EN BUSCA DE LA FELICIDAD

CAPITULO XXIII

La boda de Allistear Cornwell y la señorita Patricia O'Brian por fin había llegado y con ello el término de la soltería de uno de los galanes más cotizados de Chicago, las chicas se lamentaban de perder a tan maravilloso muchacho que no solo era hermoso por fuera sino también por dentro, era uno de los pocos muchachos de la época que no era presumido ni mucho menos engreído, siempre se había comportado como todo un caballero con las damas a su alrededor no dando nunca hincapié a que se le faltara al respeto a su prometida y sin querer con ello ganaba más admiradoras.

Sus inventos se habían hecho famosos aunque nunca funcionaban correctamente, el chico de los anteojos por fin había llegado al fin de su soltería y eso lo tenía feliz y contento, había expresado más de una vez lo ansioso que se sentía porque ese día llegara y ahí estaba al fin al frente del espejo con su dos hermanos quienes lo animaban y lo apoyaban siempre en todo, habían sido difícil los años separados, pero ahora todo estaba bien, todo saldría bien y estarían juntos. Atrás habían quedado los años aquellos donde eran los tres solitarios niños que se perdían de la tía abuela para poder realizar sus travesuras, atrás quedaban los años en donde los tres estaban prendados de la misma niña, atrás quedaban los años en los que habían perdido a uno de los integrantes más importantes de la familia, y atrás quedaban los años en los que eran únicamente ellos tres, no solo ahora tenían cada uno a su compañera de vida, sino que también extrañamente a lo que pensaban sus padres ahora estaban presentes en sus vidas. Ante el espejo se veía más atrás su reflejo, un hombre muy parecido a él con el cabello con inicio de alguna cana entre sus sienes y unos anteojos un poco más gruesos que los propios se acercaba hacía él decidido, era como verse él mismo dentro de unos veinte años, su padre aún era joven pero le gustara o no admitirlo para él era un perfecto desconocido y también él lo era para su padre.

Anthony y Archivald se hicieron a un lado a ver que el señor Cornwell se acercaba a paso lento para abrazar a su primogénito del cual se sentía indudablemente orgulloso.

-Stear. – Le dijo con amor poniendo su mano en su hombro.

-Padre. – Dijo algo incómodo Stear al llamarlo de ese modo, una palabra para él poco utilizada.

-Hijo, sé que no he sido el mejor de los padres, sé que he estado ausente por mucho tiempo, y sé que no nos sentimos en total confianza uno con el otro, pero quiero que sepas que tanto tú como Archivald son las personas que más amo en este mundo, quiero que sepas que a partir de ahora estaremos tanto tu madre como yo ahí presentes en todo lo que necesiten. – Decía Arnoldo Cornwell emocionado con sus palabras y dejando caer unas lágrimas sobre sus mejillas, a Dios gracias los hombres no se maquillaban, sino tuvieran que retocarse de nuevo.

-Padre, tanto Archie como yo estamos acostumbrados a sus largas ausencias, más no por ello quiere decir que nunca nos hicieron falta, sobre todo cuando perdimos a nuestro primo, hubo muchas noches en las que deseábamos que estuvieran a nuestro lado, sin embargo no creas que les guardamos algún tipo de rencor, sino al contrario, el amor que sentimos por ustedes es grande y agradezco que estén presentes en uno de los días más felices para mí. Gracias papá. – Le dijo abrazándose como un niño pequeño en los brazos de su padre sintiendo el reconfortante calor que emanaba del cuerpo de su progenitor y que se sentía bastante bien. Archie se les unió en ese abrazo y Anthony los veía emocionado, animándose a abrazar a los tres al mismo tiempo, si bien él había convivido más tiempo con su padre que sus primos, aun así anhelaba los abrazos paternos que durante su ausencia en Chicago fueron los que lo reconfortaron por la pérdida de su amada.

Los Cornwell salieron de la habitación, juntos los tres con ánimos renovados y con la esperanza de que todo fuera diferente, con la presencia ahora del mayor de ellos y con la presencia de su madre. Todos se desplazaban a la iglesia felices y ansiosos, pero solo uno de ellos iba más nervioso por lo que le deparaba el futuro, uno que si bien era incierto estaba lleno de ilusión y esperanza, por fin se casaría con la dulce niña de los anteojos que le robó el corazón siendo tan solo un jovenzuelo.

Anthony iba con Candy en un coche aparte, habían decidido ir solos los dos como padrinos de boda, tendrían que llegar primero a la iglesia, se habían desplazado primero que los demás, mientras ultimaban los últimos detalles en la iglesia, procurando que todo estuviera listo.

Los invitados se comenzaban a hacer presentes en la iglesia, así como la familia de ambos lados comenzaba a tomar su lugar en los respectivos lados de la iglesia, a la derecha la familia del novio y a la izquierda la familia de la novia, que si bien ambas eran numerosas, la familia de Patricia no había podido llegar a tiempo para la ceremonia.

Un guapo Stear esperaba con ansias a su prometida quien llegaba al pie del altar de la mano con su padre y unos nervios que eran casi imposibles de controlar, Candy y Annie se acercaban a ella para darle ánimos y tratar de tranquilizarla. La marcha nupcial comenzaba a sonar, mientras que una Patty temblorosa comenzaba el trayecto hasta el altar junto a su futuro esposo, lo veía ahí tan guapo, alto y fuerte que se concentró en sus ojos para poder sentir la fuerza necesaria para seguir su cometido.

El señor O'Brian entregaba a su mayor y más preciado tesoro, a su única hija en manos de aquel caballero que era bien visto a sus ojos, unos suspiros se escuchaban en la iglesia al escuchar los votos matrimoniales y el sí acepto del joven Cornwell, eran los suspiros de las muchachas solteras quien en el fondo esperaban que dicho acontecimiento no se realizara.

Archie miraba a Annie con ternura, la veía poner atención a cada movimiento que hacían su hermano y ahora cuñada como deseando que fueron ellos los que estuvieran celebrando su boda.

-¿Qué sucede damita? – Le preguntó amoroso.

-Nada Archie. – Le contestaba apenada por haber sido descubierta en sus pensamientos.

-¿Quieres que adelantemos la boda? – Le preguntó curioso, ante la mirada de emoción que la delataba en ese momento, dándose cuenta que había atinado a sus pensamientos.

-¿Crees que sea posible? – Preguntó emocionada, pero con un poco de timidez.

-No veo por qué no. – Dijo con ternura.

-Pero habías dicho que…

-No es importante, además primero es lo que tú desees damita. – Le dijo con ternura, demostrando que era ella la dueña de su corazón, demostrándole que atrás había quedado el fuerte enamoramiento que había sentido por la rubia de pecas que muchas veces había ocasionado celos y llanto en su persona.

-Te amo Archie. – Le dijo enamorada, mientras su amado la veía tiernamente.

-¿Eso es un sí? – Le preguntó divertido.

-¡Sí! – Le dijo emocionada siendo reprendida por su madre por la emoción demostrada, si la misma señora Britter hubiera escuchado la plática que tenían esos dos hubiera sido la primera en gritar a los cuatro vientos que su hija también pronto se casaría y avisaría a la prensa de ese acontecimiento.

La fiesta se desarrollaba en total armonía tanto los Andrew, como los Brower y los Cornwell disfrutaban tranquilos del baile, la tía abuela estaba tan feliz que había aceptado bailar con el Sr. Simmons y David había asistido a la boda acompañado de la anterior pretendiente de Neal, con la señorita Daysi Fellner, la cual al haber rechazado ahora ella a Neal, había sido elegida por David para invitarla a la boda, había tenido muchas muchachas que pudo haber invitado, tanto de Lakewood como de Chicago, por ser el cuñado del patriarca del Clan aunado a ser buen mozo, tenía muchas invitaciones por parte de los padres de las jóvenes solteras, sobre todo en Chicago, donde no era bien sabido el origen de dicho joven, el cual por su forma de desenvolverse ante la sociedad, daba la impresión de que siempre había vivido en una cuna de oro. Daysi había quedado prendada de él desde la fiesta de compromiso del patriarca, donde lo conoció pero no tuvo el gusto de tratarlo por estar entretenida rechazando al joven Leagan, del cual afortunadamente ya no había tenido el gusto de volver a ver.

El baile entre los enamorados comenzaba lento mientras Allistear se desplazaba lentamente con su amada en brazos, las miradas de los invitados estaban puestas en ellos dos, quienes iluminaban el salón de la inmensa mansión de Chicago la cual fue la elegida nuevamente para dicho evento, nadie podía negar que las fiestas de los Andrew eran de las mejores y más concurridas por la sociedad y eso llenaba de orgullo a la vieja Elroy quien cual adolescente enamorada se dejaba consentir por las atenciones del suegro del Patriarca del Clan. Mientras observaban a la pareja principal bailando su vals de boda, los otros chicos Andrew los observaban cada uno con su pareja, bromeando entre ellos diciendo que ahora sí ya tenían tío abuelo, ya que Albert era solo su tío.

-¿De qué se ríen ustedes dos? – Preguntó una tercera voz varonil que se unía a la breve charla que mantenían los jóvenes.

-Estábamos hablando de nuestro próximo tío abuelo. – Contestó Archie divertido.

-Próximo.- Preguntó Albert un poco confundido, pero al ver hacia donde se dirigían las miradas de esos dos comprendió a qué se referían. – Entiendo, la tía abuela está enamorada, eso es bueno por lo menos ya no estará tan al pendiente de nosotros. – Dijo uniéndose a las bromas de sus sobrinos quienes la recibían con agrado. Stear los veía de lejos preguntándose qué les causaba tanta gracia a ese trío que lo veían mientras bailaba ocasionando que se pusiera a buscar entre sí mismo alguna cosa que estuviera mal ubicada, eso mismo provocó más risas de sus parientes, quienes comprendieron el porqué del nerviosismo de Stear.

-Ya basta amor. – Dijo Candy llamándole la atención a su rubio. – Stear ya se puso nervioso, es el día de su boda no vaya a ser que pierda el equilibrio y ocurra un accidente con la novia, eso sí que no se los perdonaría.

-Está bien amor, tú ordenas y yo obedezco. – Dijo haciendo una reverencia ante el comentario que le regresaba a su dama haciéndola sonreír por sus ocurrencias.

-Vaya primo, no cabe duda que la gatita sabe cómo manejarte. – Le dijo Archie divertido.

-No te preocupes Archie, yo le daré algunas instrucciones a Annie para que también aprenda como manejarte a ti. – Le dijo sonriente ante la mirada de incredulidad de Archie quien solo se quejaba mientras los demás comenzaban a reír también.

Cuando menos lo pensaron tenían a Stear y a Patty a su lado preguntándoles de que tanto se reían, poniéndolo Albert al tanto de las bromas que se estaban gastando a costas de todos menos de ellos, eso tranquilizó a Stear quien ya se sentía que él era el bufón de su familia.

Anthony dio el primer paso para sacar a bailar a su esposa, una vez que ya había iniciado nuevamente el baile tomándola dulcemente por la cintura y acercándola a él para dirigirla a la pista. Candy aceptaba feliz, le gustaba bailar con su esposo, siempre habían sabido acoplarse en su baile y con él bailaba en automático, no necesitaba contar los pasos ni estar pendiente que seguía, él únicamente la dirigía y ella lo seguía como por arte de magia, los presentes ya comenzaban a darse cuenta que tanto la esposa del patriarca como su hija estaban de encargo y eso animó los comentarios por parte de la sociedad encargada de los chismes, pero ninguno se inmutaba, sobre todo el patriarca quien era el que estaba recientemente casado y aunque el embarazo de Dorothy era menos perceptible que el de Candy, también se prestó a comentarios mal intencionados, comenzando a sacar fechas de la anterior boda y del posible tiempo de embarazo, la esbeltez de Dorothy le había ayudado a disimular su embarazo bastante bien concluyendo muchos que solo tenía tres meses de embarazo justo el tiempo que tenía de casada, de la señora Brower había sido más difícil de decir, ya que no sabían la fecha exacta de su matrimonio así que era de esperarse que estuviera de encargo.

Michael y Eliza eran otra de las parejas que habían sido invitadas, no por Eliza ya que sus padres y hermano no habían sido requeridos, sino más bien por Michael y la importancia que empezaba a tener tanto en el ámbito médico como en el militar, Stear había entablado una amistad con ese joven desde que habían coincidido en aquella fiesta de Eliza en donde había salvado a Candy de la torre, y del cual estaba totalmente agradecido, Anthony por su parte había sido enterado de esa situación agradeciendo también a su superior por tan valiente hecho y aunque en el hospital no tenían mucho trato ya se había establecido entre ellos una amistad sincera, tenían que seguir aguantando a su prima a quien últimamente la veían un poco más tranquila que antes, no cabía duda que el matrimonio con Michael la tenía distraída de maldades.

Los novios salieron al igual que Albert y Dorothy, salieron por la puerta trasera cuando los invitados estuvieron más desprevenidos habiéndose despedido única y exclusivamente de los más allegados antes de entretenerse más, ellos saldrían de luna de miel hacia Europa, pero solo lo harían por un mes ya que estaban muy cerca las fiestas decembrinas y querían pasarla junto a sus seres queridos, los padres de Patricia así como su abuela estaban invitados a pasarla junto a los Andrew en Lakewood que sería ahí donde tendría cita la reunión navideña.

El tiempo seguía su curso y Anthony como todas los días llegaba con una rosa para su amada, aún no tenía buenos resultados con su nueva estirpe y como ya era invierno tampoco esperaría que floreciera en estos meses, tendría que esperar y ver si tendría éxito al inicio de la primavera, tenía años intentando que floreciera su rosa que al igual que la dulce Candy era dedicada para su amada pecosa, la cual desde que estaba en Escocia trataba de hacerla florecer, más sin embargo aún no lo lograba, pero ya había logrado que prendiera como rosal, aún le falta que diera flor, tendría que seguir esperando, mientras tanto seguiría con su promesa de llevarle una flor diaria a su princesa.

-Buenas tardes amor. – Lo recibía Candy feliz de verlo llegar a su hogar.

-Buenas tardes princesa. – Le contestaba Anthony dándole un suave beso en los labios, mientras la tomaba con delicadeza por la cintura, para después acariciar su vientre y entregarle la rosa.

-¿Cómo ha sido tu día? – Le preguntaba interesada en saber si había tenido un buen día.

-Ha sido un día bastante tranquilo, pero la próxima semana empezaré las guardias para poder tener unos días libres para navidad. –Se quejó un poco porque no quería dejar a su amada sola tanto tiempo.

-No te preocupes amor, estaremos bien. Además el señor Clark siempre está al pendiente mío desde que supo que estábamos esperando un bebé. – Dijo para infundirle confianza, pero aun así no se mantenía del todo tranquilo.

-Estaré al pendiente de ti amor y por lo pronto mandaré instalar una línea telefónica en el departamento.

-¿Pero no es eso muy caro?

- No te preocupes hermosa, además podemos pagarlo. – Le dijo guiñándole un ojo, aún no había recibido el total de la herencia que le correspondía, no porque Albert no lo hubiera intentado, sino porque él mismo había decidido que ese dinero se mantuviera a salvo por la posibilidad de que la guerra alcanzara al país.

Los antojos de Candy eran el pan diario de cada día, Anthony ya sabía que ella moría por los dulces, aunque últimamente le gustaba comer cosas con limón y sal, era una dieta poco recomendable por lo ácido que resultaba todo, pero trataba de balancearlo porque era algo que no podían evitar, incluso él era provocado por los antojos de la rubia.

-Amor… - Le dijo en forma mimosa, siempre que tenía un antojo era la manera en la que se refería a él.

-¿Qué se te antoja preciosa? – Le dijo sosteniéndola en sus brazos, dispuesto a complacerla.

-Tengo ganas de un elote asado. – Dijo con una sonrisa.

-¿Elote asado? – Preguntó un tanto sorprendido Anthony, haciendo memoria en donde podría encontrar un elote a esa hora. – Muy bien, pero esta vez tendrás que acompañarme. – Le dijo seguro ya que había recordado que cerca del hospital estaba una señora que vendía elotes.

-Está bien mi príncipe. – Le dijo gustosa y riendo a la vez, ya que sabía que siempre le tocaba al pobre buscar los antojos tan raros que tenía y que siempre eran a la hora que él llegaba, teniendo más de una vez que salir a buscarlos muy al estilo de la dama y el vagabundo porque a veces eran a media noche. Las náuseas nocturnas aún no cesaban pero las trataba de controlar para no regresar lo que tanto trabajo le costaba conseguir a su amado.

Caminaron juntos tomados de la mano para conseguir un coche que los llevara, no tenía la intención de que su esposa caminara hasta el hospital y mucho menos con el frío que hacía, de pronto se había arrepentido de haberla llevado consigo.

Candy vio la preocupación en su rostro y trató de tranquilizarlo.

-No te preocupes amor, no está aún tan frío, además en cuanto compremos mi antojo nos regresamos al departamento. – Anthony asintió aún angustiado y pidiendo al cochero que apurara su paso.

Llegaron al establecimiento con la señora y pidieron para ambos, en cuanto fueron atendidos se regresaron en el mismo coche que los estaba esperando. Candy se burlaba de Anthony porque la trataba como a una niña pequeña, pero no quería que el frío le pasara factura a su esposa.

-Amor, te prometí que te cuidaría y eso es lo que estoy haciendo, además tú también tienes que cuidarte por nuestro hijo.

-Anthony. – Dijo Candy al escuchar decir "nuestro hijo"

-Dime hermosa.

-¿Y si es una niña? Digo… siempre nos referimos al bebé como un niño… ¿Qué pasaría si es una niña?

-No pasaría nada, es más, yo sería el más feliz de todos.

-¿Por qué? – Pregunto curiosa.

-Porque tendría a una pequeña y hermosa pecosa corriendo entre nosotros, una bella niña fruto de nuestro amor. – Le decía besando dulcemente sus labios.

-¿Y si es niño? – Le dijo traviesa.

-Entonces tendría otro caballero que me ayudaría a cuidar a mi princesa. – Las lágrimas de Candy asomaban a su rostro causando preocupación en el joven rubio. -¿Qué sucede amor?

-No lo sé, he estado muy sensible, pero el no saber que vamos a tener me tiene intrigada.

-No te preocupes princesa, sea niño o sea una niña, para mí será perfecto, porque es fruto del nuestro amor, porque será mi hijo y tú serás su madre, te amo princesa eso no lo dudes nunca y no dudes que sea lo que tengamos lo amaré muchísimo.

Candy se sentía bendecida por la palabras del rubio, sabía que a él no le importaba mucho el género de su bebé pero al escuchar hablar a la gente y decir que los hombres preferían un varoncito, le hizo preguntarse qué pasaría si su amado Anthony prefería un niño y no una niña, y si ella tenía una niña y no un niño, le agradaría por igual, esas habían sido sus interrogantes hasta que había aclarado las cosas con él dejándola tranquila por ese lado. Anthony puso su mano en el vientre de su esposa antes de dormir profundamente y Candy como todas las noches que eso pasaba sintió mucho movimiento en su vientre, y de pronto Anthony sintió una patada en la palma de su mano, levantándose sorprendido por lo que había sentido, era la primera vez que sentía el movimiento de su bebé, solo conformándose cuando Candy le decía que se había movido, sobre todo cuando él acariciaba su vientre.

-¿Me pateó? – Pregunto feliz a Candy.

-Si amor, ¿Lo has sentido esta vez?

-¡Sí! – Dijo completamente emocionado, poniéndose de rodillas para hablar con su futuro hijo y hacerle todo tipo de cariños llenándolos a ambos con palabras tiernas. El sentir la voz de su padre hacía que el bebé permaneciera tranquilo y comenzara a arrullarse, era cuando Candy le decía que ya estaba dormido, ¿Cómo lo sabía? Ni ella misma podía explicarlo pero todas las noches cuando Anthony acariciaba su vientre el bebé comenzaba a moverse y al comenzar a hablarle sentía una relajación total que le indicaba que ya se estaba durmiendo. Ambos terminaron cansados después de eso ya que por la emoción que tenía el rubio por haber sentido a su bebé por primera vez les había quitado el sueño desvelándose un poco más de lo normal.

A la mañana siguiente como siempre Candy preparaba el alimento de su esposo, junto con el almuerzo de medio día, hacía tiempo que no le daba la sorpresa de llevárselo porque él decía que no quería que fuera sola a ningún lado, más Candy no hacía mucho caso porque se iba al mercado para comprar lo necesario para prepararle la comida.

Una vez que llegó la tarde Anthony se dirigió hacia ese lugar especial que le había mostrado Candy cerca del estaque, ahí donde habían hecho su primer picnic en el hospital, pero esta vez no se encontraba solo el lugar, encontrando a un triste Michael sentado en una banca. No sabía si acercarse o mejor marcharse y comer en otro lado, se decidió a irse cuando fue escuchado por el pensativo Michael.

-Hola Doctor Brower. – Dijo sorprendido.

-Hola Doctor, siento mucho haberlo interrumpido. – Dijo apenado.

-No te preocupes. – Decidió tutearlo, después de todo eran familia.

-¿Te ocurre algo? – Preguntó Anthony con un poco de indecisión al ver el semblante alicaído que tenía el joven médico.

-Es mi esposa. – Contestó triste.

-Siento escuchar eso. – Dijo Anthony. – Eliza siempre ha sido muy especial. – Dijo pensando que era por el carácter tan volátil y caprichoso de su prima.

-No es eso. – Dijo simplemente, callándose de nueva cuenta viendo hacia un punto fijo.

-Disculpa, no quise ser entrometido. – Dijo apenado.

-No, no te preocupes, en realidad necesito hablar con alguien. – Dijo bajando la mirada al piso, invitando a Anthony a sentarse con él. Michael ya había notado que el rubio siempre almorzaba en esa área y sabía que ahí podía encontrarlo sintiendo la necesidad de hablar con alguien al respecto de lo que le afligía.

-¿Qué es lo que sucede? – Le preguntó el rubio cuando lo vio que tenía ganas de desahogar la pena que indudablemente tenía en el alma.

-Desde hace tiempo Eliza y yo hemos estado buscando ser padres. – Dijo en un tono tranquilo. - Desafortunadamente no hemos tenido éxito en nuestra búsqueda. – Dijo con un suspiro.

-Lo siento. – Dijo sinceramente Anthony y más cuando él mismo estaba dichoso porque pronto se convertiría en padre.

-Nos hemos hecho unos estudios y ayer nos dieron los resultados. – Anthony no dijo nada solo esperaba que él hablara, lo sentía con necesidad de hacerlo, era lo que esperaba tal vez al encontrarlo ahí en ese lugar ya que Michael yq que él sabía que Michael se había dado cuenta de que ese era su lugar para comer, lejos del bullicio del hospital. – Eliza no puede tener familia. – Dijo de forma que se aguantaba las ganas de llorar.

-¿Ella lo sabe? – Michael asintió - ¿Cómo lo ha tomado? – Anthony fijó su mirada en su superior quien seguía viendo hacia el piso.

-Está muy mal, no ha querido salir de la recámara, siente que es su culpa.

-Eso no es culpa de nadie. – Dijo Anthony, mientras le venía una idea a la cabeza que lo asustó un poco, ya que muchos hombres al verse en esa situación decidían separarse de su esposa anulando los votos matrimoniales, alegando que no eran capaces sus esposas de darles descendencia, una razón válida para la sociedad de que se hiciera válido el divorcio entre las parejas. - ¿No estarás pensando en dejarla?

-Ella no es feliz, y más desde que se enteró que tú esposa será madre. – Dijo dándole a entender que ya había pensado en esa posibilidad.

-Hay otras maneras ¿no lo han considerado? – Dijo Anthony indignado por la poca imaginación de su superior.

-¿A qué te refieres? – Preguntó curioso.

-Michael, hay muchos niños que no tienen padres, crecen solos a expensas de los peligros que hay en el mundo, sin embargo muchos de ellos logran ser personas de bien, otros en cambio no lo consiguen ya que nadie les da esa oportunidad.

-¿Adopción? – Preguntó sorprendido ¿Cómo no se le había ocurrido?

-Mi esposa fue adoptada a la edad de doce años, por mi tío Albert.

-¿Adoptada? No lo sabía. Entonces debo asumir que conoces un lugar para hacerlo. – Anthony asintió sonriente.

-El hogar de Ponny. – Dijo simplemente. – Ahí tenlo por seguro que encontrarás al niño o a la niña indicada para que puedan ser unos maravillosos padres.

-No creo que Eliza esté de acuerdo.

- Tal vez, pero si no hablas con ella no lo sabrás, además eso impedirá que sigas pensando en divorciarte de ella. – Le dijo con cierto reproche.

-No lo había pensado por el hecho de que no puede darme descendencia, sino por el hecho de que ella no es feliz.

-No es feliz porque se siente incompleta como mujer, eso es normal, ella también añora ser madre Michael, y por ello está sufriendo. - ¿Quién lo diría? La caprichosa de Eliza Leagan estaba triste porque no podría ser madre y eso era algo que su marido aún no comprendía. –Habla con ella, ya llevas mucho camino recorrido con ella, Eliza no es la misma desde hace un tiempo, la has cambiado para bien, por lo menos ya no está viendo a quien hace daño. – Dijo dudando un poco de sus palabras.

-En eso tienes razón, desde que el Sr. William mandó a la familia de mi esposa a Florida, Eliza ha cambiado mucho desde que no tiene la influencia de su madre. Muchas gracias Anthony, me ha servido mucho hablar contigo. – Le dijo con una sonrisa sincera levantándose de ese lugar para seguir con sus actividades.

-Ha sido un placer Michael, me alegra haber podido ayudarte.

-¿Me darás la dirección de ese lugar? – Preguntó decidido a hablar con su esposa.

-Cuando gustes. – Dijo Anthony con una sonrisa.

Michael se retiró más tranquilo con la decisión de hablar con su esposa, sabía que sería difícil hablarlo con ella pero esperaba con el tiempo poder convencerla y más cuando había decidido aceptar un puesto en Nueva York porque pensaba darle la libertad a su esposa para que buscara ser feliz con alguien más, no había considerado dejarla para él poder conseguir otra esposa que si le diera familia. Se sentía nervioso, ansioso de hablar lo antes posible con Eliza, el día se le hacía largo, quería llegar a su hogar y plantearlo con ella.

Anthony se quedó a comer su almuerzo rápidamente ya que le quedaba poco tiempo para reanudar su labor en el hospital así como las clases. Se había quedado muy pensativo y hasta sentía pena por Eliza, pero por ningún motivo se involucraría con ella, no quería que fuera a salir con alguna ocurrencia y saliera lastimada su princesa, lo sentía por Eliza, pero primero estaba su familia.

Continuará…

Hasta aquí el capítulo, hermosas lectoras espero que les haya gustado o si no que por lo menos se hayan entretenido un poco de sus labores, de sus niñas o niños traviesos o de sus trabajos engorrosos jajajaja ya ven que como les he dicho, no gano pero como me divierto jajaja Pues a Eliza le tenía deparada una carta bajo la manga el destino, uno que ni ella misma se hubiera imaginado, espero que no haya problemas con esta muchacha ya que según esta más calmada desde que no tiene a su madre tan cerca. Disfruten mucho los capítulos, espero sus comentarios ya saben críticas individuales por favor y si son positivas mucho mejor jajajaja

Helena Meritxell, eres bienvenida a esta historia, espero ya hayas leído la anterior, si no te invito a hacerlo que como toda Anthony Fan tienes que hacerlo porque solo he escrito para mi Anthony adorado que al igual que tú pienso nunca debió morir espero seas mayor de edad jajaja ya que mis fic pecan de apasionados, espero no defraudarte y dejar la historia inconclusa, trato de terminarlas por ello las publico ya que tengo bastante avanzado, a esta ya le queda poco, así que espero sigas al pendiente de la lectura, te mando un fuerte abrazo, espero estés muy bien.

Les mando un fuerte abrazo a todas y cada una de las lectoras que me escriben y a las que solo leen también,, espero tengan todas un excelente y bendecido fin de semana un abrazo.

Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, si no yo no hubiera sido tan cruel, yo no hubiera acabado con la mitad de los descendientes de los Andrew y menos al estar tan guapos... bueno tal vez a Neal si jajajaja Es una historia de mi inspiración no apta para menores de edad ni para las personas que son sensibles a este tipo de lectura, es sin fines de lucro, solo por diversión.

Saludos!