Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Nota: este capítulo no fue revisado ni corregido. Les pido una disculpa por todas las fallas ortográficas y/o gramaticales que puedan encontrar. Fue subido con la única intención de desear un gran año a cada una. Por un 2020 lleno de paz. ¡Feliz Año Nuevo!
Capítulo veintiocho
Edward
Fue más un impulso.
Era una necesidad de arrebatar a mi bebé de los brazos de ese hombre. Cuando Carlie estuvo conmigo la apreté a mi pecho, sintiendo que estaba a salvo.
― No estaba pensando en hacerle daño ―explicó Swan―. Es mi nieta, jamás me atrevería a hacer nada que la lastimase.
― Yo soy tu hija. Quieres que te haga un resumen de todo lo que me has hecho.
La mirada de Swan se volvió tormentosa.
Lucía acabado y demasiado delegado. Podría decir que había envejecido prematuramente para su edad. Su vestimenta era sencilla, nada que ver con la ropa de diseñador que solía usar.
― Aún no has respondido, ¿qué vienes hacer a aquí?
No respondió a mi pregunta tan solo se llevó sus manos a los bolsillos.
― Necesito hablar con los dos.
Isabella y yo cruzamos miradas.
Ella estaba tensa, su fingida calma era una máscara para evitar quebrarse ante su padre.
― No hay nada de qué hablar ―acotó mi mujer en ese mismo tono frío tan parecido al de su padre―. No insistas.
Me volví en busca de Sue y le entregue a mi pequeña niña en sus brazos. Ella intentó disculparse por haber permitido que Swan entrara a nuestro hogar lo cual no le permití seguir. Era reflexivo y siempre comprendí que nos debíamos esta conversación entre los tres.
― Por favor, Bella ―pidió Swan―; dame una oportunidad, es lo único que te pido.
Mi esposa se mantuvo lejos de él, recargó su espalda sobre una de las altas paredes y cerró sus ojos.
― No aquí ―respondió en voz muy baja― hablemos en el jardín.
Al salir al patio trasero Swan se quedó paralizado por la hermosa vista ante sus ojos, sin decir nada se deslizó en una de las sillas del comedor de jardín, su mirada seguía atrapada más allá de las palmeras.
― Al fin tienes una casa cerca al mar ―murmuró él―, una vez le mencionaste a Renee que algún día tendrías un hogar cerca de la playa y lo has cumplido.
― No pensé que lo recordaras ―comentó Isabella sin entrar en detalles.
― A qué debemos el motivo de tu inesperada visita ―quise saber.
Swan suspiró, se veía nervioso.
― Quería conocer a mi nieta. Ella es hermosa y muy pequeña ―observó a su hija y una tímida sonrisa apareció en su rostro―. Algo tenía que sacar de ti, cielo.
― Ya lo hemos dicho todo ―dijo mi esposa sin siquiera enfrentar los ojos de su padre. Éste se inclinó y alcanzó la mano de su hija, para sostenerla en un apretón.
― Lo siento tanto ―susurró―. Les pido perdón a los dos por lo que hice, sé que no están obligados a hacerlo, pero necesito saber que me han perdonado para poder irme de sus vidas.
― ¿Te vas? ―indagó Isabella― ¿a dónde?
― El lugar no importa. Sé que estaré bien porque has podido ser feliz. Creciste y tienes tu propia familia, Bella. Estoy muy orgulloso de ti ―su mirada hizo contacto con la mía y asintió―. No estoy aquí para entorpecer sus vidas, no. Mi intención era conocer a mi nieta y despedirme. Me gustó su nombre ―añadió sonriente.
― Edward y yo decidimos nombrarla Carlie porque es la mezcla de los nombres de nuestros padres, los cuales nos causaron mucho dolor. Carlisle abandonó a su familia y Edward creció guardando para él todo tipo de resentimiento y, tú no hiciste mejor las cosas a él. De alguna forma en su nombre lleva nuestro perdón. Qué irónico, verdad.
― Ya te perdone ―confesó Isabella mirando los ojos de su padre―. Lo hice desde el momento que tuve a Carlie en mi pecho. Desde ese instante supe que era tiempo de soltar viejos resentimientos y concentrarme en mi hija. Quizá como madre cometeré errores, siempre he escuchado que es de humanos errar. Pero te aseguro que trataré de poner atención a tiempo y enmendarlos.
Acaricié su espalda y ella me sonrió agradecida.
― Todo está bien, Charlie. Deseo que a dónde quiera que decidas estar encuentres la paz que tanto necesitas.
― ¿En serio me has perdonado? ―preguntó Swan levantando el mentón del rostro de su hija―. Eso quiere decir que…, ¿podré visitarlos?
Ella asintió.
― Mucha suerte, papá ―susurró con su voz quebrada antes de abandonar el comedor y refugiarse en la casa.
Observé cómo su padre la siguió con su mirada empañada, tragó saliva y se puso de pie. Su dolor era perceptible, más allá de sus muecas faciales, la tristeza que había en sus ojos era innegable.
― Edward, siento mucho lo que te hice… me pongo a reflexionar y quisiera volver el tiempo atrás para evitar todo el dolor que cause.
― Un tiempo te odie y deseé para ti todo lo malo ―confesé sin dejar de mirarlo―. Hoy solo te doy las gracias, porque por ti, las tengo a ellas. Ya no interesa saber el porqué me elegiste a mí o la razón del porqué planeaste todo. Mi esposa e hija son todo lo que necesito para estar bien.
Me tendió su mano… dudé en aceptar, pero lo hice. Fue un apretón sincero.
Isabella y yo habíamos prometido soltar todo rencor acumulado en nosotros. Aunque era una tarea difícil, se requería dar un paso a la vez. Éste era uno de tantos.
― Está de más que te pida que las cuides mucho.
― No tienes que decirlo ―concorde.
Swan volvió a llevar sus manos a sus bolsillos y agachó su cabeza.
― Crees que de verdad Bella me ha perdonado.
― Sé que tomara un poco de tiempo, créeme lo está haciendo. Solo ten paciencia.
En sus ojos se reflejaba un poco de esperanza. Estaba convencido que con eso bastaba por el momento.
-0-
La estreché a mi cuerpo un poco más.
Empezaba a dormirse, su suave respiración acompasada cosquillaba mi pecho. Acaricié su largo cabello que se acomodaba en su espalda desnuda.
― No puedo creer que estés cansada ―me burlé― habías prometido que haríamos el amor toda la noche, ¿dónde quedó Isabella la intensa?
Me pegó un suave manotazo en el estómago.
― Tengo sueño.
― Yo no ―le dije, haciéndola soltar un gritito cuando la llevé espalda al colchón y me posicione entre sus piernas, removí con delicadeza algunos mechones de su rostro y contemple sus delicadas facciones.
Era hermosa y suave.
― ¿Por qué me miras así? ―indagó, con un precioso puchero.
― No creas que no me he dado cuenta que estuviste evitando el tema. ¿Qué sentiste al ver a tu padre?
Mordió su labio y lo sostuvo por largo rato entre sus dientes hasta que se dispuso a mirarme.
― Me había hecho a la idea que cuando estuviéramos de frente, me echaría a sus brazos porque lo echo de menos, simplemente no pude hacerlo. No lo odio, simplemente está siendo difícil creer en él. ¿Crees que es normal mi sentir?
― Es entendible. Estuviste toda una vida bajo su dominio, es lógico que ahora te sea complicado confiar en sus palabras.
― ¿Qué harías tú si de pronto aparece tu padre? ¿Te has puesto a pensar en esa posibilidad?
― No lo sé. Cuando era un adolescente deseé tanto que apareciera por la puerta, porque me hacía falta su cariño, protección, todo él. Ahora, es diferente, ya no espero que un día aparezca. Aprendí a vivir sin su presencia al grado que se volvió innecesario. Aún así, espero que esté bien y sea feliz.
Sonreí.
Era la primera vez que hablaba sobre Carlisle y nada dolía.
― Lo haremos bien, cariño. Juntos trataremos de ser los mejores padres para Carlie.
Me abrazó tan fuerte que caí encima de su cuerpo.
A mi mujer le gustaba aprovecharse de mi debilidad por ella. Esta noche podría adivinar que sería demasiado larga para nosotros.
Un ligero llorido nos hizo virar a la cuna.
A menos que Carlie tuviera otros planes.
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A los dos meses del nacimiento de Carlie nos habíamos acoplado a sus necesidades. Sabíamos que sus siestas no debían interrumpirse por ningún motivo porque eso revelaba su mal genio. El cambio de pañal debía ser a su tiempo porque no deseábamos que su frágil piel se irritara. En fin, aún debíamos aprender muchas cosas sobre ella. Sin embargo, nuestra hija parecía ir diciéndonos qué rumbo elegir.
Hoy por ejemplo decidimos que necesitábamos un momento en pareja y Carlie se estaba portando como buena niña con sus tíos y Sue.
Bree y Seth nos eran de mucha ayuda. A pesar de ser dos adolescentes un tanto inestables, siempre y cuando se tratara de Carlie ellos estaban para apoyar en lo que fuese necesario.
― Me hacía falta estar así ―admitió mi mujer sin quitar sus manos de mi cuello.
― Te prometo que vendremos más seguido, creo que esto de bailar me gusta.
Isabella rodó los ojos.
― Me has pisado más de diez veces ―acusó divertida.
― Bueno, entonces lo que realmente me gusta es estar así ―señalé con la mirada el nulo espacio entre nuestros cuerpos―. Es excitante bailar de esta manera.
Isabella estuvo de acuerdo y se repego más a mi cuerpo. Bailamos, cantamos y reímos alegremente fue una velada memorable.
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― Entonces, ¿tú y Alice...?
Jasper negó de inmediato, exhaló molesto y rascó su cabeza antes de beber su tercer cerveza.
― No pasó nada, fueron un par de besos y no quise más.
― Ella lo volverá a intentar si no le pones un alto ―expliqué, a lo que Jasper estuvo de acuerdo―. ¿Y Tanya?
― Han pasado dos meses que volvió a Londres. Ella cree que no me di cuenta que lo hizo para darnos un tiempo, ya sabes. Tanya quiere una relación estable de esas donde existe un anillo y se firma un papel, yo aún no estoy listo para eso.
― ¿Qué sientes por Ella?
Jasper se relajó en la silla, me miró fijamente antes de resoplar y volvió a beber de su cerveza.
― Me gusta, le tengo cariño. ¿Qué te puedo decir? Tanya es linda y la pasamos bien. Pero yo no quiero un compromiso, no aún. No quiero casarme, ni siquiera imagino tener hijos a corto tiempo.
― ¿Por qué no se lo dices?
― Porque tampoco quiero que se vaya, no quiero dejarnos de ver. Es que… ¿por qué las mujeres son tan complicadas? ¡Caramba! Ellas siempre quieren más de lo que uno quiere. Por qué no se conforman con pasarla bien, compartir un rato juntos, viajar, tener buen sexo y luego cuando nos llegue el aburrimiento que lo justo sea un adiós, ¡y ya! lo que sigue.
Recargue mis codos en la mesa frotando mi cara y reí.
― Esto es lo que quiero evitar ―dijo Jasper―, poner esa cara de idiota.
― ¿Qué quieres! Estoy enamorado ―acepté.
― Cuéntame. Se me hizo raro que fueras tú quien quisiera salir, se supone que tienes que cambiar pañales cada media hora, limpiar la casa y hacer la cena. Ahora eres todo un hombre de hogar. ¿Qué pasa? ¿Acaso Carlie no quiso comer hoy? Ya sé, ¿estás buscando nuevas recetas de cocina?, ¿cuánto tiempo permitió tu señora esposa salir?
El sarcasmo de Jasper me provocó una carcajada. Era bueno volver a compartir un par de cervezas con él.
― Fuera de broma. ¿Qué ha pasado con el tema de Emmett?
El solo nombre de ese imbécil provocaba una amargura. Lo había ido a buscar a su casa un par de veces para exigirle que se alejara de mi esposa y el muy idiota se negó a recibirme, por esa razón soporte toda la palabrería de Rosalie, fue realmente insoportable cruzar tres palabras con ella. Era completamente antipática, digna pareja de él.
― Isabella pidió una orden de restricción en su contra. No puede acercarse a la corporación ni tampoco a nuestra casa.
― Me parece lo más apropiado. ¿Qué fue de Kate?
Suspiré.
― Hace días nos despedimos. Ella volvió a Forks, a la casa de su padre.
― Por tu cara puedo darme cuenta que fue difícil la despedida.
― Me dolió ―confesé en voz baja, llamando la atención de Jasper―. Mi amor por ella fue sincero, limpio. Nunca llegué a imaginar que terminaríamos así.
― Gracias por estar aquí, Edward.
El rostro de Kate estaba completamente afligido, jugueteó con sus dedos mientras sus labios tenían un ligero temblor, sabía que quería llorar. Mas no decidía si abrazarla fuese lo correcto.
En su llamada noté su voz entrecortada pidiéndome vernos en un lugar público, una cafetería cercana al aeropuerto. Dude un poco en aceptar, sin embargo terminé por pronunciar un simple: está bien.
― ¿Puedes decirme qué es lo que pasó? Me estás asustando.
― Me regreso a Washington ―sus lágrimas empezaron a descender― Rosalie me corrió de su casa.
― ¿Por qué? Pensé que tú y ella se llevaban bien.
― Está loca. Me acusó de querer quitarle a Emmett y no es verdad. Te prometo que nunca me atrevería a nada con ese tipo ―sus sollozos se hicieron más fuertes, se veía asustada―. Me pegó y me echó del apartamento sin dejarme sacar mis pertenencias. Desde anoche me quedé en el aeropuerto sin saber qué hacer, no tengo dinero.
Me enfade, sentía pena por ella.
― Debiste avisarme, Kate. Te pude haber ayudado anoche.
Ella comenzó a llorar.
― Por favor, Edward, prestame dinero para comprar un boleto a Washington. No quiero estar aquí un día más.
― Claro. Por supuesto que te compraré el boleto.
― Te prometo que te pagaré en cuanto tenga un trabajo.
― No es necesario.
Su mirada triste y vidriosa se centró en mí, mientras agarraba mi mano por sobre la mesa y acariciaba mis dedos.
― Gracias ―murmuró―. Siempre tendrás un espacio en mi corazón, me quedaré con todos los hermosos recuerdos de nosotros, porque yo sí te amé con toda mi alma.
Sostuve su mano entre las mías.
― Fuiste mi primer amor ―confesé― y también decido quedarme con todo lo bonito que tuvimos alguna vez porque fue un amor honesto.
― Eso no fue suficiente, ¿verdad? Porque es obvio que a ella la quieres más.
― Es distinto, Kate. Nuestro amor fue adolescente, lleno de cosas nuevas que los dos descubrimos, me enseñaste a querer y me llenaste de ilusiones. Estoy agradecido por ello. Con Isabella todo fue diferente porque ella llegó sin esperarla y me sorprendió.
Omití el hecho de explicar que mi amor por Isabella no era el de un chico adolescente. Era el de un hombre que lo encuentra todo en una sola mujer.
― Ahora lo sé. Fuimos solo un amor de paso. Quizá mi verdadero amor esté por ahí ―intentó reír― y yo aquí, llorando.
― Buena suerte, Kate.
Nos pusimos de pie y nos dimos un fuerte abrazo.
― De verdad deseo que tengas una buena vida, Edward. Con mi corazón deseo que todo cuanto anhelas se haga realidad. ¡Suerte!
Le sonreí dejando en sus manos unos cuantos billetes que le serían útiles para volver a su hogar.
Deseaba que ella tuviera un gran futuro, pero sobre todo que fuese muy feliz.
― Vaya… ―la voz de Jasper me hizo mirarlo, me había perdido en la plática―. Me imagino que esto te causó problemas con Bella, ¿es así?
Asentí.
― Se puso celosa. Tuvimos nuestra primera gran discusión.
― Mierda. Cuéntame todo, estos problemas matrimoniales sí que son interesantes.
Negué sonriendo.
Jasper era un cotilla no había duda.
― Me lo dices así, sin más ―se cruzó de brazos y me enfrentó. Era adorable cuando estaba celosa―. Eres un cínico.
― ¿Por ayudarla? Kate no tenía a quién más recurrir. Me buscó y la ayudé. Necesitaba volver a su casa y no tenía dinero.
― Ella siempre buscará un pretexto para verte y, tú eres un grandísimo tonto que creerá todo cuanto dice.
― No es así. Ya te expliqué que Rose la echó del apartamento, le pegó y la sacó sin darle oportunidad de tomar sus cosas. Kate estaba muy asustada, se veía muy nerviosa. La conozco y sé que no es agresiva, estoy seguro que le tenía miedo a su prima.
― Claro. Como tú si la conoces muy bien, irás a ayudar a la indefensa Kate cada que necesite. ¿Sabes qué? No me interesa nada que tenga que ver con ella. Por mí puedes ir a hacer lo que quieras, es más si quieres ir a Forks para saber si llegó bien. Anda ―sus manos empujaban con fuerza mi pecho― vete de una vez.
― ¿En serio estás haciendo todo este lío por algo que te conté yo mismo?
― No es cualquier persona, Edward. Te recuerdo que fue tu novia. Y compartían tu casa y muchas cosas más.
― ¿Qué tiene de malo? Kate es mi pasado y no podemos hacer nada al respecto. Te aseguro que yo hubiese respetado si en tu vida…
― No quiero hablar de eso ―me interrumpió enojada. Los dos nos estábamos exaltando y habíamos levantado la voz, al grado de que ya nos estábamos gritando―. Por mí hazlo que quieras.
Estaba enojada.
Me dio la espalda y se refugió en el balcón.
La tarde había caído y el bochorno se volvió insoportable por la lluvia de hace horas cayendo por toda la ciudad.
Me volví a la puerta con toda la firme intención de salir. Ahora estaba enfadado con ella porque mi propósito era contarle todo y que no hubiera secretos entre nosotros, en cambio Isabella lo había tomado a mal.
A unos pasos de marcharme por la puerta, me detuve.
Miré nuevamente hacia el balcón.
Estaba llorando y me desarmó. No pude dejarla y anduve como un cordero herido hasta ella, la abracé por la espalda.
― Mi amor ―susurré― por favor, mírame.
Suavemente la volví a mí, levanté su mentón y observé sus lágrimas caer una a una por su rostro.
― Es que me duele… porque ustedes eran felices y llegué yo para hacerlo todo mal. A parte no me gusta imaginarte cerca de ella. Qué tal si te vuelve a gustar.
Sonreí.
― Eres tú quien me gusta ―besé sus labios―, en quien pienso siempre, eres tú mi vida.
― He sido estúpida ―escondió su rostro en mi pecho cuando se abrazó a mi cintura.
― Acabo de descubrir que realmente eres celosa.
― Lo siento.
La levanté a mi altura para besarla a la vez que Isabella enredaba sus piernas en mi cadera. A paso lento y sin dejar de besarnos la llevé a la cama…
― No quiero saber nada de su reconciliación ―acotó Jasper.
― Ni siquiera pensé en hacerlo ―me reí porque en realidad sí estaba pensando en nuestra apasionada reconciliación, mas no pensaba contarle.
― ¿Entonces qué? ―indagó Jasper con esa sonrisa socarrona―. ¿Por fin te decidiste?
Asentí, cuando recordé la sorpresa que tenía para Isabella.
Otro capítulo para ustedes y mi total agradecimiento por siempre leer, por sus favoritos y por cada comentario que dejan, créanme los aprecio con todo mi corazón.
¡Gracias totales por leer!
