The Kraken (Hans Zimmer)
— ¿Cómo era Greszczyszyn?
— Pues...No creo que estuviera en sus cabales. Creo que después de su experiencia en el Golfo tuvo que haberse quedado tocado de la cabeza. Celebró la muerte de Groenlandia, Suiza, Austria y Akhvizland como si su equipo hubiera ganado la copa mundial de hockey sobre hielo. Luego, con la caída de la sección oceánica, cambió por completo, se puso furioso. Durante días oí insultos hacia China que realmente no quiero repetir por respeto a él y a su gente.
»De repente, para él no estábamos haciendo los progresos necesarios. Creo que Ughetti estaba presionando para conseguir mayores resultados, como conseguir calar lo suficiente en la gente para formar un partido político, como en Japón. O simplemente sus delirios le hacían tener esos altibajos. Nos reunió el veinticuatro de diciembre para apretarnos las tuercas. "El movimiento ha ganado suficiente notoriedad como para ser invitados a un talk show del canal 5. Eso lo ven millones de canadienses. Es compartido en las redes sociales, a gente de todo el mundo. Si jugamos bien nuestras cartas, estaremos en boca de todos", dijo. Y nos señaló a mí y a Uri. A Uri porque decía que un tipo de un estrato socio-económico medio más bien bajo en silla de ruedas caería simpático. Y a mí, porque yo supuestamente tenía estudios y una vocecita dulce. Yo no estaba nada seguro sobre eso, le dije, y él me respondió que lo haría bien. Que pensara en el bien común. Eso fue lo que nos dijo a todos cuando nos llamó. Era Nochebuena y allí estábamos, conspirando. El movimiento era para ellos mucho más importante que la familia, que los amigos, que todo lo demás.
— Pero eso no llegó a ocurrir, porque apareció América.
— Sí...
— Hace un par de semanas se hicieron públicas las brutales imágenes que capturó la cámara que usted llevaba oculta en un botón falso de su camisa, pero me gustaría que nos lo contara usted, señor Canadá.
— Por supuesto. Empezaré diciendo que América en ningún momento se puso en contacto conmigo o con mi gobierno para pedir permiso o nuestro parecer al respecto. Simplemente entró. Como una bola de demolición. Había hablado con el ministro del Interior y habíamos acordado utilizar la invitación al programa para detener a Greszyszyn y los demás implicados. Se suponía que debía ser sencillo, sin heridos ni complicaciones. Y...en fin, todo se fue al garete.
» Me encontraba charlando con los chicos mientras planificábamos una manifestación contra Japón por la ilegalización del partido O.W.N. Hablábamos simplemente de nuestras cosas. De las Navidades. Solo Anaïs creía en Jesucristo y eso era en el pasado, porque estaba allí para acabar entre otras cosas con la religión, pero de todas formas les había comprado regalos. Pequeños detalles. Me caían bien. No era una simple fachada. Los aprecié de verdad y lamento no haberlos conocido en otras circunstancias. Y mientras hablábamos de pequeñas cosas, como las casitas de jengibre y los jerseys horrendos de Navidad, un sonido que al principio era de fondo se fue haciendo cada vez más intenso, hasta que ya no hubo forma de ignorarlo. Era un helicóptero que sobrevolaba la fábrica. De pronto, aparecieron todos aquellos hombres uniformados que nos apuntaron con rifles de asalto. "¡Las manos detrás de la cabeza! ¡Al suelo!", nos gritaban. No sé cuántos eran, pero no pude contarlos. Nos tiraron al suelo. A Uri incluso lo derribaron de su silla de ruedas.
— ¡Uh!
— Sí. "¡Uh!"...Y lo peor es que él estaba allí. Mi hermano. Saltó del helicóptero por una cuerda. Iba vestido para la ocasión, también estaba armado, y estoy seguro de que en su cabeza había una banda sonora épica, por la forma en que se movía, como si él fuera el protagonista de alguna película. Estuve a punto de gritar su nombre, pero eso seguramente habría complicado las cosas. Me limité a hacer lo que me ordenaban y ya resolverlo todo después. Pero entonces Greszczyszyn demostró con creces lo loco que estaba. Solo sé que se oyó un disparo, luego otro, una ráfaga, y entonces lo vi correr hasta nosotros. Arrastraba a uno de los hombres de América, usándolo como escudo. Los amenazó. Los insultó. América dio orden de que no dispararan y le insultó a él también por jugar sucio (siento no ser más explícito, pero estamos en horario infantil). Mientras tanto, buscaba cómo dispararle a la cabeza sin dañar a su soldado. Greszczysz se fue acercando a nosotros, nos dijo "¡vamos!", y nos hizo salir con él. No me quedó más remedio que seguirlo. Evitaba mirar a América. Quizás hubiera debido revelarme, pero en aquellos momentos Greszcyszyn estaba fuera de sí y podría haberse vuelto aún más loco si lo hubiera hecho. "Y ahora, ahí os quedáis. Dios bendiga a los (…) Estados Unidos de América, la nación más (…) del mundo entero", dijo. Y con eso América montó en cólera. No iba a dejar que le tomaran el pelo. Así que lo apuntó con su rifle y gritó algo.
— ¿Disparó?
— ¡Vaya que si lo hizo! Falló y dio a Walter en el glúteo. Greszcyszyn respondió volándole la tapa de los sesos al tipo al que tenía secuestrado. Siento no poder describir con muchos detalles qué pasó después, pero fue una auténtica ensalada de tiros. Greszcyszyn se lució, saliendo corriendo. Me agarró de la muñeca y salimos pitando de allí. Yo quise agarrar a Youssef, pero me pegaron un tiro en la mano. Luego me dieron en el cuello, pero seguí corriendo. Ya me habían dado ahí en Normandía y no es nada agradable, pero seguía vivo, no podía morir. El que parecía inmortal era Greszcyszyn. Las balas rozaban su piel sin darle. Corría y disparaba como un loco. Normalmente parecía un tipo duro, pero en el campo de batalla se transformaba en un animal. Él solo mató a cinco soldados de América. Y te juro que no sé cómo salió vivo de aquella, con tanta gente disparando. Fue lo más confuso que he vivido en toda mi vida. Me hizo saltar por una ventana. Caí y me torcí el tobillo. Greszcyszyn me obligó a levantarme y seguir corriendo. Nos montamos en su coche. Casi lo dejaron como un colador a base de disparos, pero de alguna manera consiguió arrancar.
— Aquí tenemos imágenes de la persecución, ¡de película!
— Vaya, es incluso peor cuando se ve desde fuera...
— Se ve que consiguieron eludir a aquel ejército a base de muchas maniobras suicidas.
— Oh, sí. Como ya he dicho, Greszcyszyn estuvo en el ejército. Fue un soldado sobresaliente. Y lo peor de todo: odiaba a América y si tenía que morir por su mano, lo haría haciendo tanto daño como fuera posible. Para escapar, se metió entre el tráfico y montó un lío de mil demonios. Todo era gente que iba a celebrar la Nochebuena, y él causó un buen número de accidentes.
— Una vez hubieron despistado a América y su ejército, ¿adónde llegaron?
— Escapamos hasta Quebec. Allí, Greszycyzyn se permitió parar y respirar. "¿Estás bien, muchacho?", me preguntó. Yo estaba cubierto de sangre, pero mis heridas ya se habían curado. Él estaba satisfecho. Decía que era un hueso duro de roer. "Esos hijos de (…) nos han encontrado", decía. "El maldito América siempre tiene que estropearlo todo. Menos mal que U no estaba aquí. Tenemos que reunirnos con ella en la sede europea. El Triunvirato está tocando mucho las narices y es hora de hacérselo pagar". Estaba feliz por haberle dado en todos los morros a América, pero furioso porque habían desarticulado la rama de la que era responsable. A partir de ese momento lo único en lo que pensó y de lo que habló fue de la venganza.
— ¡Terrible! ¿Y no encontraron ningún obstáculo para cruzar el charco?
— Al parecer, para evitar los controles en los aeropuertos, el movimiento americano estaba compinchado con el dueño de una embarcación que les ayudaba en sus viajes al extranjero. Ese hombre nos dio procuró todo lo necesario para salir de allí sin levantar sospechas. Me quedé solo con Greszcyszyn, en medio del océano. No era un tipo muy hablador, pero vio que estaba asustado e hizo el esfuerzo. "Chico, tienes agallas. Eso me gusta. El mundo se está volviendo cada vez más blando. Quieren cosas, pero no son capaces de levantarse del sofá y dejar el móvil para conseguirlas. Gente como tú es la que cambiará el mundo. ¡Mírate! ¡Lleno de sangre y ni una sola herida! Te admiro de veras. Ya verás cuando te presente a los europeos. Hay un par que están chiflados, pero son buenos tíos. Amateurs, pero buenos en lo suyo."
— Por el momento, no sospechaba de usted.
— Para nada. Incluso me dejó ver el mapa. Yo aproveché un descuido suyo mientras se cosía una herida y le hice una foto. Lo peor es que me pilló. "¿Qué haces con el móvil? ¡Insensato, pueden vigilarnos con eso!" Lo agarró y lo tiró por la borda. Mis jefes ya no podían seguirme el rastro.
— Entonces, ¿cómo consiguió hacer llegar las coordenadas donde se encontraba la base del movimiento en Europa?
— Tuve tiempo de mandarle la foto al primer contacto que me apareció en la agenda del teléfono.
