Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
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—Quiero casarme con Karin. La semana próxima, cuando salga para Inglaterra, quiero llevarla conmigo. Yo... — El duque titubeó y por fin se decidió— ... espero contar con su aprobación.
Naruto miró al duque que estaba sentado frente a él en la biblioteca.
Era temprano, en la mañana. Hinata aún dormía en la cama de su esposo. No habían ido a la fiesta de los Van Dam. Naruto se frotó la barba crecida.
El duque había llegado antes de que tuviese tiempo de afeitarse; tenía millones de cosas que resolver aunque ninguna con este descarado joven inglés.
—¿Qué piensa Karin al respecto? — Preguntó en tono hostil.
El duque pensó con cuidado la respuesta.
—Creo que retribuye mis sentimientos.
—Sólo tiene dieciséis años, lo sabe, ¿verdad? En mi opinión, es demasiado joven para casarse.
—En Irlanda se casan aun más jóvenes.
—No estamos en Irlanda. —Naruto sonrió por primera vez, y el duque se puso tenso—. Su Gracia, —Dijo Naruto—, Aunque no me agrade en absoluto, sé bien que los irlandeses admiran a los señores. Mi padre eligió mi nombre en honor del conde dueño de las tierras que araba. ¡Qué gran honor! Sin embargo, ese mismo conde dejó que mi madre muriese de hambre después que mi padre falleció. De modo que no siento cariño por los nobles. Espero que me comprenda si no le palmeo la espalda y le digo: "Bienvenido a la familia, viejo".
—En Irlanda, los Uchiha nunca congeniaron con la nobleza. Estoy de acuerdo con usted: lo que contó es perverso e injusto. —El duque alzó el mentón en ademán imperioso. De pronto, pareció mucho mayor de lo que era.
—Muy bien. Cuando eso se solucione, usted podrá casarse con mi hermana. —Naruto se levantó, indicándole que lo despedía.
El duque no se dejó amilanar tan fácilmente.
—Entonces, ¿pretende que la rapte? Le aseguro que si me obliga, eso es lo que haré. A pesar de saber que Karin quiere su bendición.
—No obstante, es usted el que viene a solicitarlo. Me resulta divertido.
El duque habló remarcando las palabras.
—Para decir la verdad, me importa un ardite su bendición, Uzumaki. No lo necesito a usted, puedo valerme por mí mismo. Sólo quiero que Karin sea feliz.
Naruto rió, y aferró el bastón.
—"Quiero que Karin sea feliz" — Se burló—. Lo que en realidad quiere es la fortuna norteamericana que mi hermana le ofrecería. Vamos, viejo, no soy estúpido. Sea sincero.
—Uzumaki, yo amo a su hermana, no su dinero. Y le prometo que seré un buen marido para Karin.
Naruto se puso pensativo.
—Uchiha, —Dijo lentamente—, quiero que Karin haga un buen matrimonio, y realicé esfuerzos titánicos para que tuviera esa oportunidad. Quiero que sepa que no lo hice para que se case con un duque empobrecido que sólo la desea porque está ligada al Banco de Nueva York.
Shisui perdió la paciencia.
—Si no podemos llegar a un acuerdo, al menos tengo la conciencia en paz, pues lo intenté. De hecho, no necesito el dinero de Karin, y como no puedo convencerlo a usted, me marcho. No obstante, le informo que pienso anunciar el compromiso en el baile de disfraces de Mei Astor. El resto, como se dice, está entre usted y el Hacedor, Uzumaki.
Naruto rió otra vez.
—Estamos elevando la apuesta, ¿no es cierto? Si usted anuncia el compromiso con Karin, yo la dejaré sin un centavo. Uchiha, si quiere casarse con una irlandesa, pues hágalo. Al tomarla por esposa, será tan pobre como nuestra madre cuando llegó a Castle Garden.
—Pobre o rica, no me importa.
—En ese caso, no tendrá inconvenientes en anunciar el compromiso, ¿verdad?
—Como usted prefiera. —Enfadado, Shisui tomó la chistera, saludó con la cabeza y salió.
La sonrisa de Naruto se tornó más cínica aún.
—Apuesto a que no lo hará. —Exclamó, hacia la puerta cerrada.
Hinata rodó sobre la cama y abrió despacio los ojos. El sol entraba por las cuatro grandes ventanas, cuatro ventanas desconocidas con las cortinas abiertas, sujetas por unas bandas. Dos pisos más abajo oyó los ruidos de la Quinta Avenida. Los autobuses traqueteaban recogiendo pasajeros y un hombre maldijo a otro que casi lo atropelló con la berlina.
La joven cerró los ojos y recordó que todavía estaba en el dormitorio de Naruto. Evocó la noche pasada, saboreando cada detalle. Le dolían todos los músculos por el entusiasmo con que habían hecho el amor y, en particular, sentía un dolor perverso entre las piernas que la hacía anhelar que su esposo aún estuviese en la cama con ella.
¡Y Hinata lo había juzgado frío e indiferente! Esbozó una sonrisa misteriosa: la noche anterior no fue frío ni indiferente... en absoluto. Ya era la mañana, quizá más tarde aún.
"¿Naruto mantendrá esta proximidad entre los dos? —Pensó Hinata—. ¿O acaso se alejará, se ocultará otra vez en esa fortaleza que erigió a su alrededor?"
La sonrisa de Hinata se evaporó.
Se dio vuelta y miró al otro lado de la habitación. La sorprendió descubrir a Naruto sentado en una silla de cuero junto al hogar, contemplándola, el bastón apoyado sobre las piernas.
—No sabía que estabas ahí. —Murmuró la mujer, cautiva de esa mirada penetrante. Naruto fue recorriéndola con la vista y Hinata vio que la sábana casi le dejaba al descubierto uno de los pezones. Avergonzada, se tapó con la sábana hasta el cuello—. ¿Hace mucho que estás levantado?
Naruto asintió; con la luz del día, las líneas del rostro y la expresión fatigada eran más evidentes. Quizá se debiera a la dulce furia de la noche pasada, pero en ese momento, mientras contemplaba a su esposa, Naruto evidenciaba sus treinta y un años.
—Ahí dormida, en mi cama, resultabas un cuadro encantador, á mbúirnín. —Dijo en voz suave—. Tan serena e infantil... muy distinta de la mujer que fuiste anoche.
Hinata sintió que se sonrojaba. No podía negarlo: la pasión la sorprendió incluso a ella misma.
Naruto sacó una carta del bolsillo del chaleco. Se levantó y se acercó a la cama, inclinándose sobre Hinata para dársela.
—Aquí está la carta del inspector. Tu hermana quedará a tu cargo. Todo lo que tienes que hacer es presentar esta carta en el asilo.
La mujer tomó la carta y la sostuvo con manos trémulas. Los sueños se habían vuelto realidad. Hanabi quedaría a cargo de su hermana. Hinata estaba dispuesta a correr a su propio dormitorio y vestirse para poder llegar a Brooklyn al mediodía. Por fin, todo se solucionaría.
Miró a Naruto con una indecible alegría pintada en el rostro.
—Gracias. —Musitó—. No sabes lo que esto significa para mí. Estoy en deuda contigo para siempre.
—Anoche pagaste esa deuda.
Hinata estaba tan concentrada en Hanabi que tardó un momento en comprender lo que había dicho Naruto. Su esposo se alejó, y el ruido del bastón quedó ahogado por la alfombra.
—Estás equivocado si crees que lo de anoche fue en pago por la liberación de mi hermana. —Dijo a su esposo, que le daba la espalda.
El hombre se detuvo pero no se volvió.
—Fue una retribución. De lo contrario, ¿por qué estabas esperándome en la ducha?
—Yo... —"¡No estaba esperándote!", quiso decir, pero no podía asegurar que ese encuentro había sido accidental. Ni ella misma lo creía. Cierta fuerza los había juntado, y lo quisiera o no, tuvo que obedecerla pues era demasiado intensa. Ése era el motivo que la había impulsado a probar la ducha por primera vez. Hinata no sabía que estaba esperando a Naruto aunque, en alguna parte de su ser, estaba convencida que él llegaría.
—Tal como pensé. —Confirmó Naruto al no recibir respuesta.
—No, no es como supones. Lo que sucedió anoche no tiene nada que ver con Hanabi. —Se incorporó, cubriéndose el pecho con la sábana—. Lo hice porque... —Contuvo el aliento al darse cuenta de lo que iba a decir.
—¿Por qué lo hiciste? —Preguntó el hombre; cuando por fin se volvió, Hinata vio que estaba ceñudo. Como Hinata no respondia, Naruto dijo—: Yo te diré el porqué. Porque descubriste el arte de la seducción, y ahora sabes que puedes obtener lo que quieras.
—¡Ése no es el motivo! —Exclamó Hinata: no podía creer que el pensamiento de Naruto fuese tan retorcido.
—Y entonces, ¿por qué?
Hinata lo miró, el rostro arrasado por la emoción.
—¿Por qué supones que una mujer como yo puede tornarse tan apasionada como yo lo estaba anoche? —La voz de la joven se convirtió en un susurro—. Naruto, una mujer como yo sólo actúa de ese modo ante el hombre que ama. —Por fin, la verdad había sido pronunciada, y Hinata sintió un inmenso alivio. Ya no existiría más ocultamiento.
Naruto la miró: estaba en cuclillas sobre la cama, la sábana plegada con gracia en torno del cuerpo desnudo. El semblante del hombre carecía de toda expresión, hasta los ojos negaban lo que sentía. Al fin, dijo:
—Hinata, dices que me amas. ¿Por qué una mujer como tú amaría a un hombre como yo? Dame una sola razón sensata.
Al ver que su esposo se retraía, Hinata sintió deseos de llorar.
—Naruto, no existen razones "sensatas" para el amor. Ni siquiera deseo amarte. Arruinaste mi vida, y me hiciste daño. Sólo sé que te amo y, aunque me alejes de ti con todas tus fuerzas, creo que una pequeña parte de ti también me ama.
Naruto no dijo nada, ocultó sus sentimientos tras una capa de acero. La falta de respuesta hirió a Hinata, no obstante decidió ser valiente. Lucharía por este matrimonio, tendría paciencia y le daría tiempo. Naruto siempre quería dominar la situación y, por primera vez en la vida, se sentía atrapado en una situación que escapaba a su control.
—Hinata, para ti Inuzuka sería mejor marido que yo. Lo admito, aunque desprecie a ese tipo. Tú perteneces al mundo de Inuzuka, no al mío. —Por un instante, se le quebró la voz y se le ensombrecieron los ojos.
Al escucharlo, Hinata sintió pánico: podía percibir cómo se alejaba. Las lágrimas comenzaron a brotar. Quiso sacudirlo, obligarlo a confesar lo que ansiaba escuchar.
—¡Por Dios, Naruto!, ¿acaso no podemos ser iguales? ¿Hay en tu carácter una falla que no te permite olvidar quién soy y pensar qué es lo que soy? Yo pude hacerlo contigo. ¡Yo no te considero un irlandés salido de las calles sino un hombre al que deseo amar!
La máscara que ocultaba los sentimientos de Naruto cayó.
—No, Hinata, tú no me ves como soy en realidad. —En el tono del hombre se percibía resentimiento y amargura, y no se molestó en disimular el acento—. El hombre al que deseas amar aún está con un pie en las calles. A Mei Astor le desagrado. El hombre que quieres no es gran cosa. Ni siquiera puede invitar a su esposa a bailar el vals. ¿Y por qué? —La miró en los ojos, y Hinata ahogó un sollozo—. Te diré por qué: ¡porque el hombre que quieres como esposo recibió un disparo cuando estaba robando en Five Points, y jamás podrá valsear!
Se volvió y caminó hasta la ventana sin ayuda del bastón, con movimientos rígidos y violentos. Hinata lo contempló mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas, y una honda desesperanza le inundaba el alma.
"No se considera lo bastante bueno para mí —Pensó Hinata—, y por eso cree que nuestro matrimonio no puede durar. Por su propia inseguridad, jamás me aceptará, y este matrimonio está condenado casi antes de comenzar."
El dolor de este descubrimiento estaba más allá de las lágrimas.
El silencio se quebró por un golpe en la puerta.
Naruto refunfuñó:
—¡Ahora no! —Pero la voz apagada de Whittaker dijo—: Señor, acaba de llegar un telegrama. Es para la señora Uzumaki y creo que es urgente.
Naruto miró a Hinata. La mujer se secó las mejillas, apretó más la sábana en torno del cuerpo y el hombre fue hacia la puerta. Cuando Whittaker se fue, Naruto le dio el telegrama a Hinata.
Hinata lo abrió enseguida y, al leerlo, palideció.
Hanabi Hyuga desapareció Park View cinco de la mañana. Creemos huyó. Buscándola. Mal pronóstico. Comunicaremos novedad.
Steine
Aturdida, Hinata dejó caer la mano que sostenía el telegrama. No advirtió que la hoja se le caía.
Naruto sacó el telegrama de la mano laxa de Hinata y lo leyó. Al concluir, afirmó:
—Yo la: encontraré. Tengo hombres en la agencia de detectives Pinkerton que pueden buscarla.
La joven, con el dolor reflejado en el semblante, se negó a mirar a su esposo. Sólo podía pensar en Hanabi su única pariente además de Hizashi, frágil y vulnerable, sola en las calles sin nadie que la protegiese.
—¿Me escuchaste?
Hinata alzó el rostro, demasiado afligida para responderle. En un solo instante había perdido al hombre que amaba y a la hermana.
—¿Por qué lo hizo? ¡Cuándo ya habíamos obtenido su liberación...! —dijo, abatida.
—No lo sé, mi amor. No sé por qué lo hizo.
—Mi hermana no puede haber hecho algo semejante. —Comenzó a enfurecerse y las lágrimas volvieron a brotar—. Hanabi nunca haría una cosa así sin motivo. No me importa si todos la consideran loca. No me abandonaría sin una razón poderosa. Lo sé. ¡Lo sé! —Desesperada, buscó algo con qué cubrirse para poder salir corriendo.
—¿A dónde vas? —La apremió su marido.
—¡Iré a Brooklyn! ¡La buscaré!
—Cualquier cosa que puedas hacer yo podré hacerla cien veces más rápido con los hombres de Pinkerton. Pondré a todos a buscarla. ¿Cómo harías tú sola? —La abrazó. La sábana se deslizó y Hinata quedó desnuda, forcejeando con Naruto—. Hinata, sé razonable. En este momento, no puedes hacer nada.
El enfado de la mujer se desvaneció. Naruto había rechazado su amor y ahora quería alejarla de su hermana. Al no poder apartarse de su esposo, se descargó en él.
—¡Déjame! Soy la única que puede ayudarla. Después de todo, no me extraña que hayas descubierto la existencia de mi hermana y al día siguiente, desaparezca.
—¿Qué quieres decir? —Preguntó el hombre, haciéndola caer de espaldas sobre la cama.
Hinata habló con odio.
—Lo que quiero decir es que incluso tú tienes que cuidar mi reputación. Quizás, al descubrir que tengo una hermana loca, supongas que ese hecho podría arruinar las conquistas sociales de Karin. Y después del esfuerzo que hiciste para que tuviera éxito, puedo comprender que...
—Sabes que no estás razonando con claridad.
—Déjame. —Dijo Hinata en voz muy suave.
—Tu hermana estaba enferma. Tú misma me dijiste que la habían drogado. Estaba confundida, y escapó al amanecer. Estoy seguro de que aparecerá. Contrataré a todos los hombres que pueda para buscarla.
—¿Volveré a verla alguna vez?
Como si se sintiera regañado, Naruto le soltó los brazos.
—Haré todo lo que esté a mi alcance para encontrar a tu hermana. —la contempló con expresión distante, llena de dolor y angustia—. Mírame. —Agregó en tono suave, apoyándole la mano en el muslo.
La joven no lo miró. Su mente vacilaba. Estaba demasiado perturbada para pensar en nada que no fuese Hanabi.
"¿Dónde podrá ir? —Se preguntó—. ¿Estará bien?"
Rogó en silencio que sus plegarias fueran escuchadas, que Hanabi llegase a la mansión. Al imaginar que tal vez no volviese a verla, exhaló un hondo sollozo.
—Hinata. —Musitó Naruto, extendiendo la mano para consolarla.
—¡No, no me toques! ¡Si no me amas, no quiero que me toques! —saltó de la cama con la sábana en la mano. Sujetándola alrededor de su cuerpo, corrió hacia su propia habitación.
Su esposo la detuvo rodeándole la cintura con el brazo.
—¡Oh, Dios! —Sollozó Hinata — ... ¡por favor, haz que esté bien! ¡Te lo ruego... te lo ruego!
—Cálmate. —Susurró Naruto, intentando tranquilizarla.
Hinata lo empujó y lo miró a través de las lágrimas.
—La encontraré: te lo prometo. —En el tono de Naruto había un matiz desesperado.
—Sin embargo, quebraste tus otras promesas, ¿no es así? —El dolor le atenazó el corazón—. El acuerdo... este matrimonio... nunca cumpliste tus promesas.
Naruto la miró con expresión pétrea.
—Hinata, yo puedo ayudarte. Soy el único que puede ayudarte.
Incapaz de mirarlo, Hinata le dio la espalda. Corrió tropezando con la sábana, mientras Naruto la contemplaba con el semblante arrasado por una pena infinita..
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Continuará...
