Capítulo 25. Situaciones inesperadas.

Él la estaba observando con sorpresa e incredulidad.

—¿Q-qué dijiste? —pregunto Inuyasha, quien creía haber escuchado mal.

Ella sintió que sus orejas ardían, acababa de comprender que accidentalmente había dejado escapar aquel profundo pensamiento en voz alta.

—Y-yo, yo… —tartamudeó totalmente colorada.

¿Debía confesarse? Sería lo mejor, pero entonces, aquella conversación con Kikyo vino a su mente.

"El deberá decírtelo a su debido tiempo.", escucho la voz de aquella chica en su cabeza.

¿Qué era lo que debía decirle? ¿Acaso Kikyo había logrado que Inuyasha regresara con ella?

¡No, no! Seguramente se refería a otra cosa…

"Yo ya lo he superado y cuando todo esto de ama y mascota termine, me gustaría que me aceptaras como un amigo", escucho la voz de Inuyasha ahora.

Un gran terror la invadió al pensar que era demasiado tarde para ellos.

"Solo causarás que abandone la oportunidad que le están ofreciendo.", escuchó la voz de Kikyo torturándola en su mente. "Deja el camino libre para alguien que si lo quiera."

—¿Kagome? —la llamo Inuyasha, quien tenía la mirada fija en ella.

La azabache abrió su boca, pero entonces el timbre de la entrada resonó por todo el departamento.

—¡La puerta! —chillo Kagome, escapando de la situación y corriendo a la entrada.

Una parte de ella sentía alivio de ser interrumpida en esa situación, ya que su cabeza era un desastre y no era el momento para confesar algo que acaba de descubrir, pero la otra parte en su cabeza le suplicaba que le dijera todo a Inuyasha de una buena vez.

Mientras intentaba calmar a su corazón y despejar su mente de esos molestos comentarios hechos por Kikyo, decidió abrir la puerta y…

—¡Sorpresa! —gritaron tres personas, en cuanto la puerta se abrió.

Kagome palideció.

¡¿Qué demonios hacía su familia en la entrada?!

-o-

Lo único que Koga había dejado la noche anterior en la sala fue una nota donde pedía disculpas a Ayame y agradecía su ayuda. Se había marchado después del incidente.

Durante el día él la buscó en las oficinas, quería arreglar las cosas con ella, pero no la encontró. Eso lo lleno de ansiedad, no podía sacar a la pelirroja de su cabeza.

Con quien si se encontró fue con Kagome, al verla supo que tenía que decirle lo confundido que estaba y la decisión que había tomado, una decisión que parecía ser abrupta, pero que tras las palabras de Ayame ahora lograba ver todo con claridad, comprendiendo sus sentimientos.

¿Cómo iniciar esa conversación? ¿Cómo decirle que en realidad amaba a otra mujer y que neciamente había intentado negarlo durante todo este tiempo? ¿Cómo decirle que había descubierto que no la amaba a ella?

Para su sorpresa, ella fue quien inicio la charla, y entonces… descubrió que aquel primo de cabellos plateados era en realidad su mascota. Miles de recuerdos llegaron a su cabeza, y entendió muchas cosas sobre Kagome que había intentado ignorar. Fue como si encontrara la última pieza de un rompecabezas y… ¡Se sintió como un imbécil que fue traicionado!

Al principio se molestó y la interrogó sobre el tipo de relación que llevaba con él, ella balbuceó, pero contestó a sus preguntas.

¡No podía creerlo! Hace un momento él se estaba sintiéndose terrible por querer terminar con ella y ahora descubría todo esto.

En un momento, entre aquellas confesiones, él tomo valor para realizar una pregunta de cuál no sabía si quería una respuesta, pero pese a esto lo hizo.

¿Hasta dónde llegaron ustedes?

¡No es lo que piensas! —la escuchó responder.

¡¿Qué se supone que debería pensar?! —preguntó, en un arrebato de ira.

Ella había estado viviendo con un hombre bajo el mismo techo… ¡Cualquier cosa pudo pasar! Pero… ella era Kagome, una chica de la cual siempre creyó que tenía ética y principios. Solo quería asegurarse, quería escucharlo de ella, tal vez así, sería menor o peor el impacto de esta noticia.

Ella respondió airadamente que lo más lejos que había llegado fue a besarlo. Tras esto, él intentó calmarse y aparto su mirada de ella mientras la escuchaba.

Es mi culpa, no detuve esto cuando debía —la escucho admitir—, debí darme cuenta de todas las señales y ahora… —parecía que ella se largaría a llorar, pero continuó, empezando a explicar el inicio de algo tan descabellado como mantener a un hombre como mascota. —Luego… apareciste en mi vida, haciéndome recordar un antiguo sentimiento. —dijo de pronto.

Él sabía a qué se refería, eso era lo que él sintió cuando la vio nuevamente, creyó que ella era de quien estaba enamorado, pero tras escuchar a Ayame no controlo sus impulsos y fue a buscarla. Eso lo hizo sentir avergonzado, estaba intentado reclamar por algo que él también había cometido, por lo que se limitó a evitar mirar a Kagome a los ojos.

Entenderé si me odias.la voz de ella tembló, obligándolo a mirarla, percatándose de que había derramado un par de lágrimas. —Perdón por todo el daño que te estoy haciendo, en verdad lo siento. ella dio una reverencia e intentó retirase, pero él la detuvo.

No podía permitir que ella se marchara sin antes confesarle lo ocurrido con Ayame, sería muy hipócrita por su parte el dejar que Kagome se fuera pensando que fue la única que hizo algo malo, por lo que decidió decirle la verdad, más sin embargo se interrumpió cuando quiso decirle que si no fuera porque Ayame lo detuvo, seguramente él hubiese terminado durmiendo con ella.

Tras esto, descubrió que Kagome había escuchado la confesión de Ayame en aquel callejón, lo que lo hizo abrumarse más. Finalmente, decidieron terminar por el bien de ambos. Koga no sentía que odiaba a Kagome, la chica parecía ser honesta durante toda la conversación, pero sabía que necesitaría tiempo para digerir toda esta situación y volver a verla a la cara, ambos habían cometido errores y sabía que ella no era una mala persona. Tal vez con el tiempo llegaría a apreciarla como una amiga.

Todo esto había sido extenuante para él, pero después de romper con Kagome descubrió que ansiaba ver a Ayame y durante el resto del día la buscó, hasta que una de sus amigas le comunicó que ella había renunciado. Aquello lo sorprendió e inmediatamente al salir del trabajo se dirigió al departamento de la joven.

Llego hasta la puerta del apartamento, respirando nerviosamente. ¿Qué cara debía poner después de lo que intentó hacer la noche de ayer? ¿Ella estaría molesta? Seguramente no deseaba ni verlo.

Justo cuando empezaba a dudar en tocar el timbre, la puerta se abrió, mostrando a Ayame, quien estaba vestida de forma deportiva, llevaba su cabello atado en una bonita cola alta y no tenía maquillaje en su rostro.

El corazón de Koga dio un vuelco al verla tan diferente a como solía presentarse en el trabajo, vestida de forma ejecutiva y maquillada.

Estaba tan diferente y bonita, y no es que no fuera bonita con maquillaje, era solo que e hecho de verla con su rostro al natural le hizo rememorar muchos momentos de su infancia junto a ella.

Ella, por el contrario, dio un respingo al verlo, ahogando una expresión de sorpresa.

Koga colocó su mano tras su nuca de forma inconsciente.

—Lo siento. —soltó sin pensarlo. —Por… lo ocurrido ayer. —murmuro, levemente sonrojado.

Ayame sintió que su cara ardía al recordar como cruzo la línea con quien era su mejor amigo. Aquel había sido su primer beso con él.

—Solo olvídalo. —respondió incómoda.

Él hizo una mueca, esa respuesta lo había molestado.

—¡No puedo! —refutó. —Ayer nosotros casi…

Ayame inmediatamente le tapó la boca.

—¡Ya entendí! —chillo avergonzada, y temiendo que Koga vociferara vergonzosos detalles frente a sus vecinos, por lo que decidió meterlo a su departamento y cerrar de golpe la puerta. —¡¿Cómo se te ocurre venir a verme y casi gritar lo ocurrido en el pasillo?! —pregunto molesta y abochornada.

Pero él se encontraba observando el interior del lugar, vislumbrando un cúmulo de cajas que había en la sala.

—¿Te mudas otra vez? —pregunto confundido.

Ella titubeó, pero finalmente asintió.

—¿No ibas a decírmelo? —él se acercó.

Ayame mordió su labio inferior, estar junto a él la ponía muy nerviosa.

—Ya te he causado muchos problemas, esta es la mejor solución.

—¿Alejarse? —preguntó consternado.

Ella sintió un nudo en su estómago, pero decidió ignorarlo.

—Viniste a disculparte y ya lo hiciste. —ella intentó cambiar el tema. —Si no hay más de que hablar, creo que puedes irte.

—Ayer olvide algo aquí. —dijo Koga abruptamente.

—¿Qué fue lo que olvidaste?

—¡Esto! —vociferó, tomándola de la cintura y atrayéndola para besarla, pero ella forcejeó hasta separarse.

—¡¿Qué haces?! —chilló sorprendida. —¡Tú estás con…!

—Ya no. —la interrumpió. —Terminamos.

Ella permaneció en silencio. ¿Qué demonios acaba de decir?

—Pero ella… —balbuceó.

—Ella está enamorada de alguien más, y yo también.

Ayame permaneció consternada por la repentina noticia, pero luego negó suavemente con su cabeza. —Koga —dijo con sinceridad—, yo no seré un remplazo ni un pañuelo para tus penas amorosas.

—Yo no quiero un reemplazo ni nada de eso. —respondió, mientras acercaba su mano a la de ella, tocando sus dedos con delicadeza. —Yo te quiero a ti.

Ayame se ruborizó.

—Tu confesión —él continuo mientras enlazaba su mano con la de ella—, me hizo darme cuenta de que nunca deje de amarte, solo me resigne al pensar que tú nunca lo harías.

Ella lo miró fijamente, abrumada con los latidos de su corazón.

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó Koga.

—Pensé que lo habías olvidado. —respondió con timidez. —Que solo había sido un tonto enamoramiento de niños.

—¿Olvidarlo? —pregunto incrédulo. —Pero si no logro sacarte de mi cabeza. —confesó, antes de acercarse y volver a arrebatarle un beso.

Ella llevo sus manos al rostro de él, atrayéndolo aún más y profundizando aquel beso. Él la apegó a su cuerpo, como si ansiara jamás estar sin ella.

—Koga. —ella se separó tras un suspiro. —Voy a marcharme pronto.

—Entonces, ven conmigo. —propuso de inmediato.

—¿Qué?

—Saldré del país. —le recordó. —Ven conmigo. —suplicó, tomándola de las manos y besándolas en el dorso.

Ayame sonrió mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, estaba tan feliz que se abalanzo a abrazar a Koga.

-o-

El sutil ruido de los comensales se escuchaba alrededor, mientras una pareja cenaba en un lujoso restaurante. Celebraban un pequeño aniversario y ambos sonreían mientras platicaban.

—Hace mucho que no teníamos un momento así. —dijo él sonriente. —Estás preciosa, Sango.

La chica sonrió, sonrojándose.

—Tú también estas muy guapo, Miroku. —respondió. —Te agradezco mucho que hayas hecho la reservación. —comentó mirando el precioso y elegante lugar.

—Necesitaba un ambiente especial para decirte algo importante.

Sango lo miro con sorpresa.

—¿Decirme algo? —preguntó intrigada.

Él sonrió de forma enigmática.

—¿Y de qué se trata? —pregunto muy curiosa.

Miroku respiró hondamente, como si intentara tomar algo de valor. Acto seguido, se levantó de su asiento para acercarse a ella y arrodillarse.

Sango sintió que su corazón daba un vuelco. ¿Acaso él…?

—Sango. —dijo, tomando una pequeña cajita en sus manos y abriéndola ante la mirada atónita de la joven. Dentro se encontraba un anillo plateado con una joya brillante. —¿Aceptarías hacerme el hombre más feliz del mundo? —preguntó. —¿Aceptarías ser mi esposa?

La muchacha quedó petrificada, no podía creer lo que acababa de pasar, y la gente alrededor empezó a murmurar con expresiones de sorpresa mientras sonreían.

Ella llevo sus manos a su boca mientras intentaba calmar su corazón.

Miroku permaneció en silencio unos segundos, sintiendo que la ausencia de una respuesta aumentaba su nerviosismo.

—¡Si! —chilló abruptamente Sango, tras lo cual él sonrió con mucha alegría.

Las personas de alrededor empezaron a aplaudir a la pareja. Ella estiro su mano y él coloco lentamente el anillo.

Sango no puedo evitar besar a Miroku con una alegría desbordante, y él, como un perfecto pervertido, llevo su mano al trasero de la joven, apretándolo, sin que los demás se dieran cuenta.

—¡Miroku! —chillo avergonzada y él soltó una risotada.

—Perdona. —dijo, sin una pizca de vergüenza.

—Lo dejare pasar, por esta ocasión. —amenazo la joven, volviéndolo a besar entre los aplausos de la gente.

-o-

Rin… —escucho su nombre ser pronunciado por una voz excitantemente ronca.

¿Qué estaba sucediendo?

Sus ojos intentaron hallar una respuesta, pero todo lo que podía ver eran las manos de él acariciando su cuerpo mientras un par de orbes dorados la observaban con placer.

"S-señor Sesshomaru", pensó la joven, sin poner la menor resistencia ante los besos de él.

Rin… —volvió a escuchar. —¡Rin! —sintió que era levemente sacudida y abrió los ojos, despertando y vislumbrando a Sesshomaru, quien colocaba su mano en la frente de la joven.

¿Acaso eso había sido un sueño?

—Estás caliente. —comentó el peliplata y ella se sonrojó violentamente ante sus palabras y cercanía.

—¡Kyaaa! —chilló, lanzándole una almohada al rostro, pero él la esquivó con tranquilidad.

—¿Aún estás dormida? —preguntó con calma.

Ella miro en todas direcciones, percatándose de que se encontraba en el sofá de la sala. Se había quedado dormida y había soñado con…

Nuevamente su cara se puso colorada.

—Tu rostro está muy rojo. —dijo el peliplata. —Debes tener mucha fiebre.

—¡Lo siento mucho! —chilló, disculpándose por su reciente reacción con la almohada e inmediatamente se levantó, pero todo dio vueltas a su alrededor y antes de caer fue sostenida de sus hombros por el peliplata.

—Llamaré al médico. —dijo él con serenidad, obligándola a acostarse. —Quédate aquí.

Sin decir más, el Taisho salió del lugar mientras sentía su corazón tranquilizarse poco a poco.

Hace un momento había entrado y observado dormir a la joven, quien tenía las mejillas muy rojas, parecía tener un resfriado, por lo que, tocó su rostro para saber si tenía fiebre, y en efecto, ella estaba ardiendo. Preocupado, tocó el hombro de ella, buscando despertarla. Lo que no esperaba es que ella se estremeciera ante su tacto, y soltara su nombre en un suspiro. Eso casi consiguió perturbarlo por completo y deseó volver a escucharla decir su nombre de esa forma.

Gruñó al recordar como su cuerpo había reaccionado ante eso. ¡Demonios! ¿Acaso era un pervertido?

Desde que Jaken se había marchado y el imbécil de su medio hermano regresó a vivir con Kagome, las cosas se estaban volviendo problemáticas para él. No podía evitar observar minuciosamente a Rin y añorar su sonrisa cuando se encontraba lejos, en la oficina.

¿Qué estaba pasando?

Normalmente para él las mujeres eran algo banal, durante su adolescencia aprendió que muchas de ellas, por no decir la mayoría, solo lo querían por su apellido o dinero. Pero en Rin solo lograba ver a una joven amable y sonriente que valoraba otras cosas, como la compañía de sus seres queridos.

Suspiró. Debía detener esto, Jaken llegaría pronto y lo mejor sería que desde ahora él mantuviese una distancia considerable con ella.

-o-

—Hija. —dijo una mujer de rostro amable, quien estaba acompañada de un muchacho, un anciano y un gato gordo. —¿Nos dejarás pasar? Traigo gyoza y sopa de miso.

—¿Qué hacen aquí y a estas horas? —pregunto Kagome sorprendida.

—Aún es temprano, son apenas las siete de la noche. —respondió su abuelo.

—Mamá tomo el primer tren que pudo en cuanto colgó la llamada. —comentó Sota.

—No comprendo. —murmuro Kagome.

—¡Oh, mi querida hija! —dijo su madre con alegría. —Tu despistadamente te olvidaste de mencionar a tu querida familia sobre tu nuevo posible ascenso.

Kagome abrió los ojos con sorpresa. ¿Cómo es que su familia se enteró sobre esto?

—Pero, ¿cómo…?

—Alguien de la compañía nos llamó por accidente. —continúo hablando su madre. —Parece que no actualizaste tu información personal y pensaban que el número de nuestra casa era el de tu departamento.

Kagome se dio una palmada mental mientras revisaba su celular, y en efecto, había un par de mensajes de la compañía indicándole que la necesitaban ver a primera hora de la mañana para finalmente hablar sobre el ascenso.

—¡Felicidades! —vocifero su abuelo.

—Oh, gracias... —dijo Kagome, aun abrumada por la visita. —Y vinieron todos, incluso Buyo… —murmuro nerviosa, recordando que Inuyasha estaba en el departamento.

—Bueno, queríamos visitarte —comento su madre—, y tu abuelo quería pasear por la gran ciudad para...

Kagome ya no escuchaba, su mente estaba trabajando en busca de alguna idea que le permitiera explicar la presencia de Inuyasha o evadirla.

¿Sería mejor esconderlo? ¿Debía sacarlo a escondidas? ¿Qué debía hacer?

—¿Quién es, Kagome? —se escuchó la voz de Inuyasha tras ella, derrumbando toda oportunidad a Kagome de esconder al peliplata y provocando que la familia de ella observara completamente sorprendida al joven de cabello plateado.

—¿Inuyasha? —pregunto Sota con sorpresa.

—¿Lo conoces? —preguntaron su madre y el abuelo.

Sota asintió. —Él es…

—¡Mi novio! —chillo Kagome, haciendo que fuese ahora Inuyasha quien pusiera expresión de sorpresa.

—¡Oh, vaya! —dijo su madre emocionada. —Ahora entiendo porque olvidaste avisarnos de tu ascenso. —comentó, soltando una pequeña risa traviesa.

Eso incomodó un poco a la pareja, por lo que Kagome se apresuró en presentarlos mutuamente, para luego hacerlos pasar.

Inuyasha conversaba junto a Sota y el abuelo en sala mientras jugaba con el gato, molestándolo. Entre tanto, en la cocina, la madre de Kagome se encargaba de servir la comida que trajeron.

—Es muy guapo tu novio. —comento su madre con una sonrisa.

Kagome simplemente sonrió forzosamente, pensando en pedirle disculpas al peliplata después de que su familia abandonase el lugar.

—Espero que estén protegiéndose. —continuo su madre. —No es que me desagrade la idea de tener nietos, pero primero deberían casarse.

—¡Mamá! —chillo la muchacha completamente colorada, intentando detener esos comentarios mientras miraba hacia la sala y suspiraba aliviada de que nadie más las oyó, ya que su abuelo y hermano estaban distraídos mirando a Inuyasha molestar al gato gordo en la sala.

—El gatito quiere bailar… "Cha, cha, cha..." —canturreo el peliplata mientras tomaba al gato de sus patas delanteras, haciéndolo pararse y menearse. —Baila, baila. —canturreo Inuyasha, haciendo que el gato maullara de molestia y finalmente lo arañara en la mano. —¡Ay! ¡Me lastimaste! —gruño Inuyasha, soltando al animal.

—¿Por qué no dejas de molestar al gato? —le pregunto el anciano abuelo de Kagome.

—No lo molesto. —se justificó el peliplata. —Estoy jugando con él.

—Buyo no piensa lo mismo —aclaro el anciano—, por eso te rasguñó.

Inuyasha lo miro con incredulidad.

—No hay nada más terrible que el rencor de un gato. —dijo el anciano. —Desde civilizaciones antiguas se les tenía respeto, ya que hacían maldiciones que duraban hasta siete generaciones.

—¡Feh! —bufó, restándole importancia. —Es muy fácil ganarse el rencor de un gato. —dijo mientras volvía a tomar al felino, esta vez de sus patas traseras, alzándolo y meneándolo. —¿Verdad…? —canturreo juguetonamente el peliplata, volviendo a molestar a Buyo.

Pero, en aquel momento Kagome salía de la cocina.

—¡¿Qué estás haciendo, Inuyasha?! —pregunto molesta al ver que meneaba al gato sin compasión. —¡Sentado! —chilló, tomando una revista y enrollándola para luego golpearlo en la cabeza.

—¡Ay! —se quejó el muchacho.

—Lávate las manos y ven a cenar. —ordeno la joven e Inuyasha obedeció ante la mirada atónita de su familia.

—Y díganme… —dijo la madre de Kagome, iniciando una charla durante la cena. —¿Cómo se conocieron?

Ante esa pregunta, Kagome, Inuyasha y Sota se quedaron perplejos. Los tres no pudieron evitar recordar cómo es que Sota termino haciendo que Inuyasha se quedara a dormir después de estafarlo.

—Él también estaba en la academia de baile a la que asistí durante mis vacaciones. —se apresuró Sota en contestar.

—Ohh… —dijo la señora. —Entonces, seguramente conociste a Kagome cuando ella iba a recoger a Sota.

Kagome decidió meterse una cucharada a la boca en silencio.

—Algo así… —contestó Inuyasha sonriente, recordando como Kagome le había dado una nalgada la primera vez que se encontraron.

—¿Cuánto llevan de novios?

—Unos cuatro meses. —respondió Kagome de forma rápida, sorprendiendo a Inuyasha.

—¿Y cuántos años tienes? —pregunto el abuelo, alzando una ceja.

—Veintiuno. —dijo el peliplata.

Ante esa respuesta el abuelo se atragantó con el jugo.

—¡¿Sales con un niño?! —cuestiono alarmado el anciano a la azabache, recordando que su nieta era un par de años mayor.

La madre de Kagome llevo su mano a su boca en señal de asombro, Sota soltó una risilla, Kagome se ruborizó e Inuyasha frunció el ceño.

—No soy un niño. —respondió el peliplata.

—¿Ah sí? —dijo el abuelo desafiante. —¿Y a qué te dedicas?

—Soy músico y bailarín. —eso no pareció convencer al anciano.

—Acaba de firmar un importante contrato. —soltó Kagome de la nada, parecía muy emocionada y rápidamente parloteo sobre aquello, se la notaba muy orgullosa y esto hizo que el abuelo dejara de preguntar.

Inuyasha se limitó a observarla, verla tan emocionada provoco que él sonriera ladinamente.

Así, la charla prosiguió en la mesa, entre risas y anécdotas. En algún momento, Kagome extendió su mano para tomar un poco de sal. No se percató de que Inuyasha también había dirigido su mano al salero, pensando en lo mismo. Inmediatamente tocaron sus manos, ambos se sonrojaron y se alejaron automáticamente. Esto no pasó desapercibido por la madre de Kagome, quien alzo una ceja intrigada. ¿De verdad eran novios?

Tras terminar la cena, la familia de Kagome se marchó a un hotel cercano, ya que el departamento de Kagome no tenía espacio para todos. Esto dejo a Kagome y a Inuyasha solos nuevamente, y tras despedirse de la familia y cerrar la puerta ambos intercambiaron miradas, se sonrojaron y esquivaron abruptamente sus rostros.

—Bueno —dijo ella nerviosa—, supongo que me iré a dormir.

—Si, si… —balbuceo el muchacho. —Yo también. —y ambos empezaron a alejarse, pero entonces…

—¡Inuyasha! —ella chilló, volteándose y acercándose a él.

—¡¿Sí?! —pregunto ansioso, pero ella enmudeció al mirar sus ojos dorados.

—Bu-buenas noches. —balbuceó finalmente la azabache, agachando su rostro con timidez y corriendo hacia su habitación.

—Buenas noches. —respondió un poco decepcionado.

Continuará…


¡Hola!

Se que no he escrito desde hace mucho, pero aquí se los dejo, este capítulo da comienzo a nuevos enredos y finaliza algunos otros. Quería escribir desde el punto de vista de Koga sobre la situación, también quería avanzar con la historia de Sango y Miroku, además de darle algo pícaro a Sessho y Rin jajajajajaja…

Lo de Inuyasha molestando al gato esta sacado de un capítulo del anime (estoy segura de que lo recuerdan) XD.

Bueno, espero no demorar con el siguiente capítulo. ¡Adiós!

FreeDreams7: Ohhhh, cambiaste tu nombre jeje… Me alegra que te gustara el capítulo anterior, me enrede mucho al escribirlo y no sabía cómo trasmitir todo lo que tenía en mi cabeza y lo que había visto en la historia original, pero parece que lo conseguí.

Aga: No, jaja… lo siento, pero esto no termina aún.

marron: Muchas gracias, en serio, aprecio que exista comentarios de personas que pueden entender lo que trataba de escribir (junto con la trama original) y que les guste.

¡Gracias por leer! (=^・^=)

07/01/2020