—Vamonos de aquí —fue la espontánea sugerencia que le hizo en aquella noche sin estrellas. —. Ven conmigo —Podía ver tal determinación en sus ojos que sus propias dudas comenzaron a disiparse. Irse, con él, dejar atrás el dolor del pasado y el del presente, hurtar su libertad y permitirse moldear su propia felicidad.

Quiso decir "sí", pero la realidad le golpeó de lleno. —Nos buscarán —le advirtió.

—Que lo hagan.

—Nos encontrarán, tarde o temprano.

Jason sonrió, acunando con cariño el rostro del menor entre sus manos, quería que lo mirara a los ojos. Damian no sólo hizo eso, soñó con un futuro en ellos. —Seamos felices hasta entonces —Para él estaba claro: en Gotham no podrían estar juntos; al menos no mientras Bruce se empeñara en poner un pero a cada una de sus palabras y examinar cada uno de sus movimientos con lupa.

No estaba de acuerdo en que uno de sus protegidos, específicamente aquel, pretendiera a su único hijo de sangre; estaba convencido en que aquello no podría acarrear nada bueno. Ambos eran de carácter explosivo y formas toscas, su hijo era violento y Jason prácticamente un criminal, juntos no podrían ser nada más que una bomba de tiempo que explotaría llevandose a la ciudad; prefería evitar aquel desastre, eso sería mejor que tener que limpiarlo. Bruce estaba seguro de que, en lugar de frenarse, ese par tenía el potencial para motivarse a crear una masacre: cada uno era el loco que secundaría al otro.

La promesa de felicidad hizo latir con fuerza el corazón de Damian, se había alejado de su madre en su búsqueda y la sentía con fuerza cada vez que sus manos se tocaban. Por un momento se sintió inseguro, significaría abandonar el que veía como su deber, renunciar a lo que llamaba su derecho de sangre y dejar atrás a la familia en la que tanto se esmeró por encajar; le parecía tan descabellado, y aún así le bastó mirarse en sus ojos para hallar una respuesta.—Nos matará —bromeó. Todd sabía como interpretar aquello y le obsequió una sonrisa sincera.

—Que lo intente.