Después de ese inesperado paseo infernal los demonios regresaban a una de las casas que tenían designadas para esconderse, en medio de la incertidumbre actual había un motivo que les llenaba de alegría y ese era la llegada de otro bebé parte de la pequeña familia demoníaca. Por su parte Ciel experimentaba una nueva sensación, una muy diferente a la que hubiera sentido hasta ahora, un sentir acogedor que llenaba su alma vacía de forma diferente de lo que provocaba Sebastian. Un pequeño ser crecía en su interior y esta idea aún le parecía irreal, el solo pensar que le estaba dando vida a un niño, fruto de su amor con el demonio que adoraba, era detalle suficiente para hacerle sonreír felizmente; esa hermosa sonrisa silenciosa que Sebastian notó cuando lo llevaba en sus brazos.

—Espero que nuestro bebé herede tu sonrisa. —Murmuraba emocionado Sebastian entre besos que daba a una de las sonrojadas mejillas de su pequeño — También tu mirada, tu cabello, tu nariz...

—Ya papá —Le callaba Noah con un gesto un poco malhumorado— Ese niño si saldrá lindo igual que Ciel, deja de ser tan meloso.

—No te pongas celoso hijo mío, si ya te dieron "meloseria" hace un rato. —Se le burlaba un poco Sebastian recordando la escena que antes presenció.

—Eso fue solo sexo sin sentido.

—Pues para ser sin sentido vi que lo disfrutabas.

—Placentero físicamente pero no sacia mi corazón.

—Eso fue profundo... —Se le burlaba de nuevo el demonio mayor.

Era la entretenida conversación entre padre e hijo que Ciel escuchaba atento, le alegraba que la relación de ellos se fuera fortaleciendo, así es como debía ser pensaba, le convenía que Sebastian fuera mejorando su rol como padre. En unos minutos sin notarlo llegaron a su casa provisional, donde la pareja parecía discutir en la entrada de esta, aunque eran esas típicas discusiones nada serias entre ellos que daban el toque romántico a su relación.

—Puedo caminar Sebastian que vaya a tener un bebé no significa que ahora sea inválido. —Refunfuñaba Ciel quien estaba encaprichado en querer caminar y su demonio encaprichado también no lo soltaba a pesar de su resistencia.

—Nuestro nuevo amigo dijo que debíamos tener cuidado ¿Escuchaste la parte de que tu embarazo es riesgoso?

—Si lo escuché pero puedo caminar... Además espero que apliques ese mismo cuidado cuando quieras sexo porque ya no lo tendrás.

—Ah ustedes ya comenzaron con sus peleas... —Murmuró Noah pasando por su lado, ya sabía que cuando los dos se empeñaban en su terquedad se pasarían un rato así— Iré a mi habitación a descansar.

—¿Me dejarás en abstinencia hasta que nazca nuestro bebé? —Cuestionaba Sebastian a su caprichoso enamorado que aún cargándolo caminaba directo a su habitación.

—Estaremos en abstinencia por unas semanas, lo siento. —Ciel dijo en un murmullo mientras era recostado en la cama, Sebastian se recostaba a su lado abrazándolo sutilmente sin presionar demasiado su cuerpo, sus ojos carmesí no dejaban de verlo, el joven correspondía a su mirada de igual forma.

—Voy a extrañar esos cosquilleos que haces dentro de mi... —El joven susurraba a su oído de forma coqueta sin dejar de verlo esbozaba una pequeña sonrisa.

—No trates de seducirme si sabes que no podré hacerte esas cosquillas, además creo que a ti te afectará mucho más esta abstinencia.

—Si, creo que si pero hay que buscar la forma de saciarnos sin que lastime al bebé. ¿Por qué debes tener un miembro tan grande y adictivo? Te odio...

Sebastian ya se estaba excitando solo por oírlo hablar de esa manera, ese aliento cálido que rozaba su oreja lo encendía tomando un respiro trataba de calmarse. Debían hacer ese gran sacrificio por el bebé, estaba pensando en ello cuando sintió como Ciel lo sorprendía con un beso en los labios, correspondiéndolo acariciaba la piel cálida de sus piernas.

—Gracias por darme este regalo, prometo que te daré un hijo sano y hermoso. —La mirada del joven demonio brillaba hermosamente en un suave tono carmesí mientras hablaba una sonrisa radiante no se borraba de sus labios.

—No me agradezcas... Soy yo el que te lo agradece, me has hecho el demonio más feliz en este poco tiempo juntos que toda mi larga existencia cuando estaba sin ti.

Ciel conmovido por sus palabras, amoroso lo besaba de nuevo, entonces la pareja de demonios comprendía cuan afortunados eran y si tenían a quien agradecer era al destino por haber cruzado sus caminos, ¿Quien hubiera imaginado que el inicio trágico que los unió había llegado a este punto? Quizás solo lo imaginaría el retorcido sentido del humor de la vida y el destino.

Varios días pasaron desde aquella noticia, Sebastian tenía a su cargo cuidar de dos jóvenes demonios embarazados, aunque ninguno de los dos presentaba mayores malestares, Ciel por ratos andaba con náuseas lo que le provocaba malhumor pero su buen demonio sabía que método usar para calmarlo.

—Ngh... Sebastian... No muy profundo...

Era la petición entre jadeos de placer del ex conde que boca abajo en la cama se aferraba a las sabanas con ambas manos, sentía la lengua húmeda de Sebastian jugar en su interior rozando su pequeña próstata, provocándole deliciosos espasmos de placer. Y era que ingeniosamente acordaron solo el tener este tipo de sexo, ya que su lengua era más suave que su miembro al penetrarlo, era como un masaje que podía disfrutar sin dañar al bebé que crecía dentro suyo y a la vez calmaba su malhumor.

—Ahhh Sebastian... Sigue tocando ahí... Voy a correrme... Ngh

El demonio sonreía gustoso porque le era grato ofrecer placer a su pequeño amo gruñón, volteándolo seguía en su labor viendo como su miembro palpitaba y goteaba con cada húmedo roce. Rozando su próstata con fuerza casi envolviéndola en su lengua lo llevaba al delirio, cuando sintió como su eyaculación lo salpicaba mientras Ciel gemía alto estremeciéndose de placer.

—¿Ya se te quitó el malhumor? —Sebastian preguntaba mientras lamía las gotas de ese delicioso semen dispersas sobre sobre el abdomen del joven, quien aún estremecido trataba de recuperar el aliento. Era obvio que algo así le quitaría el malhumor a cualquiera pensaba como respuesta a su tonta pregunta.

—¿Quieres un beso sucio? ¿O crees que volverán las náuseas si lo hago?

Ciel se quedaba pensativo ante la pregunta de su demonio cuyo rostro ya estaba cerca al suyo ¿Cómo negarle un beso a este demonio que lo miraba de esa manera? No hubo necesidad de una respuesta hablada porque solo unió sus labios a los suyos en un apasionado beso en que podía saborear sutil su propia esencia y el perverso sabor de su cavidad anal.

—Te amo Sebastian Michaelis... Me es tan fácil decirlo ahora. —Sonrojado Ciel le susurraba cuando sus labios se separaron.

—Todo es cuestión de acostumbrarse a ser expresivo, también lo amo Señor Ciel Phantomhive y a nuestro lindo bebé .

Ciel sonreía emocionado ante su declaración amorosa, su cuerpo sufría cambios algunos incómodos y molestos pero si era por ese pequeño ser que los llenaría de alegría estaba bien soportarlo.

Por otra parte Sebastian estaba a punto de terminar su castigo lo que más quería era acabarlo y así dedicarse por entero al cuidado de Ciel, que en comparación a Noah su embarazo era más complicado y en todo caso impredecible porque no había un precedente de un caso similar. Un humano adolescente convertido en demonio que se embarazara al poco tiempo de convertido no era usual, habían casos de humanos-demonios adultos que se embarazaron y aún así fue complicado que llegaran a un feliz termino, ya que el bebé no llegaba a nacer. Sebastian trataba de no mostrarse preocupado pero lo estaba, no solo con la idea de perder al bebé sino a Ciel también, se sentía responsable porque fue el quien no tuvo la precaución de cuidarse en sus encuentros sexuales. Si perdía a Ciel no tenía sentido siquiera vivir pensaba amargamente cuando estaba en el mundo humano haciendo sus encargos.

—Ciel casi ni se te nota... Mírame a mi... —Noah se señalaba el vientre que estaba bastante abultado— Solo tenemos unos días de diferencia y es mucho el contraste de tu bebé y el mío.

—Bueno... Tú eres un demonio puro y como dijo tu amigo nuestros embarazos son diferentes, al menos tu sabes con certeza que son dos meses para que tu bebé nazca yo no sé cuánto tiempo estaré embarazado. —Ciel comentaba con un semblante triste, aunque trataba de mostrarse positivo ante la situación estaba preocupado.

—No te pongas triste... Todo saldrá bien, mi hermoso hermanito nacerá saludable, ya verás... —Acercándose acariciaba su vientre sonriendo para animarlo— ¿Sabes? Creo que estoy más emocionado y ansioso por ver a tu bebé que al mío.

—No digas eso...

—Tu bebé es un milagro infernal el mío es uno normal. —Riéndose se recostaba a su lado, ya que los dos esperaban a que Sebastian llegara de arreglar sus asuntos.

—Todo bebé es un milagro... ¿Por cierto qué sucederá con Mathew? ¿Has sabido de el?

—Debe seguir enojado por eso no ha venido a buscarme, con eso que tiene la obligación de casarse conmigo.

—Nunca pensé que el infierno fuera tan estricto. —Murmuraba Ciel con desgano.

—Típico humano que se imagina que el infierno es una fiesta desenfrenada para los demonios. —En tono sarcástico refutaba burlón el otro joven demonio.

—Aún así son muy estrictos mira a Sebastian lo obligan a cumplir un castigo por algo que hizo otro vil demonio.

—Si pero así son las reglas, las cumples o mueres.

—Y si no te casas con Mathew... ¿Qué sucede? —Curioso Ciel preguntaba.

—Simple... Matan a mi hijo y yo seré castigado.

Ciel abrió los ojos horrorizado por esa aclaración repentina, debía ser una mala broma porque no pensaba que habían reglas así de estrictas además Noah estaba tan tranquilo al decirlo.

—Estás bromeando... ¿Verdad?

—No... Es cierto pero estoy resignado a lo que me toque vivir, por eso también me entusiasmo más por tu bebé que por el mío pues quizás me lo arrebaten al nacer y nadie puede refutar eso.

Ciel agachaba la mirada con pesar, el infierno era un lugar tan perverso ¿Cómo podría traer a un pequeño inocente a este lugar? Pero pensando mejor en esa situación levantaba la mirada a su amigo.

—¿Y yo? Yo no estoy casado con Sebastian... ¿También mataran a mi bebé? —Se angustió al preguntar comenzando a llorar.

Noah nervioso le secaba las lágrimas, si su papá se enteraba que lo hizo llorar lo regañaría.

—Tranquilo... El tuyo es un caso diferente y mi papá está arreglando todo para casarse contigo antes que nazca el bebé.

—Pero tu otro padre no querrá dejarme a Sebastian... —Sollozando decía el demonio de mirada azulina.

—Los demonios pueden anular un matrimonio si se sigue cierto proceso, aunque mi otro padre no quiera pueden obligarlo a que acepte y ya. —Le decía para calmarlo— Ay Ciel... Se supone que no debía decírtelo... Sebastian me va a matar.

—No te preocupes, no le diré nada... Pero tu debes informarme todo, sé que Sebastian no me lo dirá para no preocuparme pero quiero saber y... ¿Sebastian estará bien?

—Si... Son puros papeleos innecesarios que el sabrá hacer —Noah le respondía con animo, aunque el asunto era más complicado que llenar papeleos.

A Ciel no le convencia del todo su respuesta pero debía callar como prometió aunque estaba consciente que si su demonio no le contó esto era para no preocuparlo, si le resentía un poco que le ocultara este tipo de cosas que son importantes e involucraba a los dos. Solo deseaba que a Sebastian no le pasara algo malo con todo este "proceso".

Otros días pasaron, Ciel ocultaba bien su preocupación pero le alegraba notar como finalmente ya se le notaba un pequeño bulto en su vientre, su bebé estaba creciendo, Sebastian se emocionaba tanto también que no dejaba de besar su vientre y sentir la calidez de su hijo que lo motivaba a seguir sus planes, quería casarse con Ciel, lo anhelaba más que nada no obligado por ese bebé sino porque realmente le ilusionaba tenerlo de esposo.

Así que tomando una fuerte bocanada de aire se armaba de valor para hacer algo que no quería pero debía hacerlo, caminaba hacia la que era su casa.

—¿Qué haces aquí? Pensé que no querías verme por un tiempo. —Eran las palabras cargadas de cinismo por parte del esposo de Sebastian, cuando este se aparecía en su casa.

—Necesito pedirte algo... —Con seriedad Sebastian le hablaba, no quería siquiera verlo menos hablarle pero necesitaba abogar a su buen sentido— Nuestra relación no funcionará y lo sabes, déjame libre de este matrimonio. Por favor...

—¿Para qué te vayas con el mocoso ese? ¿Cuál es el apuro? Pueden continuar con su relación descarada aún si estamos casados... A menos que... —Esbozó una gran sonrisa— ¿Está embarazado?

El demonio no dio respuesta alguna solo esquivaba la mirada y con ese gesto casi lo afirmaba, a lo que el otro empezó a reír como desquiciado, en ese momento Sebastian iba a reprenderlo por su risa idiota cuando vio que aparecía Claude junto a este, toda una sorpresa pues lo creía muerto y menos entendía que hacia ahí. Tenía un mal presentimiento al ver la sonrisa de malicia que ambos le dedicaban.

Muchas gracias por estar atentos a esta historia... Agradezco su apoyo, de verdad

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