Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
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—No, no puedo hacerlo. —insistió Tanahi.
Menma la miraba con una mueca de frustración en la boca bien formada.
Shivhan lloraba quedamente mientras la madre la apoyaba sobre un hombro, luego sobre el otro.
—Tienes que hacer algo distinto de ser una criada. Piensa en tu hija.
—Mi mamá era sirvienta. Y la madre de ella también. ¿Qué hay con eso? —Dijo, exasperada.
—¿Qué necesidad tienes, si yo puedo instalarte una tienda para que estés mejor? Piensa en la niña. Podría ir a la escuela y vivir de un modo más digno. ¿Cómo lo lograrías con el salario de una criada?
Tanahi se acercó a la ventana del sótano y miró a través de la reja con arabescos que mantenía la casa a resguardo de los ladrones. Apretó a Shivhan contra el pecho.
—Te lo dije, no está bien que acepte esos ofrecimientos de un hombre.
—Podrás devolvérmelos.
—Jamás podría.
—A mí no me importa, ¿por qué tendría que importarte a ti?
Tanahi le echó una mirada y luego volvió a ocuparse de la niñita.
—No puedo hacerlo. No puedo.
Menma se pasó la mano por el mentón. Para él, todo había resultado simple. Mas desde la aparición de Tanahi, todo parecía imposible.
—A veces creo que no te agrado.
La muchacha se volvió.
—¡Eso no es verdad! Fuiste un santo para nosotras. —miró a Shivhan con los ojos velados.
Menma se acercó a Tanahi.
—Y entonces, ¿de qué se trata?
—No lo entenderías.
—Explícamelo.
Tanahi se quedó callada y palmeó a la niñita apoyada contra su hombro. Cuando estaba a punto de hablar, Shivhan eructó como un bebedor de cerveza.
Los dos se quedaron callados, estupefactos de que una criatura tan pequeña pudiera producir semejante ruido. Menma fue el primero en reír, y luego Tanahi lo imitó. Shivhan había dejado de quejarse... lo cual no era de extrañar... y contemplaba a Menma con mirada soñolienta y vidriosa.
Todavía riendo, Menma extendió la mano y tomó a Tanahi por la barbilla. La muchacha dejó de sonreír en el momento en que los labios del joven se posaron sobre los de ella.
De acuerdo a las pautas de Menma, el beso fue breve y respetuoso, y al parecer Tanahi lo disfrutó, pues la boca respondió con blandura y suavidad, tal como el hombre esperaba. Cuando el beso terminó, de sólo mirarla Menma se sintió culpable. La expresión de Tanahi osciló entre la acusación y un casi imperceptible matiz de deseo.
—Estás enfadada. —Musitó.
—Me marcharé hoy de aquí. —Afirmó Tanahi en tono sereno—. Te refieres a Irlanda como si tuviésemos la patria en común. No tenemos nada en común. —Recorrió con la vista la cocina: hasta ese sitio era más lujoso que los lugares donde había vivido en Irlanda—. Sólo los nobles viven en casas como ésta. Menma, tú perteneces a la "nobleza" norteamericana. —Rompió a llorar—. Y no pienso tener un hijo tuyo de modo que, ya puedes echarme a la calle. —Tras esa última afirmación, envolvió a Shivhan en la mantilla regalada y huyó hacia su pequeña habitación.
Con la boca abierta de asombro, Menma la vio irse, incapaz de detenerla.
Para las tres de la tarde, los dos Uzumaki estaban ebrios. Menma entró en la biblioteca poco después del almuerzo, y se sirvió del whisky de Naruto. El paso del licor por la garganta fue una tortura, que se sumó a la que ya sentía; por otra parte, podría emborracharse más rápido con un par de tragos de ese whisky de Five Points que con una bebida más fina.
Pasaron dos horas, y ninguno de los dos habló. Naruto golpeteaba el bastón contra la reja del hogar y contemplaba los tizones fríos, mientras Menma trasegaba más whisky de lo aconsejable.
Por fin, Menma bebió con desagrado un último vaso y lo apoyó con un golpe sobre la mesa.
—Estoy en problemas —Anunció, arrastrando las letras—. Naruto, viejo querido, tú eres mi hermano grande y malo. ¿Qué harías en mi situación?
Perplejo, Naruto cruzó los brazos sobre el pecho y lo observó. Si su pronunciación no resultara un poco arrastrada, sería imposible advertir que estaba borracho.
—¿Qué situación?
—Las mujeres, Naruto, las mujeres.
—Dímelo a mí. —Naruto vació la copa.
—Tanahi está enloqueciéndome. Creo que me enamoré de la muchacha.
—Jamás te enamores.
La advertencia sorprendió a Menma.
—Ya es tarde. Por otra parte, Tanahi necesita un marido. Y Shivhan necesita un padre. —Con expresión desafiante, pasó el dedo por el borde del vaso—. ¿No me... replicas?
—No.
—Caramba, qué sorpresa. ¿Qué está sucediéndote? Creí que querías para mí... algo mejor.
—Yo obtuve algo mejor... y mírame.
Menma observó la figura melancólica de su hermano.
—Menma, cásate con una mujer que sea inferior a ti. De lo contrario, tu vida será un sufrimiento interminable.
—Naruto, Hinata te ama... te ama.
Naruto le dirigió una mirada lúgubre. La respuesta fue tan concisa y poética como desesperanzada.
—¿Cómo se hace para mezclar whisky con champaña? ¿Cómo cantas Bríd Óg Ní Máille, con la melodía de "Danubio azul"? ¿Lo sabes? — El fuego que había en los ojos de Naruto se extinguió—. No se puede. Es imposible.
CAPÍTULO 31
ÍNDICE / CAPÍTULO 30 — El pacto
Hinata estaba sentada en el patio de las palmeras de la mansión, ante la taza de café del desayuno. La rodeaba una agradable fragancia vegetal, y la fuente borboteaba en el centro 'del patio rodeado de hierro y cristal. Las horas transcurrían con una lentitud exasperante. La mansión. estaba silenciosa como un mausoleo de mármol, una prisión en la que la joven aguardaba noticias de su hermana.
No había habido noticias. Al parecer, su hermana había desaparecido sin dejar rastros. A pesar de que el personal del asilo la había buscado con desesperación, y los detectives entraban y salían de la casa a todas horas, informando sobre pistas falsas, no hallaron nada. Hanabi Hyuga se había esfumado en el aire.
A pesar de que estaba triste y ansiosa, Hinata había hallado tiempo para pensar en las duras acusaciones que le había lanzado a Naruto. Al enterarse de la desaparición de Hanabi, llegó al límite de su tolerancia, sacudida por la alegría y el dolor de la relación con Naruto. Su esposo siempre la hacía sentir vulnerable, en especial después de la intimidad del amor, y más aún de haberle confesado que lo amaba. Al enterarse de la desaparición de Hanabi quedó destrozada. Perdida toda lucidez, se descargó en su esposo.
Ahora, cada vez que se miraban desde ambos extremos de la mesa, cada vez que lo veía desde lejos en el vestíbulo, sólo quedaba entre los dos un silencio aterido. Se sentía estúpida por haberlo acusado. En la mansión había tantos detectives que habían dejado un camino de huellas hasta la puerta del estudio. Si Naruto sólo estaba fingiendo interés, lo hacía de un modo impecable.
Rozó la hoja de una de las palmeras, pensando que tendría que disculparse. Ya tenía el corazón desgarrado por la situación de Hanabi y no podría soportar también la pérdida del único hombre que amaba y amaría por siempre. En el presente estaban más alejados que nunca, más aun que cuando Naruto la había obligado a casarse.
—Señora Uzumaki, una carta para usted. —Whittaker entró en el patio.
—Gracias. —Dijo, ansiosa, tomando la carta y el abrecartas de oro. Al mirarla, comenzaron a temblarle las manos. Era la letra de Hanabi.
—Señora, ¿se encuentra bien? –Preguntó Whittaker.
—Muy bien... muy bien. —Musitó, tratando de abrir el sobre. Los ojos de Hinata devoraron la carta.
Mi queridísima hermana:
Qué doloroso es escribirte de este modo, desde tan lejos, sin poder hablarte de lo que tanto me pesa. Cuando la recibas, ya estarás enterada de mi huida. Sé que fue duro para ti, pero te juro, Hinata, que no tuve otra alternativa. En Park View hubiese perecido, mas no por los motivos que tú supones.
Hermana, esto te sorprenderá. Y ahora que lo descubrí, agradezco a Dios todos los días de que tú hayas permanecido de mi lado y defendido mi inocencia contra toda sospecha. Sé que, de alguna manera, tú sufriste más que yo por la muerte de papá y mamá. Al menos, yo quedé tan confundida que no sentí el dolor. Tú no tuviste ese alivio. Por eso, siempre recordaré tu valentía.
Yo no maté a mamá y a papá. Y sin embargo, la muerte de ellos no fue un accidente. Ahora lo sé, pues hace una semana desperté recordando lo sucedido con tal claridad que lloré, rogando la bendición del olvido. Mi recuerdo es espantoso, Hinata, pero me libera. Ya no debo cargar con la culpa de un crimen horroroso, porque ahora sé quién mató a nuestros padres.
Y por ese motivo tuve que huir. Hinata, Hizashi todavía está por ahí, y sin duda me buscará, como estoy segura que tú también lo harías. Pero en el caso de nuestro tío, si me encuentra, me matará. Sé que después del primer impacto, tu reacción será la de buscar al tío y acusarlo de este crimen horrendo. Recuerda siempre esto: tú también estás en peligro. Aunque supongas que tienes razón, no debes de acusarlo, pues no existen pruebas. Sólo cuentas con mi palabra, y aunque sé que tú me crees, los demás no me creerán: estuve tres años en el asilo de Park View. El nuestro es un caso perdido.
No obstante, Hinata, no llores por mí. Voy en busca de una vida mejor, por más penosa que parezca en el presente. Con la venta de mis joyas obtuve dinero suficiente para mucho tiempo. Debes creerme: quedarme en el asilo hubiese significado un destino mucho peor que el anonimato que elegí.
Hinata, mi situación actual es terrible, pero mi dolor más grande es estar separada de ti. Te quiero. Dentro de unos años, cuando la amenaza haya desaparecido, te prometo que apareceré ante tu puerta. Cuando toda esperanza haya muerto, yo llegaré. Te abrazaré, y jamás nos separaremos. Recuperaremos los años que nos arrebataron, y por ese único motivo el tiempo futuro será más dulce.
Hinata, no me busques, pues no me encontrarás. Debo escapar, ya que también temo por tu vida. Es mejor que permanezcas en la ignorancia. Cuando llegue el momento, la Justicia nos encontrará. Entretanto, tienes que saber que siempre pienso en ti. Ruego por tu magnífico esposo y por los sobrinos que algún día conoceré. Y espero que comprendas que las cosas tienen que ser así, y que sepas que al fin seré feliz.
Tu hermana que te adora,
Hanabi
Hinata se quedó contemplando la carta, sin saber si los borrones habían sido causados por sus propias lágrimas, o por las de su hermana. Hacia el final, la escritura era apresurada, y se preguntó en qué circunstancias la habría escrito. El matasellos era de Manhattan, pero, ¿dónde? Se imaginó a su hermana en un muelle o en una estación de trenes, sola y asustada, viajando hacia el oeste o incluso hacia el oriente para escapar de los demonios que la perseguían en Nueva York.
El dolor de perderla, quizá de no volver a verla más, le estrujó el corazón. Mas el horror siniestro de saber que el criminal verdadero había escapado impune de ese crimen odioso fue peor aún. Por culpa del tío, Hanabi había sufrido una agonía mental indecible. Se vio obligada a madurar a una tierna edad. Hasta la carta parecía escrita por una muchacha mucho mayor de dieciséis años, más sabia, más castigada por el destino. Fue criminal someterla a semejante situación; la idea de que se podría haber evitado si la justicia les hubiera sido favorable provocó en Hinata deseos de gritar de furia.
No obstante, permaneció callada. La furia y el deseo de venganza tendrían que dormir hasta que supiera qué hacer. Hanabi tenía razón. Al menos por el momento, no podía acusar. Necesitaba ayuda, y para eso, necesitaba a Naruto.
Ansiosa de encontrarlo, alisó la carta y la apretó un instante contra el pecho. Quizá la carta fuese lo último que recibía de su hermana; trató de contener las lágrimas.
"Algún día —Le prometió en silencio a Hanabi —, Nos vengaremos de lo ocurrido. De alguna manera, lograré hacer justicia aunque me lleve el resto de la vida."
Trató de recobrarse. Se volvió y vio que Whittaker aún estaba de pie a la entrada del patio, y la observaba preocupado.
—¿Dónde está el señor Uzumaki? —Preguntó Hinata con suavidad.
—Está en el estudio, señora.
Hinata encontró a Naruto en la biblioteca, ante el escritorio, examinando la pila de informes acerca del paradero de Hanabi que le habían llevado los detectives de Pinkerton. Cuando su esposa entró, Naruto alzó la vista.
—Whittaker me dijo que llegó una carta para ti.
Hinata contempló las facciones adustas de su esposo; una parte de ella deseaba suplicarle ayuda, la otra ansiaba huir, avergonzada por la renuencia de Naruto a admitir que la amaba.
—¿De modo que recibiste noticias de tu hermana?
—Sí. —Hinata lo miró, dudando de mostrarle la carta de Hanabi—. Tal como dijiste, se escapó. Ya no podía soportar el asilo. No tengo datos de su paradero; el matasellos es local.
—¿Puedo verla?
A desgana, la joven se la dio. Naruto la leyó, la boca apretada en una línea fina.
Por fin, murmuró: "¡el muy canalla!", y Hinata comprendió que se refería a Hizashi.
—¿Podríamos encontrar a mi tío? —Murmuró su esposa.
Naruto ya estaba escribiendo instrucciones para los detectives.
—Tengo que hacerte otra petición. —Le tembló la voz. Ya era hora de enfrentar al león por última vez.
Naruto alzó el rostro y las miradas de los dos se encontraron.
Luego de haber hecho el amor, estaban en un callejón sin salida. Y ahora que el futuro de Hanabi estaba en manos de los hombres de Pinkerton, Hinata supo que tendría que concentrarse en salvar o en disolver el matrimonio.
Se aclaró la voz.
—A partir de este momento, nunca volveré a mencionar este tema. El duque anunciará el compromiso con Karin en el baile de la señora Mei Astor. Lo dejo en tus manos, Naruto. Sólo necesito una evidencia de que tú deseas este matrimonio tanto como yo. Sabes que si recibo esa evidencia, me quedaré... —Se le quebró la voz— ... Para siempre. —Trató de contener las lágrimas—. De todas maneras, si insistes en que disolvamos el matrimonio, debo decirte que después del compromiso de Karin me mudaré a otra casa, y esperaré a que consigas de inmediato la anulación.
—No me agrada recibir ultimátums. —Los ojos de Naruto adquirieron un brillo amenazador.
—Ya sé que no te agrada. —Dijo Hinata.
—Tu discursito es en vano, te aseguro que el duque no hará el anuncio. No creo que Karin se comprometa hasta dentro de mucho tiempo. Me temo que no te librarás tan rápidamente de mí.
Hinata alzó la barbilla, asombrada de poder hacerlo mientras se sentía morir por dentro.
"Lo amo —Pensó—. Lo considero mi esposo en todo sentido."
Habían compartido la cama, mas la prisa de Naruto por obtener la anulación quitaba el valor a lo que había sido un acto mágico e intenso. Creía ganar tiempo suponiendo que el duque no se comprometería con Karin; estaba equivocado.
Hinata no tenía otra alternativa que terminar con esa incertidumbre que estaba destruyéndola.
—Si el hombre que amo no es capaz de amarme, cuando se formalice el compromiso de Karin, este matrimonio tendrá que acabar. —Observó el efecto de sus palabras en el rostro de su esposo. Por un instante creyó descubrir una expresión de dolor que pronto fue reemplazada por ese rostro distante que tan bien conocía. Se volvió hacia la ventana, maldiciendo las lágrimas que de pronto le arrasaban los ojos. Había perdido a Hanabi y ahora lo perdería a él. No podía soportarlo.
Volvió a aclararse la voz para que Naruto no se diera cuenta de que estaba a punto de sollozar.
—La…lamentablemente, tengo que ser mercenaria. Necesito ayuda para encontrar a mi hermana. Si nos separamos, espero que continúes...
—Encontraré a tu hermana, pase lo que pase entre nosotros.
No podía demostrarle toda su angustia.
—Gracias —Respondió, sintiendo que el corazón le pesaba en el pecho como una piedra. Había dicho todo lo que tenía que decir; recogió la cola del vestido y salió de la biblioteca.
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Continuará...
