Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor


«21»


—Esa última puede ser.

Hinata se volvió y constató que Naruto por fin había recordado que tenía una prometida en el salón de baile. Y había hablado en un tono muy formal. Teniendo en cuenta lo que acababa de presenciar, tuvo que hacer un gran esfuerzo por no abofetearlo ella misma y en cambio se vio obligada a susurrar, porque su madre se encontraba a solo dos pasos de distancia.

—Pero ella también te abofeteó.

—Eso fue con el fin... —empezó a susurrar él, pero se interrumpió, meneó la cabeza y la condujo a la pista de baile para poder alzar la voz—. Eso fue con el fin de que su marido no sospechara nada.

La ira llameó en los ojos de Hinata.

—¿Tanto te gusta batirte en duelo? Deberías avergonzarte.

—¿De veras? ¿Cuándo todo esto fue idea tuya? —replicó él.

—Sí, pero no con mujeres casadas.

—No lo especificaste.

—Pues ahora lo hago: nada de devaneos que incluyan maridos que querrán matarte.

—En ese caso aquí las opciones son escasas. Solo veo una viuda y ya he quemado esa nave.

Ella vio a quién acababa de indicar con la cabeza: era Sâra Rõran, que esa noche presentaba un aspecto especialmente encantador con su vestido de noche color esmeralda. ¿Entonces no había tonteado con Sâra aquel día, cuando ella fue de visita a Konoha Park? Hinata deseó haberlo sabido antes de que su ira hiciera que aquel día acabara perdida y empapada por la lluvia. Pero, por otra parte, si lo hubiese sabido no habría encontrado a Kitsune...

—Echo de menos a nuestros animales —dijo de pronto.

—¿Ah, sí?

—Y temo que Kitsune crea que la he abandonado y regrese a los brezales.

—Entonces volveremos a encontrarla.

¡Esas eran palabras muy bonitas! No pusieron fin a su enfado pero lo redujeron bastante.

—¿Nos quedaremos en Londres una vez que tu madre se haya recuperado por completo?

—No.

Hinata decidió ponerse un poco fantasiosa.

—¿Crees que nos habríamos conocido aquí, esta misma noche, si nada de esto hubiera sucedido y yo hubiese viajado a Londres para disfrutar de la temporada social que me prometieron?

—Probablemente no.

—Pero si ambos hubiésemos asistido al baile, ¿me habrías invitado a bailar?

—¿A una joven virginal e inocente? No me llamo Sasuke.

—Solo imagínalo durante un momento y dime si no me hubieras invitado a bailar, aunque sea por una vez.

—La cola de pretendientes hubiera sido demasiado larga.

Ella rio.

—Entonces supongo que después de todo el destino no guarda ninguna relación con nosotros, y en ese caso, quizás algo impida que nos casemos el domingo.

—Tal vez a un baile. —La mirada de Hinata se iluminó: eso era una concesión considerable, teniendo en cuenta que lo que los unió fue el destino, que de un modo u otro estaban «destinados el uno al otro». Pero estropeó esa idea cuando añadió—: El destino no siempre es bondadoso. En nuestro caso, puede que ambos estemos destinados a detestarnos hasta la tumba.

Hinata puso los ojos en blanco.

—¡Cuán pesimista eres!

—¿Cómo quieres que no lo sea cuando tú estás condenando este matrimonio de antemano?

—¿Cómo puedes decir eso cuando yo solo me he mostrado complaciente?

—Claro que lo has hecho, incluso me has indicado en qué cama he de dormir. ¿Quieres que invite a mi amante a la ceremonia?

Su comentario hizo que ella se ruborizara y volviera a enfadarse.

—Si lo haces invitaré a mi tía y todos podremos intercambiar miradas furibundas.

—Entonces ¿tal vez quieres ser ambas? —preguntó él con una sonrisa.

Ella casi le preguntó «¿ambas qué?», pero sabía la respuesta.

—¿Esposa y amante? Creo que no lo comprendes.

—No. Si te comportaras como una amante en vez de una mujer sumisa y rígida a lo mejor podría tolerarte.

—Ya me toleras —contestó ella entre dientes.

—¿Ah sí? ¿Qué te hace pensar eso?

Ella le lanzó una tensa sonrisa.

—Todavía no me has retorcido el cuello.

Naruto rio.

—Dame tiempo. —Hinata estaba a punto de pegarle un puntapié por esa réplica cuando él añadió con voz áspera—: Esta noche, cuando regresemos a casa, podrías intentar ser tanto esposa como amante.

Su sugerencia la chocó, pero la fantasía de volver a besarlo y tal vez hacer algo más en el carruaje resultaba increíblemente excitante; sin embargo, la mera idea hizo que se sonrojara.

Un hombre alto le palmeó el hombro a Naruto y los detuvo.

—Me alegra ver que has recuperado el humor, así que este es un momento ideal para que insista en bailar con tu dama. Vamos, amigo mío: prometo no raptarla esta noche.

—Lárgate, pesado —contestó Naruto.

—No, esta vez no —dijo el pesado con una sonrisa burlona—. ¿O acaso quieres que todos los cupidos de la ciudad se regocijen y difundan la noticia del mayor amor del siglo, etcétera, etcétera? Si sigues monopolizándola toda la noche mañana se montará un escándalo y no pienso largarme, así que será mejor que te muestres cortés y dejes que esta vez te ahorre el escándalo.

Naruto chasqueó la lengua, condujo a Hinata y al pesado hasta el borde de la pista y señaló:—Kiba es un amigo, aunque esta noche estoy empezando a preguntarme si es verdad. —Dirigiéndose a Kiba, añadió—: ¿Por qué Shikamaru no te mantiene ocupado esta noche... en otro lugar?

—Porque ya ha regresado junto a la hija del marques. ¡El pobre infeliz realmente debe de estar enamorado!

—¿Y Sai?.

—No lo sé, no lo veo mucho últimamente, tal vez hemos tenido nuestras diferencias, pero nada que no podamos resolver.

—Tienes suerte: este baile casi ha concluido y ni se te ocurra no devolvérmela en cuanto acabe —advirtió Naruto.

Kiba volvió a sonreír.

—¡Sin falta! —exclamó, y rodeó la cintura de Hinata con el brazo.

—Eso del escándalo, ¿era verdad? —le preguntó ella a su nueva pareja de baile.

—Por supuesto que no. Al fin y al cabo están comprometidos, así que no es necesario que bailes con otro que no sea él. Pero si se hubiese negado a entregarte hace un momento, cuando era obvio que yo no aceptaría un «no» como respuesta, la noticia podría haber circulado. —Después, esbozando una reverencia con una inclinación de la cabeza, añadió—: Soy Kiba Inuzuka, tercer hijo, pero no tiene importancia porque de todos modos me quedé con un título.

Kiba volvía a sonreír irónicamente. Era un individuo bastante inusual, más alto que Naruto, tal vez igual de apuesto: cabellos oscuros sueltos como dictaba la moda, ojos de un profundo negro, un hombre amante de la naturaleza a juzgar por su tez bronceada y de un tono casi más oscuro que el de sus cabellos. Ese año Hinata habría podido escoger entre un montón de jóvenes lores... si hubiera podido disfrutar de la prometida temporada.

—Supongo que debes de conocer muy bien a Naruto, de lo contrario no hubieses podido montar ese numerito.

—Nos conocemos de la Universidad. Me atrevo a decir que soy su amigo más íntimo. Estoy encantado de conocerte, lady Hyuga. En cuanto a mis demás credenciales, son las siguientes: tediosamente rico, con una familia maravillosa y una amante deliciosa. Lo único que me falta eres... tú.

—¿Cómo dices? Podría jurar que acabas de decir que eres su amigo.

—Pero la amistad no puede interponerse en la senda del destino. Fúgate y cásate conmigo, prometo amarte por toda la eternidad y Prinny no puede castigar a nadie si una tercera persona se fuga contigo.

—¿Así que estás al corriente del ultimátum del regente?

—Desde luego, al fin y al cabo Naruto es mi mejor amigo.

Ella resopló.

—O tú eres su peor enemigo por sugerir semejante cosa. Pero el príncipe debe de adorarte: es una excelente estrategia que le permitiría apoderarse del tesoro de dos familias en vez del de una sola.

—¿No crees que funcionará?

—Creo que el regente te instigó a hacerlo. —Demasiado tarde, Hinata notó su mirada jocosa y puso los ojos en blanco—. Te estás haciendo el gracioso, ¿verdad?. Pues a mí no me hace gracia.

—Últimamente no dejo de oír esas palabras —contestó Kiba, suspirando—. Muy bien, ¿qué puedo hacer para ayudarte a azuzar a la bestia? Sospecho que solo necesita un empujoncito.

—Estás de su parte. No finjas lo contrario.

—¡Exactamente! —exclamó Kiba—. ¿Acaso crees que no deseo su felicidad?

—En su hogar no existe la felicidad.

—Pero tienes la intención de cambiar eso, ¿no?

Por suerte el baile acabó pronto y cuando la música dejó de sonar ella regresó junto a Naruto sin la ayuda de lord Inuzuka. No tenía una respuesta para el amigo de Naruto y tampoco para la madre de él.

Naruto no se había reunido con Mikoto y la aguardaba a solas junto a la pista.

Cuando lo alcanzó, él preguntó:

—¿Kiba se comportó correctamente?

—Se mostró... asquerosamente caprichoso. ¿Siempre es así?

—Solo cuando está de humor. ¿Ya has bailado lo bastante por una noche?

—Sí.

—Entonces despídete de tu tía nos iremos.

—Ella se ahorraría semejante cortesía, así que podemos pasarlo por alto. Dudo que se hubiera acercado a mí esta noche si tú no hubieses forzado el encuentro. Y lady Haruno se encuentra cerca de la entrada; al menos debemos decirle unas palabras o tu madre se enterará de todo.

—¿Te preocupa una metida de pata tan insignificante?

—A mí no, pero puede que tu madre no la considere tan insignificante.

Mientras la conducía hasta lady Haruno, Naruto bajó la vista y la contempló.

—¿Realmente estás preocupada por ella?

—No te sorprendas, cualquier clase de perturbación podría retrasar su recuperación.

—Cuando yo me estaba recuperando tú no lo tuviste muy en cuenta, que digamos.

—¿Y cuándo tuve elección al respecto? —preguntó ella, riendo.

Esa conversación bastante normal cesó una vez que se despidieron de su anfitriona y se dirigieron hasta el carruaje que los aguardaba calle arriba. Hinata estaba de mejor humor y era muy consciente de que se debía a que esa noche él no había encontrado una amante, así que sus expectativas iban en aumento. Procuró reprimirlas pensando que tal vez él solo había bromeado cuando habló de besarla de camino a casa. No obstante, deseaba que lo hiciera. ¿Se atrevería a provocarlo? No: solo debía esperar dos días más hasta poder mostrarse tan audaz.

—¿Disfrutaste de tu primer baile oficial? —preguntó Naruto en cuanto tomó asiento junto a ella en el banco.

—Sí —contestó ella con un suspiro nostálgico—. Excepto que creí que a lo mejor sería un poco más romántico e incluiría unos cuantos besos robados.

—Nos besamos en la pista de baile —dijo él, arqueando una ceja.

—Ese beso no podría denominarse robado, solo era para asegurarle al regente y a los demás que estábamos cumpliendo con su «sugerencia» de que nos casáramos.

—Ah, comprendo. ¿Esperabas algo más parecido a esto...?

Naruto se inclinó hacia ella y sus labios se unieron suave y provocativamente. Ella seguía excitada y hubiese contestado «sí», pero él se detuvo demasiado pronto. Cuando se disponía a rodearle el cuello con los brazos él la sentó en su regazo.

—¿O más bien a esto? —preguntó con voz ronca.

¡Sí! Él ya la besaba apasionadamente y una llamarada de excitación ardió sin control. Hinata deslizó un brazo en torno al cuello de él y soltó un profundo gemido cuando el borde de su vestido rozó sus sensibles pezones al tiempo que él bajaba la tela del escote y luego otro más cuando su mano tibia le acarició un pecho desnudo. Ella también quería tocar la piel desnuda de él, pero Naruto no la complació. ¿Porque el trayecto no era largo? La desesperación se apoderó de ella. ¡No quería que aquello acabara! Pero entonces él deslizó la mano por debajo de su vestido y a lo largo de su pierna hasta que alcanzó sus partes más sensibles y...

—Te compraré todos los caballos que quieras. No es necesario que me impulses a acostarme con otras mujeres para obtenerlos.

Ella tardó unos instantes en comprender lo que él acababa de decir, pero entonces sonrió.

—¿Así que ahora puedes tolerarme?

—Te convertirás en mi esposa.

Era un instante maravilloso y la sonrisa de ella se volvió más amplia... pero él ya estaba acomodándole el vestido y Hinata se dio cuenta de que habían llegado a casa.

La ayudó a bajarse del carruaje y la acompañó hasta la puerta, ¡pero entonces se volvió, dispuesto a marcharse!

—¿Adónde vas? —preguntó ella, frunciendo el ceño.

Él hizo una pausa.

—No a donde tú crees. Dulces sueños, Hinata.

¡Era probable que sus sueños fueran más que dulces, que supusieran una conclusión a lo que habían estado haciendo en el carruaje! Hinata aún sonreía para sus adentros cuando entró en la casa. Solo dos días más...

A la mañana siguiente Hinata se despertó tarde; no le sorprendió, tras todos esos bailes y las copas de champán que bebió por primera vez con su tía. Pero se sentía estupendamente, como si se hubiera quitado un peso de encima; aquel estúpido trato se había terminado, Naruto no se había acostado con otras mujeres y por fin le aseguró que sí, que se casarían.

Terminó de despertar cuando Kurenai le trajo una bandeja con el desayuno. Cuando la doncella vio su sonrisa, dijo:

—Así que anoche te divertiste, ¿verdad?

—Fue una noche mágica. —«¡Al menos el final lo fue!»—. Ahora creo que Naruto y yo seremos algo más que amigos.

Kurenai soltó una risita.

—¿Lo ves? Te preocupabas por nada, y al menos ahora no he de buscar esa hierba.

La chanza hizo reír a Hinata.

—¡No, no quiero que él quede incapacitado!

Cuando llamaron a la puerta Kurenai se volvió.

—Eso será el agua de tu baño, así que ven a comer. Me dijeron que hoy debía vestirte para tu boda y apenas disponemos de dos horas.

La conmoción se apoderó de Hinata.

—¡Podrías habérmelo dicho antes! ¿He dormido todo el día?

—No. Y no: no sé por qué te casas antes de lo que pensaste. Tendrás que preguntárselo a tu zorro.

Hinata sonrió para sus adentros, recordando lo que había acontecido la noche antes, cuando regresaron a casa del baile: eso explicaba por qué se casaba ese día. ¡Seguro que Naruto tampoco tenía ganas de seguir esperando la noche de bodas!.

Durante las dos horas siguientes la actividad fue frenética, pero Hinata no podría haber estado más contenta y emocionada. Incluso tenía un vestido de novia para ponerse, uno que su tía había insistido que confeccionaran para ella al mismo tiempo que el resto de su nuevo guardarropa: un vaporoso vestido de muselina blanca con una pequeña cola y una pechera sembrada de perlitas. La larga capa a juego estaba bordeada de abullonadas flores de seda.

Mikoto había supuesto que se casaría poco después de la temporada social, o al menos que se hubiese comprometido, y por eso disponía de ese vestido para la boda.

Su tía había albergado tantas esperanzas... Quizá debería haber invitado a Mikoto pese a la hostilidad con la que la recibirían en esa casa y, dada la dicha que la embargaba, quizá la hubiese invitado si aún se casaran el domingo. Y bueno... Incluso si los Uzumaki se habían mostrado corteses al respecto, puede que Hinata no lo hubiera hecho, así que era mejor que ya fuese demasiado tarde.

Naruto fue a buscarla, y pese al brillo feroz de su mirada parecía un lord del reino de los pies a la cabeza. ¿Estaba expectante? ¿Imaginaba su noche de bodas... o el día?.

¡El brillo era tan luminoso que a lo mejor se la llevaría directamente a la cama después de la ceremonia! Pero era hora de partir, o eso fue lo que Hinata pensó. En vez de conducirla a la habitación de su madre él la condujo a lo largo del pasillo, pero HInata sabía que Kushina todavía no se encontraba lo bastante bien como para ir a la iglesia.

Hinata caminó más despacio y él se detuvo.

—¿Te estás acobardando finalmente? Podrías habérmelo dicho antes de que enviara a buscar al sacerdote.

—¿Mandaste buscar un sacerdote? ¿Entonces no nos casaremos en la iglesia?

—Mi madre quiere ser testigo y no se me ocurrió ningún motivo para no complacerla. ¿Casada junto a una cama? Tras ver cuán magnífica era la iglesia de San Jorge durante su breve recorrido por Londres, Hinata se sintió un tanto decepcionada por no poder casarse allí. Pero disimuló su desilusión y dijo:

—Si hubiese sabido que nos casábamos aquí, en tu casa, me hubiera puesto un vestido menos elegante.

—Tonterías. Sigue siendo tu boda y tú tienes un aspecto excepcionalmente encantador.

Ella sonrió. Hoy se casaría con ese hombre. ¿De verdad importaba dónde? Y tal vez él le diría cuánto la deseaba si ella mencionaba las evidentes prisas...

—¿Por qué nos casamos hoy en vez del domingo?

—Porque anoche el regente estaba presente y sabe que mi herida ya no me afecta. Puede que hoy nos visite, o que envíe a su emisario, para que confirme que no le hemos obedecido al no casarnos en cuanto yo me hubiera recuperado. Pero tanto si lo hace como si no, no veo motivo para seguir esperando. ¿Y tú?

No, desde luego que no, pero eso no era lo que ella esperaba oír. Negó con la cabeza y le lanzó otra sonrisa al tiempo que él la conducía hasta la habitación de Kushina. Cuando él abrió la puerta para flanquearle el paso, ella permaneció inmóvil.

—¿Y ella qué está haciendo aquí? —susurró.

—Le envié una nota esta mañana.

—¿Sin consultarme?

—Creí que te complacería.

—Creí que no querrías que pisara esta casa.

Sentada a un lado de la cama, y hasta riendo a causa de algo que Kushina acababa de decir, estaba la tía de Hinata. Al parecer, Naruto había hecho precisamente lo que ella había pensado hacer esa mañana: enviar una nota tardía. Y Kushina estaba sonriendo, así que Hinata se equivocó al creer que se generaría un ambiente hostil si había otros Uchiha presentes en la boda. Ambos Uzumaki se disponían a ser corteses.

Naruto se inclinó hacia ella y dijo:

—Es tu última oportunidad, Hinata.

¿Así que era capaz de hacerle esa pregunta en presencia de la tía de ella? Le echó un vistazo y notó su expresión divertida, pero acababa de bromear sobre el peor tema posible; si era capaz de eso debía significar que ya no se oponía al matrimonio, pero entonces surgió una vieja duda: solo faltaban unos minutos, así que él ya no tenía elección.

Gracias a Dios su tío no estaba presente también, para hacer de testigo. A Sasuke le hubieran pegado una paliza antes de que cruzara el umbral. ¡Qué pena que no haya tratado de entrar! Le hubiese gustado presenciarlo. «Supondría un estupendo regalo de bodas para mí...», pensó.

Mikoto se adelantó y la cogió de la mano.

—No diré que estás hermosa porque no te haría justicia, preciosa. Pero tienes un aspecto magnífico con ese vestido.

Mikoto sonreía. ¿Así que ese día todos le tomaban el pelo? Hinata se sentía en inferioridad numérica.

—¿Mi tío no fue invitado? —preguntó en cuanto Naruto siguió avanzando para saludar a su madre.

—Oh, sí, lo fue —contestó Mikoto—. Creo que en realidad quería asistir, al menos para conocer al novio, pero este viaje a Londres ha acabado con él, no ha abandonado la cama desde que llegamos. Pero hablando de guardar cama: Kushina me dijo que se ha recuperado de su dolencia de manera espectacular, gracias a ti.

Hinata alzó una ceja.

—¿Ya conocías a Kushina?

—¿Cómo podría no conocerla cuando ambas hacemos vida social en la misma ciudad? Sin embargo, reconozco que esperaba enfrentarme a la hostilidad que tú mencionaste. No la había visto desde los duelos. ¿Sabe por qué su hijo quería matar al mío?

—Sí.

—Entonces ¿actúa con hipocresía cuando me trata como si nada hubiera sucedido?

—No lo creo. Me ha encomendado la tarea de hacer feliz a su hijo, me parece que ahora eso es más importante para ella que cualquier rencor.

—Ponerle buena cara al mal tiempo es una opción sabia, pero ¿es eso lo que tú deseas?

¿Que él sea feliz? Hinata lo había considerado una meta, una que les proporcionaría paz a ambos, pero entonces se dio cuenta de que eso era lo que quería: hacerlo feliz.

¡Ay, Dios mío! Estaba enamorada, ¿no? ¡Atrapada en su propia trampa!

En respuesta a la pregunta de su madre, dijo:

—Sí, sería bonito que ambos lográramos ser felices.

—Eso no es lo que quise decir.

—Lamento haberme retrasado —dijo el sacerdote a sus espaldas, y los hizo avanzar a ambos con el fin de iniciar la ceremonia.

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Continuará...