DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Jonesn. Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
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Capítulo 30
EPOV
La pesada puerta de madera se abre, revelando la última cosa que quería ver.
—Bella. —Está atada a una silla, su cabeza baja, largo cabello castaño cubriéndola.
Sin pensarlo, guardo mi pistola en mis pantalones, entrando a la habitación para ir con ella.
—Bella. —Alzando su barbilla, sostengo su cabeza en mis manos y busco por sangre o moretones. No veo nada.
—Está bien. —No necesito mirar para saber quién es el dueño de la voz. Marcus es un hombre de pocas palabras pero cuando él habla, escuchas—. Tienes suerte de que Caius aprecie una cara bonita.
Bajando gentilmente la barbilla de Bella de nuevo contra su pecho, me pongo de pie y lo encaro.
—Ella no tiene nada que ver con esto.
—Al contrario. Ella tiene todo que ver con esto. —Su abierta y divertida sonrisa se vuelve amenazadora—. La única petición de Alice fue que no te lastimara físicamente. Ella fue… tajante. Así que, le di mi palabra. Y tú más que nadie deberías saber que soy un hombre de palabra. ¿Acaso no es cierto… Edward?
Lo sé demasiado bien.
—Así que… —Se levanta de su silla para caminar lentamente hacia donde está Bella—. Por lo tanto, si la lastimo a ella —señala a Bella—, yo, por seguro, te lastimo —me señala—. Siempre manteniendo mi palabra a mi… terriblemente equivocada hija. Lo heredó de su tío. ¿No es eso cierto, Aro?
Marcus mira a la esquina de la habitación mientras un hombre emerge de las sombras. Un hombre que luce exactamente como Marcus. Son idénticos desde el largo cabello castaño claro en sus cabezas a los trajes y zapatos negros que están usando.
—No estoy seguro de que se conozcan. O quizá lo han hecho. No lo sé. Es difícil mantenerme al tanto, estar en dos lugares a la vez. —Marcus bufa una risa, caminando hacia una mesa y desenredando una bolsa de cuero llena de artefactos de tortura. Mi estómago se cae.
—Por favor no —le ruego.
—¿Qué piensas, Aro, pulgar o dedo primero? —pregunta Marcus.
Aro se mantiene en silencio.
—Serás tan útil como siempre, ya veo. Juro que no sé por qué te mantengo aquí. Es un desperdicio de dinero, eso es lo que es. Dinero que podría gastar en mí. Una tercera casa, quizá. Paris siempre es lindo. Lindo como tu belleza de aquí. —Alzando uno de los cuchillos, camina hacia Bella, usando el cuchillo para quitar el cabello de su mejilla—. Sí. Creo que dejaré su rostro para el final.
Me lanzo hacia él pero Aro me sostiene, aferrándose a mis brazos.
Marcus deja que el cabello de Bella caiga de nuevo, haciendo un ruido de decepción al mismo tiempo que sacude la cabeza y coloca el cuchillo sobre su dedo meñique.
—Este dedo se fue al mercado —se burla.
Aro asegura mis brazos detrás de mi espalda con uno de los suyos para buscar debajo de mi chaqueta. Busca mi arma mientras Marcus se sigue divirtiendo, terminando la canción infantil justo cuando Aro saca la pistola de mis pantalones y la apunta hacia su hermano. Cuando la carga, Marcus lo mira.
Si Marcus está sorprendido, no lo hace evidente.
—¿En serio, hermano? ¿Acaso no hemos hecho esto antes? —Irguiéndose, baja el cuchillo hacia su costado—. Ambos sabemos que no lo harás. No lo tienes dentro de ti. Es patético, en realidad, lo débil que eres.
Aro se queda en silencio, sin inmutarse.
—Si padre te pudiera ver ahora. —Marcus alza la mano sosteniendo el cuchillo en dirección a Aro ates de girarse—. ¡Estaría tan decepcionado! —Girándose por completo, Marcus lanza el cuchillo justo cuando Aro jala el gatillo.
Todo pasa demasiado rápido.
Empujándome, el cuchillo da en el hombro de Aro.
Marcus mira hacia abajo sorprendido, luego lleva su mano a su pecho. La sangre corre entre sus dedos y cae de rodillas, cayendo con un fuerte golpe de cara al suelo.
Salto cuando escucho un segundo disparo y me doy cuenta de que Aro puso una bala en la cabeza de Marcus solo para estar seguros.
Santa mierda.
Charlie entra con su arma en el hombro de Laurent. La mantiene apuntada hacia Aro, quien probablemente piensa que es Marcus, hasta que Aro me tiende el arma de vuelta.
—Gracias. —Es la primera vez que habla en todo este tiempo. Suena tanto como Marcus. Es aterrador.
—Lamento el comportamiento de mi hermano —dice, sacando el cuchillo de su hombro e inclinándose para desatar a Bella. La atrapo cuando cae y la acuno en mis brazos. Aro bufa y luego se pone de pie, arrojando el cuchillo a la mesa—. Pero bueno, él siempre ha sido un hijo de perra.
Mi mente es un caos en este momento. Todo lo que puedo hacer es pararme ahí.
—Edward, ¿cierto? —pregunta Aro.
Asiento torpemente.
—Edward, ¿por cuánto tiempo estuviste bajo la nariz de mi hermano sin que él lo notara? No es que alguna vez lo hiciera. No hasta que se lo dijeron. —Aro mira a Laurent y luego a mí, expectante.
—Un rato.
—Sí… —Me mira por un momento—. Bueno, ahora que eso se ha terminado… —Señala hacia el cadáver de Marcus—. Tengo una proposición para ti. Una tregua, si así lo quieres.
Miro el rostro durmiente de Bella, ansioso por sacarla de aquí.
—¿Qué es lo que tendría que hacer?
Aro se ríe, juntando las manos frente a su rostro antes de estirarse para acomodar mi solapa.
—Nada, querido niño. Absolutamente nada.
Parece ser demasiado bueno para ser verdad.
—Tus problemas están con mi hermano muerto, no conmigo.
—Mis problemas están con las drogas que tu hermano pasa alrededor de mi ciudad.
Aro me mira.
—Por supuesto. —Se encoge de hombros—. Por supuesto. Es por eso que toda producción se detiene en Chicago. Cessare. —Junta sus manos, como si las estuviera limpiando—. Sin distribución, sin ventas. Tienes mi palabra.
—¿Cuál es la trampa?
Aro sonríe, mira a su hermano en el suelo y luego a mí.
—Ahora que mi hermano está fuera de la jugada puedo dirigir las cosas a mi manera. Más inteligente, más eficiente. Tú más que nadie deberías saber que la guerra de las drogas no es una guerra en lo absoluto. Es un sistema pragmático, Edward. Y es muy profundo. Más profundo que cualquier agujero de conejo al que te atrevas a entrar. —Su mirada de dirige a Bella en mis brazos y de nueva cuenta a mí.
Aunque odie admitirlo a mí mismo, sé que tiene razón. Este no es trabajo para un solo hombre. Demonios, este no es un trabajo para todas las estaciones de policía de todas las ciudades. El sistema es corrupto. Rezo porque no pero temo que siempre será corrupto. Lo mejor que puedo hacer ahora es mantener a Bella y mis calles seguras.
—Todo lo que tienes que hacer es irte a casa. Olvídate de este lugar. Olvídate que esta noche sucedió. Olvida que esta pelea siquiera pasó. Y mis hombres y yo, nos olvidaremos de ti. Excepto por él. —Señala a Laurent—. Él se queda aquí.
Aro retrocede para guardar el cuchillo de Marcus, dándonos la espalda.
—Véanlo como una victoria. Una pequeña victoria pero una victoria a fin de cuentas.
Miro a Charlie para que me diga qué hacer.
—¡Váyanse! —grita Aro.
Charlie arroja a Laurent al piso y me apresura.
—Váyanse antes de que cambie de opinión —amenaza Aro, y Charlie me apresura hacia la puerta—. Y cuida bien de mi sobrina por mí.
Aro se gira, y asiento hacia él antes de salir, Charlie detrás de mí mientras bajamos los escalones de dos en dos.
Los gritos de Laurent llenan la escalera y pasillos mientras caminamos hacia la puerta principal.
Nuestro auto está justo afuera y encendido. Charlie salta al asiento del conductor mientras deposito a Bella en el asiento trasero, su cabeza en mi regazo mientras salimos de aquí.
Bella comienza a reaccionar una vez que llegamos de vuelta al hotel, pensando que decidimos drogarla y regresarla al hotel solo por su terquedad. Probablemente debimos haberlo hecho.
Le digo lo mínimo. Marcus está muerto. Sacamos al cártel de Chicago. Charlie está bien, Laurent obtuvo lo que se merecía. No necesita preocuparse.
Yo haré eso por ambos.
No duermo esa noche, solo me quedo despierto mientras miro a Bella respirar. Ambos aún estamos respirando. Me aseguré de eso. Eso es todo lo que importa, trato de decirme a mí mismo.
La mañana llega y aún estoy en alerta. Todo el vuelo. Una vez que aterrizamos. Por semanas.
Soy tratado como un héroe en la estación, lo que me hace sentir aún peor acerca de aceptar las cosas y salir corriendo. El papá de Bella es el único que sabe la verdad. Lo sabe y no me juzga por eso. Dice que nadie lo haría.
El jefe sabe que hice mi trabajo. Marcus está fuera de las calles. No ha habido señales de que sus hombres se quedaran por aquí. He escuchado que los traficantes locales ya no tienen suministros. Unos se quedaron por aquí pero los atrapamos por intentar construir laboratorios de metanfetaminas en casas abandonadas. Pero el resto parece haberse ido.
Por ahora.
Como Aro dijo, el sistema es profundo, es corrupto. Eso significa que Aro lo es. Dado que no voy a perseguirlo para protegernos a Bella y a mí, significa que yo también lo soy.
BPOV
Termino de voltear el último sándwich de queso fundido cuando Edward atraviesa la puerta. Arrojando sus llaves en la encimera, rodea la pared para darme un beso en la mejilla.
—Mm, queso fundido. Debe ser mi noche de suerte.
Lo miro, apuntándolo con la espátula.
—Cada noche conmigo es tu noche de suerte.
—Créeme, lo sé. —Alza las cejas. Sonriendo, toma el plato de mis manos y mira al piso. Veo su rostro caer antes de que se dé por completo la vuelta.
Ha sido así por semanas. Bromeo, él apenas reacciona y luego se pone estoico o me deja sola por completo. Suficiente es suficiente.
—Alice y Jasper tendrán una barbacoa mañana en la noche.
—¿Una barbacoa a mitad de la noche?
—Sí. —Me siento junto a él en el sofá con nuestro té—. ¿Por qué no? Su departamento se abre en el callejón y puedes ver algunos árboles.
Edward deja salir una risa y luego llena su boca con casi un triángulo entero de pan y queso.
—¿Estás pensando en dejarme? —Me lo he preguntado un millón de veces pero esta vez lo digo en voz alta.
Miro cuidadosamente por pistas en su rostro pero todo lo que veo es a él tratando de no ahogarse. Lo palmeo en la espalda.
Tomando un profundo respiro, tose.
—Jesús, Bella.
Tos.
—¡No!
Tos.
—¿Por qué demonios pensarías eso?
Admito que no fue el mejor momento para decírselo.
—Algo anda mal desde que desperté en el hotel en Italia. Lo siento. Lo veo. Has estado distante. Tu mente ocupada. —Toco su frente con arrugas. Se suaviza junto con sus ojos.
—Sí —suspira, luciendo culpable—. Lo he estado haciendo, ¿no es cierto?
Asiento.
—Lo siento. Pero no tiene nada que ver contigo, lo juro. —Se estira por mí. Me acerco, aceptando su petición y subiéndome a su regazo.
—Es Marcus, ¿no es cierto? ¿Te sientes culpable por asesinarlo? ¿Fue el primero? —pregunto, continuando sin una respuesta—. Pequeños pedazos vuelven a mí, ¿sabes?
—No me digas.
—Lo hacen.
—¿Como qué?
—Recuerdo gritos. No míos, sino de un hombre. —El recuerdo es estremecedor. Tiemblo un poco.
Edward cierra los ojos, sus manos dejan mis caderas para frotarlos.
—¿Mi mente está inventando cosas?
Edward me lanza una mirada de simpatía antes de que todo salga a la luz y confiese lo que ha estado pesando en su mente y corazón.
—No tienes nada de qué avergonzarte, Edward. ¿Eres increíble? Sí. Pero solo eres un hombre. Eres mi hombre. Y todo lo que necesito es que estés a salvo. —Pienso en eso por un nanosegundo—. Y que me mantengas a salvo. Sé honesto conmigo. Ámame. Hazme el amor. ¿Cómo puedes hacer eso si no estás aquí? ¿Mental y físicamente?
Los ojos de Edward brillan con lágrimas sin derramar y pienso que finalmente llegué a él.
Acomodando mi cabello detrás de mis orejas, se aclara la garganta.
—Eres lo mejor que me ha pasado. —Sus dedos siguen los largos mechones que cuelgan por mis hombros y luego me jala un poco hacia delante.
—Así que, ¿preferirías que te golpearan a no conocerme? ¿Es eso lo que estás diciendo? —pregunto, mis labios por encima de los suyos.
—Lo que estoy diciendo es que aguantaría golpizas infinitas si significan que podré pasar la eternidad contigo.
Apenas presiono mis labios con los suyos antes de separarnos.
—¿Acabas de… acabas de hacer lo que creo que hiciste?
—Eso depende. ¿Qué crees que acabo de hacer? —La mirada en su rostro me dice que sabe exactamente de lo que estoy hablando.
—¿Me acabas de pedir que pase la eternidad contigo? —pregunto, parcialmente en shock, parcialmente entusiasmada.
—Bueno, sí. Quiero decir, no me molestaría estar contigo por siempre. —Se encoge de hombros como si no fuera la gran cosa.
—¿No te molestaría? —pregunto con incredulidad.
—No. ¿Por qué? ¿No te gustaría estar conmigo por siempre?
Me pone nerviosa, abriendo y cerrando la boca como un maldito pez.
—Espera un minuto. Espera. ¿En realidad estás haciendo esto? ¿Me estás pidiendo que me case contigo? —Mi corazón late demasiado rápido. Es difícil respirar.
—Oh, no —dice Edward casualmente como si no hubiera hecho explotar a mi corazón—. Sabrás cuando te lo pida.
—¿Cuando?
—Sí, sabrás si lo hago.
—¿Si? —pregunto, mi voz un poco alta. Quiero golpearlo tan fuerte justo ahora.
Inclinándose, Edward envuelve sus brazos alrededor de mi cintura, manteniéndome firmemente en mi lugar y presionando sus labios contra los míos.
En lugar de alejarlo, envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y lo abrazo con fuerza porque este es el hombre que había extrañado. Este es el hombre que inesperadamente se metió a mi vida para enloquecerme y hacer que me enamorara de él.
Este es el hombre con el que quiero pasar la eternidad. No importa si termina preguntándomelo o no.
Más le vale que no lo haga en la acera en la que nos conocimos.
Mil gracias por toda su paciencia con esta historia, espero que el final les gustara y se animen a dejar un review con sus opiniones :)
Gracias a las chicas que dejaron su review, gracias a:
Adriu, Mar91, Car Cullen Stewart Pattinson, Pili, Liz Vidal, freedom2604, Yoliki, Marie Sellory, mony17, MarianaAlai, NarMaVeg, alejandra1987, jupy, Brenda Cullenn, Kriss21, Lizdayanna, angryc, krisr0405, miop, Leah de Call, Tecupi, somas, tulgarita, Gabriela Cullen, Tata XOXO, Lady Grigori, Krom y patymdn.
La autora señaló que habría un epílogo, en cuanto esté disponible lo traduzco para ustedes :)
Por lo mientras, no olviden dejar su review y espero podamos leernos muy pronto :D
