Disclaimer: Los personajes y el universo les pertenece Rowling y a Stephenie Meyer.
La historia es mía.
Capítulo 27.
Harry y sus primos estaban emocionados. Ese día irían al Callejón Diagon y querían que el tiempo pasara más rápido.
Cada pocos segundos uno de ellos miraba el reloj para comprobar el tiempo pero los minutos pasaban muy despacio.
Como en esos días previos a las clases el callejón estaría repleto de gente, Sirius había decidido que dejaría a Licaios con los Snape.
Eileen tenía casi un año más que Cai así que ambos congeniaban.
Lily quería acompañarlos a comprar los utensilios escolares, pero estaba cerca de parir su segundo hijo y prefirió quedarse con su marido y los niños.
Harry, Blaise y Teddy habían viajado varias veces a Inglaterra pero nunca habían sido más que unos días así que no conocían más niños mágicos. Eso no les molestaba, la verdad. Pero esperaban hacer muchos amigos en la escuela.
Teddy ya podía controlar su metamorfomagia aunque en Hogwarts podía hacer uso de ella. En el colegio muggle había sido complicado así que su padre y sus tíos le habían dado un colgante para que no se metamorfoseara sin querer.
Al niño no le molestaba,pues era desde pequeño muy inteligente y había comprendido la importancia de ocultarse.
Pero al llegar a casa, se quitaba el colgante y cambiaba sus rasgos a voluntad.
Sirius y Sam salieron de la chimenea y los niños se levantaron al mismo tiempo.
-Veo que estáis listos. Ojalá fuérais así de puntuales para las tareas. -Sam bromeó.
Blaise y Harry fruncieron el ceño y Teddy solo sonrió.
-¿Cuándo vendrán tío Alec y tío Regulus? -Blaise preguntó.
Los mencionados habían tenido que viajar a Volterra el día anterior para una visita. Aro había estado deseando conocer a Harry y James le dijo que lo llevaría en dos años, pero esos dos años pasaron y al final, ocho años después, aún seguían sin ir a Volterra.
El rey vulturi no estaba preocupado. Para un vampiro con milenios, los años no tenían importancia.
Pero Jane había querido ver a su hermano así que por eso y por algunos problemas en el sur que requerían la presencia de Alec, Regulus y él habían acudido a Italia.
-Estarán aquí para acompañarnos a la estación. -Sirius prometió.
-¿Ahora podemos irnos? -Harry se quejó.
James rió y le revolvió el pelo.
No hizo mucha diferencia en como el niño lo llevaba, la verdad, porque siempre estaba revuelto como una maraña.
Salieron de casa y se desaparecieron hacia el Caldero chorreante.
Los niños habían ido varias veces al Callejón Diagon, pero no para sus compras así que estaban más entusiasmados que de costumbre.
Y cómo no, la gente se levantó nada más verlos y trataron de saludar a Harry y miraron despectivamente a quienes los acompañaban. Tres vampiros, un licántropo, y dos muggles. Aunque a muchos no les importaba que fuesen muggles, pero sí que anduvieran con vampiros.
-¿James? ¿Sirius? ¿Remus?
-¡Hagrid! -Los nombraros gritaron.
El hombre más grande que los niños habían visto en su vida, se acercó a ellos.
Palmeó sus espaldas y si no fuera por los reflejos de Edward, James y Sirius, habrían caído de boca.
-Lo siento, lo siento. No controlo mi fuerza. ¿Cómo estáis?
-Muy bien. ¿Y tú?
-Bien también. Hoy estoy aquí por asuntos oficiales. Ya sabéis. Dumbledore necesita algo... En fin. Estos deben ser Harry, Blaise y Edward, si no me equivoco.
-Prefiero Teddy, Señor. Edward es mi tío. -El niño contestó.
-Teddy entonces. Tan educado como tu padre. Eso es expléndido.
El muchacho se ruborizó.
-Bueno, chicos. Nos veremos en Hogwarts. Soy el guardián de las llaves. Espero que vengáis a visitarme.
Los niños aseguraron que lo harían y siguieron a Hagrid cuando se abrió paso entre la gente para salir al patio trasero.
Eran las ventajas de seguir a un enorme hombre.
Hagrid pasó pero ellos se quedaron atrás porque James se encontró con un viejo amigo auror y se pusieron a hablar.
Y por fin, tras esperar lo que a los tres primos les pareció una eternidad, entraron al Callejón Diagon.
Como siempre, miraron a todos lados tratando de verlo todo. Les gustaría tener un ojo mágico como el que tenía Ojoloco Moody, un hombre del que sus padres habían hablado muchas veces.
No querrían tener muchos ojos como las arañas. Eso sería algo bastante espeluznante.
Primero fueron a la tienda de Madame Malkin.
A Blaise le encantaba probarse ropa nueva y disfrutaba las compras con tía Alice, pero a sus dos primos no les gustaba eso. Preferían hacer otras cosas.
Había varias modistas ayudando debido a la cantidad de niños que como ellos, habían esperado hasta los últimos días para hacer las compras pertinentes.
-Yo iré a buscar los ingredientes de pociones mientras tanto. -Sirius informó.
-Yo voy a buscar tinta, plumas y pergamino. -James se ofreció.
-Yo iré a por los libros. -Remus dijo más tarde.
Los tres amigos salieron dejando a los niños en compañía de los adultos restantes.
Harry se topó en la misma zona en la que una mujer le hacía medidas, a un chico de su edad, delgado, que vestía ropa elegante, tenía el pelo rubio platino, ojos grises y su cara mostraba desdén.
-Hola. ¿También Hogwarts? -El rubio preguntó.
-Sí. Es mi primer año. -Harry contestó.
-El mío también. -Asintió. -Mi madre ha ido a ver los libros y mi padre a comprar los materiales restantes.
-Así es más rápido. -El moreno comentó. -Mi familia también se ha dividido las tareas.
-Yo estoy interesado en comprar la varita. Pero no sé por qué mis padres insisten en que eso sea lo último. Además quiero una escoba de carreras. No entiendo como a los de primer año no se les permite tener una. -El joven de ojos grises hablaba arrastrando las palabras.
-¿Verdad que sí? Yo también estoy deseando tener mi varita. Lo demás... Pasa a segundo plano. Y en cuanto a las escobas, también estoy de acuerdo. Es decir: Comprendo que haya gente que no sepa usarla, pero a los que sí sabemos, se nos debería permitir llevarla.
Ambos niños se sonrieron.
-¿Juegas al Quidditch?
-Por supuesto. Quiero ser buscador. -Harry respondió.
-Yo también. Mi padre dice que sería un crimen si no me eligieran en el equipo de mi casa. ¿Sabes a cuál casa irás?
-Pues me gusta Gryffindor, la verdad.
El rubio arrugó la nariz.
Yo estoy seguro de que iré a Slytherin. Allí van los magos y brujas de importancia y sangrepura. Creo que a los demás no se les debería permitir entrar en Hogwarts. Gente que no tiene ni idea de nuestras costumbres. Todo debería quedar entre las viejas familias. ¿No te parece?
A Harry su abuelo Carlisle le había hablado de la endogamia tras una charla con su padre y padrino sobre las familias más prominentes del mundo mágico. Él pensaba que si tenía que casarse con un primo directo... No. Muchas gracias.
-Yo creo que cualquiera que tenga magia puede entrar. Y si tanto es importante el tema de tradiciones, entonces que las enseñen.
El rubio ya no se veía tan emocionado de hablar con ese otro niño.
-Amante de muggles. No me lo puedo creer. Y por cierto. ¿Cuál es tu nombre?
-¿No se supone que es lo primero que debimos habernos dado? -Harry preguntó.
No contestó a lo del nombre puesto que en ese momento una mujer con túnica malva le avisó de que ya estaba listo su pedido.
Se marchó de allí sin despedirse y después les contó a sus primos la conversación.
-Qué grosero. Como dice tía Rosalie, seguro que él solo repite lo que escucha de sus padres. -Teddy comentó.
Tras una media hora en la que pasearon por el callejón, todos se reunieron para ir a la tienda de varitas a que los niños encontraran su compañera perfecta.
La varita elige al mago. Y los padres estaban ansiosos por saber qué tipo de varitas irían mejor con sus hijos.
Edward, Sam y Jacob no entendían bien lo que ocurría, pero solo al ver el entusiasmo de sus parejas e hijos, ellos se alegraban también.
Las palabras del señor Ollivander seguían resonando en las mentes de todos. Ese presagio no les había gustado nada. La varita de Harry resultaba ser la hermana de la de "Quien no debe ser nombrado." Eso puso alerta a James. Casi habían muerto él y Lily a causa de ese maldito. ¿Es que no podían deshacerse de él? Había una profecía, su hijo tenía una cicatriz fruto de la maldición que casi lo mató y ahora su varita era...
-Iremos a elegir mascotas para cada uno. ¿Qué os parece? -Sirius trató de aligerar el ambiente.
Los niños enseguida se alegraron y se dirigieron casi corriendo al Emporio de la lechuza.
Harry eligió una lechuza blanca como la nieve que según el dueño de la tienda, ella no había aceptado irse con ninguna otra persona.
La lechuza que Teddy escogió era de color rojiza. Del mismo tono que el pelaje de Jake en su forma de lobo.
Blaise sin embargo, escogió un búho negro y gris.
Satisfechos con sus nuevas mascotas, los niños siguieron a sus padres a la heladería y disfrutaron de un rico helado de varios sabores charlando de todo lo que habían visto hoy.
