No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
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Bella se precipitó a través de las calles de la ciudad, desechando su capa y las armas más pesadas que tenía, todo para tener más velocidad, todo para que pudiera regresar al castillo antes de que Rosalie... Antes de que Rosalie-
Un reloj comenzó a sonar en algún lugar de la capital, y su vida transcurrió entre cada repique.
Era bastante tarde así que las calles estaban en su mayoría desiertas, pero las personas que la vieron se mantuvieron bien alejadas de ella mientras pasaba corriendo, con sus pulmones a punto de estallar. Ella empujó su dolor hasta el fondo, dándose fuerza en las piernas, rogando a cualquier dios, que todavía se preocupara, celeridad y fuerza. ¿A quién utilizaría el rey? Si no Jacob, ¿entonces quién?
No le importaba si era el mismo rey. Ella lo destruiría. Y a esa amenaza anónima hacia Rosalie, ella resolvería eso, también.
El castillo de cristal se aproximaba, sus torres cristalinas brillaban con una luz verdosa pálida.
No otra vez. No otra vez, se decía a sí misma, con cada paso, cada palpitar de su corazón. Por favor.
No podía entrar por la puerta principal. Los guardias allí seguramente la detendrían o provocarían un escándalo que podría llevar al asesino desconocido a actuar rápido. Sin embargo, había un muro de piedra alto que colindaba con uno de los jardines, estaba cerca y mucho menos monitoreado.
Ella podría haber jurado que oyó los cascos tronando tras de ella, pero no había nada más en el mundo que ella y la distancia que la separaba de Rosalie.
Se acercó a la pared de piedra que rodeaba el jardín, su sangre rugía en sus oídos mientras corría para hacer un salto para llegar a la pared.
Golpeó el borde tan silenciosamente como pudo, con las manos y los pies buscando de inmediato un agarre, cavando con tanta fuerza que sus uñas se rompieron. Trepó hacia arriba y sobre la pared antes de que siquiera los guardias miraran hacia donde estaba ella.
Aterrizó en el camino de grava del jardín, cayendo sobre sus manos. En algún lugar en la parte posterior de su mente, se registró el dolor de sus manos, pero ella ya estaba en marcha de nuevo, a toda velocidad hacia las puertas de cristal que conducían al castillo. Parches de nieve azules brillaban bajo la luna.
Iría a la habitación de Rosalie primero. Iría allí y bloquearía el lugar para que Rosalie estuviera segura y luego acabaría con el bastardo que venía tras ella.
Los hombres de Garrett se podían ir al infierno. Los había despachado en menos de una palpitación. Y el que había sido enviado para herir Rosalie... esa persona era suya. Ella lo destrozaría pedazo a pedazo, hasta que acabara con él.
Y luego tiraría sus restos a los pies del rey. Abrió una de las puertas de cristal que daba al castillo. Había guardias merodeando alrededor, pero ella había elegido esa entrada porque la conocían, y conocían su cara. No esperaba ver a Edward, también, charlando con ellos. Sus ojos color zafiro no eran más que un destello de color que ella dejó atrás.
Oyó gritos a sus espaldas, pero ella no paró, no podía parar. No otra vez. Nunca más.
Llegó a las escaleras, saltándolas de dos en dos y de tres en tres, con las piernas temblando. Sólo un poco más, la habitación de Rosalie estaba solo un piso más arriba, y a dos pasillos más. Ella era la asesina de Adarlan, ella era Bella Swan. No fracasaría. Los dioses se lo debían. El Wyrd le debía. Ella no dejaría a Rosalie. No cuando habían quedado tantas palabras horribles entre ellas.
Bella golpeó la parte superior de las escaleras. Los gritos detrás de ella crecieron, la gente la llamaba por su nombre. Pero ella no pararía por nadie.
Se volvió hacia el pasillo tan familiar, casi sollozando de alivio al ver la puerta de madera. Estaba cerrada, no había señales de una entrada forzada.
Ella levantó sus últimas dos dagas, convocando a las palabras que necesitaría para explicarle rápidamente a Rosalie cómo y dónde tenía que esconderse. Cuando llegara, la única tarea de Rosalie sería guardar silencio y ocultarse. Bella se ocuparía del resto. Y disfrutaría del infierno que generaría.
Llegó a la puerta y se estrelló contra ella, rompiendo las cerraduras.
El mundo se desaceleró a un ritmo de tambores de edad antigua.
Bella contempló la habitación.
La sangre estaba por todas partes.
Antes de la cama, los guardaespaldas de Rosalie dormían degollados de oreja a oreja, con los órganos internos derramados en todo el suelo. Y en la cama...
En la cama...
Podía oír cada vez más los gritos, llegando a la habitación, pero sus palabras fueron de alguna forma amortiguadas, como si estuviera bajo el agua, escuchando el sonido de la superficie.
Bella estaba en el centro de la habitación helada, mirando a la cama, y el cuerpo roto de la princesa encima de ella.
Rosalie estaba muerta.
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Las leo.
