Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
BRIGHTER
Capítulo veintitrés – Retraso
Era raro ir a casa de Edward sin que él estuviera allí, pero su madre me había pedido que fuera cuando tuviera tiempo. Carlisle y ella dejaban la isla en un par de días y mi horario de trabajo iba a ser una locura en el próximo par de semanas, así que me aseguré de ir en cuanto pude.
El camino en coche fue agradable. Su casa estaba al final de la carretera, con arbustos y árboles frutales a cada lado del camino de tierra. Aparqué bajo un árbol a un lado y me bajé, alisándome la falda.
Apenas eran las once, pero el día ya era cálido y un poco húmedo. Llamé a la puerta, mirando si tenía algún mensaje en el teléfono mientras esperaba.
Pude oír los tacones de Esme contra el suelo de baldosa dentro cuando se acercó a la puerta principal.
―Hola, Bella ―dijo con calidez, señalándome que entrara. Me besó las mejillas y besé las suyas, quitándome los zapatos junto a la puerta. Se había convertido en un hábito, tanto en mi casa como en la de Edward, y la verdad es que lo prefería.
―Espero que tengas hambre ―dijo, mirándome sobre su hombro mientras íbamos a la cocina―. He hecho una ensalada enorme. Me he dejado llevar un poco en Princess Market...
Sonreí, asintiendo mientras dejaba mi bolso en la encimera.
―Definitivamente me apetece comer. Lo único que he tomado en casa ha sido café y una tostada.
―Bien. ―Sonriendo ampliamente, puso enormes raciones de una colorida ensalada en dos platos―. Quería comer en el patio una última vez antes de ir a casa. ¿Puedes coger la limonada, Bella?
Cogí la jarra y los dos vasos antes de seguirla fuera. En ese lado de la casa, la brisa refrescaba considerablemente. Además, le daba la sombra de los árboles y un toldo. Dejé con cuidado las bebidas, mirando al océano en la distancia. Solo podía imaginar cómo sería vivir en un sitio como ese, con una vista como aquella.
―¿No es bonito? ―dijo Esme con un suspiro, mirándome absorberlo todo.
―Creo que desayunaría aquí a diario si pudiera ―dije, sentándome―. Es tan pacífico y calmante...
―Lo es ―dijo de acuerdo―. Solía tomarme mi café matutino aquí a menudo, antes de que nos fuéramos.
―¿Lo echas mucho de menos?
―Lo hago... pero también tenemos una buena vida en Chicago. Estoy feliz siempre que pueda venir un par de veces al año.
―Sí, creo que yo seré feliz si puedo volver a Seattle una o dos veces al año también, pero... la verdad es que depende del dinero que tenga ―dije―. Ahora mismo estoy intentando que mis padres vengan de visita.
―Bueno, espero que puedan venir y ver el lugar en el que has elegido vivir.
―Yo también.
Tuvimos una conversación banal un rato, solo que con ella no parecía insignificante o raro, o como una conversación de relleno. Descubrí que disfrutaba de aprender más cosas sobre los padres de Edward -me daba un conocimiento más profundo.
―Así que... Edward ha ido a pescar con su padre, ¿eh? ―Me recosté contra la silla, limpiándome la boca con una servilleta.
―Eso es. ―Esme sonrió―. Sacan un bote ridículo... es de un viejo amigo de Carlisle.
―Que bien.
―Llevan haciéndolo desde que Edward era un niño, y él limpia ese pescado él mismo antes de freírlo porque Dios sabe que yo no lo haré.
Haciendo una mueca, sacudí la cabeza.
―Yo tampoco lo haría. Que asco.
Ella rio en voz baja.
―Le encanta. Le encanta toda esta vida. Fue hecha para él, y él para ella.
Mi corazón se encogió y expandió, un recordatorio de Edward que recorrió todo mi cuerpo.
―Es fácil verlo.
Ella asintió, con los ojos en mí.
―Y, ¿qué hay de ti, Bella? Edward dice que estás bastante convencida de quedarte.
―Así es. Esto me encanta. A veces extraño Seattle, pero soy feliz aquí. Y... ―Me sonrojé un poco, sintiéndome muy rara al decirle aquello a la madre de Edward, sobre todo cuando casi no nos conocíamos―. También soy muy feliz con Edward.
―Puedo verlo ―dijo Esme, con los ojos brillando―. Y... seré honesta contigo. Hace años que no le veo tan feliz con una relación. Espero que sigáis juntos. Veo cosas buenas para vosotros.
―Yo también lo espero.
* . *
Tenía un turno de camarera en el Brew Pub esa tarde; así que, tras pasar un par de horas con Esme, me despedí y volví a mi casa para cambiarme. Después de ver lo bien que me iba con las propinas al servir mesas, había pedido más turnos y me los habían dado. Todavía trabajaba mucho en Coconuts, pero estaba considerando hacer menos turnos allí para poner mi energía en el pub.
Edward llegó un par de horas después, con un dorado bronceado después de estar en el mar todo el día.
Terminé de tomar el pedido en el que estaba, guiñándole el ojo a Edward de camino a la cocina.
―Hola ―dije, besándole castamente en la mejilla cuando finalmente tuvimos un momento para hablar―. Llegas más tarde de lo normal. La pesca debe haber sido divertida, ¿no?
―Sí... siento el retraso. Había un accidente de camino al pueblo y luego tuve que parar en una tienda... ―dijo, llevándome hacia la oficina―. Te he traído algo.
Mi corazón revoloteó.
―¿De verdad?
Él asintió, cerrando la puerta antes de darme un pequeño saquito azul marino.
―Creí que te gustaría...
Era una bonita pulsera, hecha de lo que parecían trozos de cerámica. Con un grito ahogado, la sostuve en la palma de mi mano y examiné los coloridos trozos.
―Nunca he visto nada igual. Es preciosa.
―Las hace Crucian Gold ―dijo, poniéndomela―. Estos trozos se llaman chaney... normalmente puedes encontrarlos en la playa o, a veces, en los caminos de tierra. Son como pequeños utensilios. Cada uno es diferente.
―Gracias... ―Me mordí el labio y di un paso hacia él―. Simplemente... ¿lo has comprado? ¿Sin ocasión especial?
―Tú eres la ocasión especial ―dijo, apartándome los mechones sueltos de la cara.
No tenía palabras para tanta dulzura, así que le besé. Él me devolvió el beso, abrazándome.
―A mi madre le gustas mucho.
―A mi también me gusta ella. Me alegro de que hayamos pasado un rato juntas hoy.
―Ella cree que eres la elegida para mí.
Me aparté un poco para poder mirarle a los ojos.
―¿Sí? Y, ¿qué crees tú?
―Creo que puede que tenga razón.
―Puede ―le tomé el pelo, pensando en la reacción que había tenido mi madre a las postales que Edward me había enviado―. Las madres tienen un sentido especial para ese tipo de cosas.
El teléfono de la oficina sonó, llevándonos de vuelta a la realidad.
―Tengo que contestar ―dijo Edward, estirando la mano hacia él.
―Vale.
Con la pulsera colgando de mi muñeca, dejé la pequeña habitación, sintiéndome como si estuviese caminando por las nubes.
¡Hola!
Sé que hace mucho que no actualizo, pero aquí tenéis un nuevo capítulo.
¿Qué os ha parecido? Estoy deseando leer vuestras opiniones.
Intentaré actualizar mañana.
-Bells :)
