Disclaimer: dicen algunas teorías que existe un universo paralelo en el que yo poseo los derechos de los Juegos, pero éste no es ese universo. Creo.


Tulipán, líder de líderes, paladín de dirigentes, abusón mandamás en definitiva, todavía no se había recompuesto tras la Traición de Eufrasio. Se veía en la difícil tesitura de hacer algo que no había hecho jamás: pensar fuerte en una estrategia. Pensar fuerte en general tampoco se le había dado nunca muy bien, que digamos. Pero tenía claro que necesitaba un ejército, y rápido. A ser posible, un ejército que no te diera una puñalada trapera cuando menos te lo esperaras.

Y visto lo visto en su historial de relaciones humanas, en la gente no se podía confiar. Por supuesto, no se le había ocurrido que parte de la culpa pudiera ser suya, no. El problema lo tenían los demás. Sólo los objetos inanimados no le traicionarían nunca, de eso estaba seguro. La cuestión era qué soldados exactamente podía reclutar uno en esta Arena… las opciones eran sin duda limitadas. Podía dedicarse a recoger hojas de los arbustos circundantes, que de eso había de sobra, pero dudaba de que echarles un popurrí de hojas a los otros tributos fuera a matarles mucho. Como mucho conseguiría aromatizarles con un suave olor a hierba recién cortada, que no era precisamente el objetivo. Y poco más había alrededor, pensaba Tulipán, mirando en todas direcciones… hasta que se le ocurrió mirar al suelo. Y vio que se había metido de lleno, sin saber muy bien cómo, en un charco de barro.

Y en vez de sentirse asqueado, y ponerse a saltar a la pata coja dando vueltas sobre sí mismo para intentar sacudírselo (como haría cualquier persona normal), a Tulipán se le ocurrió una idea. Para desconcierto de todos los televidentes, se quitó la camiseta así sin ton ni son. Los más débiles de corazón se desmayaron no del gusto, porque recordemos que Tulipán no es ningún ídolo de adolescentes, si no de preocupación al ver que el chaval estaba tan escuchimizado que se podían usar sus perfectamente visibles costillas como instrumento musical. Pero no era ese el plan de nuestro héroe, no. En una demostración de humildad digna de los líderes más grandes de la historia, se arrodilló en medio del charco y empezó a echar barro en una bolsa que improvisó con su camiseta. Cuando la bolsa empezó a pesar tanto que sus escuchimizados brazos no pudieron cargarla más (lo cual tampoco es mucho decir), con el último puñado de barro empezó a modelar lo que sólo los optimistas habrían podido reconocer como un intento de humanoide. Por si fuera poco, los micrófonos espía súper avanzados del Capitolio (un micrófono normalito que alguien había pintado de verde y puesto en medio de las hojas con la esperanza de que nadie se fijara) pudieron captar las siguientes impactantes declaraciones:

- A ti te nombro mi segundo al mando, en sustitución del traidor de Eufrasio, mil maldiciones caigan sobre su estampa. Te llamaré Eufrasio 2.0, porque eres la versión mejorada de esa asquerosa rata de cloaca y tú jamás me traicionarás, ni te irás con esas fulanas del distrito 3 porque te he hecho sin piernas, ni me dejarás nunca, ¿a que no? ¿A QUE NO?

Si el pobre muñeco de barro hubiera tenido la capacidad, habría salido corriendo de allí a la primera señal de una relación tan tóxica y perturbadora. Pero como hemos visto, Tulipán le había hecho sin piernas. Y tampoco podemos olvidar que el barro sigue siendo una sustancia inanimada, que no se nos contagie la locura de tributos que ya venían mal de fábrica y además sólo se alimentan de kétchup caducado. Así, como lección vital.

Como gente sabia que somos, nos alejamos de Tulipán y sus tendencias controladoras para centrarnos en una relación mucho más bonita y más sana que esta.

Aunque no os lo creáis, estoy hablando de Kris y Gocho Miseria. ¿Y por qué justo ellos, os preguntaréis? Así a primera vista, no son gente que se pueda estudiar como modelo. Por aquello de las tendencias violentas de cada uno y tal.

Pero lo que no sabéis es que Kris había estado pensando. Terrorífico, lo sé. Más concretamente, pensando en traiciones, y en como en su entrevista había dejado claro que tenía toda la intención de cometerlas. Pero es que cada vez que intentaba imaginarse a sí misma asesinando a Gocho por la espalda, le entraba como un malestar en el estómago que no se explicaba. Podía ser su conciencia, que le impedía matar a un amigo, podía ser el kétchup caducado que circulaba por la Arena, recomendado por 0 de cada 10 nutricionistas. No lo podemos decir con seguridad, pero el caso es que aún no lo había traicionado y se dio cuenta de que no tenía intención de hacerlo.

Gocho, por su parte, sospechaba que sus compañeros de secta estarían extrañadísimos de que después de pasar tanto tiempo con Kris, todavía no la hubiera sacrificado para mayor gloria de la Oscuridad. Pero es que a nuestro sectario favorito le daba cosilla, tenía que reconocerlo. Había encontrado en Kris un alma gemela que compartía su gusto por el caos, y sería una auténtica lástima eliminar de la vida a semejante elemento.

Todo precioso, como podéis ver. Así que los integrantes de este extraño dúo llegaron a la conclusión de que lo mejor que podían hacer el uno por el otro era irse cada uno por su camino. Sin poder matarse el uno al otro estaban atascados. Y así decidieron separar sus andanzas, marcando este hecho el máximo grado de amistad y de preocupación por otra persona que ninguno de los dos había experimentado antes. Esto sí que son #friendshipgoals y lo demás tonterías.

- Suerte en tus futuras matanzas, Kris.

- Que sacrifiques a mucha gente, Gocho.

Y con un abrazo final ambos echaron a andar en direcciones distintas, y si soltaron alguna lagrimilla, no lo comentemos con nadie, que están en su derecho. Kris se fue en busca de los Profesionales que quedaran, que a esos no le importaba traicionarlos. Y Gocho avanzó sin rumbo fijo, echando alguna maldición de vez en cuando por lo bajini para mayor gloria del Príncipe de las Sombras.

Lo que Kris no sabía es que Profesionales, lo que se dice Profesionales, quedaban más bien pocos. Y uno de los que quedaban, al menos, lo estaba pasando fatal. Luis Antonio, como tributo del distrito 1 que era, estaba acostumbrado a un cierto nivel de vida. Podía renunciar temporalmente al lujo mientras estuviera en la Arena, pero había otra cosa que se estaba dando cuenta de que no le podía faltar, y le tenía en un sinvivir. Y esto es el cotilleo más indiscreto, naturalmente. Es lo que tiene vivir en una sociedad cerrada sin tener que dar palo al agua. Y como se había quedado sin sus compañeros Profesionales para que le sirvieran de marujas, y se había enterado de lo que a su juicio era el cotilleo más jugoso de toda la Arena (el supuesto amorío entre Cassie y Pettulip), pues no podía contener sus ganas de contárselo al primero que pasara. Poco importaba que el cotilleo tuviera un porcentaje de verdad de aproximadamente 0% (al fin y al cabo, ¿qué cotilleo lo tiene?), tampoco importaba que no hubiera ningún otro cotilleo en la Arena. Luis Antonio tenía que contarlo y no lo podía evitar.

Así fue como Luis Antonio se dedicó por un rato a cotillear con cada tributo que se cruzó en vez de matarlos, para sorpresa y alegría de los no asesinados (que no enfrentarte a un Profesional siempre mejora el día). Pero como consecuencia inesperada de sus actos, el chismorreo indiscriminado de Luis Antonio acabó llegando a los oídos de Cassie. De una Cassie que acababa de perder a su adorada manada de seres mutantes y que no estaba en el mejor estado anímico como para enfrentarse a rumores falsos e indeseados. O, como suele decirse vulgarmente pero con mucho acierto, no tenía el coño para farolillos.

- ¡Mecagoentó lo que se menea, Luis Antonio, cabronazo! ¡Cuando te pille te voy a partir el espinazo!

Y, completamente ajena al pedazo de rima que acababa de hacer, se fue en busca de Luis Antonio antes de que al susodicho se le fuera más de las manos el asunto y acabaran publicando un especial sobre ella y su tórrido e inexistente romance en el Hola y adiós, la revista del corazón por excelencia en el Capitolio y en el mundo entero.

En realidad lo tuvo fácil, sólo necesitó seguir el rastro de tributos que la miraban con pena por haber perdido a su amor, y que después de llevarse tremendo tortazo la miraban con bastante tirria. Y así uno a uno fue desmintiendo rumores y repartiendo hostias como panes a diestro y siniestro, hasta que alcanzó a la fuente primigenia de tanta habladuría. Y la fuente primigenia de tanta habladuría, con la falta de juicio que le caracteriza, lo primero que hizo fue darle el pésame con mucho sentimiento:

- Ay nena, siento tanto lo de tu novio, y más encima cuando estabais a punto de casaros y esperando vuestro primer hijo, qué drama nena, qué drama.

- ¡¿Pero qué cojones me estás contando?!

- Que sí, que sí, que lo sabe todo el mundo, no lo disimules más.

Claramente, Luis Antonio se había venido un poquito arriba con cada nueva versión de la historia, y estaba en pleno modo marujeo. No había quién le parara. Los de Hola y adiós ya le estaban preparando una sección en su revista sólo para él cuando saliera de la Arena.

Lamentablemente, Luis Antonio nunca llegó a ver tan brillantes perspectivas laborales porque Cassie, harta ya de todo y arrepintiéndose hasta de haber nacido, se le tiró encima a arrancarle la yugular con las uñas. Y que no se diga que unas uñas bien afiladas y mucha rabia acumulada no son un arma peligrosa, porque la muchacha lo consiguió. Vaya si lo consiguió. Y Luis Antonio, último Profesional y un experto en dar por saco cuando menos se le espera, con su último estertor consiguió proferir:

- Ay nena, que te estás vengando de mí por cargarme a tu esposo, que ya sé yo que os casasteis en secreto en la Arena y lo ofició uno de tus mutos, ay nena, qué drama, qué drama.

Y habiendo exagerado la historia otro poquito más, Luis Antonio por fin murió desangrado, sí, pero murió feliz y haciendo una de las cosas que más le gustaban, molestar con sus chismes. Qué gran ejemplo para la humanidad.

Cassie por su parte se desquitó tranquilamente pateando su cadáver y gritando a los cuatro vientos que todo era mentira, pero como la gente quiere lo que quiere creer, y a todo el mundo le gusta el salseo, todos los televidentes lo atribuyeron al trauma emocional de perder a su secreto esposo y tener que enfrentarse a la maternidad a tan tierna edad. Que no se diga que la gente no prefiere un buen cotilleo a la pura, simple y aburrida verdad.

Para colmo de males, cuando ya se le empezaba a cansar la pierna de tanto patear empezó a escuchar el alegre soniquete que indicaba la llegada de un regalo de los patrocinadores. No le daba muy buena espina, la verdad, porque los patrocinadores no solían ver con buenos ojos que nadie se cargara a sus queridos Profesionales como ella acababa de hacer. Y, como cosa inusitada en estos Juegos, en este caso la tributo tenía razón. Para compensar, como viene siendo costumbre, los gritos de advertencia de su instinto no le impidieron a Cassie abrir el paquetito que había caído del cielo en contra de todo sentido común. Y lo que se encontró dentro la horrorizó hasta límites insospechados.

¿Qué había dentro, os preguntaréis? Pues la respuesta es que en el interior del paquete se encontraba el resultado de una venganza cuidadosamente ejecutada, un acto cruel donde los haya. Algo tan vil sólo podía venir del mismísimo Presi, que todavía recordaba el desprecio que le había hecho Cassie a las hamburguesas en las entrevistas y pensaba que con lo que la chica había sufrido en los Juegos no era suficiente. Había esperado el momento adecuado y la oportunidad perfecta durante días para atacar cuando más daño hiciera. Y las circunstancias se lo habían entregado en bandeja de plata.

Entre las manos de Cassie los espectadores pudieron ver… una foto. O la parte de atrás de una foto, así de primeras. No alcanzaban entonces a comprender por qué a Cassie se le torció el gesto de forma tan extraña, ni por qué se empezó a gritar como una descosida, cayó al suelo y, tras unos instantes del más intenso sufrimiento, se llevó la mano al pecho con cara de dolor y acabó por estirar la pata. Por suerte, al tener este ataque Cassie soltó la foto, y ésta revoloteó hasta posarse delicadamente en el suelo. Las cámaras del Capitolio, después de grabar en 4K y con todo lujo de detalles la muerte de Cassie, hicieron un zoom dramático merecedor de varios Oscar sobre la foto, que esta vez había caído por el lado impreso. Y así, los espectadores y nosotros por fin pudimos entender qué había llevado a Cassie a tan fatídico destino.

En la imagen se podía ver a un Presi muy sonriente, con lo que tenía toda la pinta de ser una hamburguesa entre las manos. Se le veía a punto de hincarle el diente con mucho gusto, y además, con rotulador permanente el mandamás había escrito en una esquina las siguientes perturbadoras palabras:

Querida Cassie,

Ya sé que dijiste que las hamburguesas son el mal, pero a mí me encantan. Sobre todo si están hechas de la jugosa carne de un muto llamado Toby, que en paz descanse. Aquí no tiramos nada.

Besis de fresi,

El Presi

Para Cassie fue la gota que colmó el vaso que el Presi se comiera en hamburguesa al que había sido el primero entre sus mutos, mascota fiel y amada bestia asesina. Si lo sumamos al cabreo que llevaba por los rumores de Luis Antonio, y al dolor de haber perdido a todas sus queridas bestias demoníacas hacía nada, el corazón de Cassie no pudo soportarlo y decidió que era mejor dejar de latir, viendo que había demasiado sufrimiento en este mundo. O quizá lo que la mató fue el shock de descubrir que el Presi se despedía en sus cartas con "besis de fresi". Nunca lo sabremos, pero está claro que el maquiavélico plan del líder no podía haber culminado en mejor momento. Si en el fondo este señor piensa, que no se llega a Presi así como así.

Ajenos a tamaño drama, en otra parte de la Arena el fabuloso par del tres y su nuevo mejor amigo del alma Eufrasio estaban teniendo una conversación de lo más reveladora.

- Pues sí, chavales, yo en realidad soy un androide. Así somos los del distrito 3, muy de tecnología, y mis creadores querían saber si podían colarme entre humanos sin que nadie se diera cuenta.

Para Eufrasio quizá esto fuera un shock, pero Estela Superstar ya se lo sospechaba desde hace tiempo, que bajo tanta fabulosidad bullía un cerebro muy despierto. Y el hecho de que sus sospechas se confirmaran, la verdad, no le provocó ninguna reacción especial. No le suponía ninguna diferencia que su compañera estuviera hecha de cables y procesadores o de carne como los demás… hasta que María Eufrasia recibió el impacto de una bola de barro lanzada a sorprendente velocidad para lo escuchimizado del atacante. Con tan mala suerte de que el barro se coló entre las fisuras de su chasis y llegó hasta su interior, provocando un cortocircuito de agárrate y no te menees.

Sus compañeros se quedaron ojipláticos al ver como de pronto María Eufrasia se puso a cantar el abecedario al revés, a recitar la tabla de hacer lo que ellos tomaron por una extraña danza contemporánea, pero que en realidad eran convulsiones de un robot. María Eufrasia, en un mar de confusión y multiplicaciones, tuvo la suficiente presencia mental para, con sumo esfuerzo, adoptar una pose digna de las pasarelas de más alta costura justo antes de espichar definitivamente y quedarse así para siempre.

Al darse cuenta de la pérdida de su compañera de nombre y desgracias, Eufrasio no pudo evitar emitir un grito tan desgarrador que, si alguien se hubiera acordado de poner pájaros en esta Arena, los habría asustado seguro en varios kilómetros a la redonda. Lo malo que tiene dejarse llevar así por las emociones es que recibió el siguiente proyectil de lleno en su boca abierta, y ahogarse con barro no es una muerte bonita, pero es la que el destino le tenía preparada al pobre Eufrasio. Pobre de él, gran becario, mejor persona, nunca le olvidaremos.

Y sola para enfrentarse a tamaña amenaza se quedó Estela Superstar. Pero ella estaba más que preparada. Y como diva que había estado en muchas peleas de estilo, supo aprovechar el momento de debilidad de su contrincante. ¿Qué momento de debilidad, os preguntareis?

Pues es que Tulipán, como no podía ser de otra manera, había alcanzado al grupo y había empezado a ejecutar su venganza. No se esperaba que por una vez uno de sus ejércitos fuera tan útil, cierto es, así que cual villano barato estaba disfrutando de su momento de gloria y regodeándose de haberse vengado de "ese vil traidor y la fulana del 3 que se lo había robado".

Estela no iba a soportar que se hablara así de una compañera en la fabulosidad, y mucho menos cuando esta ya no podía defenderse por hallarse víctima de un caso severo de muerte. Así que, aprovechando el discursito ridículo de Tulipán, se le acercó a la velocidad inusitada que le daban muchos años de correr en tacones y le pisoteó a Tulipán todo lo que quedaba de su ejército. Se manchó su fabulosa pierna de barro, sí, pero ver la cara de impotencia del chaval mereció la pena. Especialmente cuando Eufrasio 2.0 quedó reducido a un gurruño de barro todavía más irreconocible que al principio.

Tulipán había sufrido mucho. Esta era la última entrega en una larga serie en que, por unas circunstancias u otras, había perdido a todos los ejércitos que había comandado, y eso al final hace mella en la integridad emocional. Y en la cordura, sobre todo en la cordura. Así que el chaval, que ya de por sí no venía muy cuerdo de su casa, perdió por completo los últimos hilos que le ataban a la realidad. Y esto llevó a que se produjera un pequeño milagro. Por primera vez en su historia, Tulipán superó su natural cobardía y, en vez de buscar desesperadamente un nuevo ejército al que interponer entre él y su enemigo, se enfrentó a Estela cara a cara.

Fue una batalla todo lo épica que puede serlo una batalla donde ninguno de los adversarios sabe algo de combate cuerpo a cuerpo más allá de tirar al contrincante de los pelos. Pero oye, ellos lo intentaron fuerte. Estela recurrió a todos los trucos en su haber, incluyendo el canto desafinado a pleno pulmón en la oreja del contrincante, que eso siempre desconcierta. Los espectadores se quedaron patidifusos al ver la versión screamo de su gran éxito "La mar está fresquiviris" con que deleitó a todos los presentes mientras intentaba arrancarle a Tulipán el pelo y la piel, si podía ser. Pero el chaval se defendió con valentía, y sobre todo con barro, con mucho barro. Tanto se revolcó en la sustancia que a Estela se le hacía difícil agarrarle, y empezaba a parecer que las fuerzas de ambos luchadores estaban bastante igualadas. Para ponerles las cosas todavía más difíciles, Manolo y compañía decidieron que era hora de que les lloviera dramáticamente, que eso siempre queda bien en cámara. Y allí que mandaron a un par de becarios discretamente camuflados a que les echaran cubos de agua por encima (es lo que tiene ventilarse el presupuesto), sin saber que eso iba a desencadenar el final. Y es que Tulipán tenía un defecto de nacimiento muy curioso, la lluvia le hacía estornudar, cosa que hizo en cuanto notó la primera gota sobre su piel. Desafortunadamente, Estela estaba tan cerca que le estornudó en plena cara, con el asquito que da eso. Y por mucho agua que los becarios le tiraron, ella no se sentía limpia, y no pudo evitar gritar "¡GÉEEEEERMENEEEEES, UUUUUUGGGGHHHH!" y desconcentrarse. Tulipán aprovechó para patear, dar puñetazos, cabezazos y demás golpes acabados en –azos en el momento de debilidad de Estela. Pero la diva era más fuerte. O tenía más masa, que también puede ser. El caso es que los golpes del líder de ejércitos no le afectaron mucho, y pronto se recuperó y volvió a la carga con furia renovada. Tulipán poco a poco fue perdiendo las fuerzas ante tan asoladora e incansable fiereza, hasta que un último tirón de pelo especialmente violento le quitó el sentido y la vida. El cómo puede ser eso exactamente se lo dejamos a los científicos.

Y Estela, triunfante, se dio la vuelta buscando la cámara más cercana para presumir a gusto delante de ella. Con lo que no contaba era con que a uno de los becarios, empapado y sometido a estrés como estaba, se le resbalaría de las manos el cubo entero lleno de agua que estaba a punto de tirar, en lugar de sólo su contenido. Para más inri, tampoco nadie se esperaba que el cubo fuera en trayectoria directa de colisión con el cráneo de Estela. Y así fue cómo la gran diva encontró su final, a base de un traumatismo craneoencefálico de agárrate y no te menees. Provocado por un cubo de agua. La vida da unas vueltas muy extrañas, pero al menos nuestra diva murió como ella habría querido, chupando cámara.

No está claro si al becario responsable lo despidieron o lo ascendieron, que con estos capitolinos nunca se sabe. Lo que sí sabemos es que así se acaba este capítulo, con más muertos que en una peli de zombies. Que no se diga.


Nota de la autora: yo he vuelto, a diferencia de los tributos (+ Eufrasio) brutalmente asesinados hoy, que no volverán a no ser que haya una ouija de por medio, BWAHAHAHAHA. Pero dediquémosles el minuto de canto difónico solemne que se merecen.

En el puesto 14 tenemos a Luis Antonio, que murió honrando a su distrito con su tradición ancestral de chismorrear como si no hubiera un mañana. Gran Profesional, 10 de 10 en poses, y también consiguió sobrevivir a su hermana, que le hacía ilusión. Que Willy le acoja bajo sus hojas y le hidrate el alma.

En el puesto 13 tenemos a Cassie, defensora de los animales hasta el último minuto. No tanto de las personas, pero la queremos igual. Ahora está retozando alegremente con Toby, Cuqui y todos los demás adorables mutos asesinos a la sombra de las hojas de Willy, que tampoco está mal.

En el puesto 12 se sitúa María Eufrasia, portadora de la mitad de la fabulosidad de los Juegos así como de un nombre muy desafortunado. Aunque al menos le hizo ganar un amigo, que algo es algo. Que Willy la acoja bajo sus hojas y le hidrate los circuitos.

Mención especial en el puesto 12.5 para Eufrasio, gran becario, mal soldado, mejor persona. Tributo no será, pero le hemos cogido cariño. Ahora puede descansar a la sombra de las hojas de Willy y no tiene que soportar las dementes peticiones de sus jefes, que así visto, pues no está tan mal.

Y por último en el puesto 11 tenemos a Estela Superstar, la otra mitad de tan fabuloso dúo. Ganar no pudo, pero como gran diva que es nos deja un recuerdo imborrable. Que Willy la acoja bajo sus hojas y le hidrate el alma y el cutis, que es más importante.

(*fin del canto difónico solemne*)

Con esto más de la mitad de los tributos han pasado a mejor vida, que Willy les acoja a todos bajo la sombra de sus turgentes hojas. Gracias a sus creadores por traerlos a la vida para que yo pudiera quitársela de forma ridícula y con un poco de suerte echarnos unas risas en el proceso ;)

Espero que os haya gustado el capítulo o que os haya hecho sonreír por lo menos, dejadme como siempre comentarios, quejas, sugerencias, solicitudes de suscripción al Hola y adiós, y cartas preocupadas sobre mi salud mental en un review. ¿Conseguirán alguna vez los becarios salir bien parados en esta historia? ¿Alguna vez habrá algo más para alimentarse que kétchup caducado, aunque a los tributos no parezca importarles? ¿Se recuperará la revista Hola y adiós de haber perdido al mejor colaborador que habría podido tener? ¿Y seguirán los tributos (y la autora) ignorando el hecho de que dormir es parte esencial de la vida? Todo esto y mucho más en próximas entregas.

Como siempre, gracias a todos por leer y comentar, que os vaya bien, ¡y besis de fresi... digo, hasta el próximo capítulo! ;D