Renuncia de derechos: Todo lo que reconozcan es de otras personas (Horikoshi–sensei, Rowling y uno que otro más). El resto del desvarío es mío, así que me reservo su uso como me dé la gana.

Advertencia: esto es un crossover; por lo tanto, las diferencias con el canon de las obras base van a ser muchas (algunas sonarán absurdas, otras no tanto, pero ahí estarán), así que no se aceptarán comentarios malintencionados al respecto.

Dedicatoria: a TanitbenNajash, creadora de la Tabla de Invierno en la cual participa el presente fanfic. Y también a "Volver a Hogwarts", porque sin sus actividades de 2019 (en específico, una con "Quidditch a través de los Tiempos"), la historia origen de esto (aún sin publicar) no habría nacido.


Veintidós – Pasado.

Abril.

Karen, de algún modo, sentía que quería asesinar a alguien.

Como heroína, no era un pensamiento que debería tener, pero no se le iba de la cabeza. Solo la contenía el conocimiento de que no le serviría a nadie si la encarcelaban (porque era una Kishuu y sabía evadir a quien quisiera demasiado bien).

—¿Por qué se está haciendo costumbre el hacernos confesiones en mi lecho de convaleciente?

—No sigas por ahí, Ten–kun, o te dejo inconsciente sin que nadie sepa cómo pasó.

Tensei asintió y desvió la vista hacia la ventana de la habitación.

Suspirando, Karen entrelazó las manos en su regazo. Sabía que esta conversación tendría lugar, pero esperaba que fuera bajos los términos que ella y Tensei decidieran, no con él hospitalizado porque estuvo a punto de morir otra vez.

—Aunque no lo creas, no estoy enfadada —comenzó ella, hablando con cierta lentitud, buscando las palabras adecuadas para expresar el torbellino que hacía de su interior una confusión total—, porque siendo justa, habría hecho algo parecido de estar en tu situación. Pero, Ten–kun, ¿estás consciente de que pudiste haberte matado?

Hubo una emergencia en varios puntos de la ciudad, como si de repente, los villanos más extraños y peligrosos que hubieran visto se pusieran de acuerdo para saturar de trabajo a los profesionales. Tensei se dirigió de inmediato a uno de esos puntos, sin dar la oportunidad de que lo siguieran y solo porque distraídamente dejó un mensaje en la recepción de la agencia, Karen supo por qué había partido así, y lo comprendía.

El conflicto del que Tensei casi no salió vivo involucraba a estudiantes de U.A. de primer año.

—Diría que es el gaje del oficio del que nunca te recuperas, pero mentiría, Karen–san.

—No, no mentirías, pero sería una broma de muy mal gusto en este momento.

—Lo sé, lo siento.

Karen agitó la cabeza en negación. Como no alzó la vista, esperó que Tensei la estuviera observando.

—Que nos maten es un riesgo del trabajo que tengo asumido —admitió con cierta amargura—, pero no puedes culparme por haberme asustado.

—¿Es por Seitaro–san?

Entonces Karen sí se irguió, abriendo los ojos al máximo para fijarlos en un Tensei pálido y firme, pero a quien le temblaba levemente una mano, la que no llevaba vendada en ese momento.

—Bueno, sí, en parte. Me dolió muchísimo perderlo así, sin que pudiera hacer algo para ayudarlo. Ten–kun, ¿piensas que eres un reemplazo? ¿O que no te quiero lo suficiente?

—Karen–san…

—¡No, escúchame! —ella frunció el ceño, de repente alterada, pero no estaba segura si se trataba de enfado o la explosión de la angustia acumulada de días pasados—. A nadie le gusta pensar que sus seres queridos están en peligro, pero somos héroes, ¡estamos en peligro todo el tiempo! Sei–kun confió en mí para salvar a los civiles, ¡para salvar a Sasume–chan! ¿Crees que no habría preferido seguirlo y cuidarles las espaldas a él y a Masaichiro–san aquel día? ¡Pero no fue así! ¡Hice mi maldito trabajo para que ellos no se distrajeran del suyo, aunque no sirviera de nada al final! Así que por favor, por favor, Ten–kun, ¿quieres dejarme opciones la próxima vez?

El trabajo de heroísmo podía ser muy cruel, Karen lo sabía de sobra. En el pasado, le arrebató a personas que amaba y no podían culparla por querer evitar que se repitiera la tragedia.

—Haré todo lo posible, Karen–san —pronunció Tensei finalmente, en tono de solemne promesa—. Siempre sabrás dónde estoy y te diré si puedes o no intervenir.

—¿Si puedo?

—Si debes, en realidad. Si puedes, lo harás, aunque te pida lo contrario.

—¡Por supuesto que lo haré!

Solo entonces, Karen se permitió una sonrisa nerviosa y el tomar entre sus manos aquella de Tensei que no estaba herida.

Por el momento, ese compromiso entre ellos debía bastar.

—&—

Bienvenidos al día 22, espero que les agrade el capítulo que ha resultado.

Sí, Karen era feliz y yo vengo a arruinarlo. No me maten, pero en la palabra de hoy, era escribir esto o un flashback cuyo tema no me acababa de convencer, y aquí tienen el resultado. Supongo que a nadie sorprende que Tensei fuera a dar al hospital por un ataque de villano a alumnos de U.A. (¿cuánto apuestan a que eran de la clase 1–A?), porque a Karen no le extrañó nada, solo deseó haber podido estar allí y ayudar, cosa que no pudo hacer del todo por su difunto novio. Como Tensei es un hombre amable y razonable (y porque está completamente enamorado), acepta los términos de Karen, y ella los usará al máximo.

Cuídense mucho y nos leemos en la siguiente palabra: Aire.