No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
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Su ira la llevó a un lugar donde sólo sabía tres cosas: que Jacob había sido arrebatado de ella, que ella era un arma forjada para aniquilar vidas y que, si Jacob resultaba herido, nadie saldría caminando de ese almacén.
Caminó a través de la ciudad de forma rápida y eficiente, el sigilo de un depredador mantenía sus pisadas silenciosas a medida que avanzaba por las calles empedradas. Le habían dicho que llegara sola, y ella había obedecido. Sin embargo, no habían dicho nada acerca de llegar desarmada. Así que había llevado todas las armas que podían caber en ella, incluyendo la espada de Jacob, que estaba atada a su espalda con una segunda espada encima de ella, las dos empuñaduras de fácil acceso sobre sus hombros.
Ahí abajo, ella era un arsenal viviente.
Cuando se acercaba a los barrios pobres, se ocultó bajo una capa oscura con capucha pesada y comenzó a escalar la pared de un edificio destartalado hasta llegar a la azotea.
Ellos no habían dicho nada sobre el uso de la puerta de la bodega, tampoco.
Caminó por los tejados, sus botas flexibles encontraban facilidad al sujetarse a las tejas de color esmeralda algo desmoronadas, escuchando, observando, sintiendo la noche a su alrededor. Los sonidos habituales de los barrios bajos la saludaron mientras se acercaba al enorme almacén de dos pisos: huérfanos medios salvajes gritándose unas a otros, las salpicaduras de borrachos orinando contra los edificios, prostitutas llamando a sus futuros clientes...
Pero había un silencio en torno a la bodega de madera, una burbuja de tranquilidad que le dijo que el lugar tenía suficientes hombres en el frente como para que los habitantes habituales de los tugurios se mantuvieran alejados.
Los tejados vecinos estaban vacíos y planos, los huecos entre los edificios eran fáciles de saltar.
No le importaba lo que ese grupo quería de ella. No le importaba qué tipo de información esperaban intercambiar con ella. Cuando tomaron a Jacob, cometieron el mayor error de sus vidas. Y el último error, también.
Llegó a la azotea del edificio de al lado del almacén y se dejó caer para arrastrarse hasta llegar al borde, miró hacia abajo. En el estrecho callejón, tres hombres encapuchados patrullaban. En la calle más allá de las puertas delanteras del depósito, la luz que se colaba por las grietas develaba al menos cuatro hombres más afuera. No había nadie mirando el techo. Idiotas.
El almacén de madera era un espacio abierto gigante de tres pisos de altura, a través de la ventana abierta del segundo piso delante de ella, podía ver todo el camino hasta el piso de abajo.
El entresuelo rodeaba gran parte del segundo nivel, las escaleras conducían al tercer nivel y más allá del techo, una posible vía de escape, si la puerta no era una opción. Diez de los hombres que estaban fuertemente armados, y seis arqueros fueron colocados alrededor del entrepiso de madera, todos apuntando sus flechas hacia el primer piso.
Y allí estaba Jacob, encadenado a una de las paredes de madera. Jacob, con el rostro magullado y sangrante, con la ropa desgarrada y sucia, con la cabeza colgando entre sus hombros.
El hielo en su abdomen se extendió a través de sus venas.
Podía escalar el edificio hasta el techo, y luego bajar por la tercera planta. Pero eso tomaría tiempo, y nadie ni siquiera estaba cerca de la ventana abierta que estaba ante ella.
Echó la cabeza hacia atrás y le dio una sonrisa maliciosa a la luna. La habían llamado La Asesina de Adarlan por una razón. Las entradas dramáticas eran prácticamente su forma de arte.
Bella retrocedió de la cornisa y se alejó unos pasos, juzgando cuán lejos y rápido necesitaba correr. La ventana abierta era lo suficientemente amplia como para no tener que preocuparse por los cristales rotos o tener sus espadas atascadas en el marco, y en el entresuelo había una barrera de protección para detenerla si sobrepasaba su aterrizaje.
Ella ya había dado un salto así una vez, la noche en que su mundo había sido destruido por completo. Pero en esa noche, Sam ya había estado muerto por días, y había saltado por la ventana de la casa de Roman Reing por pura venganza.
Esta vez, no fracasaría.
Los hombres ni siquiera estaban mirando por la ventana cuando se precipitó a través de ella. Y para el momento en que aterrizó en el entresuelo y se puso de cuclillas, dos de sus dagas ya estaban volando.
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Jacob captó el brillo de la luz de la luna sobre el acero un segundo antes de que ella saltara por la ventana del segundo piso, aterrizando sobre el entresuelo y lanzando dos dagas a los arqueros más cercanos a ella. Ellos bajaron y ella subió, dos dagas más fueron lanzadas contra dos arqueros más. No sabía si debía verlos, o ver como ella agarraba la barandilla intermedia y saltaba sobre ella, aterrizando en el suelo justo cuando varias flechas chocaban donde segundos antes sus manos habían ocupado la barandilla.
Los hombres de la sala estaban gritando, algunos se ocultaban en la seguridad de los pilares o huían hacías las puertas, mientras que otros se abalanzaban sobre ella, con las armas desenfundadas. Y él sólo podía mirar con horror y asombro mientras sacaba sus dos espadas, una de ellas la suya, y se abalanzaba sobre ellos.
No tenían ninguna oportunidad.
En la batalla cuerpo a cuerpo, los dos arqueros restantes no se atrevieron a liberar las flechas que podrían golpear a uno de ellos, otro movimiento intencional por parte de ella, él lo sabía. Jacob tiró de sus cadenas otra vez, con las muñecas doloridos. Si pudiera llegar hasta ella, ellos podrían...
Ella era un torbellino de acero y sangre. Mientras observaba cómo cortaba a los hombres como si fueran tallos de trigo en un campo, ahora entendía cómo había llegado tan cerca de tocar el muro de Endovier aquel día.
Y por fin, después de todos estos meses, vio al depredador letal que había esperado encontrar en las minas. No había nada humano en sus ojos, nada remotamente misericordioso. Se le congeló el corazón.
El guardia que había estado burlándose de él todo el día se mantuvo cerca, junto a sus espadas gemelas, esperándola.
Uno de los encapuchados había conseguido alejarse lo suficientemente de ella para comenzar a gritar:
— ¡Basta! ¡Basta!
Pero Bella no escuchó, y como Jacob se lanzó hacia delante, tratando de deshacerse de las cadenas de la pared, ella se abrió camino a través de los hombres, dejando cuerpos gimiendo a su paso. A su favor, su torturador se mantuvo firme mientras ella se dirigía hacia él.
— ¡No disparen! — Ese hombre encapuchado estaba ordenando a los arqueros. — ¡No disparen!
Bella se detuvo delante de la guardia, señalándole con una espada sangrienta.
— Fuera de mi camino, o te cortaré en pedazos.
Su guardia, el tonto, resopló, levantando sus espadas gemelas un poco más alto.
—Ven a buscarlo.
Bella sonrió. Pero entonces el hombre encapuchado con la voz antigua corrió hacia ellos con los brazos extendidos para demostrar que no estaba armado.
— ¡Basta! Bajen las armas —, dijo al guardia. El guardia vaciló, pero las espadas de Bella permanecieron listas. El anciano dio un paso hacia Bella. — ¡Basta! ¡Ya tenemos suficientes enemigos como para hacer esto! Hay cosas peores que hay que afrontar.
Bella giró lentamente hacia él, con la cara salpicada de sangre y los ojos ardiendo brillantes.
—No, no las hay —, dijo. —Porque yo ya estoy aquí.
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La sangre que no era la suya empapaba su ropa, sus manos, su cuello, pero lo único que podía ver era a los arqueros listos en el entresuelo justo encima de ella, y al enemigo que seguía de pie entre Jacob y ella. Su Jacob.
—Por favor, — dijo el hombre encapuchado, quitándose la capucha y la máscara para revelar un rostro que hacía juego con su voz antigua. Pelo corto blanco, líneas de expresión alrededor de la boca y los ojos grises cristalinos que estaban llenos de súplica. —Tal vez nuestros métodos fueron equivocados, pero-
Le señaló con la punta de la espada, y el guardia enmascarado entre Jacob y ella se enderezó.
—No me importa quién eres o lo que quieres. Me lo llevo ahora.
—Por favor, escucha— dijo el viejo en voz baja.
Ella podía sentir la ira y la agresión que emanaba el guardia encapuchado frente a ella, veía cómo de modo tirante y con impaciencia, agarraba las empuñaduras de sus espadas gemelas. No estaba preparada para finalizar con el derramamiento de sangre, todavía. No estaba dispuesta a ceder en absoluto.
Así que sabía exactamente lo que iba a suceder cuando se volviera hacia el guardia y le diera una sonrisa perezosa.
Él cargó contra ella. Mientras se encontraban sus espadas, los hombres que estaban fuera irrumpieron, en un parpadeo de acero. Y entonces no había nada más que el sonido de metal contra metal y los gritos de los heridos caídos alrededor de ella, se había disparado a través de ellos, deleitándose con la canción salvaje que cantaba a través de su sangre y sus huesos.
Sin embargo, alguien gritaba su nombre, una voz familiar que no era de Jacob, y cuando giró, vio el destello de una flecha disparada para ella, segundos después un destello de cabello dorado-marrón, y luego, Garrett golpeó el suelo, la flecha que estaba destinada para ella ahora estaba incrustada en su hombro. Solo le tomó dos movimientos para dejar caer una de las espadas y sacar el puñal de una de sus botas, lanzándola al guardia que había disparado. En el momento en que miró a Garrett, él ya se estaba poniendo de pie entre ella y la pared de hombres, uno de los brazos extendidos en frente de ella, frente a ella. Protegiendo a los hombres.
—Se trata de un malentendido, — le dijo, jadeando.
La sangre de la herida en el hombro filtraba por sus túnicas negras. Túnicas. Las mismas túnicas que esos hombres llevaban.
Garrett era parte de ese grupo, Garrett la había engañado.
Y luego la rabia y la furia desdibujaron los acontecimientos de aquella noche en que había sido capturada con los acontecimientos de esa noche, esos sentimientos hicieron que los rostros de Jacob y Sam sangraran juntos, fue tal la fuerza con que la agarraron que ella tomó otra daga atada a su cintura.
—Por favor, —dijo Garrett, dando un paso hacia ella, haciendo una mueca cuando el movimiento hizo que cambiara la posición de la flecha. —Déjame explicarte. — Al ver el goteo de sangre por sus túnicas, vio la angustia, el miedo y la desesperación en sus ojos, su rabia brilló.
—Desencadénalo, — dijo ella, su voz llena de calma mortal. —Ahora.
Garrett se negó a apartar su mirada.
—Escúchame primero.
— Desencadénalo ahora.
Garrett hizo un gesto con la barbilla al guardia que tontamente había puesto en marcha el último ataque contra ella. Cojeando, pero, sorprendentemente, en una sola pieza y aun poseyendo sus espadas gemelas, el guardia desencadenó lentamente al el capitán de la guardia.
Jacob estaba de pie en un instante, pero ella notó la forma en que se balanceaba y la mueca de dolor que trataba de ocultar. Sin embargo, él se las arregló para mirar a la guardia de encapuchados que estaban delante de él, con los ojos brillando con la promesa de violencia. El guardia sólo dio un paso atrás, tratando de alcanzar sus espadas de nuevo.
— Solo tienes una frase para convencerme de no matarlos a todos, —le dijo a Garrett en el momento que Jacob llegó a su lado. —Una oración.
Garrett comenzó a sacudir la cabeza, mirando a Jacob y a ella, con los ojos llenos, no de miedo o enojo o súplica, pero sí de tristeza.
—He estado trabajando con Rosalie para dirigir a estas personas durante los últimos seis meses.
Jacob se puso rígido, pero Bella tan solo parpadeó. Fue suficiente para que Garrett supiera que había pasado la prueba. Él hizo un gesto con la cabeza a los hombres a su alrededor.
—Déjenos, — dijo, su voz tronó con una autoridad que no le había oído utilizar antes.
Los hombres escucharon, los que seguían en pie sacaron arrastrando a sus compañeros heridos. Ella no se permitió pensar en cuántos habían muerto.
El anciano que había expuesto su rostro ante ella, la miraba con una mezcla de asombro e incredulidad, Bella se preguntó cómo qué clase de monstruo se vería ella en esos momentos. Pero cuando él se dio cuenta de su atención, inclinó la cabeza hacia ella y se fue con los otros, llevando a ese impulsivo e impetuoso guardia con él.
Solos, apuntó nuevamente su espada a Garrett, dando un paso más cerca, manteniendo a Jacob detrás de ella. Por supuesto, el capitán de la guardia se acercó hasta su lado de nuevo. Garrett dijo:
—Rosalie y yo hemos estado liderando este movimiento juntos. Ella vino aquí para organizarnos, para reunir a un grupo que pudiera entrar en Terrasen para poder empezar a reunir fuerzas contra el rey. Y para descubrir lo que el rey realmente planea hacer a Erilea.
Jacob se tensó y Bella reprimió su propia sorpresa.
—Eso es imposible.
Garrett resopló.
— ¿Lo es? ¿Por qué es que la princesa está tan ocupada todo el tiempo? ¿Tú sabes a dónde va por las noches?
La rabia congelada parpadeó de nuevo, más lento, lento, haciendo al mundo más lento.
Y entonces recordó, recordó cómo Rosalie la convenció de no investigar el enigma que había encontrado en la oficina de Vladimir y había sido tan lenta y olvidadiza sobre la promesa de investigar el enigma, recordó la noche en la que Edward había llegado a su habitación, porque Rosalie había salido, y no había sido capaz de encontrarla en ninguna parte del castillo. Y luego, las palabras que Rosalie le había dicho antes de su lucha, de cómo ella tenían asuntos importantes en Rifthold que tenía que proteger, cosas tan importantes como Eyllwe...
—Ella viene aquí—, dijo Garrett. —Ella viene aquí a darnos toda la información que tú confías en ella.
—Si ella es parte de tu grupo, — dijo Bella entre dientes, —entonces, ¿dónde está?
Garrett sacó su espada y apuntó a Jacob.
—Pregúntale a él.
Un dolor agudo se retorció en sus entrañas.
— ¿De qué está hablando? — Le preguntó a Jacob.
Pero Jacob estaba mirando a Garrett.
—No lo sé.
—Mientes bastardo, —replicó Garrett, y mostró los dientes con un salvajismo que le hizo, por una vez, mirarlo sin ningún atractivo. —Mis fuentes me han dicho que el Rey le informó hace una semana de la amenaza a la vida de Rosalie. ¿Cuándo planeabas decirle esto a alguien? — Se volvió hacia Bella. —Lo trajimos aquí porque se le ordenó que interrogara a Rosalie por su comportamiento. Queríamos saber qué tipo de preguntas le habían mandado a preguntar. Y porque queríamos que vieras qué clase de hombre es él realmente.
—Eso no es cierto, — escupió Jacob. —Esa es una maldita mentira. No me has preguntado ni una sola cosa, tu pedazo de basura mal nacida.
Él giró y miró con ojos suplicantes a Bella. Las palabras seguían hundiéndose, cada una más terrible que la anterior.
—Yo sabía acerca de la amenaza anónima a la vida de Rosalie, sí. Pero me dijeron que iba a ser interrogada por el rey. No por mí.
—Y nos dimos cuenta de eso, —dijo Garrett. —Hasta momentos antes de que llegaras, Bella, nos dimos cuenta de que el capitán no era el único. Pero no está en duda lo que van a hacer esta noche, ¿verdad, capitán? — Jacob no respondió – y a ella no le importe por qué.
Ella se estaba alejando ya de su cuerpo. Centímetro a centímetro. Como la marea que baja desde la orilla.
—Acabo de enviar hombres al castillo hace un momento, — continuó Garrett. — Tal vez ellos puedan detenerlo.
— ¿Dónde está Rosalie? — Se oyó preguntar a sí misma, de unos labios que se sentían muy lejanos.
—Eso es lo que mi espía descubrió esta noche. Rosalie insistió en quedarse en el castillo, para ver qué tipo de preguntas querían hacerle, para ver cuánto sospechaban y sabían –
— ¿Dónde está Rosalie?
Pero Garrett se limitó a sacudir la cabeza, con los ojos brillantes llenos de lágrimas.
—Ellos no van a interrogarla, Bella. Y cuando mis hombres lleguen allí, creo que ya va a ser demasiado tarde.
Demasiado tarde.
Bella miró a Jacob. Tenía la cara golpeada y pálida.
Garrett sacudió la cabeza de nuevo.
—Lo siento.
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Ay, no no no no. Que fuerte, no quiero ni saber qué es lo que va a pasar ahora… ¡Nos leemos pronto!
