Mientras Lexa sonreía y deslumbraba a teleespectadores y al presentador de aquel programa de máxima audiencia, Octavia y Anya la observaban desenvolverse ante aquellos ojos como si llevara toda la vida delante de una cámara.
- Es maravillosa, ¿verdad? - dijo Anya orgullosa - no sé de dónde saca la niña el salero, después bien que lo esconde.
- Últimamente está más...- se mordió el labio rebuscando la palabra adecuada.
- Ay niña, si, pareces que "está más" y con Lexa eso es todo un lujo- consultó su móvil - en un rato he quedado con Abby y Clarke para tomar un café, ¿te apuntas?
- Creo que no Anya, tengo que dejar a Lexa en casa y me queda todavía que revisar unos cuantos contratos de la empresa, además tengo a Raven un poco dramática en casa - le mostró una foto de Raven donde mostraba un cartel donde decía CONSEJO DE GUERRA YA. Raven se había pintado dos líneas negras sobre sus mejillas para acentuarlo. Anya rió ante la ocurrencia.
- Por la forma de expresarlo si que parece bastante urgente - intentó tironear un poco el anzuelo para ver si su compañera picaba.
- Si, bueno... Raven está convencida de que Clarke no pasó la noche con su madre - Anya la miró de reojo para que continuara sin delatar la impaciencia que se cernía sobre ella - yo le he dicho que Clarke no nos mentiría en algo así, que si hubiera conocido a alguien anoche en aquel sitio nos lo hubiera dicho.
- Estoy segura de que si - rió maliciosa para sus adentros confirmando sus sospechas -¿entonces Clarke durmió anoche con Abby? No tenía ni idea.
-Si, tras tu mensaje de que Lexa iba a acompañarla porque estaba sin batería, le preguntamos esta mañana por qué no vinó a casa. Al parecer le sentó algo mal y se cogió un taxi, es normal que quiera pasar tiempo con Abby.
- Lo más normal del mundo, si.
- Raven está algo mosca porque la última vez que la vió fue con Lexa y ya después desapareció.
Anya la miró intentando entender si era Octavia la que le estaba tendiendo el anzuelo ahora a ella y sonrió.
- Es normal que quiera pasar tiempo con Abby- dijo repitiendo sin soltar prenda.
- Si que lo es. Pero bueno entre los dichosos contratos de Jaha y la impaciencia de mi compañera de piso no podré acompañaros - respondió con cierta pena en la voz.
- ¿Es que ellos se ocupan de algo? Digo, que en qué parte de su trabajo trabajan realmente - aclaró.
- Realmente esto es parte del mío...
- Si, querida, lo que digas - suspiró- ¿Sabes qué cuándo estés dispuesta a dejar a esos dos extorsionadores que tienes por jefes tita Anya estará más que dispuesta a recibirte verdad? Aunque formemos parte del mismo equipo siempre puedes volverte del lado correcto - Octavia se volvió hacia ella con los ojos cargados de emoción.
- Yo, Anya, no sé qué decir... - la sintonía del final del progrma sonaba ahora a través de la pantalla que tenían delante de ellas, anunciando así el final de la entrevista. Divisaron a Lexa levantarse y acercarse al público que la reclamaba. Se entretuvo hablando con ellos, firmando autógrafos y haciéndose selfies.
- Tranquila O, hablaremos sin prisas de esto en otro momento - miró su reloj y devolvió la vista hacia Lexa que ya había complacido a la mayoría de asistentes y ahora charlaba animada con el presentador - ahora creo que nos toca ir a rescatar a Lexa.
Ambas mujeres se acercaron a la actriz que las miró como a una botella de agua en mitad del desierto. El hombre había posado su mano en la cintura de la castaña y le hablaba sumamente cerca, creando una situación a primeras no demasiado incómoda pero si lo suficientemente violenta como para que Lexa quisiera salir corriendo de allí.
- Está bien Paul, te llamaremos la semana que viene para cerrar la promo de primavera - dijo Anya arrastrando a su representada lejos de las garras de aquel depredador que se resistía a dejar escapar a Lexa. Tras las correspondientes despedidas consiguieron llegar a camerino.
- Pensaba que si seguía respirando un minuto más el after shave de ese tío me desmayaría allí mismo - dijo Lexa mientras se quitaba los tacones y la petaca - No ha estado mal ¿eh Anya?
Anya se encontraba apoyada contra la pared de la habitación mientras contemplaba a su amiga.
- Has estado deslumbrante, querida.
- ¡Si! Eso quería escuchar - observó como su amiga se desnudaba delante de ella y de Octavia enfundándose en los vaqueros - ¿qué te ha parecido a ti O?
- Ha sido espectacular, la respuesta que has dado sobre el personaje y la persona los ha dejado locos a todos - respondió su asistenta mientras recogía.
- Gracias O, esto es gracias a vosotras también - Anya la miró sorprendida- bien bien...me encuentro súper bien, necesito descargar adrenalina. ¿Qué hacemos hoy?
La representante la miró como si un monstruo de tres cabezas hubiera aparecido frente a ella. Eran pocos y breves esos arrebatos de euforia en su amiga.
- Tal vez si nos hubieras escuchado alguna de las 5 veces que te hemos repetido el orden del día...yo tengo algunos compromisos, Octavia tiene reunión de urgencia y tú tienes entrenamiento en media hora - ni por asomo iba a juntar de momento a Lexa y a Clarke y menos ante los ojos de Abby - ¿seguro que estás bien del hombro?
Ignoró la mueca de hastio que se había dibujado en la cara de Lexa. Le produjo un sentimiento de tristeza inmenso comprobar en aquel momento, como tantas veces antes, que ni en ese momento de felicidad su amiga podía disfrutar de una vida normal. Si Lexa Woods fuera cualquier otro habitante de Los Ángeles podrían haber cogido el coche, ir al cine, a cenar y a tomar una copa. Se le uniría Lincoln y quizás podría haber intentado convencer a Clarke para que se acercara. En su lugar, su amiga llevaba años sin disfrutar de las pequeñas cosas rutinarias.
- Si, Anya, gracias, estoy perfectamente.
- Bien, entonces... escríbeme luego y haremos algo con Lincoln, ¿te apetece? - intentó no dejarse influenciar por la decepción que se empezaba a formar en el rostro de su representada.
- No lo sé Anya, quizás después esté demasiado cansada, ¿me llevas, O?.
- Lexa, escríbeme luego - depositó un beso en la cara de su amiga mientras esta asentía montándose en la parte trasera del vehículo, anhelando con tristeza el día en que pudiera regalarle algunos de aquellos pequeños momentos, "Aún no, tan solo un poco más Lex".
Tras despedirse de Octavia, tuvo el tiempo suficiente para enfundarse en unas mallas burdeos a juego con un top deportivo. Abrió la puerta y se encontró con su preparadora lista para otra sesión apasionante de entrenamiento de estrellas. Debido a la lesión del hombro, no quería que esta forzara sin ser necesario así que tras una hora de musculación leve en el jardín de la actriz y tras coger una sudadera de capucha con cremallera, decidieron lanzarse al trote por las calles de Los Ángeles. Le vendría bien un poco de distracción a aquel cúmulo de sensaciones que amenazaban con desbordarse.
Mientras tanto, Anya llegaba a su esperado café y Octavia abría la puerta de su domicilio con tanto miedo como paciencia. Sentada en el sillón con una luz apuntándole hacia la cara estaba Raven esperándole.
- Raven, soy yo, no Clarke. Si estás intentando hacer de poli malo, te advierto que yo no sé nada.
- Octavia, ¿por qué nunca me echáis cuenta? Es desesperante, después de tantos años de amistad, de tantas veces que la vida me ha dado la razón seguis sin echarme cuenta - Octavia intentó hacer memoria y no encontraba aquellos momentos de los que hablaba Raven, fuera empezaba a llover tímidamente - Clarke tiene un lío con alguien. Estoy segura.
- Te lo vuelvo a repetir, ¿por qué Clarke nos ocultaría algo así? - Raven se quedó pensativa - ¿ves? no hay ningún motivo, Clarke ni siquiera tiene tiempo para esto, ya has visto que las dos últimas veces hemos tenido que arrastrarla para salir.
- Ajam, ¿y esa sonrisita que arrastra últimamente? Sumando el hecho de que anoche no durmió en casa. Elemental querido Watson.
- Raven... - no quería perder la paciencia - durmió con Abby, esa sonrisita puede ser que por fin esté empezando a ver la luz y...
- ¿Y si he llamado a Abby y me ha confirmado que Clarke durmió en su piso, eco, nuestro piso?
- ¿Qué has hecho qué? - levantó la voz mientras el teléfono de la empresa empezó a sonar acompañado por una lluvia cada vez más incesante - Esto no va a quedar así Raven, no me puedo creer que...-descolgó el teléfono mientras no dejaba de fulminar a su amiga- ¿Si? ¿Necesitas algo?
Raven estaba segura de que su amiga Clarke tenía un lío, y lo único que quería era apoyarla en esto. ¿Por qué era tan complicado para Octavia? Sería la solución de muchas cosas, no era su alma de cotilla, era su alma de mejor amiga la que hablaba. Y si Raven Reyes podía darle el empujoncito que seguramente a Clarke le faltaba allí estaría su querida latina para empujarla. Pero para eso ella y Octavia tenían que enterarse quién era el afortunado. ¿Es que Octavia no veía la importancia del asunto que se traían entre manos? La miró mientras seguía pegada al teléfono. Tan lista para los negocios, tan torpe para la inteligencia emocional. Menos mal que la tenían a ella. Raven Reyes siempre dispuesta para el ataque.
- Está bien, la quinta con la sexta, Le Corbusier se llamaba, ajam, que tengas buen día, cualquier cosa me dices. Chao. Hasta mañana.
- Tenemos que averiguarlo O. La felicidad de nuestra amiga depende de ese tío - dijo agarrándola por los brazos trasmitiéndole la urgencia del caso que se traían entre manos - Menos mal que me tenéis aquí.
-Menos mal Reyes - se alejó de su amiga pensando en la extraña llamada que acaba de recibir y sin querer ató los cabos que a su amiga le faltaban.
Los botines de Lexa rebotaban contra el asfalto con furia. Le encantaba el deporte, la adrenalina liberada por fin, quizás no había sido tan mala idea aquel entrenamiento después de todo. Lo hablaría con Anya, quizás fue demasiado dura después de la entrevista. Su entrenadora corría a su lado en todo momento controlando sus pulsaciones para establecer el ritmo. A Lexa siempre le había parecido muy atractiva, con aquel cuerpo esculpido en músculo por algún Dios benévolo y aquellos rasgos tan femeninos. Lo único que le había impedido intentar algún tipo de acercamiento sexual entre ellos es que le gustaba aún más como entrenadora, y la actriz no estaba dispuesta a perderla en ese sentido por un tonto desliz.
- En 20 metros, llegas a la recta, ¿estás preparada? ¿necesitas que te avise? - Lexa sabía lo que significaba, sus pulsaciones estaban al límite, era el momento del sprint final. Había empezado a llover y estaba empezando a empaparse.
- Siempre estoy preparada - dijo sonriendo visualizando los últimos metros para acabar y rematar la faena. Tras el esfuerzo acabo tirada en el césped mientras Rose, su preparadora, llegaba junto a ella.
- Vamos Lex, sabes que no puedes parar ahora.
- Tienes razón, ¿qué tal las marcas? - dijo incorporándose y echando a andar junto a ella para la vuelta a la calma.
- Las has reventado, comandante. Bien hecho - dijo chocando su mano con la de Lexa.
- ¿Incluso con el hombro?
- Incluso con el hombro.
- ¿Podrías decírselo a Lincoln? Es una cuestión de orgullo - dijo deteniéndose y apoyándose en las rodillas. Rose rió.
- Claro, será un logro como nunca antes en ningún otro desde hace mucho tiempo - ambas rieron, Rose le gustaba, tenía un sentido del humor buenísimo y se sentía agusto con ella, quizás todo esto es lo que le hizo ser sincera con ella.
- Rose, ¿tú crees...? - carraspeó intentando buscar las palabras adecuadas - ¿crees que el estado de ánimo influye en el deporte?
- Lo que más, puedes estar segura de eso Lex. Cuando estás furiosa se te nota, créeme - se sinceró en la confianza que la relación de tantos años les daba.
- ¿Por qué lo dices?
- Cuando estás furiosa es tu potencia la que habla por ti. Pero no eres capaz de canalizar toda esa energía. Ahora, sin embargo, te noto distinta, estás radiante chica y eso se nota en todas tus marcas. ¿Quieres volver andando a casa? Está empezando a apretar, no sé si prefieres llamar a un taxi...
Lexa sonrió ante la respuesta de su entrenadora y se abrió la chaqueta deportiva metiendo la mano en sus bolsillos. Llovía, pero la incesante carrera repleta de sprints la había dejado acalorada. Miró hacia arriba dejando que la lluvia le limpiara el rostro. "Radiante" esa había sido la palabra, se quedó sopesando la pregunta de Rose hasta que cayó en la cuenta de algo. Le debía una disculpa a Clarke por sus palabras de esa mañana. Una disculpa de las buenas. De las que salen en las películas que tan poco le gusta ver y menos rodar. Se lo merecía, nunca debía haber hablado así de ella. ¿Pero cómo? No tenía su número, no sabía donde vivía y mucho menos podía consultar a Anya ni a Octavia sin dar explicaciones. Podría decir qué le preocupaba cómo seguía la rubia después de aquella noche, pero sería levantar la liebre. La respuesta le vino como un destello a la cabeza.
"Quizás tomemos café luego, descansa cariño..."
La voz de Anya le llegó muy lejos, tan lejos como ella había estado aquella mañana. Anya. Clarke. Abby. ¡Claro! Ese era el compromiso de Anya. ¿Por qué no se lo había dicho? ¿Acaso se olía algo? ¿O no quería distraerla de sus responsabilidades? ¿A eso se debía la cara de culpabilidad de su representante cuando se despidieron?
- Perdona Rose, tengo que hacer algo aquí cerca, ¿nos vemos mañana? - se disculpó la actriz.
- Claro, Lex, no te preocupes, descansa - Lexa vió como su preparadora subía trote arriba en dirección a la salida del parque y sacó el móvil del bolsillo de su chaqueta. Marcó, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.
- ¿O? Perdona que te moleste, si, todo bien, oye, ¿sabes por casualidad dónde quedado Anya? Si, me suena, genial O, eres la mejor, no te preocupes, estaré bien, que tengas buena tarde tú también - colgando, consultó la dirección de la cafetería que Octavía le había dado. Quedaba a escasos 15 minutos andando de allí, se subió la capucha de su sudadera y salió corriendo en el último sprint final.
7 minutos 31 segundos después la ojiverde llegaba a la puerta de Le Corbusier, una cafetería con decoración victoriana que destacaba por su café molido a mano y sus tartas de exposición. Se vió reflejada en el cristal de la cafetería y se sorprendió de su impulsividad. Estaba empapada, con tan solo unas mallas, unas deportivas y un top deportivo cubierto ligeramente por la sudadera abierta por la cremallera. Lexa se rió a carcajadas mientras abría la puerta del establecimiento.
Esquivó varias mesas y varias miradas que le echaron por encima del hombro, dirigidas algunas a su atuendo, otras a las manchas de lluvia que iba dejando sobre la moqueta roja. Visualizó las mesas buscando a las tres mujeres, ignorando al camarero que sin reconocerla le preguntaba insistentemente si podía ayudarle en algo. Entre las voces de los asistentes charlando y riendo escuchó una risa que destacaba en su oído sobre las demás. Para Lexa era como una sirena de ambulancia en medio de una calle silenciosa, con un efecto muchísimo más reparador que el primero. Mandó a callar al camarero ignorándolo hasta que las localizó en una esquina del local. Clarke de espaldas a ella, Abby a su lado quedando de perfil hacia Lexa y Anya de frente.
El local no era demasiado grande, pero se encontraba abarrotado a esas horas, y el camino hacia la mesa se le hizo interminable. ¿Qué iba a decir? No hizo falta, como ella preveía, la primera que se percató en ella fue su amiga y representante.
- ¿Pero qué coño...? - dijo dejando de nuevo el café en la mesa - ¿qué haces tú aquí?
Clarke no sabía a qué se estaba refiriendo Anya, hasta que esa voz le llegó de nuevo como la mejor banda sonora de su vida.
- Pues estaba con Rose de entrenamiento y os he visto a través del cristal de la cafetería - dijo Lexa Woods mientras se sentaba justo en la silla vacía que quedaba al lado de Clarke a la que le dedicó una sonrisa llena de intención - y le he dicho a Rose, "Rose ¿sabes que están ahí 3 de mis chicas favoritas? 3 porque la cuarta eres tú y estás aquí entrenando conmigo" Ya sabes Anya.
Guiñó un ojo y Abby se echó a reír ante la zalamería de Lexa. Anya entrecerró los ojos, su amiga volvía ir un paso por delante de ella. Como siempre.
- ¿Y Rose? ¿Has terminado tu entrenamiento, Woods? - mientras Lexa respondía decidió terminar el café y pedirse un whisky. Doble. Solo. Lo iba a necesitar si es que no se equivocaba en las intenciones de la actriz.
- ¡Claro Anya! Y con las mejores marcas desde hace tiempo, en palabras de Rose: "Un logro como nunca antes" ¡Ya puede correr mucho Lincoln para superarlo! - rió Lexa mientras se reclinaba sobre la silla pasando su brazo detrás del respaldo de Clarke. Un gesto natural que la estudiante sabía que en ella no era tal, además esa adrenalina que desprendía le asustaba. Era como la calma que precedía a la tempestad, y ella no tenía ningún interés en ese juego. Ya no. Pero el gesto hizo que la sudadera, ya abierta, se deslizara por los costados, dejando al descubierto los marcados músculos de la morena. Clarke no pudo evitar recorrerla.
Anya apreció las miradas que la joven dedicaba a su amiga, apuró el whisky y levantó el vaso hacia el camarero para que lo rellenase rápidamente.
- ¿No crees que deberías...? - dijo señalando su abdomen.
- Vamos Anya, no me seas carca.
- Bien, pues...
- ¿Qué tal, dancing queen? - Lexa se volvió hacia Clarke estudiando sus facciones, no encontrando en ella ninguna respuesta, lo que la decepcionó y empujó a seguir insistiendo - ¿Recuperada de la fiesta de anoche? Abby tu hija es todo un descubrimiento.
- Si, eso le estaba comentando antes a Clarke durante la comida, parece que hay feeling entre vosotras, ¿es cómo se dice ahora no? - preguntó a Anya confidente, una Anya que sabía el lío que se iba a formar en breve - le he dicho que seguramente podríais ser muy buenas amigas.
La representante empezó a toser, el whisky de repente se le había ido por otro lado. Abby se inclinó sobre ella preocupándose.
- Anya, mujer, no te emociones tanto, que tienes una edad para sentimentalismos- dijo Lexa esquivando la mirada de odio de su amiga y aprovechando el despiste se volvió hacia Clarke surrurrándole - ¿qué haces esta noche?
Se volvió hacia ella como si Lexa le hubiera propuesto atracar el banco mejor franqueado de la ciudad. ¿Qué estaba tramando ahora?
- Me gustaría que...
- Lo que sea, olvídalo, Lexa - sobrecargó sus palabras de reproche para que quedara claro que no tenía ninguna intención de seguir manteniendo ningún tipo de relacion con ella.
- Por favor, Clarke, déjame disculparme - la miró de nuevo intentando vislumbrar algún tipo de sorna o broma en sus ojos. Pero la estudiante solo vió súplica, estaba a punto de darle una nueva negativa cuando una Anya que ya se había repuesto volvía a la carga.
- Lexa, vas a enfriarte, estás empapada, ¿no deberías volver a casa? - levantó una ceja para enfatizar sus palabras.
- No te preocupes guapa, tengo defensas de sobra - le guiñó un ojo demostrándole que no la iba a sacar del tablero tan fácilmente - Abby, ¿hasta cuándo vas a honrarnos con tu bella presencia?
- Mi avión sale pasado mañana - Lexa cavilaba intentando buscar una oportunidad - mañana por la mañana es la última ponencia y podré disfrutar un poco más de Los Ángeles.
Sonrió a la actriz y cogió la mano de su hija. Clarke intentaba no fijar la mirada más de lo debido en Lexa, pero entre la sugerente ropa deportiva y su magnetismo innato no era una tarea fácil. Además, percibía algo distinto en la actitud de Lexa y no estaba segura de si eso le convenía o no.
- Abby...- dijo la representante cogiendo la otra mano de la doctora que se la apretó amistosamente - por cierto Lexa, ¿qué tal tu hombro? ¿resentido? ¿necesitarás reposo?
Su amiga la miró con desafío mientras sonreía. No sabia Anya lo que acababa de hacer, ella lo sabía y la otra mujer no se daría cuenta de su error hasta que Lexa pronunciase en alto su plan.
- Pues la verdad, me ha molestado bastante - se deslizó la chaqueta por su brazo para señalar con la mano donde le molestaba - es aquí, siento una presión, como si necesitara liberarse.
Anya cometió el error de darle pie, Clarke, aún en silencio, de devolver la vista al cuerpo de Lexa. Dibujó la piel de Lexa con la mirada, recordando su terso pero suave tacto en sus manos, el hombro marcado, ese cuello donde había deseado perderse la noche anterior. También el señor de la mesa de al lado recibió una mirada de reproche por parte de su señora por mirar donde no debía. La rubia no sabía si era por la visión del cuerpo de Lexa o por el doble sentido de sus palabras pero se ruborizó.
- No sé que voy a hacer ahora sin ti Abby - volvió a subirse la manga y puso cara de cachorrito abandonado.
"A mí no me la das Alexandra Woods, vas a tener que meterte con alguien de tu tamaño"
- No te preocupes querida, llamaremos a tu fisio
- Creo que tengo una idea mejor - la cara de Lexa radiaba felicidad - Clarke, ¿por qué no me dejas tu móvil? Ya sabes, podré preguntarte y quizás podamos quedar para que le eches un vistazo.
Ahí estaba. Lexa no iba a quedarse tan tranquila sin conseguir lo que quería. Anya se dió cuenta de su error y se hizo pequeña en su silla. Clarke estaba en una encrucijada, no podía negarse ante su madre y Anya sin que esta sospecharan nada.
- Lex, no creo que...
- Es muy buena idea, ¿verdad Clarke? Así además podréis quedar para tomaros algo y contaros vuestras cosas, esas cosas que hacen las chicas de vuestra edad - Abby les agarró la cara a ambas acariciándolas - de verdad, no sabéis lo tranquila que me quedo sabiendo que Clarke os tiene por aquí. Toma Lex, cariño, te paso el móvil de Clarke por wa.
La actriz levantó las cejas a Anya que agarraba la servilleta por no agarrar a su amiga, le había hecho la encerrona de su vida. Alexandra Woods siempre un paso por delante.
- Lexa, tengo que comentarte unas cuantas cosas de las promos de los siguientes días, ¿qué te parece si vamos pidiendo un taxi y nos vamos?
- Pero Anya, si estamos...
- Creo que nosotras también nos vamos, Clarke tendrá que estudiar y yo estoy cansadísima, jamás se os ocurra ser ponentes de nada - dijo su madre riendo.
Se levantaron y aquella reunión tan dispar se dirigió a la puerta. Abby abrazaba a Anya quedando en encontrarse antes de que la doctora dejara la ciudad.
- Te llamaré - susurró Lexa.
- Ni se te ocurra - contestó Clarke, manteniendo las distancias con ella. ¿Hasta después de hacer ejercicio esa mujer tenía que oler tan endiabladamente bien?
- Clarke...- le faltó su nombre pronunciado por la estudiante, con lo que supo que no iba a ser tarea fácil que la perdonara. Estaba a punto de intentarlo de nuevo cuando el brazo de su amiga la asió por la manga - ...te llamaré
- Aquí esta nuestro Uber, venga sube - sus ojos verdes se perdieron en la distancia mientras Clarke ponía rumbo a su casa acompañada de su madre.
- ¿Qué es lo que pretendías exactamente apareciendo de repente? Y no me digas que nada, porque me estoy empezando a cansar de este jueguecito Alexandra.
La actriz rió.
- No estabas con Rachel cuando has llegado, ni siquiera estabas entrenando ya - el silencio de la morena se lo confirmó.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque la zona de la cafetería donde estabamos no tenía cristal, imbécil.
La miró y estalló en una enorme carcajada. Su representante se cruzó de brazos impertérrita.
- Ya puedes estar escupiendo qué hacias allí.
- Nada Anya. Es solo que..
Lexa volvía a estar muy lejos de allí, perdida en un azul infinito que se le antojaba cada vez más atrayente. No quería apuestas. No quería juegos. Tan solo quería descubrir hacia donde podía llevarles todo aquello, porque sabía que podía llevarles a ambas a algo. Sabía que Clarke la seguiría, solo tenía que derrumbar aquel muro.
"Solo que me apetecía verla, Anya, dilo Lexa, dilo y serás un poco más libre" ¿Lo entendería su amiga?
- ¿Solo que qué Lexa?
- Solo que...-suspiró mientras jugaba con los cordones de su chaqueta.
- Joder, Lex, si sigues con este rodeo nos van a dar las uvas niña.
- Es que no estoy preparada.
- Preparada, ¿preparada para qué?
- ¿Confías en mí, Anya? - se bajaron en casa de la actriz, había dejado el coche allí por la mañana.
-¿A qué viene esa pregunta?
- ¿Confías en mí o no Anya? - la pregunta la pilló desprevenida. No había rastro de la Lexa que llevaba tantos años bajo la máscara de Heda, allí estaba la Lexa que ella había aprendido a querer, a proteger y a tratar como a su hermana pequeña.
- Sabes que si, ¿a qué viene esto?
- Tan solo, déjame actuar, ¿vale? Esto es importante Anya, lo es de verdad, y solo quiero...- suspiró metiendo las manos en su sudadera, como aquella vez que con 6 años las pillaron pintando la pared de la casa de la abuela de Lexa - ...solo quiero saber hasta donde puedo llegar, no te lo puedo decir todavía pero hay algo que me dice que va a ser...increíble. ¿Cónfías en mí? Solo quiero hacer las cosas bien.
"- Lex, nos la vamos a cargar.
- Eso es solo si nos pillan An.
- Me cargarán la culpa a mí por tu culpa, soy la mayor y digo que no.
-¡Vamos An! ¡Quedará tan bonito! ¡Azul! ¡Y rojo! Y a lo mejor podemos dibujar "leonres", ¡quedará tan bonito An! A la abuela le encantará.
- Nos la vamos a cargar.
- Pero quedará muy bonito An...solo un poquito, ¿vale? Para poner contenta a la abuela, a la abuela le encantan los "leonres".
-Bueno...pero un poco solo - dijo mientras una pequeña Lexa a la que le faltaba un diente daba saltitos de euforia.
- An va a ser increíble - dijo enfatizando mucho la i - ¿confías en mi?
Anya le estrechó la mano mientras cogían los rotus de colores"
Y ahí estaba, la misma Lexa valiente que con 6 años asumió las culpas mientras una Anya de 9 la miraba boquiabierta. La Lexa valiente que con 15 asumió que le gustaban las mujeres con una menos boquiabierta Anya de 18. Y la Lexa valiente que con 20 le dijo que iba a ser la actriz más reconocida de su generación con una ya segura de que lo haría Anya de 23 años. Y allí estaban la Lexa valiente de 29 años y la Anya de 32 volviendo a encontrarse.
- Lo haré, te lo prometo, pero prométeme que serás la Lexa que conozco - acogió a su amiga entre sus brazos y la apretó fuertemente - te quiero y confio en ti.
- Gracias Anya - se separó subiendo las escaleras - Por cierto te debo un doble con whisky - le guiñó un ojo volviéndose.
- Eres insufrible, Lexa Woods - dijo dándose por vencida y arrancando el coche. De repente, todas las piezas encajaban. Clarke. Lexa y Clarke. Solo esperaba que nadie saliera á sepas hacerle ver a Clarke lo que yo veo en ti, "leonra".
