Ella miró hacía la ventana, debido a la persiana semi abierta no era posible visualizar por completo el exterior. Estaba nublado y llovía, algo que prácticamente nunca vio durante su infancia. No es que fuera una adulta, apenas contaba con diez años y la madurez obtenida en la guerra, junto con las cicatrices invisibles de su alma, no eran algo de lo que quería enorgullecerse.
La mujer mayor detrás de su escritorio la observaba, no era la primera vez que trataba con un caso similar. Siempre existió la guerra y sus víctimas. Era un caso difícil, la chica entraba a su consulta y se quedaba callada mirando por la ventana. Intentaba que respondiera a sus preguntas, pero nunca lo hacía. Siempre la miraba asustada cuando lograba que fijara su mirada en ella, de todas maneras, no era el peor caso que tenía.
Rey se levantó temprano, apenas abrió los ojos envió un mensaje a Ben para saber si iría con ella a inscribirse. La respuesta llegó casi de inmediato. Una fotografía de él cepillándose los dientes sin camisa, mostrando su torso tonificado y aquel dócil cabello despeinado y cayéndole en la cara. Ella ahogó un grito, respondió que le avisara cuando estuviera listo junto a un emoji de beso.
Estaba comenzando la primavera y el frío comenzaba a desaparecer, por lo que se decidió por un vestido de flores, una chaqueta de mezclilla y unas botas a media pierna sobre sus pantis. Iba saliendo al pasillo cuando casi choca con Ben, que vestía una camisa a cuadros roja, jeans y una chaqueta de cuero negra. La saludó rápido y la invitó a ir al pasillo que iba al subterráneo.
Se subieron al "Halcón Milenario" pomposo nombre que según Ben, le había puesto tío Lando antes de perderlo frente a Han Solo. Rey se abstuvo de preguntar cómo era él, tal vez lo intentaría en un momento que no estuviesen apurados.
Llegaron cerca de las nueve al lugar, calcularon que con buen tráfico, podía tardarse veinte a treinta minutos desde el Takodana. Rey calculó mentalmente un Uber o taxi para hacer el recorrido a diario, pero eso elevaba su presupuesto en al menos un cien por ciento. Pensó en comprar un vehículo usado, eso lo consultaría con Poe en la noche, tal vez él supiera de algo.
-Parece que hay un autobús que llega aquí, me puedo ir en el a casa –Observó Rey mientras entraban al estacionamiento.
-Ni se te ocurra, mientras yo pueda, me ofrezco como su chofer madame –Detuvo el auto.
-No quiero causarte molestias.
-No te estoy ofreciendo dinero… Cuando empieces a estudiar, nos veremos poco, al menos será una excusa para estar contigo antes de que hagas deberes o tengas que estudiar.
-Bien –Respondió convencida, había olvidado que casi no se verían.
-Bien -Contestó con satisfacción.
-De todas formas, podré quedarme a dormir contigo un par de días a la semana.
Ben se congeló, en el fondo adoró la idea y se molestó consigo mismo por no mencionarlo antes. Miró a Rey que ya iba entrando al edificio y aceleró el paso para alcanzarla. Parecía como si ella siempre, le llevara la delantera.
Dentro el edificio estaba inmaculado, personas caminaban con libros por todas partes. Algunos más adultos, probablemente profesores conversaban entre ellos. Rey miraba a todos lados, a pesar de todos sus años en Coruscant, todavía no se acostumbraba a ver tal cantidad de gente de diversas razas.
Llegaron al lugar de las inscripciones, donde debieron tomar un número de atención y se sentaron a esperar que los llamaran. Rey se miraba los dedos y las uñas, estaba nerviosa. Todo allí le parecía nuevo, lo único constante y real para ella era Ben. Él lucía calmo, miraba su móvil en silencio, mirando a Rey de reojo cuando ella prestaba atención a un detalle en particular.
Cuando la llamaron, Ben pidió quedarse fuera, pero ella le miró con ojos suplicantes y él no pudo resistir, dio un pequeño suspiro y la siguió a la oficina.
El hombre tras el escritorio les saludó con cortesía, señalando las sillas frente a ellos para que se acomodaran. Rey tomó la carpeta con sus documentos y se la extendió al hombre quien la abrió inmediatamente y comenzó a teclear en su computadora.
-Bien señorita Jade, necesito consultarle algunos datos que no vienen en los papeles que me ha entregado.
-Por supuesto – Asintió Rey.
-Dice aquí que usted va a pagar lo…
El teléfono de Ben sonó en ese instante, mirándolo reprobatoriamente este se disculpó y salió de la oficina.
-Bueno… Le decía que usted trae un cheque por la primera mensualidad… -Rey asintió- Pero revisando en el sistema, usted ha sido favorecida con la beca de los benefactores.
-¿Qué es eso? –Preguntó Rey- Yo no he postulado a nada. De hecho quería consultar si es que tienen becas.
-No, no es necesario, al poner sus datos, el sistema determina en base a sus datos de previsión y otros algoritmos si necesita la beca.
-¿Es una beca parcial?
-Es una beca para la carrera completa, más un cheque mensual para materiales, movilización y alimentación –El hombre le sonrió- Es una beca nueva, se implementó este año y beneficia al menos a cincuenta alumnos nuevos con ganas de estudiar, pero complicados en lo económico.
-Oh ¿Es anónimo?
-Absolutamente, solo puedo decirle que son dadas por grandes empresas y familias de importancia. Incluso nos han ofrecido cupos para la práctica profesional de los mejores de cada generación…
Rey sonrió. El hombre que parecía genuinamente feliz por ella, fue entregándole los papeles a firmar, la malla curricular, el horario de las clases y como obtener su credencial estudiantil para la biblioteca y uso de las instalaciones. Finalmente le pidió llenar con sus datos bancarios para que le depositaran el dinero mensual. Ahí preguntó a cuanto ascendía y si tenía alguna condición para mantenerlo.
-Lo normal, asistencia y mantener un promedio mínimo. A cuánto asciende, es relativo, lo sabrá cuando comiencen las clases.
-Entiendo.
Extendió los últimos papeles, él le entregó sus copias para que ellas las guardara y se levantó para despedirse. Rey le tendió la mano y salió de la oficina todavía un poco confusa por toda la información. Ben la esperaba afuera fumando, al verla apagó el cigarrillo en un basurero y se le acercó.
-¿Y?
-Ya estoy inscrita –Sonrió Rey y se lanzó a abrazar a Ben- Y tengo una beca completa.
-¿Es en serio? –Se separó de ella y la miró tiernamente, no era algo que quisiera perderse.
-Sí –Chilló feliz.
-Me alegra mucho pecosa –Besó su labios con ternura- Quiero celebrarlo contigo, pero creo que tendremos que esperar, me han llamado del trabajo y pasaré estas dos noches fuera.
Rey se desilusionó un poco, pero entendía que Ben tenía su propia vida aparte de la suya.
-No te entristezcas, vamos a pasar por un café y unos panecillos deliciosos y te dejaré en el Takodana.
Ella asintió y lo siguió a la camioneta, a pesar de que no estaría con él todo el día, parecía saber cómo animarla y sacarle más que una sonrisa.
Pasaron a una cafetería pequeña, donde el aroma a panecillos y bizcochos invadían los sentidos. Ben le pidió que apartara una mesa, mientras él realizaba el pedido. Rey revisaba su móvil concentrada, sin darse cuenta de que Ben la observaba a cada instante desde la fila.
La joven y atractiva mujer detrás del mostrador le ofreció la mejor de sus sonrisas y preguntó por su orden. Ben saludó amablemente y pidió dos mocaccinos, un par de panecillos para servir y un bizcocho para llevar.
Para esperar se puso a ojear una revista, ignorando las miradas de la chica del mostrador. Rey se distrajo de su móvil y miró a Ben, luego prestó interés en la mujer y en qué dirección miraba. Sintió algo en su estómago arder, sin embargo entendía el interés que alguien como Ben generaba en una mujer. Le pasó a ella cuando pudo verlo bien días después de conocerse y considerando lo guapo que se veía este día con la camiseta negra ajustada y la chaqueta de cuero, incluso ella se pasaba ideas por la cabeza, muchas tenían que ver con aquella ropa tirada en el suelo de una habitación.
La mujer llamó a Ben para entregarle su pedido, sonrió una última vez a lo que él respondió con una sonrisa vaga y un gracias. Puso la bandeja en la mesa y se acercó a Rey besándola de sorpresa, la mujer puso cara de desilusión y se fue a revisar algo a la registradora.
-¿A que vino eso? –Preguntó un poco agitada y sonrojada por la demostración de afecto en público.
-Porque nunca es un mal momento para besarte y por esto –Giró el vaso mostrando un número telefónico junto a un corazón y al nombre Cara.
Rey sonrió y cogió el otro vaso, dando un leve sorbo.
-No puedo culparla por intentarlo –Rey sonrió y Ben la miró sorprendido.
Pronto la tensión se calmó y hablaron un rato de los nuevos horarios que tendría Rey en el instituto. Ben se emocionó cuando se enteró de que ella no tendría clases los días viernes, por lo que podrían tener tiempo para verse.
-Rayos –Rey se preocupó cuando llegó un mensaje de Finn y vio la hora que se les había pasado- Tengo que irme.
Ben asintió y se levantó, llevó la bandeja al papelero, botó los vasos y antes de colocar la bandeja en su lugar, tomó la bolsa de papel que contenía el bizcocho para llevar. Dio una última mirada a la mujer del mostrador, que parecía absorta en sus quehaceres, giró sobre sus pies y caminó directo a buscar a Rey.
-Toma, para que lo comas más tarde –Le acercó la bolsa de papel, a lo que ella sonrió agradecida- Vamos.
Se subieron a la desgastada camioneta y emprendieron rumbo al Takodana. Antes de descender, Rey le preguntó si la llamaría en la noche, él negó con la cabeza y la besó con ternura.
-Todavía no es seguro, pero tal vez esté fuera el resto de la semana –Rey agachó la cabeza y él se la levantó con suavidad- Te prometo que apenas pueda, te llamaré.
Ella sonrió y se volvieron a besar. Pronto bajó y entró al Takodana, girándose para darle un último vistazo a Ben partiendo. Saludó a todos y se fue a preparar para un largo día por delante.
