DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La Saga Crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la trama es de mi completa autoría. Esta prohibida su adaptación parcial o total y su traducción a cualquier idioma.

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Fantasmas del Pasado.

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Luego de que Charlie y Beau se fueran, no me quede muy tranquila, sabia que Jacob no seria capaz de tocarme recluida en este lugar, pero ¿seria lo mismo el dia que ponga un pie fuera de la clínica?

—Llegó la hora feliz. —royal me saca de mis pensamientos mientras tintinea un vaso de papel en sus manos.

— ¿Me drogarán? —enarco una ceja.

—Solo son relajantes para que puedas dormir tranquila y por si tu cerebro sigue inflamado y lo necesita. —me tiende el vaso junto a las pastillas.

Sin darle más vueltas de una sola vez me trago las pastillas junto con el agua.

—El entrenamiento con Archie te ha servido de mucho. —dice mientras se sienta a los pies de mi cama.

— ¿Por qué lo dices? —rio mientras espero que las pastillas hagan sus efectos.

—Reaccionaste como un rayo, hasta me pateaste para poder liberarte de mí. —se soba el brazo haciéndose el dramático.

—Lo siento, no era consciente de eso. —me sentía completamente apenada.

—No vuelvas a asustarme así, pensé que tendríamos que someterte a los electrochoques y a las camisas de fuerza. —se torna serio.

— ¿Aquí hacen eso? —estaba sorprendida.

—Tonta Bella, duérmete ya. —de un salto se pone de pie mientras sigue riéndose.

—Okey, que ingenua soy. —ruedo los ojos.

—Sólo espero que no me despiertes con tus gritos. —se queda parado en la puerta.

— ¡Largo de aquí Royal! —grito furiosa.

—Descansa Swan. —carcajea mientras cierra la puerta y apaga la luz.

Mientras sentía como las pastillas hacían efecto en mí no dejo de pensar en todo lo que pasaba ahí afuera y en por qué mi familia ni siquiera había mencionado a Edward, los nudillos rotos de Beau me lo dijeron todo.

Algo malo había pasado, algo que tal vez terminaría de acabar con mi corazón.

Los días siguientes volví a mis actividades de siempre, Royal me vigilaba como un Halcón. Por si sufría algún ataque nuevamente. Para dejar salir toda esa ira y miedo entrenaba duro le di varias palizas a Archie quien me miraba atónito por mi cambio tan repentino.

Las terapias grupales eran otra cosa, me rehusaba a hablar. Aunque todos sabían lo que me había pasado y ellos si hablaban de eso pues yo no estaba lista. Mi mente procesaba lo ocurrido lentamente.

Carmen trataba de adentrarse en mi mente con todos sus planes de persuasión psicológica, pero sin éxito alguno. Me había cerrado como una ostra.

—Thomas. —trato de llamar su atención.

— ¿pasa algo Bella? —ríe mientras alisa mi entrecejo fruncido.

— ¿crees que algún día estemos curados? —miro a mi amigo mientras ambos dejamos que el pequeño oleaje nos moje los pies.

—Nunca estaremos curados Bella, aprenderemos a vivir con la situación. —suspira mientras se concentra en el atardecer.

—A veces pienso que esto solo es un mal sueño. —entierro mis pies en la arena.

—Lo mismo me pasaba a mí, de vez en cuando aún lo creo. Pero después de nueve meses aquí recluido siento que nací de nuevo. —bromea mientras juega con la arena entre sus dedos.

—Exacto, mañana te irás y no nos volveremos a ver. —me alzo de hombros resignándome a lo inevitable.

No tiene por qué ser así, cuando salgas llámame. Estaremos en contacto. —me toma de la mano y la aprieta dejando ver mis cicatrices

— ¿Tomarás la cirugía? —pregunta acariciando mi antebrazo.

—No lo creo, por un tiempo quiero que sigan ahí. No las esconderé más. —afirmo cariñosamente, había aprendido a aceptar mis cicatrices.

—Eso me alegra completamente Bella. —sonríe genuinamente.

—Créeme por fin me siento orgullosa de lo que soy. —era real, no mentía.

Al día siguiente después de nueve meses internado Thomas estaba de alta. No llore mientras lo veía alejarse del brazo de sus padres. Simplemente estaba feliz por él, había un camino para salir de la oscura cueva y sentía que cuando me tocara habría un hermoso prado verde esperándome.

Así que luego de que el auto de Thomas desapareciera por la calle me di la vuelta y camine hacia las canchas, había llegado la hora de darle una buena Tunda a Archie.

Nos encontrábamos en la lona Archie y yo cuerpo a cuerpo esquivando y bloqueando golpes, los demás habían hecho una rueda alrededor de nosotros admirando todo el espectáculo.

Ambos estábamos sudorosos y cansados pero ninguno estaba dispuesto a rendirse, nos estamos tomando muy en serio el entrenamiento. Podía sentir como respirar me quemaba los pulmones de momento Archie me hace trastabillar en la lona casi lo tenía encima y por un momento a quien vi en el frente fue a Jacob escuche su risa en mis oídos y esa fue la gota que derramo el vaso, con toda la ira contenida en mi pecho me fui encima de Archie tendiéndolo en la lona estaba encima de el con mi puño a centímetros de su cara y todavía llena de adrenalina.

De pronto los aplausos y vitoreo de nuestros espectadores me hicieron salir del trance en que me encontraba, así que rápidamente me alejo de él tratando de calmarme.

Archie el invencible como se hacía llamar, ya no lo era.

Mientras este se levanta me extiende la mano y la tomo con gran gusto levantándome de un tirón. No podía dejar de reírme, estaba asombrada de la fuerza que llevaba contenida.

—Okey, déjame decirte que no eres la Bella que llego aquí el primer día. —estaba completamente exhausto.

—No tengo dudas que aprendí del mejor. —le guiño un ojo.

—Sí, si vete a las duchas me has dejado en vergüenza. —ríe mientras toma un poco de agua.

Los demás internos siguen aplaudiendo y abucheando, Me convertía en ser la primera interna que había podido llevarle el ritmo a Archie Hale en mucho tiempo.

Doy saltitos largos por el pasillo llena de felicidad, me había redimido.

Esa tarde en terapia, todo dio un vuelco extraño, luego de semanas enteras sin poder hablar del tema hoy me sentía lista.

Esperaba a Carmen en su consultorio cuando la vi entrar atiborrada de papeles.

—Archie me contó tu progreso en las artes mixtas. —dice sonriente mientras deja todo en el escritorio.

—Así es, me siento en mejor condición. —realmente estaba animada.

—Me encanta que des pasos agigantados. —sigue sonriendo mientras organiza los papeles detenidamente.

—Carmen… —me muerdo el labio, temía que esto fuese un retroceso.

—Te escucho linda. —sigue concentrada en lo que hace.

— ¿Crees que es malo que tema por lo que pueda pasarle a Jacob? —no la miro, trato de coordinar mis pensamientos.

Jamás pensé que volvería a preocuparme por el luego de todo lo que me hizo.

Carmen se quedó por pocos segundos en silencio, hasta que la escuche suspirar.

—Jacob fue una parte muy crucial en tu vida, es aceptable que puedas experimentar ciertos sentimientos hacia él.

—También temo por mi, conozco a Jacob y debe sentirse como un gato enjaulado. Tarde o temprano cometerá alguna locura. —mi mente no dejaba de pensar en eso.

—Si es astuto no se te acercará, él sabe que es arriesgado para él. —Carmen trataba de asegurarme eso pero ella no conocía a Jacob en su verdadero ser.

— ¿Es normal que sienta lastima por él? —me muerdo el labio dudosa.

—Cada quien labra su camino. Y él mismo decidió el suyo. —dice sin más.

Por un momento ambas nos quedamos en silencio, ella tenía mucha razón. Había dos caminos y él estaba escogiendo el difícil.

—Entiendo que has pasado por mucho, pero concéntrate en sanar. Solo tú tienes el poder de cerrar esas heridas. —su tono es firme. Trataba de hacerme sentir segura.

—Quiero enfrentarme al mudo real, necesito enfrentarme a todo lo que deje allá afuera. —estaba decidida a hacer borrón y cuenta nueva.

— ¿Acaso ya te sientes lista? —me sostiene la mirada por varios segundos.

—lo estaré. —llevaba la determinación dentro de mí.

Luego de acabar con la sesión individual, Carmen y yo salimos de su consultorio para entrar en una sala más amplia junto con los internos que como yo tienen adicciones. Camino hacia mi habitual silla mientras Carmen se sentaba junto a los demás terapeutas.

A mi lado se supone que siempre iba Thomas, ahora lo ocupaba una chica con el pelo rubio, era nueva y llevaba vendas en las muñecas. Otra historia otros demonios por la cual batallar.

La sesión empezó y como siempre Carmen daba el tema de que hablar hoy era sobre el miedo y cómo lidiarlo, algunos daban su punto de vista y como lidiaban contra él.

Yo pertenecía al grupo que casi no intervenía y solo se detenía a escuchar, me sentía segura de esa manera. Mientras uno de los psicólogos hablaba de sus experiencias con algunos pacientes, me permití pensar en el mundo exterior y tan solo si Edward Cullen seguiría esperando por mí.

— ¿Bella estas con nosotros? —Carmen llama mi atención frente a los demás.

—Claro aquí estoy. —estaba realmente apenada.

— ¿Tienes algo que compartirnos sobre el miedo? —me mira expectante, justo hace menos de media hora estábamos hablando de ello.

—Hola a todos para los que no me conocen me llamo Bella. —hablo detenidamente mientras me reincorporo en la silla.

—Hola Bella. —todos dicen al unísono en la sala.

Miro a Carmen por un momento y esta solo me guiña el ojo.

Toda la vida crecí con miedo. Miedo al rechazo de mi padre. Miedo a no ser suficiente para la sociedad, miedo al abuso que sufrí a muy temprana edad.

El miedo me hizo débil y no me permitió ver las cosas a mí alrededor que si valían la pena. Pero comprendí que debemos tocar fondo para volver a surgir. Las heridas del pasado pueden no cerrar nunca, pero te ayudan a dejar atrás el miedo porque sin quererlo, te hacen más fuerte.

Es cierto escogí el camino equivocado, pero me di cuenta a tiempo para componer las cosas para redimirme, para comenzar a vivir.

Cuando nos liberamos de nuestros miedos, nuestra presencia libera automáticamente a otros.

Torpemente me alzo de hombros y suelto una risita nerviosa, estaba asombrada por todo lo que había salido de mí.

La chica a mi lado aplaude y en segundos todos en la sala la siguen miro a Carmen y me ve con mero orgullo.

Después de todo tal vez mi salida estaba más cerca de lo que creía.


Besos, nos leemos pronto❤