— Tú sólo tienes miedo a la oscuridad — dijo él.
— Eso no es verdad. Me asusta muchísimo no ser capaz de convencerte. Tengo tanto miedo de perderte que estoy temblando por dentro.
— ¿Y crees que eso sería tan malo?
— Mucho peor que estar sola en la oscuridad. ¿Dónde voy a encontrar a otro hombre que adore este trasero? — sonrió, pero enseguida se puso seria —Te estoy desnudando mi alma, Draco. Sal al alféizar conmigo.
Poco a poco lo convencía, lo hacía creer. Había algo de mágico en ella porque Draco empezaba a pensar que quizá podía amarlo después de todo. Ella se había aventurado en la oscuridad con él y sólo le había pedido que le apretara la mano. Y ahora le pedía lo mismo. Draco sintió que el vacío oscuro que siempre llevaba dentro empezaba a cerrarse.
Tomó la mano de ella y se la llevó a los labios.
— Me quieres de verdad, ¿no? — preguntó, maravillado.
Hermione le sonrió como si acabara de darle la luna.
— Ya te lo he dicho.
Draco la sentó en su regazo y ella se abrazó a su cuello.
— Te quiero — dijo él — La besó con ternura — Te quiero — repitió.
Le sentaba bien decirlo y sonaba tan terrorífico como había pensado. La besó de nuevo, esa vez con pasión.
Cuando se apartaron para respirar, él frotó su erección en el delicioso trasero de ella. Sólo un beso y ya estaba excitado. Y antes de entregarse al placer, quería saber una respuesta.
— Tengo una pregunta — dijo — ¿De dónde has sacado esa foto?
— Me la ha dado Harry — ella le mordisqueó el cuello — Deberías mirar mi ropa interior, creo que te gustará.
Draco deslizó una mano debajo de su vestido.
— ¿Harry hizo esa foto? — esperaba encontrarse un tanga o encaje, pero sus dedos tocaron piel caliente y húmeda rodeada de encaje — ¡Oh, qué interesante! — recorrió con un dedo los labios húmedos de ella, que el encaje dejaba al descubierto.
— Con agujero. He venido armada para la batalla — sonrió ella. Le lamió el labio inferior con la punta de la lengua — La foto es de Neville.
Draco le subió el vestido y descubrió unas bragas negras con un agujero en el centro.
— O sea que Harrt se ha chivado.
Hermione se echó a reír y separó las piernas.
— Sí. Ha sido él.
Draco deslizó un dedo en su canal sedoso y ella lanzó un gemido que lo excitó todavía más.
— Me encanta que hagas esos ruidos. Me pones el pene muy duro.
— Y a mí me encanta que hables así y me toques así. Haces que me moje. Pero eso ya lo sabes.
Sí. Eso lo sabía.
— Recuérdame que le dé las gracias a Harry más tarde. Mucho más tarde. La semana que viene, por ejemplo. En este momento tengo que cumplir una promesa.
FIN...
