-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Take a Step Back..!

-Jonathan atacó la Ciudad de Hueso, Alec- dijo Robert con cuidado- liberó a Aldergold y a los miembros del Circulo que estaban ahí.

Alec sintió como si todo el aire a su alrededor hubiese desaparecido. Miró directamente a los ojos de su padre intentando decirle que la broma no era nada graciosa. Pero los ojos azules de su padre estaban tan preocupados y tristes que supo que era en serio.

-Qué?- volvió a preguntar Alec con el poco aire que quedaba en sus pulmones.

-Alec, respira- dijo Michael firmemente, sabía cómo reaccionaba Alec ante las malas noticias, no creía que se diera cuenta que dejaba de respirar de ese modo. El chico dio un profundo y entrecortado respiro, llevando oxigeno a su cuerpo.

-Alec- Magnus intentó poner una mano sobre el hombro del chico, pero Alec pegó un salto y se alejó del toque.

-No, no!- el Brujo retiró su mano y compartió una preocupada mirada con Maryse. Alec ocultó su rostro entre sus manos, sus hombros se sacudían suavemente mientras intentaba contener los sollozos.

-Hijo- Michael se puso de pie y dejó que Robert tomara su lugar, arrodillándose frente a Alec.

-Cuando va a terminar esto?- preguntó Alec entrecortadamente, mas para sí mismo que para los demás. Robert miró a su esposa.

-Cielo- Maryse puso una mano sobre la rodilla de su hijo y Magnus le acaricio la espalda suavemente a Alec para intentar calmarlo. Alec sollozó un par de veces, todos esperaron a que se calmara un poco. El chico respiró profundamente, intentando aclarar su mente, no podía dejarse llevar, no podía dejar que Aldergold tomara el control de nuevo. Sacudió la cabeza levemente, forzándose a pensar en algo mas importante.

-Jace...- murmuró Alec, llamando la atención de todos- Jace estaba ahí? Estaba con Jonathan?

-No- respondió Michael, confundido- los Hermanos Silenciosos no vieron a nadie más que al hijo de Valentine.

-Jace no lo haría- dijo Alec en voz baja, limpiándose bruscamente las lagrimas del rostro.

-Como?- preguntó Maryse.

-Jace nunca liberaría a Aldergold- afirmó Alec- no me haría eso.

Los Nefilim adultos se miraron entre sí, algo confundidos. No sabían por qué Alec pensaba que Jonathan Morgenstern llevaría a Jace, su prisionero, a un ataque en contra de la Ciudad de Hueso. Robert, aun arrodillado, puso su mano sobre la rodilla de Alec.

-Hijo, por qué piensas que Jace...

-Creo que es mejor darle un respiro a Alec- interrumpió rápidamente Magnus. Alec no mentía nada bien, y ahora que estaba tan alterado, mentiría menos- creo que es mejor que vaya con sus hermanos y...

-Quiero irme- dijo Alec, soltando lagrimas silenciosas.

-Sí, ve a la habitación de Max, cielo- dijo Maryse suavemente, pero Alec negó con la cabeza.

-Quiero irme- repitió, mirando a Magnus.

-Vamos a mi departamento?- preguntó el Brujo y Alec asintió rápidamente. Magnus miró a los padres Lightwood, si bien no les pediría permiso para cumplir los deseos de Alec y llevárselo de ahí, quería estar seguro de que no le fueran a lanzar un par de cuchillos a la espalda cuando estuviese saliendo por la puerta.

-Alec, tus hermanos están arriba...

-Izzy dijo que vendría conmigo- dijo Alec poniéndose de pie de golpe. De no haber sido por que Michael detuvo a Robert, el Lightwood se hubiera caído de espaldas- no quiero... no puedo estar aquí...

-Alec.

-Cielo, espera- Robert y Maryse fueron detrás de su hijo, pero justo afuera de la biblioteca se encontraron con el resto de los adolescentes del Instituto.

-Que sucede?- preguntó John al ver a todos salir de la biblioteca luciendo como si alguien hubiese muerto- que pasó?

-Alec?- Isabelle se acercó a su hermano al darse cuenta que tenía los ojos enrojecidos y aun tenía un par de silenciosas lagrimas bajando por sus mejillas.

-Me quiero ir- dijo Alec tomando firmemente la mano de Izzy y yendo a paso rápido hacia la salida.

-Ir? Ir a donde, Alec?- preguntó la chica, siguiendo a su hermano sin poner resistencia.

-Papá, que...- John se giró hacia su padre, que en ese momento salía de la biblioteca junto a Magnus.

-Alec, espera!

-Alexander!- los padres Lightwood detuvieron a sus dos hijos mayores antes de llegar al vestíbulo- cielo, espera, que es lo que...

-Se que lo que dijiste es verdad, mamá- dijo Alec en voz baja, mirando a su madre- se que... sé que no debo depender... que no está bien... pero ahora no puedo...

-Alec- murmuró Isabelle, apretando el agarre a la mano de su hermano.

-Por favor, solo quiero irme con Magnus- dijo Alec, sonando completamente derrotado. Todos se quedaron en silencio, Maryse miraba fijamente a su hijo a los ojos, tan azules como los de ella. Después de un par de segundos, la mujer suspiró y estiró la mano para acariciar la mejilla de su hijo.

-Envíame un mensaje cuando llegues a Brooklyn, si?- dijo con voz suave, y Alec se esforzó por darle una ligera sonrisa.

Alec e Izzy se giraron y se dirigieron hacia la salida. John, después de darle una rápida y completamente incierta explicación a su padre sobre lo que habían estado haciendo los últimos días, se apresuró a seguirlos. Magnus estuvo por seguirlos también, pero Maryse aferró su antebrazo cuando pasó junto a ella. John se detuvo en seco al verlos. Alec e Isabelle ya habían salido y no se habían dado cuenta de lo que sucedía. Magnus y Maryse se sostuvieron la mirada por unos segundos, antes de que Magnus suspirara y se girara hacia John.

-Diles que ya voy, denme un minuto- John asintió, mirando a los adultos y preguntándose si era seguro dejar a Magnus solo con ellos. El chico rubio salió del Instituto dejando a los mayores en un silencio mortal.

-Bane...

-Creí haber tenido esta plática con el macho alfa- dijo Magnus señalando a Robert.

-Robert es un blandengue, la plática es conmigo- dijo Marys cruzándose de brazos. Robert abrió la boca en una perfecta O, indignado. Michael se mordió el labio para no reír, y le dio un par de palmaditas en la espalda a su Parabatai.

-De acuerdo, platiquemos entonces- dijo Magnus, cruzando los brazos también.

-Quiero saber cuáles son tus intenciones con mi hijo- dijo Maryse claramente, sin dejar de mirar a Magnus a los ojos.

-Quiero que Alec sea feliz- respondió el Brujo, sosteniendo la mirada a la mujer.

-Crees que Alec no es feliz?- preguntó Maryse.

-Es tu hijo, Maryse, con solo mirarlo sabes que no lo es- respondió Magnus haciendo que Maryse cerrara los puños con fuerza- solo quiero ayudarlo. Quiero ayudar a que se recupere.

-Nosotros lo ayudamos! Siempre hemos...

-Se que lo ayudan- la interrumpió el Brujo- él los ama, y se recuperó muy bien estos años, volvió a hablar, confía en ustedes, es un chico fuerte.

-Entonces, por qué piensas que necesitas ayudarlo tu también?

-Alec solo ha recibido ayuda de su familia, solo sus hermanos, sus padres, su tío- le explicó Magnus- nunca ha convivido con personas fuera de ese círculo, es por eso que no ha recuperado la confianza en otras personas. Ustedes lo han tenido apartado del mundo...

-Él no quería...

-Por supuesto que no quería, aquí está en su zona de confort- interrumpió Magnus- pero si sigue así nunca podrá avanzar más en su recuperación- todos se quedaron en silencio unos largos segundos- saben que Alec no es feliz, y seguirá así el resto de su vida si no lo presionan un poco- le dijo Magnus suavemente- se que no quieren lastimarlo, pero tratarlo como si fuera una delicada pieza de porcelana tampoco lo ayuda en nada.

-Magnus- la puerta principal se abrió nuevamente e Isabelle asomó la cabeza- date prisa, hace frio.

-Ya voy- le dijo Magnus, corriéndola con un ademan de la mano. Izzy rodó los ojos y salió del Instituto nuevamente. Magnus volvió su vista a Maryse- adoro a Alec, y voy a darle el apoyo que ustedes no pueden darle, el apoyo del mundo exterior, de los desconocidos, de los que no son Nefilim.

-Bane...

-No tienen porque confiar en mí- la interrumpió Magnus dando un par de pasos hacia la salida- en realidad no me importa que ninguno de ustedes lo haga. Mientras Alec crea en mi, entonces estoy contento.

Magnus salió del Instituto a paso rápido, dejando a los Nefilim adultos en silencio en el vestíbulo. Suspiró una vez que llegó a la puerta y pudo salir, esas platicas con las murallas Lightwood acababan con toda su paciencia y energía. Vio a los tres adolescentes esperarlo del otro lado de la reja y sonrió. Alec tomaba la mano de Izzy, ya no lloraba y se miraba decidido. Una leve sonrisa se escapó en sus labios, Alec era más fuerte ahora. La noticia de que Aldergold volvía a ser libre lo hubiese destrozado antes, pero ahora estaba claro que Alec podía con eso, ahora estaba concentrado en la tarea que era aun mas importante para él: Jace.

-Bane!- Magnus se detuvo a mitad de camino y se giró. Maryse estaba en la puerta del Instituto, mirándolo. La mujer tenía los ojos brillosos, llenos de lagrimas, pero seguían tan fríos y duros como siempre- cuida a mi niño.

Magnus la miró, algo sorprendido, y asintió firmemente. El viaje a Brooklyn fue silencioso. Alec no soltó a su hermana en todo el trayecto y John no dejaba de enviarle mensajes a Jordan, poniéndose al día con la situación del Preator y la manada. Al llegar al departamento, Simon los esperaba ansioso. Izzy le había dicho la razón por la cual los habían llamado y ahora no sabía cuál sería el siguiente paso. Había intentado contactar a Clary en todo ese rato, pero no había tenido respuesta. Una vez dentro del departamento, Alec caminó a grandes zancadas hasta la habitación de Magnus, cerrando la puerta tras él. Los tres mas jóvenes miraron al Brujo, preguntándose que debían hacer ahora. Magnus suspiró, y estuvo por ir detrás del ojiazul, cuando este volvió a salir de la habitación, pero ahora llevaba ya su traje de combate y se miraba decidido.

-Alec?- preguntó John, al verlo ir y tomar su arco del armario de la puerta principal.

-Que esperan? Tenemos un ángel que invocar- les dijo a los demás, tomando las llaves de la van de Simon y lanzándoselas al vampiro.

-Así se habla!- exclamó John, siguiendo al ojiazul que ya salía del departamento. El rubio tomó a Simon por el brazo y lo arrastró con él. Siempre le habían fascinado los automóviles y quería intentar convencer a Simon de que lo dejara conducir. Isabelle miró a Magnus, un poco preocupada, pero el Brujo simplemente le sonrió. O Alec lo estaba sobrellevando bastante bien, o necesitaba algo para distraer su mente del odioso Aldergold, y sin importar que opción fuera, ellos lo apoyarían.

Después de que todos los presentes le negaran a John el derecho a conducir la van, emprendieron camino a la granja de Luke. El trayecto pasó rápido, ninguno hablaba mucho, Magnus seguía quejándose de que Alec y los otros Nefilim no deberían de haber ido, que era muy peligroso, pero ninguno de los tres le hizo caso. Al llegar a la granja, Magnus se puso a trabajar, trazando hechizos en la tierra húmeda a la orilla del lago. Alec estaba junto a él, mirando el procedimiento, interesado. Isabelle se había quedado junto a Simon, y ambos hablaban en voz baja. John estaba de pie junto a Alec, sin quitar la mirada de Simon e Isabelle.

Alec estaba completamente distraído, mirando a Magnus recitar un hechizo mientras escribía en la tierra. Estaba tan concentrado en Magnus que no se dio cuenta que John se movía de espaldas hacia él. El rubio no dejaba de mirar hacia donde estaban Izzy y Simon. Después de un par de pasos hacia atrás, su hombro chocó contra el de Alec, provocando que el chico pegara un tremendo salto y se alejara de él. John lo miró, sorprendido, él también había estado distraído y no se había percatado de la presencia de Alec.

-Lo siento- se disculpó el rubio.

-Lo lamento, estaba distraído- dijo Alec, abrazándose a sí mismo sin darse cuenta. John lo observó, pero no dijo nada, en lugar de eso, volvió su vista hacia Simon e Isabelle. Alec siguió la mirada del chico Wayland- todo bien?

-Eh? Sí, claro, todo perfecto- respondió John, cruzándose de brazos- sin tomar en cuenta el hecho de que estamos por invocar a un ángel y probablemente lo hagamos enojar tanto que nos mate a todos con un solo movimiento de su plumífera ala.

-Estará bien- le dijo Alec, intentando convencerse a si mismo también- Izzy va a estar bien.

John miró a Alec a los ojos. Había estado esperando el momento indicado para decirles a Alec y Jace acerca de su relación con Izzy, pero desde que todo se había vuelto un caos, no había tenido oportunidad. En realidad lo había estado evitando, no sabía cómo reaccionarían los otros dos y eso lo aterraba. Alec le dedicó una media sonrisa y John sintió que le quitaban una enorme pesa que le aplastaba el pecho. Le sonrió a Alec también antes de volver a mirar a Isabelle.

-Bien, todo listo- dijo Magnus, llamando la atención del resto. Todos se movieron a rodear los trazos que había hecho Magnus, y el Brujo tomó a Simon por el brazo para posicionarlo en medio del circulo- toma esto, solo léelo como lo escribí, debe funcionar.

Magnus puso un libro en las manos de Simon junto con una hoja de papel con montones de palabras que no tenían sentido para el vampiro. Magnus salió del circulo y se paró junto a Alec. Simon los miró a los cuatro, en realidad no sabía que decir. No eran exactamente las personas que querría tener a su lado al momento de morir, pero Clary no respondía a sus llamados y su familia lo había rechazado. Suponía que tenía que acostumbrarse, ellos eran sus amigos y si sobrevivía a eso, seguirían a su lado.

-Creo que es mejor que se alejen un poco, no creen?- preguntó. Magnus asintió levemente, pero ninguno se movió, como si esperaran que dijera algo más. Simon se aclaró la garganta- gracias por venir conmigo. Um... Alec, siempre me caíste mejor que Jace- le dijo al ojiazul, quien le dedico una leve sonrisa- Magnus, me gustaría tener el valor de usar los pantalones que tu usas- el Brujo sonrió de lado- John, gracias por mostrarme que los Cazadores de Sombras si pueden tener paciencia- el rubio sonrió e hizo la seña de paz con los dedos. Simon se giró a la chica y suspiró- Isabelle... adiós, supongo.

Simon se giró, dándoles la espalda y los otros cuatro se alejaron lentamente, dirigiéndose de nuevo a la granja de Luke. Magnus les indicó que entraran al lugar y puso unos cuantos hechizos protectores, solo por precaución. No que le fueran a ayudar mucho si un ángel decidía acabar con ellos. Miraron por las ventanas hacia donde habían dejado a Simon. Todo estaba en completo silencio. Después de casi un minuto entero, las tranquilas aguas del lago compensaron a brillar, primero dorado, luego negro y luego todo explotó. La enorme figura del ángel emergió de las aguas, gigantesco y brillante, y tan hermoso.

-Por Raziel- murmuró John.

-Literal- dijo Magnus.

Se quedaron en silencio, mirando al ángel. No se movía, pero tenía el rostro inclinado hacia abajo, así que suponían que sí estaba conversando con Simon. Izzy tomó fuertemente la mano de John mientras miraba preocupada por la ventana. Si algo le pasaba a Simon, Clary la mataría, sería su culpa por no persuadirlo de no cometer semejante idiotez. Pasaron solo unos cuantos minutos, pero para ellos pasaron como horas. El ángel desapareció y las aguas volvieron a tomar su usual calma.

-Ven a Simon? Está bien?- preguntó Isabelle, soltando a John y saliendo de la casa corriendo hacia el lago. Los tres varones la siguieron, pero no tuvieron que llegar hasta el lago. Simon ya caminaba de vuelta a la granja, con una espada bastante vieja en las manos.

-Simon, que pasó?- preguntó Alec.

-Estas bien?- siguió John. Simon asintió, sin dejar de mirar la espada.

-Me dio un arma- dijo Simon mirándolos al fin- para... separar a Jace de Jonathan.

-Y tú? No te hizo nada? Seguro?- preguntó Izzy poniendo una mano sobre el hombro del vampiro.

-No, no me... quiero decir, si- Simon levantó su mano y se quitó el cabello de la frente, mostrándoles que la marca de Caín que Clary le había puesto, había desaparecido.

-Vaya, te quitó una protección increíble y te dio una espada vieja- dijo John, cruzándose de brazos.

-Algunas cosas mientras más viejas funcionan mejor- dijo Magnus con una encantadora sonrisa.

-Se llama Gloriosa- dijo Simon- es la espada del Arcángel Miguel.

-Wow- murmuraron John y Alec.

-Simon, lo lograste- dijo Izzy, sonriendo de oreja a oreja- invocaste al ángel, conseguiste la espada, salvaste a Jace!

-Creo que aún nos falta algo para dar ese último paso- dijo Magnus, haciéndoles señas para que lo siguieran. Era momento de regresar a Brooklyn y pensar en la siguiente etapa de su plan. Todos volvieron a la van, ahora Magnus era el que conducía, ya que Simon lucía exhausto. John había hecho un pequeño berrinche, pero lo máximo que consiguió fue ir en el asiento del copiloto. Los otros tres adolescentes iban en el asiento trasero, Alec admiraba a Gloriosa. De pronto, Simon jadeó de sorpresa y los dos Lightwood lo miraron. Simon había cerrado los ojos y lucía concentrado.

-Debes estar bromeando!- exclamó el vampiro hacia la nada. Magnus se giró un segundo hacia atrás.

-Todo bien, vampiro?- le preguntó.

-Es Clary, intenta comunicarse- todos se quedaron en silencio, dejando que Simon conversara en su cabeza con la pelirroja. Después de unos minutos, Simon abrió los ojos- maldición, volvió a perderse.

-Qué pasó? Qué te dijo?- preguntó Isabelle.

-Tenemos menos tiempo del que creíamos- dijo Simon, sorprendiéndose de lo firme que sonaba su voz cuando estaba tan nervioso- Magnus, detén la van! Tenemos que hablar.

Magnus giró el volante bruscamente, las llantas chillaron, Isabelle gritó, los tres que iban en la parte trasera de la van salieron volando, y John soltó un involuntario "Wuuhoo!" mientras se sostenía de donde podía. Magnus detuvo la camioneta y todos bajaron rápidamente, los que iban en la parte trasera apenas si mantuvieron el equilibrio.

-Y no querían dejarme conducir?- preguntó John, cruzándose de brazos.

-Deja eso. Habla, vampiro, que sucede?- dijo Magnus sacudiendo la cabeza, molesto.

Simon les platicó rápidamente lo que le había dicho Clary. Jonathan Morgenstern planeaba hacer algo esa misma noche. Aparentemente había creado una segunda Copa Mortal y quería invocar a Lilith para crear su propio ejército de Cazadores de Sombras con sangre demoniaca. Un ejército que lo obedecería solo a él. Después de escuchar las alarmantes noticias, Magnus había concluido que Jonathan invocaría a Lilith en un lugar llamado Burren, en Irlanda.

-Tenemos que llegar ahí!- saltó Isabelle- tenemos que detenerlos!

-Detenerlo, querrás decir. A Jonathan- le aclaró Alec.

-Jace es su aliado ahora, tienes que aceptarlo, Alec- dijo Magnus con voz suave. Alec simplemente bajó la mirada- Irlanda tiene cinco horas de diferencia. Lo que quiere decir que tenemos una dos horas para llegar allá y detenerlos.

-Qué esperamos entonces? Tenemos que darnos prisa- dijo Isabelle desesperada. John se acercó y tomó su mano.

-Isabelle, clámate, solo somos cinco, no sabemos contra cuantos nos enfrentaremos- le dijo claramente.

-No tenemos tiempo para calmarnos!- exclamó la chica- solo tenemos dos horas!

-Y podemos estar en el Instituto en dos segundos- le dijo Alec a su hermana, señalando a Magnus- tranquilízate, Izzy. Necesitamos concentrarnos.

-Oh, maldita sea, extraño a Jace- dijo Izzy cruzándose de brazos- él hubiera pensado igual que yo. TENEMOS que ir a detenerlos!

-Isabelle, tus hermanos tienen razón- dijo Simon, negando con la cabeza.

-Podemos contra Jonathan. Tenemos la espada, y a Magnus, y a Simon- dijo Izzy.

-Simon ya no es el Señor Indestructible, Isabelle- le recordó John, cruzando los brazos también- y no estamos seguros de que la espada funcione.

-Necesitamos refuerzos- dijo Simon.

-Refuerzos? Refuerzos de donde?- preguntó Izzy lanzando los brazos al cielo, exasperada.

-Podemos ir con Maia y Jordan- respondió Simon- ellos nos apoyarán, toda la manada lo hará.

-Mamá también ayudará- dijo Alec- tiene a toda la Conclave lista para atacar cuando sea. Y Michael y papá también están en Nueva York. Y Aline también estaba ahí, podría llamar a su madre.

-Pero...

-La verdad es que creo que estamos perdiendo mucho tiempo discutiendo con tu dura cabeza- dijo Magnus mirando a la chica, quien hizo un puchero.

-Esto es lo que haremos- dijo John, tomando el control rápidamente- Magnus hará un portal para Simon y para mí para ir a Jade Wolf, y enviará a Isabelle y Alec al Instituto. Nosotros hablaremos con la manada y ustedes con los padres. Conociéndonos como Nefilim, estoy seguro de que tomará más tiempo convencer a la Conclave que a la manada, así que llevaremos a los lobos al Instituto lo más rápido posible para que Magnus nos envíe al Burren, entendido?

-Si!- respondieron los otros tres adolescentes. Magnus miró a John entre incrédulo y ofendido.

-Y cuando demonios me preguntaste cuantos portales podía hacer?- le preguntó, indignado.

-Solo asumí que...

-Nefilim- soltó Magnus con un bufido antes de cruzar los brazos- siempre gritando ordenes sin preguntar primero.

-Magnus, por favor- dijo Alec.

-Claro, claro. Ya que alguien más tomó control de mi magia- dijo Magnus dedicándole una severa mirada a John, quien bajó la mirada avergonzado. Magnus se giró e hizo tres portales- hablaré con un par de amigos míos, tal vez los convenza de ayudar. Nos vemos en el Instituto en una hora.

Todos asintieron y partieron a cumplir con sus partes del plan. Alec e Izzy aparecieron justo frente a la puerta del Instituto, sin importarles poder ser vistos por algún Mundano, corrieron dentro y no se detuvieron sino hasta llegar a la biblioteca, donde sabían que estaría su madre. Y no se equivocaban, Maryse estaba hablando en ese momento con Michael, Robert, Aline y Helen Blackthorn. Los cinco se giraron cuando Isabelle abrió la puerta de golpe, estrellándola ruidosamente contra la pared.

-Mamá!

-Por el Ángel, Isabelle- saltó la mayor. Alec e Isabelle corrieron hasta quedar frente al escritorio- pero que está pasando aquí?

-Encontramos a Jace!- saltó Isabelle.

-Como?!- preguntaron los cinco frente a ellos.

-Izzy- advirtió Alec en voz baja, sabía cómo era su hermana y estaba seguro que nadie le entendería ni una palabra de lo que diría.

-Mejor dicho, sabemos en donde va a estar Jace, Clary nos lo dijo. Tenemos la espada para separarlo de Jonathan y sabemos que planea hacer. Tiene otra copa, quiere crear Nefilim demoniacos, debemos detenerlos! Tienes que llamar a la Conclave, rápido!- Isabelle lanzó una rápida mirada al enorme reloj en la pared frente al escritorio- apenas nos queda tiempo para poder...

-Isabelle!- exclamaron los tres adultos en la habitación. La chica calló y los miró desesperada.

-Qué?

-Alexander, por favor explícanos- pidió la ojiazul- rápido y conciso.

Alec comenzó a explicar rápidamente los acontecimientos de los últimos días. Ya no tenía que mentir, ahora explicaba todo, como su madre le había pedido, rápido y conciso. Isabelle había hecho ademanes de querer entrar en más detalle en algunas partes de la explicación, pero los tres adultos la habían detenido en cuanto había tomado aire para hablar. Cuando Alec finalizó, Maryse y Robert miraron a Michael, el rubio se pasó una mano por el rostro, preocupado. Hubo unos segundos de silencio en los que ni siquiera Isabelle se atrevió a hablar.

-Como se les ocurrió hacer todo eso?- preguntó Michael, mirando a los jóvenes Lightwood.

-Teníamos que encontrar a Jace- dijo Isabelle, como si fuera la respuesta mas lógica.

-La Clave puso a Magnus a cargo de la búsqueda- siguió Alec- no tienen por qué cuestionar sus métodos cuando ellos le quitaron toda la importancia al asunto.

-Si habían dejado a la Clave fuera durante todo este tiempo, debieron de dejarlo así- les dijo Robert, sus dos hijos lo miraron sin entender- ahora no tenemos otra opción mas que llamar a Idris y reportar lo que sucede.

-Hazlo- dijo Isabelle- mientras se apresuren a enviar refuerzos entonces...

-No lo entiendes, Isabelle- la interrumpió su madre- si avisamos a la Clave, Jia no tendrá más opción que notificar a todos de lo que sucede, ordenaran asesinar a Jace en cuanto posible.

-Pe... pero...

-Incluso si logramos acabar con Jonathan sin herir a Jace- siguió Michael- la Clave lo matará solo para estar seguros de que no corremos ningún riesgo.

-Entonces no informen a la Clave- dijo Isabelle rápidamente, luciendo aterrada- no los necesitamos, nosotros iremos.

-La Ley dice que debemos informar- dijo Robert, negando con la cabeza.

-No me importa lo que diga la Ley...- Isabelle se calló inmediatamente al ver que Aline la miraba fijamente.

-No te preocupes, Isabelle- dijo la chica, rápidamente- yo no diré nada. tengo mis propias razones para odiar a Jonathan Morgestern.

-No importa eso- dijo Maryse- si no notificamos a la Clave, estaríamos infringiendo la Ley. Podrían sancionarnos, o algo peor.

-Peor?- preguntó Alec- peor cómo? Ya nos exiliaron.

-No lo sé, Alexander- dijo la mujer, mirando a su hijo- el castigo dependerá de Jia Penhallow y el resto del consejo.

-Michael es el Inquisidor, tal vez pueda...

-Michael estaría involucrado, podría perder su puesto como Inquisidor- dijo Robert a su hija.

-No podemos quedarnos de brazos cruzados! No cuando estamos tan cerca de recuperar a Jace!- saltó Alec comenzando a desesperarse, temiendo por la vida de su Parabatai.

-Los chicos tienen razón, no podemos arriesgar a Jace- dijo Michael, los cuatro Lightwoods lo miraron entre agradecidos e incrédulos- iremos nosotros, yo tomaré toda la responsabilidad de...

-Michael, no- saltó Robert rápidamente.

-Vayan- dijo Aline, interrumpiendo a la familia- yo me quedaré aquí.

-Aline...

-Le diré a mi madre que no hubo mucho tiempo, que convocaste a la Conclave y me dejaste a cargo de notificar a la Clave, de llamar a Idris y alertarlos de lo que ocurría- siguió Aline, mirando al Inquisidor- le diré que no funcionaban las comunicaciones. Me creerá, pondré de excusa la invocación de Lilith.

-Es un buen plan- dijo Helen, tomando la mano de Aline.

-Pero...

-Es el mejor plan que tienen- interrumpió Aline a Robert.

-Es un plan estupendo, muchas gracias- dijo Alec, sabía que era lo mejor que obtendrían con la situación como estaba. La puerta volvió a abrirse de golpe y John entró rápidamente.

-Papá!- John corrió hasta ponerse frente a su padre. Estaba agitado y parecía que había corrido un buen tramo.

-Jonathan- Michael dio un par de pasos hacia su hijo, poniendo sus manos sobre sus hombros.

-Ya tienen todo listo?- preguntó el recién llegado al llegar junto a su padre.

-Como?

-La manada de Luke nos espera afuera junto con Simon- explicó el rubio, mirando a Alec e Izzy- Magnus no tarda en llegar, debemos prepararnos.

-Tenemos que darnos prisa- dijo Alec mirando a sus padres. Robert y Maryse se miraron y después miraron fijamente a Michael. El rubio asintió decidido y miró a Aline y Helen.

-Nosotros iremos junto con la Conclave al Burren, ustedes dos, esperen hasta después de media noche para comenzar a contactar a Jia- ordenó rápidamente, Aline y Helen asintieron, tomadas de la mano- Maryse, llama a todos al Instituto de inmediato, diles que es una reunión de emergencia, no les digas el verdadero motivo. Nosotros iremos a la sala de armas y prepararemos todo para cuando lleguen los demás. Vamos, andando!

La siguiente media hora pasó como un borrón en la memoria de Alec. La Conclave entera llegó al Instituto y, después de una rápida explicación por parte del Inquisidor, todos tomaron armas y salieron del Instituto, en donde Magnus ya los esperaba junto con los licántropos, listos para ir a batalla. Todos llegaron al lugar, a un viejo cementerio en una colina, pero no había nada. Todos estaban en alerta, pero no había nadie más que ellos. Alec saltó sobre un enorme mausoleo que sobresalía entre todo lo demás.

-Por allá!- gritó Alec, señalando colina abajo- cerca del bosque!

Toda la multitud se giró hacia donde señalaba el joven Lightwood. En efecto, había una gran cantidad de Nefilim vestidos en trajes de combate rojos. en medio de todos ellos, podían ver la rubia cabellera del hijo de Valentine. Con la información que Clary les había dado, Alec pudo ver a uno de los miembros del Circulo llevarse una brillante copa a los labios. El ojiazul no lo pensó dos veces, alzó su arco y apuntó con una flecha, dando directo en la garganta del hombre que bebía en ese instante. Escucharon la conmoción de los Nefilim colina abajo, buscando de donde había provenido esa flecha. Después se pudo oír el grito de Clary, llamándolos y diciéndoles que se encontraba ahí.

-Clary!- saltó Jocelyn. Luke estaba junto a ella- la vez? Logras verla?!

Simon señaló la pequeña cabeza pelirroja junto a Jace. Isabelle se giró hacia Magnus y John.

-Debemos llegar a Jonathan- dijo la chica, claramente- de posible eviten a los miembros del Circulo, la manada se encargará de ellos. Nuestra prioridad es que Simon llegue a Jonathan con Gloriosa.

-Entendido- dijo John, tomando su espada favorita en una mano y un cuchillo serafín en la otra.

-Sí, señora- dijo Magnus con un saludo militar. Todos se prepararon para lanzarse al ataque, pero Magnus los detuvo con un grito- esperen! Todos vieron el fabuloso tiro de Alec con su arco?! Ese es mi novio!

-Bane!- rugieron los padres Lightwood. Michael les dio un empujoncito a ambos para que siguieran a la manada al ataque. Alec miró al Brujo, sonrojado y con una pequeña sonrisa en los labios. El resto de la Conclave sacudió la cabeza antes de seguir al Inquisidor hacia la batalla.

-Alec! Protege a Simon desde aquí!- exclamó Isabelle antes de soltar la carrera junto con John. Alec asintió, mirándolos, Magnus le lanzó un beso antes de correr tras los demás. El ojiazul se quedó sobre el mausoleo, lanzando flechas a cuanta túnica roja veía. Podía ver a Simon, en medio de un semi circulo formado por Izzy, John y Magnus. Intentaba abrirles camino, sin dejar de vigilar a Jace todo el tiempo. Su Parabatai se mantenía fuera de la pelea, vigilando a Clary.

Unos minutos después de iniciada la pelea, todo era un caos. Alec había perdido de vista a Simon entre la multitud. Con el caos de la batalla, ya no se atrevía a lanzar sus flechas desde tan lejos, por temor a herir a su familia o algún lobo. Bajó del mausoleo y corrió colina abajo, lanzando flechas solo a los blancos que tenía seguros. Se quedó aun algo alejado de la batalla principal, su fuerte era el combate a distancia. Ya podía ver a Simon, escabulléndose rápidamente en dirección a Clary. Intentó abrirle el camino, pero era difícil con tantos cuerpos metiéndose en la trayectoria. Estaba tan distraído en llevar a Gloriosa hacia Jonathan que no se dio cuenta de que uno de los Oscuros lo había rodeado y estaba por atacarlo por la espalda. En el último segundo, se dio cuenta de que había alguien tras él pero ya era demasiado tarde. Se giró al tiempo que ponía otra flecha en su arco, pero no llegó a lanzarla, tal vez hubiese podido de no ser por la gran sorpresa que se llevó al ver que el Oscuro que lo había atacado, era Aldergold.

-Hola, Alexander- dijo el hombre, tomando el arco de Alec y tirando bruscamente de él. Alec se había paralizado y había soltado el arco dejando que Aldergold lo lanzara lejos- me encanta seguir teniendo el control sobre ti, Alec.

Alec reaccionó ante eso. Sintió una furia descomunal apoderarse de él. Olvidó el arco y sacó un cuchillo serafín de su cinturón, encendiéndolo y confrontando al hombre.

-Tú no tienes el control- dijo Alec lo más firme que pudo. Aldergold rió burlonamente.

-Quieres ver?- el hombre arremetió contra Alec viciosamente con una espada larga y pesada. El ojiazul se defendió, moviéndose rápidamente y protegiéndose de los ataques tan violentos del mayor. Pero Alec nunca había sido bueno en el combate cuerpo a cuerpo, y la sangre de demonio les había dado fuerza extra a los Oscuros. No pasó mucho para que Aldergold desarmara a Alec por segunda vez y lo derribara de una certera patada en el rostro. Alec retrocedió en el suelo, su nariz sangraba- acéptalo, Alexander. Solo sirves para que te utilicen. Así es como funcionas, tumbado de espaldas y obedecien...

Una gran llamarada azul lanzó a Aldergold varios metros hacia atrás. Alec, ahora con los ojos llenos de lagrimas, miró hacia un lado, de donde habían aparecido las llamas. Magnus estaba furioso. El Subterráneo se interpuso entre Aldergold y Alec, con las manos envueltas en llamas azules. Alec se pegó a un árbol cercano para poder recobrar el equilibrio y ponerse de pie.

-Aléjate de él- siseó Magnus entre dientes. La ira en su voz hizo que Alec se estremeciera, nunca lo había escuchado así.

-Alec, Alec, Alec, no aprendiste nada con mi tratamiento, cierto?- preguntó Aldergold burlonamente, mirando la temblorosa forma de Alec pegada al tronco del árbol- sigues teniendo pensamientos impuros hacia los hombres. Peor aún, un Subterráneo.

-Cállate- advirtió Magnus, las llamas en sus manos aumentaron de intensidad.

-Aunque con eso se prueba mi punto- siguió Aldergold, jugueteando con la espada en sus manos- no importa cuando o con quien, Alexander. Nunca serás nada más que un juguete sexual.

-Cierra la boca!- gritó Magnus. El Brujo atacó a Aldergold con un sin fin de proyectiles azules. El hombre esquivó los ataques, pero Magnus lo atacó con tanta fuerza que no le dio tiempo de contraatacar. Aldergold retrocedió al ver que los ataques de Magnus no acabarían pronto. Alec miraba todo aun apoyado en el árbol, sus rodillas seguían temblando y las palabras de Aldergold hacían eco en sus oídos.

Magnus arremetió con todo lo que tenía, no veía a nadie más que al asqueroso hombre frente a él. Quería acabarlo, quería hacerlo sufrir y terminar con él lentamente. De un certero hechizo logró dar en la muñeca del Nefilim. Aldergold cayó al suelo y Magnus mandó a volar la espada. El Nefilim retrocedió mientras se cubría la cabeza con las manos. Magnus lo siguió, caminando lenta y amenazantemente, con las manos envueltas en llamas.

-Por favor...

-Ni siquiera te atrevas a pensar en pedir perdón- dijo Magnus entre dientes, sintiendo un asco descomunal al escucharlo suplicar.

-No me mates!- exclamó Aldergold, desesperado.

-Oh no, matarte sería demasiado sencillo- le dijo Magnus. Lo miraba con llamas en los ojos. Aldergold lo miró, algo sorprendido y confundido- tienes que pagar por todo lo que hiciste. No te libraras del sufrimiento tan fácil muriendo. Vas a volver a la Ciudad de Hueso y yo mismo pondré un hechizo para que nadie más que yo te pueda sacar.

-No voy a volver a esa celda!- Aldergold sacó una daga de su cinturón y Magnus levantó un escudo frente a él, pero no fue sino hasta que Aldergold lanzó la afilada arma que se dio cuenta que la daga no iba dirigida hacia él.

-Alec!- gritó Magnus. El chico los estaba mirando, pero no parecía poder reaccionar. El Brujo se giró rápidamente, lanzando un proyectil azul y deteniendo la daga antes de que pudiese alcanzar al chico. Aldergold había aprovechado la distracción para sacar un pequeño cuchillo de su cinturón y lanzarse contra el Brujo.

-No!- el grito de Alec alertó a Magnus, pero ya era demasiado tarde. Aldergold le enterró el cuchillo profundamente en el costado. Magnus gimió de dolor, y las chispas en sus manos desaparecieron cuando perdió el conocimiento.

-Uno menos- murmuró Aldergold, lanzando el cuerpo de Magnus al suelo.

-Magnus!- gritó Alec. Intentó correr hacia él, pero en cuanto soltó el árbol, sus rodillas cedieron y cayó al suelo nuevamente. Intentó levantarse, intentó arrastrarse hacia el Brujo, que ahora yacía inmóvil en el suelo. Aldergold levantó el cuchillo una vez más, dispuesto a enterrarlo en el pecho del Subterráneo. Alec sintió el pánico apoderarse de él- no! Por favor, no!

El Nefilim mayor desvió su atención hacia el chico. Sonrió malévolamente, olvidándose de Magnus y acercándose lentamente a Alec. El ojiazul no podía dejar de mirar el cuerpo del Brujo, deseando con todas sus fuerzas que se encontrara bien. No pudo ni siquiera intentar huir. Para cuando se dio cuenta de que Aldergold se acercaba a él, ya era demasiado tarde.

Aldergold lo tomó por el cuello de sus ropas y tiró bruscamente de él hasta ponerlo de pie y estrellar su espalda contra el tronco del árbol en el que anteriormente se había recargado. Alec sintió un fuerte dolor en su cabeza al impactar contra el árbol, pero no le prestó atención. Sus ojos estaban llenos de lagrimas y apenas podía ver lo que sucedía. Sintió a Aldergold tomarle las muñecas y levantarlas por encima de su cabeza, aprisionándolo como tantas veces lo había hecho en Islandia. El ojiazul soltó un sollozo mientras retorcía sus manos intentando liberarse.

-Eres tan débil, Alexander- dijo Aldergold, poniendo el cuchillo, aun manchado con la sangre de Magnus, en el cuello de Alec- todo fue tu culpa. Por tu debilidad me encerraron en la Ciudad de Hueso todos estos años. Tienes idea de todo lo que sufrí?- Alec podía sentir el aliento de Aldergold golpear su rostro. Cerró los ojos con fuerza, soltando mas lagrimas, aun intentando liberarse- estuve encerrado en una sucia celda mientras tú te revolcabas con un Brujo.

-No...

-Ahora veras- dijo Aldergold haciendo un leve corte en el cuello de Alec. El chico se estremeció y giró el rostro, cerrando los ojos con fuerza- pero primero, me encargaré de ese Brujo.

-No... Magnus no, por favor...- dijo Alec con voz entrecortada, mirando hacia la forma inmóvil de Magnus. Aldergold soltó una risa burlona.

-Que estas dispuesto a hacer por tu Subterráneo, Alexander?- preguntó, inclinándose y lamiendo las gotas de sangre que habían salido del corte que le había hecho en el cuello. Alec sollozó fuertemente, temblando violentamente mientras cerraba los ojos con fuerza, intentando no sentir, intentando escapar, tal y como lo había intentado en Islandia- sabes que eres muy bueno obedeciendo mis órdenes.

-Por favor...

-Aunque ahora, al saber que te entregaste a un sucio Subterráneo, me das mas asco que antes- Aldergold levantó el cuchillo dispuesto a clavarlo en Alec. El chico estaba paralizado, simplemente cerró los ojos con fuerza, desviando la mirada y esperando el impacto, el cual nunca llegó.

Escuchó un jadeo sorprendido por parte de Aldergold y sintió gotas de algo liquido golpear su rostro. Abrió los ojos y parpadeó rápidamente para apartar las lagrimas y aclarar su visión. Aldergold lo miraba fijamente con los ojos muy abiertos, como sorprendido y un hilo de sangre saliendo por la comisura de su boca. Bajó la mirada y vio el filo de una espada manchado de sangre, salir del pecho de Aldergold. Alguien lo había atravesado por la espalda.

Alec se quedó de piedra, mirando con ojos sumamente abiertos mientras soltaba silenciosas lagrimas. La espada en el pecho de Aldergold desapareció, y el cuerpo sin vida del hombre cayó al suelo con un golpe sordo. El ojazul se dejó resbalar hasta quedar sentado en la tierra, miraba fijamente el rostro de Aldergold. Seguía con los ojos muy abiertos, pero ahora estaban vacíos. Alec pego sus rodillas al pecho y se sobó las muñecas mientras lloraba en silencio. Aldergold estaba muerto. Su peor pesadilla yacía frente a él, sin vida, y él aun no podía reaccionar.

-Alec! Alec, estas bien?!- sintió que alguien lo sacudía violentamente y parpadeó para aclarar su mente. Era su papá. Miró los preocupados ojos azules de su padre mirarlo con atención. Estaba arrodillado a su lado y lo sacudía por los hombros- Alexander, háblame!

-Papá- murmuró Alec, volviendo su mirada hacia el cuerpo de Aldergold. Entonces se dio cuenta, el guisarme de su padre estaba en el suelo, enseguida del cadáver, con la hoja manchada de sangre.

-Alec?- el chico volvió su mirada a su papá, seguía temblando violentamente- estas herido? Alec, responde.

-Yo...- dijo pasando una mano por su cuello fuertemente, quería borrar todo rastro de Aldergold de su cuerpo. No le importó lastimar la pequeña herida que le había hecho el hombre con su cuchillo. Entonces recordó, se movió y miró a Magnus, que seguía tendido en el suelo, sin moverse- no, Magnus! Oh, por el Ángel, no!

-Alec!- exclamó Robert. Pero el chico ya había soltado la carrera hacia el Brujo. Con las piernas temblorosas y tropezando, logró llegar al lado del Subterráneo.

-Por favor, por favor- murmuraba Alec mientras se dejaba caer de rodillas al lado de Magnus- Raziel, por favor, que este bien.

-Alec- Robert había vuelto a tomar su arma y había seguido al chico. Se sorprendió al ver a Magnus en el suelo, con una herida en un costado. Vio a Alec cortar una de las mangas de su ropa y hacer presión con la tela sobre la herida. Sintió una punzada en el pecho al escucharlo sollozar y pedir por la vida del Brujo. Pero no tuvo tiempo de reconfortar a su hijo. En ese momento, un Oscuro se acercaba hacia ellos. Robert cargó contra el Oscuro, protegiendo a Alec.

-Magnus, tranquilo, ya te ayudo. Lo siento, lo siento tanto- murmuró Alec mientras sacaba un cuchillo de su cinturón y se disponía a quitar la ropa de Magnus para ver la severidad de la herida. Escuchó un alboroto detrás de él, y levantó la mirada para ver a su papá luchar contra un Oscuro. Echó una mirada al rededor, estaban algo alejados de la batalla principal, pero no por eso estaban fuera de peligro. En ese momento, una luz cegadora se dejó ver de entre la multitud. Tuvo que entrecerrar los ojos y se inclinó un poco sobre el cuerpo de Magnus, intentando protegerlo de cualquiera que fuera el peligro. Unos segundos después todo quedó en silencio. Un gemido de dolor llamó su atención, mirando nuevamente al Brujo.

-Ouch, deja de recargarte sobre mi- murmuró el Subterráneo, entreabriendo los ojos.

-Por Raziel!- exclamó Alec con sus ojos llenos de lagrimas- Magnus, me preocupé tanto! Estas bien? Como te sientes? Lo lamento, fue mi culpa, lo siento...

-Tranquilo, cariño, estoy bien- respondió Magnus con una leve sonrisa, luego sintió un punzante dolor en su costado- bueno tal vez estaré mejor después de sanarme.

-Necesitas que haga algo?- preguntó Alec rápidamente. Tenía silenciosas lagrimas bajando por sus mejillas. El Brujo sonrió y levantó una mano para limpiar las lagrimas del chico.

-Recuerdas cuando sané a Max y tuviste que darme tu energía?- le preguntó, extendiendo su mano. Alec lo miró y la tomó sin dudar.

-La necesitas de nuevo? Porque puedes tenerla, es tuya- dijo Alec apretando la mano del Subterráneo. Magnus sonrió tiernamente.

-Siempre necesito tu fuerza, Alec- le dijo el Brujo antes de cerrar los ojos y concentrarse en su herida. El Nefilim seguía haciendo presión sobre la herida de Magnus con una mano y la otra la mantenía firmemente entrelazada con la del Brujo.

-Alec, como está?- el chico se giró. Su papá se había acercado y se había arrodillado a su lado. Aparentemente los Oscuros habían desaparecido. Alrededor, todos hacían recuento de los daños. El ojiazul pasó saliva pesadamente.

-Se pondrá bien- dijo en un susurro, mas para sí mismo que para su padre. Volvió a mirar a Magnus. Seguía con una expresión de suma concentración en el rostro. Robert puso una mano sobre el hombro de su hijo antes de ponerse de pie- que pasó?

-Voy a averiguarlo, mantente alerta- le dijo antes de correr hacia la multitud de Nefilim y Hombres Lobo. Alec asintió con la cabeza y miró a su alrededor. Había cuerpos por todos lados, Oscuros, Nefilim y Licántropos.

Miró el punto hacia donde se había ido su padre y después regresó su mirada hacia Magnus. El Brujo ganaba color rápidamente. Alec respiró profundamente y se limpió las lagrimas de un manotazo. Tenía que concentrarse, primero en Magnus y después en encontrar a Jace. Sentía que su runa Parabatai estaba bien. Ese vacío que había sentido mientras Jace había estado con Jonathan, se había ido. Estaba seguro de que su Parabatai estaba a salvo, podía sentirlo. Esa era la única razón por la que no salía corriendo a su búsqueda. Eso y porque el que Magnus estuviese herido era su culpa.

Otra vez, se había quedado completamente paralizado ante Aldergold. Lo había dejado tomar el control, lo había dejado ganar. Se estremeció sin querer mirar hacia atrás. El cuerpo de Aldergold seguía ahí, lo sabía, y no se atrevía a mirarlo. Aun así, muerto, le aterraba ese hombre. Cerró los ojos y sollozó involuntariamente. Era tan patético y débil. Había pensado que se estaba recuperando, que Magnus lo había ayudado a lograrlo. Pero por su culpa ahora el Brujo estaba herido. No había sido lo suficientemente fuerte para protegerse y Magnus había sido el que había pagado el precio de su debilidad.

-Cariño- abrió los ojos al escuchar a Magnus. El Brujo levantó su mano libre y le acarició la mejilla, quitando las lagrimas- tranquilo, no fue tu culpa.

Alec se limitó a cerrar los ojos fuertemente, soltando mas lagrimas y negando con la cabeza. Magnus miró hacia un lado, alejado de ellos, pero aun visible. Aldergold estaba en el suelo con una enorme herida en su espalda. Estaba muerto. Magnus suspiró y miró a Alec. El chico lo miraba también, esa mirada que hacía tiempo no veía en los hermosos ojos azules. Una mirada de dolor, de desesperación, de miedo. Estiró su brazo y acarició el cabello de Alec con su mano, tirando levemente de él para que se inclinara sobre él. Alec aceptó el gesto y ocultó su rostro en el pecho de Magnus. Alec sollozó levemente mientras Magnus lo abrazaba e intentaba calmarlo murmurando cosas a su oído.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-