Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 29
Tanya entró por completo a la casa, soltando a sus hijas y abriendo los brazos hacia las gemelas, quienes corrieron a su encuentro al igual que Gretchen, solo Hailey permaneció en sus brazos sin inmutarse por la llegada de la musculosa rubia. Tanya las abrazó y besó con entusiasmo, mostrándose cariñosa y amable con las niñas, Bella no dudaba de que Tanya fuera de ese modo, no por nada las niñas la querían y aguardaban su regreso con demasiada alegría.
—Están enormes, mis niñas, la última vez que las vi eran apenas unas pulgas.
—La única que sigue siendo una pulga es Gren —habló Mila causando la risa de las demás, incluso de la misma Gretchen.
—Claro, pero está más grande, ¿cuánto has crecido, eh, pulguita?
—No mucho, sigo siendo la más pequeña de todo mi glupo.
—Pero eso cambiará, puedo apostarlo, no creo que heredaras la altura de la cu... tu madre.
Sintió a Edward pararse junto a ella, Hailey le tiró de los brazos para que la sostuviera, Bella hubiera preferido no dejarla ir, pero no podía retenerla contra su voluntad pues sabía que terminaría llorando y lo último que quería era arruinar la primera impresión para Tanya.
—Deja de estar nerviosa —le susurró Edward lo suficientemente bajo para que solo ella escuchara, pero teniendo a Hailey entre ellos y al ser la bebé parlanchina que últimamente estaba siendo, repitió las palabras de su papi en su idioma de bebé, llamando la atención de Tanya y sus hermanas.
Había llegado el momento de presentarse ante la madre de las niñas y, hasta donde sabía, la madre que era más cercana y a la que, por cierto, Rosalie y la bruja de Jessi adoraban.
Edward carraspeó y, después de acomodarse a Hailey, con su brazo libre abrazó la cintura de Bella.
—Tanya, quiero presentarte a Isabella, mi novia, ya te he hablado mucho de ella, creo que todos lo hemos hecho.
Bella sintió sus mejillas calentarse, no sabía si ser tan nombrada a la ex de su novio era una buena o mala idea.
—Es un placer por fin conocerte, Tanya. —Dio un paso al frente, demostrando que no estaba asustada.
Tanya le sonrió, pero en lugar de transmitirle calma, la llenó de miedo, ya que vio como los músculos de sus brazos se flexionaron viéndose aún más musculosos.
O tal vez solo era su imaginación jugándole una mala pasada al recordar cierta llamada en donde fue un poco osada.
—Es un placer conocerte, Isabel.
—Es Isabella, mamá —desafió Tamara, rodando los ojos, Bella reprimió la sonrisa que quería reventar.
No la conocía ni un poco, pero estaba segura de que Tanya no estaría nada feliz con la mujer que ocasionó que su hija no tuviera la misma actitud sumisa que Nessa, quien se encontraba a un lado sin siquiera mover un músculo, como si esperara que su madre le dijera qué hacer y cuándo hacerlo.
—Claro, mi error —respondió, restándole importancia, Bella pensó que seguiría con la conversación, pero el ceño fruncido y el visible disgusto la hizo temblar. Quizás estaba siendo paranoica al temer por cualquier cosa, pero no podía evitarlo, sus músculos la ponían toda nerviosa—. ¿Qué demonios traes puesto y por qué esos colores? ¿Desde cuándo te gusta el rosa?
—Es fucsia y es mi leotardo de mi clase de ballet, Angela me ha traído a casa, hoy es su día de traerme, antier Bella llevó a Sophie a su casa porque pasó por ambas, aún no me he cambiado porque es cómodo y a Bella no le molesta y a papá tampoco, me quedo con él hasta que me tengo que bañar o irme a la cama.
—¿Angela? ¿Ballet? ¿Sophie?
Tamara le sonrió lo más inocente que pudo, no era que sus clases de ballet fueran un secreto, lo que ocurría era que Tanya no estaba completamente enterada, no fue la intención de nadie ocultarlo u omitirlo, simplemente había pasado demasiado tiempo y nadie recordó decirle.
—¿Por qué no pasamos a la sala? —intervino Edward—. He ordenado comida china y pizza, no deben tardar en llegar.
—¿Ordenar? ¿Acaso la muñeca de aparador no sabe cocinar? ¿O está más preocupada porque la falda sea lo suficientemente corta para mantenerte feliz?
¿Qué mierda tenían Rosalie y Tanya con su manera de vestir? Claro, era muy femenina, pero eso no significaba que estuviera pegada a la estufa, ni para complacer a Edward, el largo de su falda era asunto de ella, no por la facilidad que Edward tenía de subirla cuando quería ser travieso, eso solo era un plus.
El enojo le ganó al miedo, y fue ese sentimiento el que la motivó a hablar. ¿Quería estereotiparla?, ella le demostraría cómo hacerlo.
—Lo que pasa, Tanya, es que no sé la ración de esteroides o esos ridículos suplementos alimenticios que consumes, además no creo que sean buenos para las niñas, ya sabes, me preocupo mucho por ellas y lo que comen, Edward me habla de eso todo el tiempo.
De reojo vio a Edward mirar hacia el cielo, como pidiendo ayuda, pero su sonrisa no podía ocultarla.
»¿Te apetecería un laxante, tal vez? Seguro que puedo encontrar uno para ti en algún lugar de la casa o puedo llamar a la farmacia para que te traigan de tu marca preferida.
—¿Qué estás insinuando?
—¿Yo? Nada, cariño, solo estamos teniendo una conversación animosa, ¿o no fue lo que decías sobre mí?
Quizás debería estar muriéndose de miedo, ya que el brazo de Tanya era del tamaño de su cabeza, y sus muslos podían romper fácilmente una sandía, pero en ocasiones su lengua larga no medía las consecuencias.
Al llegar a la sala, Bella se aseguró de obligar a Edward a sentarse junto a ella, estaba bien que ya había perdido algo de miedo, pero Edward y sus músculos podían mantener entretenida a Tanya mientras ella huía a un lugar seguro.
Antes de que Tanya tomara asiento, Nessa le dijo que quería mostrarle las medallas y premios que había ganado desde la última vez que les visitó. Las gemelas también quisieron, Gretchen asintió dejando a Tamara con claros signos de nerviosismo.
...
Las niñas mantuvieron entretenida a Tanya por los siguientes veinte minutos hasta que la comida llegó, pero no pudo refugiarse en cualquier excusa pues las niñas fueron a lavarse las manos dejándola a solas con Tanya, y Edward estaba poniendo la mesa.
—Así que, Isabella...
—Puedes llamarme Bella, es más corto y cómodo.
—Prefiero Isabella.
—Claro, como gustes.
Mantenerse cortés era una buena manera de crear un ambiente de armonía y paz entre ellas, debía encontrar alguna manera de que ambas congeniaran, Tanya era partícipe en la vida de sus hijas y Bella estaba cien por ciento comprometida con el papel que desempeñaría con ellas, por el bien de las niñas, debía encontrar algo que las conectara o por lo menos que mantuvieran una relación cordial en donde las niñas no notaran incomodidad alguna.
No creía que fuera tan difícil, después de todo, ella y Vicky se llevaban bastante bien, de hecho, se había burlado a través de un mensaje de texto de ella por enfrentarse a Tanya, además de desearle suerte y asegurarle que hablaría en su funeral y diría puras cosas buenas.
Esa perra era odiosa cuando se lo proponía, pero en cierto sentido, le agradaba.
—Las niñas no me han hablado mucho de ti —habló Tanya llamando su atención nuevamente—, podría decir que solo sé lo poco que llego a escuchar de Rosalie, incluso la última vez que me hablaron sobre ti creo que fue… ¿cuando ibas a conocer a las niñas?
Bella sonrió de la manera más humilde que pudo, si Tanya no quería recordar cierta plática en donde la hizo enojar, ella no se la recordaría, pero sí que podía molestarla un poco más.
—No puedo culparlas, deben tener mucho que decir como para acordarse de mí.
—¿Así de poca cosa te consideras en la vida se mis hijas?
—No te confundas, Tanya, yo sé que apenas tienes tiempo para hablar con ellas, no sería justo de mi parte robarles esos minutos que tienen para conversar.
Edward apareció en ese instante cortando la conversación de ambas, notando inmediatamente el tenso ambiente que las rodeaba, por lo menos Bella podía asegurar que la única tensa era Tanya, esos cursos de yoga le habían servido para canalizar sus emociones.
No era muy buena haciéndolo, pero por esa vez, al parecer estaba funcionando.
También ayudaba que estuviera imaginando a Angela disfrazada de banana mientras bailaba la macarena, tenía que llamar a Sue y avisarle que no tirara ningún videocasete de su habitación.
—Las niñas están listas para comer.
—Claro, mi amor —respondió Bella poniéndose de pie y estirando la mano hacia Hailey, quien la tomó de inmediato—, vamos a alimentar esta pancita regordeta.
Caminó hacia el comedor en donde las niñas habían distribuido los platos y lugares, había aprendido en muy poco tiempo que los lugares en la mesa eran sagrados para ellas, cada una tenía un lugar asignado y si alguien llegaba a sentarse en el incorrecto, era el fin del mundo.
Pero en ese momento parecía que las niñas habían roto esa regla. Su lugar, como ya era costumbre, estaba junto al de Edward, a su lado izquierdo se sentaba Kailani —eso seguía igual—, pero a pesar de que Mila siempre se sentaba junto a su gemela, ahora había cambiado de lugar con Tamara, quedando justo enfrente de Kailani mientras que Vanessa, quien era la más quisquillosa en cuanto a su lugar se trataba, se encontraba sentada justo enfrente de Tamara, así que suponía que el asiento que normalmente estaba vacío le pertenecía a Tanya.
Se sentó en su lugar habitual, colocando a Hailey en su silla alta.
—¿Ensalada con pizza y china? —cuestionó Tanya al ver el tazón a un lado de las cajas.
—Es cosa de Bella, mamá —respondió Vanessa—, ella siempre la come, dice que no está acostumbrada a comer tanta comida chatarra.
—Nosotras también podemos comer, pero no es obligatorio —prosiguió Tamara.
—Excepto Hailey, nunca la quiere comer, aun cuando mamá lo intenta...
—... pero aún es pequeña por eso lo tiene permitido.
Se sentaron a la mesa, cada quien se sirvió en su plato lo que deseaba, Bella intentó evitar sonreír cuando Tanya tomó el bol de ensalada y se sirvió, así como miró a Nessa y le obligó a servirse, Tamara también lo hizo, aunque sabía que en cualquier momento la sacaría de su plato.
La cena comenzó tranquila, las gemelas riendo a través de la mesa, Gretchen luchando con el queso derretido de su rebanada de pizza, Tamara separando disimuladamente la lechuga de su plato y escondiéndola en la servilleta mientras que Hailey mordisqueaba cual ratoncito un trozo de lechuga y pan, cada uno en una mano.
—Así que, ¿cuáles son los planes para el fin de semana? —preguntó Tanya llamando la atención de todos los presentes—. Solo estaré aquí por cuatro días.
—¿No te quedas toda la semana?
—Es lo que más quisiera, Nessa, pero no puedo.
—¿No puedes o no quieres? —cuestionó Tamara dejando el tenedor con el que estaba comiendo su pollo agridulce.
—Yo siempre quiero pasar tiempo con ustedes.
—No lo parece.
—Tamara —le advirtió Edward.
—Solo digo la verdad —protestó poniéndose de pie.
—Regresa a tu asiento, Tamara.
—No lo haré, mamá, si tanto te cuesta pasar una semana completa con nosotras, entonces mejor no vengas, así te causamos menos molestias y nosotras seguimos con nuestras vidas.
—¡Tamara! —protestó Vanessa.
—Pensaba que te quedarías para ver mi presentación, solo para que vieras mis avances, Bella me dijo que te invitara ya que estarías aquí, pero ahora sé que quiero a papá ahí, con él sí cuento.
Tamara corrió fuera del comedor ignorando el llamado de sus padres, Bella echó la silla hacia atrás con la clara intención de seguirla, pero Edward la detuvo.
—Creo que es Tanya la que tiene que ir a hablar con su hija.
Bella miró a Tanya quien mantenía los puños apretados sobre la mesa.
—Ed, creo que...
—Edward tiene razón, es mi hija, por mucho que intentes meterte en mi relación con ella, es mi hija.
—¿Disculpa?
—No creas que con tu cara de muñeca de aparador me puedes engañar a mí —la acusó poniéndose de pie—, iré por mi hija y la traeré de regreso a la mesa.
Salió del comedor dejando a Bella enfurruñada.
—Tanya tiene razón —las palabras de Edward la enojaron, pero su sonrisa la desconcertó—, eres tan hermosa como una muñeca, ¿te he dicho que la primera vez que te vi creí que tenía una cita con una princesa como las que ahora parecen encantarle tanto a Gretchen?
—¡Es cierto, mamá! —gritó Mila—. Recuerdo que esa noche papá dijo que había tenido una cita con una ex reina de belleza, siempre te imaginamos como una princesa.
—Papá incluso dijo que nunca había visto un vestido de ese rosa —habló Kailani entusiasmada—, también dijo que no podía creer como es que te podías ver tan inocente, hermosa y... ¿cómo la llamaste, papá? ¿Caliente?
—Eso se lo dije a tu tío Jasper.
—Gretchen lo escuchó y nos lo dijo.
—Sí, dijiste caliente, papi —se defendió Gretchen—, tío Jaspel se lio y dijo que tenías suelte, una suelte del demo…
Todos en la mesa se rieron al notar el sonrojo de Gretchen al percatarse de que estaba a punto de maldecir en la mesa, a veces le encantaba tanto la inocencia de los niños.
Edward entrelazó su mano con la suya por debajo de la mesa, cuando Bella lo observó solo bastó compartir miradas para darse cuenta por qué había intervenido para que se quedara en el comedor y sacó lo de su primera cita.
Las niñas habían comenzado a ponerse nerviosas por la discusión, hacerlas pensar en un momento agradable y divertido era mil veces mejor.
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Tamara se negó a regresar a la mesa y Vanessa estuvo el resto de la cena callada y de mal humor, pues la atención de Tanya no estaba centrada solo en ella. Bella ayudó a meter a la cama a Hailey y después le comunicó a Edward que se marcharía a su departamento pues tenía pendientes a primera hora y su departamento le quedaba más cerca.
Edward la quería ahí con él, pero al ver el mal humor de sus dos hijas mayores, prefirió arreglar el asunto con ellas y Tanya y dejar que las cosas se calmaran.
Tamara no ayudó en nada cuando antes de que Bella se marchara salió de su habitación y le habló al oído, a lo que Bella asintió entusiasmada.
Ahora Nessa estaba preparando una maleta para ir y pasar la noche en el departamento de Tanya, Tamara también debía estar haciendo lo mismo, pero Edward dudaba que quisiera dejar la casa.
En ningún momento culpó a Tanya por mantenerse alejada de las niñas, sabía que no era su intención, solo que su trabajo la mantenía viajando o en un estricto régimen, el cual le imposibilitaba cuidar de ambas. No creyó que era problema, nunca notó que sus hijas estuvieran enojadas, pero por la reacción de Tamara quizás lo estaban más de lo que mostraban.
O por lo menos ahora sabía que Tamara se había mantenido callada.
¿Había sido la presencia de Bella por la que ahora estaba decidida a mostrar su malestar con Tanya?
No estaba seguro, pero debía hablar seriamente con Tanya.
Por esa razón estaban en su oficina, Tanya bebía una copa de vino mientras esperaba, su actitud le decía que no estaba dispuesta a aceptar que el comportamiento de Tamara se debía solo a su ausencia.
—Tu novia es una auténtica sorpresa.
—¿A qué te refieres con eso?
—Que es muy...
—Tanya —le advirtió Edward, la rubia rodó los ojos.
—Yo iba a decir que es muy bonita. —Se recargó contra el sofá—. ¿En serio le puso un tutú a mi hija?
—Tamara se viste sola.
—Sabes de lo que hablo.
—¿Qué quieres que te diga? Tamara se lo pidió y Bella me lo propuso y pues ahora practica ballet, solo lo iba a probar, pero le terminó encantando.
—¿Y no crees que yo tenía algo que decir al respecto?
—¿Qué tenías que decir? ¿Acaso te hubieras negado?
—Ese no es el punto aquí, es mi hija y tengo todo el derecho de dar mi opinión e intervenir en su educación.
—¿Cuántas veces la has visto en el último año?
—Sabes que mi trabajo es demandante.
—Lo sé, y no te estoy juzgando, pero no puedes esperar que te diga cada cosa cuando tú estás a veinte horas se distancia.
—Solo son dieciséis, menos si descontamos las escalas.
—¿Eso hace alguna diferencia?
Tanya gruñó, nada feliz con la situación, pero él no se iba a amedrentar. ¿Creía que tenía el derecho de venir y juzgar? Le dejaría en claro una o dos cosas.
—Tam quería entrar a ballet, Bella habló conmigo y simplemente la dejé ir, si hubiera esperado a que tú tuvieras tiempo de responder el teléfono, Tamara aún seguiría esperando poder ir a su primera clase.
—Puedo estar lejos, Edward —estaba enojada pero no podía importarle menos—, pero conozco a mis hijas muy bien.
—Nunca he dicho que no.
—Las conozco tan bien que sé lo mierda que llega a ser Isabella con ellas.
—¿De qué mierda estás hablando? Bella no es más que cariñosa con ellas, me consta lo dedicada que es.
—Eso lo dices porque es tu novia —contraatacó—, Nessa me ha dicho que siempre llega tarde, nunca se sienta con ellas a ver un juego y cuando va a "animarlas" apenas si presta atención, quererlas no es solo hacerles cariñitos y ponerles colorete en las mejillas, tampoco lo es llenarlas de besos y decirles que las llamará cuando estén en la cama, ellas necesitan saber que tu noviecita realmente está interesadas en ellas, ¿o me vas a decir que no está más unida a Tam o Hailey porque las ha podido moldear a su antojo?
—Bella no ha moldeado a nadie.
—Sí, claro, y por esa razón encontré la mitad del clóset de mi hija con colores y tipos de ropa que, en mi vida, pensé ver.
—Tamara creció, Tanya, creció, no puedes esperar que siga siendo la misma niñita que dejaste la última vez que viniste a Seattle.
—Solo han pasado diecisiete meses.
—¿Y eso te parece poco? Nunca te juzgué, Tanya, nunca lo hice, porque respeté que tu trabajo fuera importante para ti, por eso yo me dediqué a nuestras hijas, pero no puedo simplemente ocultar lo que es obvio para ambas, tú no estás aquí.
—Se lo has hecho ver a las dos con cada noviecita que has traído a la casa, Edward, tienen cuatro hermanas de tres madres diferentes, ¿cómo se supone que ellas iban a tomar algo así? Alice era mi amiga y te acostaste con ella.
—Eso fue un desliz.
—Un desliz que terminó con un embarazo múltiple.
—Ya me he disculpado por eso las suficientes veces, Tanya, no volveré a hacerlo, así que simplemente déjalo en el pasado. Sé que lo he arruinado muchas veces, pero las anteriores ni siquiera te importaron, ¿y sabes por qué? Porque ahora por primera vez tu hija entendió que tiene una alternativa que cubre perfectamente el papel que tú no desarrollas.
—Ahora me juzgas.
—No lo hago, nadie aquí te juzga, ni siquiera Bella lo hace, pero, aunque les he enseñado a mis hijas que tienen todo el derecho de anteponer sus trabajos y sueños, no puedo ocultarles que tú no estás, no puedo simplemente engañarlas en que son lo más importante para ti.
—Son lo más importante para mí, ¿crees que solo porque tú te quedaste con ellas a mí ya no me importan? Tenía el mismo derecho de trabajar lejos de casa como cualquier otro hombre lo tiene, de irse y dejar a sus hijos, con la única diferencia de que a ellos sí los reciben con fiesta y alegría, y a mí me restriegas a una novia que parece que no hace nada más que estar junto a las niñas como buena ama de casa.
—Te equivocas, Tanya, Bella no es ni de cerca lo que te estás imaginando, nunca he puesto en duda el amor que sienten nuestras hijas por ti, ni siquiera Bella lo ha hecho.
—¿Tan seguro estás?
—Claro que sí, yo la conozco, Tanya, la conozco tan bien que sé que Bella solo ha dicho cosas buenas de ti, sé que esta noche ella solo quería agradarte porque sabe lo importante que eres para Nessa y Tam, la actitud de Tam no es culpa de Bella, solo es el reflejo de lo que tu ausencia ha causado, no intentes culparme a mí ni a nadie.
El golpe de las escaleras los hizo callar, Tanya se puso de pie y salió de la oficina, Edward la siguió, pensando en que no había logrado llegar a ningún lugar con Tanya.
Nessa era la única que tenía un bolso enorme a sus pies, Tamara, sentada en las escaleras, tenía una mochila en donde solo podía haber guardado un cambio de ropa y el pijama.
—¿Y tus demás cosas?
—Vendré mañana por ellas.
—Mañana pasaré todo el día con ustedes.
—Lo sé, mamá, pero tarde o temprano te llamarán y nos traerás de regreso, siempre pasa —se encogió de hombros—, prefiero evitar guardar cosas de más que sé con certeza que no voy a necesitar.
Edward observó como Tanya enfurecía y Vanessa miraba de mala manera a su hermana, pero, aunque quería decirle que esa vez sería diferente, estaba completamente seguro que antes de que pasara por Bella a la tienda, Tam y Nessa estarían en casa.
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Sophie jugaba con su pequeño Dolce, era una pequeña ratita molesta, muy diferente de Chanel, quien permanecía la mayor parte del tiempo dormida debajo de la cama de Gretchen.
—¿Cómo van las cosas con Jasper?
—Me acosté con él.
—Dime algo que no sepa. —Rodó los ojos mientras bebía de su café.
—Está bien, tú lo pediste. —Se encogió de hombros y se inclinó lo suficiente para que Sophie no las escuchara—. Voy a terminar con él.
—¿Qué? ¿Por qué? Pensé que todo iba de maravilla, la última vez que me dijiste algo, Jasper era increíble, ¿qué pasó?
—Él no está listo.
—No te puedo creer, Jasper es un encanto con los niños.
—Yo también lo creí, necesito seriedad por Sophie, no puedo simplemente presentarle a tipos que solo quieran meterse a mi cama, por eso aproveché nuestra plática post-sexo para averiguar hacia dónde va nuestra "relación", así que traje a colación el cumple de las gemelas, que es en dos semanas, y le comenté que Sophie cumple años en un mes, lo cual me recuerda que tenemos muy poco tiempo para organizar su fiesta...
—Ya estoy pensando en una temática, pero no me cambies el tema.
—No cambio de tema, solo te estoy dando toda la información que necesitas para entenderme.
—De acuerdo, continúa.
—Le di a entender de manera indirecta que ya que asistiré al cumpleaños de las gemelas, quizás me presente a su familia de modo oficial, supuse que después de que me conociera a profundidad, y vaya que fue profundo, ser presentada a su familia era el siguiente paso, ahí fue cuando le conté que cada año festejamos el cumpleaños de Sophie en Forks, ya que el jardín de mis padres es lo suficientemente grande para que todos los invitados estén cómodos, y le dije que podía conocer a mis padres ese día, incluso mencioné que toda su familia estaba invitada, así nuestras familias se conocerían.
—¿Se negó?
—Dijo que quizás debamos esperar un poco más —bufó exasperada—, pasé un fin de semana follando con él, he hablado de mil cosas, sabe quién es el padre de mi Sophie, mis padres saben de él, creí que estábamos en la misma página, pero al parecer me he equivocado.
—No pienses así, Angie, quizás Jasper solo está confundido.
—No tengo tiempo para esperar a que se aclaren sus ideas, tengo una hija que necesita estabilidad y si Jasper creyó que solo podía acostarse conmigo sin ningún tipo de compromiso, pudo haberlo dicho desde un principio y nunca hubiera visto a Sophie.
—¿Y qué piensas hacer?, aunque es mi cuñado, sabes que yo siempre te apoyaré a ti.
—He comenzado a rechazar sus llamadas, quizás termine con él en estos días.
—Llámame cuando lo hagas.
—Lo haré, necesitaré quien me lleve helado —suspiró tristemente por última vez antes de cambiar su semblante—. No creas que se me ha olvidado que la ex está en casa, ¿cómo te ha ido?
—Pues me quiere asesinar, eso es seguro, Tamara le echó en cara su ausencia y creo que me culpa.
—Es de conocimiento universal que apenas viene a Seattle.
—Lo sé, pero la perra cree que yo soy la culpable de que Tammi cambiara tanto.
—Sí lo eres, esa niña idolatra el suelo por donde caminas, aceptémoslo. Tammi se parece más a nosotras, creo que siempre tuvo esa espinita, pero ya que nadie de su familia estaba involucrado y/o interesado se conformó con su vida, nosotras solo llegamos a mostrarle una manera diferente de vivir, y eso no es un problema.
—Pues para Tanya parece serlo, pero está loca si cree que voy a permitir que me intimide.
—Sus músculos intimidan, me dijiste que es mucho más grande que Edward, incluso que Emmett y a él solo lo conozco de lejos, pero sé que es enorme.
—Lo es, pero aunque sé que me rompería con solo tronar los dedos, sé que no lo hará, porque… bueno… dejémoslo en que no lo hará.
—Si es lo que tú crees, está bien… pero en caso de que ocurra, ¿me dejas tus bolsos? Prometo decir algo lindo en tu funeral.
—Victoria piensa igual que tú.
—Las grandes mentes piensan igual, y Vicky es una mente brillante cuando se trata de chismosear.
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La visita de Tanya pasaba rápidamente, solo pasaba medio día con las niñas ya que tenía ciertos contratos que firmar y reuniones a las que asistir, muchas veces Rosalie y Jessica se presentaban para intentar interceder y llevarse a las niñas, Nessa había aceptado en cada oportunidad, Tamara se excusaba con cualquier pretexto, el principal y favorito que le encantaba usar era Gucci, quien parecía detestar a Jessica.
—Parece que encontré un perro al que no le agrado —se lamentó con lo que parecía ser un puchero, Edward aceptó que a la única que se le veía sexy era a Bella—, quizás venga con más frecuencia para que se acostumbre a mí.
Edward estaba seguro de que Bella estaría completamente en desacuerdo con eso.
Eran los últimos dos días de Tanya en la ciudad, Bella se había mantenido al margen con respecto a Tanya, ni siquiera había buscado otra oportunidad para llevarse bien.
—Ambas queremos a las niñas, no nos agradamos del todo, pero queremos a las niñas, y si mantener un silencio cordial es lo único que podemos darles, entonces que así sea.
Ni siquiera supo cómo pelear contra eso, tampoco lo intentó con Tanya pues ella simplemente se negó a hablar de cualquier cosa relacionada con Bella.
Pero ahora estaban teniendo una cena temprana, Tanya tenía una sesión de fotos para la campaña del gimnasio, así que todos estaban de vuelta en el comedor.
Ya estaban en el postre, y milagrosamente sin ningún tipo de incidentes ni discusiones, Hailey tenía la boca y la blusa manchada pero no era nada de lo que preocuparse.
—¿Y qué vamos a hacer, mamá? —preguntó Nessa dejando su plato a un lado.
—Les enseñaré a disparar con un arma —contestó Tanya sonriéndole, nadie podía dudar de que Nessa era la más cercana a su madre, así como que les había dejado en claro a las demás que ellas no estaban invitadas, antes intercedía para evitar ver a sus hijas desanimadas, pero ahora simplemente parecía que a ninguna le interesaba mucho lo que hiciera Nessa con Tanya—, ya he reservado el lugar para las tres, revisé su reglamento de seguridad y me parece el lugar adecuado para enseñarles.
Edward no estaba muy seguro de que esa fuera una actividad adecuada para la edad de las niñas.
—Eso es grandioso —dijo Bella sorprendiéndolo—, mi papi me llevó por primera vez cuando tenía doce, él dijo que si tenía suficiente pulso para delinear mis labios sin equivocarme, entonces podía disparar un arma. Aposté con mi papá que si acertaba en la diana le depilaba las cejas, si no lo hacía, entonces no podía usar ni una pizca de labial, brillo ni pintarme las uñas por una semana completa.
—¿Acertaste?
—Claro que no —bufó—, pasé un mes completo sin poder tener un poco de pintura en la cara.
—¿Qué no era solo una semana, mamá? —preguntó Mila con el ceño fruncido.
—Lo era, pero aquí tu madre apostó la siguiente, la siguiente y la siguiente semana, después de tanta práctica y fallos, lo logré y me divertí depilando a mi papi, en ese momento Esme me mostró lo que era la cera... fue una dulce venganza.
—Si Bella pudo hacerlo —murmuró Tamara—, entonces yo también puedo, no puede ser muy difícil, y apuesto a que sí puedo acertar en los primeros tiros.
—Ya creo que sí, eres mi hija después de todo —habló Tanya evitando que Bella pudiera decir algo—. Entonces mañana paso por ustedes para...
—¿Es mañana? —preguntó Tamara bastante mortificada—. No puedo ir mañana, mañana es el baile y Bella me va a llevar al spa y al salón para arreglarme, ya compramos el vestido y Du me dijo que escuchó que Ty murmuraba que Jason me compraría girasoles porque sabe que a mí me gustan.
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