Severus se sumergió en la mente de Hermione hasta llegar a los momentos que ambos habían compartido durante esos seis años.

Como si de una cuenta atrás se tratase comenzó viéndose a sí mismo a través de los ojos de la pequeña estudiante. El primero de los sentimientos que despertó en ella no le sorprendió. Estaba acostumbrado a infundir temor en sus alumnos, sobre todo en los impresionables estudiantes de primer año. Snape se jactaba de ser temido y respetado a partes iguales, en su mente estaba justificada su forma de tratar al alumnado aunque a ojos de los demás profesores fuese demasiado estricto y exigente.

Pronto el miedo se transformó en dolor. La había menospreciado en numerosas ocasiones, llegando incluso a hacer escarnio de ella ante sus compañeros. Cada vez que salía de su boca la expresión "insufrible sabelotodo" provocaba que Hermione perdiese un poco de su luz. Era como si durante todos esos años hubiese intentado apagar una vela que luchaba por mantenerse encendida. Conocer lo que experimentó Granger le hizo sentir despreciable. ¿Qué lo diferenciaba a él de sus antiguos acosadores o de su mismísimo padre? Comprender que había repetido esos reprobables comportamientos con la inocente niña le dolió en lo más profundo de su ser.

Los recuerdos avanzaron hasta llegar a las vivencias más recientes.

La primera de ellas fue la tarde en la que se reunieron en su despacho tras el duelo con Malfoy, donde Hermione había roto en llanto ante él demostrándole por primera vez que no estaba dispuesta a continuar soportando su desprecio. Había autentica rabia en las palabras que la joven le echaba en cara, como si por fin hubiese despertado y fuese capaz de defenderse. Ya no permitiría que nadie la pisoteara, sabía que valía mucho más que un ridículo estatus de sangre. Pero al llegar la primera caricia por parte de Severus, el cual secó sus lágrimas con mimo para seguidamente abrazarla hasta que cesó su llanto, todo cambió. Como si esos gestos lograsen calmar el mar embravecido en el que se había transformado Granger. Tras eso Snape logró ver la calidez que experimentó la muchacha en su interior. Una sensación que no sabía que fuese capaz de provocar pues jamás había cuidado de otro ser de ese modo.

Tras esto el recuerdo cambió hasta llegar a su encuentro en la oficina anexa a la clase de DCAO. Revivió la conversación y la extraña complicidad que ambos sintieron mientras hablaban de cosas tan banales como un simple objeto muggle o una agradable melodía. No tardó en darse cuenta que ese tocadiscos los había unido. Hermione veía reflejado en esa pieza de coleccionismo a su padre, con el cual compartía una gran relación desde niña. Y para Severus esa preciada pertenencia era el recuerdo de su madre, o por lo menos de los días más felices de su progenitora. Un sentimiento fraternal apareció ante sus ojos, la muchacha comenzaba a verlo como una figura paterna dentro de Hogwarts.

Y finalmente llegó hasta su último encuentro a solas. El más cuestionado por la conexión que se creó entre ellos. El alegato de la joven sobre el motivo por el que se había originado la Primera Guerra dejó sin habla a Severus por segunda vez. ¿Cómo era posible que esa niña lograse entenderlo tan bien? Desde ese momento tuvo la sensación de que si continuaba relacionándose con Granger ésta no necesitaría la Legeremancia para conocer sus pensamientos. Tras la conversación llegó el momento en el que le mostraba como realizar el hechizo para hacer funcionar el tocadiscos. Descubrir lo que sintió la joven en ese instante era algo a lo que Severus no podía resistirse, sobre todo porque durante éste él la había deseado con cada fibra de su ser.

"Váyase por favor" — La voz de Hermione resonó en el recuerdo.

"Debe expulsarme" — Respondió Severus dentro de su mente.

"No puedo encontrarle, se ha ocultado demasiado" — La desesperación de la chica era palpable.

"Nunca dije que se lo pondría fácil, puede hacerlo si realmente lo desea" — La respuesta de él parecía un desafío hacia su persona.

Estaba a punto de revivir el momento en el que la tomó por la muñeca pero esta vez desde la perspectiva de Granger. Snape podía recordar lo que él sintió en esos momentos, la suavidad de su piel y el aroma de su pelo cuando se posicionó detrás de ella. Todo ello lograba embriagarle pues para ese entonces ya estaba rendido a los encantos de la muchacha. De nuevo el miedo apareció ante él, saber que Granger lo había temido le disgustó en cierta manera. La agitada respiración de la joven le dio la primera pista pues notó como la excitación se apoderaba de ella al notar la proximidad de la que ambos disfrutaban. Quedaba claro que los dos se habían deseado mutuamente, aunque en la mente de Hermione todo era muy confuso. Realmente parecía que la muchacha se prohibía a si misma sentir algo así por su profesor.

Un grito desgarrador se escuchó en el despacho. La joven se resistía con todas sus fuerzas a que Severus siguiese profundizando en ese recuerdo, diseccionando cada uno de sus sentimientos y quedando expuesta de esa manera ante sus ojos. No podía permitir que conociese algo tan íntimo pues su relación quedaría seriamente comprometida ¿Cómo volver a mirarlo a la cara después de que supiese que por unos segundos deseó sus caricias o que sus labios se encontrasen?

Mediante un hechizo no verbal logró empujarle mientras ella permanecía aún presa de la legeremancia. El embiste hizo que el profesor colisionara contra las estanterías que tenía a sus espaldas. El fuerte golpe provocó que varios frascos con pócimas se rompiesen y Snape se tambalease hasta casi perder el equilibrio. Fue por ese motivo que al apoyar su mano izquierda en la madera uno de los cristales rasgó la palma de su mano. Todo ello le obligó a salir de la mente de la chica, finalizando la sesión de forma abrupta.

Hermione tenía el rostro bañado en lágrimas cuando tomó conciencia de lo que había sucedido. Con celeridad corrió hasta Severus preocupada por su estado. Lo primero de lo que se percató fue como una de las palmas de sus manos sangraba profusamente.

— ¡Por Merlín! ¿Qué he hecho? — Susurró horrorizada al ver la herida del mago.

Su mirada reflejaba el espanto que sentía por haberle lesionado, sobre todo no podía apartar la vista de la sangre que brotaba de su laceración.

— Lo siento mucho — Se disculpó agarrando con delicadeza la mano de Severus con la intención de examinarla.

La muchacha se dio cuenta de que el corte era profundo pero limpio, no había cristales clavados. Automáticamente sacó de su bolsillo un fino pañuelo de tela y al ver que el hombre no la detenía aplicó presión con éste tratando de contener la hemorragia.

— Debería llevarle a la enfermería — Exclamó la joven visiblemente afectada por lo que había pasado — Aunque eso me traiga problemas.

— No se preocupe, puedo encargarme — Respondió posando su otra mano encima de la de ella como si tratase de calmarla.

La sangre empapó el pañuelo rápidamente, mientras sus manos se encontraban unidas. Las lágrimas de la joven comenzaron a brotar de nuevo sintiéndose terriblemente culpable. Pequeñas gotas de sangre se deslizaron por su piel resbalando hasta llegar al suelo. Snape se dio cuenta de que era hora de curar la herida así que soltó la mano de la joven y recogió su varita del suelo, la cual había perdido tras el impacto.

— Vamos a arreglar esto pero debe tranquilizarse — La forma en la que le hablaba era tan calmada que Hermione no entendía por qué no se encontraba gritándole como un energúmeno por lo que había hecho.

La muchacha asintió mientras trataba de controlar su llanto. Severus apuntó con la varita hacia el pañuelo.

Vulnera Sanentur — Murmuró de forma que parecía más una canción que un conjuro sanador.

Tras repetir ambas palabras varias veces el hechizo cerró el profundo corte. Apartó el pañuelo con la punta de la varita para que la joven viese como su piel se había curado por completo y así borrarse esa expresión de intensa preocupación que se había instalado en su semblante.

Hermione deslizó la yema de sus dedos por la nueva piel que había nacido en la palma de su mano, acariciándole mientras se maravillaba por la efectividad del hechizo que había utilizado.

— Necesita esencia de díctamo para evitar que le deje cicatriz — Comentó ella volviendo a hacer gala de su acostumbrado pensamiento lógico.

Snape le dedicó una pequeña sonrisa, parecía que le había leído el pensamiento.

Accio — Conjuró Granger con su varita sin necesitar decir el nombre de la sustancia que buscaba.

Alzó su mano para atrapar al vuelo el pequeño frasco que había llamado. Sabía que en ese lugar encontraría sin problemas esa planta con poderes curativos. Derramó parte del líquido en la mano de su profesor mientras éste observaba cada uno de los movimientos de su alumna.

— Con suerte no le quedará ninguna marca — Explicó Hermione intentando romper el incómodo silencio.

— Si permaneciese alguna señal me serviría como recordatorio para no volver a desoír sus palabras — Comentó intentando quitarle hierro al asunto.

La chica lo miró de reojo obligándose a no sonreírle.

— Le dije que saliese de ahí — Susurró mientras se sonrojaba al recordar el motivo por el que le había atacado de esa manera.

— ¿Y por eso me ha agredido? — Le preguntó sin acritud.

La muchacha guardó silencio pues su profesor ya conocía la respuesta.

— Puede marcharse, debo arreglar este desaguisado — Dijo mientras contemplaba algunas de sus preciadas pociones perdidas a causa del incidente.

Hermione se sintió liberada al escuchar sus palabras así que se dirigió hasta donde había dejado su cartera para escapar de allí con prontitud.

— Mañana proseguiremos en un entorno... — Se detuvo mientras observaba su estimado despacho —más seguro.

— Pero, podría volver a... — Comenzó a excusarse la joven.

— Tomaremos medidas — La interrumpió su mentor — La espero mañana en la oficina de Defensa Contra las Artes Oscuras tras finalizar las clases y... — Su mirada se endureció en ese momento — no vuelva a hacerme esperar.

De nuevo el profesor Snape volvía a ser frío con ella, probablemente para marcarle cual era la correcta relación que debían mantener.

Sin decir nada más Hermione abandonó su despacho, en cierta manera se sentía aliviada por el hecho de que su profesor hubiese omitido el hablar sobre los vergonzosos deseos que había despertado en ella.