SHIKURO: UN CUENTO DE HADAS EN EL CARIBE
Por Inuma Asahi De
Traducido por Inuhanya
Disclaimer: La escritora no posee ninguno de los personajes creados por Rumiko Takahashi pero todos los demás desearían que sí. Todos los personajes originales o conceptos son de la autora Inuma Asahi De (a excepción de las figuras históricas).
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Capítulo Veintiséis:
La hermana menor
La habitación quedó en absoluto silencio. El nombre en los labios de la anciana y la maldición que había dejado la propia boca del Capitán desaparecieron, dispersándose en el aire al igual que las nubes se disipaban en el cielo después de una tormenta. Las orejas de Inuyasha se movieron en su cabeza, asimilando el sonido de cada latido que resonaba en la habitación. Podía escuchar el golpeteo confundido de Miroku, la palpitación nerviosa de Sango, el ritmo continuo de Shippo, la cadencia de incertidumbre de los latidos de Kagome y la cadencia de conocimiento de Kaede, de verdad, cada mujer poseía una parte de su actual espectro, su actual infierno. Y debajo de esos latidos yacía uno que estaba acostumbrado a ignorar pero ahora era el más difícil de ignorar, era el más fuerte de todos ellos, estaba palpitando ridículamente.
Era el suyo propio.
Era un latido fuerte e imponente, un golpeteo en su pecho que le recordaba a un conejo mientras corría frenéticamente de las fauces de un lobo. Moviéndose, con pánico y asustado entre la maleza de un bosque desconocido, queriendo nada mejor que desaparecer inexplicablemente antes de ser tragado por un predador metafísico. Y ese predador, el que estaba persiguiendo el conejo atacándolo fue la respuesta que la anciana ante él había revelado involuntariamente.
Cerró sus ojos por un momento, sus latidos más fuertes en su pecho mientras inhalaba un profundo respiro tras respiro, intentando controlar el constante martilleo. "No," se dijo sin hablar mientras el demonio en él se tornaba más silencioso, sin pronunciar una palabra como si lo hubiese sabido en todo momento y no deseara escarbar en ello. "No puede ser verdad, tal vez solo se vean iguales—sí—," continuó negando, el demonio en silencio sacudía su cabeza en el fondo de su mente. "Ella se confundió porque tienen la misma cara. Eso no hace a Kagome—"
"Kikyo?"
El susurro de la anciana llegó de nuevo a sus oídos, ahora más cerca, estaba acercándose a ellos dirigiéndose hacia Kagome, podía decirlo por el sonido de sus pasos. Desviando sus ojos en su dirección, miró a la anciana, comparándola con la niña que había conocido alguna vez, la pequeña que había seguido a su hermana con adoración y una dulce sonrisa.
"Hermana! Inuyasha!" Una pequeña niña de cabello marrón con una suave sonrisa los llamó, ambos se giraron para ver al pequeño estorbo. Un estorbo para él quien estaba cortejando y un estorbo para ella quien deseaba que nadie viera. "Me esperan?" Llamó la bebé, dulce e inocente, sus dos ojos castaños vibrantes a diferencia de su hermana, imparciales a diferencia de su hermana, receptivos a diferencia de su hermana.
Viéndola ahora se veía vieja, una anciana que aparentemente había vivido una vida dura. "Un parche en el ojo." Inuyasha sintió sus manos temblar mientras miraba a la anciana, la evidencia de alguna gran atrocidad para quien mirara su parche cubriendo un iris indigno e incapaz. "Cómo lo perdió? Cuándo lo perdió? Debió haber sido después de que me fui pero—" Apretó sus dientes horrorizado ante lo que eso significaba. "Si no me hubiese ido, ese ojo estaría ileso?" Escuchó decir a su conciencia mientras estudiaba la apariencia oscura de la mujer. "Estaría indemne?" Repitió su mente mientras un grito llenaba su subconsciente, golpeándolo duro como una bofetada en la cara.
"Hermana!" Casi podía escucharla gritar por el consuelo perdido de Kikyo. "Inuyasha!"
Hizo una mueca de dolor mientras su psique ponía su propio nombre en los jóvenes labios de la niña hasta que casi podía verla, pequeña y asustada deseando que su hermana y él mismo la salvaran pero nunca llegaron porque una estaba muerta y el otro—también podría haberlo estado.
"Inuyasha—." Podía verla cayendo al suelo, sangre brotando por su rostro mientras lo llamaba herida y asustada. "Dónde estás?"
Desechó las voces. "Esta anciana y esa niña son dos personas diferentes." Razonó consigo mismo mirando la frágil criatura ante él con culpa aun devorando su corazón. "Son diferentes por el transcurso de cincuenta años." Continuó diciéndose. "Por todo lo que sé, perdió su ojo de vieja, no de niña." Lamió sus labios. "O al menos eso espero." Tragó ante la noción. "Sólo espero—que no me odie ahora." Necesitando sentir seguridad en ese hecho, olfateó el aire, tratando de medir a la anciana por su aroma. Lamió sus labios asimilando todos los aromas en la habitación, una guía a su mundo. Rápidamente, se desplazó hacia los aromas de Shippo, Sango y Miroku, sus conocidos olores fáciles de ignorar, luego se permitió brevemente oler la fragancia de sal y flores, dejando a Kagome superar sus sentidos, calmándolo lo suficiente para que el siguiente olor no lo llevara a un completo ataque de ansiedad.
Los ojos de Inuyasha se cerraron fuertemente asimilando el próximo olor; era justo como lo recordaba.
Suave y gentil, caprichosa y aludida, como las hojas de un árbol de sauce suspendidas sobre la orilla de una laguna, meciéndose en una brisa gentil. "Aún huele como una niñita." Registró débilmente asimilando el olor de sus emociones, olía calmada, tranquila, y no un poco confundida o sorprendida. "Ella sabe."
Como si saliera de una pesadilla, los ojos de Inuyasha se abrieron de golpe y miró a la anciana de pie frente a Kagome. Su ojo bueno estaba fijo en la joven, mirándola con tal amor y adoración que por un segundo pensó que estaba en el pasado viendo a esa misma pequeña mirar a su hermana como si fuera la heroína viva más grande. "Kaede." Trató de hablar pero su voz salió tan silenciosa que ni él pudo escucharla.
"Kikyo?" Repitió Kaede de nuevo inconsciente de su presencia mientras se acercaba a Kagome, sus manos extendidas hacia la joven, alcanzando por ella mientras Inuyasha las miraba desde atrás en un estado de completa parálisis, observándola acercarse, incapaz de moverse o hablar.
"Kikyo?" Repitió Kagome completa y totalmente desconcertada mientras la anciana llegaba a ella tomando sus manos en las suyas arrugadas, sosteniéndola fuertemente como si la anciana tuviera miedo de que Kagome pudiera desaparecer. "Yo—lo—ah—siento," tartamudeó sorprendida por el repentino contacto. "Pero no soy—Kikyo?"
Inuyasha hizo una mueca, incluso Kagome sonaba insegura de algo de lo que no sabía nada pero tal vez subconscientemente su alma ya era consciente, despierta y conocedora de la situación. La idea no le sentó bien.
La anciana retrocedió ante el sonido de la voz de Kagome, retirando sus manos para sorpresa de Inuyasha y Kagome. Parpadeó varias veces mirando a Kagome en completo estupor, como si no pudiera creer lo que la joven hubiese dicho o tal vez simplemente no lo hubiese entendido. "Kikyo?" Susurró suavemente, diciendo la única palabra que había pronunciado, su voz débil y aireada como si se escapara de sus arrugados labios. Con cautela, alcanzó y tocó la mejilla de Kagome, tocando la suave piel hasta que se enrojeció por la vergüenza de Kagome.
Tras ellos, Sango avanzó deteniéndose al lado derecho de Kagome y depositó una mano en el hombro de Kagome para llamar su atención. "Puede que hable solo francés." Susurró Sango mientras miraba a la mujer en cuestión quien parecía aturdida. "La mayoría de las personas aquí no saben inglés o al menos no muy bien." Añadió girándose hacia Miroku por confirmación, él lo hizo en forma de un distraído movimiento de cabeza, sus ojos miraban a la única persona que tendría que contribuir a la conversación.
Se enfocó en su padre, su Capitán, su amigo, asimilando la paralizada estatua que era Inuyasha. Miroku se cerró ante la mirada en los ojos de Inuyasha mientras miraba entre las dos mujeres, completamente enfocado y aparentemente vacante, igual que antes mientras caminaban. "Qué está pasando?" Se preguntó Miroku mirando a la anciana quien aún parecía estar en un estado de shock, sus ojos incapaces de dejar a Kagome por nada, ni siquiera el sonido del susurro de Sango la había desviado del rostro de Kagome.
"Quién eres tú?" Las palabras hicieron eco en su mente mientras miraba a Inuyasha sobre su hombro, sus ojos analizaban cada rasgo del hombre. Se veía nervioso, ansioso, tal vez un poco—asustado—pero más que eso, veía a la anciana con ojos de reconocimiento como si la conociera. "Esta es la persona que vamos a ver aquí." Se volvió hacia la anciana rápidamente mientras era envuelto por la comprensión. "Esta es su vieja amiga pero—si esta es la amiga entonces—por qué el Capitán está tan afectado?" Miroku frunció sus cejas ante la idea. Nada de eso tenía sentido.
"Tal vez," el sonido de la voz de Shippo que salió desde su lugar en brazos de Kagome regresó a Miroku a la situación actual. "Es sorda, mi abuelo actuaba así y él era sordo." Sugirió el pequeño haciendo que Kagome lo callara.
"Shippo, eso fue muy grosero," reprendió Kagome mientras miraba a la anciana enviándole una mirada apologética solo para encontrarse mirando unos ojos esperanzadores que estaban fijos únicamente en ella. Kagome sintió una punzada en su corazón ante la vista.
"Alguien necesita traducir." Murmuró Sango para sí mientras observaba a la anciana, su mente trabajaba intentando imaginar qué hacer. Personalmente, solo hablaba un poco de francés, habiendo nacido en Inglaterra y educada por un tutor galés no había sido privilegiada para aprender el idioma diplomático. Sin embargo, siempre había una persona a la que acudía en momentos como este, un hombre que conocía cada idioma que hubiese escuchado, "Capitán!" Rápidamente, Sango giró su cabeza, asimilando la vista de su Capitán, solo para encontrar exactamente lo que Miroku había visto momentos antes.
El Capitán parecía paralizado en su lugar, sus ojos miraban vacíos, sin moverse, fijos en la situación pero parecía como si no estuvieran viendo nada de lo que pasaba en frente de ellos—como si estuvieran en otro lugar, como si estuvieran viendo algo que no estaba ahí, en otro tiempo tal vez u otro lugar.
"Capitán?" Susurró ella y parpadeó sorprendida cuando sus orejas no se movieron. "Puede escucharme?" Preguntó ella levantando su mano ligeramente, moviéndola en su dirección, no movió una pupila. "Algo no está bien." Lentamente, miró a Miroku, sus ojos se encontraron con los suyos, comunicándose con él en silencio al ladear su cabeza, moviendo sus ojos hacia el aturdido Capitán. "Miroku," respiró ella dándole una significativa mirada. "Por qué no traduces?"
Miroku miró al Capitán mientras lamía sus labios, ya había sabido que el Capitán estaba comportándose extrañamente. "Seguro." Asintió disparándole una significativa mirada, una mirada que decía 'hablaremos después,' Sango sabía lo que quería decir.
Turbiamente, la conversación pareció registrarse en la cabeza de Kagome mientras veía los aguados ojos de la anciana. "Francés?" Murmuró como si hubiese notado lo que Sango había dicho. "Yo hablo francés." Kagome sacudió su cabeza violentamente ante la idea, "Estúpida Kagome." Murmuró para sí mientras levantaba una mano para detener a Miroku quien comenzaba a caminar en orden de hablarle a la anciana.
"No es necesario." Informó ella mirando los ojos de la anciana, su corazón se apretó ante la vista de esos profundos pozos castaños. "Je ne sui spas Kikyo." Dijo Kagome su frase anterior, esta vez más forzadamente y en el hermoso idioma francés para sorpresa de todos. "Je suis Kagome." Se señaló para enfatizar, esperando que la mujer mucho mayor entendiera su significado, entendiera francés y no fuera sorda como lo había sugerido Shippo.
Tras ellas, Inuyasha parecía regresar cuando el sonido de Kagome hablando francés golpeó sus orejas, haciéndolas mover en su cabeza, haciéndolas mover por primera vez desde que había comenzado la conversación. "Ella—," Su mente regresó lentamente, como si saliera de un sueño. "Habla francés? Dónde aprendería a hablar francés?" Sintiéndose mareado, cerró sus ojos pensando en silencio la pregunta pero sin respuesta. "Tendré que preguntarle, la próxima vez que estemos solos." Por ahora, sin embargo, sabía que era mejor enfocar toda su mente en la conversación en mano, había preguntas más importantes por responder que el cómo había aprendido a hablar francés Kagome Dresmont.
Al lado de Kagome, Miroku miró impresionado a la joven pero instantáneamente se reprimió por haber olvidado que Kagome tenía una madre francesa. Recordó brevemente conocer a la mujer cuando habían dejado a Kagome después de la cena en Port Royal. Aunque no había sido dicho explícitamente, el sonido del acento de la mujer era muy francés, por lo tanto, podía asumir que la madre de Kagome era una nativa francesa y le había enseñado francés a Kagome cuando era una niña.
Mientras esa idea lo dejaba, Miroku miró a su padre tras él, "No estuvo ahí cuando conocimos a su madre. No lo sabía." Reconoció viendo la sorprendida mirada del Capitán. "Interesante." Musitó mordiendo su labio. "Cambiaría en algo si supiera que ella—que ellos tienen más en común que solo el mar?"
Miroku no tuvo tiempo para sopesar la idea, sin embargo, cuando el sonido de la anciana hablando de inmediato lo sacó de su propio diálogo interno.
"Kagome?" La anciana susurró retirando su mano de Kagome, llevándola a su corazón antes de dejarla caer completamente, su voz silenciosa mientras miraba a Kagome con su ojo castaño bueno, estudiándola intensamente. "Tu nombre ahora puede ser Kagome," salió su rasposa voz. "Pero lo que no es ahora lo fue alguna vez."
Kagome tragó, la mujer habló inglés, perfecto inglés, "Tal vez estaba—muy aturdida para hablar. Tal vez me parezco un poco a Kikyo y fue un shock ver una cara familiar." Pensó mientras observaba a la anciana asentir como si confirmara algo, una idea tal vez. "Es vieja, tal vez sus ojos," Kagome pausó mirando el parche de la anciana antes de corregirse. "Su ojo no está bien." Parecía plausible para Kagome. "Kikyo debe haber sido importante para ella," Añadió Kagome pensando. "Tan importante que verla hizo que la anciana se paralizara." Kagome frunció sus ojos ante la idea. "Tal vez era una amiga suya o un miembro de la familia, tal vez una hermana?" Kagome se encogió ante la idea. No importaba realmente, después de todo no tenía conexión con esta anciana o la mujer llamada Kikyo, así que además de pura curiosidad no la afectaba realmente.
Fue entonces que las palabras de Kaede parecieron golpearla realmente, succionándola con ellas, justo como una ola succiona a un pobre nadador en el mar.
"Tu nombre podría ser Kagome ahora pero lo que no es ahora lo fue alguna vez."
"Qu—é?" Sacudió su cabeza intentando entender las extrañas palabras. "Está diciendo que ahora soy Kagome pero," parpadeó varias veces mirando a la anciana entre cada movimiento de sus párpados. "No siempre lo fui? Lo que no es ahora lo fue alguna vez? No siempre fui—quien—soy ahora? No siempre fui—Kagome?" Instantáneamente una ola de consciencia la atravesó mientras envolvía sus brazos fuertemente a su alrededor como una forma de protección mientras miraba a la anciana. "Si no fui Kagome entonces—quién fui? Solo puedes ser una persona, no puedes ser alguien más, eso es imposible."
Ella mordió su labio rudamente, sus ojos intensos mientras hablaba. "De qué estás hablando?" Demandó ella, su voz un poco temblorosa.
La mujer solo continuó mirándola con su penetrante ojo castaño, haciéndola sentir vulnerable. Más vulnerable de lo que se sintió en toda su vida, más vulnerable que cuando había sido marcada, más vulnerable que cuando el Capitán la había besado sin sentido, aún más vulnerable que cuando había sido secuestrada por Manten, se sentía completamente indefensa bajo la mirada de esta anciana. "Qué está mirando?" Se preguntó Kagome mientras retrocedía, topándose con Sango, pisando el pie de la otra joven.
"Ouch." Siseó Sango retirándose, no lastimada físicamente sino solo sorprendida por el repentino retroceso de Kagome.
"Lo—ssien—to," Tartamudeó Kagome mientras se giraba ignorando a la mujer en favor de disculparse con su amiga, alcanzándole el joven Shippo a Miroku por temor a que pudiera lastimarlo también en su susceptible estado.
La ligera risa de la mujer llamó la atención de Kagome y antes de poder evitarlo se giró, sus ojos se iluminaron en un sonriente rostro arrugado. "Perdóname," murmuró la anciana llamando la atención de todos hacia ella, sorprendidos por su repentino cambio de tono. "Te he asustado." Dijo con un movimiento de su mano mientras se giraba, regresando al bar y despidiendo lentamente todo lo transcurrido en los pasados momentos con un movimiento de su mano.
Fue solo entonces que Inuyasha finalmente ganó de nuevo control de su voz, saliendo de su estado para detenerse directamente al lado de Miroku. "Viste su alma?" Resonó su voz, retumbando fuertemente por las paredes, asustando a todos, haciéndolos saltar mientras su profundo barítono se extendía en la taberna golpeando cada rincón.
La anciana no pareció perturbada mientras se daba la vuelta, su ojo bueno se fijó en él, aparentemente inafectado. "Inuyasha, veo que finalmente despertaste." Exhaló ella total y completamente inafectada por su voz antes de fruncir sus ojos, "Nunca pensé verte otra vez." Su voz no era brusca pero definitivamente notaba algo de disgusto.
"Yo tampoco pensé volverte a ver." Declaró Inuyasha bruscamente, cruzando sus brazos sobre su pecho, su corazón palpitaba tan duro que podía sentirlo en el interior de su brazo. "Has envejecido." La miró secamente. "Eres una vieja bruja—ah—Kaede?"
La anciana chasqueó su lengua. "Sólo los demonios como tú permanecen jóvenes para siempre." Declaró ella franca mientras caminaba detrás del mesón del bar y agarraba una escoba cercana para comenzar a limpiar el vaso roto que había soltado en su shock inicial. "Puedo asumir que es esta chica," inclinó su cabeza hacia Kagome. "La que te trajo aquí?" Preguntó mientras barría, esta vez dirigiendo sus ojos hacia Kagome, el profundo pozo negro se clavó en los grises de Kagome. El escrutinio hizo a Kagome pasar saliva y moverse incómodamente.
"Sí." Confirmó Inuyasha duramente, sus ojos la miraban fluctuando ligeramente en la luz de la vela, un profundo dorado que parecía distante y duro. Era una vista que ni Sango y Miroku, ni Kagome podían recordar ver.
Los ojos del Capitán estaban llenos de vida, un destello vivía en ellos o peor, cierta cantidad de tristeza o depresión, como todos lo habían visto en una ocasión pero ahora—parecían en guardia, enojados, heridos, y—levemente desconcertados. Kagome llevó una mano hacia su pecho mientras estudiaba al Capitán, sus palabras perplejas.
"Viste su alma?"
Kagome parpadeó rápidamente. "Quiere decir, mi alma, por qué vería mi alma?" Sus ojos se movieron por la habitación, para asimilar la vista de Sango y Miroku quienes se veían tan confundidos como ella, la vista del Capitán que parecía un animal enjaulado (si pudiera pasearse lo haría) y luego sus ojos se dirigieron hacia la mujer, "Kaede?" Kagome dejó que el nombre resonara en su mente. "Quién eres tú y por qué—cómo podrías, ver mi alma?" Sintió una ligera punzada en su corazón mientras una respuesta parecía salir a la superficie de su mente, una que sólo se ajustaba y aún era fácil de aplicar a la pregunta al mismo tiempo. "La única razón por la que miras algo es para ver algo. Qué quieren ver?"
"Eres un tonto." Dijo la mujer franca sacando a Kagome de sus pensamientos mientras Kaede se agachaba, levantando los fragmentos de vidrio que había reunido en una pila, estudiándolos uno por uno con interés como si debatiera qué hacer con ellos antes de depositarlos en el mesón.
Inuyasha echó para atrás sus orejas y arrugó su nariz ante su declaración. "Qué demonios sabrías?" Gruñó mientras desviaba su mirada viendo hacia una pared cercana, su temperamento cerca de la superficie pero el demonio en él casi sonaba dormido—no dispuesto a tomar partido de las emociones humanas que encendían su rabia.
"Sé que en cincuenta años no has venido a visitarme una vez." Dijo Kaede estudiando un particular pedazo de vidrio, su ojo bueno lo observaba brillar a la luz antes de depositarlo en el mesón. "Dónde has estado?" Su voz se tornó levemente irritada mientras lo miraba con disgusto en sus labios. "Clavado en un árbol o algo así?"
Alrededor, todos observaban sorprendidos mientras la anciana regañaba al Capitán como si fuera un niño que fue atrapado robando.
Inuyasha parpadeó rápidamente como si no hubiese esperado que esto pasara y rascó la parte trasera de su cabeza en shock. "Qué—qu—um, he estado por ahí." Hizo una mueca ante sus propias palabras, su culpa anterior se amplificó con su declaración. "Cielos—en verdad lo arruiné." Sus orejas se aplastaron en su cabeza. "Sólo era una niña, lo menos que podría haber hecho era checarla de vez en cuando," sintió sus orejas aplastarse más a su cráneo. "Si lo hubiese hecho podría haberla detenido de lastimarse ese ojo—o al menos hubiese sabido cuando pasó."
"Nunca viniste a visitarme una vez, no en cincuenta años, mucho tiempo sin un simple hola." Murmuró de nuevo Kaede por lo bajo. "Y entonces finalmente apareces pero," añadió bruscamente. "Sólo porque me necesitas para tus propias razones egoístas," la anciana suspiró. "Había pensado que era más importante que eso."
"Quién demonios es esta mujer?" Dijo Miroku por la bajo, Sango, Shippo y Kagome lo miraron mientras lo decía.
"Eso es lo que quiero saber." Añadió Sango mientras Kagome asentía tontamente a su lado.
"No es un demonio." Contribuyó Shippo, sus ojos verdes miraban a la anciana. "Pero huele muy vieja. Crees que el Capitán la conoce?"
"Sí," dijo Miroku asintiendo firmemente. "La conoce."
"Pero cómo?" Preguntó Sango observando paralizada mientras el Capitán miraba a todos lados excepto a los cuatro de ellos y a la anciana, como si estuviera evadiéndolos. "Hizo tartamudear al Capitán."
Ligeramente sorprendida, Kagome murmuró, "No es así de difícil." Haciendo que Sango y Miroku se giraran hacia ella con ojos interesados, Kagome se giró lentamente mirándolos como si se diera cuenta que inconscientemente había hablado en voz alta. "Quiero decir, ah—deberíamos escuchar."
"Seguro." Dijo Miroku con una maliciosa mirada en su cara. "Lo que digas."
El Capitán se movió incómodo de un lado a otro, su continuo tartamudeo los hizo volver a la conversación, "Bueno—um—," Rió embarazosamente. "No vengo a este lado del mundo con frecuencia, sabes?"
Kaede lo ignoró y continuó vociferando. "Nunca me pagaste una llamada local. Nunca viniste y dijiste," encogió sus viejos hombros. "—vamos a beber juntos o incluso por una taza de té, no—vienes aquí y quieres que trabaje!" Se giró hacia él apuntándole su dedo acusadoramente. "Eres tan malo como recuerdo y entonces solo era una pequeña niña!"
"Ah—," Inuyasha trató de hablar pero ella lo interrumpió antes de poder pronunciar una simple palabra.
"No puedes salirte de esta." Le dijo franca rodeando el mesón. "Cincuenta años sin una palabra y luego traes aquí a esta joven?" Ondeó una arrugada mano hacia Kagome y luego para sorpresa de todos, sonrió. "En verdad no has cambiado," su tono se suavizó como lo hizo su rostro. "Verdad?"
Inuyasha levantó una ceja completamente confundido, tartamudeando mientras intentaba resolver qué decir—inseguro de cómo tratar con un cambio tan drástico de la rabia a casi amor. "Yo—bueno—no." Dijo y para sorpresa de todos sus ojos se agacharon, rehusándose a mirar a la mujer como si se sintiera avergonzado por sus acciones. "No he cambiado. Aun no tengo deseos de estar aquí."
Sus ojos se suavizaron aún más ante sus palabras mientras avanzaba, su comportamiento aparentemente alterado, preocupado. "Puedo entender eso." Respondió calmada. "Nunca he querido regresar por un segundo pero a diferencia de ti, no puedo darme el lujo de irme."
Inuyasha levantó su cabeza y suspiró profundamente mirando el parche que cubría el ojo derecho, su corazón se contrajo en su pecho. "Debió haber sido difícil." Dijo por lo bajo mientras la miraba con ojos encapirotados escondidos por sus revueltos mechones, una mano señalaba su ojo distraídamente.
La anciana lo miró mientras sus palabras dejaban su boca, sus ojos parecieron abrirse con aparente asombro. Con dedos arrugados, alcanzó y para shock de todos en la habitación, tocó la mejilla de Inuyasha, no se retiró. "Estaba equivocada," susurró suavemente. "Has cambiado."
Inuyasha levantó su mano, tomando la mano de la anciana rudamente, aunque más gentil de lo que normalmente haría, la removió de su mejilla y la alejó de él, la acción parecía brusca pero la ejecución fue sensible. "Sólo," comenzó él, sus ojos escondidos por su cabello mientras se alejaba de ella, como si pudiera quemarlo. "Dime lo que quiero saber."
"Estás preparado para lo que verás?" Preguntó Kaede, todo su comportamiento cambió de nuevo, esta vez a una forma filosa casi molesta.
Inuyasha levantó sus ojos para que todos en la habitación los vieran, eran inseguros, casi temblorosos y ansiosos como si fuera un animal enjaulado. Parpadeó varias veces y luego muy planamente mordió su labio antes de desviar sus ojos de la anciana, moviéndolos lentamente hacia Kagome.
Kagome se sintió estremecer involuntariamente mientras la miraba, esos ojos la miraban penetrantes y serenos, como si también estuviera tratando de mirar más allá de ella a algo que no debería ser capaz de ver. "Qué está pasando?" Se preguntó llevando una mano hacia su corazón, sosteniendo el material de su camisa sobre su pecho. "Por qué está mirándome como si—como—si le doliera." No, era más que una mirada de dolor, era una mirada de remembranza, una mirada de pérdida, una mirada de amor, una mirada que había visto antes; una mirada que había acompañado un violín y una angustiosa canción.
"Amor mío, a dónde te has ido?
Te has ido al mar?
Te seguiría, mi amor
Pero no puedo navegar esas leguas."
Ella recordó la manera en que tocaba, su cuerpo una orquesta mientras balanceaba la canción en sus labios, cantándole a alguien que había amado, a alguien que había perdido. "Él perdió a alguien," sintió el susurro hasta la punta de sus pies. "Alguien que amó, alguien que sabía no podría regresar."
"Amor mío, a dónde te has ido?
Has ido al cielo?
Te seguiría mi amor,
Pero un hombre de mar no puede volar."
"No podría hacerlos regresar porque—." La idea reverberó dentro de Kagome, "Ellos—no," Kagome sacudió su cabeza involuntariamente mientras retrocedía levemente, sus propios pensamientos una fuente de incredulidad. "Ella murió." Kagome sintió su corazón acelerarse en su pecho mientras llegaba a ella, mientras las palabras de la canción se asentaban completamente.
"Amor mío, qué haré,
Si no puedo encontrarte otra vez?
Simplemente navegaré el mar
Y buscaré hasta que la luna decline.
Qué más puedo hacer?
Qué más podría decir?
Si tan sólo pudiera ir,
Al lugar que ahora llamas hogar."
"Después de que murió, comenzó a navegar el mar." Concluyó ella en su cabeza mientras su corazón se apretaba en su pecho. "Estuvo perdido y triste, y confundido, y lastimado, así que desapareció, y nunca regresó." Mordió su labio, sus ojos buscando a la anciana, el mundo moviéndose en cámara lenta mientras sus pensamientos corrían salvajes, moviéndose más rápido que la escena ante ella. "Se fue, huyó. Y esta mujer sabía, ella no fue la que murió, pero la conocía, conocía a la mujer que amaba." Sintió algo en su pecho comenzar a romperse, un apretón y una liberación que nunca antes había experimentado. "Y esa mujer, ella—podría ser," El sentimiento eran celos, destrozándola mientras se daba cuenta de la verdad. "Kikyo?"
Inconsciente de la epifanía de Kagome, Inuyasha continuó hablando. "Que me preocuparía lo que ves?" Dijo enderezándose, sus hombros atrás y su mentón alto, su cuerpo calmado pero rígido, como si una máscara hubiese regresado a su lugar. "Sólo continúa con eso ya."
Kaede solo le sonrió divertida antes de girarse hacia Kagome, dándole a la joven una profunda mirada, una sobresaliente mirada. Su ojo bueno miraba duro a Kagome, intenso, demandando como si estuviera tratando de ver a través de Kagome, directo en su alma—de hecho lo estaba. Lentamente, tentadoramente, un poder rosáceo pareció dejar su cuerpo, rodeándola con un brillo angelical que brotó de ella, destellando en el aire, una desconocida y natural electricidad.
Inuyasha se movió incómodo mientras sentía la energía rodeando a Kaede. Sabía qué era el poder, la energía era poder de Miko, el mismo poder que la hermana mayor había poseído y que poseía Kagome y aparentemente también Kaede. Escuchó el pequeño gimoteo de Shippo quien había encontrado refugio en el hombro de Miroku después de dejar los brazos de Kagome. Miró al pequeño grumete, sabiendo que el zorrito de sangre pura sería afectado mucho más rápido que su propia mitad. Apretando sus dientes, se giró hacia la mujer y gruñó por lo bajo, sus instintos protectores despertaron ante el lloriqueo del zorrito.
"Niño lastimado." Shippo gruñó en la lengua de los demonios ancestrales mientras se aferraba al brazo de Miroku viéndose más y más blanco, la energía que estaba rodeándolos a todos entró en su pequeño cuerpo, purificándolo lentamente. Sus pequeños ojos verdes se volvieron hacia Inuyasha, gruñendo distintivamente en el idioma ancestral de los zorros, un idioma que Inuyasha entendía universalmente. "Macho alfa ayuda al cachorro."
"Kaede," gruñó Inuyasha instantáneamente llamando los ojos de la anciana hacia él, los cuales se abrieron sorprendidos ante el sonido de la calmada interrupción del hombre. "Ten cuidado con el enano." Asintió hacia el niño. "Es muy joven para manejarlo."
Kaede miró al niño notando su forma por primera vez y asintió antes de regresar con Kagome, sus ojos enfocados en la joven sabiendo que no necesitaba ver más. La respuesta había sido muy fácil de encontrar. "Se parece a ella, no es verdad Inuyasha? Tienen el mismo poder." Susurró mientras su expresión contenía nada sino paz y amor mientras miraba a Kagome antes de girarse hacia Inuyasha expectantemente. "Eso es por qué la has traído aquí, ya lo sabías, verdad?"
Inuyasha apretó sus dientes mientras todos los ojos se giraban para mirarlo confundidos excepto Kagome quien continuaba mirando a Kaede tratando de entender desesperadamente lo que estaba pasando. "Lo he visto pero—"
"Esa no es la respuesta que buscas." Interrumpió Kaede observando a Inuyasha con un ojo castaño, calmada y compuesta.
Inuyasha gruñó con verdadera irritación golpeando cada poro. "Tengo razón? Viste—" Miró a Kagome, sus ojos de un oscuro y pensativo dorado. "Los orígenes de su alma?"
"Los orígenes de mi alma?" Las palabras golpearon a Kagome, "Mi alma siempre ha estado aquí conmigo, se origina en mí." Kagome sintió su corazón acelerarse aún más en su pecho tornándose casi doloroso. "Por qué necesitan ver mi alma? Qué no están diciéndome? Y—y—quién demonios es Kikyo!" Kagome cerró sus ojos fuertemente mientras sus emociones la dominaban, "Quieren ver mi alma." Su mente corría por comprender toda la información. "Él amó a una chica llamada Kikyo." Más y más información se acumulaba en su cabeza haciéndola marear. "Murió y él la amaba." Mordió su labio sintiéndose enferma del estómago. "Esta anciana también la conoció." La idea la llevó a sus barreras mentales, derrumbándolas, "Me veo como ella, esta anciana piensa que me parezco a ella." Abrió sus ojos sintiéndose mareada. "Está senil?" Preguntó pero ya sabía la respuesta sin tener que preguntar. "Y encima de todo, quieren ver mi alma?" Llevó ambas de sus manos a los costados de su cabeza, intentando masajear la inminente migraña. "Y están hablando de eso como si no estuviera aquí," Sintió su rabia abrumándola, una compuerta a punto de rebosarse. "Es como si estuviera en casa donde mis pensamientos y sentimientos no importaran!" Bajó sus manos rápidamente cerrando sus puños a sus costados, los nudillos crujieron ante el gesto. "No sé lo que está pasando pero—si tiene algo que ver conmigo, entonces será mejor que me lo digan, maldición!"
Levantando su cabeza con determinación, Kagome se alejó de Sango y Miroku llegando a detenerse entre la anciana Kaede y su Capitán Inuyasha.
"Qué está pasando?" Sentenció llamando la atención de Inuyasha y Kaede hacia ella. "Si esto tiene algo que ver conmigo," se señaló. "Entonces tengo el derecho de saber. Díganme, qué pasa con mi alma?"
"Esto no te concierne." Dijo Inuyasha sin pensar levantando una mano hacia el hombro de Kagome y empujándola hacia Sango y Miroku, sus acciones de nuevo rudas pero actuó con cuidado.
Si Kagome notó la gentil naturaleza de sus movimientos o no, era difícil de decir mientras sus ojos se abrían y clavaba sus pies en el suelo rehusándose a moverse una pulgada. "Perdón?" Dijo entre un mentón apretado mientras levantaba sus ojos para encontrar los dorados del Capitán. "Esto tiene todo que ver conmigo si estás hablando de mí, Capitán." Pronunció el rango lentamente como si se burlara mientras se detenía pecho a pecho con él, su cabeza a un pie por debajo de la suya pero aún severa y firmemente alta, desafiante. "Así que por qué no te tomas cinco segundos y me dices lo que está pasando." Terminó ella demandante, la rabia anterior y el dolor en su corazón alimentaron sus palabras.
Inuyasha levantó sus cejas, su boca se abrió con sorpresa asimilando sus palabras, su necesidad de dominar y controlar salió a la superficie instantáneamente. "No tengo que decirte ni mierda." Espetó él, su rostro con disgusto.
Kagome igualó su disgusto con su propia mirada de disgusto, el dolor se duplicó en su pecho mientras él descargaba sus propias emociones sobre ella. "Sí tienes," espetó ella. "Es mi alma de la que estamos hablando así que tengo derecho a saber lo que está pasando con ella."
"Keh!" Inuyasha resopló girando su cabeza, su voz condescendiente cuando habló, el demonio en él despertó, el encanto de su mujer y la voluntad para dominarla lo sacó de las sombras. "Es mi alma," le dijo firmemente. "Yo la marqué."
Kagome apretó sus dientes tan duro que pensó que podrían quebrarse bajo la presión. "Escucha." Gruñó ella mientras clavaba un dedo en el pecho del Capitán. "Tú no me posees."
"Sí, maldición!" Gritó Inuyasha, el demonio en él salía más con cada segundo pasante, estaba enojado de que estuviera desmintiéndolo, enojado de que estuviera peleando con él, enojado de que no entendiera, enojado de que el humano en él sintiera culpa por algo que había pasado cincuenta años atrás, enojado de que no pudiera deshacerse del sentimiento. "Eres mía, te reclamé." Continuó gritando, su sangre salía a la superficie, el demonio presionaba su control rogando por la oportunidad de probarle a esta perra que ella estaba reclamada. "La evidencia está en tu hombro, no puedes negarlo."
Kagome resopló abiertamente, un gesto muy vulgar pero parecía que entre más tiempo pasaba con el Capitán menos elegante se volvía. "Pudiste reclamar este cuerpo, incluso pudiste hacerlo por buenas razones," añadió honestamente habiendo llegado tiempo atrás a términos con la razón detrás del reclamo. "Pero mi mente y mi alma son míos y nadie puede decirme qué hacer con ellos."
"No entiendes!" Gritó Inuyasha, gritó literalmente tan fuerte que todos los demás en la vacía taberna excepto Kagome retrocedieron asustados, temerosos del demonio que estaba tan cerca de la superficie. Alcanzó colocando una fuerte mano en su hombro, sus garras rasgaron la camisa y chaqueta logrando no tocar una onza de piel mientras rasgaba la tela lo suficiente para que su marca fuera claramente visible. "Ves esto," gritó con furia, su confusión, rabia, tristeza y culpa se descargaron sobre Kagome. "Eres mía y haré lo que quiera contigo. Te guste o no, perra!"
Fue con esa última palabra que Kagome pareció chasquear completamente, una rabia natural que había mantenido bajo control por tantos años estalló mientras se dirigía hacia él. "No soy una perra." Gritó ella, igualando con facilidad su grito anterior mientras lo empujaba en el pecho con una suave mano, las otras personas rodeándola la observaban aterrorizados. "Mi nombre es Kagome. KA—," lo empujó con una inmaculada mano, "GO—," Otro brusco empujón en sus pectorales. "ME!" Terminó echando hacia atrás su mano, todos sus cinco dedos abiertos para clara y sonoramente abofetearlo en la cara, haciendo que su cabeza se girara a un lado, algo que Inuyasha estaba seguro nunca le había pasado en su vida.
La habitación se paralizó, shock corría rampante en todos, sin pensarlo dos veces Kagome Dresmont le había gritado y golpeado a uno de los hombres más peligrosos en la tierra.
"Kagome." Susurró Sango aferrándose al brazo de Miroku, su cuerpo temblaba. Sabía que el Capitán era un buen hombre y nunca lastimaría a una mujer pero aún—ver a alguien (en público nada menos) gritar y abofetear al Capitán era como ver un pez caminar en tierra. "Mierda."
"Mierda." Miroku estuvo de acuerdo con la maldición de Sango apenas audible con una propia mientras observaba a su padre y Capitán mirar la pared con amplios ojos, sorprendente y sospechosamente, sin enojo. "Qué de—?" Preguntó Miroku mientras observaba la rabia del Capitán disiparse, algo que no debería haber pasado, era contra intuitivo. "Capitán?"
Inuyasha no se movió, sus ojos miraban en dirección hacia la que su cabeza había sido golpeada, desenfocado como si hubiese sido golpeado por un relámpago y no pudiera moverse. "Kikyo nunca haría eso." Encontró las palabras resonando en su mente, un coro de verdad. "Nunca gritamos, nunca peleamos, ella siempre era calmada y compuesta y nunca mostró alguna emoción pero Kagome." Levantó su mano, tocando su adolorida mejilla, no podía recordar la última vez que alguien lo había golpeado lo duro suficiente que le doliera de verdad. "Ella es diferente," Casi podía sentir la sonrisa formándose en su rostro. "Ella es Kagome. Por qué no lo noté?"
"Porque tenías miedo." Fue el gentil susurro del demonio, y también, tan contra intuitivo como fue, había sido calmado por el golpe de su reclamada.
Gradualmente, Kagome volvió en sí, sus ojos enormes con shock. Ella lo había golpeado, duro, su mejilla estaba enrojecida en donde su mano se había conectado con su carne. "Inuyasha." Susurró, Sango y Miroku captaron el sonido de ella dirigiéndose a él por su nombre, sin título ni honorífico, sin nada, solo un nombre.
La risa de Kaede detuvo a Kagome de hablar más, el animado ruido rebotaba de las paredes. "Nunca pensé que vería a alguien golpearte y no morir." Ella secó una lágrima de su ojo. "Pero supongo que esto significa, que tus temores eran infundados." Kaede habló, sus ojos miraron a Inuyasha quien lentamente giraba su cabeza, parpadeando lentamente como si tratara de despertar.
"Mis—temores?" Miró a la mujer, notando completamente que Kaede sabía todo. Lo había imaginado todo sin que tuviera que decir una palabra. Parpadeó lentamente asimilando esto mientras la estudiaba. "Ella sabe que yo—," Miró en dirección de Kagome incapaz de decir, incluso en su mente, lo que estaba pensando.
En vez, decidió concentrarse en la joven, la joven quien lentamente se volvía el centro de su mundo, lo notara o no era algo completamente cierto pero ahora, se encontraba admirándola, analizándola, respirándola con nariz y ojos. Era hermosa de ver, pequeña y joven, con ojos destellantes que se veían como el mar que amaba en todas sus formas, desde calmados y compuestos a tormentosos y enfurecidos. "Nunca he visto tales ojos." Levemente, escuchó reír a Kaede pero no se hizo notarlo mientras olía su aroma, el aroma de Kagome, el aroma de flores de su hogar, el aroma del mar de su vida, el aroma de todo lo que estaba bien en la totalidad de su existencia, todo eso estaba en el aroma de Kagome Dresmont, "Ella es asombrosa. Kagome eres asombrosa."
"Esta joven es diferente, no es así, Inuyasha?" Las suaves palabras de Kaede lo sacaron de sus pensamientos. "Nadie más hubiese tenido el valor de golpear a un hombre como tú. Aún si lo merecieras."
"Nadie más," Inuyasha escuchó las palabras como si las hubiese gritado. "Se refiere a Kikyo. Cuánto sabes sobre tu hermana y yo?" Frunció sus ojos levemente. "Sé que estuviste ahí pero, eras una niña pequeña, cuánto puede saber una niña?"
Sin esperar por una respuesta, Kaede se giró y miró a Kagome, sus ojos gentiles y amables. "Kagome," dijo gentilmente, su voz sonó segura mientras hablaba. "Puedes tener el alma de Kikyo pero tu mente es sólo tuya."
"Qué?" Kagome retrocedió, su adrenalina la abandonó mientras la situación se enfriaba lo suficiente para pensar de nuevo. "Tengo el alma de alguien más? Pero eso no es posible."
"No es posible para ti," comenzó Kaede tan críptica como antes. "Pero eso no significa que sea imposible para otros."
"Eso fue vago." Murmuró Sango desde un costado pero nadie pareció escuchar sus murmureos mientras miraban asombrados a la anciana.
"Un humano occidental no entiende la práctica de la reencarnación." Kaede le sonrió, un ojo cerrado mientras lo hacía. "Pero eso no significa que no exista."
"Reencarnación?" Dijo Kagome en voz alta, la palabra extraña y foránea para su vocabulario. "Qué es eso? Una reencarnación?"
Ni en lo más mínimo sorprendida, Kaede simplemente continuó sonriendo mientras comenzaba a explicar. "Cuando renacemos después de la muerte, a eso se llama ser reencarnado." Suplió ella, su ojo miraba a Kagome intensamente, observando a la joven por alguna señal de incomodidad o reconocimiento. "En otras palabras, no vamos al cielo ni al infierno, en vez nacemos de nuevo en esta tierra, como alguien o algo más."
"La misma alma en una nueva forma?" Susurró Miroku desde su lugar junto a Sango, había escuchado de esto, reencarnación, había leído sobre eso en un libro de Europa que habían comprado unos años atrás, un libro de filosofías religiosas orientales. Había pensado que era ridículo en el momento pero ahora, se encontró preguntándose si podría ser cierto o al menos posible.
"Sí, la misma alma en un cuerpo nuevo." Kaede asintió hacia Miroku, impresionada de que el hombre hubiese captado el concepto tan rápidamente. "Kagome," comenzó girándose hacia la joven con ojos abiertos. "Alguna vez fuiste otra chica, una chica que conocí desde el momento que nací, mi hermana, ella murió hace cincuenta años."
"Ella murió." Kagome repitió las palabras mientras la última pieza de un rompecabezas caía en su lugar. Kikyo había muerto cincuenta años atrás, Kaede era su hermana, había conocido a Inuyasha quien había conocido a Kikyo, quien había amado a Kikyo, quien había desaparecido abatido cuando Kikyo murió, Kaede no lo había visto desde entonces, y luego cincuenta años después de repente eso había cambiado, cambió porque Inuyasha conoció a Kagome, y Kagome misteriosamente se parecía a Kikyo.
"Tu nombre ahora podrá ser Kagome pero lo que no es ahora lo fue alguna vez."
"Tu nombre podrá ser Kagome."
"Lo que no es ahora lo fue alguna vez."
"—fue alguna vez."
"Alguna vez."
Ella cerró sus ojos mientras las palabras la golpeaban. "No fui siempre Kagome." Interpretó sintiendo esas palabras entrar en su ser. "Fui alguien más—me parezco a ella, fui—ella. Fui la persona que él perdió, la persona que amó, fui—,"
"Kikyo." Kagome dijo el nombre en voz alta antes de que Kaede pudiera pronunciar otra sílaba. "Estás diciendo que yo—," la joven miró incrédula a la anciana, su mente trataba de comprender algo que era imposible, algo que cambiaba todo, algo que si fuera verdad—volvería todo su mundo, su nueva felicidad patas arriba. De nuevo, el mundo estaba diciéndole que no le estaba permitido ser ella misma. "Soy la reencarnación," Kagome sintió su voz dejar su cuerpo pero estaba segura de que no lo había dicho, "de Kikyo."
Fue una declaración no una pregunta.
Fin del Capítulo
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Traducción del francés:
Je ne suis pas Kikyo. Moi, c'est Kagome : No soy Kikyo. Soy Kagome.
