Después de que el príncipe se despidiera de Candy para reunirse con sus padres y con la promesa de volver lo más pronto posible, la pequeña rubia se sentó en el césped recargando su espalda en el tronco del padre árbol para ver como se alejaba el niño amable, lo vió subirse a su caballo, también pudo ver su bella sonrisa mientras le decía adiós con la mano derecha, se quedó para de algún modo estar más tiempo con él. Candy recordaba la dulce voz de Will mientras se comía un chocolate de pronto escuchó que Annie la llamaba:

—¡Candy! ¡Candy!

—Annie no te sentí llegar

—estabas distraída como siempre

—te vez triste, ¿ qué te pasó? ¿te hicieron algo los niños?

Annie se sentó junto a Candy y le contestó —no me hicieron nada

—entonces ¿por qué estás triste?

La pequeña castaña suspiro mientras le resbalaban lágrimas en sus mejillas sonrojadas y prosiguió a hablar —solo pensaba que hace seis años nos dejaron en la casa de Pony y que tal vez es bonito tener unos padres que te quieran y te protejan, me gustaría tener un beso de mi padre, quisiera saber como se siente el amor de una madre, quisiera tener a alguien a quien decirle mamá. Pero cada que pasan los días siento que es más difícil que mis sueños se vuelvan realidad

De repente Candy se acercó a su amiga para darle un beso y con una sonrisa le dijo —ten un beso de tu mamá

Annie estába tan conmovida por el cariño de Candy y por la forma tan ingeniosa de hacerla sonreír que solo pudo pronunciar con el corazón estrujado — Candy...

Después Candy arrancó algunas hojas de sacate, poniéndola debajo de su nariz, simulando un bigote se acercó a la carita triste de su hermana para darle otro beso, a continuación dijo —ten un beso de tu papá

Annie estába feliz de tener a Candy como su amiga que se abalanzó hacia ella para abrazarla mientras reían alegremente. Enseguida la rubia dijo :— tengo algo para ti

—¿ qué?

Mientras buscaba en sus bolsillos contesto —espera es una sorpresa — Candy recordaba que tenía un chocolate enteró pero lo único que encontró fue un trozo mordido de está golosina y un poco apenada habló —solo encontré este pedacito de chocolate... Hmmm recuerdo que tenía uno más decente

La pequeña castaña tomo con mucho cariño el trozo de chocolate por que sabía que Candy se lo daba con amor y contesto— gracias Candy está muy sabroso

Las pequeñas regresaron al hogar de Pony, en cambio el príncipe después de llegar a la cabaña, con gran alegría se dió cuenta de que tenía agradables visitas, eran nada menos que su tía Elroy, su hermana Rosemary, junto con los niños Andrew; Stear, Archie y Antony. Con gran entusiasmo fue corriendo a darles la bienvenida, abrazando cariñosamente a su hermana, después le dió un beso a su tía, Elroy se sentía querida por su muchacho rebelde, se sentía tan orgullosa de Will, sabía que tenia muchas cualidades para convertirse en un digno sucesor de su padre. Elroy al tener a su hermano cerca, sabiendo que en el recae la educación de Will se sentía más relajada por que él patriarca hacía un buen trabajo creando al futuro líder del clan Andrew. En cambio cuando por circunstancias de la vida ella a tenido que ser la responsable de Will a sentido temor de fallarle a su hermano cómo a su clan y a tenido que ser dura en dicha misión.

El príncipe junto a sus sobrinos empezaron a jugar corriendo en el patio de la cabaña para más tarde nadar en el río con sus respectivos trajes de baño, eran solo niños disfrutando de un tiempo en familia, Will a su corta edad observaba y cuidaba a los niños Andrew principalmente a Antony.

Más tarde los niños se pusieron ropa seca y calientita para comer gran variedad de esquistos alimentos. Mientras que en la mansión Andrew hacia su aparición una señorita de sociedad, que se esmeraba en limpiar los rastros de lágrimas de su bello rostro para maquillarlo y así poder ocultar su tristeza. Al ser atendida por la servidumbre tuvo que tragarse su dolor, aunque sentía un nudo en la garganta habló con distinción como si no tuviera problemas, su mirada de sufrimiento la cambió por una altanera, así era ella, así se comportaba no tenía por que ser diferente y no tenía por que mostrar su desolado corazón a la servidumbre, al darle autorización para reunirse con George en el despacho ella se deshizo de su chaperona antes de entrar al recinto donde se encontraba el hombre a quien tanto amaba.

Al verlo sufrir ella no pudo más con su careta de indiferencia y sin poder ocultar por más tiempo su alma destrozada le salieron lágrimas de sus hermosos ojos almendrados, George al verla desconsolada quería abrazarla pero su propia vergüenza de ser indigno para la refinada señorita de sociedad no se lo permitió, solo pudo decir con pesar:

—ya lo sabés...

Luisa al ver la indecisión en su amado empezó a confirmar que su padre le había dicho la verdad, no podía ser de otra manera su padre jamás le mentiría en algo tan importante, sintiendo tanto miedo por su futuro incierto y viendo como sus castillos de arena que se había construido en el aire se desmoronan se aferró a ese ser que si era real abrazando a George por la cintura, ocultando su rostro en el pecho de su amado para no ver la verdad en su mirada y empezó a hablar como pudo por que sentía que no tenía aliento para pronunciar palabra alguna

—mi padre dijo que no eres un Andrew... Que no eres el futuro patriarca. Por favor dime que es una infamia... Dime que eres el heredero Andrew, necesito escucharlo aunque sea una mentira

George sufría por su condición inferior pero él no diría mentiras solo por endulzar el oído a Luisa y dijo con pesar —es verdad lo que te dijo tu padre

Al escuchar las palabras de George Luisa levantó su rostro para verse por última vez en los ojos negros del joven Andrew para guardar en su memoria tan bello rostro, con una sonrisa triste confirmando que George era un magnífico hombre habló —dame un último besó

El caballero al querer probar por última vez los labios de la mujer a quien amaba acercó su rostro al de Luisa y tomó sus labios para darle un beso melancólico y apasionado al mismo tiempo que dejaba el alma en el acto. Luisa al tener tan cerca a George no pudo hacer a un lado sus sentimientos y su necesidad por sentir su calor para apaciguar el frío que tenía en su corazón, las caricias aumentaron, sin darse cuenta les faltaba la ropa pero los dos amantes no podían separarse por que se necesitaban más allá de lo físico, ellos sé amaban y se necesitaban. Luisa se entregaba en cuerpo y alma a su hombre a pesar de que su proceder era considerado impropio para una señorita de su posición social pero quería burlar a la vida cruel que ya había decidido que su amor no se realizaría si no que después de la entrega se truncaria su sueño de tener una familia con George.

Continuará...