Qué tal, gente.
Gracias por seguir leyendo
esta historia que está por
llegar a su fin.
Lamento jugar tanto con
sus emociones, pero la verdad
es que me parece que eso
hace más y más interesante
la storyline.
Disculpen, pero algo me hace
pensar que también les gusta,
puesto que la siguen leyendo.
Un abrazo.
¡TRES!
XXIX
"LOVE ME LIKE YOU DO"
(Ellie Goulding)
Bubbles había terminado de tomar una ducha, donde aprovechó para poder llorar por las emociones que se juntaron dentro de ella el momento en que volvía a ver a Boomer, sentado en esa silla de ruedas, completamente indiferente a ella y a los sentimientos que habían desarrollado previamente.
Todo se había esfumado, pero el dolor y la tristeza que eso le causaba lo aminoraba el hecho de que él estaba con vida, y no muerto como se creía en un principio. Obviamente, creía que si pudo enamorarlo una vez, se podía repetir, y si debía esforzarse el doble, iba a hacerlo.
No había impedimento para ella, no a estas alturas del partido.
Al día siguiente, se levantó con normalidad, solo que un poco más temprano que el resto, por lo que no sabía si sería capaz de esperar a alguien más para desayunar al momento en que cruzó el umbral de la cocina, vio que Boomer estaba terminando de pelar una naranja para comenzar a comérsela, disfrutando de aquel jugoso y ácido sabor vitamínico de la fruta.
Él se percató de su presencia, y le sonrió.
–Buenos días.
Ella hizo un gesto con la cabeza y le correspondió la sonrisa.
–Buenos días.
Boomer seguía en la silla de ruedas, las recomendaciones del doctor era descanso, y aunque no tenía problemas para caminar, debía andar siempre en la silla, al menos por diez días.
–¿No tuviste problemas en subirte a la silla de ruedas? –preguntó Bubbles para la sorpresa de Boomer. El haber formulado esa pregunta la puso extremadamente nerviosa.
–No, no –dijo luego de haber tragado lo que tenía en la boca–. Es que dormí en ella.
–¿Eh? ¿De verdad?
–No –y rio.
La carcajada de Boomer y la enorme sonrisa que tenía hizo que el corazón de Bubbles se estremeciera. Es que no podía creerlo, de verdad estaba ahí, era real, su risa era real, su rubio cabello era real… Pero no los recuerdos que pasaron, por lo que su corazón estaba dividido entre lo que es y lo que fue.
–Brick se levantó temprano, tenía un asunto que atender, pasó a verme y me ayudó. Dios, debiste ver tu cara de asombro, Bubbles.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Escucharlo decir su nombre, era algo que, si bien no podía expresar como quería, la hacía querer saltar, chillar y llorar; tenía que hacer todo ello internamente, mientras que por fuera solo mostrase una simple y rota sonrisa.
–Ya veo.
–¿Beberás un poco de té? ¿O prefieres leche?
–No te preocupes –dijo amablemente–, tú come tu naranja tranquilo.
–¿Te molesta si te hago compañía?
Para cuando Boomer había pronunciado esa pregunta, Bubbles le estaba dando la espalda, puesto que estaba sacando una taza de la despensa. No dejó de moverse y extendió su brazo para coger una de las cucharas. Relamió sus labios y, reprimiendo sus ganas de llorar de frustración, le respondió:
–En lo absoluto. Quédate.
Bubbles se preparó un poco de café con leche caliente, y se sentó a la mesa frente a Boomer, que terminaba de comer su fruta.
–¿Solo eso comerás? –preguntó Boomer.
–No como mucho en las mañanas.
–Pero eso es nada, literalmente, es líquido. ¿No prefieres comer pan? ¿O una fruta?
–No, no –sonrió–, la verdad es que tampoco tengo mucha hambre.
"No puedo comer con tranquilidad, teniéndote frente a mí, pero sin recordarme", pensó mientras le sonreía a modo de convencerlo.
–Vale, haré como que te creo –sonrió amablemente.
Esta situación era retroceder todo lo que había avanzado, sin embargo, tiene un inicio muy distinto al original. Mientras lo escuchaba hablar, pensaba que él lo hacía con tanta confianza y familiaridad, lo que le permitió pensar en que, tal vez, él recordaba algo de la cercanía que mantuvieron.
Lamentablemente, el trato amigable que le sugería Boomer, la traía a la realidad, y la realidad era que Boomer estaba mostrándose con suma confianza al darse cuenta de que sus hermanos también tenían una confianza con las otras chicas. Debido a esto, él le hablaba con familiaridad, con amistad, afable, porque Boomer no era consciente del anterior interés que había sentido por ella.
–Se supone que habrá una reunión hoy –aquello la sacó de su lamento interno–, y tal parece que van a hacerte un par de preguntas.
–¿Eh? ¿Preguntas? ¿Quiénes?
Ante el nerviosismo que se apoderó de Bubbles en ese momento, Boomer sonrió y hasta soltó una risa floja.
–Una fiscal que se hizo cargo del caso, necesitan información. Tranquila, no van a hacerte nada, son de confianza –aseguró–. Además, estaré contigo en ese momento. Todos lo estaremos, a menos que no te sientas cómoda…
–Está bien así –interrumpió–, si me van a interrogar, prefiero que lo hagan mientras estoy en compañía de alguien a quien le tenga confianza.
Boomer no le dijo nada más, sino que su sonrisa dijo más que mil palabras.
–Pero ahora come algo, mira que verte solo bebiendo eso, me da un hambre feroz.
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Las tres hermanas Utonium aguardaban en la sala de conferencias de la fiscalía, tal y como les había ordenado Brick. Stewart quería asegurar un poco el ambiente antes de hacer pasar a Bubbles a la sala de interrogación, donde no le harían nada más que dos preguntas sobre la descripción del lugar, y el estado de su madre.
–Cuando termines de hablar, nos llevarán a casa –aseguró Blossom–. Ahí estaremos en compañía de Boomer… Así que relájate.
–Estoy relajada, Bloss –dijo Bubbles–. Lo que ahora me puso un poco nerviosa es el hecho de estar con Boomer.
–¿No recuerda nada todavía? –preguntó Buttercup.
–No, nada de nada –suspiró pesadamente la menor de las tres–. Pero hablar con él es… mejor que ser ignorada. Tengo la teoría de que, si le hubiésemos dicho que él y yo desarrollamos cierto lazo estrecho, sería un poco incómodo para ambos.
–Bueno, no hay que lamentarse sobre un escenario que no se ha dado –afirmó Blossom–. Ve el lado positivo de la actualidad, y es que él parece muy cómodo a tu lado a pesar de no recordar nada.
En ese momento, Butch abre la puerta de la sala.
–Bubbles –llama–, ven conmigo.
La chica, en medio del silencio que formaron sus hermanas en la sala, se pone de pie y sale en compañía de Butch. Él le sonríe y empieza a caminar, ella lo sigue.
–Tú solo debes responder a las preguntas, ¿sí? Nosotros estaremos observando en todo momento. Contamos con tu declaración para que el arresto del tipejo ese tenga en consideración tu declaración como víctima.
–¿Y la otra chica? –preguntó–. A ella la liberó…
–Ella ya declaró –afirmó Butch–. La fiscalía ya lo tiene archivado.
–Vaya… Trabajan rápido.
–No diría que fue rápido, pero sí que fuimos cuidadosos. No podíamos dejar escapar ningún detalle, menos si se trataba de un caso que nos encomendaron como familia.
Bubbles guardó silencio, luego de asentir a las palabras dichas por aquel chico.
–Ya estamos cerca –aseguró–. Cada vez más cerca de hacer justicia.
Bubbles asintió, y llegaron a la puerta de la sala donde se realizaría el interrogatorio.
–Aquí es–dijo Butch–. Solo un par de preguntas y podrás ir a casa, ¿vale?
Asintió y Butch abrió la puerta para que pudiese entrar.
Mesa, silla, una lámpara, una cámara y el infaltable vidrio polarizado en una de las paredes. Bubbles tragó saliva, pero Butch le sobó la espalda dándole ánimo y entró a la sala, escuchando cómo el chico cerraba la puerta tras ella.
De la puerta conjunta al vidrio polarizado, salió Stewart, con su cabello tomado en un bollo y un vaso de agua en una de sus manos, el cual dejó en la mesa frente a la chica.
–En caso de que lo necesites –dijo la mujer.
Procedió a encender la cámara y a ajustar la luz de la lámpara.
–Son protocolos –aclaró la fiscal–, debo seguirlos antes de empezar el interrogatorio.
–Está bien –respondió con un hilo de voz.
Una vez que Stewart se aseguró de que todo estuviese en orden, tomó asiento frente a Bubbles, colocó sus dos manos sobre la mesa, entrelazó sus dedos y suspiró.
–Si no sabes qué responder, dilo, ¿vale?
–Vale.
–Por favor, describe el lugar en el que te tenían encerrada.
–Húmedo, sucio, con poca ventilación y con nada de luz solar.
–¿Cómo fue tu estancia en ese lugar?
–Horrible –frunció un momento los labios–. Inhumano, fue una experiencia llena de crueldad. Vi morir a mi mamá en frente de mis ojos.
Caroline, que estaba con Brick, Butch y Jeff viendo la interrogación, sintió una punzada angustiante chocarle en el pecho. Tenía unas enormes ganas de ir y abrazar a la chica.
–¿Las torturaron de alguna forma?
–Sí –asintió con la cabeza, tomó una gran bocanada de aire, como si se estuviera dando aliento y siguió hablando–. Podía dejarnos una semana entera sin darnos de comer, si necesitábamos ir al baño, debíamos hacerlo en un vaso de plástico que dejaban en una de las esquinas del lugar ese. Si lo utilizábamos, éramos juzgadas y tratadas de sucias.
–¿Te tocaron?
–No, a ninguna por lo que vi, pero sí nos golpeaba solo porque se le daba la gana, nos escupía, nos proporcionaba heridas.
–¿Recuerdas algo que haya dicho? Cualquier cosa, sobre la ubicación, lo que quería hacer…
–Recuerdo que se pasaba quejando de uno de sus hombres, un tal Max, ah, y que siempre discutía con otro, Henry, si no me equivoco. Usualmente, siempre estaba con él y con Alexander, este último era el que más tiempo pasaba con nosotras, vigilándonos, y cuando lo hacía, podíamos comer con tranquilidad e ir al baño. Pero nada más… No recuerd… ¡Ah! –exclamó–. ¡Recuerdo algo que dijo sobre el ambiente! ¡Árboles! ¡Pasaba quejándose de unos árboles por las hojas que caían! También mencionó las amapolas, y que le provocaban alergia.
–Bien, Bubbles, no tengo más preguntas para hacerte… –se mostró un poco incómoda y miró de nuevo a los ojos de la chica–. Sin embargo, quiero poner mi dedo en tu herida, y la verdad, perdóname, pero es un dato que necesitamos.
–¿Qué cosa?
–¿Viste el momento exacto en que murió tu mamá?
Bubbles no dijo palabra alguna, su semblante estaba completamente serio, asintió con la cabeza antes de hablar.
–La torturó, la trató de zorra, y una infinidad de insultos, le tiró el pelo, se ensañó dejándola sin comer, cortándole con un escarpelo… Murió cuando le pidió que le proporcionara daños a ella en lugar de mí. Mi mamá me protegió hasta el último minuto.
–Oh, pequeña –dijo Caroline tras el vidrio.
–Siento mucho tu pérdida –le dijo Stewart.
–Gracias, yo también la siento, pero creo que tengo que tener altura de miras en este momento. Mis papás están descansando, eso me da tranquilidad, porque me cuidan a mí y a mis hermanas desde el Cielo –sonrió–. Además, tenemos a nuestra tía y nuestro tío, ya la señora Caroline, quien ha pasado a ser otra figura materna.
Caroline cubrió su boca, Butch la miró extrañado mientras que Brick rodaba los ojos.
–Vamos, Caroline, ¿estás emocionada? –dijo el pelirrojo.
–Escuchar eso obviamente me emociona, pequeño simio –se defendió la mujer–. Siempre quise tener una hija, y ellas son lo más cercano que he de estar de tener una.
–Que digas eso, me pone algo incómodo –dijo Butch.
–Oh, cállate, Butch, arruinas mi momento maternal –exigió Caroline evitando ponerse a llorar.
–Okay –dijo Stewart–. Eso era todo, Bubbles, puedes retirarte.
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Stewart tomó asiento en su escritorio, pasó sus manos por su sien, mientras que Caroline miraba con una sonrisa cada rincón de la oficina de la fiscal. Tomó asiento frente a ella en una de las dos sillas, echó su cabello hacia atrás y soltó un fuerte suspiro; en ese momento, Stewart la quedó mirando, como si estuviera aguardando por alguna palabra que pudiera alentarla en ese momento.
–¿Elizabeth vendrá? –preguntó Caroline, a lo que Stewart asintió–. Qué bueno.
–Necesito su declaración y los antecedentes que logró reunir –dijo la fiscal–. Mientras aguardamos por el encuentro con Jim, requerimos de sus investigaciones e informes. Además, quiero preguntarle por qué no las entregó antes.
–Esperemos a que llegue, ¿vale? Lo más bien podría darte la respuesta a todo ello, pero es mejor que lo sepas de primera fuente. En tanto, quisiera hacerte una pregunta –se puso seria y frunció levemente el ceño–, con respecto a Reagan.
–¿Qué sucede con ella?
–No va a tener represalias, ¿verdad? Por estar formando parte de un club nocturno…
–Me sorprende que todavía no logres entender la "justicia" –ironizó haciendo un gesto con sus dedos– en la que estamos inmersos. Ella debería tener represalias, sí, pero dentro de todo lo que hizo, jamás interrumpió con la investigación, es más, colaboró, lo está haciendo ahora mismo. Sí, se le va a castigar, pero no es nada que vaya a salir a luz pública ni tampoco provocará su despido.
–Eso suena bastante turbio.
–La justicia es turbia, parcial y sesgada. Buena o mala, dependiendo de la posición en la que se encuentre. El caso de Reagan es parte del lado bueno, puesto que tenía un propósito de principio a fin –suspiró–. Ahora bien, en el caso de Elizabeth, también inició como un trabajo policial, pero ha durado demasiado… El club que ella dirige dejó de ser solo frecuentado por bandas peligrosas, también hay otros comensales que buscan un rato de diversión, lo que significa que dejó de ser cien por ciento propiedad de la fiscalía y ahora sirve como negocio propio de Elizabeth.
–Pero tiene los permisos legales, ¿no?
–Sí… Sin embargo, se hizo un contrato con menores de edad, lo que es grave. Ninguna licencia legal permite y avala el trabajo infantil, mucho menos cuando la integridad física y psicológica de los menores está en juego. Esto, prácticamente, era un comercio sexual.
–Te noto algo tensa –dijo Caroline apoyándose en el escritorio de la fiscal–, ¿algo te preocupa?
–Quiero saber qué es lo que pasaba por la cabeza de Elizabeth cuando pensó en contratar a las chicas. Necesito saber cómo es que lo permitió. ¿Ya conocía a la familia Utonium? No lo entiendo, simplemente no lo entiendo.
–Estoy segura que ha de tener una buena explicación para ello –dijo muy convencida–. No es una persona que actúe sin pensar.
–¿Estás segura?
–Absolutamente –aseguró asintiendo con la cabeza.
Stewart soltó su coleta para volver a atarla, bajo la atenta mirada de Caroline, quien sobaba su barbilla sin dejar de sonreír en ningún minuto. En la opinión de la fiscal, ella miraba de esa manera cuando intentaba analizarte, buscando alguna falencia o algo para hacerte caer, una actitud que su hijo Butch había heredado. Daba gracias no tenerlos a ambos frente a ella en este momento.
Tocan a la puerta, Stewart responde para que entren y se encuentra con Reagan, algo sonrojada, pero con una expresión seria en su rostro, tratando así de imponer profesionalismo. Caroline la miró afable, pero Reagan no pudo corresponderle puesto que su mirada estaba fija en la fiscal para la que trabajaba.
–Ya está aquí –dijo la chica.
–Que entre, y tú también –respondió la fiscal.
Reagan asintió, salió del umbral de la puerta, y la figura de Elizabeth, envuelta en un vestido color caqui de manga larga, ingresó a la oficina. Saludó y tomó asiento en la silla junto a Caroline, mientras que Reagan cerraba la puerta y se situaba a la derecha de la fiscal, sobre un pequeño piso que le había indicado esta última.
–Vayamos directo al grano, no tenemos tiempo que perder –Stewart se aclaró la garganta antes de volver a hablar–: ¿Por qué permitiste que menores de edad trabajaran en ese club nocturno? ¿Eres consciente de los riesgos a los que te expones?
Lizzie apretó sus labios, miró por el rabillo del ojo a Caroline, incapaz de notar cuál era su expresión o reacción ante la pregunta de la fiscal. Suspiró profundamente, echó la cabeza hacia atrás cuando exhaló. Debía decir todo, contar todo desde el principio sin escatimar en detalles innecesarios. No pretendía salvarse, siempre tuvo en conocimiento las penas a las que se enfrentaba, pero no tenía derecho de intervenir.
–Cuando Blossom tenía quince años –empezó a hablar– llegó a "The Rush Time Club" pidiendo trabajo, en ese entonces, Marge era quien estaba a cargo. Marge era una mujer robusta que, si era posible, se hubiera tatuado el signo peso en el rostro.
–¿Marge? –preguntó Stewart–. ¿Quién es ella?
–La auténtica dueña de "The Rush Time Club", Marge Johns, actualmente está en España, dirigiendo otra red de prostitución –se encogió de hombros–. Se supone que su arresto estaba siendo tramitado, pero tal parece que no se ha llevado nada a cabo. ¿Por qué, fiscal? ¿No era usted la que estaba a cargo de los delitos sexuales e íntegros de las mujeres?
Aquella postura desafiante y el tono demandante en la voz de Lizzie no hizo más que poner incómoda e irritar a la fiscal. Reagan, en tanto, miraba a Caroline que mantenía su mirada fija en Stewart, luego miró a su novia y, aunque no podía sobreactuar, tenía muchas ganas de lanzarse encima de ella por lo orgullosa que estaba.
–Eso es información clasificada –se defendió Stewart–, por favor, prosiga con su relato.
–¿Por qué estoy dando declaraciones en su oficina? ¿Qué pasa con la sala de interrogatorios? –preguntó Lizzie.
–No es necesario –respondió la fiscal.
–¿Por qué?
–Esto no es un interrogatorio –aseguró Stewart, dejando entrever que estaba algo frustrada–. Quiero información, que cooperes con eso y podamos entender el comportamiento de las chicas en un inicio. Si te preocupa saber si estás siendo grabada, es efectivo, estás siendo grabada –señaló las esquinas de la oficina–. Hay una cámara en cada esquina y micrófonos escondidos –apuntó a Reagan–. Ella también tiene uno, está activo y grabando desde que te fue a buscar.
–Oh, ¿entonces escucharán mi declaración de amor? Qué vergüenza –bromeó Lizzie, haciendo reír un poco a Caroline–. Ya, basta, Stewart, no te tenses. Quería saber si estaba quedando registro de esto para poder hablar con más tranquilidad.
La fiscal se echó hacia atrás, parecía que la migraña no se iba a ir pronto, y Lizzie se lo estaba haciendo todavía más difícil de afrontar. No estaba segura de si podría soportar toda la sesión, no le quedaba más que pedir que relatara.
–Prosigue con tu declaración, por favor, no tengo todo el día –pidió, algo cansada ya la tenía la situación.
–Como decía –Lizzie entendió que ya no podía atrasar más ni desviar la atención–, Blossom llegó al club cuando estaba bajo el mando de Marge. En ese momento, entendí por qué me habían enviado para allá –la fiscal entrecerró los ojos–. Yo trabajaba para Tyler, y tres días antes de que Blossom llegara al club, me había pedido que buscara la manera de entrar al club de Marge. Previamente ya me había ordenado acercarme a la mujer, y me encontraba asistiendo al club desde hacía seis meses atrás, como comensal, luego me hice amiga, y como dije, tres días antes de la visita de Blossom, había entrado a trabajar con Marge, era su mano derecha.
–¿Por qué durante ese tiempo? ¿Por qué seis meses?
–Tyler se encontraba ya trabajando en la custodia y seguridad de la familia Utonium, tal parece que Utonium ya sabía que sus acciones podrían traer consecuencias y quería mantener a su familia resguardada del inminente peligro. A Blossom se le había visto en compañía de unas chicas que conoció en su escuela, pero de cursos mayores, chicas que actualmente siguen trabajando en el club, pero asisten en otros horarios y, claro, hacen otra clase de trabajos –sacudió la cabeza–. Como decía, Tyler ya sospechaba de las intenciones de Blossom, así que me pidió acercarme, y ya conocen el resto –rascó su nuca–. Mi labor era resguardarla si encontraba alguna clase de peligro. Yendo como comensal, me di cuenta de quiénes eran los clientes frecuentes, cuáles eran sus patrones de visitas y sus gustos –hizo una mueca de asco–. Claramente no fue una grata experiencia, pero incluso así, Blossom con tan solo 15 años accedió a ese trabajo, y mi labor era mantener a Tyler informado de todos los movimientos, incluso de dar el nombre de cada hombre con el que… se vio involucrada.
Stewart estaba acostumbrada a escuchar de estos casos, sin embargo, nunca dejaba de sentir asco cuando esos sucesos se le eran revelados. Asentía conforme Lizzie seguía con el relato, donde habló del tipo de trabajo que realizó Blossom, la paga que recibía, las mentiras que les decía a sus padres, que su padre tenía pleno conocimiento de lo que hacía, pero no hallaba el modo de sacarla de ahí sin tener que decirle a su familia lo que había hecho él en primer lugar y el riesgo al que se exponían, hasta que llegó el momento en que Lizzie le entregó un folio lleno de documentos, desde fichas médicas hasta contratos y consentimientos que debían firmar antes de ingresar a una habitación con algún cliente.
–Esto debe estar en manos de la fiscalía –aseguró Lizzie, luego miró a Caroline–. ¿Tyler no tiene los registros?
–Claro –asintió la mujer Rowdy–, ya se los había hecho entrega a Reagan, ¿no es así, querida?
Stewart y Lizzie miraron a la aludida quien, sonriendo triunfante, asintió con la cabeza, se puso de pie y fue hasta una de las estanterías de archivos de la oficina, extrayendo un folio negro que terminó dejando sobre el escritorio de la fiscal.
–Debe unirse con esto –dijo Reagan–. La investigación se completa con estos documentos y, los entregados por Elizabeth –Lizzie sonrió levemente al escuchar cómo la llamaba por su nombre de pila– también han de dar cuenta sobre la llegada de los hombres al club –la miró–. ¿Me equivoco?
–En lo absoluto –afirmó Lizzie.
–De acuerdo –dijo Stewart y miró a Caroline–, necesitaré tu ayuda para indagar en la legalidad del actuar de tu esposo –la mujer asintió–, así que la notificación para que reúnas la documentación necesaria te la haré llegar dentro de los próximos tres días.
–Me parece razonable –dijo Caroline–. De todas maneras, he entregado bastante documentación este último tiempo –sonrió–. Espero podamos esclarecer toda esta situación tan pronto como se pueda atrapar a ese asqueroso de Jim.
Stewart asintió, relamió sus labios y volvió su atención a Reagan.
–Será mejor que escoltes a Caroline y Elizabeth a la salida y, si es posible, pedirle a Gillian y Tones que vengan a verme. Llevaremos una reunión para mostrar el material al resto del escuadrón en una hora.
–A sus órdenes –dijo Reagan y les hizo un gesto a las dos mujeres para que se pongan de pie–. Por favor, por aquí.
–Manténgannos informadas, fiscal, por favor –pidió Caroline luego de acomodar su cartera sobre su hombro.
Stewart no dijo nada, solo asintió manteniendo la mirada fija en los ojos de Caroline. Esta última se encaminó a la salida, siendo escoltada por Reagan. Mientras iban por los pasillos, trataba de recordar cuáles eran los archivos que respaldaban la legalidad de su sociedad, y cuáles son los que probaban que los movimientos de Jim estaban siendo ya vigilados. Tenía muchos archivos que revisar, pero tres días era un plazo prudente, los iba a encontrar, y con ello empezaría a dar fin, pronto, a un caso tan peligroso y horroroso para una gran familia.
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Un par de días habían pasado desde que Bubbles había ido a dar su declaración y, a los ojos de Blossom, desde ahí que el ambiente se había tornado un tanto lúgubre, como si hubieran vuelto al inicio del camino, a aquel día en que le notifican a su madre, mediante una llamada, que su padre había fallecido.
Pensaba que podría estar en compañía de Brick para calmar un poco las malas sensaciones que estaba sintiendo de momento, pero este se la pasaba encerrado en el antiguo estudio de su padre revisando documentos y garabateando planos en compañía de Butch.
Buttercup, en tanto, pasaba en compañía de Bubbles quien constantemente intentaba acercarse a Boomer, sin éxito. En el último tiempo, él había estado recibiendo terapia, además de tratamientos médicos en su propio hogar por precaución, así que se la pasaba haciendo ejercicios para mantener la musculatura de sus piernas activa, del mismo modo, recuperar la completa movilidad. No es que Boomer fuese incapaz de caminar, es solo que, en su estado, había perdido fuerza muscular, lo que le impedía caminar largas distancias.
Desde la ventana de la sala, pudo ver a sus hermanas hablando entre ellas, a la distancia estaba Boomer con Mary, su enfermera pelirroja de unos treinta y tantos, dando un paseo. Ya había visto cómo Bubbles se había ofrecido pero él, sonriendo, la rechazaba cálidamente.
–Así que aquí estabas.
Se giró violentamente para ver a Brick haciendo su entrada a la sala, con el cabello revuelto, unas pequeñas ojeras y la piel algo seca. Tenía una camiseta blanca sin mangas y unos jeans, de uno de los bolsillos extrajo una cajetilla de cigarrillos y colocó uno de ellos en su boca.
–Voy a fumar un poco, ¿me quieres hacer compañía?
–Pero tendrás que tirar el humo lejos de mí –dijo Blossom.
Brick sonrió y asintió. Hizo un gesto con la cabeza y ambos se dirigieron al patio trasero, se sentaron en las sillas de la terraza, él se encargó de tomar en consideración el sentido del viento para no molestar a Blossom con el humo. Una vez instalados, encendió el cigarrillo, desprendiendo el olor del tabaco y el papel que tenía un perfume a cerezas.
–Perdona por no pasar tiempo contigo últimamente –dijo de repente–, he querido hacerlo, pero ahora son otras las prioridades y no puedo dejarlas pasar, así como así.
–No pidas perdón, Brick, no es necesario. Yo… de verdad entiendo que la situación es grave y necesitan unirse más que en cualquier otro momento para recopilar información, Caroline ya nos lo explicó todo –él de la una larga calada a su cigarrillo–. No te preocupes por mí, puedo sobrevivir días sin ti.
–¿Ah, sí? –Brick arqueó una ceja mientras que ella sonreía tímidamente–. Vaya, no sé si alegrarme o entristecerme.
Volvió a dar una calada a su cigarrillo, Blossom simplemente frotó sus manos y las dejó reposar sobre la mesa de vidrio. Brick, en tanto mantenía su mirada fija en ella, acercó una de sus manos a su rostro y, delicadamente con la yema de sus dedos, tocó su rosada mejilla, sintió la suavidad y la calidez de la chica quien, en ningún momento, intentó alejar el tacto.
Blossom cerró los ojos, totalmente entregada al calor que el tacto de Brick le estaba brindando en el momento. Inclinó un poco su cabeza para que fuese más cómodo para él seguir, y, claro, para ella, recibir aquella leve caricia que llevaba anhelando desde hacía un tiempo.
Brick apagó el cigarrillo, rompiendo así el contacto con Blossom que se extrañó de inmediato con esa acción, pero luego vio que él le hacía una invitación a sentarse en su regazo y, con el palpitar a mil por hora, se acercó y se acomodó sobre él, abrazándolo por el cuello y dejando que él la abrazara por la cintura.
No estaban en ninguna posición comprometedoramente sexual, tampoco tenían la intención de tenerla, simplemente estaban disfrutando de un abrazo tan cálido y entrañable que no había necesidad de pasar a niveles diferentes.
Ella se alejó un poco, quería admirar el rostro cansado de Brick un poco, lo tenía tan cerca después de tanto tiempo, que solo quería admirarlo un poquito más antes de volver a abrazarlo, él le correspondía la mirada, pero sus ojos bajaron hasta posarse en los labios de la chica. No fue necesario ningún movimiento, porque ella se había dado cuenta de aquello y ella misma fue quien se acercó para poder sentir esos labios de Brick.
La textura de sus labios no se sentía como antes, porque estaban secos y algo ásperos, pero qué más importaba, lo estaba besando igual, después de experimentar tanta tensión, tanta tristeza y ansiedad, estaba intentando buscar relajo y consuelo, solo quería sentirse protegida, y en los brazos de Brick encontraba todo lo que anhelaba.
–Te amo –le murmuró sobre sus labios.
–Te amo –le respondió el chico acariciando su mejilla–. Todo esto va a terminar, y tú y yo podremos tener una relación más tranquila. Te lo prometo, Blossom, por todo lo que te amo, que haré que todo este sufrimiento termine.
Iba a responderle, pero ambos escucharon un estruendo y la voz de Butch resonando muy fuerte diciendo el nombre de Brick. Al cabo de un par de segundos, Butch apareció en el patio trasero, sin camisa y con el cabello suelto y algo revuelto. Ignoró el momento romántico que habían estado teniendo y enseñó su celular.
–Soltaron a Jacqueline –dijo sin más.
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Stewart y Jeff habían llegado al hospital y se identificaron con las autoridades médicas a cargo, se mantenían a la espera del resto de la brigada y también a la espera de la llegada de los familiares de Jacqueline, necesitaban hablar con ellos. La presencia policial llamaba la atención entre quienes estaban en la sala de espera de las urgencias, pero solo era un cuchicheo entre los acompañantes, tampoco es como si todos estuvieran al pendiente de una situación que nos los incumbe.
De pronto, un hombre fofo con un notorio bigote blanquecino hace aparición en la sala, se veía desesperado, tras él ingresó una mujer de talla media con el cabello color cereza atado en un bollo mal hecho. Pidieron hablar con los asistentes de la salud a cargo, no prestaron atención a la fiscal ni a Jeff, pero este último fue capaz de identificar de quién se trataba.
–Son los padres de Jacqueline –le dijo a Stewart–. Deberíamos hablar con ellos, luego de que se enteren del estado de salud de su hija.
–De acuerdo –dijo Stewart.
Reagan llegó a su lado, vistiendo con orgullo su uniforme de policía de investigaciones, guardó el móvil en su bolsillo y se apresuró a decirle a su superiora:
–Los Rowdy están al tanto de la situación, me encargué de dejar el recado con Butch, quien se los comunicará de inmediato.
–Les dijiste que no vinieran, ¿cierto? –preguntó Jeff.
–Sí, fue difícil convencerlo, pero pareció entender. Les comuniqué la hora de la reunión y pareció calmarse con la idea de venir al hospital –respondió Reagan.
–Perfecto –dijo Stewart–. Espero de verdad que no vengan, será muy invasivo para la familia. Ya es suficiente con tenernos acá, imagina tenerlos a ellos.
–Tengo entendido que son familias amigas –dijo Jeff.
–Aun así –insistió Stewart–, será mejor que aparezcan en la reunión de esta tarde.
Reagan checó la hora, apenas era mediodía. La reunión estaba fijada para las cuatro y media de la tarde con una duración de una hora, esperaban tener algún tipo de respuesta o información con la que contribuir a la investigación y acusación contra Jim.
Los Gallagher ingresaron a hablar con el doctor, así que los tres detectives se encargaron de aguardar hasta que el momento de hablar con ellos llegara. Pasaron unos veinte minutos, y los Gallagher salieron en compañía de uno de los doctores y una enferma, esta última señaló en dirección de los uniformados y se dirigieron al encuentro.
–Señor y señora Gallagher, soy Stewart, la fiscal a cargo del caso en que su hija, Jacqueline, se vio involucrada.
El hombre estrechó la mano de la mujer y suspiró agobiado. Sus ojos estaban rojizos, así como también los de su mujer. Pero no era momento de escatimar en detalles personales, estaban ahí por información y para saber cuándo sería posible obtener una declaración por parte de Jacqueline.
–¿Cómo se encuentra la chica? –preguntó Jeff al doctor. El hombre rubio acomodó sus gafas, asintió levemente con la cabeza y frunció los labios, algo que preocupó a Jeff–. ¿Pasó algo?
–No está en riesgo vital, pero llegó en un estado grave. Entre sus ropas se encontraron marcas de sangre, tierra, rastros de vómito y fecas –miró a la enfermera que mantenía sus manos presionadas contra su pecho–. La señorita Hilary fue quien estuvo de testigo a la hora en que el cuerpo de la joven fue dejado en la entrada del hospital.
–Antes de pedirle la palabra, señorita Hilary –interrumpió Stewart y miró a los Gallagher–, necesito preguntarles a ustedes si…
–Haremos entrega de toda la información que pudimos recabar cuando trabajamos en conjunto con los Rowdy, tal y como lo hice al momento de presenciar las declaraciones de la señorita Reed cuando fue liberada –afirmó el señor Gallagher.
Stewart asintió y volvió a mirar a la enfermera, haciéndole un gesto para que hablara.
–Yo estaba ofreciéndole un té a una abuelita que llevaba esperando tres horas junto con su familia, su nieta estaba grave, cuando escuchamos el chirrido de las llantas sobre el asfalto. Todos los presentes miramos hacia afuera, y un hombre que no dejó ver su rostro, dejó el cuerpo de la joven Jacqueline a la entrada, luego de eso se subió rápido al vehículo sin patente y salieron de las dependencias del hospital –extendió sus manos dejando ver un sobre blanco y arrugado, se lo entregó a la fiscal–. Al momento en que me acerqué a ella, me hizo entrega de este sobre y solo dijo "policía", así que asumo que la carta deben tenerla ustedes.
Stewart se alejó un poco cuando tuvo el sobre y admiró con detalle cada arruga, punta doblada y mancha amarillenta que contrastaba con el blanco del papel. Reagan y Jeff, en tanto, pedían datos para poder tomar las declaraciones pertinentes, tanto del doctor para testificar el estado de salud de la paciente, los padres para entender la labor que cumplía su hija con la misión y por qué se vio involucrada, y la enfermera como testigo clave del encuentro del cuerpo de Jacqueline.
Reparó en que tenía un escrito en el borde inferior derecho, con tinta negra, garabateado a la rápida o por alguien con una caligrafía bastante mala. Solo dos palabras que le pusieron los pelos de punta y la sangre hirviendo de rabia.
–¿Tienes tal descaro? –masculló.
En el sobre se escribía: "Siete razones".
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Momoko Hiim: No lo sé, puede que exista alguien que no le haya gustado esa realidad. Bueno, bueno, es que no puede ser todo: vive sin recordar nada, o está muerto. Qué drástica me puse, eh. Muchas gracias por leer, y me alegro de que te haya gustado. Espero verte de nuevo por aquí.
Lala: Me siento orgullosa por tenerte así, ah. ¿En este capítulo te ayudé en algo o no? Espero que sí.
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Antes de agregarme, mándenme un mensaje, porque tengo la cuenta privada (demasiadas malas experiencias con la cuenta pública), en él me pueden decir qué historia mía leyeron, así los acepto y podemos incluso hablar.
¡Gracias por leer! Hasta la próxima.
