Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Capítulo veintinueve

Bella

― ¿Me estás pidiendo matrimonio? ―bromeé, al mismo tiempo que Edward deslizó el anillo de compromiso en mi dedo anular. ¡Era precioso! Fascinada observé la brillante piedra cuadrada, me emocionaba saber que él eligió algo especial para mí.

― ¿Quieres que te lo proponga? ―alzó su ceja mirándome con galantería.

Negué rápidamente.

― Quise comprarte un anillo especial. No me gusta que mi esposa no lleve uno, puede malinterpretarse ―aclaró―. También quiero comprar otro par de alianzas matrimoniales, ¿te gustaría hacerlo juntos? Podemos empezar a mirar en distintas joyerías.

― Me encantará.

Me alcé de puntillas para abrazarlo por el cuello.

― Te amo tanto ―susurré, antes de adueñarme de su boca, de esa forma tan indecente que a él enloquecía.

Edward correspondió de inmediato y sin tiempo a nada me sentó en la encimera donde se posicionó entre mis piernas.

― ¿Dónde están todos? ―preguntó sobre mis labios y sin dejar de acariciar mis hombros con sus grandes manos.

― Fueron a casa de Charlie ―logré decir. Edward dejó de besar mi cuello se alejó unos centímetros y me observó, su rostro acalorado y despeinado me hizo ruborizar.

― Swan está en la ciudad ―confirmó con ese gesto de sorpresa―. ¿Él estuvo aquí?

Volví a negar, centrándome en recorrer con mi lengua la piel sobre su cuello, él se estremeció cuando succione con fuerza, soltando un gemido audible que me hizo reír.

Había descubierto que su cuello era la parte más sensible, por ese motivo aprovechaba cada vez que lo tenía cerca para darle un poco de atención hasta lograr mi cometido que era escucharlo jadear.

― En serio... ¿quieres aquí?

Mordí mis labios antes de asentir con timidez.

No hubo mucho preámbulo porque sabíamos que podíamos ser sorprendidos. Me aferré con fuerza a su espalda cuando me embistió sobre la amplía encimera de granito.

Enterré mis uñas en su hermosa piel libre de ropa, pues había logrado sacar su camisa, mientras él había hecho lo propio con mi vestido straples. Escuchar la combinación de suspiros anhelosos provenientes de las caricias que otorgaba a mis senos, era lo más excitante para mis oídos.

Sus brazos me envolvieron con tal fuerza cuando recargó su rostro en mi hombro, entretanto sus acometidas eran casi violentas y sin tregua. Estaba al borde, lo sabía.

Del mismo modo llegué al límite cuando comencé a sentir esos deliciosos espasmos que producía el orgasmo.

― ¡Maldita sea! ―lo escuché gruñír en mi oreja, mordiendo un poco mi lóbulo con sus dientes―. Tu forma de moverte es condenadamente caliente.

No comprendí sus palabras y me apalanque más sobre él, impulsandome con su mismo cuerpo hasta que me dejé ir. Edward maldijo otras veces más logrando vaciarse en mí.

― ¿Qué pasa? ―indague cuando terminó dentro de mí y no sé movía, se quedó quieto sosteniéndose de mi cuerpo sudoroso con todas sus fuerzas, nuestras respiraciones se volvieron lentas y yo jugaba con su húmedo pelo.

― No te das cuenta, ¿verdad? Vas a acabar conmigo ―amortiguó su hálito caliente en la piel de mi hombro.

― No entiendo.

Edward sonrió y besó mi frente sudorosa.

― Me gusta tener relaciones contigo porque me tienes dónde quieres ―una de sus manos sujetó mi cara―. Me arrastras al límite sin darte cuenta. ¡Amo tu jodida forma de moverte!

Avergonzada, escondí mi rostro en su pecho desnudo, aún con una sonrisa en mis labios. Podía sentir mis mejillas calientes por su sinceridad.

Tomó de nuevo mi rostro entre sus manos y me besó.

― Quiero ir a la cama ―dijo con esa voz llena de sensualidad que me hacía temblar.

― ¿Otra vez?

― No tuve suficiente, nena. ―Me tomó en volandas haciéndome soltar un chillido, intenté subir mi vestido para cubrir mis pechos expuestos siendo inútil cuando subió presuroso los escalones, solo me quedó cubrirme entre su cuerpo, dejando atrás su camisa, su cinturón y mis zapatos esparcidos en el piso de la cocina.

Ya nunca la volvería a ver igual. Me traería muy buenos recuerdos, ¡buenísimos!

.

.

― No puedo creerlo. ―Con lágrimas en mis ojos miré cada hoja que culpaba a Emmett. Él había estado intentando hacer un desfalco a la corporación utilizando mi nombre.

― Por qué echarlo de cabeza ―increpó Jenks en ese tono severo que solía usar para atemorizar―. Acaso no estabas coludido con él.

― No. ―Negó Royce con sus manos en su cintura, me sostuvo la mirada por unos segundos y luego se enfocó en Jenks―. Cuando Emmett me propuso entrar en el negocio nunca acepté. No tengo necesidad de buscar más problemas de los que ya tengo. Estoy tratando de hacer las cosas bien y, aunque me ha costado mucho ganarme la confianza de mis clientes, lo estoy haciendo bien.

Jenks bufó a la vez que tomaba en sus manos los documentos que hacen responsable a Emmett, salió de la oficina sin decir nada.

― Créeme, nunca haría nada en contra de ti ―explicó Royce―. Conozco a la perfección quién es Jenks y tu padre, no me atrevería siquiera a ofenderte. Menos osaria a involucrarte en una sucia estafa. Sé de qué lado estar.

― Cuándo te busco Emmett, ¿en qué momento planeó todo esto?

― Desconozco desde cuándo lo preparó. Conmigo se presentó cuando el viejo Jenks enfermó. Llegó hasta mi oficina y me presentó su idea, él argumentaba que era un gran negocio donde todos ganaríamos a partes iguales, inclusive se atrevió a ofrecerte.

Avergonzada; bajé mi rostro y oculté mis lágrimas, dolía descubrir que nunca fue un amigo.

― Lo siento, Bella ―Royce puso su mano en mi hombro, sin saber cómo actuar―. No he sido el único al que han propuesto este negocio. Me enteré por varios allegados que tenía intención de contratar a alguien para que te enamorase. Orquestó todo un plan para aprovecharse de ti y despojarte.

Comencé a llorar sin poder evitarlo por más tiempo.

― No llores ―dijo Royce―, él no merece tus lágrimas, no vale la pena.

― ¿Qué está pasando aquí? ―cuestionó Edward llegando a mí, sostuvo mi cintura y me dejó llorar en su pecho―. ¿Qué tienes? Isabella… me estás asustando.

― Vine a hablar con tu esposa referente a Emmett ―expresó Royce―. Estoy a su total disposición para lo que decidan hacer, cualquier cosa, este es mi número de móvil personal ―miré que le tendió a Edward una pequeña tarjeta de presentación―. Lo siento, Bella.

Me volví a él y acepté su saludo, estrechando su mano e intenté sonreír en agradecimiento a lo que había hecho por mí.

Cuando abandonó la oficina solté un hondo suspiro, era momento de hablar con Edward y contarle todo lo que Royce había dicho.

.

.

Al llegar a la estancia me sorprendió ver a Charlie sosteniendo en sus brazos a mi hija. Ahora ella tenía cinco meses y estaba siendo más fuerte, sus pequeñas piernas se sostenían con un poco de firmeza en el regazo de su abuelo mientras escuchaba con una alegre y babeante sonrisa a los simpáticos pucheros que mi padre le hacía en su barriga.

Aún me costaba de pronto encontrarlo en casa compartiendo con Carlie. En cambio lo agradecía en silencio por estar al pendiente de ella. Eran momentos que deseaba que mi hija tuviera junto a su abuelo y no estaba dispuesta a quitárselo.

― ¿Cómo fue todo? ―preguntó Charlie cuando se percató de nuestra presencia, se puso de pie sosteniendo a Carlie quien tiraba de su pelo con sus pequeños puños.

― A salido todo como lo esperábamos ―dijo Edward― hubo más delitos encontrados y le han dado sentencia. Diez años con posibilidad de reducir su condena por buen comportamiento.

― Siempre desconfíe de Emmett ―acordó mi padre―. Aro, ¿cómo lo tomó?

― Su rostro cabizbajo lo dijo todo ―admití.

Para Aro fue un golpe a su corazón. Con constancia y esmero crió de Emmett con mucho amor, así como también le inculcó valores para formar de él un gran nombre. Nunca podré sacar de mi cabeza su rostro apesadumbrado cuando el juez dictó el veredicto en contra del que él creía un hijo ejemplar. Sin duda Emmett lo perdió todo por nada porque también se le revocaría su licencia médica.

― Realmente no esperaba que ese infeliz tuviera más acusaciones en su contra. ―Mencionó Edward con suma paciencia, se sentó junto a Charlie en el comedor de jardín y comenzó a beber de una limonada mientras continuaba explicando a detalle lo ocurrido en la audiencia―. No podía creer cuando el juez mencionó las demás demandas que procedían en su contra. Creo que la ambición por obtener poder lo cegó a tal grado de no saber lo que hacía. Eso no es nada ―dijo Edward volviendo a dar un trago a la limonada― Rosalie su pareja fue sacada de la sala por empezar a insultarnos, esa mujer perdió la razón, espero no volver a verla nunca, es absolutamente desagradable.

No comprendía el odio de Rose hacía a mí. De igual manera tampoco le deseaba nada malo.

― Podemos hablar ―la voz de Charlie me hizo mirarlo, él estaba frente a mí y continuaba teniendo a Carlie en sus brazos―. He decidido volver a la empresa, debo volver a trabajar porque Jenks no puede viajar como antes. Me iré a Londres, Bella. Ahora será más difícil venir a verte y estar cerca de mi nieta. Pero buscaré tiempo para verla crecer y saber que ambas están bien.

― ¿En verdad quieres volver a Londres? Allí volverás a estar solo y no te hace bien.

Él sonrió y, débilmente acarició mi rostro. Era la primera muestra de cariño que me hacía. Nuestro acercamiento era lento, un paso a paso.

― Si vivo cerca de ustedes querré cuidar de Carlie todo el tiempo. Estoy seguro que la voy a malcriar y la consentiré mucho ―comentó con una sonrisa.

― Tengo entendido que eso hacen los abuelos, ¿no?

Charlie beso la mejilla de mi hija y ella volvió a tirar de su pelo a la vez que sonreía alegremente por su pequeña travesura.

― Está vez haré lo posible por hacer todo bien, cielo. Tengo que aprender a soltar y aún estoy en el proceso.

― ¿Sigues yendo a terapia? ―Sabía que Charlie había iniciado sesiones con un profesional.

Asintió.

Entretanto llenaba de besos el rostro de mi bebé logrando hacerla reír, era imposible no sentir felicidad al verlos juntos. Mi padre se había enamorado de su nieta, no tenía duda.

― Vendré cuando haya oportunidad ―me dio a Carlie dejando un beso en su mejilla y sorprendiendome con otro beso a mí, frotó mi antebrazo sonriendo con sinceridad―. Sé feliz, mi cielo.

Lo miré marcharse hacia el costado de nuestro jardín, había un pequeño camino de concreto hasta la parte delantera que conectaba a la cochera.

No tenía idea cuándo lo volvería a ver, pero estaba feliz de que estuviera de nuevo entre nosotros.

― No creo que Swan duré más de dos meses alejado de ustedes ―susurró Edward cuando me abrazó por la espalda, apoyó su mentón en mi cabeza como solía hacerlo y me permití recargar mi cuerpo en él―. Estoy seguro que regresará pronto.

― Yo también lo creo ―aseguré.

.

.

Me había enamorado del clima de la ciudad desde el primer instante que pisé su suelo. Por tal motivo a veces me frustraba que los días pasasen sin poder tener oportunidad de conseguir suficiente tiempo para disfrutar el paisaje.

Entre estar en la oficina y estudiar en línea el tiempo se había limitado. Debía aprovechar cada instante de la vida de Carlie porque ella aprendía cada día algo diferente, a sus seis meses podía sentarse ella sola sin necesidad de ayuda. Se estaba volviendo muy curiosa y solía aprovechar cualquier distracción para que todo fuera a su pequeña boca.

Esme hacía lo posible por estar presente en la vida de su nieta, sin embargo su trabajo no le permitía estar tanto como ella quisiese, al menos era reconfortante tenerla con nosotros unos días al mes. No podía decir lo mismo de Charlie. Mi padre había vuelto a ser ese hombre de negocios que suele vivir para trabajar, le estaba costando mucho cambiar esa pequeña parte de él, pero, al menos su manía por controlarlo todo se estaba extinguiendo de su personalidad. Seguía yendo a sus sesiones de terapia y eso me hacía feliz porque de verdad tenía intención de estar en paz con él.

Y Edward, él simplemente hacía de todo por vernos bien. Continuaba bajo sus asesorías y aunque cada vez pasaba más horas en la empresa, aún no se decidía en trabajar con nosotros de tiempo completo. Cualquiera que fuera su decisión le apoyaría de igual forma, solo quería verlo hacer lo que más amaba sin presiones de sentirse obligado.

― ¿Qué haces aquí tan sola y apartada? ―preguntó Tanya sentándose en la arena junto a mí.

Ella y Jasper lo estaban intentando. Él al darse cuenta que Tanya no regresaría había ido a buscarla con el pretexto de que tenía que resolver algunos asuntos de la oficina en Londres. Era el peor mentiroso y aunque no lo aceptara sabía que Tanya era demasiado importante para él.

― Estaba meditando. ―Respondí con una gran sonrisa en mis labios, ella me miró por debajo de sus gafas oscuras y sonrió del mismo modo antes de recargar su espalda en la arena y tumbarse por completo con esa mueca de felicidad que últimamente solía mostrar.

― Solo se feliz, Bella ―reflexiono después de un instante de silencio―. Te toca ser inmensamente dichosa.

Y lo estaba siendo.

Quizá en algún lugar de este universo mi madre por fin estaba descansando en paz.

Sonreí con nostalgia.

Imité la posición de Tanya y me tumbé junto a ella, dejando que los débiles rayos del sol de la tarde cubriera por completo nuestra piel.

-0-

De pronto y sin esperarlo la cara de Seth fue aplastada contra el bonito pastel de cumpleaños, él sin dudarlo tomó un gran trozo de éste y lo estampó en el bonito rostro de Bree. Edward les llamó la atención para que dejaran de corretearse por todo el jardín y se rindió cuando cayeron a la alberca y seguían forcejeando entre ellos. ¿Algún día dejarán de hacerlo?

Negué.

Tal vez ellos estaban destinados a quererse tanto y no tener el valor de decirlo. Nunca sabía qué esperar de los dos. Su inmenso cariño era tan notorio, así como sus ganas de disimular.

― ¡Felices diecisiete! ―vociferó Jasper a Seth, éste no le tomó importancia porque seguía forcejeando con Bree dentro del agua.

Jasper se encogió de hombros y le dio un gran trago a su cerveza. Miró a donde Tanya tenía en sus brazos a Carlie y le arrullaba con cariño, les observó por un rato más hasta que se percató de mi mirada.

Rodó sus ojos cuando me senté cómodamente en el regazo de Edward y me acurruque en su pecho desnudo, me gustaba verlo vestido únicamente en bermudas.

Recorrí con sumo cuidado la piel enrojecida de sus pómulos, despacio deslice la punta de mi dedo índice por el contorno de sus ojos donde me deleité con sus tupidas pestañas, perfile su nariz y llegué a sus labios, delineando su contorno hasta que él abrió su boca y apresó mi dedo entre sus dientes.

― Te amo ―fue mi respuesta ante su ataque. Edward de inmediato soltó mi dedo y me acercó a él, besando mis labios con pasión.

Fue un beso un poco arrebatado y a la vez suave, lento y profundo.

Así como alguna vez había comenzado nuestro amor.


Hola! Aquí es donde les toca tomar una decisión. ¿Quieren que éste sea el final o quieren un verdadero final con nuestros protagonistas? Me gustaría saber su opinión y sepan qué, cualquier cosa que decidan trataré de actualizar lo más pronto posible. Estaré en espera de su elección.

Les agradezco a todas aquellas personitas que decidieron leerme y apoyarme con sus comentarios. Claudia, OnlyRobPatti, Adriu, Lidia, Antonella Masen, Diannita Robles, torrespera172, Ime Salinas, Nere, Vanina Iliana, Vane, Lili Cullen-Swan, Veronica, Jane Bells, Lily, Lizdayanna, sandy56, Rocio, Ana, Liz y también los guest.

¡Gracias totales por leer!