La vigésima novena vez que odié a Katniss Everdeen fue cuando me llegó la invitación a su boda. Tres años después de la última vez que la vi.

¿Por dónde comienzo? Fue precisamente, a esa edad, a los dieciocho, que me fui de casa de la tía Enobaria.

Durante esos tres años me dediqué a ganar dinero y ahorrar. Aprendí a cocinar y a hacer postres. Fui comercio tras comercio a ofrecer llevarles comida a la hora de su descanso, lo cual fue un éxito rotundo. Por la tarde, horneaba pastelillos y galletas y recorría todo el Distrito caminando para venderlos. No descansé ni un solo día hasta que el embarazo estuvo tan avanzado que apenas me podía mover.

Tuve un niño, tal como lo predije. Le llamé Jaret, el cual significa 《fuerza de lanza》 en un idioma muy antiguo, porque era el arma de su padre. Me pareció perfecto. Literalmente, estuve todo el último mes del embarazo buscando nombres y nombres. Hasta que di con él y fue instantáneo, fuerte, como quería que fuera y como fue su padre, y además, lanza. Era perfecto, no hay otra palabra para describirlo.

También, desde que regresé al Distrito, le había pedido a Enobaria ir a terapia. Quería estar bien. Quería que mi hijo conociera la mejor parte de mí. Y así fue, terminé con psicólogo y con psiquiatra. No digo que haya sido fácil, o que a mis dieciocho años ya estaba al cien por ciento feliz y recuperada sin secuelas, pero sí había una enorme brecha de diferencia a cómo estaba. Incluso, para cuando nació el niño, ya me sentía completamente diferente a como me sentía cuando, por ejemplo, me enteré que iba a tenerlo.

Mi rutina todos los días desde que volví al Distrito era: despertarme muy temprano, ir a caminar ya que no podía correr, volver y preparar toda la comida que vendería al medio día, meterme a bañar, ir a terapia, regresar e ir a vender todo, al volver, empezar a hornear todo lo que vendería por la tarde, inmediatamente después de que todo estuviera listo, ir a vender los postres. Al volver tenía una o dos horas libres según qué tan rápido había vendido todo, y las empleaba para aprender a hacer otra cosa. En esos tres años aprendí usando ese tiempo a coser ropa, tejer, cortar y pintar el cabello, o si alguien me ofrecía trabajo como repartir volantes o cualquier otra tontería, lo hacía. A veces la vecina me pedía que cuidara a sus nietos o el otro vecino ocupaba ayuda con el perro.

Después, tenía que ir a clases. No entré al colegio, pero Paylor tomó acciones en los Distritos Profesionales y en los Distritos en general, abriendo universidades en donde fue la Aldea de los Vencedores en cada Distrito. En los Distritos Profesionales hubo consideración y permitían entrar desde los quince si estabas en la Academia y no ibas al colegio. Así que entré a estudiar Terapia Física, algo que no me alejaba mucho de mi plan a futuro y me había parecido muy interesante de cuando era una Voluntaria en Entrenamiento.

Porque yo no iba a quedarme haciendo eso por el resto de mi vida. Sólo era el puente a mis planes.

Mi corazón estaba en todo lo que tuviera que ver con actividad física. Añoraba los días en los que entrenaba y me sentía fuerte físicamente, imponente. Sabía que mi vida se inclinaba a eso y sabía lo que quería, pero me estoy adelantando a los hechos.

En estos tres años me gradué, tuve a mi hijo y junté mucho dinero. Todo fue sobre nosotros este tiempo. Sólo estuve 'ausente' dos meses: el últimos del embarazo y el primer mes de Jaret. Pero no desaproveché el tiempo, el frío se aproximaba y tejí suéteres y cobijas como loca cuando el niño me lo permitía, y todo se vendió. Porque he de admitir, fue agotador. Tener un recién nacido no es cualquier cosa, pero sí era mi fuerza.

Tampoco fui de aquellas que tiran al bebé con quien sea para irse a trabajar. Porque no, simplemente. Era mi hijo, no de mi tía, quien siempre se ofrecía a cuidarlo para que yo no 'sufriera' tanto. Si él estaba dormido cuando me despertara, lo dejaba dormir, y me iba a caminar sola. Sino, me acompañaba. Sólo ocupaba los 'servicios' de mi tía cuando estaba en terapia y cuando iba a clases. De ahí en fuera, siempre estaba conmigo. Lo subía a su cochecito de bebé e íbamos a vender la comida al medio día y los postres por la tarde. Ahora que ya sabía tejer y coser, después de los postres íbamos a repartir los encargos o a hacer cortes de cabello a domicilio.

Puedo decir que no hay rincón del Distrito Dos que Jaret no conozca.

Y en cuanto a él, bueno, es idéntico a James. Cabello castaño, piel tostada y hermosa sonrisa. Sólo tiene mis ojos azules. Pero de ahí en fuera, es su papá.

Al cumplir dieciocho años, con un niño de tres, oficialmente una Terapeuta Física y con los medios, como si el destino por primera vez se hubiera puesto a mi favor, Paylor decidió erradicar todo lo que tuviera que ver con los Juegos, por lo que clausuró 'oficialmente' la Academia y puso a la venta el terreno y el Edificio.

Y yo lo compré.

Lo convertí en un gimnasio, con restaurante de comida 'saludable' y tomé gran área para hacerlo mi consultorio. No me quedó dinero para comprar una casa, pero sí para la renta de unos seis meses. No dudé y nos mudamos la noche antes de que abriera mi negocio.

La tía Enobaria lloró demasiado, y no dejaba de decirme que estaba orgullosa de mí. Nos dio un gran abrazo antes de que Jaret y yo saliéramos definitivamente por la puerta de su casa. Traía a mi hijo sobre mis hombros y con las manos cargaba nuestras cosas.

"Mami, te quiero" murmuró, y me llenó el corazón.

"Yo también" le respondí inmediatamente.

Le había dado la cadena que James me había regalado a mí. Y ya habíamos hablado sobre que su papá no podía estar con nosotros, que estaba en el cielo pero que siempre nos cuidaba. Y lo tomó mejor de lo que esperaba. No esperaba tener esa conversación tan pronto, pero recién había ingresado al jardín de niños y a la mayoría de sus compañeros ambos padres los llevaban, y me cuestionó.

"¿No necesitas ayuda?"

No supe quién había hablado, y no quería levantar la cabeza pues Jaret tenía sus manos sobre mi frente.

Pero él se acercó, era Gale. Ni siquiera esperó una respuesta, me quitó todas las maletas de una mano y pude agarrar a mi hijo con la mano libre.

He de decir, que Jaret lo adoraba. Después de recogerlo del jardín de niños repartía la comida, y Gale me compraba todos los días, por lo que nos habíamos hecho un poco cercanos. A veces lo dejaba hasta lo último para poder quedarme a hablar con él sin prisas. Siempre me esperaba y siempre me halagaba los platillos, aunque para mí no tenían nada de especial.

"¿Qué te trajo hasta acá? Estos no son tus rumbos." Pregunté, porque el silencio ya no me parecía cómodo desde hacía meses. Sentía la necesidad de hablar con las personas.

"Tú" dijo de inmediato. Y se me paralizó el corazón por un instante.

Él parecía nervioso, pero después negó con la cabeza.

"Necesito un corte de pelo" agregó, un poco ¿avergonzado?

Asentí con la cabeza, antes de que Jaret le extendiera la mano para que chocaran los cinco. Entonces Gale se puso a bromear con él, pero la cabeza me daba vueltas. Empezaba a preguntarme por qué aquél 《tú》 me había impactado tanto y por qué él se puso tan nervioso.

Fue así como en poco tiempo llegamos a lo que sería mi casa por lo menos seis meses.

Dejé las cosas en el piso, le saqué los juguetes a Jaret y le dije dónde sería su habitación a partir de ahora. Él estaba muy emocionado, y me agradeció con un abrazo y un beso en la mejilla. Aunque después le recordé que aún tenía tarea que hacer y salió corriendo a jugar, lo cual me dio mucha risa.

Ni siquiera le pregunté a Gale qué quería, pues siempre ha querido el mismo corte desde que empecé a hacérselo yo. Aunque esa vez había un silencio incómodo.

"También tenía otra cosa que decirte" murmuró, como tentando el terreno. "Me llegó esto." Sacó de su abrigo dos cartas, y me dio una.

Era la invitación de la boda de Katniss y Peeta.

"Iba a invitarte, porque tengo una invitación doble. Pero después vi que te habían enviado una a ti."

"Uy, ella supone que tienes novia."

"No creo que ella me haya invitado."

Ambos nos reímos de eso, aunque en realidad no había por qué reírse.

"Tienes razón. Quizá Peeta fue el que hizo la lista de invitados. ¿Pero sabes qué es lo peor? Que a mí me envió una invitación sencilla, Peeta no espera nada de mí."

Él soltó una carcajada, y yo también, otra vez. Eso me gustaba, que siempre reía cuando estaba con él.

"Podríamos invitar a tu tía."

"Si ellos la quisieran ahí, a mí me habrían eviado una invitación doble."

Me pidió que disculpara su estupidez, a lo que yo rodé los ojos y le dije que era una tontería.

Lucía dubitativo al hablar. Se levantó una vez que terminé, y ambos nos sentamos en la sala.

"Entonces, ¿ya no me vas a llevar comida?" Preguntó, en cuanto estuvimos frente a frente.

"Estaré un tanto ocupada, así que no. Pero puedes ir al restaurante, supongo. No te queda muy lejos." Repuse, aunque lucía un poco decepcionado.

"Sé que te va a ir excelente" declaró, y me tomó la mano.

Yo supe en ese momento que estaba jodida, pero no quería aceptarlo. No iba a aceptarlo. Estaba sonrojada y él lo había notado. Creo que también notó que yo no quería que se exteriorizara, porque se levantó después de eso.

Y noté que él me miraba como estúpido. No sabía qué esperar de aquello, quería evitarlo. Pero también una parte de mí sentía emoción de que quizá él pasaba por lo mismo que yo.

"¿Te veo en la boda?" Preguntó, y sólo pude asentir con la cabeza.

Se fue y ahogué un grito con el cojín.

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Apenas lo vi durante los siguientes dos meses, como lo predijo, me fue excelente. Tenía trabajo desde que salía al sol hasta que se metía.

Cuando se derribaron los muros entre los Distritos, muchas familias del Capitolio se mudaron fuera de él, para vivir una 'vida más tranquila' o una 'vida de pueblo', según quien le preguntaras. Así que en el Distrito Dos había muchas de ellas puesto que era la mezcla perfecta entre el Capitolio y un Distrito común.

Las mujeres de estas familias querían mantener una 'buena figura' o 'sentirse jóvenes y bonitas'. Así que ahí entraba yo, con sesiones de gimnasio y alimentación personalizado. Y como estas tipas eran muy tontas y muy ricas, cobraba lo que yo quería. Además de todo lo que ya ganaba por el gimnasio, el restaurante y mis terapias.

No podía creer que todo había valido la pena.

Me estaba yendo genial. Me sentía bien. Dadas las dos de la tarde recogía a mi hijo de la escuela todos los días, comíamos juntos, hacíamos la tarea y jugábamos un rato. Y él quiso empezar a ir a clases de pintura, así que claro que lo dejé. Ahí él pasaba su tarde y yo la mía trabajando, pero si él hubiera estado libre esas horas, me las hubiera arreglado para estar con él todo lo que necesitara.

Siempre lo hice y lo hago hasta la fecha.

Dejé todo organizado para poder irme un fin de semana entero. Enobaria se había ofrecido a cuidad a Jaret, y me había obligado a irme a comprar un vestido, alegando que 'me lo merecía'. Fue difícil, porque estaba sola y no conozco mucho de moda. Sólo escuchaba a la trabajadora del lugar.

He de decir, que me había esforzado y había recuperado mi cuerpo. Me atrevo a decir que estaba mejor que antes. Creo que es lo único bueno de mí que podía admitir.

Terminé midiéndome un vestido azul claro ajustado hasta debajo de la cadera, y al verme, me quedé encantada. Me gusté por primera vez en mucho tiempo. Sonreí. Inmediatamente lo pagué y regresé a mi casa.

Al día siguiente, viernes, me fui en el último tren del día junto con Gale. Estaba nerviosa porque eran cerca de doce horas para llegar al Doce, y el día anterior estuvimos menos de una hora solos y ya no podía conmigo. Pero al parecer alguien escuchó mis plegarias, él se quedó dormido después de decirme que había tenido una mala noche y un largo día de trabajo, y yo hice lo mismo, llegaríamos hasta la mañana siguiente.

La verdad es que fui la primera que se despertó, pensando en qué demonios me pasaba. Porque no era la primera vez que me ponía así con Gale. Era algo de meses ya, y cada vez me era más difícil controlarlo.

Llegamos y yo no le había dicho más que buenos días a Gale. Bajamos y cargó mi maleta, y aún seguía muda. Sé que él estaba extrañado, pero no era con una mala intención. Solo estaba decidiendo qué rayos quería o me sucedía.

Sabía que su compañía me gustaba, y que la buscaba, inconscientemente.

Él mismo me sacó de mis pensamientos.

"¿Dónde vas a quedarte?" Murmuró. Y la verdad, que no había pensado en ello hasta ese momento.

"Si estoy muy ebria, me quedaré a dormir en el jardín de la chica en llamas y no precisamente porque lo haya premeditado."

Él se rió ligeramente, pero después se aclaró la garganta.

"Ya en serio."

"No sé ni siquiera dónde es la boda y quieres que te diga dónde voy a dormir. Tú de seguro irás con tu familia, ¿no?"

"Quería ofrecerte quedarte ahí, si es que quieres."

Le dije que lo consideraría aunque no estaba segura.

El distrito Doce ahora era muy diferente. Los pocos sobrevivientes de su bombardeo habían regresado, y todos tenían muy buenas casas que se construyeron en cuestión de nada en cuando Paylor tomó la presidencia. También la Aldea de los Vencedores se había convertido en universidad en cuestión de nada como en todos los distritos. Pero la mayoría de las casas estaban vacías, todos vivían en una porción muy pequeña del área y la zona comercial sólo tenía lo justo y necesario.

La boda sería en casa de Katniss y Peeta, en su jardín, ironía a mi comentario. Decidimos que primero iríamos a saludar antes que otra cosa. Así que así fue, y, para mi sorpresa, fue Johanna quien nos abrió.

"¡'Tesoro'!" Imitó a mi tía burlándose. "¿Y tu criatura?"

Ella se recargó sobre el marco de la puerta con las cejas arriba. Y yo me reí de nervios. Si bien hablar ya me era más fácil puesto que prácticamente mi trabajo consistía en entablar conversaciones con los demás, me costaba más abrirme con las personas que ya conocía, extrañamente.

"A esta hora, seguramente comiendo."

"Si no lo trajiste no puedes pasar, regrésate a tu Distrito."

Hizo como que me empujó, antes de echar una carcajada y jalarme hacia sí, esta vez haciéndome entrar. Me dio un abrazo que no me esperaba.

"Maldita sea, ya eres toda una mujer." Exclamó mirándome de arriba a abajo. "Dime, 'tesoro', ¿tienes novio? Porque ya eres mayor de edad y te daría otras cosas que no fueran consejos. Wow, wow, wow. Ni parece que pariste."

Me reí todavía nerviosa, y Annie detrás de Johanna me hacía señas de que ella había estado bebiendo. Sólo le asentí, y después Johanna fue a molestar a Gale.

El hijo de Finnick y Annie me pasó corriendo por un lado y si no me hubiera dado cuenta, me tira. En ese momento, Katniss bajó junto con su mamá, y realmente se sorprendió al vernos.

"Katniss, ya llegó el Distrito Dos" le canturreó Johanna.

"Me siento muy ofendida ya que la invitación decía no niños y está el mini Finnick aquí" le reproché a Katniss. Yo estaba bromeando pero ella se lo tomó en serio. Negó con la cabeza, alegando que no hubiera habido problema, a lo que sólo le rodé los ojos.

Creo que ella dudaba en cómo debía proceder nuestro saludo, y la verdad es que yo también. Nos limitamos a sonreírnos, y por los siguientes quince minutos todo fue la cosa más incómoda que jamás me pude haber imaginado. Gale y Katniss se miraban el uno al otro como esperando que el otro hiciera el primer movimiento.

Llevaba tres años, por decirlo de algún modo, siendo amiga de Gale, y llevaba tres años escuchando que aún le pesaba que años de amistad se fueran a la borda. Y de un tiempo acá, me molestaba especialmente que siguiera clavado con lo mismo.

Aunque fue en ese momento, que me di cuenta de que eran celos.

Fue como si me dieran un golpe directo a la garganta.

La verdad es que nunca había sentido celos. Nunca había tenido motivos. James era de pocos amigos y ninguna chica había detonado interés en él, además de que estábamos juntos la mayoría del tiempo. Así que fue a causa de Gale Hawthorne que experimentara esa situación por primera vez.

Yo sabía que no tenía por qué estar celosa, él y Katniss ya estaban distanciados. Me di cuenta de que me molestaba que pensara en ella cuando estaba conmigo, me molestaba porque quería su atención sólo para mí. Fue el paso uno hacia lo que me rondó por la mente el resto de la noche: mis sentimientos hacia Gale.

Estaba harta de la situación, de que parecieran niños pequeños e incomodaran al resto de las personas ahí. Así que suspiré, tiré de la manga de Katniss y de la de Gale y los arrastré hacia la primer habitación que vi.

"Tal vez y sí fue su maldita bomba, pero tú también lo lastimaste mucho antes de eso. Más de lo que te imaginas. Hablen y arréglenlo, de una maldita vez."

No le di tiempo a la chica en llamas de responderme, salí inmediatamente y los encerré.

"Apláudanle, nos acaba de hacer un favor a todos." Casi gritó Johanna.

Después me llevó con ella, exigiendo que la maquillara. Había dejado sus cosas en una de las casas vacías junto con Annie, y aún quedaba otra habitación. No sé cómo no había pensado en eso.

Me dijo que me podía quedar con ellas, y yo accedí. Después volvió a pedirme que la maquillara. Aunque no sabía mucho sobre maquillar a otras personas, sólo me hacía lo justo y necesario para verme 'presentable' en mi negocio.

Hace cuatro años no sabía ni siquiera hacerme eso, hasta ese momento no había reflexionado en aquello.

Digamos que Johanna no me quedó nada mal.

Empezó a hablarme sobre que su vida era muy aburrida. Que trabajaba cobrando en una panadería en su Distrito algunos días y los otros era socorrista en la nueva piscina del Siete. Que estaba agobiada.

"Vente al Dos. Trabaja para mí." Le dije, y hasta la vista se le iluminó. No tuve que rogarle mucho. De hecho, no le rogué nada. Fue un sí inmediato. ¿De qué le iba a dar trabajo? Quién sabe. Pero ella gritó que hasta me limpiaba los zapatos con la lengua si quería con tal de salir de la monotonía.

Después me enteré por ella que Haymitch y Effie tenían una niña de un año. Fue lo más shockeante de todo el día.

Después fuimos a vestirnos, y no me había sentido tan bonita nunca. Jamás.

Y yo ya sabía que, si me sentía bien conmigo misma, cosas buenas llegaban.

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La boda en sí fue más rápida de lo que esperaba. Inmediatamente después, fue la cena, y según Johanna, la madre de Katniss fue la encargada de ella.

Aquél par derrochaba amor. Desde cómo se miraban y cómo se hablaban o interactuaban. Me alegré demasiado, pues la imágen de un Peeta fuera de sí me acechaba y no podía quitármela de la cabeza. En realidad, creo que nunca había hablado con él. O si lo hice, no significó nada.

Fue hasta después del brindis con una copa de vino, y un vaso de whiskey preparado que escuché las tres palabras que cambiaron el resto de mi vida.

"Ares, ¿podemos hablar?"

Por la voz, sabía quién era. Un escalofrío me recorrió la espalda y una sonrisa estúpida me invadió. La mano con la que sostenía el segundo vaso de whiskey recién servido me tembló, así que mejor lo dejé antes de que ocurriera una tragedia.

Asentí con la cabeza levemente, nerviosa. Y suspiré despacio. Me levanté de la silla con un nudo en el estómago y vi de frente a Gale. Él estaba igual de nervioso que yo, al parecer. Las manos le sudaban.

Lo miré a los ojos, y fue como si la respiración se le entrecortara.

Se talló la mano en el pantalón y me la extendió. La tomé y fuimos a la calle, lejos de todo el bullicio.

Cerró los ojos y suspiró.

"Te ves muy hermosa." Declaró, y yo alcé una ceja.

"Me veo hoy, me veré mañana, me vi ayer y me veré siempre."

Él se rió, y negó con la cabeza.

"Eres increíble".

Parecía querer seguir hablando, así que no dije nada. Después de murmurar algo como 'voy a ser directo' fue capaz de mirarme a los ojos y hablar.

"La verdad es que me gustaste desde, creo, la primera vez que te vi. Te fui conociendo y simplemente no podía despegarme de ti. Eres una persona muy inteligente, disciplinada y fuerte. Que sabe lo que quiere y luchas por ello. Eres todo lo que quería ser y cada día me atraías más..." He de decir, yo no podía hablar. Estaba procesando lo que me decía. Me limitaba a respirar entre cortadamente. Se acercó más a mí, y finalmente dijo: "Ahora puedo decir que estoy enamorado de ti."

Me cayó como un balde de agua fría. Y él parecía le habían quitado unas cadenas. Aún lucía nervioso.

"Escucha, sé que no soy él. Yo sé lo mucho que lo amabas, pero si me das una oportunidad, yo..."

"Es que no necesito que seas él."

Le había tomado del mentón para que se callarae y me mirara. Abrió los ojos en grata sorpresa.

No esperé más, y lo besé.