podía hacerla sentirse mejor que nada de lo que ya había en su vida? ¿Era acaso un efecto colateral de ser una novedad o la expectativa de recobrar algo que había sido y se perdió? O Ambas. No podía saberlo y eso le molestaba. Aunque más molesto fue darse cuenta de que seguía teniendo ese lado tan dependiente a algunas personas.
Desde que Lana dejó de ser amiga de Jenn nunca sintió la misma complacencia al ir a trabajar que antes. Incluso, después de dejar la serie, ella siempre sintió una punzada de impotencia al pensar en la rubia. La bien trabajada distancia que Jenn ponía entre las dos sumada a esa incapacidad para comunicarse ni compartir siquiera el mismo espacio con ella, eran una fuente de disconformidad constante. Trataba de mostrarse neutral, pero era tan difícil que se miraba a ella misma en los videos que subían y cada vez que le hablaban de Jenn o de Emma, si se observaba con detenimiento, había alguna línea de expresión que se marcaba con fuerza en su rostro. No podía disimular su molestia.
Quería pensar que no le importaba después de tantos años, pero le importaba y la parecía como si al mirarse al espejo pudiera ver un "frágil" tatuado en la frente. Con esta conversación podía ver que no era la única, que a Jenn parecía importarle tanto como a ella esa distancia y que deseaba recortarla. Sin embargo, todos eso momentos de lejanía eran un recordatorio de lo mal que podía pasarla si los viejos comportamientos se repetían. Ya había tenido demasiados desencantos durante el último año como para vivir uno más de la mano de Jennifer Morrison. Porque ella era dependiente a Jenn por razones que no podía adivinar y que tampoco quería. Estaban ligadas por sus papeles en una serie sobre cuentos de hadas de una manera mucho más profunda que la coincidencia o el talento. De alguna manera, había puesto tanto de ella misma en su Regina que Emma y Jenn formaban parte de ella misma, en la medida que condimentaba a la reina malvada o a la alcaldesa. Porque Regina Mills tenía una asignatura pendiente con Emma Swan. Una que ella quería creer que, de existir esa segunda oportunidad que su personaje predecía para su final, había decidido aprobar de una vez.
¿Era poco profesional sentirse unida a una persona a través de un personaje? ¿O sólo un problema? Algo como para hablar con un analista, quizás. ¿Qué iba a decirle si lo hiciera? ¿No puedo desprenderme de una colega porque mi personaje no consiguió su final feliz así que yo lo estoy volviendo real y personal? Definitivamente, poco profesional y para hacerse ver.
Como fuera, la contrariedad no la dejaba dormir. Se sentía temerosa a cuál sería el siguiente movimiento. ¿Qué iba a hacer Jenn? ¿Realmente la invitaría a cenar? ¿O simplemente desaparecería como antes? Esa opción prefería no pensarla. Entre memorias y desencantos, la pilló el amanecer sin pegar ojo. Pero más sorpresa le causó su móvil vibrando pasadas las 6 de la mañana. Se quedó sin aliento al ver a Jennifer enviándole un mensaje tan temprano. ¿Tampoco había podido dormir? ¿También la perseguían esos recuerdos?
Al parecer nada parecido. Sólo quería "vengarse" por haberla mantenido despierta más de lo esperado. Lana no pudo evitar sentirse divertida con esa irreverente versión de su ex compañera que, medio en broma, medio en serio, conseguía seguir comunicada con ella. ¿Estaba mal percibirlo como una buena señal?
Jennifer le preguntó si iría a Dortmund y la instó a visitarla, a pesar de que no tenía planes, con la excusa de su cumpleaños. Y ella se vio a si misma buscando vuelos y preguntándose como tenía ese poder sobre sus acciones. Jugaron mientras se escribían y consiguió algo que quería, pero que nunca admitiría en voz alta. Volver a hablar con ella.
Sonrió anticipadamente al ver la llamada en la pantalla de su móvil, pero serenó su temple para que no la pillará – Buenos días – murmuró tratando de que su voz sonará límpida.
-Buenos días, Señorita Parrilla – la voz de Jenn se escuchó un poco más lejana, pero seguramente era porque estaba conduciendo con el manos libres.
-Aún no he comprado nada, Jenn – anunció Lana – dije que esta noche.
-Lo sé – la rubia hizo una pequeña pausa - ¿no puedo llamar a una amiga en la madrugada solo por el placer que me causa conversar con ella?
Lana sonrió de medio lado, pero mantuvo el tipo lo mejor que pudo – poder puedes, pero lo has dicho, madrugada.
-Pero si estás despierta – se defendió la rubia – y, por cierto, aunque me gusta la idea de la vendetta italiana, ¿cómo puedes despertarte tan rápido? La verdad es que cuando envíe el mensaje pensé que no me responderías.
Lana sopesó sus opciones, decir la verdad o no decir nada. Optó por la primera.
-Bueno, para que veas que tu faceta de mafiosa está muy por debajo de la media, tendré que confesar que estaba despierta – dijo tratando de quitarle consideración al dato.
-¿Por qué no me dijiste que tenías que despertarte tan pronto, Lana? Te habría instado a dormir más temprano – le aseguró Jennifer, mientras se notaba como detenía el coche en un semáforo.
Lana la imaginó allí recién despierta y sin un gramo de maquillaje, en su versión más honesta y con el rostro preocupado por ella. Se sintió confortada por ese interés tan genuino.
-Porque no tenía que hacerlo, es sólo que no he podido dormir – reveló.
-¿Y eso?
-Me has dejado pensando en muchas cosas, Jenn.
-Lo siento – la voz de la rubia se coló en su oído suavemente después de unos segundos.
-Te he pedido una vez que no te disculpes, ¿me harás repetirlo? – le preguntó Lana.
-Bueno, es que no pensaba que te dejaría sin dormir, ¿qué te preocupa? ¿Puedo ayudarte? – Jenn pareció sopesar su siguiente frase y la morena le dio el tiempo para que se expresará completamente - ¿hay algo que pueda decir o hacer que te ayude con lo que te agobia?
Lana se debatió entre mostrar más debilidad o hacerse fuerte a pesar de sus emociones encontradas – no, está bien, son tonterías mías – tentó a la suerte con voz poco convincente.
-Sabes que no es verdad, pero no voy a insistirte para que me cuentes nada – la tranquilidad en la voz de Jennifer le provocó una dulce sensación contraria a la soledad.
-¿Eres sincera? – la pregunta surgió de ella sin que pudiera darse tiempo a pensarlo.
-¿Sobre qué? – quiso saber la rubia.
-Sobre lo de querer retomar el contacto, sobre lo de que quieres ser esa Jennifer con la que compartir cosas sencillas – cerró los ojos enfadándose con ella por ser siempre tan honesta.
-Hace demasiado tiempo que no soy tan sincera con alguien, Lana – la voz de Jenn fue como un bálsamo – ¿crees que mandaría un mensaje a las 6 de la mañana a cualquier persona?
-¿No?
-No, de hecho, no le enviaría nada a nadie – Jenn suspiró – mi vida consiste en levantarme, saludar a Ava, tomar café y ver qué es lo siguiente en mi agenda – Lana se quedó prendada de su voz, – estos momentos son los únicos que suelen ser míos, no los comparto mucho – pudo sentir cierta timidez en la voz de Jenn.
Tuvo que tragar saliva porque se dio cuenta que, al exponer sus dudas, también vulnerabilizaba a su ex compañera de trabajo, la obligaba a decir lo que tal vez se hubiera callado normalmente – robarme algún momento para mí no es fácil así que los apreció, me alejó de mi teléfono todo lo que puedo y me dejo llevar por una vida que parece normal, ¿sabes? – la respiración de Jenn se agitó un momento -, pero hoy sentí deseos de traerlo a mi rutina, traerlo para tenerte cerca en estos momentos – resopló y Lana sintió que tenía deseos de hacer lo mismo porque su respiración estaba descontrolada.
El peso de las palabras le estaba apretando la garganta, aunque ella no las pronunciará - no esperaba que me contestaras, pero me alegré muchísimo cuando lo hiciste y es porque anoche me sentí como hace tiempo no me sentía – continuó Jenn con un hilo de voz – lo siento, no sé por qué te estoy diciendo estas cosas.
-Gracias – se hizo un silencio entre las dos después de esa declaración y Lana se obligó a seguir para darle a Jenn un descanso – por decírmelo, porque lo necesitaba – aprovechó el momento para aspirar profundamente – el hecho de que quieras retomar el contacto es importante para mí, dar este paso me afecta, pero todo lo que has dicho me hace pensar que no estoy sola.
-No lo estás, Lana – pudo adivinar la sonrisa en el rostro de Jenn y era gratificante – quiero retomar el contacto y que puedas decir que tienes una amiga en la que apoyarte, si eso es lo que quieres.
-Gracias, Jenn – la morena suspiró profundamente – es muy difícil decir que es lo que quiero porque a veces ni yo lo sé con certeza, pero me gusta que nos contactemos y que quieras tener tu teléfono cerca sólo para hablarme.
-También para convencerte de venir a Dortmund conmigo – agregó Jenn.
-Tú lo que quieres es chismosear – replicó Lana con una risilla.
-Yo lo que quiero es hacerte compañía siempre que quieras.
El rostro de Lana se tornó serio – uno no dice esas cosas si no está dispuesto a mantenerlo, ¿sabes? – había fuerza repentina en su voz – mi padre me enseñó eso.
-El día en que te canses de tenerme cerca, te recordaré este momento – Jenn no pareció dejarse amedrentar – te recordaré que tú lo quisiste así.
-Ya podrás esperar sentada a ese día.
-Si es hablando contigo, me da igual esperar de pie.
Lana meneó la cabeza - ¿desde cuando eres tan valiente y atrevida?
-Desde siempre, pero ahora podrás comprobarlo – Jennifer se río suavemente - ¿vendrás a Dortmund?
-Iré.
-¿Tan rápido? Pensé que me obligarías a insistir y sacar mis mejores armas – la risa de Jennifer invadió su espacio vital, mientras se estiraba en la cama.
-¿Cuáles serían esas armas? – quiso saber curiosa.
-Haber sido más fuerte a mis encantos y te habrías enterado – sentenció Jenn y ambas rieron.
-Idiota – dijo finalmente Lana.
-No me importa serlo si sigues hablando conmigo hasta que termine mi recorrido al estudio – aseveró Jennifer – sé que soy un encanto, pero te prometo que quedan poco kilómetros.
-Como si quieres pasarte de largo y volver – Lana se cuadró de hombros, mientras lo decía – creo que podré soportarlo – agregó acomodándose mejor para continuar hablando con Jenn, sintiéndose más liviana.
