"Los peones del tablero"
Sábado 08/05/1999
Olivia estrujó el pañuelo entre sus manos y tragó en seco cuando vio a Harry salir del edificio, tiene la playera sudada y los pants ajustados en las piernas. Cuando está frente a ella le es imposible ocultar la culpabilidad de su rostro y Olivia de inmediato sabe, está segura, que todo está mal.
—¿Qué ocurrió? —preguntó en un hilo de voz.
—Tenemos que hablar, Oliv —asientela playera sudada y los pants ajustados en las piernas. Cuando está frente a ella le es imposible ocultar la culpabilidad de su rostro y Olivia de inmediato sabe, está segura, que todo está mal.
—¿Qué ocurrió? —preguntó en un hilo de voz.
—Tenemos que hablar, Oliv y lo acompaña hasta los muros que limitan la Academia, donde hay sombra que los resguarde de los rayos del sol.
Harry sabe que no puede decirle directamente que él no estuvo con ella la noche de Navidad, sería horrible e increíble, ni siquiera él podía creerlo. Lo pensó, muchísimo, cree que incluso más de lo que debería ya que incluso Ron le preguntó la noche anterior.
—¿Sucedió algo con Ginevra? —le preguntó Ron antes de que subiera a su litera a dormir. Harry lo observó con el entrecejo fruncido—. Tienes, estuviste, estás pensando mucho —se encogió de hombros y lo observó con ojos grandes y burlones—. ¿Se arreglaron de la buena manera?
Harry lo miró mal antes de lanzarle una almohada que Ron atrapó con una sonrisa.
—No —masculló, manteniendo la mirada hastiada.
—¿No sé arregló de la buena manera o no sé arregló nada? —cuestionó confundido. Harry suspiró antes de recargar su frente en la cama de Ron.
—Yo no me acosté con Olivia, Ron —el pelirrojo alzó una ceja con confusión—. En Navidad, la fiesta de despedida.
—Pero estaban juntos —dice, como único argumento válido.
—Me acosté con Ginevra —alza la mirada y se encoge de hombros, evadiendo a Ron—. Ella no estaba ni ebria ni drogada —susurró, lanzando un vistazo al resto de los reclutas.
—¿Y Olivia? —preguntó después de unos segundos de silencio y shock.
—No tengo idea de con quién estuvo. Hasta hace una semana yo creí estar con ella.
—Pero, debiste reconocer algo ¿No? —Harry atrapa el doble sentido y niega con la cabeza, dirigiendo sus ojos a los de su amigo.
—Estaba drogado y enojado, no estaba pensando, y las veces que creí ver a Ginevra me convencí de que estaba alucinando, después lo olvidaba y sucedió —suspiró y se dejó caer en la cama—. Y ahora siento que debo decirle algo a Oliv.
Ron decide no darle más vueltas a Ginevra, seguro de que Harry no tiene cabeza para ello, al menos no completamente.
—¿Cómo qué? —bufó— "Ey ¿Recuerdas la fiesta donde nos acostamos? Pues no te acostaste conmigo y no tengo idea de a dónde o quién fuiste —se encogió de hombros e igualmente se dejó caer a su lado—. Suena horrible de cualquier modo.
Harry bufó y observó la sábana de la cama sobre su cabeza.
—Le diré que no siento nada por ella —ofreció, más para sí mismo que para su amigo.
—¿Y si te pregunta por esa noche?
—No puedo decirle la verdad, Sofía tiene a Ginevra entre la espada y la pared —Ron frunció el entrecejo y vio como Harry rodaba los ojos con algo muy cercano a la exasperación—. Ella escuchó sobre Jeffers y su intento de homicidio.
—¿De?
—Mío —gruñó, incorporándose y revolviendo su cabello—. Tengo que saber qué mierda sucedió en Mérida, Ron —y no era un comentario al azar, entendió Ron, Harry le estaba pidiendo ayuda «¿Cuento contigo?»—. Jeffers estuvo ahí, y no recuerda habernos visto hasta que me trajeron de regreso, Ginevra está convencida de que lo hechizaron y por eso no recuerda nada —explicó, moviendo las manos con demasiado énfasis en cada palabra clave.
—Pero Jeffers puede mentir —respondió—. Yo lo ví, Harry.
El azabache observa a su amigo con seriedad, esperando más detalles, o cualquier cosa.
—En aquel momento solo lo había visto como dos veces —comenzó con cautela, bajo la atenta mirada de Harry—, pero no hay forma de que fuera alguien más. Estaba completamente inexpresivo, con la varita lanzando hechizos por todas partes —suspiró y elevó ambas cejas— ¡A tí! Y yo… no dije nada porque estabas herido y yo también estuve en el ataque entonces, mi declaración era poco confiable.
—Lo pudieron haber investigado —lamentó Harry, dejando caer sus hombros.
—Dijo Clark que el Capitán Osser se encargó de la investigación principal—murmuró, observando a sus compañeros reír y jugar en un rincón del dormitorio, igualmente lanzandoles miradas furtivas—. Podríamos preguntar.
—No —cortó de inmediato, casi viendo un foquito encendido sobre su cabeza—. Nos colaremos a la oficina principal.
Ron palideció de inmediato, incrédulo a lo que escuchaba, más por la seguridad con la que Harry sugería dicho acto.
—Estas bromeando —respondió con desgana. Harry negó, imaginando cómo podrían meterse en la oficina, y pensando cómo convencer a Ron sin mencionar su pequeño allanamiento a la oficina de Archivos y los expedientes de reclutas, así evitando contar el motivo principal del allanamiento.
—No, para nada.
—Estamos firmando nuestra expulsión —gruñó, indignado e incrédulo.
—Yo me encargo, Ron.
El estar ahí hablando con Olivia no era ni remotamente parte del plan, pero no había podido dormir en toda la noche de solo pensar que su amiga estaba durmiendo tranquilamente, ignorante de con quién estuvo realmente, y una ola de preguntas atascaron su cabeza conforme más navegaba por ese remordimiento. ¿Y si se metió con algún familiar? ¿Si quedó embarazada y ella cree que Harry es el padre? ¿Y si contrae alguna enfermedad?
Así que paró el barco unos minutos, le escribió una nota y salió en busca de la lechuza de la secretaría amargada. Le ató la nota, con varios picotazos de por medio y la envío. Recibió su respuesta por la mañana, un par de horas después la secretaria amargada con una cara más alargada que de costumbre entró al gimnasio y anunció una visita para él.
En cuanto salió al patio la encontró, exactamente igual a como la recordaba, incluso con el mismo corte de cabello, solo, tal vez, un poco más ansiosa.
—¿Entonces? —incitó su amiga, evidenciando su ansiedad en el jugueteo nervioso de sus manos con algún pañuelo arrugado.
—Oliv, yo… —estaba totalmente en blanco, suspiró y tomó una de sus manos «Es mi amiga, es exactamente la misma. La quiero y es mi amiga»—. Te llamé porque creo que estás confundiendo tus sentimientos —la castaña frunció el entrecejo, claramente confundida, incluso herida—, o los míos, no estoy seguro.
—No estoy comprendiendo —dijo, con voz baja y entrecejo fruncido.
Harry suspiró y la vio a los ojos. Ella no merecía mentiras, ella mercería saber la verdad, saber quién la estaba engañando; pero Ginevra no merecía ser juzgada por algo que no es su culpa, por algo que la obligaron a hacer.
—Sabes que somos amigos ¿Cierto? —Olivia asintió lentamente, observando analítica los ojos ajenos— Que te quiero, y te quiero muchísimo —volvió a asentir, aunque reconoció la afirmación y no una pregunta—. Oliv ese sentimiento no va a cambiar nunca, yo te quiero muchísimo, pero tengo la impresión de que tú no sientes el mismo tipo de cariño que yo por tí —se explicó Harry, hablando lento y cauteloso, sin apartar la vista de Olivia.
—Sé que somos amigos —susurró Olivia, su voz temblando y cayendo con cada palabra—. Y créeme que sé que me quieres como una amiga.
Harry mordió su labio y la observó en silencio, arrepentido completamente de todo lo que estaba ocultándole.
—Lo siento, Olivia —apretó su mano entre las suyas y suspiró—. Pero jamás podría verte como algo más que una amiga —y realmente no se atreve a decir que como una hermana porque su jodido subconsciente estuvo decidido a acostarse con ella, por despecho a todo lo que sentía por Ginevra, y eso jamás lo haría un hermano. Se supone que cuide de ella, no que la arruine y la haga infeliz.
Pero Olivia asiente, con su rostro impecable, deja que Harry apriete y acaricie su mano en silencio.
Harry le implora a cualquier Dios que por favor Olivia no pregunte por la fiesta y qué mierda fue todo ello. Pero cuando Olivia pregunta algo, Harry se congela más que con la pregunta que ya esperaba recibir.
—¿Por qué ella? —preguntó rota, con los hombros caídos y ojos cristalinos— ¿Por qué Ginevra?
A Harry le late con fuerza el corazón y tiene la impresión de que Olivia podrá escucharlo en cualquier momento. ¿Por qué? Harry jamás se pudo haber hecho esa pregunta.
—No lo sé —definitivamente no miente, y ahora la nueva pregunta se instala en su cabeza, lista para joderlo por siempre.
Y cuando Olivia ve a Ginevra frente a frente en el Gran Comedor durante la cena, sigue sin tener la menor idea de por qué Harry la eligió a ella. Es arrogante, es menor, es malvada, es vengativa y es como su madre. Maldita sea, creería que Harry está bajo los efectos de una poción si no fuera porque es el mismo de siempre, pero con una sanguijuela con pelo rojo.
—¿Entonces todo salió mal? —preguntó Ron en voz baja, confundido con la explicación de Harry, quién bufó y siguió metiendo un folder en el resbalón de la puerta.
—Cambió el tema —se encogió de hombros y bufó, sacando el folder y rebuscando en su bolsillo algo más firme.
—Era de esperarse —dijo, en un intento de consolar a Harry—. Pero ¿Aún son amigos?
—Supongo —farfulló, doblando el folder por la mitad y volviendo a intentar abrir la puerta con ello.
—¿Me recuerdas por qué no usamos magia, Harry? —pidió con voz cansina. Harry suspiró sin apartar la vista de la rendija.
—¿Propones abrirle la puerta con magia a uno de los sujetos que nos enseñan a detectar los rastros de magia sin varita? —ironizó el azabache, escuchando un "click" en cuanto terminó de hablar, observó a Ron de inmediato, consciente de que era demasiado tarde para arrepentirse de lo que hacían.
Entraron. Sin darse tiempo a pensar demasiado y arrepentirse. Ron cerró la puerta detrás de sí, volviendo a poner el pestillo que habían burlado. Harry de inmediato se dirigió a los archivos, ignoró el de "expedientes" y "misiones", dirigiéndose de inmediato al de "casos".
Harry buscó en el primer archivo, buscando palabras clave en las pestañas «Mérida, Osser, Ministerio». Ron abrió el segundo, pasando sus dedos ágilmente entre pestañas para lograr encontrar algo. Harry lanzó al escritorio el folder con la pestaña "Caso Osser, M." al mismo tiempo que Ron sacaba un papel mal doblado
—Harry… —susurró Ron. El azabache alzó la vista y se acercó para leer la carta mientras Ron sacaba el folder donde la había encontrado.
La letra era tosca y vieja, el papel estaba arrugado y algunas palabras estaban por borrarse, a pesar de ello Harry logró entenderla.
Greg Osser:
Escuché que están indagando en el Ministerio, y que tu padre dirige la investigación de Mérida. Yo estuve en la Academia ¿Recuerdas?
Así que no espero una invitación a alguna asamblea en el Wizengamot.
Mi madre irá a corroborar tu declaración. Y más te vale no ir de nuevo con Bistriz Tolent.
Percy Weasley.
Sin fecha. Harry volvió su mirada confundida a Ron, pero él estaba en el escritorio con varios papeles esparcidos en la superficie. Se acercó con cautela y paseó la mirada por los papeles.
—Este hombre está tan muerto —murmuró Ron, Harry no tardó en ser consciente de los nombres en los papeles, uniendo hilos en su cabeza y con el corazón muy acelerado, no podía más que darle la razón.
—¿Usted es el medimago Tueur? —preguntó con cuánto un hombre castaño y pálido le abrió la puerta, sin darle tiempo de abrirla por completo.
El hombre frunce el entrecejo y la recorre con la mirada.
—¿Quién pregunta? —replicó con desconfianza. Hermione suspiró y con voz temblorosa le respondió: —Soy Hermione Granger, me gustaría hacerle unas preguntas.
El hombre la deja pasar con la duda en sus ojos, pero no dice nada. Hermione entra y toma asiento junto a la ventana, asegurándose de que no haya protecciones que le impidan escapar de ser necesario.
—¿En qué puedo ayudarlo señorita? —Hermione entiende por su acento que lleva demasiado tiempo fuera de Francia.
—Creo que usted conoce a Quinatra Selwyn y a Molly Weasley, también creo que me puede ayudar a encontrar a un hombre.
Domingo 09/05/1999
Sofía quiere quemar todo y a todos mientras abraza a Olivia con fuerza, siendo sacudida por sus sollozos e hipidos constantes.
—Así me dijo, Sof. Que yo solo era su amiga y que jamás me verá como algo más —sollozó. Sofía asiente y frota su mano contra su espalda.
—Lo siento, Oliv —logró decir, con la mayor dulzura que pudo.
—Fui con Marianne y ella me dijo que Ron le contó —hipó, dejando salir las lágrimas hasta su blusa— que Harry había venido a verla, para que ya no soñara, Sof. Él salió del internado a verla y a mi no. Nunca.
Sofía asintió y la abrazó contra su cuerpo. Era un fracaso, había fracasado en su promesa y como amiga.
—Lamento que no puedan estar juntos.
—¿Qué tiene ella? ¿Eh? Yo he estado aquí todo el tiempo —medio gritó, apartándose de Sofía con el rostro rojo e hinchado, bañado en lágrimas— ¿Y ella qué? ¡Solo aparece le hace ojitos y lo hechiza para siempre!
Olivia rompe a llorar en los brazos de Sofía, porque no entiende que cosa ha hecho mal para que Harry no la quiera. Ella siempre estuvo para él y Ginevra no. No era fea, se llevaban bien, incluso pasaron más tiempo juntos que Ginevra. Hasta que vivieron juntos.
—Le pregunté si lo quería, Sofía —confesó con tristeza, recordando su cabeza en el regazo de su amiga—, a Harry. En cuanto llegué el sábado. Ahí estaba Malfoy y Asya —suspiró y tragó, intentando deshacerse del nudo en su garganta.
—¿Y? —insistió Sofía, esperando algo que le indicara que no todo estaba perdido.
—Me dijo que jamás había querido a una persona tanto como lo quiere a él.
Sintió nuevas lágrimas calientes en sus piernas y nuevas sacudidas. Sofía estaba a nada de llorar junto con ella, incapaz de contarle todo lo que sentía y lo mucho que lamentaba si estado.
—Lo siento, Olivia.
Sábado 15/05/1999
—¿Qué… qué estás haciendo aquí? —preguntó Ginevra, sorprendida y animada. Harry tragó en seco y suspiró con pesadumbre.
—Tengo que hablar contigo —y la seriedad con la que lo pide le borra todo el ánimo a Ginevra.
Ella asiente, reafirma la posición de su bolso en el hombro y salen del pasillo, escuchando la risilla de la Dama Gorda, salen de las escaleras y del castillo, ignorando las miradas de todos.
—¿Sucedió algo malo? —preguntó con confusión, disminuyendo la velocidad de sus pasos. Harry muerde sus labios y asiente.
—El ataque de Mérida —masculló, observándola culpable—, fue tu hermano.
Ginevra lo observa con el entrecejo fruncido y la respiración agitada.
—¿Qué? —logró decir, muchas ideas volando por su mente y ningún orden para formular alguna— ¿Cómo…?
—Tú madre tiene amenazado al hijo del Capitán Osser, Greg, él y creo que el velador son los únicos testigos —explicó en voz baja, sin apartar la mirada, esperando que le crea—. Greg hizo su propia investigación, pero está amenazado entonces no puede decir nada a nadie. Ron y yo nos metimos a la oficina y revisamos todo.
—¿Por qué lo hizo? —preguntó después de unos segundos. Harry se encoge de hombros.
—Él cree que son celos de hermano, porque tú y yo estamos juntos —explicó, pero Harry niega y bufa por la nariz—. Yo creo que él esperaba hacerme daño y con ello recibiría algo, no tengo idea.
—¿Y Dahir? ¿Qué tiene que ver él? Se supone que Percy no estaba en Inglaterra en ese momento, ni siquiera debería saber de tí o Dahir.
Su cabeza se siente botellada y ve un zumbido no muy lejos de atormentar sus oídos.
—La investigación de Greg dice que Percy cambió la misión de Mérida en el departamento de Aurores, eso quiere decir que estuvo en el Ministerio —aclaró con el entrecejo fruncido—. Greg escuchó a Percy hablar con tu madre el día del ataque ¿Recuerdas que ella no creyó que estaba en un trabajo de campo y fue a preguntar? —Ginevra asiente, recordando vagamente la risa incrédula de su madre cuando le dijo por qué se quedaría en casa—. Pues en ese mismo lapso de tiempo Percy estaba en la Academia y Greg escuchó cuando le explicó a tu madre que iba a haber un ataque. Filtró a un hombre en el mismo traslador de Jeffers, supongo que eso fue una coincidencia.
Ginevra escucha el zumbido y todo parece tener sentido.
—¿Y por qué no han dicho nada? —exigió la pelirroja, imaginando a su hermano en un juicio y con un montón de dementores frente a él intentando besarle.
—Greg está amenazado —suspiró Harry—. Molly fue con Bistriz para saber si Greg ocultaba algo y así poder cerrarle la boca —se encogió de hombros mientras asentía— ¿Recuerdas a Incaute? ¿Jason? —Ginevra sacude la cabeza lentamente, recordando al muchacho que sostuvo a Olivia cuando enloqueció en Grimmauld Place—. Pues están saliendo —bufó.
—¿Y? —gritó, molesta y confundida— ¿La homosexualidad es un delito?
—Está prohibido tener relaciones sentimentales con reclutas, y Greg está preparándose para ser Capitán en la Academia —resopló y frunció los labios con impotencia—. Si se llega a saber, no podrá ser ni siquiera un Auror, y Jason sería expulsado.
Ginevra se deja caer en el pasto derrotada. Incrédula a todo lo que su familia es capaz. Harry se sienta a su lado y observa a las niñas de tercer año salir del castillo a espiarlos y soltar risitas tontas.
—No entiendo —balbucea, rompiendo el silencio, mira a Harry y frunce el entrecejo— ¿Para qué hacerte daño?
Harry se encoge de hombros y arranca un poco de pasto con la mano, pensando e intentando recordar algo. La teoría de Greg es completamente errónea, le sorprenderías que Percy Weasley sintiera algo por Ginevra cercano al cariño ¡Mucho menos celos!
—Hermione mencionó cambios en las leyes nupciales —dijo de pronto, recordando la conversación con sus amigos después del ataque—. A lo mejor pudo beneficiar a tu familia el que estuviera herido, o muerto.
Ginevra lo observa con ojos muy abiertos, imaginando a Harry muerto, con sus labios secos y partidos, los ojos inexpresivos, sus gafas rotas, con el cuerpo gris y frío.
—No digas tonterías —susurró, tomando su mano, como necesitando comprobar que estaba ahí, vivo y con ella. Harry observa sus manos y le sonríe apretado.
—No digas nada —pidió con una mueca—. Jason es mi amigo y no creo que Greg...
—No, descuida —interrumpió, asintiendo con seriedad—. Hay que esperar.
—Gracias.
Harry toma su mano con seguridad, dejando de lado el toque superficial que Ginevra tenía, la pelirroja asiente y observa a las niñas que se asoman por la puerta para verlos. Lo que le recuerda: —¿Hablaste con Olivia?
No debería preguntar, no debería preguntar. Pero no puede evitar querer saber. Harry la mira unos segundos en silencio.
—Sí, ¿por qué? —Ginevra ignora el revoltijo de tripas que causa en Harry el escuchar su nombre, inmediatamente pensando que Sofía le ha gritado a todo mundo que está cansado con Ginevra, y no porque le moleste aquello, si no porque el escándalo lo llevará directamente a Azkaban. No lo duda ni por un instante.
—Me preguntó, hace una semana, si te quería —se encogió de hombros, restándole la importancia que claramente tenía—. Así, en medio de la cena.
Harry suspiró con lentitud y le sonrió apenado.
—Perdona —comenzó, alejando su mirada al pasto—, pero creo que debía decirle que no siento nada por ella. Y si creía que por lo de Navidad algo había cambiado —negó y carraspeó—, tenía que aclararlo. Solo estaba haciéndole daño.
Ginevra asintió comprensiva y tranquila, sentía que al menos ya no caminaba sobre alfileres en el colegio.
—Estará bien —comentó vagamente, observando el perfil de Harry.
No, realmente no creía que alguien que ya ha tendido a Harry en su vida pudiera estar bien sin él en ella. ¿Que iba a ser de Ginevra cuando los 14 meses llegarán a su fin?
No era necesario pensar tan a largo plazo ¿Qué iba a hacer cuando Dahir respondiera su carta y accediera ir a Hogsmeade? ¿Cómo carajo le diría que no lo puede pensar sin recordar a su padre?
Estaba tan jodida de todas partes.
.x.x.x.
¡Hola! Lamento la demora, estuve arreglando unos papeles de la Universidad y hasta hoy pude liberarme, entonces aquí está el capítulo :).
Haré todo lo posible por publicar el Epílogo y algunas aclaraciones este año, pero de no ser posible lo haré en la primera semana de Enero; descuiden, llegaré al capítulo 30 antes de que sea 2020 :) 3.
¿Qué les pareció?
¿Ahora sí comienzan a comprender un poquito más de todas lo que han leido?
Dudas.
Teorías.
Comentarios.
¡Muchísimas gracias por leer, comentar y votar!
Espero estén pasando felices fiestas :)
¡Nos leemos pronto!
(20/Dic/2019. 7:40P.M.)
-Danny :).
