Ciel caminaba de un lado a otro por su habitación con un poco de ansiedad, no entendía el motivo de esta sensación repentina que le embargaba con amargura, una ligera opresión en el pecho que trataba de quitar al acariciar su vientre así sentir la calidez de su pequeño para que le brindara calma.
—¿Qué sucede Ciel? ¿De nuevo tuviste ese extraño sueño? —Era la pregunta de Noah al ver un poco alterado a su joven amigo casi padrastro, que iracundo se paseaba por la habitación cuando debía descansar.
—Si pero no es tanto eso... Tengo un mal presentimiento... Quiero que venga Sebastian. —Musitaba casi en un sollozo con la mirada llorosa— Ve a buscarlo...
—Tranquilo Ciel, seguramente el está bien dentro de poco regresará y te vas a sentir estúpido por ponerte todo histérico.
Eran sus palabras con las que trataba de calmarlo tomando sus manos las apretaba con las suyas, verlo tan pálido le preocupaba. A pesar del tierno detalle de Noah, Ciel sentía que esta angustia no desaparecía temía tanto perder a Sebastian sentía que era lo único verdadero que tenía en el infierno en que vivía, le asustaba más como este sentimiento desolador era similar al que percibía en esos sueños recurrentes cuando cerraba los ojos. Pensaba en como la oscuridad del infierno era más triste y sombría al imaginarse sin Sebastian.
—¿Has pensado como se verá tu bebé?
Ciel entendía que su amigo trataba de que pensara en algo más, por eso preguntaba aquello tan de repente, respirando profundo se tocaba el vientre nuevamente para dar una respuesta.
—Quiero que sea como Sebastian, el es hermoso aunque el mismo no se considere así. Quiero que nuestro bebé tenga sus rasgos, la forma de sus ojos, la misma sonrisa, ese cabello de color negro azabache. —Ciel se secaba una lágrima que involuntaria se le escapaba al describirlo, hoy estaba más susceptible que los demás días.
—Owww eres muy lindo Ciel, a mi papá le hago la misma pregunta y responde que su deseo es que el bebé se parezca a ti, no sé si ustedes dos son tiernos o idiotas.
El joven demonio de mirada azulina secaba esa lágrima traviesa que se le había escapado mientras esbozaba en sus labios una pequeña sonrisa ante el insulto halagador que le daban a el y al demonio que amaba. Nada anhelaba más que tener un bebé parecido a Sebastian, tal vez parecía idiota al pensarlo pero así lo deseaba.
Mientras tanto al otro lado del infierno, Sebastian contenía la respiración tratando de controlar su enojo, en su mente no podía creer lo que le habían confesado estos dos demonios frente suyo. Perder el control por una mentira o era esta una desesperada forma de provocación para que cometiera una locura; no le estaba permitido, debía controlarse así que pensaba en Ciel, en su bebé que estaba por nacer. ¿Su bebé? Ese bebé era suyo, lo sentía parte de si mismo, del amor que compartía por quien era su joven amo y ahora su adoración. ¿Cómo podía alguien siquiera insinuar que ese niño no era suyo?
Sentía como un escalofrío estremecía su ser, un vértigo lo hacia tambalear, sus sentidos se nublaban y sus frias manos se empuñaban preso del coraje y la incertidumbre que provocaba la sola idea de que ese niño no era suyo. Cuánto le indignaba el solo pensar que ese demonio a quien creyó muerto se atrevió a tocar el delicado cuerpo de su amado y Ciel ni siquiera estaba consciente de esta violación. ¿Por qué tanto coraje para con Ciel? ¿No les parecía suficiente castigo el que siendo humano hubiera sido condenado a vivir en un infierno junto a viles demonios?
—Solo dicen eso para provocarme, quieren que los lastime, me castiguen y así dejarles a Ciel a su merced. No les daré el gusto, no con sus estúpidas mentiras. —Les hablaba Sebastian tratando de ser racional y no dejándose llevar por sus impulsos naturales.
—Ese niño ya debe tener como tres semanas de concebido ¿Verdad Claude? —Hablaba el esposo de Sebastian con una sonrisa maliciosa que no se borraban de sus labios, el otro solo asentía con la cabeza ante su pregunta. —Querido "Sebastian" Ya tuviste un hijo, así que sabes que un bebé demonio en esta etapa ya reacciona al estar cerca del demonio que lo engendró ¿Ese niño lo hace?
Sebastian se quedaba callado no respondería a su pregunta perversa porque ciertamente su bebé no lo hacia pero era lógico pensar que el motivo era por el embarazo extraño en que se desarrollaba. No podía aceptar esa mentira como una verdad, todo era muy dudoso, a su mente vino el recuerdo del estado de Ciel cuando se quedó dormido por más de un día. No podía ser posible.
—Al parecer... El no te percibe ¿Será por que ese niño no es tuyo?
—No juegues conmigo... Aunque tenga que pagar el precio de un castigo los mataré a ambos si confirmo que llegaron a tocar a Ciel. Lo juro...
Sebastian les advertía queriendo acercarse amenazante al que aún era su esposo, nefasto demonio que odiaba más que nunca, pero no lo pudo hacer porque fue detenido por Claude a quien tampoco quería tener cerca esquivándolo se paraba a su lado, conteniendo sus ganas de matarlo.
—No compliques el asunto Sebastian, será mejor que hablemos o... ¿Quieres que Ciel sufra más? —Le susurraba con seriedad— No tengo nada contra del que era tu contratista, es más el me agrada pero contra ti tenía que saldar una cuenta pendiente y ya que Ciel es tu debilidad debía aprovecharlo para vengarme.
—Por eso un demonio no debe enamorarse mira lo que provoca... Eres débil y patético, me avergüenza que seas mi esposo.
Sebastian escuchaba sus provocaciones, ellos habían planeado todo este juego de venganza. ¿Qué hacer? Era imposible luchar con dos demonios sin resultar lastimado, debía admitir que en algo tenían razón, quizás era débil porque temía dejar solo a Ciel; antes la vida no tenía tanto significado y validez como ahora al descubrir el amor a su lado.
—Hay algo con esto del amor que ustedes no comprenderán nunca, pueden verlo como una debilidad pero a la vez es una fortaleza.
Al decir eso Sebastian se acercaba en un rápido movimiento atacando a su esposo atravesaba una filosa cuchilla en su pecho, mientras le sonreía con malicia la clavaba profundo.
—¿Piensas que esto me matará?
—Tal vez si o tal vez no pero debo decirte que un amigo shinigami me prestó esta pequeña arma, ¿Pensabas que iba a hablar contigo sin estar preparado?
—Claude... Ayudame... —Le rogaba este demonio sintiendo como la vida se le escapaba por el ataque de esa pequeña pero peligrosa guadaña atravesar un punto vital de su cuerpo.
—¿Sabes lo que estás haciendo? —Sin inmutarse por ese ruego le cuestionaba Claude a Sebastian.
—No... No lo sé en realidad. Solo quiero acabar con esto de una vez. —Respondía Sebastian pretendiendo atravesar a Claude de la misma forma, cuando sacó la cuchilla del pecho del otro que cayó al suelo— Si acabo con ustedes, Ciel y yo seremos felices nadie tiene que enterarse que murieron.
—¿Eso crees?
Ambos forcejeaban en ese ataque unos segundos cuando unas sombras aparecieron entre las penumbras repentinamente para separarlos.
—¿Creíste que nosotros no estábamos preparados también?
Sebastian pretendía escaparse volviendo a su forma demoniaca pero fue detenido por una fuerza mayor, su oscuro ser sucumbió en una mezcla de dolor e impotencia ¿Qué había hecho? Maldecía su naturaleza impulsiva. ¿Qué sería ahora de Ciel? Esto seguramente afectaría en su embarazo complicado, ese bebé suyo o no, podría perderlos a ambos.
—Sebastian está tardando más de lo debido. ¿No crees, Noah? —Cuestionaba ansioso Ciel en su cama sin apartar la mirada de la ventana, esperando que su amado demonio apareciera con una sonrisa como era costumbre. Pensaba en que justamente hoy tenía que llegar tarde cuando sentía el corazón en un vilo de desesperación al pasar de los segundos. Al verlo lo regañaría sin duda alguna.
El otro joven demonio ya empezaba a preocuparse también pero lo disimulaba con una sonrisa y hablando de otros temas. Sin embargo no podía evitar pensar en lo que Sebastian le había comentado antes de como Ciel cuando era un humano, era uno muy intuitivo y que seguramente esa habilidad mejoraría con el pasar del tiempo siendo demonio, tal vez por eso estaba tan abrumado el joven. ¿Algo le había pasado a su padre? No podía imaginar que los dejara solos.
Entonces los jovenes escucharon unos golpes en la puerta de la habitación, sabían que ese no era Sebastian porque el no la tocaría para entrar, solo entraría. Noah se preparaba para atacar, defendería a Ciel con todas sus fuerzas como le prometió a su padre se ponía delante suyo. Se inmutó un poco al percibir la presencia del otro lado de la puerta.
—Creo que es Mathew —Le susurró a Ciel que lo miraba extrañado.
—¿Cómo sabes?
—El bebé lo sintió, ellos sienten a su padre.
Murmuraban los dos, lo más extraño era su presencia apareciéndose así de repente cuando en semanas no habían tenido noticias de este.
—Lo siento por entrar... —Dijo entrando ya que nadie le autorizó pasar.
—¿Qué haces aqui? No quiero verte. —Con un puchero le hablaba Noah disimulando que se emocionaba verlo después de tantos días de triste ausencia.
—Debo hablar contigo... Ven acá.
—Me golpeas, me abandonas y ahora solo apareces para darme órdenes.
—Por favor Noah es algo importante.
Tomándolo de la mano lo sacaba de la habitación, a regañadientes este le seguía, Ciel trataba de contener las lágrimas porque sospechaba que algo estaba mal al verlos alejarse.
—Estaremos bien, tu papá vendrá pronto. Ya verás que si, el prometió estar con nosotros siempre... —Hablaba el joven demonio acariciando su vientre, si estaba angustiado antes ahora lo estaba mucho más, sentía como un nudo se formaba en su garganta, cerrando los ojos evocaba en su mente la galante figura de su Sebastian, rememorando su sonrisa y el "te amo" que le susurró al despedirse horas atrás. No pudo evitar llorar agobiado con la sensación de tristeza e incertidumbre, tan ensimismado estaba en sus pensamientos que no notó que su amigo estaba a su lado.
—Ciel... Debo decirte algo pero debes tomarlo con calma. —Noah le hablaba con la mirada igual llorosa, le tomaba la mano. Mathew a unos pasos observaba la escena con un semblante serio.
—¡¿Qué le pasó a Sebastian? Dimelo de una vez! Acaba con esta incertidumbre para que empiece mi agonía.
—El está vivo, solo que está en cautiverio por matar a mi padre. Lo siento tanto...
Ciel no entendía del todo sus palabras ¿Qué idiotez hizo Sebastian? ¿Cómo se atrevía a dejarlos solos? Sus tibias lágrimas rodaban por sus mejillas sonrojadas.
—Mathew, pero el saldrá pronto. ¿Verdad?
—No lo sé... Puede que si pero...
—¿Pero? ¿Pero qué?
El demonio se quedó en silencio, Noah lo abrazaba ni siquiera la muerte de su vil padre le afectaba tanto como ver la desesperación en la mirada de Ciel, pensar en el destino incierto ahora de Sebastian, el camino de los dos que se amaban con locura sería distinto. ¿Cómo decirle que quizás debía contraer matrimonio con un demonio que no amaba y abusó de él para embarazarlo a propósito? ¿Cómo decirle que al parecer esos sueños que tanto le aterraban se hacian realidad? No encontraba palabras para explicárselo.
Muchas gracias por estar atentos a esta historia. Agradezco mucho sus comentarios y votos... Ay... no me odien por hacerle esto al Cielito lindo... U.u espero actualizar pronto. 💖👀
