Remoloneó entre la suavidad de las sábanas una vez más. No sabía cómo pero su cama se había convertido en el lugar más confortable del mundo. "Podría quedarme durmiendo una vida entera" sonrió para sus adentros mientras enrollaba un poco más aquella sábana blanca en su cuerpo. Tenía frío, no sabía a qué hora había llegado, ni cómo pero...una señal de alarma se encendió en su cabeza. Un WARNING de dimensiones sobresaltadas, en luces de neón y que empezó a pitar en su cabeza. "¿Cómo puede dolerme tanto la cabeza? Es la última, la última vez que me dejo llevar por Raven. Prometido".

Puso toda su fuerza de voluntad, intentando ignorar su incesante dolor de cabeza y abrió un ojo a medias descubriendo un gran ventanal enfrente de ella con las cortinas descorridas por donde un rayo de sol le obligó a cerrarlo de nuevo.

"No, no, no...¿dónde estoy? ¿qué he hecho?" no sabía si quería descubrirlo. Ni siquiera había hecho el intento de abrir de nuevo los ojos. "Intentemos ubicarnos, abre lentamente los ojos e intenta reconocer algo". Volvió a abrirlos y rápidamente echó un vistazo a su alrededor pero no había nada que le sonara vagamente familiar. "Joder, ¿y si me han secuestrado?" se subió la sábana hasta la barbilla bastante asustada con la posibilidad. "Si, y te han traido a posiblemente la casa con vistas más bonitas de la ciudad, no seas estúpida Clarke".

Aún con la sábana contra su rostro intentó poner en orden sus pensamientos, buscando algún recuerdo de aquella noche que la pusiera en el camino correcto. "Estuvimos cenando con mamá y nos fuimos a tomar unas copas, bebimos,..." y entonces un rayo verde la sacudió con una punzada aún más fuerte en su cabeza ya bastante afectada con una migraña bastante pesada. "Lexa" y todo pareció volver a su lugar "Lexa, joder" y fue entonces cuando quiso desaparecer y que aquella cama la tragara para siempre.

Tenía vagos recuerdos de toda la noche en general, sobre todo al pasarse al primero de muchos chupitos que se fueron sucediendo hasta perder la cuenta. Pero si recordaba ese verde intenso oscureciéndose contra su boca. ¡Había besado a Lexa! Ella había besado a una mujer por iniciativa propia, bueno propia no, culpa todo del alcohol. Estaba clarísimo, no había otra explicación. Los recuerdos se iban sucediendo ante sus ojos como pequeños trailers de una pelicula que jamás se llegó a estrenar: "La noche en la que Clarke acosa a Lexa para llevársela a su cama". Genial. Simplemente genial. La primera vez que se acostaba con una mujer y ella no se acordaba...no, no y no, no tenía que preocuparse por eso si no porque se hubiera acostado con otra mujer, ¿es qué Lexa no se había dado cuenta del estado en el que estaba?.

Adáptandose todavía a la luz que provenía del exterior se puso en pie con pasos torpes. "Maldita resaca, ¿y ahora dónde demonios está?".

Sacó la cabeza a través de la puerta de la habitación y echó una ojeada a través de los largos pasillos de aquella casa. Es que era inmensa. Le martilleaba la cabeza y sus pasos aún con los pies descalzos eran totalmente torpes. Para colmo su anfitriona había decidido poner música a todo volumen, que iba aumentando conforme bajaba unas escaleras y el aria de la Traviata de Verdi iba in crescendo.

Descendió finalmente las escaleras y abrió la boca con aquel edificio que se levantaba ante ella. Podía ser una pedante pero podía presumir de buen gusto en deoración desde luego. Ante ella se abría un espacio circular que haría las veces de salita de estar y al final una puerta abierta con otra sala rodeada con estanterías infinitas repletas de libros, tantos libros que dudaba que una sola persona pudiera leer todos ni en mil vidas.

"Ópera, libros...Lucifer tiene estilo". Pasó la mano por una de las estanterías admirando los cientos de libros allí acumulados, mientras La boheme la mecía suavemente, queriendo retener cuántos títulos pudiera, intentando averiguar un poco más sobre aquella misteriosa mujer.

Estaba llegando a la puerta cuando una foto le llamó la atención. Una pequeña niña mellada de mirada profunda le sonreía llevando un casco de equitación que le resbalaba en aquella pequeña cabecita. Estaba en hombros de un hombre que sonreía a la cámara e increíblemente atractivo, distinguiendo muchos de los rasgos de Lexa. Apoyada en su hombro y sonriendo también estaba una mujer que miraba a la cámara con unos ojos que le resultaron terriblemente familiares. Sin saber el motivo, se quedó embobada de aquella foto varios minutos, olvidándose de la irritación, la jaqueca e incluso del tiempo. Su subconsciente quería guardar aquella pequeña cara en lo más dentro de su mente y se descubrió a si misma devolviéndole la ó la foto en su lugar y se apresuró a salir antes de que su dueña se diera cuenta de la intromisión, no quería que la Lexa adulta le pillara curioseando.

A esta última se la encontró apoyada en una barra americana plateada con un café en la mano y el periódico en la otra. Tan solo llevaba un top deportivo negro y unos shorts color grises que dejaban a relucir más de lo que a Clarke le gustaría. Se quedó apoyada en la pared mirándola durante unos instantes al ver la cara de concentración de la castaña, y no puedo evitar pasear la mirada por aquel abdomen que parecía estar hecho para estrellarse contra él una y otra vez. El dolor de cabeza de repente la asaltó de nuevo haciendo que cerrara fuertemente los ojos y se llevara una mano a la sien.

- Vaya así que has vuelto entre nosotros- lo dijo sin levantar la vista de las hojas de aquel periódico - ¿no has sido capaz de encontrar tu camiseta? ¿o es qué quieres terminar lo que empezaste anoche?.

Lexa la miró fijamente dejando el periódico en la barra de detrás, dispuesta a averiguar de qué humor se había levantado la rubia. Sin disimular bajó sugerentemente por el torso de la rubia que fue consciente en ese momento que seguía en sujetador delante de Lexa Woods.

- Más quisieras.

- No fui yo la que anoche hubiera podido follar solo con mi olor.

Clarke entornó los ojos intentando recordar. "Podría follar solo con tu olor..." Mierda.

- ¿Te resulta sexy mi voz, Clarke?

- No lo recuerdo. Aún así, no era consciente...

-...dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad.

- No en mi caso, no recuerdo nada, solo que tú y yo estábamos bebiendo en la barra y después...

- Después...- continuó Lexa para saber hasta dónde le llegaban los recuerdos.

- Y después no recuerdo nada. Lo siento - mintió descaradamente, obviando como en ese momento la excitación empezaba a invadirla recordando como acorraló a la morena contra la pared - no me ha pasado esto nunca.

Lexa sabía que esta vez no mentía.

- ¿Lo de querer acostarte con una mujer? ¿O lo de que te droguen?

- Lexa yo no quiero acostarme cont...espera, ¿lo de qué me droguen? - Clarke se llevó una mano al pecho ante lo que la actriz no pudo evitar reírse ante el dramatismo de la joven.

-Deberieron echarte algo en la bebida. Aún así puedes estar tranquila, no hiciste nada de lo que tengas que arrepentirte hoy - esta vez fue Clarke la que sabía que Lexa no mentía.

-¿Entonces tú y yo no...?

- ¿Tú y yo?

Clarke apoyó una mano en la barra sin saber si se sentía aliviada o decepcionada, omitiendo la mirada de Lexa, que bajó de nuevo a través de su sujetador ante la indiferencia de Clarke, resignada tan solo a esa imagen y después del espectáculo de anoche difícilmente podría superarlo.

- Lo siento, princesa yonki, no pasó absolutamente nada, me gusta que me recuerden al día siguiente.

- ¿Cómo me acabas de llamar?

Lexa estalló en una sonora carcajada que hizo sonreír a Clarke a pesar de que el dolor de cabeza la estaba matando.

- Eres incorregible - vió como Lexa se encogía de hombros para cruzarse de piernas y seguir observándola. Observó entonces su móvil enchufado en la pared a su espalda.

- Te lo he puesto a cargar esta mañana... - levantó las manos tras la mirada que le lanzó Clarke - tranquila, lo tenías apagado. Seguro que tus amigas están ansiosas por saber de ti.

Se lanzó rápidamente contra el aparato intentando ignorar el deseo que descifraba en la mirada de la actriz, pero Lexa parecía que no tenía pensamiento de dejar de hacerlo. Su móvil estaba a punto de reventar de notificaciones. Octavia, Raven, Abby...¡e incluso Anya! Suspiró mientras se echaba el pelo hacia atrás decidiendo por donde empezar.

- Entonces...¿no recuerdas nada?

- Nada, lo siento - mintió descaradamente por segunda vez mientras la actriz pasaba a su lado de la barra con los brazos cruzados.

"No la mires..."

- Una pena.

- ¿A qué te refieres?

- A que te pones muy mona cuando susurras lo mucho que te gusto - "...me gustas mucho Lexa" - la imitó con voz de niña pequeña haciendo que entornará los ojos. Aquella mujer la sacaba de quicio definitivamente.

- No sé de qué me estás hablando. Lo siento - soltó el móvil mientras apoyaba su mano en la encimera mostrando toda la indiferencia de la que era capaz.

- Tranquila, será nuestro secreto - sonrió pícaramente y la rubia sintió que no le llegaba el aire a los pulmones, lo que hizo que la mirara con rabia. Su acompañante sin embargo volvió a reír con más fuerzas aún guiñándole un ojo mientras Clarke se encendía de vergüenza. Decidió ignorarla y concentrarse en su móvil mientras O Sole Mio sonaba en el hilo musical que tenía instalado la castaña en su casa. Levantó la vista y allí estaba todavía aquella mujer sonriéndole mientras la devoraba con la vista. Lexa la recorría con la mirada queriendo memorizar cada una de sus expresiones: estaba realmente preciosa esa mañana. Hubiera dado lo que fuera por retirar el flequillo rubio que se le agolpaba a ambos lados de la cara, por mirar un poco más de cerca aquel azul. En vez de eso, se quedó parada simplemente observando.

- ¿No tienes nada mejor que hacer que quedarte ahí riéndote de mí?

- Realmente, no. Es mi casa, o ayer todavía lo era - contestó aún con aquel juego que hacía que la joven se sintiera cada vez peor.

- Tienes razón, yo...

- Che bella cosa na jurnata 'e sole... - empezó a tararear Lexa.

Esta vez fue Clarke la que la miró divertida reconociendo que le gustaba ver a la actriz en esa faceta suya tan payasa. La hacía sonreír como nadie, ese don no se lo podría negar nunca. Y le gustó reconocer que se sentía en deuda con ella por haberla cuidado durante aquella noche. Quizás tan solo tenía que rascar un poco más...

- ...n'aria serena doppo na tempesta... - dió un paso al frente mientras se acercaba a la estudiante que ahora ampliaba su sonrisa - Ma n'atu sole cchiu' bello, oi ne'. 'O sole mio sta 'nfronte a te...

Hasta su voz estaba creada para dejarla sin habla. "Joder Lexa, es que tienes una voz tan sexy..." Mierda. Estaba embelesada de nuevo escuchando a aquella mujer cuando algó la golpeó en el pecho al recordar como le pidió que se quedara con ella. Y como Lexa se quedó.

- ¿También hablas italiano? - preguntó enarcando una ceja.

- Me defiendo, viví un año de Italia mientras estudiaba la carrera - debería verificar en la Wikipedia la vida de aquella mujer o preguntarle a Raven cuando volviera. Era toda una caja de sorpresas - También chapurreo el español, ¿quieres comprobarlo?

- Esto...creo que debería darte las gracias...ya sabes, por todo esto - dijo carraspeando ante una Lexa que ahora estaba peligrosamente cerca de ella, mirándola dulcemente a los ojos mientras seguía tarareando.

- Ó sole mio sta 'nfronte a te...- el aria llegaba al final y Clarke suplicó porque aquel momento nunca acabara - atenta Clarke, viene tu parte.

Esta enarcó una ceja hasta que la siguiente canción salió enlazada con la que acababa de terminar. Brindisi. La traviata.

- Qué ingeniosa Lexa.

- Anoche me llamabas Lex - le guiñó un ojo y otro destello vinó a la mente de la rubia- vamos Clarke, está canción me pone de un humor insoportablemente bueno y tienes que aprovechar. Ven a bailar conmigo.

La miró dubitativa pensando qué se traía ahora entre manos pero solo encontró la misma mirada de ilusión que la foto que había encontrado minutos antes en aquel despacho. Se inclinó en una reverencia, le tendió la mano y no dió tiempo a que Clarke la agarrara cuando la arrastró al salón. Mientras cantaba llevó la mano de la médica a su cuello mientras ella posaba la suya en la cintura de la rubia. A pesar de estar ambas con tan poca ropa, no había nada de sensual en ese baile, tan solo unas ganas inmensas de Lexa de no dejar de escuchar la risa de Clarke. La primera se movía con agilidad mientras la guiaba con los pasos.

- No hagas el tonto, Lexa...-consiguió decir entre risas.

- Libiamo, libiamo...- cantaba Lexa mientras seguía el ritmo de la música exageradamente guiando a Clarke ante esa danza improvisada.

Clarke no podía estar creyendo que estuviera bailando aquel especie de vals en sujetador con Lexa pero no podía no sentirse contagiada por la vitalidad de la castaña.

- ...libiamo ne'dolci fremiti che suscita l'amore, poichè quell'ochio al core omnipotente va - descalzas se sonreían mientras Clarke inclinaba su cabeza hacia atrás sin poder contener las carcajadas.

"Hasta esto le sale bien", pensó mientras Lexa se alejaba de ella sin soltarla de la mano para dar la vuelta y atraerla de nuevo hacia ella. Sabía bailar increíblemente bien, como si llevara toda la vida en salones de bailes bailando ante reyes y princesas. Y Clarke se sintió por un momento como si estuviera viviendo dentro de un cuento. De un bonito cuento con aquella preciosa mujer, en un palacio donde solo existían ellas dos. Para Lexa ni siquiera existía el suelo donde ambas pisaban, solo las manos entrelazadas de ambas, y ahora que la miraba de más cerca aquel azul era especialmente bonito aquella mañana.

- La notte abbella e il riso in questo paradiso ne sopra il nuovo dì.

Luciano alzó la última frase de aquella maravillosa pieza al tiempo que Lexa se la susurraba a ella a apenas unos centímetros de sus labios.

Agarradas todavía tras aquella improvisación a la que la habia arrastrado la castaña se quedaron balancéandose cada una en la mirada de la otra queriendo detener el tiempo. Seguía agarrada a la mano de Lexa que empezó con su pulgar a acariciar su dorso. Un escalofrío recorrió la columna de Clarke poniendo su sistema nervioso a temblar. Y solo había rozado su mano.

Todos sus besos habían sido robados. Bien por una o bien por la otra, dada la noche anterior. Por eso en esta ocasión, sus ojos verdes se inclinaron hacia ella buscando una aprobación que aún no había existido entre ellas y Clarke por su parte respondió a aquella pregunta no verbalizada atrayéndola con sus dedos enredados todavía en su cuello dispuesta a acortar la distancia que las separaba de una vez.

Podía sentir la respiración de la morena sobre ella, cuando cerró los ojos dispuesta a no luchar más contra aquella mujer...

-¿Pero qué...? - Lexa se giró buscando la fuente de aquella interrupción sin apartar las manos de la cintura de Clarke. La música había parado y había sido sustituida por una alarma bastante más molesta.

La actriz entonces distinguió unos pequeños golpecitos en la cristalera situada justo detrás suya y se llevó una mano a la sien intentando serenarse.

- No me lo puedo creer- era Anya detrás del cristal con las manos pegadas al mismo mientras vociferaba algo que gracias a Dios no podían oír - creo que voy a estar castigada un mes sin recreo Clarke.

Lo dijo con una voz tan infantil mientras se encogía de hombros que Clarke no pudo dejar de reír. Lexa saludó cómicamente a una Anya que señalaba ahora hacia la puerta a la vez que se dirigía hacia allí.

- Creo que debo subir a vestirme.

- Si, será lo mejor - Clarke se fijo en la manera en que la miraba y no supo descifrar que había de diferente. Pero hasta ese momento no la había mirado así, Lexa pareció darse cuenta y bajó la vista carraspeando - he echado tu top a lavar puedes coger lo que quieras de mi armario.

Se dió la vuelta y tomó aire cogiendo fuerzas para lo que le esperaba mientras sentía los pasos de Clarke ascender.

- Lexa, yo...- se giró justo en la cima volviéndose hacia ella.

- ¿Si?- alzó su mirada con los ojos llenos de esperanza.

- Gracias - y dicho esto desapareció en busca de su ropa, dejándola con una creciente sonrisa y una bonita sensación desconocida que se abría paso a través de su pecho.

"Has estado tan cerca..." pensó, mientras dejaba entrar a aquel tren en plena carga llegando a su estación.

- ¿Qué estabas haciendo Alexandra Woods? ¿Qué demonios estabas haciendo con la hija de Abby? ¿Me lo puedes explicar? - gritó Anya entrando como un vendaval en el salón de su amiga.

- Anya ya te dije que no es lo que parece, no necesito que...

- ¿Qué no necesitas qué? ¿Qué es lo que no necesitas? Porque te diré lo que yo no necesito: que le hagas daño a Abby y a Clarke, eso es justo lo que no necesito.

Mientras tanto, Clarke cogía la camiseta que Lexa había dejado doblada en una silla del cuarto, intentando no escuchar a través de la puerta entreabierta la discusión de las dos amigas piso abajo. Miró a su alrededor intentando calcular los metros que se alzaban frente a ella. Suspiró poniéndose aquella prenda que rápidamente la teletransportó a los brazos de Lexa. ¿Por qué tenía que oler tan jodidamente bien? Volvió en sí con las voces, a pesar de ser incapaz de calcular lo basto de la propiedad que se extendía frente a ella, si quería dejar privacidad a aquellas dos mujeres lo mejor sería volver a la vida real.

- Anya por enésima vez, no ha sucedido nada, nada, nada, ¿me oyes? - Lexa alzó la voz también por enésima vez.

- ¿Ah no? ¿Y cómo me explicas que hayáis pasado la noche juntas? - la actriz subió los brazos en señal de rendición, dándose la vuelta - Dime Woods, llevas años con tu mierda de carácter esquivando a cuanta mujer se cruza en tu vida, poniendo límites a cualquier tipo de relación social, rozando incluso lo insano, y ahora por primera vez, ¡por primera vez en años! traes a una mujer a tu fortaleza infraqueable, ¿y tiene que ser la hija de Abby Griffin? Joder Lexa, es que superas lo insuperable.

Clarke se quedó parada con una mano en el pecho y el bolso colgado tras escuchar aquellas últimas palabras. ¿Qué estaba pasando exactamente y por qué se sentía tan mareada de repente?

- Si me dejaras explicarte...

- ¿Desde cuándo os estáis viendo eh? Dímelo Alexandra Woods o te juro que dimito ahora mismo - ahí estaba el dramatismo latente de su querida amiga Anya- Porque no me creo que en una sola noche hayas accedido a traerla a tu casa.

- ¡No me interesa lo más mínimo Clarke Griffin! - dijo Lexa volviéndose y escupiendo estas últimas palabras con todo el odio que era capaz - la drogaron Anya, la drogaron y ninguna estabais disponible, ¿qué es lo que pretendrías que hiciera? ¿dejarla en la calle?.

Anya descruzó los brazos llevándose la mano a la frente sopesando la situación.

-Entonces..¿tú y ella no...?

- Joder Anya, es lo que llevó intentando explicarte desde anoche - recobró un poco la calma tras ver como su amiga establecía la tregua - no me interesa Griffin, estamos hablando de una estudiante a la que llevo varios años, heterosexual, hija de Abby, yo,yo...estaba en deuda con ella por lo del otro día de Raccoon y...

La castaña se quedó muda y se arrepintió al momento de haber pronunciado esas malditas palabras, justo cuando dirigió su mirada detrás de su amiga. "Ahora si que la has jodido a base de bien, Woods". Una Clarke con la mirada cristalina la miraba desde la base de la escalera. Si no se hubiera esforzado por intentar entender el universo que la conformaba como persona, por querer descrifrar el enigma de quién era en realidad durante aquellos pocos días desde que se conocían, no hubiera podido identificar en la joven aquella mezcla de emociones que no auguraba nada bueno. Lexa podía ver en las facciones de Clarke Griffin unas rabiosas ganas de llorar, por supuesto esta última no le daría ese gusto. Pero lo que vió en aquellos ojos azules le terminó de helar la sangre, haciendo que diera un paso hacia delante alargando una de sus manos para intentar detenerla: era odio, un puro odio visceral que flotaba incluso en el ambiente.

Gracias a los gritos y a la proximidad de la habitación de la actriz, Clarke había escuchado todo incluso antes de emprender la bajada de aquellos escalones que le parecieron montañas. Le pareció ver una mirada de disculpa en aquellos ojos verdes que instantes antes la devoraban sobrecargados de emoción y aquellos labios intentando musitar una disculpa, Anya se volvió preocupada para encontrarsela de frente.

- Anya, me alegro de verte - rompió el silencio que se ramificaba en aquel momento tan incómodo, cortando cualquier intento de disculpa - siento todo este malentendido, anoche no me encontraba demasiado bien y Lexa accedió a devolverme el favor.

Remarcó las últimas frases por si quedaba alguna duda de que lo había escuchado todo, recomponiéndose y eliminando cualquier rastro de tristeza en sus ojos. Ahora solo quedaba la dureza, dirigida especialmente a la comandante.

- Siento muchísimo que la noche acabara así, cariño - Anya le dió dos besos mientras la abrazaba - ¿estás bien? ¿cómo te encuentras?

- Genial, pero si me disculpáis estaría bien volver a casa - se aproximó a Lexa, ignorándola, para coger su móvil aún cargando en la encimera.

- Seguro que necesitas descansar, habrá sido una noche malísima.

- Ni te imaginas cuánto Anya, no se lo deseo a nadie - Lexa bajó la cabeza culpable - aún así, gracias que estaba Lexa, no sé qué hubiera hecho sin ella.

- Yo, no...- no sabía qué decir.

- Gracias, Lexa, creo que ya estamos en paz.

- No hay que darlas.

- Claro, seguro que tienes cosas más importantes que hacer que devolverme el favor. O quizás que te estropee la noche una estudiante a la que han drogado - la dureza de las palabras de Clarke la cogieron por sorpresa, hundiéndose en su pecho y asesinando aquella sensación tan placentera que ahora se le antojaba tan sumamente lejana.

Anya era testigo de aquella guerra dialéctica intentando averiguar qué mosca le había picado a aquellas dos. Las había encontrado bailando, haciendo el tonto y riéndose y ahora parecía que un muro de hormigón se había levantado entre ambas. De hecho si no se lo hubieran aclarado y no las conociese de nada a ninguna de las dos juraría que se trataba de dos enamoradas en plena fase de conocimiento. Pero eran Alexandra Woods, su inquebrantable comandante, y Clarke Griffin, la inquebrantable heterosexual en palabras de su amiga, Lincoln y Octavia. Seguramente se equivocaba pero ahí "pasaba algo", lo vió en el set, lo vió durante toda la cena y lo veía ahora claramente ante sus ojos. Y no pararía hasta enterarse de qué sucedía.

- Te llamaré un taxi Clarke, estarás cansada - cortó así toda réplica por parte de la aludida.

- Da igual Anya, me vendrá bien dar un paseo hasta casa- dijo abriendo la puerta.

- Pero Clarke, no hace ni 24 horas, ¿seguro que te encuentras bien?

- Perfectamente, de verdad. No me gustaría ser una molestia - tras escucharlo, Lexa bufó desapareciendo de la vista de Clarke y dejándose caer con impotencia mientras hundía la cabeza entre las manos.

- ¿Pero de dónde sacas eso querida? Eres una bendición, tú nunca serías una molestia ni nada que se le acercase. Dame un momento, llamaré a...- entrecerró la puerta dándole la espalda a la actriz, cuyos pensamientos volaban muy lejos de allí.

- Anya, estoy bien, me vendrá bien un poco de aire fresco y estirar las piernas.

- Está bien, está bien, pero avísame cuando llegues - le dejó un beso en la frente sujetando con la pierna la puerta - Abby me dijo que habíais quedado para comer, con suerte puedes descansar un poco.

Clarke rió ante la genuina preocupación de la representante.

- Si, justo después de la ponencia.

- Quizás tomemos café luego, descansa cariño, si necesitas cualquier cosa, sabes que tienes mi número y que está disponible a cualquier hora.

"Qué bien me habría venido anoche" pensó Clarke con tristeza.

- Claro, pásate, mamá estará encantada - le guió un ojo y sonriendo encaminó la cuesta que la llevaría de vuelta a la civilización.

Anya la vió perderse entre las exclusivas carreteras de WeHo y se dió la vuelta para enfrentarse de nuevo a aquel amasijo de sentimientos que era su representada.

- Lexa - levantó la cabeza y la miró con extrañeza como si la hubiera devuelto a un lugar que no le pertenecía - Lexa, te estoy llamando.

Se levantó dispuesta a darse una ducha ignrorando por completo a su amiga.

- Lexa, joder, ¿qué es lo que te pasa? - la cogió del hombro, dándole la vuelta, justo antes de que enfilara su huida hacia arriba - ¿qué ha sido eso?.

- ¿A qué te refieres? - la miró, dándose cuenta de la presencia de su amiga.

- Al numerito de antes, ¿no me habías dicho que no había pasado nada entre las dos?

- Y no ha pasado - miró fijamente a su amiga volviendo a la realidad - ni va a pasar nada, puedes estar tranquila. Y ahora, como has dicho, ha sido una noche muy larga, me gustaría darme una ducha y prepararme para la entrevista.

Anya la dejó ir sin estar convencida del todo de las palabas de su amiga. Pero tenía razón, seguramente esa noche las había sobrepasado a las dos y no había nada por lo que preocuparse. A pesar de todo, había algo en aquellas dos que despertaba su instinto, un instinto que nunca se equivocaba. Esperaba que esta vez por primera vez solo se tratara de un error.

Clarke caminaba distraída con las manos en los bolsillos hacia el restaurante donde había quedado con su madre. Estaba justo enfrente de la sala de conferencias donde tenía lugar la ponencia y se sentó en la terraza mientras esta acababa. Al cabo de unos minutos, vió a su madre a lo lejos saliendo de la puerta giratoria, sonriendo a varios asistentes, estrechando manos y respondiendo a las preguntas que le formulaban acerca de su discurso.

Pidió una Cocacola Zero mientras tanto, parapetrada tras unas gafas de sol que intentaban disimular la mala experiencia de la noche anterior. Despachó educadamente y con una sonrisa al camarero, mientras repasaba mentalmente todos los hechos de la noche anterior. Pequeños retazos llegaban a su cabeza como fotogramas de una película ajena completamente a ella.

Lexa aprisionada contra la puerta de aquel baño.

Lexa sonriéndole en el taxi.

Lexa abrazándola en aquella cama.

"¿Por qué hueles tan increiblemente bien?"

Lexa y su olor.

"Necesito saber cómo es hacerlo contigo Lexa"

Lexa y la forma que tuvo de cuidarla.

"Pues déjame que me arrepienta pero que sea mañana"

"Lexa y su forma de besar"

A pesar de todo, seguía recordando los ojos de Lexa conteniéndose, diciéndole con aquella mirada que no era el momento pero que no había otra cosa que desease más en el mundo. Quizás. Una sonrisa empezaba a formarse en su cara, queriendo escaparse hasta que...

"No me interesa lo más mínimo Clarke Griffin"

Idiota y engreída Alexandra Woods. Para ella tan solo era un juego de tantos. Una muesca más en su revólver de fulminar mujeres. Su madre la vió de lejos y ella alzó la mano, sonriéndole. Abby intentaba despedirse de las personas que la rodeaban.

"¿Quién se ha creido qué es?", mientras Clarke seguía en su lucha interna, escupiendo odio sobre aquellos pensamientos de la noche anterior. Por intentar reprimir la creciente excitación que le provocaba el cuerpo de aquella mujer junto al suyo. Tendría que tomar una decisión respecto a ella, aunque su cuerpo se negase a ello. No iba a soportar ningún desplante ni ninguna falta de respeto más por parte de la actriz. No tendría ni que volver a verla en su vida. Abby llegó hasta ella disculpándose mientras la besaba en las mejillas.

- Esto es agotador, cariño - se sentó a su lado mientras la miradaba - ¿cómo acabó la noche?

" Si tu supieras"

- Bien, lo mismo de siempre - dió un sorbo a su bebida, mientras Abby pedía una cerveza para ella.

- ¿Lo mismo de siempre?

- Si, ya sabes, Raven bailando con todo bicho viviente cercano a ella en un radio de 3 kilómetros, Octavia intentando impedir que Raven bailase con todo bicho viviente cercano a ella...ya sabes, lo mismo de siempre - contestó ante las risas de su madre.

- Me alegró de que fuera bien, por cierto, ¿no me habías dicho que no soportabas a Lexa?

Su solo nombre puso en alerta todas las terminaciones nerviosas de Clarke. ¿Por qué le preguntaba eso su madre? ¿Acaso Anya...?

- Y no la soporto. Es insufriblemente insoportable.

- Vaya...

-¿Qué? ¿Mamá? - estaba empezando a ponerse nerviosa.

- No, nada. Anoche os vi en muy buena sintonía - Clarke volvió a beber de su refresco, intentando ocultarse tras las gafas y el vaso de la mirada acusatoria de su madre - ya entiendes lo que digo, vi que conectábais, y creo que podríais ser muy buenas amigas. Lexa es una tía increíble, Clarke.

La miró por encima de las gafas como si lo que tuviera delante fuera una aparición o algo inusualmente sorprendente. ¿Buenas amigas? ¿Lexa y ella? ¿Buenas? ¿Amigas? ¿Una tía increíble? Todo eso junto a Lexa no cabía en una misma frase.

Abby captó su esceptisismo y continúo con aquella batalla perdida.

- Cariño, desde lo de...

- No lo digas mamá. Por favor. No me apetece hablar del tema - esquivó su mirada, ahora si, perdiéndose entre los coches de aquella avenida principal. Centró su atención en una pareja de enamorados que, ajenos al bullicio que los rodeaba, se sonreían apoyados contra un cartel publicitario. Ella lo miraba como si fuera lo único en el mundo, él como si no existiera mundo alrededor.

- Clarke, algún día tendrás que hablar de esto, si no quieres que sea conmigo, podemos buscar ayuda.

Clarke desvió su vista hacia su madre brevemente, devolviéndola de nuevo a la pareja del cartel publicitario. La joven de no más de 30 años vestía unos vaqueros desgastados como los que ella solía usar, unas botas y una gabardina de color rojo, pero lo que mejor le quedaba era la sonrisa que se le dibujaba a kilómetros de distancia. Él impecablemente vestido con unos pantalones chinos y una camisa dejaban traslucir que se hallaba en un descanso del trabajo, seguramente la consultoría de dos puertas más a la derecha. La informalidad a pesar de lo arreglado de su atuendo traslucía su juventud, pero sin duda lo que mejor le quedaba era el reloj que ni siquiera miraba porque lo que menos le importaba era el tiempo en esos momentos. La vida debía ser eso. Esos pantalones vaqueros desgastados pero con los que te sientes como una diva de pasarela. El reloj que marca horas pero nunca tu tiempo. Tu gabardina favorita que acaba sin miramientos en el suelo de la habitación. Un olor que te transporta hasta donde siempre quisiste estar sin tu saberlo. Esa suma de momentos por los que te escaparías de tu trabajo, tan solo porque hay alguien que te mira como si el mundo y el tiempo no existieran. Ni los coches, ni la lluvia, ni las malas noticias de la radio.

- Cariño - Abby posó una mano en la suya haciendo que Clarke volviera a mirarla - ¿estás escuchándome?.

- Si, perdona mamá.

- Parecías en tu mundo - dijo preocupada -¿En qué estabas pensando?

- En que quizás un día de estos debería comprarme una gabardina - rió frente a la cara de sorpresa de su madre - parece que va a llover¿no?

-Clarke...

- Tienes razón, quizás debería buscar ayuda profesional, pero solo necesito un poco de tiempo, para asimilar todo esto, para empezar a aceptar que...

La voz se le quebró de pronto. La pareja ya no estaba. El mundo había vuelto a su gris, pesado y contagioso. A los claxon sonando, a las gabardinas al fondo del armario, al reloj que nunca para, a las quejas de un jefe poco comprensivo. A un mundo que ahora se le hacía inmensamente grande, un mundo que seguía su órbita sin pararse a pensar en que ella estaba ahora un poco más sola.

- ...que él ya no está cariño.

Se quitó las gafas de sol intentando contener las lágrimas que se le agolpaban impulsivas en la claridad de sus ojos.

- Pero estoy segura que no hay cosa que hubiera querido más que siguieras siendo la niña de la que sonreía orgulloso cada vez que hablaba de ti - Clarke rompió a llorar ahora sin ningún tipo de barrera, mientras su madre la abrazaba contra su pecho.

- Es que lo echo tanto de menos - su voz sonaba rota.

- Y yo, mi vida, y yo, pero la vida sigue y nosotras con ella.

-¿Algún día estaremos bien, mamá? - preguntó una Clarke que a ojos de Abby se había convertido de pronto en aquella niña de 6 años que lloraba porque su pequeña rodilla sangraba tras una caída.

- Sé que lo voy a querer toda mi vida - besó el pelo de su hija apretándola más fuerte contra ella - pero también sé que podremos con esto mientras estemos juntas.

Clarke miró los ojos de su madre, marrones, con una fuerza dentro de ellos que le otorgaba un carácter a prueba de adversidades. Ella había heredado los ojos azules del abuelo y de papá y por primera vez fue consciente de que no existía solo su dolor en el mundo. No sabía cómo Abby podía mirarla y que no se le rompiera el alma cada vez que veía el reflejo de Jake en ellos. Si su madre podía vivir cada día con el recuerdo de la persona que más había amado en su vida, Clarke supo que mientras su madre siguiera sonriendo ella podría cada día un poquito más.

- Mamá, lo siento, siento todos estos meses de malas contestaciones, de...

- Shh, mi niña, todo está bien - dijo quitando las lágrimas de su cara - no tienes que sentir nada, ¿me oyes? Yo te voy a querer siempre.

"...y si se acaba la gasolina me muero", pensó Clarke recordando aquella vieja frase que tanto le encantaba de aquella película que tanto le gustaba, apretándose más fuerte junto a ella sabiendo de verdad que si la gasolina que movía a su madre se acababa ella no sabría cómo seguir. Abby le acarició dulcemente el pelo al tiempo que el camarero les avisaba de que su mesa estaba lista.

- Es hora de almorzar algo, ¿no crees? - se levantaron y depositando un dulce beso en la sien de su hija entraron dejando atrás los restos de una vida que ahora se desprendía del pesado peso de la culpabilidad.

Tras la ducha, Anya, Octavia y Lexa habían acudido a aquella entrevista televisada que se emitiría horas después en falso directo. Era una parte de su vida que no le incordiaba demasiado a la actriz. Si no existieran los falsos halagos, las falsas sonrisas y las preguntas poco sorpresivas respecto a sus últimos trabajos (¿es tu trabajo más personal? ¿en qué se diferencia de otros episodios? ¿Cómo fue rodarlo?), sumado a horas de maquillaje, de peluquería, de andar en costosos trajes ceñidos y con focos deslumbrándola durante horas podía decir que esa parte de su vida no le incordiaba demasiado.

- Y entonces te preguntarán por tu accidente, Lexa no puedes cargar contra...- sentada en la parte de atrás de aquel coche la escuchaba de lejos como el que sintoniza la radio camino del trabajo - ...ya sabes que el acuerdo implica confidencialidad...

Miraba distraída por la ventanilla tintada escuchando las indicaciones de Anya sobre la entrevista. Su vehículo avanzaba lentamente por la avenida debido al intenso tráfico de aquella hora, lo que le daba a la actriz un respiro para recomponerse y poner en orden todo lo relativo a su vida. Distraída veía los veladores de los restaurantes, las reuniones familiares y de empresa, con un cielo teñido de unas nubes que anunciaban lluvia. Reparó en el logo de una famosa cadena de ropa en una de las miles de paradas publicitarias de la ciudad, donde una pareja de jóvenes daban rienda suelta a su enamoramiento a través de sonrisas. "Una parejita más de miles que creen en la estúpida falsa del amor. Menudos idiotas." El coche se paró durante unos breves instantes en el semáforo en rojo mientras seguía divisando la escena. Hasta ella tenía que reconocer que era una bonita escena. Lo que llamó la atención de Lexa fue la gabardina roja que tan bien le sentaba a la morena apoyada en el póster publicitario. Se imaginó lo bien que tendría que sentarle a Clarke con aquellos pantalones desgastados que le quedaban tan bien y sonrió, gesto que no pasó desapercibido para Anya que se cansó de que su representada no la escuchara y se volvió en el asiento del copiloto, mientras Octavia desviaba también la vista del volante hacia su jefa.

- Alexandra Woods, últimamente estás en tu puto mundo - bufó exasperada - ¿se puede saber qué es más importante ahora que preparar la entrevista?

- Un día de estos tendría que comprar una gabardina - Anya la miró sin comprender mientras Lexa reía- ya sabes, parece que va a llover, ¿no?

- Hija, no hay quien te comprenda.

- Es solo una gabardina...- dijo pensando en voz alta.

- Si tan emperrada estás, llamaré a Donnatella para que te mande una de la última colección - contestó mientras volvía la vista a los papeles y continuaba con su exposición.

El semáforo se puso en verde y el tráfico parecía arreciar en el cruce de la quinta con la sexta, por lo que en veinte minutos estaba en su camerino mientras las maquilladoras se ponían manos a la acción. Una de ellas, tenía un bonito color azul de ojos que produjo un pinchazo dentro de Lexa. "Clarke" Joder, era como un huracán que estaba sacudiendo constantemente sus emociones. De la excitación a la ira, de la ira a la culpabilidad, de la culpabilidad a la necesidad de cuidarla, todo en cuestión de segundos. Las tres duchas desde que se despertara al lado de Clarke habían conseguido aliviar la excitación que crecía en su sangre pero no la culpabilidad que había sentido aquella misma mañana. Nunca debería haberle mentido a Anya así, de ese modo Clarke nunca habría escuchado aquellas mentiras de su boca.

¿Pero qué podía haber hecho?, reconocerle que la noche que había pasado junto a Clarke había sido un rayo de luz en aquella vida que se le antojaba terriblemente oscura habría sido reconocerle al mundo y, lo que era mucho peor, a ella misma que se moría de ganas por conocer a Clarke. Por saber qué era lo que le desvelaba por la noche. Por saber si prefería el helado de vainilla o el de chocolate. O quizás fuera de fresa. Quizás prefiriera la tarta al helado. Y su favorita fuera la de queso con fresa. O tal vez la de zanahoria. A ella le gustaba la de Nutella. Si era de los Beatles o de los Rollings. O si prefería a Puccini antes que a Mozart. O si le importaba un bledo el rock y la ópera y lo que de verdad le gustaba era su presencia, tanto como a ella le gustaba la de la rubia. Saber cómo se había hecho aquella pequeña cicatriz de su rodilla derecha, la que aquel vestido burdeos del día de rodaje dejaba al descubierto, saber si había sido con la bicicleta, si en el parque, si en los partidos de la facultad. Reconocer que le encantaría conocerla como se conocen los enamorados en la primera cita, con los nervios del primer mensaje, del "no se lo que me pasa pero tengo ganas de verte" o con la alegría de una petición de amistad de ese chico por el que no dejas de suspirar desde hace un año. Sería reconocer que no le importaría conocer un poco más a Clarke Griffin, para saber si era tan maravillosamente increíble como su mente se empeñaba en construir o tan maravillosamente increíble real como la realidad la dibujaba. Que no le importaba el después, la caída libre, los sentimientos que pudiera despertarle porque lo que quería de verdad era conocerla. Y conocerse a si misma. Y ya no podía ni quería esconderse más de aquello que le estaba despertando aquella rubia que había llegado en forma de pequeña revolución.

- ¿Estás preparada, comandante? - la puerta del camerino se abrió dando paso a una Anya que le acoplaba a la espalda del estrecho vestido la petaca para el sonido del plató.

- Creo que no he estado tan preparada en mi vida Anya - dijo volviendo a sonreír.