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Darkness..!

Pasaron dos días antes de que Jace despertara. Dos días que Alec permaneció en el Instituto, al lado de su Parabatai, esperando con ansias que se recuperara. Jace había despertado y los Hermanos Silenciosos habían explicado que ahora el rubio tenía en su interior el Fuego Celestial. Alec había pasado horas en la biblioteca intentando investigar un poco más sobre la reciente condición de Jace. El ojiazul estaba secretamente agradecido por la distracción. Podía utilizar a Jace como excusa para no ir a Brooklyn. No era que no quisiera ver a Magnus, en realidad lo extrañaba horrores, pero no se creía capaz de volver a lo que eran antes. Le daba demasiada vergüenza.

Había perdido el control en mitad de la batalla y por su culpa habían herido a Magnus. Aldergold estaba muerto, pero Alec aun podía escuchar sus palabras claramente. Las repetía una y otra vez en su cabeza. Sabía que no debía hacerlo. Que Aldergold solo había dicho eso para distraerlo, para poder acorralarlo. Pero había pasado tanto tiempo creyendo esa mentira... y tan poco tiempo intentando olvidarla.

-Alec- el chico levantó la vista del libro que leía para mirar a su hermana. Izzy estaba de pie a la orilla de la cama donde Jace dormía. Los Hermanos Silenciosos aun intentaban determinar si el Fuego Celestial en Jace no era peligro para los demás, así que no lo dejarían irse de la enfermería hasta no estar seguros. Alec se había quedado al lado de su Parabatai y se rehusaba a dejarlo.

-Izzy, que pasa?- preguntó a su hermana, cerrando el libro y dejándolo en su regazo.

-Pasa que te he enviado como 100 mensajes en los últimos 20 minutos- le dijo la chica, señalando su celular- por qué no me respondiste?

-Mensajes?- Alec entró en un pequeño pánico al tener que mentir de sorpresa.

-Tu teléfono- dijo Isabelle, cruzándose de brazos.

-No... no tengo mi celular. Lo olvidé en mi habitación- respondió Alec, rápidamente, bajando la mirada.

-Tenlo contigo siempre, yo también necesito saber que Jace está bien- fue todo lo que le dijo Izzy. Alec asintió, agradeciendo que su hermana lo creyera demasiado distraído con su Parabatai como para olvidar su teléfono. En realidad el teléfono de Alec llevaba días sin ser encendido, oculto en las profundidades del cajón de la mesita de noche.

Al día siguiente, al fin los Hermanos Silenciosos habían dado de alta a Jace, y lo primero que había hecho el rubio había sido correr a Brooklyn a visitar a Clary. Y así, Alec se había quedado sin excusa para quedarse encerrado en el Instituto. Su padre estaba ahí. Después de lo sucedido con Aldergold, Robert había regresado a Nueva York para estar con su hijo. John se había ido a Alicante para no dejar solo a su padre. Las cosas en Idris estaban bastante ajetreadas, y John sabía que su papá no podía cuidarse solo cuando tenía tanto trabajo y sin tener a su Parabatai para ayudarlo. Isabelle se encargaba de contarle todo por mensajes de fuego.

Alec suspiró por milésima vez. Estaba en su habitación, sentado sobre su cama, con diez libros abiertos frente a él. Era la información mas relevante que había encontrado acerca del Fuego Celestial. En realidad no prestaba atención a su lectura. Ya había repasado las mismas páginas un sin fin de veces, intentando distraer su mente. Ahora que Jace ya era libre de ir y venir, Alec tenía que ocuparse en otras cosas. Alguien tocó a su puerta y Alec se apresuró a tomar un libro para fingir que leía atentamente.

-Adelante- dijo con voz clara y la puerta se abrió, dando paso a Isabelle.

-Así que aquí te escondías?- dijo la chica, recargándose en el marco de la puerta y cruzando los brazos.

-No me escondo, aquí estoy- dijo Alec, encogiéndose de hombros.

-Aja, y se puede saber en dónde está tu teléfono?- le preguntó su hermana, alzando las cejas. Alec pasó saliva pesadamente.

-Qué?

-No finjas demencia, Alexander- Izzy entró en la habitación dando grandes zancadas y comenzó a revisar los cajones.

-Oye... Isabelle! Que haces, deja mis cosas- Alec dejó el libro y se lanzó sobre su hermana. Pero la chica era más pequeñita, y se escabullía fácilmente. Esquivó a Alec y volvió el contenido del cajón de su mesita de noche, encontrando rápidamente el celular apagado de su hermano.

-Ni siquiera tiene batería!- saltó la chica, mirando a Alec.

-Olvidé cargarlo- se excusó rápidamente el chico, sonrojado y evitando mirarla, Isabelle supo al instante que estaba mintiendo.

-Alec, por qué no has ido con Magnus últimamente?- preguntó Isabelle, yendo a poner el celular de su hermano a cargar. Alec la miró, un poco desorientado por el cambio de tema.

-He estado ocupado- respondió automáticamente, no era una mentira, si había estado haciendo de niñera para Jace.

-Tan ocupado como para no responder ni siquiera sus mensajes?- preguntó Izzy, señalando el teléfono que ya encendía y ahora mostraba la gran cantidad de mensajes y llamadas del Brujo. Alec se sonrojó y bajó la mirada, Isabelle lo miró preocupada- te hizo algo?

-No, claro que no- se apresuró a aclarar Alec.

-Entonces?- Izzy volvió a su postura cruzada de brazos y Alec suspiró.

-No lo sé- respondió antes de dejarse caer sentado a la orilla de su cama- no me siento listo para... yo... no lo sé, Izzy, estoy confundido.

-Déjame adivinar- dijo la chica, dejando el celular y sentándose junto a su hermano, pasando un brazo por sus hombros- llevas cuatro días dándole vueltas a cualquier situación loca que te planteaste en tu cabecita y aun no sabes que hacer, cierto?

-No puedo volver con él como antes, Isabelle- dijo Alec, sin mirarla- no puedo hacerlo, y me frustra, y sé que se molestará conmigo porque yo no...

-Alec, basta- lo interrumpió la chica- sabes perfectamente que Magnus no se va a enojar contigo.

-Como lo sabes?- le preguntó Alec, mirándola.

-Nunca lo he visto molesto contigo, y mira que Magnus es bastante diva- respondió su hermana, y Alec rodó los ojos.

-El que no lo exprese no significa que no esté enojado. Tal vez no lo diga, pero en realidad le frustra que yo sea así- dijo Alec en voz baja. Isabelle lo miró fijamente.

-En primer lugar, Magnus no tiene ningún derecho a molestarse contigo solo porque no quieres intimar- Alec abrió la boca para decir algo, pero Izzy no lo dejó- en segundo lugar, conoces a Magnus, conocemos a Magnus, sabemos cómo se comporta, no solo contigo, con todos. Si algo le molesta, lo dice y ya.

-Se que Magnus nunca me diría algo así, pero eso no significa que no lo piense- siguió Alec.

-Te estás convenciendo a ti mismo que Magnus se guardaría algún comentario sobre algo que le molesta- le dijo Izzy- y si eso crees, entonces no lo conoces lo suficiente. Aun me duele el que me haya dicho que mi maquillaje de ojos era impreciso y demasiado oscuro. Dejé la sombra negra desde entonces.

-Isabelle, eso es completamente diferente- dijo Alec cerrando los ojos, deseando no tener que estar hablando de eso con su hermana- lo hace para no incomodarme.

-Incomodarte?- preguntó Izzy, algunas veces las ideas de su hermano mayor la confundían demasiado.

-He escuchado a Jace y John hablando sobre sus... necesidades, cuando creen que no estoy cerca para no incomodarme- dijo Alec con la mirada fija en el suelo- los he escuchado hablar de chicas, escucho su frustración cuando no... cuando la chica que les gusta no hace algo que ellos quieren- siguió Alec, y luego levantó la mirada, dándose cuenta de algo- ahora que lo pienso, John se refería a ti... recuérdame que tengo que lanzarle una flecha.

-Pondré una alarma en mi celular- asintió la chica.

-No puedo dejar de pensar en que Magnus también siente eso- siguió Alec, mirando a su hermana- yo no puedo satisfacerlo de esa forma...

-No aun- le dijo Isabelle. Alec la miró fijamente- Alec, esta situación no será para siempre. No puedes quedarte así para siempre. Nunca lograras ser feliz si no avanzas.

-Porque nunca lograré tener una relación normal- dijo el chico bajando la mirada.

-Alec, no necesitas una relación para ser feliz- le dijo Izzy, negando con la cabeza- tienes que ser feliz por ti y gracias a ti, no gracias a otra persona- Isabelle tomó a Alec por la barbilla y lo giró suavemente para que la mirara- si quieres recuperarte, tener una relación y hacer lo que cualquiera en una relación hace, hazlo por ti, no porque Magnus quiera.

-Cuando te hiciste tan inteligente?- le preguntó Alec con una pequeña sonrisa.

-Soy la única chica de cinco hijos- respondió Izzy con una sonrisa- mamá me ha dado mil y una platicas al respecto.

-Supongo que ella y papá también evitan hablar sobre sexo cerca de mi- dijo Alec. Izzy se encogió de hombros.

-No importa, ahora lo que importa es que es lo que harás?- le preguntó a su hermano mayor, alzando las cejas. Alec se mordió el labio.

-Se que tienes razón, y en verdad quiero hacerlo, pero no...

-De acuerdo, de acuerdo, te pondré opciones más sencillas- le dijo Izzy, poniéndose de pie y tomando el celular a medio cargar de su hermano y tendiéndoselo al chico- o vas a ver a Magnus ahora mismo o te hago que me cuentes todo lo que John dijo sobre mí en su plática con Jace.

-Isabelle...

-Jace se la pasará todo el día con Clary, mamá aun tiene reuniones con la Hermandad sobre Jace incendiándose y papá está haciendo las labores de John y está cuidando a Max- dijo Izzy rápidamente- tengo todo el día libre para estar aquí contigo molesnd... quiero decir, hablando.

-De acuerdo, iré a ver a Magnus- dijo Alec, tomando su celular rápidamente. Sabía que su hermana era perfectamente capaz de hacerlo repetir todo palabra a palabra.

-Buena decisión- dijo Izzy- ve y envíame un mensaje cuando llegues a Brooklyn.

-Lo haré- le dijo Alec, mirándola ir hacia la salida.

-Ahora, tengo que ir a secuestrar el teléfono de la oficina para llamar a John- dijo la chica despidiéndose con la mano- regresará en un par de días y te recordaré lo de la flecha.

-De acuerdo- rió Alec antes de que la puerta se cerrara. Su habitación quedó en silencio una vez más. Suspiró y se dejó caer sobre la cama, sobre el montón de libros abiertos. Estaba seguro de que Izzy regresaría a revisar si en verdad había ido a Brooklyn, no le quedaba otra opción mas que hacerle caso, y sabía que tenía razón.

Después de cambiar sus zapatos y tomar una chaqueta, salió del Instituto con rumbo a Brooklyn. Eran cerca de las cuatro de la tarde cuando salió de la estación en Greenpoint, podía ver las ventanas abiertas del departamento del Brujo y supo que estaba en casa. Se apresuró a cruzar la calle y se plantó frente a la puerta. El nerviosismo que había sentido desde que había dejado su habitación seguía ahí. Maldecía y agradecía a su hermana mentalmente. Tenía que hacerlo, tenía que hablar con Magnus. Respiró profundamente antes de tocar el timbre una vez. Esperó un par de segundos hasta que el grito de Magnus le respondió por la bocina.

-QUIEN INTERRUMPE AL GRAN BRUJO?!- en verdad sonaba molesto. Alec pasó saliva pesadamente.

-Soy yo- dijo en voz baja, apenas audible, pero la puerta se abrió casi al instante. El ojiazul entró en el edificio a paso lento, subió las escaleras y se detuvo en los últimos dos escalones, al ver a Magnus esperarlo en el marco de la puerta de su departamento. Se quedó mirando al Brujo unos segundos- lamento mucho no haber respondido tus mensajes.

-Ni mis llamadas- dijo Magnus con voz suave, no sonaba a reproche, pero Alec sintió una punzada en el pecho.

-Yo... tenía que... quiero decir, Jace estaba... estaba dormido y...

-Cariño- lo interrumpió Magnus. Sabía que Alec mentía, Alec sabía que él sabía que mentía. No tenía caso ponerlo más nervioso- ven.

Magnus se hizo a un lado, invitando al Nefilim a entrar. Alec suspiró y entró en el departamento, sintiendo como sus músculos se relajaban ante el simple hecho de respirar el aroma en el lugar. Presidente Miau corrió hacia él y Alec lo levantó del suelo con una mano, pegándolo a su pecho y acariciando detrás de sus orejas. El pequeño gatito restregó su cabeza contra Alec, ronroneando fuertemente.

-Yo también te extrañaba- dijo el chico en voz baja. Magnus sonrió levemente. Fueron a la sala y tomaron asiento en silencio, Magnus quería darle un poco de tiempo a Alec para que se tranquilizara, para que volviera a tomar la familiaridad con el lugar. Sabía que solo habían pasado cuatro días, pero Alec se había distanciado, y lo conocía lo suficiente como para saber el porqué. Presidente Miau terminó de hacerle fiesta a Alec y bajó de su regazo, dirigiéndose al balcón para volver a su baño de sol vespertino. El ojiazul se quedó en silencio, sin mirar a Magnus, hasta que el Brujo rompió el hielo.

-Jace está bien?- le preguntó. Alec asintió levemente.

-Los Hermanos Silenciosos dicen que esta fuera de peligro- explicó Alec, sabía que Izzy había estado informando a Magnus de la situación- el Fuego Celestial no lo daña, pero si dañará a otros si Jace... pues ya sabes.

-Explota como siempre lo hace- dijo Magnus. Alec asintió, esa era la razón por la cual había evitado mencionarle a Jace lo que había pasado con Aldergold. Seguro el rubio hacia un coraje por no haber sido él el que lo atravesara con su espada- al menos ya puedes estar más tranquilo, ya que tu Parabatai está bien.

-Supongo- dijo Alec, bajando la mirada. Magnus podía ver la diferencia en el comportamiento de Alec. Estaba mucho más tenso que todas las otras veces que había visitado su departamento, era como volver al principio, cuando recién lo había conocido.

-Y tú? Como te sientes, dulzura?- preguntó Magnus con cuidado. Alec se encogió de hombros.

-Estoy bien- le dijo en automático. Magnus se acercó un poco a él, llamando su atención. Alec miró los ojos de gato del Brujo, lo miraban preocupados. El ojiazul soltó un suspiro- estaré bien, solo... necesito deshacer un poco todo el estrés acumulado.

-Quieres que te de un masaje?- preguntó Magnus con una suave sonrisa, pero Alec se estremeció. Recordando aquel masaje que Magnus le había dado hacia no mucho y que lo había hecho sentir...

-Estoy bien, gracias- dijo Alec rápidamente, abrazándose a sí mismo sin darse cuenta.

-Alec...

-Lamento no haberte respondido las llamadas y mensajes y no haberte visitado- lo interrumpió el menor. Magnus lo miró fijamente- es solo... después de lo que pasó en el Burren... no me sentía listo... me sentía demasiado culpable...

-No fue tu culpa, cariño- se apresuró a decirle Magnus- cualquiera puede salir herido durante una batalla.

-No, yo... quiero decir...- Alec miró a Magnus fijamente. El Brujo notaba todo el dolor en su mirada y no sabía que pensar. Si lo que molestaba a Alec no era haberse quedado petrificado al ver a Aldergold, entonces que era? El chico lo sorprendió al inclinarse hacia adelante y besarlo con fuerza. Magnus se dejó hacer al instante, sin saber muy bien que pensar del comportamiento del Nefilim.

Alec lo empujó hasta que quedó recostado sobre el sillón. Magnus puso sus manos en los hombros del menor, sin atreverse a explorar mucho, no ahora que no sabía que pasaba por la mente del ojiazul. Alec se quedó sobre el Brujo, pegando su cuerpo al de él y besándolo profundamente mientras cerraba los ojos con fuerza, intentando no hacerle caso a la voz que resonaba en su cabeza, una voz muy parecida a la de Aldergold.

Magnus correspondía el beso con cuidado. Sintiendo todos los movimientos del ojiazul. En definitiva era diferente, se sentía completamente diferente a todos los anteriores besos que le había dado. Ni siquiera su primer tosco y rápido beso había sido así. No fue sino hasta que sintió la humedad en sus propias mejillas que se dio cuenta que Alec estaba llorando y temblaba levemente.

-Alec, oye, espera- Magnus se separó un poco del chico, empujando levemente para que Alec se detuviera- Alexander, tranquilo.

-Lo siento- soltó el Nefilim, sin levantar la cabeza. Magnus sintió la respiración entrecortada del ojiazul golpear su cuello y lo tomó suavemente del rostro para alejarlo y poder mirarlo.

-Sé lo que quieres hacer- dijo Magnus mirándolo a los ojos. Los hermosos ojos azules estaban llenos de lagrimas- pero no intentes forzarte, Alec.

-Solo... solo quiero volver a como era antes de la batalla- dijo el chico. "Antes de encontrarme con Aldergold" pensó.

-Lo sé, hermosura. Pero no puedes simplemente acelerar las cosas cuando tu cuerpo no lo quiere- le dijo Magnus.

-Si quiero...

-Y por eso que me has evitado por cuatro días?- le preguntó Magnus suavemente, Alec bajó la mirada y se separó del Brujo, cubriéndose el rostro con las manos- Alec, esto no es tu culpa.

-Sí, lo es- dijo el Nefilim, con la voz amortiguada por sus manos- todo es mi culpa, siempre fue mi culpa.

-Alec...

-Fui demasiado débil para resistir mis deseos por otro chico...

-Cariño, no...

-Demasiado débil para denunciar a Aldergold desde un principio- Alec seguía con el rostro oculto entre sus manos, pero Magnus podía escuchar el llanto en su voz. Su cuerpo se sacudía bruscamente por los sollozos- ni siquiera tuve control sobre mi mismo durante una batalla. Por mi culpa casi morimos, ambos. Y Aldergold te hirió horriblemente y yo no hice nada para...

-Alexander, basta- Magnus tomó suavemente las manos de Alec, evitando a toda costa tomar sus muñecas. Pero aun así, Alec saltó e intentó soltarse. Magnus mantuvo su agarre y lo miró fijamente a los ojos- Alec, mírame- el chico cerró los ojos y bajó el rostro- mírame, por favor.

-Lo lamento tanto, Magnus- dijo el chico entre sollozos, mirándolo al fin con los ojos llenos de dolor.

-No tienes nada por que disculparte, me oyes?- dijo el Brujo claramente- absolutamente nada de lo que sucedió fue tu culpa. Todo fue culpa del monstruo de Aldergold. Tu eres maravilloso, Alexander. Ya habíamos hablado al respecto, necesito que lo aceptes, que confíes nuevamente. Sabes cuál es la verdad. A quien le crees, a mi o a ese idiota?

Alec guardó silencio unos segundos, pensando en lo que Magnus acababa de decir. El Brujo tenía razón. Él mismo sabía los grandes avances que había hecho gracias al Subterráneo. Sabía a la perfección todo lo que había logrado, todo lo que habia recuperado. No podía dejar que una conversación de solo minutos con Aldergold arruinara lo que le había tomado meses conseguir. Respiró profundamente un par de veces, mirando a Magnus en todo momento, antes de asentir levemente con la cabeza. El Brujo le sonrió tiernamente.

-Ese es mi novio- dijo Magnus, moviendo su mano y acariciando la blanca mejilla del Nefilim, limpiando las lagrimas. Alec se estremeció, pero no se apartó.

-Ya no quiero que me arrebate lo bueno en mi vida- dijo Alec, Magnus le sonrió mientras asentía, apoyándolo- pero aun así...

-Está bien, solo empezaremos de nuevo- le dijo Magnus, tomando sus manos fuertemente- igual que al principio, daremos pequeños pasos a la vez, estarás bien.

-Ni siquiera eran pasos, solo me tambaleaba de un lado para otro- dijo Alec con una pequeña sonrisa.

-Entonces nos tambalearemos juntos- le aseguró Magnus, acariciando la mejilla del menor suavemente. Alec se lanzó hacia adelante y abrazó al Brujo. Magnus lo apretó contra si, soltando un suspiro. Odiaba a Aldergold ahora más que nunca. Alec había avanzado tanto en su recuperación, y ese idiota lo había hecho retroceder en solo segundos, y ahora el tipo estaba muerto y Magnus no podía descargar su furia en él.

Se quedaron el resto de la tarde sentados en la sala, comiendo helado, mirando televisión y hablando. Una tarde normal y relajada, esas tardes que mas había extrañado Alec en esos cuatro días. Alrededor de las once de la noche, Magnus comenzó a bostezar. No había dormido mucho los últimos días, estaba preocupado por Alec, además de que Luke lo tenía trabajando horas extras como miembros del Consejo. Magnus estaba recostado en el sillón y Alec estaba recostado sobre él, ambos cubiertos por un montón de mantas. El ojiazul levantó la mirada hacia Magnus y entonces se dio cuenta que, debajo de todo el maquillaje, llevaba unas ojeras enormes. El Nefilim se mordió el labio y se enderezó en el sillón.

-Creo que es hora de regresar al Instituto- dijo el menor, apartando la manta con la que se cubría.

-Regresar? Pero ya es muy tarde- le dijo Magnus, enderezándose también y mirando el reloj en la pared.

-El metro para hasta la una, no habrá problema- dijo Alec, encogiéndose de hombros.

-No me refiero a eso, llegaras al Instituto después de media noche- Magnus lo miró preocupado, pero Alec desvió la mirada.

-Está bien, mientras cuidaba a Jace no tenía mucho que hacer, yo también dormí mucho- le dijo Alec, poniéndose de pie.

-Alec...

-Volveré mañana- lo interrumpió el Nefilim, mirándolo a los ojos al fin. Magnus entendió. Alec daba por hecho que si se quedaba dormiría con él, en su habitación, y no estaba listo para eso, no más. Magnus soltó un pequeño suspiro.

-De acuerdo, cariño- le dijo con una sonrisa- pero haré un portal para ti.

-Qué? No... Magnus, no tienes que...

-O te vas por portal o te quedas en el sillón, y créeme, por más que lo parezca, no es nada cómodo para dormir- lo interrumpió Magnus, cruzando los brazos. Alec se mordió el labio y lo pensó unos segundos. Volvió la mirada hacia Magnus y el Brujo simplemente alzó las cejas y mantuvo su postura. Alec soltó un suspiro.

-De acuerdo- dijo al fin y Magnus asintió. Ambos se dirigieron a una de las estanterías. Después de un par de movimientos de sus manos, Magnus apareció un brillante portal sobre la pared, del otro lado podía verse el callejón al lado del Instituto. El Brujo se giró para mirar de frente a Alec.

-Envíame un mensaje cuando llegues- le dijo Magnus, Alec soltó una risita.

-O sea, ya que salga del otro lado del portal?- le preguntó el ojiazul burlonamente. Magnus rodó los ojos.

-Bien, envíame un mensaje cuando llegues a tu habitación- le dijo, acercándose y abrazándolo por la cintura. Alec soltó una risita y se pegó un poco más al cuerpo del Brujo, rodeándole el cuello con los brazos.

-De acuerdo, lo haré- dijo el Nefilim, sonriendo. Se miraron a los ojos unos segundos. Alec se mordió el labio antes de acercarse y besar suavemente a Magnus. El Brujo lo dejó tomar el control, que durara lo que quisiera y que lo profundizara como quisiera. Se besaron suavemente por varios minutos. Alec quería mas, quería besar a Magnus profundamente y tenderlo sobre el sillón. Quería levantar su camisa y acariciar su espalda, suave, lisa y bronceada. Que Magnus le mordiera el cuello como siempre lo hacía... sintió una punzada en su pecho y se separó del Brujo.

-No olvides el mensaje- le dijo Magnus con una pequeña sonrisa. Alec le sonrió de vuelta y asintió antes de girarse y avanzar hacia el portal. Con una última mirada y un movimiento de su mano, se despidió del Brujo y pasó por el brillante circulo de luz. Las calles de Manhattan estaban frías, se abrazó a sí mismo cuando el gélido aire de otoño lo golpeó. Miró una última vez hacia el punto donde había estado el portal y después corrió dentro del Instituto, esperando resguardarse del frio.

-Alec?- se giró al escuchar su nombre en cuanto entró por la puerta principal. Sus padres estaban de pie al tope de las escaleras del vestíbulo.

-Hola mamá, papá- saludó el chico, subiendo los escalones y acercándose a sus padres.

-Estábamos por llamarte, Jace llegó hace una media hora- dijo Robert.

-Es tarde, en donde estabas?- preguntó su madre, cruzando los brazos. Robert se detuvo detrás de ella.

-Estaba en Brooklyn... con Magnus- les respondió, desviando la mirada. Los tres se quedaron en silencio unos segundos.

-Y como fue?- preguntó Robert, ganándose un codazo por parte de su esposa.

-Bien- respondió Alec- hablamos, cenamos, todo bien.

-Bien.

-Bien- dijeron los padres Lightwood. Hubo más segundos de silencio.

-Erm... estoy algo cansado, voy a...

-Oh, sí, claro- dijo Robert, apartándose para que Alec pudiera dirigirse a las escaleras.

-Buenas noches, cielo- le dijo Maryse. Alec simplemente asintió con la cabeza. Los dos adultos se quedaron mirando a su hijo subir las escaleras, estudiándolo. No se veía como lo había hecho los días anteriores, cabizbajo y nervioso. Ahora que Jace había despertado y que sabían que estaba bien, y... tenían que admitirlo, ahora que había hablado con Magnus; Alec se notaba más relajado. Los padres se miraron, seguían preocupados por Alec, pero al menos ya comenzaba a mostrar un cambio, de nuevo gracias a Magnus.

Alec llegó a su habitación y cerró la puerta para luego recargarse en ella. Su cama seguía con los libros abiertos sobre ella. Soltó un profundo y largo suspiro. El día había ido mejor a lo que había planeado. Aunque claro, desde que Jace había sido dado de alta su único plan había sido encerrarse en su habitación, fingir leer y hundirse en su miseria. Gracias a su enfadosa hermana ahora se sentía mucho mejor. Su celular vibró en su bolsillo y entonces recordó el mensaje prometido.

"Estoy un 97% seguro que ya debes estar en tu habitación"

Alec no pudo evitar soltar una risa ante el mensaje de Magnus y se apresuró a responderle:

"Acaso tienes vigilada mi habitación"

"No, si así fuera estaría 100% seguro, pero solo estoy 97% seguro, puedes estar tranquilo"

Magnus respondió casi de inmediato. Alec sonrió y se resbaló por la puerta hasta sentarse en el piso, su cama estaba ocupada, no tenía prisa en recostarse.

"Y de donde sacaste el 97%?"

"Iglesia se mensajea con Presidente Miau, ya sabes, chismes de gatos"

Alec rió y envió varios emoticones riendo.

"Supongo que tu entras en esa categoría de chismes"

"Ja ja ja. Muy gracioso. No te sorprendas si envió a Iglesia a darte un buen rasguño por la noche"

Alec lo pensó, ese gato daba miedo, estaba seguro de que Magnus no tendría que pedirle dos veces que fuera a rasguñarlo.

"Cerraré puertas y ventanas"

"Teme a la bola de pelos con navajas en las patas!"

Alec estuvo por reír de nuevo, pero alguien golpeó la puerta fuertemente en ese momento haciéndolo pegar un brinco y soltar un gritito sin querer.

-Alec? Estas bien?- Jace abrió la puerta rápidamente, dándole un golpe a Alec- lo siento! Que haces ahí?

-Estaba... erm... qué?- Alec levantó la mirada hacia su Parabatai sin saber que decir. Jace rodó los ojos y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse.

-Vine a ver si ya habías llegado. Debiste haberme dicho que también estabas en Brooklyn. Hubiéramos regresado juntos- le dijo Jace dirigiéndose a la cama.

-Magnus hizo un portal para mí- dijo Alec, mordiéndose el labio. Tal vez Jace le preguntaría por que había regresado al Instituto si ya era tarde. Tenía que pensar en una buena mentira. Pero Jace no preguntó nada, se había distraído leyendo algunas de las páginas de los libros sobre la cama de Alec.

-Fuego Celestial?- le preguntó el rubio, tomando uno de los libros y leyendo un par de líneas.

-Quería asegurarme de que mi runa Parabatai no fuera a quemarme también- le dijo Alec encogiéndose de hombros y comenzando a levantar los libros para desocupar su cama. Jace soltó una risita.

-Y bien?- le preguntó, ayudándolo a quitar los libros.

-Aparentemente estoy a salvo- respondió el ojiazul, sonriendo ampliamente. Jace también le sonrió. Alec sintió su celular vibrar.

"Dime que Iglesia no te atrapó?!"

Alec rió y escribió rápidamente.

"Llegó Jace. Y ahora, gracias a ti, desconfío de mi gato"

"Nunca has confiado en ese endemoniado animal. Te dejo que hables con el hombre en llamas. Duerme bien, cariño"

Alec respondió un simple "Buenas noches" y se sentó en la cama junto a Jace. El rubio ya había dejado a un lado los libros y se había sentado sobre la cama, recargando la espalda en la cabecera. Alec se sentó a su lado, imitando su postura, y lanzó el celular sobre la cama, frente a él.

-Como te fue con Clary?- le preguntó a su Parabatai. Jace soltó un suspiro.

-Bien, supongo- respondió, encogiéndose de hombros.

-Todo bien?- preguntó Alec, mirándolo.

-Aparte de que casi incendio la casa de Clary cuando nos besamos, si, todo bien- dijo Jace mirando a Alec. El ojiazul hizo una mueca y le dio un par de palmaditas en el hombro.

-Ya aprenderás a controlarlo- le dijo.

-Eso espero- murmuró Jace, antes de mirar a Alec nuevamente- quería hablarte de algo.

-Qué es?- preguntó Alec.

-En el Burren, que pasó?- Alec se tensó de inmediato y bajó la mirada. Jace tomó su mano- Maryse me adelantó algunos datos. Supongo que temía que quemara el Instituto, porque me lo dijo afuera.

-Si ya te lo dijo, entonces...

-No, no te dejaré que pases esto por alto, Alec- le dijo Jace, el ojiazul volvió a bajar la mirada.

-Jace...

-Alec- el rubio se movió para quedar frente a Alec. El mayor no pudo rehuir su mirada ahora- dime que sucedió.

Alec miró a Jace a los ojos. Estaba preocupado, pero también furioso, podía ver el Fuego Celestial danzando en sus iris doradas. El ojiazul soltó un profundo suspiro antes de comenzar a hablar. Sabía que no podía mentir, mucho menos a su Parabatai, pero tenía que decir las cosas con cuidado. Jace lo detenía a momentos, respirando profundamente para calmarse. Alec podía sentir el intenso calor que irradiaba el cuerpo del rubio. Ahora entendía porque su madre había hablado con Jace en el patio. Le contó todo hasta que Magnus se recuperó de la herida. Se quedaron en silencio unos minutos. Jace asimilando lo que le acababan de contar y Alec esperando que no estallara en llamas.

-Por qué no te quedaste en Brooklyn?- preguntó Jace, una vez que se tranquilizó. Alec se tensó nuevamente, ya había esperado esa pregunta, no que fuera a responder mejor.

-Yo... tenía que regresar- dijo Alec desviando la mirada- quiero decir, tu acabas de despertar, tenía que asegurarme que estuvieras bien y que no quemaras nada.

-Mentira- Alec ni siquiera intentó fingir sorprenderse por la declaración de Jace. Sabía que él sabía que mentía- por qué no te quedaste en el departamento de Magnus?

-No... no podía...

-Magnus te hizo algo?- preguntó Jace seriamente.

-No!- saltó Alec, comenzando a sentir el calor que emitía Jace- por qué creen que me hizo algo? Magnus nunca haría algo que yo no quisiera!

-Solo quería asegurarme- dijo Jace, tranquilizándose rápidamente- entonces?

-Es cosa mía, Jace- respondió Alec, exasperado.

-Pero por qué? No entiendo que...

-Por favor, ya no quiero hablar de eso de nuevo- interrumpió al Parabatai- ya lo hablé con Isabelle, y lo hablé con Magnus. Te juro que estoy trabajando en mis problemas Jace.

-Y yo quiero ayudarte también- le dijo Jace.

-Y lo haces. Siempre lo has hecho- aseguró Alec- esto es solo... es más cosa mía. Sé que lo... lo que dijo Aldergold no es verdad.

-Por supuesto que no lo es- dijo Jace, negando frenéticamente con la cabeza. Alec lo miró fijamente.

-Pero tengo que convencerme a mi mismo de eso- le dijo seriamente. Jace abrió la boca para decirle algo, pero Alec lo detuvo- lo sé, Jace, créeme. Se lo que piensan. Tu, Izzy, mis padres, incluso Magnus. Todos me han repetido lo mismo más de un millón veces.

-Y te lo repetiré otro millón de ser necesario- le dijo Jace.

-Por cada vez que ustedes me lo dicen, Aldergold me dijo lo contrario tres veces más- dijo Alec, Jace se quedó paralizado- y no me lo decía del modo gentil y suave que ustedes lo dicen. Tenía sus... métodos- ambos se quedaron en silencio unos segundos- tengo que convencerme de que ustedes son los que tienen razón, debo creerlo. Y quiero hacerlo, de verdad. Pero aun esta esa voz en mi cabeza que...

-No debes escucharla- le dijo Jace rápidamente.

-Intento no hacerlo- respondió Alec- logro ignorarla casi todo el tiempo, pero aun hay situaciones que... me lo dificultan.

-Que puedo hacer? Alec, quiero ayudarte- le dijo Jace, luciendo derrotado.

-Ya lo estás haciendo- respondió el ojiazul, sonriéndole a su Parabatai- todos lo hacen. Sé que se desesperan porque quieren que les crea lo más pronto posible y me recupere, pero no es un cambio que pueda hacer de la noche a la mañana.

-No, claro que no. Alec, no queremos presionarte- Jace tomó las manos de su hermano entre las suyas- lamento si así lo sentiste, pero no es así.

-Tranquilo, Jace, se que nunca me dañarían- sonrió Alec- solo, no quiero que sientan que no me están ayudando, porque si lo hacen. Cada vez... cada vez que la voz de Aldergold en mi cabeza intenta decirme algo, tu voz, o la de Izzy o la de John, todas sus voces gritan en mi cabeza y la opacan. Siempre están ayudándome.

Jace le sonrió y apretó las manos de Alec entre las suyas. El ojiazul le devolvió la sonrisa. El rubio soltó un suspiro y se dejó caer recostado al lado de Alec.

-Vaya día- dijo acomodándose en la almohada- no me vas a echar, cierto?

-Puedes quedarte, mientras no tengas un sueño sucio con Clary e incendies mi cama- dijo Alec con una sonrisa burlona al tiempo que se recostaba junto a Jace. El rubio se sentó en la cama, mirando al mayor con los ojos muy abiertos y algo sonrojado. Era la primera vez que Alec hacia una broma referente al sexo y era tan... tan... Alec soltó una carcajada al ver la reacción de su Parabatai, unos segundos después, Jace también soltó la risa. Rieron un buen rato hasta que los dos quedaron tendidos boca arriba en la cama de Alec. Después de unos minutos, Jace escuchó los leves ronquidos del mayor. Se giró para mirar a su Parabatai, y no pudo evitar sonreír. Alec estaba mejorando. Lento, rápido, como fuera, él estaba contento de que su mejor amigo pudiese ser feliz al fin.

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El día siguiente fue más tranquilo. Con Jace despierto y en casa, toda la familia estaba menos tensa. Habían desayunado todos juntos y habían dejado a Max verlos entrenar ese día. Después del entrenamiento, Jace había dicho que quería ir a visitar a Clary, y Max le había pedido a Izzy que lo llevara a Central Park, y Alec quedó dividido entre sí ir a Brooklyn con Jace, o ir al parque con sus hermanos. Él y Jace acordaron ir a comer al parque en un picnic con Izzy y Max, y después ir a Brooklyn.

Se quedaron en Central Park más de lo pensado. Alec terminó llegando al departamento de Magnus cerca de las siete. Aun no estaba seguro de si se quedaría a dormir ahí o no, pero quería ver a Magnus. Esa vez no tocó el timbre, utilizo su llave y entró rápidamente. Dentro, la música de Vivaldi lo recibió con un delicioso calor proveniente de la chimenea. Vio a Presidente Miau hecho un ovillo sobre uno de los cojines en la sala, pero el rico olor a chocolate lo llevó a la cocina. Magnus estaba removiendo una enorme olla en la estufa.

-Hola, dulzura!- saludó a Alec cuando llegó junto a él- espero te guste el chocolate caliente.

-Huele delicioso- dijo Alec, acercándose y mirando el contenido de la olla. Magnus aprovechó la cercanía para inclinarse hacia el chico y demandar un beso. El ojiazul soltó una risita y besó los labios del Brujo antes de ir por un par de tazas para el chocolate.

-Como fue tu día?- preguntó Magnus, sirviendo chocolate en las tazas.

-Bien, fue bastante... familiar- respondió Alec con una sonrisa.

-Eso es bueno- le dijo Magnus.

-Y que hay de ti?

-Pues hoy fue muy productivo para mí- le dijo Magnus, poniendo las dos tazas a un lado y abriendo un gabinete para sacar mini malvaviscos- hoy tuve una cita de trabajo en Bushwick, y después me pasé por la tienda de ingredientes para pociones, ayer les llegó producto nuevo y todo estaba de lo más fresco- Magnus terminó de poner los malvaviscos y le tendió una taza a Alec, el chico le sonrió y tomó la taza- después regresé a casa y me puse a hacer pociones para surtir mi alacena.

-Que responsable- dijo Alec, siguiendo al Brujo hacia la sala.

-Lo sé, me sorprendí a mi mismo- rió Magnus, sentándose frente a la chimenea. Alec lo imitó. Descansaron frente a la chimenea, hablando de todo un poco mientras bebían chocolate caliente. Alec ni siquiera se dio cuenta de cuando dieron las dos de la mañana.

-Por el Ángel, es tardísimo- dijo mirando el reloj en la pared. Magnus también revisó la hora y miró a Alec de reojo.

-Quieres que haga un portal para que regreses?- preguntó Magnus suavemente. Alec se mordió el labio y lo miró.

-No... yo...- pasó saliva pesadamente y miró a Magnus a los ojos- puedo... puedo quedarme?

-Por supuesto que sí, cariño, aquí siempre hay una habitación para ti- le respondió Magnus con una sonrisa.

-Gracias- dijo Alec sonriéndole también. En ese momento el celular de Magnus comenzó a sonar, ambos lo miraron extrañados, quien llamaría a semejante hora?

-Catarina- dijo Magnus rodando los ojos- te juro que esa mujer ni siquiera sabe si es de día o de noche, siempre encerrada en el hospital.

-Avisaré a casa que me quedaré- dijo Alec soltando una pequeña risa. Magnus solo asintió antes de responder la llamada. El Nefilim tecleó rápidamente a su Parabatai, diciéndole que se quedaría en el departamento de Magnus ese día. Mientras esperaba la respuesta de Mamá Herondale, se puso a pensar, que habitación tomaría? La que había tomado en un principio, solo, con la pequeña lámpara de fuego azul en la mesita de noche? O iría a la habitación de Magnus, cálida y cómoda. No sabía si estaba listo para sentir otro cuerpo junto a él en la cama, al menos no alguien ajeno a su familia.

Alec sintió una punzada en su cabeza. La voz de Aldergold no lo había dejado en paz desde esa noche en el Burren, y su mente estaba agotada de intentar callarla. Su celular vibró y la respuesta de Jace apareció en su pantalla. La palabra "Seguro?" que le había enviado Jace solo aumentó el dolor que comenzaba a formarse en su cabeza. Tecleó una rápida respuesta antes de sobarse la sien. A los pocos segundos un "De acuerdo, ten mucho cuidado y avísame cuando despiertes" lo hizo sonreír. Maryse habría estado orgullosa de la madre en la que se había convertido Jace. Magnus volvió a su lado mientras dejaba su celular en la mesita de centro.

-Como dije, no sabe si es de día o noche- dijo Magnus soltando un suspiro, Alec le sonrió.

-Pensaba que eran las 2 de la tarde?- le preguntó.

-Oh no, sabía que eran las 2 de la madrugada y aun así no le importó darme trabajo- respondió Magnus soltando un bufido. Alec soltó una risita, pero luego se puso serio.

-Si tienes que salir, yo...

-No, claro que no- lo interrumpió Magnus con un ademan de la mano- necesito devolverle un par de libros que tomé prestados cuando Jace... bueno ya sabes- Alec recordaba la cantidad de libros que había leído Magnus cuando Jace había desaparecido, simplemente asintió, bajando la mirada. Su dolor de cabeza comenzaba a aumentar rápidamente- quieres irte bañando en lo que yo busco los libros? La verdad es que no tengo ni idea de en donde están.

-Claro- dijo Alec poniéndose de pie- en realidad, tendrás algo para el dolor de cabeza? Los Iratze no funcionan precisamente para eso.

-Por supuesto, cariño- le dijo Magnus mientras avanzaba hacia su estudio- hoy hice poción nueva con los ingredientes que compré. En la cocina esta el armario de pociones, busca la que diga "Dolor de Cabeza" las tengo bien organizadas.

-Gracias- dijo Alec, dirigiéndose a la cocina, donde le había indicado Magnus.

El ojiazul encontró una pequeña puerta al final de la cocina, junto a un gran mueble lleno de utensilios para pociones. Abrió la puerta y vio un pequeño espacio cuadrado, lleno de estanterías con pequeños frasquitos sobre ellas. Estaba bastante oscuro, buscó a los lados y encontró el interruptor de luz al lado del mueble con los utensilios de pociones. Una sola bombilla se encendió dentro y Alec pudo entrar para buscar la poción indicada.

Comenzó a leer las etiquetas que tenía Magnus en los frasquitos, buscando la que necesitaba, y en ese momento escuchó como un enorme cucharon caía del mueble para pociones, se giró al tiempo que escuchaba un sonoro maullido. Suspiró, girándose para salir del lugar, seguro Presidente Miau se había quedado atrapado en lo alto del mueble con los utensilios de pociones. Y no se equivocaba. Con un gran salto suicida, el gato se lanzó hacia la estufa para poder bajar del enorme mueble. Pero su extraño movimiento hizo que todo se viniera abajo. El mueble para pociones cayó, cerrando la puerta del armario de pociones en el que se encontraba Alec y apagando la luz en el proceso.

-Presidente Miau- se quejó Alec, yendo a abrir la puerta para salir. Pero la puerta no abría. Si bien podía girar la perilla por completo, la puerta no se movía. La puerta había quedado completamente trabada por el enorme mueble que Presidente Miau había tirado- oh no.

Alec empujó la puerta con cuidado, intentando abrir, pero no lo logró. Recargó la espalda sobre la puerta y soltó un suspiro, seguro Magnus se daría cuenta cuando terminara de buscar las cosas para Catarina. Se quedó de pie, mirando hacia las estanterías, o al menos intentando hacerlo, el lugar había quedado a oscuras. Sintió un agudo dolor en su cabeza y cerró los ojos con fuerza. Lástima que no había logrado encontrar esa poción. Al abrir los ojos nuevamente, Alec se dio cuenta de la profunda oscuridad que lo rodeaba. La oscuridad en el pequeño lugar era absoluta, no podía ni siquiera ver sus manos frente a él. Sintió que su corazón comenzaba a acelerarse mientras a su mente llegaban horribles recuerdos combinados con la voz de Aldergold.

"Te quedarás aquí hasta que reflexiones lo que hiciste". Oscuridad absoluta, rodeado por cuatro paredes. Sintió que comenzaba a faltarle el aire y a sudar frio. Uno de sus castigos durante su estancia en Islandia volvía a su mente. La caja. El favorito de Aldergold y el que más atormentaba a Alec. Días y días de oscuridad, sin comida, ni agua, solo encerrado en ese pequeño espacio. Su respiración se aceleró mientras intentaba ver algo a su alrededor. Intentó abrir la puerta una vez más, sin éxito y el pánico se apoderó de él.

-Abran! Abran la puerta! Por favor!- gritó desesperado mientras aporreaba la madera con todas sus fuerzas. El pesado mueble para pociones seguía bloqueando el camino y los ojos de Alec se llenaron de lagrimas- Magnus! Por favor!

Miles de imágenes llegaban a su mente. La tapa de la caja siendo cerrada por un sonriente Florian. La risa divertida de Aldergold mientras llenaba la caja de agua. Alec pudo sentir el frio y la falta de aire como si estuviera pasando en realidad. "Acaso no es mejor seguir con el tratamiento que sufrir este castigo? El tratamiento es mas... placentero". Sollozó con fuerza y comenzó a dar golpes con el hombro sobre la puerta.

-Magnus! Por favor, alguien! Ayuda! Sáquenme, por favor! Por favor!- gritaba con desesperación, sus ojos nublados por las lagrimas y el dolor recorriéndole el cuerpo con cada golpe que daba a la puerta. De pronto la puerta se abrió y él salió tan rápido como pudo, estrellándose contra un muy sorprendido Magnus en la cocina. Ambos se fueron al suelo debido a la fuerza del impacto.

-Alec! Alec, calma- Magnus abrazó con fuerza al ojiazul, que lloraba fuertemente. Había escuchado un escándalo y después los golpes que el chico daba a la puerta, había llegado a la cocina para encontrar el desastre que había hecho su gato. Al escuchar los desesperados gritos de Alec, se había apresurado a quitar el obstáculo y dejarlo salir- tranquilo, cariño, tranquilo.

-Por favor! Por favor, no me hagas entrar!- suplicó Alec, ocultando su rostro en el pecho de Magnus- no me hagas volver ahí dentro, me comportaré! Lo juro, por favor! Por favor, ya no!

-No vas a volver, no, sshh- Magnus abrazó con fuerza al chico, dejándolo llorar contra su pecho. Él también sentía las lagrimas acumularse en sus ojos al ver al Nefilim completamente deshecho- tranquilo, amor, calma. Nadie te hará daño otra vez. Nunca más.

-Por favor, por favor- repetía Alec, aferrándose a Magnus como si su vida dependiera de ello. Magnus lo abrazaba también, meciéndolo suavemente mientras susurraba cosas a su oído, intentando tranquilizarlo. Ambos se quedaron ahí toda la noche, en el suelo de la cocina, en medio del desastre de utensilios e ingredientes.

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