_ ¡Helena, yo me quedaré en tu lugar! – dijo un preocupado Paris.

_ Hermana, no tienes que arriesgarte…

_ Por favor, yo he elegido esta batalla.

_ ¡Pero! – quiso decir algo.

_ Váyanse. – dijo imponente la joven de caballera rubia platinada.

_ Sé precavida, Helena. – le cogió Hefesto el hombro.

_ ¡No seguirán! – gritó Shun. - ¡Cadena de Andró…! – reparó en lo que estaba haciendo. – "Es cierto, esta es la armadura de virgo…" ¡TORMENTA NEBULAR! – se volteó rápidamente.

_ ¡REFLEJO DE FORMACIÓN ESTELAR! – devolvió el ataque Cratos lanzando a Shun por los aires.

_ ¡Cratos! – gritó molesta Helena. - ¡Váyanse!

Todos miraron, asintieron y se fueron con las mismas. Mientras el joven de cabellera verde oscura se levantaba.

_ ¡Esperen!

_ Tu batalla es conmigo. – se paró delante.


_ No voy a permitir que un ser como tú me supere. – se paró Kanon.

De su detrás sacó un objeto largo, al parecer conocido, Aquiles al verlo por completo sólo rio.

_ Es gracioso verte con un arma como esa, considerando que el Dios que engañaste poseía una. ¿Sigues siendo un marino, acaso?

_ Saca tu Sarisa.

_ Bien, cumpliré tu deseo de acompañar a tu hermano.

Ambos corrieron el uno hacia el otro, moviendo su arsenal de larga longitud con rapidez, chocándolas entre sí. Con mucha furia, un movimiento en vano podría atravesar la armadura. En uno de esos impactos, atravesó el corazón al caballero de géminis, quien cayó muerto al suelo.


_ ¿No piensas atacarme? Llevas un tiempo perdido en tus pensamientos… - lo miró a la defensiva Bía.

_ Esta guerra es un error y lo sabes. Tu Dios no es nuestro enemigo, pero parece todo un complot.

_ ¿Un complot?

_ Debemos detener esta masacre.

_ Yo sigo órdenes.

_ En el fondo no deseas que tu Dios tenga la victoria, no quieres ver a Atenea con él de regreso.

_ ¡Cállate! ¡CORONA SOLAR! – alrededor de Ikki aparecieron múltiples fantasmas idénticos a Bía, todas levantaron sus sais hacia el cielo; esto causo una llama a su alrededor con un cosmos abrasador.

_ ¿¡Crees que vas a hacerme daño con fuego!? ¿¡A mí, el fénix!?

Las llamas se disiparon, pero ella solo rio.

_ ¿Qué? – su cuerpo estaba completo de cortes. – "Fui incapaz de verla, su velocidad superó a la mía".

Tras su momento de sorpresa, ella aprovechó y apareció atrás de él para clavarle el sai en el hombro.

_ ¿Cómo vas a conjugar las habilidades de un ave con un gatito?

_ ¡De esta manera! – la empujó lejos.

Agarró una daga dorada, la cual se puso en guardia. Ikki debía usar sus poderes de ilusión para desafiarla.

_ Vaya, las armas de Libra. ¿¡Qué!? – su tobillera estaba clavada al piso. - ¡Verás!

Se quiso mover pero su brazo también se encontraba en esa posición, una daga se había colocado de manera tan estratégica impidiendo su movimiento.

_ No debes dejarte llevar por la furia. Yo en algún momento lastimé a mis seres queridos por ser impulsivo y tonto. Pero, he aprendido que la mente fría, es la mejor herramienta para los momentos de batalla.

_ ¡No juegues conmigo!

_ No entiendes, todos nosotros estamos siendo engañados, debemos movernos.

_ ¡Fénix! – la dejó inmóvil gritándole mientras él la ignoró unos momentos.


_ ¿Vas a mostrar tu cara verdadera, Kanon? – preguntó Aquiles. – No me causa gracia que sólo me muestres la sombra de géminis.

Ante un silencio, el herrero del fuego de cabellera dorada se fastidió.

_ ¡SAL DE TU ESCONDITE!

El tridente saltó directamente a su corazón, pero lo paró con la sarisa de forma vertical.

_ ¡OTRA DIMENSIÓN! – un ataque por debajo suyo.

_ ¿¡Qué!? – no pudo reaccionar y cayó al vacío. - ¡BÓLIDO DE FUEGO!

Convirtió su sarisa en un cometa y salió disparada hacia dentro de la casa de los gemelos, aquella energía saltó encontrando a Kanon y lo golpeó sin alguna defensa.

Sólo hubo silencio, tras un soldado desmayado y otro desaparecido.


Los guerreros del fuego corrieron hacia la casa cuyo símbolo representaba la justicia, decididos a avanzar para recuperar a la Diosa Atenea y colocarla a la voluntad del Dios de la herrería. En camino por las largas escaleras del santuario; vieron a unos caballeros que estaban parados con una actitud muy decisiva ante ellos. Se detuvieron a analizarlos, eran los más jóvenes que encontraban desde su llegada. Por lo cual, la duda los invadió.

_ "Son unos niños…" – pensó Helén.

_ "¿Cómo pueden mandar gente de esta edad a una lucha así?" – se preguntó Hari.

_ "Esto no es obra de Atenea… no lo entiendo…" – también se juzgó Hefesto.

_ ¿Van a quedarse ahí mirándonos sin decir nada? – preguntó Electra de Orión (la discípulo de Ikki).

_ Hemos venido a proteger a nuestra Diosa… - proclamó Fye de los Perros de Caza.

_ …Aunque sea a costa de nuestras vidas. – completó Valentín de Cefeo.

_ ¡Por Atenea! – gritó Haret de Jirafa.

_ ¿Quiénes son sus maestros, que los han mandado a la muerte segura? – preguntó Hefesto mientras con total calma daba unos pasos adelante.

_ ¡Los legendarios caballeros de Atenea que vencieron a Hades! – gritó Valentín.

Cratos, al escuchar esto, se sorprendió bastante y miró muy fastidiado a los niños.

_ ¿Hablas de los que invadieron el bosque en primer lugar?

_ Dios Hefesto. – apareció arrodillado Cratos. – Por favor, déjeme a mí retener a estos pequeños. Ya que yo uso la égida y mi arma es netamente defensiva.

_ Está bien, no seas duro con ellos. – sonrió el Dios mientras le agarró el hombro, para después seguir su camino.


Saori estaba meditando, mientras cerraba sus ojos, para con su instinto de Diosa, poder conocer la situación de las casas. Su visión se trasladó por aries, tauro, géminis, cáncer, leo, virgo, hasta llegar a las escaleras de libra; donde su impacto fue tal que paró en seco.

_ No… ¿Qué hacen esos pequeños en ese lugar? – se angustió. – Debo hacer algo… ¡Hugo!

Corrió hacia fuera de la habitación del patriarca, para encontrarse con un laberinto lleno de rosas envenenadas. Una vez puesto, no había manera de sacarlo.

Estaba atrapada.

_ Sólo soy una humana ahora, ¿cómo puedo salir? ¡Ni siquiera puedo apoyarlos!

Unos instantes pensando, corrió hacia las escaleras que llevaban a la gran estatua de Atenea.

_ Niké, ayúdame. – buscó la cuchilla y se cortó el brazo… - Por favor, préstame tu poder…

Su sentido de Diosa era muy bajo, así que se hirió más para compensar la falta.

_ Por favor…

Se redujo el tamaño del gran monumento, cubriéndola completamente.

_ Debo salvar a esos niños.

Caminó decidida ante aquel lugar de perdición y penumbra.


_ Shun, veo que te pones muy tenso conmigo. – caminó a su alrededor mientras o evaluaba.

_ Por favor, resígnate de atacar y ríndete.

_ Pareces muy confiado, a pesar de que fácilmente te puedo vencer.

_ ¿Qué dices?

_ ¿Si quiera has usado la armadura de virgo alguna vez? ¿Crees que dominando hasta el octavo sentido puedes vencerme? ¿¡A mí!?

_ ¿Quién eres tú?

_ Me duele que no me recuerdes… Cuando he venido solo por ti.

_ Tú… - su memoria del bosque volvió. – "¿cómo lo olvidé?" ¡No importa lo que digas, no me dejaré vencer! ¡CADENA DE ANDRÓMEDA!

Hubo silencio completo, sólo el aire y la dignidad perdida de Shun podían percatarse. Helena de Daga empezó a matarse de risa y él se sonrojó de la vergüenza.

_ Todos tus ataques eran con la cadena de Andrómeda… ¿ahora qué vas a hacer?

_ ¡Hallaré el modo!

_ Tonterías. – se puso seria, con una mirada asesina. - ¡Tienes que superarte a ti mismo! – lo lanzó con una energía muy lejos de donde estaba.


_ Ah… - gemía de dolor Kanon. - ¿Dónde está ese rubio idiota? Cierto… lo mandé a otra dimensión.

Se paró asustado.

_ ¡¿Dónde lo habré mandado?!

_ Aquiles te venció… - se levantó poco a poco Tekko.

_ ¿¡Qué dices!?

_ Efectivamente, no siento su presencia aquí pero… sigue en el santuario. Sabes perfectamente las desventajas de tu ataque… géminis… - estaba adolorido. – Puede abrir el espacio-tiempo, estoy seguro que él lo usó a su beneficio. Y es más, llegó a herirte.

_ ¿¡Quieres decir que…!?

_ Es correcto. – apareció Cerción de Kanabo caminando desde la entrada. – Si no te hubieses dejado llevar por su soberbia, no te hubiera llevado la delantera.

_ ¡No puede ser! Debo irme…

_ ¿Te vas?

Se volteó el caballero de géminis para ver a ambos guerreros del fuego mirándolo fuertemente.

_ Vamos a acabar contigo para seguir avanzando, a ver si estás al alcance de tu hermano.

_ Será divertido. – sonrió el guerrero del Kanabo.


Los herreros del fuego llegaron a la casa de la balanza, cuidada por el más justo de los 88 caballeros de Atenea. Caminaron a la defensiva, hasta ver a un hombre meditando.

_ ¡Preséntate, LIBRA!

_ Soy el que cuida esta casa.

_ ¿No vas a decir tu nombre? Qué grosero… - habló Pélope.

_ Mi nombre es Shiryu y no puedo permitir que sigan adelante, ya que osan amenazar la seguridad de mi Diosa.