Y no debe faltar la descarga de responsabilidad oficial. Estos personajes no son míos, pertenecen a la increíble Stephanie Meyer y la historia es de Jeskawood aka Jayeliwood, yo solo traduzco.
Y me faltan palabras para agradecer a quién ha estado conmigo desde el principio y espero que siga estando, corrigiendo mis errores gramaticales y alentándome a seguir. ¡Gracias Erica Castelo, por ser mi beta y mi amiga!
La hora del té
"¡Están aquí! ¡Están aquí, están aquí!" Esme chilló alegremente cuando entramos, aplaudiendo. "¡Esto será muy divertido!"
"Mamá, ¿cuánto café has tomado hoy?" Edward rodó los ojos mientras me ayudaba a quitarme la chaqueta. La colocó cuidadosamente sobre una silla junto con la suya.
"¡Oh! ¡Vamos! ¡Es divertido! Ya nunca puedo tomar el té."
"¿Tengo que usar un sombrero con volantes y beber con mi meñique levantado?" Susurré con fuerza en tono burlón. Edward sonrió con suficiencia, guiñándome un ojo antes de volverse a su madre con una falsa expresión molesta.
"Bella y yo no somos muñecos. ¿Y si no queremos tener una fiesta de té contigo?"
Esme se volvió lentamente hacia él, con una mirada malvada en sus ojos. Puramente malvada. Prácticamente podía ver la respuesta sarcástica formándose en su mente al volverse.
"Entonces, dame nietos. A ellos no les importará tener una fiesta de té conmigo."
"¿Té, querida?" Edward se volvió hacia mí, sonriéndome de forma encantadora.
"¡Sí, por favor!"
"¡Eso pensé!" Dijo Esme, arrojando su cabeza hacia atrás de una forma desafiante. Tomó mi mano y me llevó hacia una parte de la casa en la que nunca antes había estado. No que no hubiese tenido una gira o algo parecido.
Edward nos siguió, pareciendo saber exactamente hacia dónde se dirigían. Al parecer, íbamos a tomar el té en un solario justo a un lado de la cocina. Podías ver el jardín que estaba bellamente cuidado, y un enorme invernadero de cristal. Había varias sillas de apariencia cómoda en torno a una mesita de café que tenía una gran bandeja sobre ella. En la bandeja, había una tetera grande, leche y azúcar para acompañar el té junto con una bandeja escalonada. En un nivel había pequeños sándwiches, otro tenía panecillos, y en la cima había pequeños bizcochos con pequeñas flores en ellos.
"¿Qué son esos?" Pregunté, señalando dos pequeños recipientes. No pude identificarlos a simple vista.
"Crema espesa y mermelada de fresa," Edward murmuró. "Rico. La abuela solía comer eso todo el tiempo cuando era niño." Le di a Edward una mirada inquisitiva. "La abuela, mi bisabuela de la que te estaba contando."
"¡Oh! ¡Sí!" Dije, asintiendo.
"La extraño," Esme dijo con nostalgia. "Vengan. Vamos a tomar algo de té y a comer panecillos."
Me reí con fuerza. "Eso tiene que ser algún tipo oxímoron o contradicción."
Esme sonrió con timidez, sonrojándose un poco. "Sí, sé que lo soy. Pero, ¡oye! ¡Soy divertida! Ahora, ¡vamos! ¡He estado esperando toda la tarde para hacer esto! Hice los panecillos desde cero. Todavía están calientes."
Antes de ponernos cómodos, Esme encendió un reproductor de CD que no había notado antes. El sonido de un cantante de ópera se escucha por los altavoces. Edward se sentó junto a mí, sirviéndonos a cada uno una taza de té. Primero, le pasó una a su madre para que ella se lo preparara antes de preparar el mío una vez más. No sabía qué tipo de té estaba sirviendo, pero no iba a cuestionarlo. Tomé un largo trago y sonreí al sentir la dulzura.
"Estos son sándwiches de pepino. Al principio no me gustaban, pero ahora me encantan," dijo Esme, poniendo uno en un plato y pasándomelo.
Literalmente no sabía a nada, pero sonreí y asentí. "Quiero probar un panecillo antes de que se enfríen."
"Yo también," Edward sonrió, poniendo uno en mi plato y luego uno en el suyo. Puso una porción de mermelada y crema en su plato. Empezó a partirlo y sumergirlo en cada uno antes de meterlo a su boca. Me di cuenta que Esme partía el suyo a la mitad y lo untaba.
Supongo que no había una forma específica de comerlos, así que simplemente le entré.
"Así que, ¿se divirtieron?" Preguntó Esme, tomando un delicado sorbo de su té.
"Mm, sí," le sonreí a Edward. "El Ojo tiene unas vistas asombrosas. Se movió mucho más lento de lo que pensé que lo haría. Todo es simplemente tan… antiguo. Me hace sentir como una enana. O un bebé."
"Me sentí de la misma forma cuando vine aquí por primera vez." Esme asintió de forma pensativa. "Te acostumbras. Sin embargo, es aún peor cuando vas a un lugar como Roma. Es como si pudieras sentir todas las almas de la gente que estuvo ahí antes que tú, moviéndose a tu alrededor. La atmósfera es densa, y es… poderosa. Aunque, Estados Unidos no carece de historia."
"Me imagino que Nueva York puede ser así," Edward añadió a la conversación antes de tomar otro bocado.
"De hecho, en Nueva Orleans es dónde más percibí eso. Tal vez es la humedad. Aunque muchas cosas ocurrieron ahí."
"Quiero ir a Nueva Orleans," suspiré suavemente. Ni siquiera había estado ahí antes, y hasta ahora sonaba muy divertido. Esme estaba haciendo que pareciera aún más interesante.
"Es una ciudad preciosa y fascinante." Esme asintió como si fuera su última palabra en el tema. Edward puso su mano sobre la mía y la llevó a su boca.
"Te prometo que iremos. Me aseguraré de ello."
¿Podía ser más encantador? Me hacía querer dar saltos de pura alegría.
"Ahora prueben los bizcochos," dijo Esme, sonriendo con dulzura. "Son de una buena pastelería a la vuelta de la esquina. Son excelentes. Carlisle los trajo un día a casa hace un par de meses, y los he comprado al menos dos veces a la semana desde entonces."
"Hablando de Carlisle, ¿dónde está papá?" Edward preguntó.
"Fue a un pub con Liam. Quieren algo de tiempo antes de tener que lidiar con ellos."
Sabía exactamente a quién se estaban refiriendo, pero no iba a decir nada. No creo que hubiera algo que pudiera decir de todos modos.
"Íbamos a salir esta noche," dijo Edward, "pero si quieres que nos quedemos hasta que papá llegue a casa, podemos hacerlo."
"Soy una chica grande, pero gracias. Eso es dulce, querido," dijo Esme, palmeando su mano. "¿Qué van a hacer ustedes dos?"
"Cenar y bailar," sonreí, tratando de no mostrar lo emocionada que estaba en realidad por todo.
"Oh, ¿a dónde van a ir?" Esme preguntó entusiasmada.
"De hecho, estaba pensando en Harrods, quizás algo no tan turístico. Al menos un poco." Sonrió Edward.
"¡Oh! Me encanta Harrods. Recuerda que tienen un código de vestimenta," exclamó Esme.
"¿Harrods?" Pregunté en confusión.
"Es una tienda que ha estado abierta por siglos. Más de ciento cincuenta años, creo. En fin, tiene un área de restaurantes con un par de docenas de tiendas. Creí que sería una experiencia única. Pero, si te gustaría ir a alguna otra parte, estaría más que dispuesto a—"
Me acerqué y besé a Edward con dulzura en la boca. "Como ya te dije una vez hoy, estoy en tus competentes manos."
Después de otra taza de té y uno de los deliciosos bizcochos que Esme tenía, me disculpé para tomar una larga ducha caliente. Estaba un poco adolorida por todo lo que caminamos, y quería estar en la mejor condición posible para esa noche más tarde.
De modo que, lavé mi cabello con cuidado y afeité mis piernas. Estaban totalmente tersas. Ya que íbamos a ir a bailar, me iba a poner el único vestido que traje conmigo.
Era uno sin mangas que compré en la misma tienda vintage como ese primero talla diez. Se había convertido en mi tienda favorita, pero creo que era algo parcial.
El vestido me recordaba algo de los sesenta, con su forma larga y ceñida. Llegaba justo arriba de mis rodillas. Decidí ponerme algo de la ropa interior elegante que había comprado después de Acción de Gracias. Era negra con medias negras hasta el muslo. Incluso tenían la costura en la parte de atrás que coloqué a la perfección. Me puse un par de zapatos de tacón negro, con la esperanza que sobreviviría a la noche.
Con el maquillaje y el cabello terminados, bajé a donde Edward ya me estaba esperando. Estaba vestido impecablemente con traje, pero sin corbata. Me gustaba así. Se veía guapo. Cuando me vio, dejó escapar un suave jadeo.
"Te ves perfecta."
Ni siquiera había visto a Esme en la habitación en ese momento. Aplaudió emocionada, sonriendo ampliamente. "¡Eso es muy lindo! ¡Oh! ¡Quédate justo ahí! Tengo algo que quedará perfectamente con eso."
Volvió unos segundos después con un chal negro grande. "¡Oh! ¡Gracias! Lo cuidaré bien," le dije, tomándolo de sus manos. Sabía que mi chaqueta de cuero no quedaría para nada, así que ni siquiera iba a discutir.
"¡Está bien! ¡Pero, antes que se vayan! ¡Déjenme tomarles una foto! ¡Aw, ustedes dos son tan lindos!" Dijo Esme. Edward rodó los ojos pero me miró con una sonrisa.
"Si no quisiera recordar con perfecto detalle cómo te ves esta noche, le diría que no."
Me ofreció su mano, y la tomé con impaciencia antes de ponerme a su lado. Me rodeó con su brazo y besó la cima de mi cabeza. Escuché el clic de la cámara.
"¡Mamá! ¿Esperarías un momento, por favor? ¡Tienes que advertirnos, después de todo!" Dijo Edward, sonrojándose. Yo solo solté una risita, sintiéndome un poco demasiado caliente y muy ligera, como si fuera a salir volando.
"Lo siento, lo siento." Rodó los ojos. "Digan whiskey."
"Mamá," Edward se rio entre dientes al ver su ridícula expresión. En ese preciso momento la cámara hizo clic. Antes de que él pudiera decir algo, tomó otras dos fotos. "¡Muy bien! De acuerdo, ¿ya estás feliz?"
"Estoy en eso," dijo, asintiendo. Me guiñó un ojo de forma juguetona. "Ustedes diviértanse, y los veré por la mañana."
Tomamos un taxi, Edward sostenía mi mano en silencio mientras yo me apoyaba en él. Jadeé cuando nos detuvimos frente a un gigantesco edificio antiguo. Resplandecía con la luz, el color oscuro de los ladrillos reflejaban la luz de una forma que lo hacían aún más épico.
"Llegamos," dijo Edward en voz baja. "Vamos, amor. Sé exactamente a dónde quiero llevarte."
Y en realidad, no solo era un lugar. Eran varios lugares diferentes. Había una gran tienda delicatesen con carnes y quesos. Y había un lugar con pan y sofisticadas mermeladas y cremas. Compramos una botella de vino, junto con unos cuantos chocolates Godiva. Nos sentamos en una mesa tranquila lejos de todos los demás.
Edward cortó cuidadosamente un pedazo de queso y lo llevó a mis labios. "Prueba esto, es delicioso."
Lo tomé de sus dedos, asegurándome de rozar mis labios en ellos al hacerlo. Murmuré por el placer, lamiendo lentamente mis labios. Los ojos de Edward estaban encendidos. "Mm, esto está muy bueno."
"¿Está noche va a ser un gigantesco juego previo?" Edward preguntó en tono bajo para que nadie más pudiera escuchar.
Al principio no lo pensé, pero ahora que lo mencionó…
Dibujé una línea hacia arriba por su pantorrilla con la punta de mi zapato de tacón, provocando que se estremeciera, pero sus ojos nunca dejaron los míos. "No tengo idea de qué estás hablando."
Se acercó de modo que sus labios estaban contra mi oído. "Mm, di lo que quieras. Sé la verdad. Pero, solo para que lo sepas… juego a ganar."
Fue mi turno de estremecerme. Me recuperé rápidamente y arranqué un pedazo de pan. Lo llevé a sus labios, y Edward me lo arrebató en seguida, haciendo que soltara una risita.
"Esta va a ser una noche divertida."
Cuando comenzamos nuestra noche, en realidad, no tenía idea a dónde íbamos a bailar. O qué tipo de música íbamos a bailar.
Pero al parecer Edward sí, y le dio el nombre de un lugar al siguiente taxista.
Me sentía un poco mareada por las tres copas de vino que ya había tomado. Edward no estaba precisamente mareado… en sí. Estaba intenso, sus mejillas enrojecidas al arrastrar sus dedos por mis hombros.
"¿A dónde vamos?" Pregunté con un suave suspiro, inclinando mi cabeza hacia un lado cuando rozaron el largo de mi cuello. Él murmuró, acercándose para besar ligeramente mi hombro. "¿No vas a decirme?"
"Vamos a ir a bailar," dijo, sonriendo contra mi piel al besarla otra vez.
"¿Qué tipo de baile?" Pregunté, pasando mis dedos sobre su muslo.
Me encontré con una pequeña sorpresa.
Bueno, tal vez no precisamente pequeña…
Al parecer, Edward estaba feliz de verme.
"Es solo un sitio que encontré cuando estaba haciendo antes un poco de investigación. Creo que te gustará, pero si no, tengo unos cuantos lugares más que podríamos visitar. Aunque creo que este es más de nuestro estilo."
Si iba a jugar a ganar, yo también lo haría.
En la guerra y en el amor todo se vale…
Edward le dio propina al pobre taxista que lidió muy bien con nuestro coqueteo y seducción durante todo el viaje. El hombre no dijo nada, pero estaba segura que estaba listo para sacarnos de su taxi antes que empezáramos a tener sexo en él.
No había letreros en el pequeño edificio, pero las suaves notas de un saxofón podían escucharse desde el interior. Mordí mi labio, sonriendo cuando miré a Edward. Él me sonrió de forma torcida, tendiéndome su mano.
"Vamos a tomar otro trago antes de bailar," Edward sugirió al entrar. La música era lenta, y había mucha gente en la pequeña pista de baile. Se veía misteriosa y sexy, oscura pero llena de color.
O tal vez ese era el vino hablando.
"¿Qué puedo servirte, encanto?" El barman dijo con fluidez, su acento marcado. No era exactamente como el de Edward. Se escuchaba más… escocés, supongo.
"Un Martini," le dije, deseando algo un poco diferente y mucho más fuerte. Edward ordenó un bourbon con hielo.
Él se bebió todo de prisa mientras me observaba jugar con la aceituna, lamiendo de ella el frío líquido transparente.
"Otro," dijo con voz ronca antes de aclarar su garganta. El barman asintió, sirviéndole otra bebida en seguida. Creo que incluso él notó el fuego entre Edward y yo. "Maldición, vas a matarme, mujer."
"Que placentera forma de morir," le dije, bebiéndome de prisa el siguiente Martini. Tal vez fue porque ya estaba un poco relajada, pero fue muy fácil beberlo. Ni siquiera sentí el ardor.
"Baila conmigo," susurró Edward contra mi oído. Asentí despacio, deslizando mi mano en la suya.
Otra canción comenzó justo cuando pisamos la pista de baile. No era tan enigmática, pero era igual de lenta e igual de sexy. Edward me acercó, descansando su mano justo sobre mi trasero. Deslicé mi mano alrededor de su cuello. Nos empezamos a mover lentamente, Edward guiándome perfectamente.
Yo era una mierda bailando, pero él era muy bueno.
Nuestras caderas se quedaron conectadas mientras él se movía al ritmo de la música. Una vez incluso me echó hacia atrás. No por completo, hasta casi tocar el suelo, pero me inclinó ligeramente hacia atrás para poder pasar su nariz por el centro de mi cuello. Su aliento sopló sobre mis labios al levantarme, fragrante con licor.
Los dos gemimos suavemente cuando nuestros labios se tocaron por solo un segundo. Su mano bajó un poco, apretando delicadamente mi trasero. Edward gimió cuando sintió mis bragas. Me di cuenta que sabía exactamente cuáles traía puestas. No las había usado, pero las había modelado para él.
Se quedaron un gran total de cinco minutos antes que él me llevara a la cama y me tomara.
No me importó ni un poco.
Tan pronto terminó la canción nos separamos, jadeando suavemente.
"Necesito un trago," lloriqueé, sintiendo mi piel sonrojarse con intensidad.
"Yo también," murmuró, su expresión igualando la mía.
Después de varios bailes y bebidas, apenas controlábamos nuestras manos en el taxi en el camino de regreso a la casa de los padres de Edward. Era aproximadamente la una de la mañana, y los dos estábamos cansados de jugar.
Edward puso mis piernas sobre su regazo mientras frotaba su mano sobre mi muslo. No nos estábamos besando, solo mirándonos a los ojos en silencio mientras nuestras manos recorrían brazos y hombros, o costillas o pecho. Sus ojos estaban intensos, y se me estaba haciendo difícil apartarme de ellos. Simplemente eran tan malditamente hermosos. Los amaba.
Lo amaba.
"Esta es su parada," dijo el conductor, y le pasé un billete. Estaba segura que cubría todo el costo y algo más, pero no me importó. Salí de prisa del taxi y Edward me siguió rápidamente. Antes que pudiéramos avanzar más de un par de pasos, me atrajo a sus fuertes brazos y me besó.
Quiero decir, que de verdad, realmente me besó. De forma intensa y apasionada, con manos que deambulaban y tirando un poco de mi cabello.
"Tienes frío," susurró cuando sus manos recorrieron mis brazos, sintiendo la piel que se había erizado.
"No, no tengo," le dije sinceramente. De hecho, todo mi mundo estaba en llamas. "Tú me hiciste eso. Edward, te deseo. Entremos, por favor. Te deseo tanto."
La casa estaba en silencio cuando entramos, gracias a Dios. No creo haber podido enfrentar a Esme o Carlisle si estuvieran despiertos y esperándonos. No creo que 'por favor, disculpen, quiero que su hijo me devore' sería algo bueno qué decir.
Lo primero que hizo Edward cuando llegamos a la habitación fue retirar el chal negro de mis hombros y arrojarlo a una silla. Fue entonces mi turno de quitarle la chaqueta, empujándola de sus hombros antes de arrojarla sobre la silla con la tela negra.
"Jodidamente hermosa," murmuró Edward lascivamente al mismo tiempo que sus labios se arrastraron por mi cuello al subir a mi oído. En mi estado saturado de licor, apenas pude permanecer de pie para su ataque, pero él estaba ahí para sostenerme contra su musculoso pecho.
Le quité la camisa poco a poco, dejando que los placenteros besos y provocaciones continuaran. Amé su pecho, pasando mis dedos lentamente por él. Podía sentir cada músculo tensarse y relajarse mientras mis manos danzaban sobre ellos. Seguí la suave línea de rojizo vello rizado que iba desde el centro de su pecho hasta sus pantalones antes de quitarle el cinturón.
Una vez que se quitó el cinturón, me dio la vuelta, bajando el cierre de mi vestido y empujándolo al suelo. Saqué las piernas lentamente, solo para que me atrajeran para otro beso intenso y apasionado.
"¿Sabes lo sexy que eres para mí?" Edward me preguntó con voz gruesa. "¿Sabes lo que me haces? ¿Lo que siempre me has hecho?"
"Déjame mostrarte lo que tú me haces a mí," le dije bajito, mordiendo mi labio inferior. Tomé su mano y la presioné contra mi corazón que latía velozmente antes de arrastrarla con brusquedad sobre mi pecho para luego bajarla a mi estómago. Edward sabía exactamente hacia dónde estaba llevando su mano y continuó por mí, deslizando sus dedos dentro de mis bragas. Jadeé suavemente, teniendo que colocar mis manos sobre sus hombros para permanecer de pie.
"Mi querido señor," jadeó, manteniendo una mano entre mis muslos para tentarme mientras llevaba la otra hacia mi nuca, atrayéndome para un beso que literalmente me dejó sin aliento. "Mojada, muy mojada. ¿Yo te hice esto?"
"Tú siempre me haces eso," le dije sinceramente. "Solo estar cerca de ti me hace esto."
"Yo… oh, querida mía…" Su voz se apagó como si no estuviera seguro de qué decir. En vez de decir algo más, retiró su mano y me llevó a la cama. Me sentó en la orilla antes de arrodillarse entre mis piernas. Despacio me quitó cada zapato, masajeando mis pies delicadamente antes de bajarme las medias con manos casi reverenciales. "Recuéstate," susurró finalmente.
Bajó mis bragas hasta mis rodillas antes de dejar un beso en el centro de mis calientes muslos. Grité antes de morder mi labio con fuerza. Tenía que estar callada. Había otros en la casa. Pero sería difícil de recordar mientras me estaba haciendo eso.
Las bragas siguieron bajando por mis pantorrillas mientras deslizaba su lengua entre mis labios. Besando el del lado izquierdo y luego el derecho antes de abrir por completo mis piernas. Estaba totalmente abierta para él y su dulce asalto.
"¡Oh, Edward!" Grité cuando su lengua bajó lentamente, lamiendo a lo largo de mi entrada. Arrojé mi cabeza hacia un lado, arqueando mi espalda sobre la cama lo mejor que pude. Mis caderas buscaban su maravillosa boca, deseándolo cada vez más cerca. Cuando se apartó, lloriqueé ruidosamente.
"No, todavía no. Quiero sentirte la primera vez que te corras. Quiero sentir que te corres en torno a mí," susurró casi amenazadoramente.
Asentí, sentándome para ayudarlo a quitarse los pantalones. Cayeron al suelo, y saltó justo frente a mi rostro. Duro, rosado y esperando.
No pude resistirme.
Siseó con fuerza cuando mis labios se deslizaron sobre su rígida carne, una mano colocándose en la parte de atrás de mi cuello. Con delicadeza, Edward pasó sus dedos por mi cabello, casi cariñosamente. No había prisa en este momento. No había presión. Solo había una sensación de intenso placer.
"Bella, detente," dijo finalmente. "Por favor. ¿Puedo tenerte ahora?"
"Puedes tenerme siempre que quieras," le dije con honestidad, besando una de las cicatrices a lo largo de su cadera. Dio un suave suspiro, levantando mi barbilla para que pudiera mirarlo a los ojos.
"¿Lo dices en serio?"
"Siempre," le aseguré. "Soy tuya."
Subió a la cama, cerniéndose sobre mí. Con sus ojos entornados, sus mejillas de un rojo ardiente y su cabello estaba literalmente por todas partes. "Bella, soy tuyo. Seré tuyo hasta el día en que muera. De nadie más."
Probablemente habría respondido, pero el único sonido que pudo salir de mi boca cuando se deslizó dentro de mí fue, "¡Oh!"
Con cada movimiento la tensión crecía entre nosotros, enroscándose y apretándose. La atmósfera estaba tan densa, que el único sonido era el suave rechinido de la cama y las respiraciones jadeantes que inhalábamos.
Finalmente, perdí el control, sin poder soportar sus deliciosos movimientos intensos. Edward pronto me siguió.
"Te amo," le susurré al oído después que se colocó junto a mí. Tomamos cómodamente una de sus posiciones favoritas, con su cabeza descansando contra mi hombro mientras sus brazos envolvían con fuerza mi cintura.
"Te amo," susurró justo antes de que ambos nos quedáramos dormidos.
Uff estos dos sí que saben disfrutar unas vacaciones jejeje. Como dijo Edward, toda esa noche fue un gigantesco juego previo, ¡con final genial! Hasta ahora Bella ha disfrutado de conocer Londres con Edward y de pasar tiempo con su futura suegra, obsesionada con los nietos, por cierto jajaja. Ahora sí veremos cómo le va con los abuelos, que por lo que se ha dicho hasta ahora, son unas personas horribles. Ya veremos cómo responderán a la segunda 'zorra americana' que se une a la familia. Espero que hayan disfrutado del capítulo y les recuerdo que esto es un hobby, disfruto de compartir estas historias con ustedes, pero cuando ustedes corresponden, tomándose solo unos minutos de su tiempo para decir gracias o qué les gusta de la historia con un review, me animan a seguir, me alientan a traducir y actualizar más pronto, solo les recuerdo eso. Sus reviews son la vida del fandom, lo que alienta a autoras y traductoras a seguir compartiendo gratuitamente su trabajo con ustedes. Sean agradecidos :)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Mel ACS, miop, Adriu, JessMel, Jade HSos, PRISOL, paupau1, Gabriela Cullen, jupy, bealnum, Rosii, Vrigny, Amy Lee Figueroa, Leah De Call, patymdn, anakarinasomoza, Manligrez, terewee, Lizdayanna, Tecupi, Vanenaguilar, angryc, aliceforever85, Marie Sellory, bbluelilas, MariePrewettMellark, Sully YM, rjnavajas, tulgarita, YessyVL13, freedom2604, Ali-Lu Kuran Hale, Lady Grigori, ariyasy, BereB, Yoliki, Carol, kaja0507, Car Cullen Stewart Pattinson, alejandra1987, AnnieOR, saraipineda44, Say's, piligm, Lectora de Fics, glow0718, gmguevaraz, Tata XOXO, Bertlin, Liz Vidal, lauritacullenswan, EriCastelo, injoa, seelie lune, cavendano13, Mafer, Kriss21, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, ¿cuándo? Depende de ustedes.
