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CAPITULO 22 – PROBLEMA EN LA ALDEA
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Ingrid decidió formar parte de la clase de Sora para poder forjar su sueño de convertirse en una verdadera mujer caballero útil para sus compañeros.
Para formar parte del equipo, buscó a Beres para hablar con ella y así convertirse en su estudiante encontrándola cerca de la tienda de armas.
— ¡Maestra! —la llamó Ingrid acercándose.
— Oh, Ingrid, hola. —la saludó Beres volteando a verla.
— Hola. —respondió la rubia de vuelta. — Verá, he estado pensando, y me gustaría aprender muchas cosas de usted y así formarme como una caballero.
— Me alegra escuchar esto, Ingrid. —dijo Beres esbozando una sonrisa. — ¿Quieres unirte a mi clase?
— ¡Sería un honor, maestra! —expresó Ingrid el gran entusiasmo por ser parte del equipo.
— De acuerdo, a partir de mañana formarás parte del equipo. —declaró Beres haciéndola parte de la clase.
— ¡Muchas gracias, maestra! —Ingrid le da un abrazo en agradecimiento.
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¡¿Qué?! — expresó Annette sorprendida por la noticia. — ¡¿Formarás parte del equipo de la maestra?!
— Si. He tomado la decisión, chicas. —afirmó Ingrid su iniciativa. —De ese modo, no tendré que estar atado a los caprichos de mi padre.
— Que bueno que hayas tomado la decisión, Ingrid. —la elogió Mercedes por su valentía. —Me imagino que Sora te dio un buen consejo, ¿no es verdad?
— Eh… Si… Si me dio un excelente consejo. —dijo la mencionada entrecortada sonrojándose las mejillas, cosa que las chicas notaron.
— Veo que Sora te está empezando a caer bien, ¿no es verdad? — expresó Annette al notar ese sonrojo.
— ¿Eh? Bueno… Es una persona agradable y simpática para serles honesta. —dijo Ingrid intentando ocultar sus sentimientos hacia el chico. —Me ayudó a resolver mis dudas, es todo.
— ¿Y? ¿Él te gusta? —preguntó Mercedes haciéndola sonrojarse más a la chica.
— ¡Mercedes…! ¿Qué cosas dices? No tengo pensado ser la esposa de Sora. —le reprendió Ingrid nerviosa.
— No digo que te cases, Ingrid. Al contrario. —se defendió la rubia en su tono tranquilo. —Es que Sora, casi al igual que algunos de los chicos y Claude, se ha vuelto popular entre las mujeres.
— ¿Tan popular entre las mujeres? Eso es increíble. —comentó Ingrid asombrada por la declaración.
— No sé ustedes pero con tan solo hablar de él me sonrojo. —dijo Annette demostrando esos dichos sentimientos.
— Yo igual. —secundó Mercedes de igual manera.
— Chicas… —expresó Ingrid asombrada por las palabras de sus ya excompañeras.
— De acuerdo, a nosotras también nos gusta Sora, ¿Ok? —admitió Annette dejando salir sus sentimientos.
Ingrid se quedó sorprendida por estas palabras de la pelinaranja, todo este tiempo ella y Mercedes habían sentido muchísima admiración hacia Sora, también lo que estaban sintiendo era un amor platónico, aunque esto podría ser mucho más que eso.
— Chicas, agradezco que hayan resuelto mis dudas. —les agradeció Ingrid quitándose el peso de encima.
— No hay de que, Ingrid. —respondió Annette esbozando una sonrisa juguetona. —En cualquier caso, algún día nos uniremos a tu equipo.
Y así fue como las tres aprovecharon su ultimo día juntas en la clase de los leones azules, al menos era lo que se pensaba.
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AL DIA SIGUIENTE – AULA DE LAS AGUILAS DE NEGRAS.
Era un nuevo día de clases para los chicos del monasterio, como lo hacían a diario, todo el mundo se sentaba en sus respectivos pupitres esperando la llegada de su profesora.
— ¿Viene una nueva integrante a unirse? —expresó Ferdinand sorprendida.
— Si, Ferdinand, viene de la clase de los leones azules. — respondió Sora dándoles media información, guardándoles una sorpresa.
— ¿Y podrías decirnos de quien se trata? —le preguntó Dorothea por el nombre de la persona.
— Es una sorpresa. —respondió Sora cuando justo se escuchaba abrirse la puerta del aula.
En efecto, tal como Sora les habia dicho, Ingrid entraba junto a la maestra sorprendiendo a todo el mundo.
— ¡Ingrid! —expresó Dorothea feliz.
—Hola, chicos, me llamo Ingrid Brandi Galatea, vengo de la casa de los Leones Azules, espero ser de su agrado. —se presentó la rubia haciendo reverencia a sus nuevos compañeros.
— A partir de ahora, Ingrid será nuestro nuevo miembro del equipo, espero que se lleven bien con ella. —dijo Beres pidiendo que le dieran un excelente trato por igual.
— ¡Mucho gusto, Ingrid! —los chicos le daban una calurosa bienvenida.
La futura mujer caballero se sentó en medio de Sora y Dorothea para asi empezar su ciclo escolar con su nueva casa.
La clase transcurrió con normalidad, Ingrid comenzó a ver lo muy peculiar que era la casa, pero le agradaba, pero lo que más le gustaba, era la presencia de Sora.
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Despues de que terminaba la clase, Dorothea decidió entablar una conversación con Ingrid caminando por el monasterio.
— ¿Cómo te pareció nuestra clase, Ingrid? —preguntó la ex tenora.
— Me fue bien, Dorothea. —respondió la rubia satisfecha. —Fíjate que el ambiente luce más relajado a comparación de mi otra clase.
— Sip, quizás te parezca como una familia rara pero cada uno tiene su propia forma de pensar. —le comentó Dorothea explicando cómo era la casa roja.
— Quizás eso me ayude a desenvolverme poco a poco. —dijo Ingrid convencida. — Aunque… no sé si sea prudente decir mis motivos personales…
— ¿Tus motivos personales? —intuyó la pelicafé las palabras de su amiga. — Oh… No me digas que encuentras atractivo a Sora…
— ¡Do-Dorothea! —le reprendió Ingrid mostrándose tímida ante la declaración de la chica. — No digas esas cosas… Solo somos amigos, ¿está bien?
— ¿En serio? Porque te veo muy apegado a él, de hecho, yo también siento muchísimo apego, Edelgard, y Beres también sienten lo mismo. —declaró Dorothea dejando perpleja a la rubia.
— Tú, la profesora, y Edelgard también… —Ingrid se sorprendió al ver que ellas tenían algo en común. — ¿Se sienten atraídas por Sora?
— Si, ¿tú no? —respondió Dorothea afirmando sus palabras, además de preguntarle si sentía lo mismo.
— Eee… Si… aunque admito que soy reservada cuando se trata de esos temas. —reconoció Ingrid sacándose el peso de encima, aunque de forma introvertida. —Siento que Sora es mejor que los demás pretendientes que mi padre me presentaba.
— ¿Ves? Sabía que te gustaba. —dijo Dorothea sonriendo por su triunfo.
— Bueno, es un buen chico, la verdad, Dorothea, esta es la razón por la que pienso convertirme en una mujer caballero a su lado. —declaró Ingrid la iniciativa, declarando sus sentimientos de forma sutil.
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Mientras tanto, Beres estaba en el vestíbulo del monasterio organizando sus cosas para realizar la misión que se llevaría a cabo, pero de pronto…
— ¡Beres, debemos partir de inmediato! —la llamó Jeralt aproximándose con suma urgencia.
— ¿Qué sucede? — preguntó Beres al ver esa faceta de su padre.
— La situación ha dado un giro drástico en Remire, aunque no disponemos de información detallada. — Unos dicen que los aldeanos se están matando entre ellos; otros afirman que hay viviendas en llamas.
— ¡Esto es horrible, padre! —expresó Beres impactada.
— Sea como sea, hay que ponerse en marcha. —finalizó Jeralt dando la orden de dirigirse al pueblo.
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ALDEA DE REMIRE (TERRITORIO IMPERIAL)
Beres y su grupo arribaron a la aldea tan rápido como pudieron y lo que vieron los dejaron helados, en efecto habían algunos aldeanos mostrando un comportamiento errático que los hacia matarse entre sí y lanzarse amenazas de muerte.
Era como si una plaga les lavaba el cerebro.
— ¡Muerte! ¡Mueerte! —bramaba un aldeano exaltado en ese estado con deseo de matar.
— ¡Auxilio! ¡Auxilio! —gritaba un niño por ayuda aterrado acercándose al grupo.
— ¿Qué demonios pasa aquí? —cuestionó Jeralt pasmado.
— ¿Por qué la gente se andan matando entre ellos? —Sora se mostraba igual de shockeado que todos.
— ¡Que escena tan horrible! Es aún más asquero… desagradable de lo que imaginaba. —comentó Edelgard indignada por el grave problema.
— Bastante desagradable para ignorar ese detalle. —coincidió Beres atenta.
— Tenemos que ayudar a los aldeanos como sea. —ordenó la peliblanca tomando la iniciativa.
— Si, pero si no procedemos con sumo cuidado, corremos el riesgo de provocar más muertes. —aconsejó Hubert viendo lo riesgosa que era la misión.
— ¡Los aldeanos se están peleando entre ellos! — exclamó Caspar molesto. — ¡Habrá que derribarlos uno a uno hasta el último!
— Espera Caspar, no podemos cometer la imprudencia de salir a matar asi nada más. —le reprendió Ingrid al oírlo decir que hicieran esa acción impulsiva.
— Tú y tus sugerencias irreflexivas… —secundó Linhardt medio fastidiado. — Si damos un paso en falso, los mataremos o haremos que nos asesinen.
— En cualquier caso, ¡no podemos quedarnos con los brazos cruzados! —manifestó Ferdinand sus intenciones de limpiar la zona.
— O-Ojala me fuera para mi casa, pero supongo que ya es tarde. —declaró Bernadetta nerviosa pero dispuesta a ayudar.
— ¡Sea como sea, ayudemos a esa gente a escapar y limpiemos la aldea! — declaró Sora listo para pelear.
— ¡Hay que ayudarlos! — respondió Dorothea de igual manera.
— Yo espero orden de atacar. ¡Lista para acción!
Sin embargo, Edelgard se percató de unas misteriosas presencias a lo lejos del incidente.
— ¡Esperen! Veo a unos individuos sospechosos… —expuso la futura emperatriz viendo a esos seres con intriga. —Parece estar observando el caos.
— Xehanort… ¿Qué demonios hace él allí? — dijo Sora logrando ver al tipo al lado de ese sujeto misterioso.
— Sospecho que vino aquí por alguna razón, sea lo que sea hay que ser cuidadosos. —respondió Beres con sospecha hacia el tipo de ropas negras.
— Seguro que esto es obra suya. ¡Acabemos con ellos y salvemos a todos los habitantes que aún no hayan perdido la razón! — Edelgard daba la orden de empezar la misión.
De pronto, de la nada aparecieron los Heartless para invadir toda la zona, y para empeorar más las cosas, no venían solos, también aparecieron unos seres plateados que el portador de la llave espada supo reconocer de inmediato.
— ¡¿Qué rayos son esas cosas?! —se exaltó Jeralt mortificado.
— No solo los Heartless están aquí… También vinieron los Nobodies. —señaló Sora a los dichos seres ganándose la atención de los presentes.
— ¿Nobodies? ¿Asi que esos seres también han venido a destrozar la aldea? —dijo Jeralt sorprendido por la respuesta del chico. — ¿Ya te has enfrentado a esos seres antes, Sora?
— Sí, señor. —afirmó Sora con seguridad.
— Entonces, ¿quién quiere enfrentarse a esos seres? —inquirió Jeralt para ver quien estaba dispuesto a enfrentarse a las criaturas oscuras.
— Yo lo haré. — respondió Beres dispuesta.
— Y yo… —secundó Edelgard de igual manera.
— No tengo idea de que son esas cosas pero yo también le entraré. —expresó Dorothea dispuesta a ayudar Sora.
— No me quedaré parado sin patearles el trasero a esos seres. — manifestó Caspar sus ganas de golpear a uno de esos seres oscuros.
— Bien, los veo muy entusiasmados, muchachos, ustedes vayan por esos seres que están rondando por la aldea pero recuerden todos que la prioridad es salvar a los aldeanos. —Jeralt les dio la orden de derrotar a las criaturas.
— Si, capitán. —afirmaron Sora y su grupo en unísono.
— ¡Yo me encargo de los aldeanos con impulsos violentos! ¡El resto de ustedes ayuden a los demás! —Jeralt dictaba la orden hacia el resto del grupo para que se encargaran de salvar a los demás aldeanos que aún no habían cedido a la locura.
[Kingdom Hearts II Final Mix BGM: 13th Reflection]
[INFORMACION: Unete a Beres y a los demás para acabar con los Heartless y Nobodies]
Sora y los demás procedieron a abatir a las criaturas que rodeaban la zona mientras el resto del grupo lidiaba con los aldeanos que estaban mal exaltados.
El portador de llave espada llegó a notar algo entre las llamas en una casa a un niño que lloraba por ayuda mientras era perseguido por un nobody y un Heartless.
— ¡Tengo que rescatar a ese niño! —declaró Sora su iniciativa.
— ¡Espera! Iré contigo. —dijo Caspar mostrándose dispuesto a echarle una mano.
Sora asintió y se dirigieron hacia la casa en llamas para hacer todo para sacar al niño de ese infierno.
— ¡Ayuda! —exclamó el niño tratando de quitarse de encima a las criaturas.
— No te preocupes, te sacaremos de aquí. —Caspar lo tranquilizaba diciéndole que lo ayudarían. — ¡Vamos, Sora!
Fue así como ambos pelearon contra el Heartless y el Nobody para vencerlos lo más rápido posible mientras la casa se desmoronaba a pedazos debido al incendio.
— ¡Ya los vencimos! ¡Salgamos de aquí, rápido! —llamó Sora a escapar de la casa en llamas.
Los tres salieron tan rápido como pudieron de la casa por la ventana antes de ser calcinados por el fuego, el niño salió ileso pero Sora y Caspar presentaban leves quemaduras en la ropa, a pesar de eso, estaban en buenas condiciones para salvar a más aldeanos.
Se abrieron paso abatiendo a mas criaturas que se encontraban en su camino, hasta que se reunieron con Beres y el resto de su grupo para ayudar.
— ¿Dónde rayos estaban? —les preguntó Edelgard mientras derrotaba a unos Heartless y algunos Nobodies. — ¡Los estuvimos buscando!
— ¡Tuvimos que ayudar a un niño a escapar! —respondió Caspar haciendo lo suyo.
— Lo siento, es mi culpa, no podíamos dejar que le hicieran daño. —se disculpó Sora justificando sus acciones.
— Está bien, pero al menos avísennos lo que van a hacer. —dijo Beres pidiéndoles que no fueran a hacer algo imprudente otra vez.
Ambos asintieron y siguieron despejando la aldea derrotando a todos y cada uno de los Heartless y Nobodies que veían mientras salvaban a los aldeanos.
Luego de eventualmente terminar de despejar la aldea, todos se dirigieron hacia la colina en cual estaban Xehanort y un misterioso hombre de la tercera edad.
— ¡Xehanort! —lo llamó Sora mirándolo con sospecha. — ¿Fuiste tú quien causó esto?
— En este lugar habitan muchas personas que tienen oscuridad pura en sus corazones… —respondió el peliblanco volteando a ver al anciano. —Y en efecto, ese señor me ha ayudado a sembrar ese caos que ustedes acaban de disipar.
— ¿Qué haces aquí, Tomas? —inquirió Edelgard mirando al hombre. — No sé ni para que pregunto…
— No soy Tomas… —negó el mencionado para de inmediato revelar su verdadera identidad. — ¡Me llamo Solon y soy el salvador del pueblo!
Fue entonces cuando no solo reveló su identidad, sino su verdadero aspecto que emanaba maldad pura; su piel era blanco palido y tenía un ojo negro con pupila clara, dando una personalidad siniestra que los impactó a los presentes.
— ¿Qué pasa? ¿Mi disfraz los ha dejado sin palabras? Que fácil ha sido engañarlos… —dijo Solon viéndolos con malicia en su voz. —Me ocultaba en Garreg Mach con el fin de obtener de esa chiquilla llamada Flayn… ¡Ahora estamos un paso más cerca de nuestro objetivo!
— ¡Así que querías su sangre! —bramó Beres enojada al oír sus verdaderas intenciones. — ¡No dejaremos que le pongan un dedo encima a Frayn!
Para complicar más las cosas, de la nada apareció el caballero oscuro con el mismo propósito, cualquiera que se le acercara, le haría pedazos.
— ¡El Caballero Oscuro! Debe de estar aliado con Tomas… o Solon o como quiera que se llame. — dijo Jeralt sorprendido por su súbdita presencia.
— Mejor no nos metamos con él, es muy poderoso. —sugirió Beres no entrometerse con el tipo. — ¡La prioridad aquí es detener a Xehanort y a Solon!
— Hija… —expresó Jeralt sorprendido al ver a Beres muy seria mirando los tipos. — De acuerdo, acabemos con ellos.
[INFORMACION: Ayuda a Beres y a tu grupo a derrotar a Xehanort y Solon]
Sora y los demás se dirigieron hacia donde estaba ese par para confrontarlos, esquivando al misterioso caballero oscuro.
Al acercarse, todo el mundo se intercambiaron miradas muy intensas, con señales de quererse pelear y vencer.
— ¡Se acabó, imbécil! —señalaba Sora a Xehanort dispuesto a acabar con él.
— ¿Te crees muy valiente, estúpido? —el mencionado se burlaba de su compostura.
— Tomas… Mejor dicho, Solon… Y tu Xehanort… Los detendremos… —afirmaba Edelgard seria.
— ¿Qué dijiste? Si ustedes ambos se empeñan a enfrentarse a nosotros dos, no esperen que mostremos clemencia, par de idiotas. —los retaba Solon a pelear a muerte.
— ¡Bien, ustedes se lo buscaron! —exclamó Sora invocando su llave espada para asi empezar la pelea.
La lucha estuvo muy intensa entre los cuatro, Xehanort lanzaba toda clase de hechizos oscuros con tal de lastimar al pelicafé, pero este tenía reflejos para evitar los ataques y asi contraatacarlo sin problema.
Xehanort lograba minimizar el daño que Sora le Infringía, pero al de igual manera comenzaba a darse cuenta de lo muy fuerte que se estaba volviendo y eso lo abrumaba de sobremanera.
— Maldito mocoso… —le maldijo el tipo entre dientes. —Debiste haber desaparecido hace tiempo como lo dictaba…
— Pues te equivocaste. —le contestó Sora haciéndole ver que no le salió como esperaba.
— No importa… Como ese maldito viejo yo no pudo contigo… ya encontraré la forma de vengarme de ti y de tus amiguitos… —declaraba Xehanort sus malas intenciones.
— ¿Por qué han elegido esta aldea? —los interrogó Jeralt molesto. — ¿Qué se proponían?
— Podríamos haber llevado a cabo mi experimento con cualquier sujeto, pero ya hemos conseguido lo que queríamos. Adiós. — manifestaba Solon sus verdaderas intenciones, intrigando a los presentes.
— ¡Esperen! —Sora intentó detenerlos, pero Xehanort y Solon habian desaparecido. — Se escaparon… ¿A que se refieren con eso?
— Es una buena pregunta… Iré a echar un vistazo, quizás haya más enemigos escondidos. —dijo Edelgard intrigada.
— Iré contigo, pueden haber mas hea-. —Sora se disponía cuando la peliblanco lo interrumpió.
— No, quédate aquí, primero preocúpate por revisar a los aldeanos y cerciórate de que estén, ¿Sí? —le ordenó la futura emperatriz que no la acompañara.
Sora la miró retirarse a un rumbo desconocido, entonces sintió que le estaba ocultando algo, era algo que Edelgard no quería que nadie supiera.
— Edelgard… ¿Qué o quién eres en realidad? —murmuró Sora con sospecha.
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Sora se reunió con Beres y Jeralt luego de limpiar el desorden de la aldea y asi tomarse un descanso después del problema.
— Parece que, de alguna forma, logramos restablecer el orden y minimizar el numero de victimas. —declaró el capitán satisfecho.
— Fue una ardua labor. — dijo Beres de igual manera.
— Según ellos, eligieron sus conejillos de indias al azar. —comentó Jeralt lamentándose por el grave problema de la aldea. — Por su culpa, la gente de Remire…
De la nada, apareció alguien a quien no esperaban, y, de hecho, no pensaban encontrárselo, sorprendiendo a los presentes.
— ¡Tú! —se exaltó Sora señalando a nada más ni menos que el Emperador del fuego.
— ¡¿Qué carajos estás haciendo aquí?! —secundó Beres expresando su molestia.
— Esa armadura… Conque tú eres el Emperador del fuego… —dijo Jeralt igual de molesto que los demás.
— En efecto, supongo que ya conocen a mi subalterno, el Caballero Oscuro. —les recalcaba el enmascarado en tono frio.
— Claro que lo conocemos, estúpido. —afirmó Sora sus palabras reprendiéndolo. —Pero hablemos de ti, tu destruiste esta aldea.
— No malinterpretes la situación, chiquillo. —El enmascarado le exigió que no sacara conclusiones apresuradas.
— ¿Qué dices? —cuestionó Jeralt confundido.
— Explícate. —Beres le exigió que aclarara las cosas.
— Admito que colaboro con Solon y Xehanort, aunque eso no significa que tengamos los mismos objetivos. —comentó el emperador del fuego aclarando la situación, aunque eso los dejaba mas que intrigados. — De haber sabido lo que estaban tramando, los habría detenido. Les doy mi palabra.
— Tu palabra carece de valor. —le contestó Jeralt no creyendo en las palabras del enmascarado rojiblanco. —Tendrás que venir con nosotros al monasterio.
— Y yo tendré que declinar la petición. No obstante, si aceptan unir nuestras fuerzas, escucharé sus suplicas. —declaró el enmascarado además de hacerles una proposición de unírseles.
— ¿Cómo? —dijo Beres dudando de sus palabras, ¿acaso los invitaba a ser parte del enmascardo?
— ¿Nos estas invitando a unir nuestras fuerzas? —lo interrogó Sora dudando de igual forma.
— Si los dejamos a su albedrio, no dejaran de cometer actos violentos como este. ¿Acaso no quieren impedirlo? —el enmascarado los volvió a intentar persuadir para que se unieran. —Con la espada de la creación y esa misteriosa arma que ese muchacho tiene en nuestro poder, Solon y Xehanort no supondrían ninguna amenaza.
Eso los puso a pensar Sora y a Beres, el enmascarado afirmaba no tener nada que ver con las acciones de Xehanort y Solon contra la aldea, y parecía invitarles a unírsele a él para poder vencer a esos tipos y a la supuesta y renacida Organización XIII.
Pero no confiaban en sus palabras asi que…
— Olvidalo, señor enmascarado… ¿Crees que nos vas a engañar con tus palabras? ¡Pues te estas equivocando de personas! —dijo Sora negándose al igual que los demas a creer en las 'mentiras' que el tipo les inculcaba.
— Una lástima, aunque era previsible. —comentó el emperador de fuego consciente de la negativa de ellos. —Recen para no arrepentirse de su decisión.
— ¡Maestra! ¡Capitan! ¡Joven Sora! ¿Han visto a lady Edelgard? —los llamó Hubert para preguntar sobre el paradero de la peliblanca.
— No sabemos en donde esta, Hubert, disculpa. —respondio Beres dando la negativa de su paradero.
Se disponían a interrogar al enmascarado, pero este se escapó perdiéndolos de vista.
FIN DE CAPITULO 22
