La trigésima y última vez que odié a Katniss Everdeen, fue cuando en una crisis emocional de madre primeriza, me hizo ir al Distrito Doce.

Habían pasado cinco años desde la última vez que la vi en persona, que fue en mi boda. De ahí, hacía uno que no la veía, que fue para la segunda boda de Johanna. Y entonces, no la había visto desde su propia boda. Al menos no físicamente.

La tecnología había crecido y se había expandido por todo el país. Ahora, lo que antes era un lujo exclusivo de los Vencedores más ricos y exitosos, como un celular, estaba al alcance de cualquier persona que trabajara. A veces hacíamos videollamada. Incluso Gale y yo cenando y Katniss y Peeta cenando. Hablando de la vida nada más.

Siempre decíamos que deberíamos juntarnos para navidad o algo así pero nunca lo hacíamos. Ya fuera por mi apretada agenda o porque a alguien le llegara un plan de imprevisto o Gale y yo teníamos un hijo enfermo, etcétera, etcérera, etcétera. Johanna siempre nos reclamaba, hasta que vivió en carne propia que los hijos te frenan muchos planes.

Nadie entendía a esa perra, a los días de llegar al Dos empezó a salir con uno de mis clientes del gimnasio, a las dos semanas juraba que era el amor de su vida, en menos de tres meses se comprometieron, al año ya estaban casándose, y al mes de casarse ya estaba divorciada y embarazada. Ahora nos reímos de los hechos, pero en su momento, era una tragedia. Ya después conoció a otro hombre, Jordan, quien también es mi cliente frecuente en el restaurante y en consulta, con quien actualmente está felizmente casada y no se parece en nada al anterior. Que ama a su hija, Ava, tanto como Gale ama a Jaret.

Y antes de todo eso, se reía porque me acosté con Gale el día que nos besamos la primera vez.

Ya que estamos hablando de hijos, con Gale tuve gemelas y actualmente tienen cuatro años, Faith y Farah. Fé y alegría, respectivamente. Ambas rubias, y las diferencía solamente el color de ojos, Faith los tiene grises y Farah, azules. Mientras que Jaret ya tiene quince y se cree un hombre, cuando a su edad, yo sentía lo mismo y no era más que una mocosa con muchos sueños, traumas y un bebé en camino.

Pero a decir verdad, sí que es mucho más maduro que la mayoría de sus amigos. Sueña con ser doctor, y, en sus palabras, regresarme todo lo que le he dado. Le digo que está loco pero me dice que no, que sólo espere y me da un beso en la frente. Ya está más alto que yo. Él sabe todo. Desde mis padres, sus tíos, hasta de James. Sabe de la chica en llamas y de los verdaderos amantes trágicos. Sabe que terminé de unificar los Distritos el día que su padre murió. Que probablemente, si su padre jamás hubiera muerto la rebelión no se hubiera ganado. Todo ha sido poco a poco, pero estoy orgullosa de lo bien que ha tomado y entendido todo.

También, empezó a decirle papá a Gale desde que tenía siete años. Fue un día que tenía que ir al Capitolio todo el día, a comprar cosas para el negocio, y él se ofreció a quedarse con él. Cuando llegué, estaban jugando con la consola que le regalé a Jaret en su cumpleaños y casi lloraba al verlos divertirse juntos. Cuando derramé lágrimas fue cuando escuché ese 《Me ganaste, papá》. Después Gale fue quien me confesó que él fue el que le dijo a Jaret que podía llamarle así si quería. Yo volví a llorar y me abrazó. No podía creer que él estaba conmigo.

La familia de Gale no me quería. O no me quiere, mejor dicho. No les gusté desde que supieron que ya tenía un hijo cuando nos hicimos pareja. Me tacharon de aprovechada y sus sinónimos. Tampoco les gustó que yo fuera cinco años menor que él. Yo pensé que Gale iba a dejarme porque siempre se ha sacrificado por su familia. Pero no, aunque le rogué que no, se distanció de ellos. Algunas veces han venido sus hermanos a visitarlo, se pueden contar con los dedos de una mano. Y puedo decir que la única con la que me llevo bien, es con la niña.

Fue la única que vino a la boda.

Ahora tengo treinta años, y me regreso a leer todo lo que he escrito a lo largo de mi vida. No había tocado este cuaderno en años. Soy una mujer ocupada y exitosa ahora. Pero decidí tocarlo por una última vez porque hoy decidí que fue la última vez que fui a terapia.

Leo lo que escribí a mis catorce, quince y dieciocho años. Y quiero abofetearme pero eso es otra historia. No puedo creer lo diferente que es mi vida ahora. Cómo el odio se transformó en una historia de fuerza. De crecimiento. Jamás me imaginé que tendría todo lo que tengo ahora. Tres hijos hermosos, un esposo maravilloso y un negocio propio. El respeto y admiración de la gente que me rodea en el Distrito. Gente que dice que soy la mejor en lo que hago. Gente que viaja para conocer mi trabajo.

No hago más que voltear al cielo y decirle a todos: "lo hicimos".

Mientras escribo esto, voy camino al Distrito Doce. Nadie sabe de la existencia de este cuaderno, lo había tenido escondido en mi armario por mucho tiempo. Al regresar a casa, sé que lo guardaré en el mismo cajón que guardé mi daga y Gale guardó un arma que cargó en la guerra.

Voy camino al Doce porque Katniss me lo pidió. No directamente, pero su mensaje lo gritaba. "Willow me está volviendo loca. ¿Cómo lo hiciste con tres niños?" Sólo le contesté: "Llego mañana". Y empecé a empacar después. Me respondió: "Por favor."

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Al entrar a su casa, se notaba que había un recién nacido. Y dos padres primerizos, más que nada.

"Cómo lloras, Everdeen. Yo tuve que hacerlo sola y con diecisiete años menos que tú."

Otra vez, ella no notó que estaba bromeando. Peeta me invitó a entrar, con cara de desesperación y un biberón en la mano. Katniss caminaba como loca con la niña en los brazos, y yo me reí.

"Para empezar, si no la agarras bien, jamás va a dejar de llorar." La pobre chica en llamas dejaba la cabeza de la niña casi al aire, y fue como si su vida hubiera dado un giro de trescientos sesenta grados cuando le acomodé bien a Willow. "Cuéntame, ¿tu madre sabe de su existencia? Porque la señora Donnovan no se enteró que era abuela hasta que Jaret tenía como cinco año y nos encontramos en la fila del supermercado."

Ambos soltaron una carcajada. Era triste y raro, pero cierto. ¿Yo qué iba a saber si Madeline estaba en el Dos? Ella siempre estaba de viaje desde que su hijo había ganado los Juegos.

"¿Y la señora Hawthorne?" Me preguntó ella entre risas.

"Supongo que Gale le informó, porque yo no lo hice."

Los tres nos reímos otra vez.

Fue un día bonito. Probé el famoso pan que hace Peeta, un éxito en todo el Distrito Doce. Ellos probaron mi comida. Les ayudé a limpiar su casa. Y aprendieron a identificar cuándo lloraba por hambre y cuándo por incomodidad. Hablamos de muchas cosas y ni siquiera sentí en qué momento se hizo de noche. Me despedí de ellos, y Katniss me acompañó hasta la puerta ya que la niña se había dormido al fin.

"Ahora entiendo por qué me odias. Hasta mi propia hija lo hace, al parecer."

Yo me giré, y me recargué sobre el marco de la puerta. La miré a los ojos y con una sonrisa le dije:

"No, Katniss. Yo ya no te odio."