Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Capítulo 28

Presuroso, sin saber hacia dónde se dirigía, Gohan no detenía su errática marcha corriendo como un demente por las interminables escaleras que veía ante él. No recordaba cómo llegó hasta allí ni tampoco cuál era su punto de partida, solamente tenía el presentimiento que no podía detenerse por ningún motivo esperando encontrar alguna respuesta al final de su viaje.

Volteándose, mirando sus alrededores sin dejar de correr, el saiyajin sólo encontraba oscuridad sin importar en qué dirección mirase. Los escalones, resplandeciendo con un tenue tono azulado, eran lo único que le brindaba una pizca de luz en aquel sitio dominado por la negrura. Más allá de tales escalones, un vacío infinito se extendía hasta superar el alcance de sus retinas.

Así pues, resistiéndose a caer derrotado por el cansancio, Gohan continuó ascendiendo al ser motivado por una susurrante voz que, erizándole los vellos de la nuca, apreció de la nada pronunciando su nombre sin parar con cada vez mayor intensidad. Reconociendo a la propietaria de dicha voz, el saiyajin, acelerando, se esforzó por llegar a ella a cualquier costo.

Gohan, olvidándose temporalmente de Shapner y sus demás problemas, no se percató que la fuerza de sus pasos producía un estridente eco que rebotaba en las invisibles paredes de aquella dimensión; no obstante, ganándose su atención por encima de aquel hecho, el hermano de Goten se dio cuenta que un repentino brillo comenzaba a manifestarse a escasos metros delante de él.

Gohan, Gohan…

Aquel fulgor, delineando el borde de lo que aparentaba ser una puerta, propició que el murmullo que le hablaba se desapareciese llenando de inquietudes y desesperación a Gohan. El cual, como si fuese una bestia enfurecida, se abalanzó sobre aquella puerta atravesándola y destrozándola arrojando un millar de fragmentos que, flotando por un momento, lo rodearon al avanzar.

No obstante, obligándolo a cubrirse la cara, la potente presencia del sol lo recibió de golpe encegueciéndolo por unos cortos pero dolorosos segundos. Habiendo estado por una eternidad en un reino plagado de penumbra, no era nada extraño que al salir al exterior los rayos del astro rey, lo castigaran, metafóricamente, con un millón de agujas que se clavaron en sus ojos.

Gohan…

Sobresaltándose, reponiéndose de sus dificultades visuales, Gohan volvió a oír como Videl lo llamaba. Luego de conocerla por casi un año, para el primogénito de Goku era más que claro que debía ser ella quién estuvo llamándolo por varios minutos como si su vida dependiera de él. Y al pestañear, al adaptarse al escenario que lo acogía, tanto ella como otros elementos lo abrumaron.

Viéndose a él mismo, Gohan, sumamente asombrado, descubrió que traía puesto su traje del Gran Saiyaman a pesar de no haberlo traído mientras corría. Aunado a eso, le resultaba inexplicable cómo su disfraz se activó sin que él lo hiciera. Aún así, tomando en consideración todas las rarezas anteriores, ésta en especial no aparentaba ser la última que viviría en aquel extraño lugar.

Y precisamente, enfocándose en el lugar donde se hallaba, Gohan no se demoró en notar que se ubicaba en la azotea de la preparatoria. Dicha azotea, fungiendo como una pista de aterrizaje y despegue, era donde normalmente Gohan arribaba a la escuela o desde donde emprendía el largo recorrido de regreso a su hogar en las montañas Paoz.

Gohan…

Pero no dándole importancia ni a su ropa ni a su ubicación, Gohan alzó la vista para finalmente fijar su mirada en ella. Tal y como lo supuso, Videl, hallándose no muy lejos de él, le daba la espalda entretanto se reclinaba en la barandilla perimetral que delineaba la orilla de la terraza. Videl, sin la necesidad de voltearse; sin ni siquiera hacer algo, lo invitaba a acercarse.

Si bien llegó hasta allí impulsado por la impaciencia y la adrenalina, el superhéroe, teniendo ahora el comportamiento opuesto, caminó hacia ella con una marcada lentitud como si quisiese capturar en su memoria cada minúsculo detalle de la pintura que se materializaba frente a él. Y no era para menos, Videl, literalmente, daba la impresión de ser parte de un bellísimo cuadro renacentista.

Ella, perfectamente posicionada en el centro, era bañada por el brillante atardecer que, yendo en contra la naturaleza del tiempo, se mantenía estático como si se negase a morir. El viento, con una delicada sucesión de ráfagas, movía dócilmente sus largas coletas propiciando que éstas bailaran con una sensualidad tan irresistible que le proveyeron del misticismo de una diosa.

La hija de Mr. Satán, aún sin girarse, contemplaba el pausado paisaje citadino con una paz tan envidiable que, rápidamente, hizo que Gohan recordara a la Videl que conoció antes que toda la desgracia producida por Shapner cayese sobre ella. Por ende, parándose justo detrás de ella, Gohan se armó de valor para extender un brazo y tomarla con delicadeza por uno de sus hombros.

Ya llegué, Videl. Ya llegué–hablándole con suavidad, Gohan, sin soltarla, buscaba la forma para hacerla girar sobre sus talones sin lastimarla–sé que estuviste llamándome, te escuché mientras venía hacia aquí.

Llegaste tarde, Gohan; demasiado tarde–si bien su voz se escuchaba calmada, también se percibía una profunda melancolía en ella–debiste llegar antes, ya no hay salida…

No entiendo de qué hablas, Videl–más confundido aún, Gohan miró a sus costados confirmando que eran los únicos en aquel sitio–por favor, explícame qué pasa.

Te esperé; estuve esperándote pero nunca llegaste–sin moverse, aparentando que era alguna especie de estatua viviente, Videl continuaba con su disertación que no dejaba de confundir más a Gohan–tuve que luchar sola, eran muchos y no me di cuenta que me hacía falta vencer a uno. Cuando lo noté no pude hacer nada, me tomó por sorpresa.

¿Luchar? –Le preguntó Gohan casi de inmediato– ¿con quién luchaste, cuándo sucedió eso?

Debí haber muerto, no debí haber sobrevivido pero lo hice porque él me protegió…

Tal afirmación, como si encendiese una bombilla en la mente de Gohan, aclaró gran parte de los cuestionamientos que lo asfixiaban permitiéndole entender de qué y de quién hablaba Videl. Así pues, con más claridad mental, Gohan evocó el tiroteo donde Videl se enfrentó a una banda de asaltantes, y donde Shapner, por involucrarse en la pelea, recibió un disparo que casi lo mata.

Desde que aquel suceso se dio, Gohan, recriminándose por no haber estado allí para ayudarla, maldecía que su familia viviese tan lejos de Ciudad Satán, lo cual, por la obvia distancia, fue el factor decisivo que no le permitió encontrarse en la metrópoli cuando la justiciera necesitaba de su apoyo. Sin más, ya no pudiendo cambiar lo ocurrido, Gohan guardó silencio por un santiamén.

Una vez me dijiste que siempre estarías conmigo; me dijiste que siempre podría contar con tu ayuda…–endureciendo sus alegatos, Videl apretó sus manos al sujetarse de la barandilla–pero nunca apareciste, no llegaste.

Yo lo siento mucho, de verdad lo siento–presuroso, sintiendo como una grieta se abriera en el suelo entre ambos, Gohan buscó la manera de disculparse–yo no me encontraba en la ciudad en ese momento, yo ni siquiera vivo aquí. Cuando sucedió ese tiroteo yo me hallaba a cientos de kilómetros de distancia, de haber sabido que algo así pasaría yo…

Ya no tiene caso que te disculpes, ya es demasiado tarde…–interrumpiéndolo, tomándolo desprevenido, Videl rodó sobre sus pies para quedar cara a cara ante Gohan–ahora tengo una deuda con él, debo agradecerle a Shapner por haber estado allí para salvarme. Los dos, te guste o no, estamos y estaremos juntos…

Apartándose de él, caminando sin ablandar su expresión, Videl pasó justo a su lado dejando sin palabras a Gohan, quien, al verla de soslayo, balbuceaba incoherencias en un fútil intento por recuperarla. Ya que, en sus adentros, fue golpeado por una horrible sensación de pérdida que le hizo revivir, con disgusto, las muestras públicas de afecto que Shapner le entregaba a Videl.

Vio como el rubio la tomaba de la mano al recorrer la escuela, vio como Shapner la abrazaba en clase al ser una pareja más de novios y, sobre todo, vio como él la besaba con impunidad haciendo aún más grande su derrota. En un principio, sin que pudiese evitarlo, el enojo quiso apoderarse de él, jurándose que, de haber tenido a Shapner cerca de él, lo hubiese destrozado en mil pedazos.

Empero, con Videl haciéndole compañía, la bestia no pudo escapar de su jaula permitiéndole a la cordura de Gohan hacerse cargo de la situación al tomar las riendas. Gracias a ello, no dejándola marcharse, Gohan la persiguió logrando sujetarla de una muñeca deteniéndola en seco. Los dos, quietos como efigies, se quedaron inmóviles hasta que Gohan consiguió recuperar el habla.

Por favor, perdóname…–suplicante, sin esconder su remordimiento, Gohan dijo lo primero que brotó del fondo de su ser–perdóname por no haberte ayudado, yo te prometí que siempre contarías con mi ayuda pero te fallé.

¿Por qué debería perdonarte? –sin liberarse del leve agarre de Gohan, Videl se ladeó un poco para verlo–ya es muy tarde, ya no tiene caso que te disculpes. Ahora tengo que irme, Shapner está esperándome…

No, no te vayas…–desesperado, Gohan apretó suavemente su sujeción sobre ella–no te vayas con él, te lo ruego. No soporto verlo junto a ti, no soporto que él esté contigo. Ya no puedo soportarlo más, me estoy volviendo loco…

¿Por qué te importa tanto que nosotros estemos juntos? –Confrontándolo, Videl le debatió– ¿por qué te molesta que Shapner sea mi novio?

¡Porque me gustas, Videl!

Para cuando fue consciente de lo que dijo, Gohan, tragando saliva, entendió que más que una mera respuesta su confesión fue un grito que en toda Ciudad Satán, e incluso más allá de ella, se escuchó con la nitidez de un tenor. Pero no hubo vergüenza ni arrepentimiento en él; al contrario, Gohan se sintió feliz como si hubiese sido sometido a un exorcismo que lo liberó de sus miedos.

Videl, por otro lado, no apartó su mirada de él aún sin decir nada. Gohan, sacándole provecho a su mudez, la haló hacia él rodeando su cintura con su otro brazo. Allí, teniéndola a pocos centímetros, Gohan era capaz de percibir la firme respiración de la pelinegra chocando contra su mentón. Y sin renunciar a ella, sin soltarla, Gohan sonrió ampliamente antes de hablarle de nuevo.

Me gustas mucho, Videl. Me encantas; me fascinas…–honesto, sin decir ni una sola mentira, Gohan no reprimió más sus sentires hacia ella–me arrepiento tanto de no habértelo dicho antes, no era consciente de lo que sentía por ti hasta que te vi con Shapner. Nunca antes había sentido algo así por alguien, he escuchado a muchos hablar del amor pero fuiste tú quien me enseñó lo que se siente estar enamorado.

Ya no tiene sentido que me digas esto…

Sí, sí lo tiene–insistente, Gohan no la dejaría irse de su vida con facilidad–para mí tiene mucho sentido, esa es la razón de mi frustración y enojo. Si no hubiera sido tan cobarde y tonto te lo habría dicho hace mucho tiempo, no sería necesario que me escondiera de ti con este disfraz y podría estar cerca de ti todo el tiempo para protegerte.

Gohan, desde la primera vez que te vi vestido como el Gran Saiyaman supe que eras tú…–arqueando una ceja, Videl mantenía su rígida postura hacia él–es innecesario que sigas cubriéndote el rostro mientras hablamos, demuéstrame que no mientes quitándote ese ridículo casco.

Pestañeando, recordando que traía puesto su traje de Gran Saiyaman, Gohan asintió con lentitud soltándola por un instante para quitarse su casco. Sin ninguna vacilación, sacándoselo de un tirón, Gohan dejó su faz del descubierto arrojando al piso su yelmo con antenas. Videl, ofreciéndole la primera sonrisa amistosa de la tarde, se limitó a reírse con sutileza al mirarlo sin su máscara.

El chico, contagiándose de aquella sonrisa que ella le obsequiaba, esperaba que aquel gesto fuese el génesis de un renacer para ambos. Un renacer que les permitiera borrar el pizarrón de sus vidas, para luego, a partir de este punto, comenzar a escribir juntos su nueva y definitiva historia que, a diferencia de la anterior, no tendría mentiras, ni engaños ni más acertijos. Sería sólo la verdad.

Ojalá hubiese hecho esto hace mucho, los dos nos hubiéramos ahorrado muchos problemas–mirándola nuevamente, Gohan le afirmó–en aquel entonces, yo no quería que nadie supiera sobre mis poderes porque creía que me traerían problemas en la escuela, y tomando en cuenta que Mr. Satán es tu papá, eso implicaría que tendría que hablarte de lo que ocurrió realmente en la pelea con Cell.

Así que sigues ocultándome cosas, Gohan–retomando su molestia inicial, Videl frunció el ceño– ¿cuándo llegará el día en que no me mientas ni me ocultes algo?

¡Yo te lo contaré todo, lo prometo! –Viendo como el castillo de naipes se venía abajo, Gohan actuó con rapidez para sostenerlo–no habrán más misterios ni mentiras, te diré todo lo que quieras saber.

Lo mismo dijiste cuando prometiste ayudarme siempre y no cumpliste–reabriendo la herida, Videl no permitía que ésta sanara–sólo me das palabras, Gohan. Ya me cansé de escuchar palabras, no quiero escucharlas más; quiero que seas honesto y me demuestres con hechos que no mientes.

Videl, te juro que no te estoy mintiendo, te estoy diciendo la verdad–impulsivo, sin medir sus actos, Gohan avanzó hacia ella demasiado deprisa arrinconándola contra una de las paredes de la azotea–te lo contaré todo con detalles, no te esconderé nada más; te lo prometo por el amor que te tengo.

¿Amor, dices?

¡Sí, amor! –Reclinándose sobre ella, Gohan le replicó con ahínco–yo te amo, Videl. Desde que te conocí te ganaste mi admiración por tu valentía y tu fuerza, nunca antes había conocido a una chica que a pesar de no tener poderes defendiera a otros sin dudarlo. Fuiste ganándote más y más mi respeto, luego te ganaste mi cariño y al final me robaste el corazón. Estoy enamorado de ti, me enamoré de ti, Videl…

Palabras otra vez, Gohan. Otra vez palabras…

¡Te lo demostraré, te demostraré que no miento!

¿Cómo?

Deteniéndose, no hallando la manera de contestarle, se quedó petrificado intercambiando miradas con Videl quien continuaba esperando por su respuesta. El saiyajin, recurriendo a su brillante intelecto académico, buscó en cada rincón de su mente sin lograr formular una contestación apropiada que, milagrosamente, rescatase el delgado hilo que lo unía con Videl.

Sin embargo, al hundirse en el profundo azul de los ojos de Videl, Gohan dejó de pensar olvidándose de la lógica para detenerse a escuchar a su corazón, el cual, latiendo como una locomotora a toda potencia, retumbaba en sus oídos hipnotizándolo con sus palpitaciones. Y fue así, gracias a sus latidos, que se tomó un segundo para mirar a la joven mujer frente a él.

Suele decirse que la belleza es subjetiva y que su definición cambia dependiendo de quién la describa; no obstante, en el caso particular de Son Gohan, Videl sería tanto la definición como el máximo ejemplo de belleza. Ninguna chica que conociese antes ni después podría arrebatarle ese honor, ella siempre será la número uno; ella siempre adornará la cima de su pedestal.

No lo había pensado antes, pero la blancura de su piel rivalizaría con el inmaculado tono de una nube de verano. Sus cabellos, tan negros como la noche, soltaban algunos mechones que revoloteaban traviesos en su rostro, y sus coletas, siendo perfectas por su sencillez, seguían tentándolo con peinarlas durante horas prometiéndole que nunca se cansaría de hacerlo.

Su nariz y su boca, tan pequeñas que casi no eran visibles, lo invitaban a cercarse más a ella para que no dudase de su existencia. Para cuando volvió a meditar con tranquilidad se dio cuenta que no era necesario usar frases ni palabras, Videl no quería oír más palabras. Si respondía de esa forma perdería; su última oportunidad para amarla se esfumaría dejándolo vacío por dentro.

Y fue ese vacío el que terminó por empujarlo, ni siquiera se molestó en pedirle permiso y se lanzó del barranco en un auténtico acto de fe. Y como cualquier creyente devoto, Gohan, sin pisar el acelerador ni extralimitándose, la besó con la timidez innata que le caracterizaba deseando entregarse a ella como es realmente sin fingir ni engañar.

Fue un beso corto, no duró mucho; pero fue lo suficientemente largo como para que los dos, en especial Videl, viesen como sus mejillas se tornaban de un brillante color carmesí. Son Gohan, quien hasta hace poco jamás había besado a nadie, consiguió que la terca y obstinada Videl Satán temblara llegando al extremo de perder el aliento.

No me rechaces, por favor. No me rechaces, Videl…

Decidido, sin toparse con obstáculos en su avance, Gohan interpretó su afonía como una señal de aprobación y empleó una mano para sostenerla de uno de sus pómulos sonrojados. Videl, todavía sin rechazar ni retroceder a su ofensiva, daba la impresión de desear más de él cerrando sus párpados en preparación para lo que vino instantes más tarde.

Pronto, para alegría de Gohan, el saiyajin se percató que su apuesta fue la correcta al sentir como ella también se soltaba de sus amarras. La segunda caricia que compartieron inició igual que la anterior; pero, cobrando más profundidad, Gohan le dio rienda suelta a su inexperiencia aprendiendo cómo le gustaba a ella que la besaran al notar sus diversas reacciones y sacudidas.

Cuando Gohan usaba su lengua para acariciar la de ella, Videl, como si una corriente eléctrica la atravesara, no era capaz de reprimir el explícito gemido de deleite que emanaba de su garganta. Tomando nota de ello, Gohan, repitiendo dicho movimiento, se enorgulleció al ver como los estimulantes sonidos de Videl se intensificaban provocando que ella se apretara más contra él.

Si bien aquello le alegraba, Gohan, como si estuviese estudiando para un examen, se moría por aprender más queriendo experimentar y juguetear. Y su lengua, volviendo a ser su arma principal, fue la encargada de encaminarlo a la victoria. Probó con diferentes ángulos y velocidades, se atrevió a cartografiar toda la boca de Videl topándose con más zonas sensibles a explorar.

Y sin dudarlo, poniendo en práctica lo aprendido, Gohan atacó dichas zonas enloqueciéndola y, en el proceso, enloqueciéndose a sí mismo. Aquello, de forma literal, fue como si una llave abriera todas sus cerraduras internas, concediéndole, al saiyajin en sus adentros, que saliera de su prisión. Y hecho eso, Videl, al sentirse más envuelta por él, se percató que algo era diferente en Gohan.

Aquel salvajismo que destrozó sin piedad a cuatro asaltabancos no usaría su fuerza para infligir dolor, sino que emplearía hasta la última gota de su energía para dar placer. Si ya de por sí estaban teniendo el beso más endemoniado del universo, ahora, con un Gohan distinto al mando, Videl se vio sorprendida por el repentino y asfixiante mar de sensaciones que recorrieron todo su cuerpo.

Gohan no se lo dijo pero tampoco necesitaba hacerlo, con cada osadía de sus labios la silueta de Shapner era borrada de raíz de la cabeza de Videl encontrándose a punto de desparecer. Videl, en un esfuerzo titánico por no olvidarse de su novio, acabó rindiéndose ante su gentil torturador sin sentir culpa ni pesar, al ver, simbólicamente, como Shapner desaparecía por completo de su ser.

¿Él nunca te ha besado así, verdad? –Separándose sólo un poco de su boca para hablarle, Gohan aún saboreaba la mutua humedad de sus labios– ¿él nunca te ha tocado como yo, verdad?

La hija de Mr. Satán, sin voz, trató de decirle algo pero sus intentos fueron silenciados por los incesantes besos de Gohan que caían sobre ella como bombas. Y no era para menos, tanto Gohan como Videl sabían que Shapner, ni en mil años, podría estremecerla ni enloquecerla como el saiyajin lo estaba haciendo. El rubio, por más que lo intentara, nunca la embriagaría de ese modo.

Y su fracaso se debería a una simple pero poderosa verdad: entre Shapner y Videl no existía química alguna, no eran más que dos personas cuya relación se basaba en el remordimiento y la lástima. Pero, entre los dos justicieros, no sólo brotaba un efervescente volcán de pasión; sino también, que compartían intereses y gustos que los complementaban el uno al otro.

Yo lucharé por ti; pelearé por ti, Videl…–dejándola respirar, observando como su tez recuperaba su color natural, Gohan le susurró–te salvaré de él, yo te liberaré. Romperé las cadenas que te atan a él, serás libre de nuevo. Te lo prometo, mi amor…

Ella, sin emitir ni un murmullo, se limitó a sonreírle con auténtica felicidad como una niña agradecida. Y con la intención de demostrarle su gratitud, volviendo a cerrar los ojos, Videl se reclinó hacia él con el claro deseo de besarlo y de ser besada nuevamente. No obstante, antes de que Gohan completara el contacto, Videl se tornó traslúcida atravesándolo como un fantasma.

El pelinegro, al percatarse de ello, miró horrorizado como la mujer que amaba se deshacía en sus brazos hasta desaparecer totalmente. Empero, no dándole la oportunidad de tan siquiera pensar, el edificio de la escuela comenzó a sacudirse con violencia como si un terremoto estuviese tratando de traerse al suelo la preparatoria junto con él.

Asimismo, cubriéndolo por detrás, una enorme sombra lo cobijó aumentando aún más su confusión. Volteándose, mirando a sus espaldas, Gohan dibujó una expresión asombrada al hallarse frente a una gigantesca figura humana que se elevaba todavía más arriba que la propia edificación escolar. Aún así, lo peor fue descubrir a quién le pertenecía dicha figura.

¡Ella es mía, es mía!

Un Shapner gigante, del tamaño de un monstruo de película de terror, se encumbró ante él ensordeciéndolo con sus gritos mientras se inclinaba hacia él estirando una de sus monumentales extremidades. A pesar de sus dones extraterrestres, Gohan, impactado por lo que veía, no tuvo capacidad de reacción quedándose de pie entretanto Shapner lo capturaba con su mano.

¡Es mía, es mía, es mía!

Aplicando presión, repitiendo una y otra vez aquella frase, Shapner no ocultó su enfado como si hubiese presenciado como su novia era tocada y seducida por otro hombre. Dolido, traicionado y enfurecido, Shapner aplastaba más y más a Gohan, quien; aunque hacía lo posible por liberarse, atestiguaba con incredulidad como sus poderes no eran capaces de rescatarlo.

¡Voy a matarte!

Antes de despertar bañado en sudor; antes de quitarse de encima las varias frazadas que lo arropaban, la imagen final que Gohan guardó en su mente fue la de sí mismo siendo aplastado hasta morir por los grandísimos dedos de Shapner, en una visión que, contrastando con su idílico encuentro con Videl, destrozó su felicidad recordándole que primero debía hacerse cargo de él.

Respirando profundamente, luchando por no perder el control de su temperamento, Gohan se sentó en su cama, repitiéndose, hasta el cansancio, que todo lo anterior no fue más que un sueño. Tanto lo bueno como lo malo, nada de eso fue real. Su imaginación, traicionándolo y burlándose de él, le jugó una vil jugarreta echando a la basura el regocijo que experimentó al soñar con Videl.

Ladeándose, mirando a su izquierda, Gohan comprobó la hora en su pequeño reloj despertador, el cual marcaba, en ese momento, poco más de las diez de la mañana. Tratándose de un sábado y sin tener deberes escolares en sus hombros, no resultaba inusual que Gohan se despertara así de tarde. Pero, lo que no era normal, era que mantuviese la calma en lugar de explotar de ira.

– ¡Gohan, Gohan! –Ganándose su atención, como si supiese que había despertado pocos segundos antes, Goten llamó a la puerta de su hermano dándole un par de golpecitos–mamá ya tiene el desayuno servido, si estás despierto baja a la cocina.

Gohan, sin responder, únicamente escuchó como los pasos de Goten resonaban en el piso de madera a medida que se alejaba por el pasillo. Buscando algo de ropa, apeteciendo una necesaria ducha helada, al propio Gohan le era extraño que continuara en sus casillas a pesar de haber sido derrotado, imaginariamente, por quien fuese en la actualidad su mayor rival y enemigo a vencer.

Caminando unos metros hasta entrar en el cuarto de baño, un callado Gohan debatía con él mismo suponiendo que tal vez no experimentaba enfado, porque Shapner, al ser un humano ordinario, no representaba una verdadera amenaza para él. Shapner sólo era una piedra en su zapato, y ahora que tenía muy claro lo que quería y haría, el rubio valía menos que nada.

Así pues, sintiendo como el agua fría caía sobre su desnudez al ducharse, Gohan llegaba a la conclusión que la mejor manera de derrotar a un fanfarrón y fantoche como Shapner era, precisamente, dándole una cucharada de su propia medicina. No existía nada peor para un tipo engreído que verse superado y humillado por alguien aún más engreído.

Evocando las semillas del ermitaño que mantenía ocultas en su armario, Gohan, empezando a darle forma a su plan, se enfatizó mentalmente que uno de los puntos principales a materializar era devolverle la salud al rubio. Shapner era un chico muy vanidoso y orgulloso de su fuerza, al sentirse completo de nuevo, su ego se inflaría a niveles nunca antes vistos por nadie.

Sólo necesitaba que ocurriese algo que le diese la oportunidad de acercarse a Shapner, si se producía ese milagro, el primogénito de Son Goku podría entregarle una de las semillas sanando totalmente a Shapner. Sin embargo, borrando la sonrisa confiaba que se delineaba en su cara, Gohan no tenía ni la más remota idea de cómo reunirse con Shapner para llevar a cabo su jugada.

Si pudiera lograrlo; si pudiera conseguirlo, acabaría con la enfermiza arrogancia de Shapner. Esa, sin duda alguna, sería una victoria aún más dulce que contra Cell.

– Gohan, creí que te habías quedado dormido–su madre, viéndolo bajar por las escaleras luego de haberse terminado de bañar, lo recibió con una cálida mirada.

– Me estaba duchando, por eso me tardé…

– Bueno, no te demores más y desayuna.

Tomando asiento en la mesa de la cocina, Gohan, mordiendo un trozo del tocino frito que preparó Milk para desayunar, giró sus ojos hacia ella mirándola lavar los platos que, poco antes, utilizó Goten para comer. Todavía en silencio, masticando tranquilamente, el chico se preguntaba si debía decirle o no a su madre sobre los sentimientos que albergaba para Videl.

Milk, en más de una ocasión, siempre le expresó su disposición a escucharlo y a aconsejarlo cuando Gohan así lo necesitase. Jamás se atrevió a conversar con ella ni con nadie cuando se trataba de chicas debido a que le resultaba penoso, la vergüenza lo traicionó en más de una vez cuando Krilin o Yamcha le hacían bromas al respecto en las incontables fiestas en la casa de Bulma.

Pero ahora, cuando finalmente se sinceró con él mismo al aceptar que Videl le gustaba y que le encantaría tener una relación con ella, el pelinegro, invocando al mítico coraje de sus ancestros saiyajines, comenzaba a pensar que ya era hora de tocar ese tema con alguien de su confianza. Y no existía nadie más competente para eso que su propia madre; ella era la más indicada.

¿Pero cómo le explicaría que Videl no era soltera?

¿Debía contarle que se enamoró de una chica que ya tiene novio?

¿O tal vez debería esperar hasta que haya retirado a Shapner de la ecuación para hablarle de Videl?

De todos modos, ya sea hoy o en otro momento, Gohan tendría que hablarles sobre Videl a su familia y amigos. Y sintiendo la agradable calidez que caracterizaba a los enamorados, Gohan fantaseó con la idea de presentársela a los demás en la próxima reunión que Bulma organizara en la Corporación Cápsula. La presentaría como su novia; su primer y único gran amor.

– ¡Oigan, estaban hablando del torneo donde murió papá!

Haciendo que Gohan se atragantara con su comida simultáneamente a que Milk dejaba caer la vajilla que lavaba, Goten, gritando a todo pulmón, se robó la atención de su mamá y hermano luego de ver en la televisión como varias imágenes del Torneo de Cell, aparecían, una tras otra, en una rápida secuencia. Milk y Gohan, mirándose entre sí, únicamente se hablaron con la vista.

Goten, ajeno al dilema que vivían Gohan y su madre, después de haber desayunado encendió el televisor deseoso de ver alguna de las caricaturas, que Trunks, constantemente, le recomendaba cuando se veían a escondidas para pelear. No obstante, sin quererlo, sintonizó el noticiero local de Ciudad Satán, donde, con excesiva fanfarria, era recordado aquel evento de interés mundial.

Quiero agradecerle a toda la prensa que nos acompaña por haberse presentado a esta conferencia–Gohan, aproximándose al sofá donde se encontraba sentado Goten, miró en la pantalla como el alcalde de Ciudad Satán se dirigía a la prensa–al tratarse de una celebración tan importante y emblemática para nuestra ciudad, era más que indispensable comunicarles a nuestros conciudadanos los cambios que hemos realizado para las festividades de este año.

Milk, imitando a sus dos retoños, tomó asiento junto a Gohan sintiendo una opresión en el pecho con el mero hecho de recordar aquel maldito y horrendo día.

Teniendo el honor de contar con la presencia de nuestro héroe y salvador, Mr. Satán; no hay nadie mejor que él mismo para dar a conocer los detalles más importantes del calendario de actividades para la conmemoración del séptimo aniversario de la derrota de Cell–volteándose a su derecha, el alcalde de Ciudad Satán apuntó al campeón mundial quién miró a los espectadores con su acostumbrada sonrisa presuntuosa–adelante, Mr. Satán, el micrófono es todo suyo.

Apartándose, brindándole su lugar en el podio al padre de Videl, el alcalde lo invitó a pasar al frente.

Muchas gracias, señor alcalde. Muy buenos días a todos, también les agradezco su presencia esta mañana–muy sonriente, pavoneándose ante sus aduladores, Mr. Satán era el amo absoluto de la conferencia de prensa–cada año conmemoramos no sólo habernos librado de aquel farsante de Cell; sino también, recordamos como nuestra querida ciudad renació convirtiéndose en el nuevo hogar de todos aquellos que lo perdieron todo por culpa de Cell.

Para Milk, quien frunció el ceño al escucharlo, aquella fecha no traía nada bueno para conmemorar.

Sé que es muy común que siempre se realicen desfiles con carros alegóricos que se pasean por todas las calles de la ciudad; sin embargo, para esta ocasión, el alcalde y yo consideramos que ya era tiempo de hacer algo nuevo y diferente.

Bajando la cabeza, ladeándose levemente para mirar a su madre, para Gohan no era ningún misterio la dolorosa combinación de sentimientos que ella, en lo más profundo de su alma, debía estar padeciendo en ese instante. Gohan, olvidándose de Videl y Shapner temporalmente, trajo a colación aquellos días después haber acabado con el desgraciado de Cell.

Casi de inmediato, apareciendo en las portadas de todos los diarios del planeta, Gohan se enteró como aquel hombre que se hacía llamar Mr. Satán era venerado como un héroe, por haber vencido, supuestamente, a Cell. A Gohan tal cosa no le importó; al contrario, fue un alivio personal para él, ya que Mr. Satán, sin saberlo, le quitaría a la prensa de encima dejándolo vivir en paz.

No obstante, mientras Mr. Satán actuaba como una fachada para que la humanidad se olvidara del niño que peleó con Cell, en la casa de la familia Son, la alegría y la tristeza se combinaban. La pérdida de Goku llenó de remordimiento a Gohan por no haber acabado con Cell cuando él se lo pidió; asimismo, ver a su madre sola y llorando por las noches, lo destrozaba más cada día.

Al poco tiempo, armándose de valor, Milk le comunicó a su primogénito que en unos meses compartirían la compañía de alguien más. Con la inminente llegada de Goten, los ya de por sí insuficientes fondos de los Son, se verían diezmados, aún más; a pesar de contar con el respaldo de Bulma y demás amistades. Gohan, lo quisiese o no, sería para Goten el padre que no conocería.

El próximo martes, en el parque principal de la ciudad, se llevará a cabo un gran festival donde todos los habitantes de Ciudad Satán podrán disfrutar de diversos juegos y atracciones para…

Oyendo la voz de Mr. Satán pero sin interesarse en lo que decía, Gohan se quedó mirando a aquel individuo, percatándose, con gran sorpresa, de un importantísimo detalle que pasó por alto desde que su disputa con Shapner comenzó. Era algo tan obvio que se vio tentado a golpearse a sí mismo por ser tan estúpido, no podía creer que no lo haya pensado antes.

Mr. Satán, el sujeto que llenó sus bolsillos gracias a él; el sujeto cuyo apellido se adueñó de toda una ciudad, era el padre de la chica que le gustaba. Aquello implicaba, naturalmente, que si Videl correspondía a sus intenciones amorosas Mr. Satán pasaría a transformarse en su suegro. Aquel mentiroso y charlatán sería parte de su familia, y Gohan, a su vez, pertenecería a la de él.

Pasmado, Gohan no era capaz de imaginar la reacción de su madre y amigos en un escenario como ese.

Y para terminar con la celebración, en horas de la noche, se realizará un baile privado en la alcaldía–Mr. Satán, continuando con su corto discurso, le sonreía a las cámaras–será un evento de gala donde mi querida hija Videl, como reconocimiento a sus años de ayuda a las autoridades policiales, será condecorada y nombrada miembro honoraria de la policía de Ciudad Satán.

– Videl…–susurró Gohan al escuchar el nombre de la pelinegra–ella estará allí…

Como si la providencia hubiese escuchado sus súplicas, al mejor estilo de una alineación planetaria, las circunstancias se prestaron para concederle a Gohan lo que hacía unos minutos deseó con todo su corazón. Si bien Shapner no fue mencionado, para Gohan, evidentemente, era un hecho indudable que el rubio estaría en aquel baile de gala acompañando a Videl.

Era perfecto, pensaba Gohan. No quería arruinar la condecoración de Videl, ella se la merecía por las muchas ocasiones en que luchó contra las alimañas que infestaban las calles de la ciudad. Era un honor que nunca se atrevería a interrumpir; inclusive, le encantaría ver cómo era condecorada. Luego de eso, buscando la manera de estar a solas con Shapner, pondría en acción su ofensiva.

Sonriendo, no percatándose que su hermano menor lo veía de reojo, Gohan tomó una decisión. Arrojaría todas las cartas sobre la mesa, no se guardaría ninguna. La noche del próximo martes, sin importarle no formar parte de la lista de invitados, el Gran Saiyaman haría una aparición especial en dicha fiesta. Personalmente, como dos duelistas a la antigua usanza, Gohan lo retaría a pelear.

Lo retaría por todo lo que más le importaba en el mundo, no era necesario que tuviesen espectadores, solamente deseaba que Shapner entendiese que lucharía por Videl sin temor. Lo alejaría de ella, le daría una lección por haberse aprovechado de la debilidad emocional de Videl para manipularla. La rescataría; la liberaría de él y se encargaría de hacerla feliz otra vez.

No le fascinaba la idea de manchar su conciencia de nuevo; empero, si Shapner no le dejaba opción, tendría que volver a hacerlo.


Moviéndose, buscando una postura más cómoda en su cama, Videl, más despierta que dormida, abrió sus ojos viendo como los rayos del sol se colaban en su habitación a través de las cortinas. Despacio, examinándose con delicadeza, Videl llevó una mano a su cabeza tocando con las puntas de sus dedos el chichón que, gracias a los medicamentos, comenzaba a desinflamarse.

Aquello, dibujando una sonrisa en su rostro, le hacía respirar con más tranquilidad al ya no percibir aquel intenso y molesto dolor que estuvo fastidiándola desde hace dos días. No obstante, todo pensamiento relacionado a su accidente, se detuvo, de repente, al sentir como algo arrastraba sus mantas. Inquieta, sin entender qué ocurría, Videl reaccionó rodando sobre sí misma.

Ante ella, usando una mascarilla para dormir, una inmóvil Ireza continuaba en el reino onírico sin percatarse del despertar de su amiga. Videl, pestañeando para ver mejor, tuvo un veloz recuerdo de la noche anterior, donde Ireza, cubriendo la tez de su rostro con una crema humectante, le aseguró sonriente que dicho cosmético le ayudaba a mantener sana y joven su delicada piel.

Ireza, entretanto se preparaba, le ofreció a Videl un poco de su loción diciéndole que desde ya debía prevenir los daños del envejecimiento. La otra justiciera, no estando tan preocupada por tales cosas, rechazó su ofrecimiento afirmándole que sólo necesitaba un sueño reparador para sentirme como nueva. A lo cual, con un ceño fruncido, Ireza no se tardó en replicar:

En unos años, cuando empieces a llenarte de arrugas, lamentarás no haber escuchado mis consejos–fingiendo estar ofendida, la rubia, metiéndose en la cama, se colocó su antifaz para dormir no sin antes darle una mirada más a su amiga–por desgracia, la juventud no dura para siempre, pero tampoco quiero convertirme en una señora arrugada y llena de amarguras.

Videl, sin responder, se limitó a apagar las luces sumergiendo su recámara en la oscuridad total. Luego de eso, deseándose un feliz descanso la una a la otra, ambas fueron relajándose hasta quedar profundamente dormidas. Así pues, mirando a Ireza aún descansando, la memoria de Videl la invitó a retroceder aún más atrás en el tiempo, arribando, exactamente, a la cena de anoche.

Habiendo sido buscadas por Sashimi, tanto Videl como Ireza, dejaron por el momento su conversación privada sobre Shapner para bajar a la mesa, donde, esperándolas a las dos, Mr. Satán ya hacía uso de su silla favorita mientras bebía un poco de agua. Sin demorarse mucho, al cabo de unos pocos minutos, la pelinegra y la blonda también ocuparon sus respectivos asientos.

Cediendo a las exigencias de sus estómagos hambrientos, los tres comensales, cada uno tomando sus cubiertos, se dispusieron a saborear de la gigantesca variedad de platillos que veían frente a ellos. Para Mr. Satán y Videl ya era normal cenar así; no obstante, para Ireza, quien se sentía como una princesa en un castillo, no sabía si empezar con el jamón ahumado o con el coctel de mariscos.

¿Y cómo les va en la escuela? –rompiendo el silencio, Mr. Satán, dándole una mordida a un trozo de pan recién horneado, les lanzó una pregunta a sus dos jóvenes acompañantes–si mis cálculos no me fallan, ya les falta muy poco para graduarse de preparatoria.

Pues a mí no me va tan mal; aunque siempre he tenido dificultades con la clase de matemáticas pero tengo el presentimiento que me irá bien–Ireza, siendo la primera en responder, evocó como Gohan le permitió copiar de su examen final sin que su profesor los descubriese–sé que no seré la estudiante más sobresaliente de toda la clase, pero sé que me graduaré.

Lo importante es nunca perder la fe. Sin importar cuán difícil sea el desafío, la fe nos da fuerza…–comentándole, Mr. Satán miró de reojo a su hija quién aún no respondía.

Papá, gracias a Ireza me enteré que hoy aplicaron un examen sorpresa en la escuela–mezclando elementos reales con otros inventados, Videl no quería reconocer que se había olvidado de dicha prueba–el próximo lunes, cuando me presente en la escuela, tendré que hablar con mi profesor para que me reprogramen la prueba. Creo que voy a necesitar alguna justificación certificada por un médico para excusarme.

Eso no será necesario, con una simple llamada telefónica a la oficina del director de la preparatoria bastará–sin tener ni una pizca de ética, Mr. Satán no dudaría en mover sus influencias a favor de su hija, para, inclusive, ser aprobada sin tener que aplicar el examen–recuérdame telefonear al director el lunes antes de que te vayas a la escuela.

Videl, avergonzada por el descarado comportamiento de su padre, sintió un poco de alivio al ver como Ireza se interesaba más por la jugosa carne que maravillaba su paladar. Y al verla comiendo con tanto ahínco, la propia Videl, sin mentirse a sí misma, la imitó admitiéndose mentalmente que todo estaba delicioso. Y sin querer platicar más, continúo cenando con gran apetito.

¿Y ya han pensado dónde y qué estudiaran cuando se gradúen? –formulándoles una segunda interrogante, Mr. Satán intercambió miradas con las dos.

La verdad ya decidí lo que estudiaré, quiero ser periodista…–sonriente, Ireza se ganó una mirada asombrada de su mejor amiga–tengo pensando pedir información en la Universidad de Ciudad Satán la próxima semana, quiero irme preparando y conocer los horarios de estudio.

¡Periodista! –Adelantándose a su padre, Videl alzó un poco la voz–pero siempre tuve la idea que querías ser modista o estilista.

Ambas son cosas que me encantan, nunca dejarán de gustarme–divertida por la reacción de Videl, Ireza bebió un poco de jugo de naranja antes de proseguir–pero desde hace un tiempo me di cuenta que me gusta aún más hablar con la gente, creo que podría ser muy útil llevándole las noticias diarias a todos en la ciudad.

Vaya, no sé qué decirte–genuinamente pasmada, Videl le afirmó–y yo que creía que te conocía, jamás me imaginé que quisieras ser reportera pero no dudo en que lo lograrás…

¿Y qué hay de ti, hija? –Enfocando sus ojos en ella, Mr. Satán le preguntó– ¿ya sabes lo que harás cuando termines la escuela?

Hace un año atrás creía saberlo, pero ahora no estoy segura…

Anda Videl, quiero saber qué piensas estudiar al entrar a la universidad–Ireza, motivándola con una sonrisa, le aseveró.

Me gusta…me gustaba luchar contra delincuentes porque pensaba que hacía lo correcto–mirándose en retrospectiva, Videl envidiaba a su versión de un año atrás quien creía tenerlo todo resuelto–pero tampoco quería pasar toda mi vida haciendo lo mismo, así que había llegado a pensar con la posibilidad de estudiar leyes…

¿Abogada? –Mr. Satán, prestándole atención, terminó de beberse su copa con agua–por un momento creí que te dedicarías a ser peleadora profesional como yo, siempre quise que algún día heredaras mi cinturón del campeonato mundial…

En realidad, papá; lo de pelear lo veía como un pasatiempo que me ayudaba a mantener la mente ocupada–sin notarlo, Videl empezaba a dialogar con su padre con una naturalidad que hacía mucho no compartían–pero cuando vi que muchos de los sujetos que enviaba a prisión eran liberados por sus abogados con excesiva facilidad, me di cuenta que no bastaba con enfrentarlos en las calles; también era necesario hacerlo en las cortes.

Videl, ese es un sueño maravilloso–Ireza, extendiendo una mano para tomar la de Videl, le regaló una expresión sonriente–no renuncies a él, sería una lástima que lo hicieras.

Mr. Satán, sin decir nada en ese momento, se percató de la gran influencia que Ireza parecía tener sobre Videl. Su hija, agradeciéndole a su amiga por sus palabras de aliento, reafirmó el descubrimiento del campeón mundial, quien, formulando un plan con bajeza y rapidez, se prestó a sacarle provecho apresurándose a tocar un tema que, definitivamente, presionaría a su hija.

Por cierto, Videl–suscitando que la otrora justiciera se volteara mirarlo, Mr. Satán realizó su movimiento en el tablero– ¿ya le mostraste a tu amiga el vestido y zapatos nuevos que compré para ti?

Videl, padeciendo el efecto que su padre buscaba, se quedó muda no sabiendo qué responder.

¿Vestido y zapatos? –Ireza, mordiendo el anzuelo que le lanzó Mr. Satán, hizo la pregunta que él esperaba escuchar.

Ohh veo que Videl no te habló al respecto…–con hipocresía y cinismo, Mr. Satán fingió inocencia–verás Ireza, el próximo martes se realizará una fiesta privada en el ayuntamiento de la ciudad y quería que Videl y Shapner, a quien supongo que conoces, me acompañaran a la velada. Para eso le compré un traje nuevo para la ocasión; pero Videl aún no se decide a ir.

¿En serio? –Activándose el arraigado gusto de Ireza por la ropa, la rubia le dio una mirada curiosa a Videl quien parecía encogerse en su asiento–no me lo había comentado, estuvimos hablando un rato de la escuela pero nunca me mencionó nada sobre eso.

Comprendo, esperaba que le dieras tu opinión sobre cómo se ve con su vestido nuevo–queriendo usar a Ireza como un peón a su favor, Mr. Satán le dio otra vuelta a su jugada–no hay nada mejor que la opinión sincera de una amiga. Si crees que no es de su estilo, confío en que le darás algún consejo de modas.

¡Claro que la ayudaré, Mr. Satán! –Sonriente, sin sospechar que hacía lo que él quería, Ireza se giró a ver a Videl quien continuaba silenciosa y pensativa–cuando volvamos a su habitación lo veré, me muero de ganas por ver a Videl vestida de gala. Nunca la he visto vestida así, ya no puedo esperar.

¡Maravilloso! –poniéndose de pie, Mr. Satán se prestaba para marcharse al haber terminado de cenar–ahora que lo recuerdo, hay otro detalle más que necesitas saber, Videl.

¿Cuál? –respondiendo con poco entusiasmo, Videl había perdido el hambre casi por completo.

Además de conmemorar la derrota de Cell y el rebautizo de la ciudad, el alcalde te condecorará por tus años de ayuda policiaca–dando el toque final, para Mr. Satán era vital que Videl fuese al baile con Shapner, para que éste, a su vez, se sintiese más comprometido a luchar contra el Gran Saiyaman–será una noche inolvidable, Videl. Por fin van a reconocer todo lo que hiciste por la ciudad, sería una lástima que no fueses a la fiesta.

¿No quieres ir, Videl? –Ireza, cumpliendo el rol que le asignó Mr. Satán sin darse cuenta, empezó a ejercer presión sobre la pelinegra–desde que te conocí nunca te he visto arreglada para un baile. Si ya no piensas continuar luchando contra delincuentes, al menos deberías retirarte por la puerta grande.

La verdad es que no me siento cómoda en…

¿Irás, verdad? –Su padre, mirándola fijamente, no le dio tiempo para negarse–cómo te lo dije hace rato, no volveré a pedirte que asistas a una actividad así si no quieres.

¡Anda Videl, no seas así! –Ireza, haciendo un mohín, metió el dedo en la llaga–yo daría lo que fuera por ir a un baile así, no desperdicies esta oportunidad. Podrías lamentarlo el resto de tu vida, no tiene nada de malo que te des un gusto de vez en cuando.

Después de haberse admitido a sí misma que su relación con Shapner no era más que un barco que se hundía, Videl, definitivamente, lo que menos quería era darle al rubio la falsa ilusión que su noviazgo iba viento en popa. Por ende, ir con él a ese estúpido baile sólo le complicaría las cosas, dificultándole, aún más, su inminente ruptura con Shapner.

Así pues, como si ella se tornase cada vez más pequeña entretanto Ireza y su padre se volvían enormes, Videl sintió como los ojos de ambos se clavaban en ella esperando por su contestación. El miedo, la culpa y el remordimiento trataron de someterla otra vez; empero, negándose a ser encadenada de nuevo, enfrentaría a sus demonios de frente. Ya no huiría más, ya no.

Está bien, iré al baile…–escueta pero sin vacilar, Videl quería volver a su habitación y no salir hasta la mañana siguiente–pero papá a cambio te pido que no pidas dar entrevistas ni nada parecido, no me siento con humor para esas cosas. No olvides que todavía me duele la cabeza, lo que menos deseo es tener a toda la prensa encima de mí.

¡No hay problema, hija! –Explotando de alegría en sus adentros, Mr. Satán ahora sólo debía llenar la mente de Shapner con más promesas y recompensas vacías–pero te imploro que aceptes hablar un poco cuando te pidan dar unas palabras por la medalla que te entregarán, con un simple "gracias" será más que suficiente.

De acuerdo, pero no escribiré ningún discurso.

Perfecto, mañana temprano iré a ver al alcalde para dar a conocer al público las actividades del aniversario. Le alegrará saber que asistirás…

Y así, sin más pormenores que platicar, los tres se despidieron saliendo del lujoso comedor rumbo a destinos separados. Al llegar a la cima de la escalera principal de la mansión, Videl e Ireza, doblando a la izquierda, se enfilaron la recámara de la ojiazul. Mr. Satán, girando a la derecha, caminó hacia su dormitorio disimulando su inmensa alegría por lograr un punto clave de su plan.

Por otro lado, Videl debió resistir las insistentes peticiones de Ireza para ver el vestido que Mr. Satán mencionó. La pelinegra, no estando con ánimos para eso, le prometió a su amiga que se lo mostraría al amanecer. Por consiguiente, rindiéndose ante la férrea negativa de Videl, Ireza no tuvo más remedio que aceptar y comenzar con su acostumbrado ritual de belleza antes de dormir.

Videl, olvidándose de sus recuerdos, siguió observando a su camarada descansar mientras ella continuaba despierta. La otrora justiciera, girándose y cambiando de posición, se quedó mirando el techo de su cuarto aún sin saber por dónde arrancar el día. Anoche, como si lo hubiese hecho deliberadamente, su padre abrió la boca comentando lo del baile antes que ella lo hiciese.

Primero quería ir contándole a Ireza sus problemas uno a la vez; no obstante, su padre, estropeando su ritmo lento, provocó que Ireza se encendiera como una loca queriendo saber más. Al menos, para su fortuna, pudo controlarla aunque luego tendría que hablarle al respecto. Bufando, viendo de soslayo su ventana, Videl agitó su cabeza acordándose de otro tema a tratar.

– Una medalla, me darán una medalla…

Susurrando, hablando lo más bajo posible para que Ireza no la oyera, Videl, hasta ese momento, se tomaba un segundo para pensar en la condecoración que recibirá en aquella tonta gala. Nunca arriesgó su vida por ser famosa o por ganar un galardón, lo hacía porque se asqueó de la podrida mafia de asaltantes y gánsteres que se estaba apropiando de la ciudad frente a sus narices.

Usando a su favor su entrenamiento en artes marciales, ella, nadando contra la corriente, dejó boquiabiertos a todos al lograr lo que ni las propias autoridades lograban hacer. Con el paso del tiempo, madurando tanto en lo físico como en lo mental, Videl se convirtió en una cura milagrosa que fue devolviéndole la tranquilidad a gran parte de Ciudad Satán.

Lo cual, consecuentemente, empujó a las pandillas y ladrones a concentrarse en un distrito en específico de la metrópoli, donde, ni siquiera las patrullas de policía, se atrevían a entrar salvo que fuesen acompañadas por un batallón de uniformados. Pero, habiendo caído del cielo el Gran Saiyaman, sumado a su estrés emocional por la casi muerte de Shapner, Videl decidió retirarse.

Le gustase o no, terminar con su labor heroica era un hecho que tarde o temprano sucedería. Combatir el crimen era algo que no podía realizar para siempre, la sola idea de continuar haciéndolo hasta envejecer o morir la aterraba. La herida de Shapner fue un terremoto psicológico que la forzó a comprender eso, un descuido o exceso de confianza podría acabar matándola.

En unos días terminaría la preparatoria, al año siguiente, si todo salía bien, comenzaría con la universidad dejando atrás su agitada adolescencia. La adultez, primero con lentitud, más tarde con rudeza, la acogería entre sus brazos arrojándola a la cruda realidad que implicaba ser una persona adulta y responsable de sí misma. O así debería ser si fuese como cualquier otra chica.

A Videl jamás le gustó la forma en la que su padre se embriagaba de fama, la muestra más reciente de arrogancia y descaro la dio ayer, cuando, sin tener vergüenza, dijo que con únicamente su palabra haría que el director de la escuela resolviera sus problemas. Conociéndolo, Videl apostaría que se atrevería a pedir que dieran por aprobadas todas sus clases sólo por ser su hija.

Sintiendo una pequeña jaqueca al pensar en eso, Videl llegó a una tajante conclusión: sin importar si su padre influenciaba o no en su graduación, ella, sin mirar atrás, tomaría sus maletas y se marcharía de Ciudad Satán. El peso de su apellido era insoportable en ocasiones, su futura carrera universitaria posiblemente se vería afecta por dicha razón.

Videl no quería un trato preferencial; no quería que le dieran las cosas en una bandeja de plata. No, ella deseaba ganarse su diploma con su esfuerzo sin ser favorecida por el legado de su familia. Y para lograr eso, no le quedaba más alternativa que irse a otra parte. Cuando haya roto con Shapner, y ya nada la una a él, emprendería su camino forjándose a ella misma. Era una promesa.

– Me encantaría saber qué te tiene tan inquieta…–dándole un susto de muerte, Ireza le habló en voz alta rompiendo la burbuja de sus pensamientos– ¿o es normal que te muevas tanto cuando despiertas?

– ¡Ireza! –ladeándose a verla, Videl notó como ella sonreía a pesar de continuar usando su antifaz–no me di cuenta que ya estabas despierta.

– Me desperté hace unos minutos, sería imposible seguir durmiendo oyendo como te mueves de un lado al otro–riéndose, tomándose las cosas con humor, Ireza se quitó su máscara para poder mirarla–pero no me quejo, no olvides que tienes un vestido nuevo que mostrarme.

– Sí, el vestido…–sin ánimos, Videl no disimuló su falta de entusiasmo al respecto–luego de ducharme y desayunar, te lo mostraré.

– Te ayudaré con todo, el maquillaje y el peinado–con voz casi infantil, Ireza se carcajeaba son suavidad–será como cuando éramos niñas y siempre te pedía que jugáramos al salón de belleza, pero esta vez no podrás negarte.

– ¿Ireza, era verdad lo que dijiste ayer? –Con seriedad, cambiando el tópico, Videl le preguntó– ¿es verdad que piensas estudiar periodismo o sólo lo dijiste por mi padre?

– Es verdad; quiero ser reportera–contagiándose de la mesura de su amiga, Ireza le respondió–nunca antes lo comenté porque quería estar totalmente segura, pero ahora sé que es el camino que deseo recorrer.

– Ya veo–apartando un poco las mantas, Videl suspiró antes de continuar–yo también quiero tener mi propio camino, pero me doy cuenta que no podré tenerlo si sigo en Ciudad Satán.

– ¿Piensas irte? –captando el mensaje en un segundo, Ireza le cuestionó.

– Me dolerá mucho no poder verte todos los días, pero te prometo telefonearte tan seguido como pueda–afirmándole, Videl asintió–si voy a la universidad aquí en Ciudad Satán sospecho que mi padre intentaría facilitarme las cosas, no quiero eso; no quiero que me den un trato diferente sólo por ser su hija.

– ¿Y adónde irás?

– Todavía no tengo idea, pero cuando todo lo de Shapner se haya resuelto, lo decidiré.

– Videl, anoche, antes de dormirme, estuve pensando en Shapner…

Tensándose, no atreviéndose a interrumpirla, Videl se moría de impaciencia por escuchar lo que Ireza pensaba sobre ella ahora que conocía la verdad.

– ¿Me permites ser sincera?

– Por supuesto.

– Fuiste muy egoísta, Videl. Jugaste con los sentimientos de Shapner, le mentiste; lo engañaste–no siendo fácil para Ireza, aquellas palabras por muy duras y dolorosas que fuesen, eran necesarias–él cree que tocó las puertas del cielo, piensa que está caminando entre las nubes. Si no te conociera diría cosas mucho más fuertes e hirientes, y si fuese hermana de Shapner, te daría una bofetada.

Dilatándose sus pupilas, Videl, abriendo sus ojos como platos, perdió el don del habla al escuchar los reproches de Ireza. Sin embargo, renunciando a cualquier excusa o defensa, ella agachó la cabeza resistiendo la tentación de esconderse debajo de sus frazadas. Sabía que aquel regaño era más que merecido, inclusive, si Ireza la abofeteaba allí mismo, no se lo impediría ni le reclamaría.

– Debo decir también me siento muy decepcionada, Videl. Jamás pensé que fueras capaz de hacer algo así, es muy triste decirlo; pero es lo que siento–tomándose un instante para tomar aire, Ireza odiaba hablarle de ese modo a su amiga–también me duele que no me lo hayas dicho desde el principio, si hubieras sido más honesta contigo misma, con Shapner y conmigo; esto no hubiese pasado. Pero ya no tiene caso lamentarse por lo sucedido, lo hecho…hecho está.

Notando como en los párpados de Videl comenzaban a humedecerse, Ireza, habiendo actuado como el policía malo, ahora se preparaba para representar al policía bueno.

– Pero comprendo por qué lo hiciste, sé que no fue nada fácil para ti–extendiendo una mano por debajo de las cobijas, Ireza sujetó a su compañera por una de sus muñecas–Shapner es un chico muy especial, no sabría decir si su persistencia es una de sus virtudes o uno de sus defectos; aunque cuando se ama a alguien, la diferencia entre ambas cosas se borra.

Videl, ahogando un leve atisbo de llanto, permanecía en silencio.

– El miedo se apoderó de ti, por un momento llegaste a creer que Shapner estaba muerto por tu culpa. Eso no es nada simple de asimilar–apretando su agarre sobre ella, Ireza rodó sobre su costado para imitar la posición de Videl–así que cuando supiste que sobrevivió, lo visitaste en el hospital y él te besó. Con ese beso recordaste todas las veces en las que él intentó invitarte a salir; recordaste todas las cartas de amor y flores que te regaló por años.

Dibujando una sonrisa, Ireza esperaba que ésta hiciera sentir mejor a su contrariada camarada.

– Cuando eso pasó debiste mantenerte fiel a tus sentimientos; debiste haberle dicho que sólo lo veías como un amigo pero pensaste que estabas en deuda con él, por eso decidiste darle lo que siempre deseó de ti: estar contigo.

– Me asusta lo bien que me conoces, es cómo si me leyeras la mente…–Videl no sabía cómo conseguía Ireza leer sus pensamientos, era casi como magia. Aquello le hacía creer que en el futuro se convertiría en una excelente reportera.

– Solamente estoy resumiendo lo que me contaste anoche e incluyendo algunas conjeturas mías–riéndose, Ireza se alegró por ver que Videl rompía con su avergonzada mudez–esa era la parte sencilla, ahora viene la difícil: ¿cómo arreglar este embrollo?

– Fácil: le diré a Shapner que todo se terminó, cuando nos veamos el lunes romperé con él–con rapidez y presunción, Videl pensaba tener la respuesta.

– No Videl, no es tan fácil como piensas…

– ¿Por qué no?

– No sólo estoy pensando en ti y en tus sentimientos; también pienso en Shapner y en los suyos–argumentando su negativa, Ireza le explicó a Videl–los conozco desde la primaria, son como los hermanos que nunca tuve. Los quiero muchísimo a los dos.

Sonriendo, Videl lucía más animada.

– Lo que menos quiero ver es como mis dos mejores amigos se lastiman el uno al otro; no quiero verlos odiándose por el resto de sus vidas–con seriedad, dejando de lado su habitual tono despreocupado y juguetón, Ireza miró a Videl directo a los ojos–en cuanto a Shapner, él está verdaderamente enamorado de ti. Él te ama con locura, Videl. Sus sentimientos por ti son genuinos, no es justo que los pisotees como si fueran basura.

– ¡Yo no quiero lastimarlo; no quiero herirlo más de lo que ya está!–reaccionando, viendo que no era tan fácil como creía, Videl le objetó.

– Y eso es justo lo que harás si rompes con él el lunes, le abrirás una herida tan grande en el corazón que temo que enloquezca y te desprecie para siempre–haciéndole ver su punto, Ireza fue severa pero con delicadeza.

– ¿Entonces me estás diciendo que tengo que quedarme con Shapner aunque no sienta nada por él?

– No, no estoy diciéndote eso–negando su pregunta, Ireza le contestó–lo que creo es que debes darle una última oportunidad a Shapner. Si él no logra despertar ningún interés ni sentimiento en ti; entonces, con el mayor cuidado posible, te sincerarás con él. Y deberás decirle toda la verdad.

– ¿Una oportunidad?

– Exacto, y la ocasión perfecta es justo el baile. Ve con él, pasa la noche entera con él–explicándole, Ireza comprendía que lo que le pedía no era del agrado de Videl–bailen juntos, conversen del futuro que les espera. Ser novios es más que tomarse de la mano y darse un beso, es el inicio de algo mucho más grande. Si las cosas funcionan, un noviazgo acaba convirtiéndose en un matrimonio.

– No puedo hacer eso, no puedo.

– Es la única solución amigable que se me ocurre. Si te vas al extremo de romper con Shapner sin considerar sus sentimientos, sería un error igual de grande que haber aceptado estar con él sin quererlo–siendo lo más diplomáticamente posible, Ireza no encontraba más salidas–ponte en sus zapatos por un minuto; Videl, imagina lo que él sentiría si la persona que más ama en el mundo le destroza el corazón sin tenerle piedad.

Mordiéndose la lengua, no hallando la forma de replicar a tal argumento, Videl apartó su vista de Ireza por unos segundos para volver a mirar el techo de su habitación. Allí, mientras lo observaba, se vio a ella misma entrando en el edificio de la escuela decidida a acabar con todo. No saludó a nadie al caminar, ni siquiera a Ireza, avanzó directamente hacia su salón a paso firme.

Al entrar en su clase, Shapner, quien ya se ubicaba en su asiento, sonrió al verla llegar y se dispuso a recibirla con un cariño abrazo que, seguidamente, planeaba complementar con un beso. No obstante, deteniéndolo en seco al apartarlo, a Videl no le importó que varios de sus compañeros los estuviesen mirando de reojo, diciéndole, sin rodeos, lo que venía a decirle:

No me siento cómoda con esto…

Esto simplemente no está funcionando…

Lo siento mucho pero lo nuestro se terminó…

Lo mejor será que cada uno continúe con su vida…

No es mi intención lastimarte, todavía podemos ser amigos…

De repente, al decir aquello, Videl sintió como algo húmedo y caliente se agitaba en su mano derecha. Confundida, la pelinegra se inspeccionó a sí misma quedándose sin palabras cuando vio que en su palma, todavía latiendo con torpeza, yacía un corazón humano cuya sangre la empapaba dejando muchísimas gotas carmesí en el suelo.

Asustada, soltando aquel órgano, Videl regresó su atención a Shapner llevándose la segunda peor sorpresa del día. En su pecho, emanando una cuantiosa cantidad de su líquido vital, la ojiazul descubrió un horrendo agujero del tamaño de un puño. Shapner, mirándola en sus últimos minutos de vida, cayó arrodillado ante ella viéndola con una expresión cargada de odio.

Sobresaltándose, cerrando los ojos con fuerza, Videl se negaba a verlo morir entretanto comenzaba a excusarse alegando que no era su intención lastimarlo. Sin embargo, colapsando a sus pies, Shapner no escuchaba sus alegatos a su vez que creaba un rojizo charco que creció tanto que llegó a tocar sus zapatos. Aterrada, pestañeando, Videl imploró que aquello se terminase.

Y así sucedió.

– ¿Te pasa algo, Videl? –preocupándose por su inusitada palidez, Ireza se arrastró un poco hacia ella para verla de cerca.

– ¡Quiero que esto se termine, quiero que se termine! –Llorando con levedad, usando aquello como una válvula de escape para liberar más presión, Videl se llevó las manos al rostro al hablar– ¡yo sólo quiero que todo sea como era antes!

Solamente deseaba enmendar su error, no quería nada más. Empero, sin querer hacerlo, Videl le daba la razón a Ireza con las lágrimas que corrían por sus pómulos. Posiblemente al principio Shapner sentiría un espantoso dolor partiéndolo a la mitad; pero con el paso del tiempo, aquel dolor se convertiría en rabia y la rabia mutaría en rencor.

Shapner la odiaría por años; por décadas. Lo haría hasta morir, incluso mucho más allá. Era demasiado ingenuo y ridículo pensar que lo resolvería todo con sólo romper con él. No, eso abriría una herida en él; una herida que quizás nunca llegue a sanarse. Videl, con amargura, entendió que se transformaría en lo que menos anhelaba. Ella se transformaría en una villana.

Su trágica historia con Shapner no la señalaría como la chica enamorada en busca de su príncipe azul; al contrario, le apuntaría con un dedo señalándola como la bruja que asesinó al príncipe. Con eso en mente su llanto fue intensificándose, su voz se cortó y la elocuencia la abandonó. Se sintió desmoronar, de no haber estado acostada en su cama ya habría caído de rodillas.

Y si bien no cayó arrodillada, una presencia amigable y reconfortante la acogió tan pronto como su culpa la atormentó. Ireza, quien no se demoró en acudir a Videl, la abrazó quedándose junto a ella brindándole el soporte y el refugio que necesitaba. Videl, girando su cabeza unos centímetros, la vio con sus enrojecidas pupilas fracasando al querer darle las gracias.

– No se me ocurre ningún discurso para que dejes de llorar, pero creo que es justo que llores. No te guardes nada, Videl–hablándole con voz muy suave, la rubia estaba empezando a contagiarse de los sollozos de la otrora heroína, no era fácil para ella verla derrumbarse frente a sus ojos– ¡sácalo, Videl!... ¡deja salir todo lo que cargas por dentro!

Y así lo hizo, no se guardó nada. Lloró por haber fallado en aquella discoteca, lloró por no haber sido honesta consigo misma, lloró por haberse comportado como una cobarde al usarlo como un placebo. También lloró por ella misma, y es que no era para menos, nadie podría sentirse feliz y a gusto estando atrapada en el pantano en el que se encontraba.

Ireza, por su parte, acabó rindiéndose comenzando a llorar al ser invadida por la impotencia. Ver a Videl así la destrozaba, era tan impactante presenciar que aquella Videl que siempre lucía una apariencia intimidante e indestructible estuviese llorando como una niña pequeña en sus brazos. Le dolía el alma por ella y por él, ninguno se merecía un sufrimiento como este. No se lo merecían.

Sin soltarla, dejándola que se desahogara, Ireza miró de soslayo su maleta en una esquina de la habitación. Viéndola, evocando que trajo su arsenal entero de cosméticos, Ireza se hizo una promesa solemne en sus adentros. Tomaría esa tristeza y la volvería alegría, secaría las mejillas de Videl y las llenaría de color con su maquillaje. Haría lo imposible por reconfortarla.

Tal vez la mañana no comenzó como ambas lo hubiesen deseado; no obstante, más adelante llegarían las risas, Ireza se encargaría de eso.

Fin Capítulo Veintiocho

Hola, muchas gracias por leer otro capítulo más de esta historia. En cuanto a la escena final, cada vez que imagino a Videl llorando se me vienen tres imágenes a la cabeza: la de ella cuando Spopovich la torturó en el torneo, cuando le dicen que Gohan murió y cuando se reencuentra con él al terminarse la pelea contra Majin Buu.

Si bien las dos últimas guardan mucho sentimentalismo al estar ella enamorada de él, la primera es la que más impacto me provocó. Antes de ver ese momento nos habían planteado a una Videl valiente, dura e inflexible, características que hicieron que me gustara mucho como personaje, así que cuando la vi llorar por culpa de Spopovich, fue un giro de trama muy fuerte para mí.

Pero por otro lado eso le da humanidad al personaje, demuestra que no es indestructible y que puede sentir dolor. Con eso en mente se me ocurrió cerrar el episodio con una escena similar, espero haber logrado causar empatía por ella; de no ser así, ustedes me lo dirán en sus comentarios, estaré encantado de leer sus opiniones.

Como ya lo he dicho varias veces en el pasado, me gusta escuchar algún soundtrack mientras escribo. Si alguno quiere oír la canción que me ayudó de inspiración, búsquenla en You Tube con este nombre: Evangelion 3.0 – Sakura Nagashi. La canción está en japonés pero no fue sólo la letra la que me enganchó a ella, el ritmo también me gustó mucho por lo pegajoso que es.

Antes de despedirme, les doy las gracias a Kellz19 y a Lupis OrSa por sus comentarios en el capítulo anterior. Gracias por leer y hasta la próxima.