Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.
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Hyakkoryōran
Por St. Yukiona.
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Invierno: Jasumin
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— Jasumin.
También conocido como Jazmín en occidente. Esta flor crece durante todo el año sin embargo durante el invierno, a sus finales, alcanza su esplendor. Su significado está relacionado con la pureza, la gratitud y la esperanza.
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—¿Acaso Yuuri-kun se ha encogido?
—No es Yuuri-kun, estúpido cuervo albino.
—¡Padre!
—Silencio.
Ren se remueve en su lugar, la cama es cómoda sin embargo el cuerpo le duele, mucho, sobre todo su garganta. ¿Se iba a enfermar? Eso iba a ser un problema. Abre sus ojos con pesar y el estómago le gruñe, se remueve con más énfasis para sacar el cansancio acumulado de su cuerpo.
—Está despertando...
Un graznido hace que abra los ojos de golpe y se incorpore. Suelta otro grito profundo mientras que se encoge y retrocede hasta que su espalda choca contra la cabecera de la cama donde está.
Enormes cuervos. Negros, grises, blancos. Todos usan ropa y joyas y Ren está aterrado. Tira de la sábana para cubrirse. ¿qué son? ¿y por qué están en su... entonces todos los recuerdos de los últimos minutos con consciencia lo atacan. Se queda viendo fijamente a sus rodillas que están sucias, y alza sus manos, hay una herida en su dedo pulgar y su antebrazo duele, pero tiene un vendaje negro también. Moja sus labios.
Tsubaki le atacó con una shuriken y él... él lo atacó de regreso, lo restringió para protegerse porque Tsubaki lo iba a volver a atacar. Después sensei le había pedido que no se moviera y Phichit. Y luego el cuervo. Y luego... no recordaba nada más. Se queda callado cabizbajo.
—¿Te encuentras bien, Ren? —pregunta una voz ronca y profunda, el niño alza la mirada observa a cada uno de los cuervos, hay uno pequeño de tamaño regular que él, lo observa desde la misma cama.
—¿Dónde estoy? —responde el niño tratando de no sonar angustiado.
—Estás en el Yermo de los huesos —informa el cuervo que se hace espacio, el resto de los cuervos se mueven. Ren tiene que alzar la cabeza para poder verlo a los ojos—. Nosotros somos los grandes cuervos del honorable clan Gurankyūbu, soy el líder de los cuervos, Karakuro.
—Karakuro... —repite el niño sentándose mejor, se ha dado cuenta que no le quieren hacer daño, de lo contrario ya se lo hubieran hecho además...—. ¿Son amigos de Mila-san? —pregunta y el rey cuervo ladea el rostro.
—¿La niña pelirroja que vino con Yuuri?
Ren no sabe si Yuuri llevó a Mila ahí, pero él ha visto a Mila invocar cuervos, pequeños, pero la ha visto invocarlos, así que asiente con calma evidenciando su duda.
—Babicheva es parte de nuestros familiares —afirma con seriedad otro de los cuervos, uno marrón.
—Familiar... —y Ren recuerda que ha leído antes sobre eso. Sobre la existencia de animales que eran diferente al promedio, animales con chakra y capacidades únicas. Había sapos guerreros del monte Myoboku, había serpientes espías del desierto Rojo, babosas medicinales del valle de Terracota, y otros más, inclusive su padre era capaz de invocar a uno de los dragones guardianes del Templo del cielo, el dragón azul de la calma, pero era la primera vez que hablaba con una bestia de invocación, y peor aún, que estaba en un lugar tan lejos de Konoha porque por el ruido y la presencia de aquellas bestias era obvio que no estaba ni cerca de su hogar.
—¿Por qué me han traído? —cuestiona con calma, mirando con detenimiento a su alrededor, es un salón oscuro, y sobre lo que está acostado es un colchón improvisado, en realidad es bulto de plumas y encima una sábana. Es cómodo, calientito pero huele a viejo, a que ha estado guardado mucho tiempo.
—Hace seis casi siete años tu padre Yuuri me pidió que cuando estuviera el chakra de su semilla listo firmara un contrato con él, y a su vez lo entrenara, tú eres su semilla, tú estás listo, tú serás entrenado en este Yermo —explica el Rey cuervo mirando fijamente al niño que aprieta los labios para volverse a ver la mano.
—¿Estoy listo? —pregunta un poco incrédulo.
—Tu chakra está listo. ¿Tú estás listo?
Ren traga saliva y su estómago ruge, los cuervos graznan.
—Denle de comer, después seguiremos hablando —ordena Karakuro desplegando sus alas oscuras y brillantes para alzar vuelo y fundirse con la espesura del techo alto y enorme que hace sentir diminuto al pequeño Ren. Cuando baja su mirada se da cuenta que se ha quedado solo, o al menos eso cree hasta que escucha unos pasos que se acercan a él. Gira su mirada para encontrarse con una chica que lleva una lámpara y unas frazadas contra su pecho.
—¿Yuuri? —pregunta la chica y Ren abre mucho los ojos negando.
—Soy Ren... Ren Nikiforov-Katsuki.
—¿Nikiforov... Katsuki...? —cuestiona la chica otra vez y el niño asiente, la mujer pega un brinco y se cubre la boca con las frazadas para no gritar aunque el chillido resuena, Ren se asusta un poco—. ¿Eres el hijo de de Yuuri? ¡Eres idéntico a él!
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Sara y Chris observan en silencio la espalda de su capitán que parece tensarse y relajarse para volver a tensarte y de un golpe hacer moverse con violencia el árbol que al contacto se congela por completo. Ambos desvían la mirada.
Viktor aprieta la mandíbula mientras que regresa a donde sus hombres, el mensaje que le ha enviado su padre desde Konoha le ha roto el corazón y arruga la hoja en su puño cerrado.
—Mila —habla Viktor mientras que la pelirroja se acerca—. Invoca a Akaikara —exige.
La chica no comprende pero ante la fría mirada de su capitán no le queda más que cortar su dedo con el filo de una kunai para hacer la invocación pertinente, en lugar de posar la mano en el suelo, la coloca sobre su hombro, aparece un cuervo de medida convencional sobre la mujer, el plumaje del ave de rapiña es negro pero a la luz se vuelve ligeramente rojizo.
—Mila-chan —saluda el pequeño cuervo, comparado con el resto de sus familiares es un pequeño cuervo, aunque antes de que la mano de Viktor lo atrapa, el cuervo vuela lejos.
—Sensei —gime Mila asustada.
—¿Dónde tienen a mi hijo? —exige saber Viktor sacando una kunai.
—Lo siento, no puedo decir esa información —se apresura a decir el cuervo, todos parecen confundidos. ¿Algo malo ocurrió con Ren o con Umi? Y porque le preguntan precisamente al animal de invocación de Mila.
—Iré a incendiar personalmente el yermo, así que es mejor que me lo digas de una maldita vez —sentencia el albino apuntando al ave con su kunai.
—Sensei... —suplica Mila tratando de contener al mayor, y enseguida toma aire girándose a ver a su familiar cuervo—. Akaikara... —murmura extendiendo su mano hacia el cuervo que con desconfianza sin despegar los ojos de Viktor vuela hasta la protección de su ama. La cual le acaricia la pequeña cabeza—. ¿Qué está ocurriendo?
El cuervo no deja de ver a Viktor, pero ante la voz dulce y las caricias amables de Mila no pueden resistirse muchas personas, mucho menos un pequeño animal que gusta de los mimos, el rey cuervo le dice que parece más una mascota que un cuervo guerrero.
—Yuuri-sama hizo prometer a nuestro señor Karakuro que cuando despertara su hijo despertará su chakra lo iba a entrenar —explica sin muchas complicaciones y Viktor parece tensarse al escuchar el nombre de su pareja. De hecho todos parecen tensarse, inclusive Mila.
—¿Yuuri-sensei? —masculla la mujer y el cuervo asiente con un movimiento de cabeza para graznar reafirmando lo que ha dicho—. ¿Cuándo fue eso?
—No lo sabemos... al menos yo no lo sé.
Y tiene lógica porque Akaikara es un cuervo de nivel inferior en la jerarquía, Viktor muerde su labio. Su hijo está donde Karakuro y el clan de los cuervos, sin embargo Ren es un niño, apenas tiene seis años. ¿Cómo es eso posible?
—¿Puedes invocar a Shiroi o a Kuroi? —pregunta ansioso Viktor. Mila niega con la cabeza.
—Son los dos hijos mayores de Karakuro... solo alguien con un nivel mayor como Yuuri-sensei podría invocarlos —explica Mila sin dejar de acariciar a su familiar.
—Akaikara, ¿Le puedes dar un mensaje a tu rey? —cuestiona Viktor y el cuervo parece ignorarlo.
—Akaikara-kun —azuza Mila de forma casi romántica y el cuervo se remueve girando su cabeza hacia Viktor.
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—¿Te ha invocado Mila-chan, ¿Cierto? —pregunta Yuko y el cuervo rojo afirma.
—Viktor-sama me ha pedido que le dé un recado especial a Karakuro... —comenta el cuervo. Yuko ladea el rostro con curiosidad—. "Mi hijo".
—¿Eso te ha dicho? —cuestiona ella y el cuervo vuelve a graznar, entrelaza sus dedos y parece un poco emocionada, sin embargo oculta su rostro entre sus manos—. Takeru-kun —gira su mirada hacia un hombre que se encuentra sentado entre cojines de seda—. ¿Crees que Ren-kun lo pueda hacer?
El hombre que observa a la mujer que antes se encontró con Ren se ve joven pero maduro, tiene el cabello oscuro, y sus proporciones son grandes, todo él es grande, sin embargo no delata peligro. Fuma con tranquilidad una pipa, exhala el humo con tranquilidad para volver su mirada hacia la mujer que ahora acaricia al cuervo.
—Supongo que si es hijo de Viktor y de Yuuri, él lo puede lograr... —expulsa una nueva calada de humo de su pipa—. ¿No eran dos niños?
—Al parecer el más joven aún no está listo... aunque igual será cuestión de lo que decida Ren, si él no quiere, no lo podemos obligar... hablar con él en nuestra forma humana será más fácil de digerir... después de todo aún es un humano pequeño —dice Yuko besando el pico de Akaikara antes de dejarlo volar, escapa por el hoyo circular que hay en el techo de la sala llena de cojines, alfombras y estampados en las paredes.
—Entonces... ve por él, y hablemos, debemos explicarle sus opciones, liberó su chakra... y por lo tanto puede tomar una decisión...
Yuko afirma ante la orden, acomoda su ropa. Un pantalón negro que es bombacho a lo largo de sus piernas pero en los tobillos lo aprietan unas vendas negras, la pretina de la pieza está ajustado a sus caderas, y en la parte superior un top de mangas largas que sólo cubre su busto y un poco más debajo de éste, el abdomen desnudo y del ombligo cuelga una joya, también lleva joyas en sus tobillos y collares en su cuello, el cabello castaño amarrado en un moño sencillo.
Cuando la chica camina se escucha un tintineo suave y es armonioso. Las puertas de aquella construcción se abren de par a par y sonríe porque hace un buen clima. El sol brilla arriba en el cielo azul y las nubes proyectan una sombra que lentamente se arrastran. El sonido del mar que besa con su espuma las puntas de la playa de arena oscura. Suave arena negra donde se le entierran los pies descalzos. No muy lejos de ella ve a Ren sentado frente al mar junto a unas rocas donde unos cuervos se mantienen también con su vista fija al agua, no se mueven y toda la escena le recuerda definitivamente a Yuuri. Un dejavú.
Con calma se acerca, deja sus manos detrás de su espalda.
—Ren-kun —murmura la chica y el niño alza la mirada—. Karakuro necesita hablar contigo.
El niño afirma obediente mientras se incorpora sacudiendo su ropa. Lleva la misma ropa andrajosa con sangre y tierra de antes, Yuko en su afán materno de querer cuidarlo quiso cambiarle la ropa y bañarlo pero sabe que si no es del clan no puede darle nada. Los cuervos son conocidos por ser uno de los animales más inteligentes del mundo pero también uno de los más egoístas con aquellos que no son de su especie, para el clan sucede algo similar. El niño mira en la arena las pisadas de Yuko y las sigue procurando caminar sobre ellas, ambos avanzan hacia la sala donde supuestamente está Kurokarai.
—¿Por qué vives aquí? ¿Es tu casa? ¿También eres una aprendiz? —pregunta Ren sin perder de vista sus propios pies descalzos, lleva en su mano sus sandalias ninjas azul marino.
—Es mi hogar —explica—. También soy un cuervo —comenta señalando unas plumas negras que lleva colgadas como adorno en la cola de su cabello y Ren sonríe, se quiere burlar pero sabe que no es correcto.
Entran a la construcción de donde ha salido antes Yuko, Ren se da cuenta que es amplia, el hoyo tragaluz del techo es grande y por ahí cabría sin problema el Rey cuervo, Karakuro, de hecho el techo es muy alto y hay algunos cuervos sobrevolando y cantando en esa voz cavernosa y misteriosa que le hace recordar algo pero no sabe qué con exactitud. Sus ojos bajan para centrarse en el hombre que camina hacia él. Debería sentirse intimidado pero se mantiene firme, quieto. Cao Bin da más miedo.
—Es cierto, te pareces mucho a Yuuri Katsuki —comenta el sujeto—. Soy Taketshi —señala su pecho, y lleva solo un pantalón, una pechera de piedras preciosas y plumas, el resto de la piel morena no posee marcas ni mucho menos adornos. Ren lo examina con cuidado. ¿También es un cuervo? Yuko dijo que Karakuro quería verlo y entonces Ren recuerda haber leído que había animales capaces de adoptar una forma humana, así como había humanos capaces de adoptar una forma animal, sonríe encantado.
—Soy Ren Nikiforov-Katsuki —se presenta con seguridad.
—Eso lo sé... —el hombre se deja caer contra los cojines, retoma su pipa y se cruza de piernas señalando al niño—. ¿Estás listo para entrenar?
—¿Entrenar?
—Yo seré tu maestro —comenta confiado, orgulloso. Y Ren otra vez siente la contradicción en su pecho.
—¿Usted?
—¿Ah? ¿Dudas de mi capacidad y mi fuerza? Muchos ninjas morirían porque yo los entrenara —señala.
—¿Morir por ser entrenado o morir al ser entrenado? —el niño ladea el rostro y a Takeshi le brinca una vena en la frente.
—Vale. ¿Quieres ser entrenado y firmar el contrato con el gran clan de los cuervos, o prefieres regresar a casa?
Es entonces que Ren lo comprenden, entreabre sus labios.
—¿Si decido ser entrenado por los cuervos... no podré regresar a mi casa? —pregunta. Takeshi regresa su mirada a Yuko, ella está más cercana al niño y deja sus manos sobre los pequeños hombros del menor.
—El entrenamiento dentro del clan es extenuante y constante... por lo cual debes permanecer en el Yermo durante toda la duración del entrenamiento, regresando a tu hogar hasta que estés listo... aunque es cierto... muchos ninjas quisieran estar en tu lugar, el clan de los cuervos es fuerte, y no cualquiera puede concluir el entrenamiento... —dice ella.
El niño tuerce sus labios, mira sus manos, y alza los ojos nuevamente a Takeshi y a Yuko.
—¿Puedo... puedo responderlo mañana? —interroga y los dos humanos intercambian miradas afirmando.
—Mañana temprano esperaré tu respuesta, pequeño Yuuri, ahora... ve y descansa —ordena Takeshi.
—Es lo que planeaba hacer —asegura Ren girándose para caminar a la salida, en la puerta un gran cuervo blanco y uno negro esperan como estatuas.
—Ellos son Shiroi y Kuroi, te acompañaran hasta donde dormirás.
Los dos cuervos observan al niño, pero Kuroi vuela hacia el hoyo en el techo, y Shiroi es el que empuja con una ala la puerta para que Ren salga. El niño no lo sabe, pero esos dos cuervos fueron abandonados por su amo, los animales ven a Ren y piensan en Yuuri, ellos también tienen sentimientos.
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—¿Te sientes mal, Umi-chan? —Phichit sirve sin querer tres platos, la mala costumbre. Ha pasado un día completo desde que Ren desapareció con Karakuro, el Rey cuervo. Ni el perro invocación de Cao Bin o los ANBU lograron rastrear al cuervo pues el rastro comenzaba donde terminaba: En la arena de entrenamiento de la academia y más allá, nada.
—¿Crees que Ren-chan esté bien? —pregunta en voz baja el niño. Está desanimado y eso es obvio, lleva toda la tarde con un puchero que es amenaza de querer llorar pero se ha aguantado, y solo restriega su mano contra su rostro buscando espantar la sensación de tristeza, pero es inevitable, algo le falta, su otra mitad ha desaparecido y el vacío que quedó en su cuerpo es demasiado grande como para fingir que está bien.
Phichit se sienta a su lado, lo alza en brazos para sentarlo sobre su regazo, lo oculta contra pecho, oculta su cuerpo por completo con su abrigo que no se ha quitado porque está demasiado disperso para pensar en esos detalles, y aspira profundamente mientras Umi se desahoga. Él también quiere llorar, porque le ha fallado a Viktor, le ha fallado a Yakov, le ha fallado a Yuuri. Prometió que los cuidaría y no ha sabido hacerlo, ahora Ren está desaparecido y Umi está destrozado.
—Ren-chan está bien... —trata de ser fuerte pero le es imposible porque su propia capacidad para percibir las sensaciones de los demás lo está abrumando y percibe el dolor que de pronto se desprende del cuerpo de Umi, y ahora son dos los que lloran en la cocina de aquella casa, en la mesa de esa cocina, en donde las risas y conversaciones banales de una familia deben de llenar cada rincón es el llanto desconsolado de dos existencia que solo tienen un lazo de amor y no de sangre. Son familiares en el dolor y Phichit no ha sabido ser un adulto, siente vergüenza de sí mismo.
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—Señor —Leroy y otro ANBU más han escoltado a Cao Bin hasta la frontera con el país de la Nieve, han tenido que redoblar los esfuerzos para llegar en tiempo casi record hasta el sitio y asegurarse que no ha ocurrido nada malo. Ha pasado una semana desde que ese templo está sin protección pero los pergaminos de protección en las puertas y entradas secretas están intactas. Leroy acaba de desactivar uno para poder ingresar con calma.
La construcción sigue siendo silenciosa, oscura, fría como de costumbre. La piel se le eriza al moreno que usa su máscara. Está atento al menor indicio de peligro, pues la presión en el ambiente es demasiado densa, ha sido así desde que Yuuri Katsuki, su capitán, fue sellado y encerrado ahí y aunque teóricamente no hay manera de que Yuuri por sí mismo pueda lograr esa sensación con algún tipo de jutsu es su presencia lo que intimida. En ANBU es sabido sobre su poder, su alcance y su fuerza, luchar contra él sería un suicidio, sin embargo, está ahí, encerrado y no hay manera de que haya escapado.
Lo único que se alcanza a escuchar son los pasos del moreno y los de las otras dos personas, Leroy va por el frente, le sigue Cao Bin con sus viejas manos arrugadas detrás de su espalda y por último el otro ANBU. Avanzan hasta el corazón de aquella antigua construcción por sus pasillos intrincados de piedra y metal hasta que se topan con una pared que tiene una flor sobre un copo de nieve grabado. Leroy hace un par de sellos con sus manos para que la flor tallada se ilumine y después se divise lentamente una puerta, un espejismo para resguardar al criminal más peligroso de Konoha. Hace otra secuencia de sellos manuales y la puerta se abre, Cao Bin no ha podido ver el último jutsu pero no importa porque Leroy le cede el paso para que ingrese.
—Haré la inspección en privado —anuncia y los dos ANBUS obedecen quedándose a flanquear la puerta que apenas entra Cao Bin vuelve a desaparecer formándose en piedra sólida.
El rostro y la figura en general del pequeño hombrecito están iluminados por un tenue destello azul, es la luz que se refleja y es emitido desde la fría prisión de Yuuri Katsuki. Lo ve. Ahí. Adentro. Inerte. Incapaz de moverse, incapaz de respirar. Incapaz de hacer nada más que permanecer. Está suspendido y su cuerpo con sus extremidades forman una cruz. Con sus pies suspendidos, sus brazos abiertos y su rostro suave que aparenta solo estar durmiendo y no congelado. En el centro hay un pergamino que Cao Bin reconoce perfectamente porque él lo ha puesto, él lo ha hecho especial para la ocasión. Sus ojos se desvían hacia la puerta y nota que realmente lo han dejado solo.
—Chihoko-dono pudo haber sido la oportunidad perfecta... lo sé, Yuuri, lo sé... entiendo porqué traicionaste a Konoha —masculla el hombre que extiende su mano hacia el sello que emite pequeñas descargas apenas la mano se aproxima y Cao Bin sonríe—. Yo hubiera hecho lo mismo, irme, hacer un ejército fuerte, regresar, y acabar con la basura con la que Konoha se ha llenado durante años. Hacer más fuerte la tierra que nos ha visto perder y castigar verdaderos héroes —sin importarle que las descargas se vuelven más ruidosas, los destellos más fuertes y el brillo más potente, Cao Bin empuja su mano hasta que la palma toca por completo el pergamino que se rompe en dos. Una nube de humo, el hielo se cuartea pero no se rompe. Es imposible romper ese sellado, pues se necesita el kekkei genkai de Yakov, de Viktor o... de Umi, sin embargo, aún es muy pronto.
—Deberás esperar un poco más... Ren iba a ser nuestra excusa... pero ahora, tendremos que esperar... el plan B ya está iniciando... nos prestarás tu poder para hacer que Konoha cambie, evolucione y logremos nuestra propia independencia —azuza mientras hace un par de sellos con sus manos para sacar un pergamino nuevo que coloca en lugar del anterior, pero esta vez clausurándolo con su propia sangre. El hielo pierde lentamente su tonalidad azul y de a poco adquiere un color dorado. Cao Bin se aleja en silencio sin dejar de ver su creación. Yuuri no se ha movido ni un poco pero por algún motivo el ambiente parece aún más incómodo que antes.
Afuera Leroy lo nota y mira al otro ANBU que le regresa la mirada detrás de la máscara. No dicen nada, probablemente Cao Bin esté reforzando el sellado del prisionero. Adentro los ojos de Cao bajan hasta fijarse que a los pies de la lápida de hielo empezaron a crecer pequeñas plantas que ahora gracias al nuevo chakra que ha sido inyectado parecen marchitarse. El hombre sonríe para sí mismo antes de retirarse, toca a la puerta y Leroy procede a volver a abrir la cámara secreta, se cierra apenas el alto mando de Konoha cruza el umbral.
—Todo en orden, es hora de irnos —añade seguido de un movimiento de cabeza. Los dos ANBUS afirman.
Los ojos caoba se abren lentamente mientras ve cómo las puertas se cierran frente a él, vuelve a cerrar los párpados a los pocos segundos cuando todo queda en silencio lentamente con los pasos de las tres personas alejándose.
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Ha dejado sus pies marcados en la arena negra que cubre la playa, el sol vuelve a brillar y los cuervos están haciendo sus actividades adentro en el bosque que hay frente a la playa. Los puede escuchar. Ha dormido en aquella bodega sobre ese montón de plumas y la cobija que sigue oliendo ha guardado, pero a pesar de ello no es un olor desagradable, es olor a nostalgia y recuerdos. Quizás un niño también lloró ahí asustado, rezando a los dioses porque su familiar estuviera bien.
Entra a la sala después de haber pedido permiso y que éste se le concediera. Los ojos azules de Ren se fijan en Takeshi, el que él cree es la forma humana del rey cuervo, y después nota que hay otros cuervos ahí.
—¿Tomaste una decisión, pequeño Yuuri? —pregunta Takeshi mientras que Yuko espulga entre las plumas opacas y oscuras de unos cuervos que eran del tamaño de un perro grande pero por la forma en que se comportaban el menor deduce que son cuervos bebés, polluelos, ella luce feliz con los cuervos entre sus piernas, y le sonríe cuando cruzan miradas.
—No me llaves, pequeño Yuuri —murmura Ren un poco enfadado—. Pero sí tome una decisión.
—¿Ah? —Takeshi se saca la pipa de sus labios y se flexiona hacia el niño—. Yo decidiré cómo te llamo, Yuuri-bebé.
El menor bufa torciendo los labios.
—¿Y bien?
—Quiero ser su discípulo —dice mientras que muestra su mano—. Quiero volverme fuerte para rescatar a mi padre y poder luchar junto a papá para que la guerra acabe... quiero ser más fuerte.
Takeshi da una calada a su cigarrillo, da una larga bocanada de su pipa y mira a Yuko que termina de adornar el plumaje de otro de cuervo. Son tres en total. La mujer observa a su esposo y después al pequeño Ren, se incorpora mientras que sacude su pantalón. Las joyas en sus tobillos resuenan suavemente.
—¿De verdad es lo que quieres, Ren-kun?
Él afirma mirando un poco confundida a la chica, ésta extiende la mano al mismo tiempo que una ráfaga de viento alza plumas y tierra que la envuelven, y adopta su forma de cuervo, la forma de Karakuro . Ren retrocede confundido, Takeshi ríe entre dientes divertido.
—¿Verdad qué es genial? —cuestiona emocionado.
El cuervo que antes era Yuko grazna haciendo eco, es un llamado y todos los cuervos se congregan.
—Lo que hoy vas a firmar... —su voz vuelve a ser cavernosa, profunda, ronca, le recuerdan al eco de una cueva y recuerda entonces el menor que los cuervos son capaces de imitar los sonidos de la naturaleza—, es irrompible, es un contrato de por vida que podrás legal a tus discípulos e hijos, el lazo que nos unirá jamás podrá ser rechazado y aquello de mis hijos que se convierta en tu familiar te será leal en vida y en muerte... morirá felizmente sirviéndote, pero recuerda que a un cuervo no se le engaña, a un cuervo no se le miente, a un cuervo no se le traiciona, como no traicionas a la patria tuya... porque nosotros no asesinamos pero somos capaces de sacarte los ojos para que vivas en una auténtica oscuridad... —con su alargado pico arrancó una pluma de su ala y la deja en el suelo donde toma forma de pergamino y dos cuervos más pequeños brincando se acercaron para abrirlo y extenderlo frente a Ren.
Un tercer cuervo empuja una tina de tinta con un pincel.
Hay varios nombres escritos en apartados junto al lugar donde pondrá su nombre: Mila Babicheva, Yuuri Katsuki, Toshio Katsuki, y más nombres, un tal Sakurakouji que no reconoce y toma el pincel con su mano, moja sus labios y escribe su nombre sobre el papel: Ren Nikiforov-Katsuki, es el primer Nikiforov en escribir su nombre en ese pergamino y sonríe cuando moja la palma de su mano completa en la tinta para después imprimirla en aquel pergamino.
El contrato desaparece en una nube de humo y plumas, junto con el gran Karakuro, en su lugar su forma humana vuelve a aparecer y Yuko sonríe de forma maternal.
—¿Estás listo para empezar tu entrenamiento, Ren-kun? —cuestiona con tono animado antes de ofrecerle un pañuelo para secarse la tinta de su mano. Ren afirma.
—Antes... ¿Podría escribirle un mensaje a mi padre y a Umi-chan?... no quiero que se preocupen... —solicita, la mujer es madre de tres hembras que se convertirán en los reyes una vez crezcan, y también en su forma animal es padre de todos los cuervos, si le hiciera falta sólo uno de sus hijos se preocuparía a morir, sin embargo, se cruza de brazos y niega.
—Lo lamento, Ren-kun pero una vez entras aquí... no puedes salir —inquiere Yuko cruzándose de brazos. El niño afirma sin replicar.
—¡Bien! —gime ahora Takeshi incorporándose—. ¡Ahora que has firmado el contrato!
—¿Vamos a elegir a mi familiar?
Takeshi lo observa y suelta una carcajada alegre.
—Primero debes entrenarte y volverte fuerte, los familiares te eligen a ti, no tú a ellos... pequeño humano idiota —Takeshi despeina al menor mientras que lo carga y Ren se queja removiéndose dejándose llevar en el hombro del hombre. Yuko los observa en silencio retirarse, bajando después su mirada a los tres pequeños cuervos que la rodean para volver a su labor de acomodarles el plumaje.
Extrañará a su padre, a su hermano, a su familia, pero se debe de ir por un bien mayor: Volverse más fuerte. Un adulto confiable que pueda rescatar a su papá Yuuri y todos vivir en paz.
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St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).
