Epilogo: 20 años después...
Los largos y huesudos dedos acariciaron el marco fotográfico donde un enorme grupo de personas, de todas las edades, sonreían felices a la cámara mientras alzaban sus copas para celebrar navidad; su dicha por estar juntos era evidente y hasta contagiosa para cualquiera que los observara. Todos sin excepción, incluso ella, vestían un sweter de lana tejido por Molly Weasley con la inicial de su nombre; ella tenía exactamente 18, los que atesoraba y guardaba en un lugar especial de su amplio armario, lleno de finas prendas diseñadas especialmente para ella.
Miró la enorme habitación, la cual le parecía tan o más hermosa cada año que pasaba. Le gustaba la iluminación que otorgaba el amplio ventanal que dejaba entrar la luz natural, lo primero que observaba cada mañana desde la cómoda cama que ocupaba el centro de la habitación pegada a la alta pared del fondo, cubierta en su totalidad con su mayor tesoro: miles de fotografías que mágicamente había encantando para que se ampliaran a su tamaño original cuando fijaba la vista en ellas y que representaban la historia de su familia: porque hace muchos años atrás la habían hecho parte de ella. Cada año hacía este mismo ritual e incluía nuevos retratos, los repasaba uno a uno recordando y atesorando los momentos vividos, cada sonrisa, cada discusión, cada reconciliación y cada llegada de un nuevo miembro. Grandes lágrimas se desprendieron de sus enormes ojos azules al pensar que ella aún estaría allí cuando los mayores ya no se encuentren en este mundo, esa era su maldición y su bendición, saber que al menos sobreviviría a dos generaciones de ellos, extrañando a los que partieron, atesorando a los que seguiría cuidando y los otros que vinieran.
Dentro de todos los cientos de fotografías, sobre su mesa de noche se encontraban las tres que eran sus favoritas, que se iban repitiendo cada año aunque la edad y número de integrantes fue variando. La primera era una conformada por cuatro hombres, el mayor al centro rodeado de sus descendientes varones: todos rubios platinos, de tonalidades más o menos claras pero siempre dentro de la gama, algunos con ondas otros lacios como su progenitor, todos con ojos grises, todos orgullosos y atractivos, pero principalmente felices. Una lágrima rodó al recordar los tiempos oscuros de aquellos a quienes tanto quería y que fueron la antesala del periodo de luz que duraba hasta ahora y por el que agradecía cada día. Parece que fue ayer cuando el árbol genealógico de los Malfoy se reconstruyó para comenzar una nueva era para ellos. Cerró los ojos y como siempre pudo ver con total nitidez la cara de sorpresa del amo Draco y la ama Hermione cuando a insistencia del ama Narcisa ambos fueron llamados a la mansión. La ama Hermione no había vuelto a entrar desde que había sido torturada en el salón de dibujo durante la guerra y no había sido fácil que accediera a venir y naturalmente el amo la había apoyado. Pero tal fue la insistencia de su madre y de sus amigos que ambos terminaron por acceder.
Flashback
El cambio de aura en la mansión era tan palpable que resplandecía con una nueva luz que pareció intensificarse cuando ambos jóvenes ingresaron de la mano por la puerta principal y no se detuvieron hasta llegar al salón del árbol genealógico. Los dos observaron con asombro la división de la geneología Malfoy y el nuevo linaje que se dibujó frente al antiguo, marcando el paso a un futuro que prometía ser mejor que el que se había dado durante siglos y, al igual que su madre, el joven patriarca tocó con reverencia sus nombres en el muro, siendo el primero en reparar la nueva línea sin nombre y comprender su significado.
-¿Sabes lo que esto significa? -le había preguntado acercándose a la castaña al mismo tiempo que colocaba posesivamente su mano izquierda sobre su vientre.
-¿Que estamos embarazados? -respondió ella tras un minuto en el que su mirada iba alternadamente del muro al platino.
-Sí, estamos embarazados -repitió estrechándola con fuerza entre sus brazos- pero además esto significa que mi madre y tú deberán preparar un matrimonio en tiempo récord.
La hostil mirada miel que recibió por respuesta no prometía un buen augurio, pero esta vez no estaba dispuesto a ceder.
-¡Draco, estamos en el siglo XXI! un embarazo no significa que debamos casarnos... -pero no pudo continuar porque él la había callado con un breve beso en los labios.
-Mi próximo hijo no va a nacer fuera del matrimonio, que quede claro -afirmó mientras sus manos viajaron a su rostro para inmovilizarlo y así reafirmar sus palabras- y necesito, por mi salud mental, ponerte un anillo en el dedo para asegurarme que no te volverás a escapar con mi hijo o hija -sonrió ante la cara de enojo que puso ella- ¡auch! -se quejó cuando recibió un golpe de puño en su brazo- ¡aún no nos casamos y ya me estás agrediendo mujer! ¿qué tipo de esposa serás?
-Una del tipo que sabe defender sus posiciones y derechos. Además, nadie te obliga... -había comenzado ella su alegato pero nuevamente fue callada con un beso, esta vez más largo e intenso que sólo fue interrumpido cuando el resto de los presentes comenzó a carraspear, provocando que las mejillas de la chica adquirieran un intenso color rojo.
-Ya verás mi adorada Hermione que puedo ser muy persuasivo -le respondió de vuelta alzando repetidamente las cejas y dedicándole una sonrisa que Nimie nunca, en todos los años de servirle, le había visto darle a nadie- te podría dar muchas razones por las cuales te conviene casarte conmigo -dijo mientras la envolvía en sus brazos- soy joven, demasiado atractivo, inteligente, millonario, un excelente amante por si no ha quedado claro entre ayer y hoy...
-Egocéntrico, orgulloso, terco, exasperante, elitista, mal perdedor, narcisista -lo interrumpió ella mientras también lo rodeaba con sus brazos.
-Eso también aunque debes reconocer que incluso ese lado de chico malo te encanta de mí... pero todo se reduce a que a pesar que eres terca, mandona, ratón de biblioteca, marisabilla y bastante prejuiciosa eres la única con la que sueño un futuro juntos. Y en tu lista faltó decir que soy demasiado egoísta y no quiero... - se detuvo para darle un ligero beso en su respingona nariz- mejor dicho ya no soporto estar separado de ti y los niños un día más.
Para reafirmar sus palabras desde ese mismo día el amo ya no había vuelto a dormir a la villa mudando paulatinamente gran parte de su ropa a la casa de su prometida hasta que un mes después, a pesar de todas las protestas y argumentos iniciales de la joven, se casaron en el mundo muggle. Dos días después, los gemelos pisaron por primera vez Malfoy Manor y con orgullo guiaron a sus padres a través del enorme jardín hasta la piedra ritual en forma octagonal donde todos los Malfoy antes que ellos se habían casado. Sólo familiares y amigos íntimos fueron testigos de la ceremonia llevada a cabo por el mismo Ministro de Magia, presenciando emocionados cómo la magia envolvía a los novios al momento de profesar sus votos. Cuando sus varitas se unieron por breves segundos Draco pronunció un hechizo que pareció fundirlas en una sola y de ellas se desprendió un hilo plateado que los envolvió totalmente para finalmente introducirse en ellos; luego fueron declarados oficialmente marido y mujer.
Al momento que Draco pronunció ese hechizo final, Jane Granger percibió un bien disimulado sollozo de su consuegra y Andrómeda y curiosa por la emoción que las embargaba, le preguntó a Narcisa de qué trataba eso. La rubia le sonrió y le explicó en un susurro:
- Es un hechizo de pertenencia muy antiguo, prácticamente olvidado. Cuando sus varitas se unieron Draco le ordenó a la suya nunca alzarse en contra de la de su compañera, siempre protegerla y traspasar su magia en el caso que la de ella flaquee; el hilo plateado representa su unión y fidelidad, si en algún momento le fuera infiel la cuerda mágica que ahora está unida a sus magias le avisará a ella que algo está pasando con él, como dirían ustedes se acusará solo.
-¿Es lo mismo para Hermione? -interrogó Jane algo desconfiada porque a su hija le pusieran una suerte de GPS mágico para acusarla si es infiel.
-Es sólo para quien pronuncia el hechizo -respondió Narcisa.
-No es que quiera que fracasen, Dios no lo permita ¿pero qué pasa si Draco dejara de amar a Hermione?
-Si mi hijo realizó el hechizo sobre sí mismo es porque realmente siente y piensa que nunca dejará de hacerlo. Los Malfoy no sabemos amar a medias y Draco no es la excepción -susurró la rubia y Jane Granger en ese momento rezó con toda el alma para que esa fe y amor que estaba demostrando Draco por su hija durara para toda la vida.
Después de la luna de miel la nueva familia se trasladó a la villa muggle del amo y cinco años más tarde Malfoy Manor se llenó de risas cuando fue ocupada en forma permanente por la familia Malfoy-Granger.
Fin flashback
Recorrió nuevamente con los dedos la fotografía acariciando los rostros; todos ellos eran tan parecidos entre sí. El amo Scorpius era una copia fiel de su padre a sus veintisiete años, un arquitecto reconocido en el mundo mágico y muggle, con un futuro brillante que sólo acaparaba alabanzas de sus orgullosos padres y se había transformado en todo un casanova según madre. Esta bella casa anexa a la mansión era su obra, su reconocimiento personal y manifestación de aprecio a los elfos que trabajaban para ellos. Pero no todo había sido felicidad en su vida. Él y la amita Antares habían tenido los momentos más duros cuando ingresaron a Hogwarts, lejos del cuidado y celo paterno, expuestos sin tregua ni compasión a situaciones que tanto sus progenitores como amigos habían tratado con tanto esmero de evitar. Cuando cumplieron diez años sus padres, con la intención de prepararlos justamente para lo que vendría, les habían contado, dentro de lo que podían entender a aquella dulce edad, sus roles en la guerra. Pero nada los había preparado para el odio de los otros niños que habían perdido padres, hermanos, familiares y amigos en ese periodo de oscuridad, que poco les interesaba que su madre era la heroína de guerra Hermione Granger y que sus padrinos fueran Harry Potter y Ronald Weasley; no, ellos sólo dieron importancia al apellido Malfoy y no dudaron en estigmatizarlos cuando fueron enviados en breves segundos a la casa de Slyttherin por el sombrero seleccionador. Fue en esos minutos que por primera vez tuvieron que asimilar el término "hijos de mortífago" y todo lo que conllevaba, obligados a soportarlo por varios años después de su ingreso al colegio. Aún le dolía el recuerdo del amo Draco de rodillas llorando y pidiéndoles perdón la primera vez que fueron golpeados por un grupo de Gryffindors y Ravenclaws, enviando a ambos y al joven Ted a la enfermería al hacer causa común para defenderlos. Esa fue la forma cruel en que las decisiones del pasado volvieron como fantasmas a la vida de Draco Malfoy y sobre la que no tenía ningún tipo de control porque en el castillo no tenía poder para protegerlos. La ira había sido la predominante en todos los adultos y sólo la ama Hermione había impedido que fueran en masa a enfrentar al grupo de agresores y a sus respectivos padres, haciéndoles a duras penas entender que eso les ocasionaría más problemas que soluciones. Desde ese momento, el amo Draco, sus amigos y los jóvenes Potter y Weasley comenzaron a enseñarles hechizos de defensa tanto a los gemelos como el joven Ted, todo ello a escondidas del ama Hermione; lo que no sabían, era que ella también hacía lo propio junto a las demás mujeres del clan, confiándole que no se lo decían a los hombres porque podrían salirse de control.
Por su parte, los gemelos se prometieron recuperar el prestigio del apellido Malfoy, su amor por su padre era incondicional y no les importaba lo que dijera la comunidad mágica, el hombre que ellos conocían no era el mismo del que la gente y los libros de historia hablaban, lo mismo corría para sus tíos Theo, Blaise y Pansy. Ellos eran buenos y los amaban y mientras vivieran no se avergonzarían de los apellidos que llevaban. Y así fue como poco a poco se fueron imponiendo con inteligencia, enfrentando siempre juntos las situaciones adversas y fortaleciendo su carácter, ocultando el dolor ante las afrentas y demostrando un coraje y valentía envidiable hasta para un Gryffindor. Y siempre a su lado el joven Ted y la señorita Victoire. En alguna medida cumplieron su cometido cuando terminaron su séptimo año. Su gran poder mágico, liderazgo innato sumado a su atractivo físico impedía las agresiones, lo que sin duda facilitó el camino a su hermano Regulus y a Megara Zabini cuando fue su turno ingresar a Hogwarts un año después que ellos salieran. Sin embargo, había algo contra lo que nunca podrían luchar y a lo que sólo podían hacer frente adoptando la mayor dignidad y orgullo frente a los cambios del presente: los libros de historia mágica, aquellas páginas que narrarían por siempre la participación de sus familias en la guerra y las consecuencias de sus actos, algo que cada Malfoy debería leer en el nuevo tomo de Historia de La Magia. Lo cierto era que sus abuelos y padres no le habían dejado un camino fácil a las nuevas serpientes pero con la astucia que los caracterizaba, incluso en la adversidad, lograban sacar un provecho. Al menos ellos tenían la ventaja que no sólo se hablaba del apellido Malfoy sino también se enaltecían la inteligencia y gran valor de su madre, la heroína de guerra Hermione Granger. Le doliera a quien le doliera, los Malfoy volvieron a ser la realeza de Slytherins y cuando uno partía hubo otro para ocupar su lugar.
Sus ojos abandonaron el rostro del amito Scorpius y se dirigieron al joven Regulus Máximo Malfoy, en el retrato sentado a la izquierda de su padre, el tercer descendiente Malfoy y cuyo nombre fue elegido por sus padres para honrar a aquel Black que en secreto y sin buscar honor ni gloria había sido el primer miembro de la familia en tratar de matar a Voldemort recuperando un horrocrux y dar su vida para destruirlo. Nacido el 10 de noviembre 20 años atrás, de ojos grises tan claros como nubes de tormenta atravesadas por un rayo sol, su cuerpo atlético y blanca piel hacía un juego perfecto con su ondeado cabello platino oscuro que le caía en suaves capas hasta la altura de sus hombros. Era un joven realmente guapo, con todos los rasgos gritando que era un Malfoy. Rompiendo más aún las tradiciones de los sangre pura, el amo Draco estuvo presente en el parto y fue el primero en tomar en brazos a su nuevo vástago, presentándolo orgulloso a su madre y colocándole en sus brazos para que lo amamante. Veinte días después y con sólo siete meses de gestación, en un parto complicado y riesgoso, había nacido Megara Zabini, quien se transformaría en su mejor e inseparable amiga y el mayor dolor de cabeza de su hermano Scorpius. El nacimiento del amito Regulus fue la oportunidad del amo Draco de cumplir la promesa que le hizo a su esposa de ser un padre moderno y presente. Decir que estaba feliz de tener un nuevo varón era minimizar sus sentimientos, tuvieron que frenarlo para que no hiciera una fiesta que durara días como era su intención. Además, se regocijaba al recalcarle a la ama que tendrían que seguir buscando hasta que ella cumpla su promesa ¿cuál era? no habían querido decirlo, pero era algo que lo satisfacía plenamente y a lo que ella sólo movía la cabeza con resignación.
El amo Regulus fue un niño amado y mimado por sus padres y hermanos, para qué hablar de sus padrinos Pansy y Blaise Zabini, adorado por el resto del clan por su personalidad alegre y cariñosa pero que en travesuras no se quedaba atrás con su otro mejor e inseparable amigo: James Potter. Su permanencia en Hogwarts no pasó inadvertida, después de todo a los Malfoy los amabas o los odiabas pero nunca los ignorabas. Como sus hermanos mayores era inteligente, aunque los ataques constantes durante el primer año lo volvieron algo más retraído, lo que no implicaba que se haya ido a los golpes cuando se trataba de defender el honor de su familia o de su amiga del alma. Si James Potter como buen Gryffindor era osado por naturaleza, el ataque a sus amigos sacaba ese fuego Weasley que llevaba en las venas y que lo volvía impulsivo e irreflexivo, metiéndolo en problemas más frecuentemente de lo que deseaban sus padres, aunque no podían hacer mucho para evitarlo considerando que algunos miembros de su propia casa, Ravenclaw y Huflepuff, lo llamaban "amante de mortífagos" o "traídor de los héroes caídos". Aún así su amistad nunca mermó. Sólo había un lugar donde se enfrentaban en lados opuestos: el campo de quiditch. Desde segundo año James era el guardián de Gryffindor y por Slytherin Megara golpeadora, mas fue Regulus quien se convirtió en el mejor buscador de su generación llevando a ganar a Slytherin la copa de las casas cuatro años seguidos hasta que un fuerte golpe propinado por un Gryffindor le lesionó el hombro impidiendo que vuelva a jugar en su séptimo año. Como sus hermanos fue prefecto y premio anual, su nombre figuraba como lo hacía el de su padre y hermanos gemelos en el cuadro de honor de quidicht de la casa de Slytheryn, tremendamente popular entre las chicas, odiado por sus compañeros masculinos y extremadamente sobreprotector con Megara, a quien vigilaba constantemente para evitar que la dañaran y cuyo rol ocupaba James cuando él no estaba para hacerlo. Tras concluir su séptimo año, el joven Potter había seguido los pasos de su padre y cursaba su primer año en la escuela de Aurores, mientras que siempre inseparables, el amo Regulus y la joven Megara asistían a la universidad mágica de Notre Dam, cursando él la carrera de Economía y ella de Historia del Arte Mágico.
Con cierto grado de culpabilidad sus ojos se posaron en el cuarto descendiente Malfoy que en el retrato se ubicaba tras su padre y sus manos se posaban en el hombro de sus hermanos mientras su cabeza se apoyaba en el cuello de su progenitor. Ella amaba a toda la familia, eso era incuestionable, pero no podía evitar tener debilidad por el menor de los varones Malfoy. Aún recordaba aquel 13 de julio dieciséis años atrás, cuando el amo nuevamente salió feliz de la sala de partos cargando en sus brazos el pequeño cuerpo de su hijo que había presentado problemas para tomar la posición correcta de parto y que tras algunas maniobras de los medimagos habían logrado traer al mundo al nuevo heredero sin ningún peligro. El amo Draco lo nombró Orión Xhantus Mafoy y cuando llegaron a la mansión y lo cargó por primera vez mientras la ama se ponía cómoda en el cama, juraría que un flechazo atravesó su corazón al ver como aquel diminuto bebé chupaba con fuerza cuatro dedos en su boquita, haciendo notar que tenía hambre. Si bien su piel no era tan blanca como la de sus hermanos tampoco podría decirse que salía de la tonalidad, pero lo que a todas las mujeres volvía locas eran esos hoyuelos coquetos que se formaban en sus mejillas ante cualquier atisbo de sonrisa o cuando torcía la boca, gesto que adoptaba cuando se concentraba en algo. Según su padre, si bien sus ojos eran grises oscuros, tenían diminutas vetas mieles que los volvían más luminosos, cosa que la ama le rebatía diciéndole que el amor lo cegaba. Ese mismo año Graham Puckle dio la bienvenida a su único hijo, el cual, para sorpresa de todos, a los pocos meses dio señales de magia. Para cuando el joven Orión entró a Hogwarts el rencor hacia el apellido Malfoy había disminuido y el que su hermano Regulus estuviera en quinto año fue un apoyo que evitó que los mayores se desquitaran con él. Indudablemente también fue el más acompañado por su círculo de amigos, ya que tanto Albus Potter, Rose Weasley, los gemelos Lorcan y Lisander Nott, Luka Zabini, Fred y Dominique Weasley y su primo Ethan Puckle entraron el mismo año que él. Ese año en particular Minerva Mcgonagall retrocedió en el tiempo y los apellidos Potter, Weasley y Malfoy-Granger fueron los que más visitaron su oficina.
Una sonrisa curvó sus labios al recordar que tras el nacimiento de su amito Orión la ama Hermione le dijo al amo que se olvidara del trato, que ya no seguiría trayendo clones Malfoy y aportando plazas a la casa de Slytherin, que incluso se sentía estafada porque obviamente era imposible cambiar la genética Malfoy y que él siempre lo había sabido. El amo sólo se había sonreído y tras abrazarla le había respondido "pequeña, míralos... ¿acaso no son los niños más hermosos del mundo? ¿o desearías que no hubieran nacido?". Ella sólo había rodado los ojos y antes de soltarse de sus brazos le respondió "maldito hurón botador, sabes que los adoro y no trates de chantajearme con sicología inversa". Cuando se perdió en el pasillo el amo se carcajeó y fue a jugar quiditch con sus hijos mayores.
Un año ocho meses después del nacimiento del amito Orión, Hermione Malfoy Granger se encontraba nuevamente en la sala de partos, sólo que esta vez todos estaban extremadamente preocupados. Diez horas de contracciones en las que Draco Malfoy escuchó palabrotas para su madre y para su padre, insultos que jamás se hubiera imaginado que su amada esposa siquiera supiera, que fue amenazado con volverlo eunuco y gritarle que debía separar habitación porque ella no le volvería a abrir la piernas. En la hora once el medimago lo sacó de la habitación y le advirtió que habían severos problemas y que de empeorar la situación debería elegir entre la vida de su esposa y el bebé, algo que lo dejó en estado de shock por varios minutos. Incluso comenzó a somatizar y le juró a un preocupado Blaise que sentía dolores horrendos que le estaban haciendo pedazos el estómago y espalda. Fue exactamente a las 11:50 horas del 11 de noviembre que Lyra Jane Malfoy Granger vio el mundo y que Draco lloró como un niño cuando supo que su esposa estaba a salvo y su deseada princesa castaña fue puesta en sus brazos. Aún con los rastros de sangre por su cuerpo podía divisar las pelusas marrones y ondeadas que se pegaban a su pequeña cabecita y cuando apretó con fuerza y firmeza su dedo pulgar con su minúscula manita su esposa supo sin lugar a dudas que la mayor debilidad de su esposo acababa de nacer.
Miró el portarretratos con las tres mujeres Malfoy. Ahora, con 15 años recién cumplidos hace un mes podría asegurar como la elfa más antigua de la familia Malfoy que realmente temía por la vida de la amita Lyra. No sólo era diferente a sus hermanos físicamente con su piel un poco más dorada y su larga cabellera castaña igual de indomable que la de su madre a su misma edad, salvo por los ojos que eran iguales a los de su padre, sino que sus grados de travesuras dejaban minúsculas todas las realizadas incluso por James Potter y el travieso Luka Zabini. Todos sus hermanos e incluso amigos en algún momento amenazaron que la matarían, salvo su padre que juraba que ella lo mataría a él. El amo Draco normalmente debía defenderla de las reprimendas de su madre pero cuando a los 10 años les tiñó el cabello de negro a todos sus hermanos, incluyendo la amita Antares, se tuvo que morder los dedos para no saltarle a su esposa encima cuando la vio darle cuatro nalgadas y castigarla por dos meses de vacaciones sin autorización para salir de la mansión. De nada sirvieron los llantos excusándose que lo hizo porque sus hermanos se burlaron de ella diciéndole que era adoptada, es que simplemente Draco no podía elegir entre sus dos princesas, más aún cuando la tintura era muggle y la única opción era cortarle a todos el cabello o esperar dos semanas para que estuviera lista la poción que les permitiría recuperar su color natural. Y cuando el sombrero la sorteó a la casa de Gryffindor junto a sus amigos del alma Lily Luna Potter y Hugo Weasley, fue el turno de la Directora Mcgonagall de temer por la integridad de la casa de los valientes; en esa oportunidad, sólo su otra amiga fiel, Alexandra Nott, fue destinada a una casa diferente, Slytherin para felicidad de su padre. El amo Draco jamás perdió un partido de quiditch y asistía junto a sus amigos a todos los juegos de sus hijos, sobrinos y ahijados, pero cuando la amita Lyra ocupaba su puesto de cazadora junto a Lily Potter, sus respectivos padres prácticamente salían con tic nervioso de las gradas... y cómo no si incluso cuando jugaban contra Slytherin sus hermanos Orión y Albus, su primo Ethan y sus amigos Lorcan y Alexandra Nott debían tener cuidado porque ese par de chicas no tenían instinto de supervivencia. Si todo eso no fuera suficiente se le sumaba que era terriblemente celosa y posesiva con sus hermanos y amigos y prácticamente les espantaba las pretendientes antes que siquiera se acercaran a ellos. Lyra Malfoy indiscutiblemente era una joven mimada pero tenía un corazón de oro, sus acciones se basaban en el simple hecho que no soportaba el que alguien pudiera lastimar a su familia o hiciera sufrir a sus adorados hermanos y amigos, prefería tener fama de grosera y orgullosa antes de permitir que alguien le arrancara una sola lágrima a sus seres queridos y eso la volvía terriblemente peligrosa para el resto de sus compañeros de colegio. De hecho, eran precisamente los que tanto deseaba proteger quienes debieron intervenir en más de una ocasión para sacarla de los líos y peleas en las que frecuentemente se veía envuelta y que tenía a la pobre Minerva rogando a Merlín, Morgana y Circe que pasaran con rapidez los próximos dos años y medio que aún le restaban en Hogwarts.
Su dedos acariciaron el rostro de su adorada amita Antares, tan sobrecogedoramente hermosa y elegante, la diseñadora de modas más famosa de la Ingletarra mágica y ahora posicionándose en el mundo muggle. Toda la ropa que poseía se la había diseñado ella, no existía ser más dulce y femenina a sus ojos. Para ella hasta las rosas blancas y las flores más exóticas que con tanto amor cultivaba la ama Narcisa se veían opacadas ante su belleza y los admiradores fueron motivo de disgusto para su celoso padre y hermanos. A sus 27 años tenía el mundo a sus pies y para dolor de su padre, hace dos años que llevaba comprometida con Frederick Wood, el primogénito de su excompañero de colegio y capitán del equipo de quiditch de Gryffindor, Oliver Wood. Nimie sabía que el amo Draco no perdía la esperanza que surgiera otro partido mejor, pero la ama Hermione insistía que bajo su mirada, no había ningún hombre o mujer que fuera digno de ninguno de sus hijos.
Una breve mirada al reloj la hizo consciente que debía comenzar a instruir las indicaciones de la amita Antares para este fin de semana. Sería una sorpresa para sus padres, abuela, hermanos y amigos en general. Tal vez inicialmente no sea la mejor noticia para el amo Draco, pero como siempre su adorada amita se encargaría de transformar su enojo en aceptación, sobre todo porque pronto dejaría la mansión para formar su nueva familia. Que uno de ellos se marchara no la hacía feliz, pero eran las reglas de la vida. Puso con mucho cuidado los retratos sobre su mesa de noche y sus dedos viajaron para acariciar por última vez el retrato del centro donde los orgullosos padres posaban y reían felices junto a sus cinco hijos. Una imagen dice más que mil palabras y el amor era lo que sobraba en ese cuadro mágico. Con un último suspiro se apareció en el salón principal, había mucho por hacer secretamente antes del día siguiente.
Un grupo de jóvenes caminaba por el aeropuerto de Heathrow como si fueran los dueños del mundo. Las personas inconscientemente les abría paso porque había algo en su postura, en su aura que los hacía parecer de la realeza, casi irreales, como si no fueran de este mundo y efectivamente era así. Los jóvenes iban al frente, unos platinos, otros rubios y dos morenos mientras sus orgullos padres los seguían de cerca y, a pesar que los primeros no eran niños pequeños no los perdían de vista. Sus progenitores sonrieron al percatarse que las miradas de las jóvenes devoraban a los varones aunque no les hizo tanta gracia las miradas lascivas de algunos chicos hacia sus preciosas hijas. El grupo de adultos no tenía nada que envidiarle a su progenie, era evidente que todo el atractivo de los jóvenes lo heredaron de los tres hombres y tres mujeres que no los perdían de vista, así como era evidente la belleza de la mujer sesenta y tantos que colgaba de un apuesto platino que a todas luces era su hijo y que a pesar de su edad sacaría chispas de envidia a una mucha de treinta.
Draco sonrió orgulloso al observar a su bella Antares. Y cómo no estarlo si volvía triunfante de París muggle tras haber exhibido con éxito su primera colección de moda y los críticos habían caído rendidos a sus pies. Hizo un mohín de disgusto cuando, tras esquivar varias personas, el chico Wood, el hombre que pretendía alejarla de él y la familia, se posicionó a su lado pasándole una botella de agua que posiblemente le haya pedido. Cuando la rodeó por la cintura y besó su coronilla su mal humor comenzó a aflorar hasta que percibió la risa de su esposa. Su mirada gris bajó en busca de esos ojos mieles que lo maravillaban hasta el día de hoy; su corazón latió con fuerza cuando sus labios se levantaron en una sonrisa y si no fuera porque estaban en un lugar lleno de gente los habría aparecido en un lugar más íntimo sólo para hacerle el amor.
Su mirada viajó nuevamente hacia sus hijos y su preocupación afloró al no ver a su pequeña Lyra entre sus hermanos. Hizo un rápido barrido entre la gente que caminaba a su alrededor pero no había señales de ella. Sabía que estaba exagerando y que nada le pasaría. Todos sus hijos llevaban joyas mágicas que había diseñado especialmente como rastreadores y escudos para su seguridad, pero no podía evitarlo. Estaba por alertar al resto cuando de la nada la vio aparecer y saltar sobre la espalda de Regulus y cruzarle sus piernas en la cadera mientras le propinaba besos en la mejilla. Sus largos rizos castaños cubrieron parcialmente su rostro mientras su hermano resignado aceptaba las muestras afecto y de pasada le daba un suave jalón de cabello que sólo provocó un mayor agarre y que los besos se volvieran más sonoros. Draco sabía que ese gesto impulsivo de su princesa no era fortuito y rápidamente se percató de una linda joven que quedó parada unos metros más allá observando la escena, claramente decepcionada al creer que, por la diferencia en el tono de cabello, Lyra era la novia de Regulus. Si la joven hubiera esperado unos segundos más habría visto a Regulus quitarle las gafas a su mimada hermana y hacerle cosquillas en los costados para quitársela de encima; también se hubiera dado cuenta cuando Lyra se volteó que si bien su color de cabello era distinto, sus ojos grises la acusaban a gritos como su hermana. La sonrisa de Draco se hizo más amplia, sobre todo cuando la mirada gris de su princesa encontró la de él.
- Jamás pensé que esa pulsera se volvería prácticamente en tu diario de vida -la voz de Hermione en su oído le provocó cosquillas e inmediatamente la última imagen quedó congelada en la pared del fondo de su habitación.
Draco tomó las manos que se posaron sobre sus hombros y se las llevó a los labios, causando que su mujer quedara pegada a su espalda y que el embriagante aroma de su perfume se pegara a su ropa. Tiró de ella para que rodeara el sillón en el que se encontraba y la sentó en su regazo.
- Simplemente no quiero olvidar nada de lo que sucede en nuestras vidas -respondió antes de acercarse a su boca y tomar dulcemente sus labios. Como siempre le sucedía, el sabor de su boca actuó como afrodisíaco y sus manos comenzaron a recorrer la suave seda del vestido azul noche que envolvía su cuerpo, subiendo desde su cintura hasta llegar a sus pechos, provocando que ella gimiera en el beso y comenzara a acariciar el cabello de su nuca. Su boca abandonó la de ella y bajó por cuello mientras sus dedos expertos provocaban sus pezones erectos sobre la tela del vestido.
- Draco, debemos bajar -le reprochó Hermione con voz ronca pero sin alejarse ni un milímetro de su cuerpo, echando la cabeza hacia atrás para darle mejor acceso a su escote.
- Es tu culpa por ser tan deseable -su mano derecha bajó por el largo de sus piernas provocando que ella las cerrara para evitar la excitación que amenazaba con llevarla a perder el control.
- Los invitados comenzarán a llegar pronto y Tari ya está supervisando todo -insistió Hermione mientras le mordía el lóbulo de su oreja.
- Unos minutos más -la provocó volviendo a tomar posesión de su boca mientras su mano izquierda se encargó de subirle el vestido y colarse entre su muslos hasta llegar a sus bragas que a esa altura ya se encontraban húmedas. Cuando su dedo índice se coló en su interior ambos gimieron de placer. ¡Por Merlín, cuánto la deseaba!.
Draco sabía que aún era atractivo para las mujeres pero eso era insignificante para él; sólo ella era su punto de gravedad, quien lo hacía mejor hombre, mejor padre, mejor ser humano. Cada año se volvía más hermosa a sus ojos, más deseable, su mejor aliada y a la vez su mejor rival. Tenía el poder de llevarlo al cielo y al infierno, pero mientras se mantuviera a su lado todo valía la pena. Y ahora estaba ad portas del cielo. Por supuesto que en estos 20 años había tenido tentaciones, mujeres que trataron de meterse en su cama, unas hermosas otras no tanto, pero ninguna que siquiera lo haya hecho dudar. Hermione no sólo le había dado a sus maravillosos hijos, una familia, sino que hasta el día de hoy lo volvía loco en la cama, era su afrodisíaco personal; ningún polvo extra marital valía arriesgarse a perderla. Algunos magos mayores se burlaban de él diciéndole que su mujer llevaba sus bolas en su cartera y que como hombre tenía todo el derecho a deslices, a lo que él simplemente sonreía al recordar todo lo que su castaña le provocaba con un solo roce. Tampoco era idiota, sabía que existían magos de su edad que estaban esperando a que cometiera el mínimo error para tratar de quedarse con su mujer, ya sea por su belleza o porque aún era un trofeo como heroína de guerra. El solo pensar que otro pudiera tocarla, hacerla gemir como él lo volvía loco. Lo que ni esos viejos obscenos ni los otros magos entendían era que quizás Hermione pudiera continuar su vida sin él, pero él no podía respirar sin ella. Tal vez era cierto, tal vez ella se llevaba su bolas los momentos del día que estaban separados, pero que satisfacción le proporcionaba al momento de regresárselas. Como ahora, que sus dedos se habían colado bajo su pantalón y su pequeña mano recorría juguetona la longitud de su miembro. Al diablo la cena, necesitaba estar dentro de ella ya.
Un golpe firme en la puerta los obligó a separar sus labios y que sus ojos dilatados se encuentren. Draco se aclaró la voz y maldijo internamente a quien quiera que los interrumpió.
- Draco, Hermione, los invitados están comenzando a llegar -se escuchó la clara voz de Narcisa desde el exterior.
Rápidamente la castaña saltó del regazo de su marido y comenzó a reordenar su ropa.
- Estamos bajando ya -respondió Hermione con la voz un poco ronca, agradeciendo que su suegra no haya ingresado a la habitación.
- Los esperamos abajo, no se demoren -segundos después escucharon sus pasos alejarse por el pasillo.
Draco observó a su esposa tomar su varita y aplicar un hechizo para quitar las arrugas de su vestido y reordenar sus rizos en el elegante moño en el que los había aprisionado. Una sonrisa juguetona levantaba sus labios aún hinchados por sus besos mientras él aún trataba de retomar el control. Sus ojos se dirigieron al bulto entre sus pantalones mientras se hacía a la idea que ni siquiera tendría tiempo para una ducha helada.
- No te molestes -la escuchó decir al tiempo que vio sus manos cerrar nuevamente los botones de su camisa. Este simple gesto provocó palpitaciones en su zona sur.
- Si quieres que bajemos dame un poco de espacio -sugirió alejándose un poco y respirando profundamente.
- Tari estaba un poco inquieta, creo que nos dará una noticia importante esta noche -comentó al pasar la castaña provocando que su esposo arrugara el ceño.
- Creo intuir lo que es -dijo molesto- pero tengo la esperanza de equivocarme -el sólo pensar en perder a su hija mayor logró bajar su erección- ¿crees que pueda negociar con Wood padre para alejar a su hijo?
Hermione resopló y miró seria a su marido.
- Te prohíbo escándalos Draco Malfoy -los ojos miel soltaron chispas y luego, como si se le ocurriera algo genial, la vio sonreír mientras levantaba su vestido y se quitaba las bragas- ¿quieres negociar? -susurró coqueta- si te comportas te prometo recompensar tu control y buena conducta durante esta noche.
Los ojos grises se detuvieron hambrientos en esa zona cubierta por un muy bien cuidado vello castaño antes que fuera ocultada por la seda del vestido al caer. La vio caminar sinuosamente hacia la puerta y la boca se le hizo agua. Antes de tomar el picaporte se volteó y le lanzó la bragas que atrapó sin dificultad. Llevó el fino encaje a su nariz y aspiró esa esencia que lo volvía loco para luego doblarlas y guardarla en uno de sus bolsillos de su saco.
- Lo mantendré como recuerdo de tu actual promesa esposa mía -sus cejas subieron y bajaron insinuantes provocando una alegre carcajada de su mujer.
- Vamos amor, nos están esperando.
Draco la vio girar el picaporte y aguardarlo en el marco de la puerta con la mano estirada hacia él. Suspiró feliz y se dirigió a la mesa de arrimo donde se encontraba su pulsera proyectando sus recuerdos del día anterior. Su mirada nuevamente recorrió la imagen congelada para fijarse en la gris de su pequeña princesa dirigida especialmente a él, sus labios curvados en aquella sonrisa de lado marca Malfoy que aseguraba que había sido más inteligente que el resto. Recorrió sus rizos rebeldes y sus rasgos de una mezcla perfecta de su madre y él, permitiendo que el amor y el orgullo recorra cada fibra de su ser. Esa era su pequeña princesa, su serpiente con piel de leona.
Acomodó la pulsera en su muñeca y pronunció el hechizo que hizo desaparecer la proyección. Con paso decidido llegó hasta Hermione y tomó su mano para iniciar lo que auspiciaba sería una noche de cambios para su familia. Caminaron tomados de la mano, lado a lado como lo habían hecho los últimos 20 años y como estaba seguro lo harían hasta el día que debieran partir de este mundo. Pero por mientras, la braga que llevaba en su bolsillo era el recordatorio que una vez terminada la velada ambos no dormirían aquella noche y quién sabe, si le iban a robar una hija no significaba que no pudiera nacer un nuevo heredero, ambos aún eran jóvenes y Malfoy Manor extrañaba las risas de un niño. Sí, definitivamente aún podría convencer a su mujer de reabrir la fábrica y tal vez, sólo tal vez, Merlín y Circe los bendijeran con un nuevo hijo o tal vez gemelos. No perdía nada con intentarlo, después de todo él era Draco Malfoy, su dios del sexo personal y estaba más que dispuesto a estar eternamente a su servicio.
Fin :)
Hola a todas y todos. Ha pasado mucho tiempo desde el último capítulo y por fin he terminado el epílogo. Honestamente tuve un fuerte bloqueo y ni les digo las veces que lo escribí, reescribí, cambié y hasta saqué varias versiones pero ninguna lograba satisfacerme. Es como si simplemente no pudiera darle el final. En algún momento le pregunté a mi querida Doris y me comentó que varias han sufrido un bloqueo similar; tal vez se deba a que internamente no quería decirle adiós a la historia. Lo único que tenía claro era que quería a Nimie narrando la historia de la familia Malfoy-Granger y a Draco dando su propia perspectiva de su vida. Sé que muchas querían su propio final para Luna y Theo y Blaise y Pansy, pero esto siempre fue un Dramione, aunque sí pretendo publicar la historia de Theo y Luna. Agradezco a todas ustedes sus palabras y el tiempo que se dieron en leer mis locuras, fueron el mayor incentivo para continuarla y concluirla y les estaré eternamente agradecida por ello. Un abrazote gigante y espero que el epílogo haya completado el círculo de la historia, quisiera decirles muchas cosas pero todo se reduciría a decir mil veces gracias y hasta pronto.
Con amor, Sabina G.
