Con presteza Severus conjuró un par de hechizos para reparar lo que su joven alumna había dañado. Mentalmente hizo recuento de las pócimas que se habían perdido y de los ingredientes que necesitaría para replicarlas. No disponía de mucho tiempo pues la hora asignada para la cena se aproximaba así que decidió dedicar otro momento a su restitución. Al detener sus labores se sumió de nuevo en sus pensamientos. El miedo le invadió, no había previsto averiguar tales cosas en el transcurso de la sesión de Oclumancia. Y aunque le impactó descubrir que Hermione había llegado a verlo como hombre lo que realmente le intranquilizaba era el hecho de que hubiese creado un vínculo con él. Hasta ese momento Severus había asumido que su anhelo por la joven era algo meramente carnal, un deseo ilícito que podía negarse. Pero no era así para su discípula, ella ansiaba su protección, su cariño... incluso su amistad. No sabía si de una forma fraternal o platónica pero la muchacha deseaba mantener una relación mucho más íntima que la que él podía ofrecerle. Por su parte era conocedor de que debía guardar las distancias con la joven, marcarle a su alumna la correcta relación que debían mantener y sobre todo no implicarse emocionalmente con ella. Snape podía frenar su lujuria pues llevaba años prohibiéndose a sí mismo gran cantidad de placeres, pero los sentimientos eran otro cantar... estos siempre lograban nublarle el juicio. Sabía que ahora más que nunca debía mantener su cabeza fría pues pronto se iniciaría la Gran Guerra y todo lo que había construido durante más de una década quedaría destruido. No había lugar para la amistad y mucho menos para el amor ahora que el final quedaba tan cerca.

Tras la accidentada clase de Oclumancia con el profesor Snape Hermione se dirigió al Gran Comedor pues en breve daría comienzo la cena en Hogwarts. Todavía le temblaban las piernas mientras caminaba entre el alumnado por los pasillos que conducían a dicha estancia. ¿Cómo iba a enfrentarse al día siguiente a otra de sus clases? La sola idea de Severus volviendo a leer su mente le aterraba, jamás se había sentido tan expuesta y vulnerable. Ahora no solo conocía su pasado, sus recuerdos o los sentimientos que profesaba en secreto hacia Ron, sino que también sabía que por un instante había sentido cierta atracción por él. Pensar en ello aún le perturbaba, no lograba hallar una explicación racional para tal emoción así que achacó su ardiente deseo a la proximidad que había tenido con ese hombre y a las agitadas hormonas propias de la adolescencia.

Al llegar a la sala divisó a sus amigos, los cuales se encontraban sentados en la mesa destinada a los Gryffindor. Tras saludarlos tomó asiento al lado del pelirrojo esperando que sus conversaciones la distrajesen del enredo en que se habían convertido sus pensamientos. El primero en hablar fue Harry, el cual se hallaba entusiasmado. Por fin había descubierto que debía obtener un recuerdo del profesor Slughorn. Éste era de la conversación que años atrás el profesor había mantenido con Tom Ryddle, en la cual el muchacho trataba de persuadirle para conseguir información sobre una poderosa magia oscura. El recuerdo que Dumbledore conservaba de dicha charla y que Harry había visto mediante el pensadero estaba modificado por el propio Horace. El hombre le había entregado al anciano una variante adulterada, probablemente por vergüenza o culpa. Por suerte durante esos meses Harry había cultivado una excelente relación con el profesor Slughorn, en parte gracias a ser el mejor alumno en su clase de "Pociones". Solo Ron y Hermione conocían que su sobresaliente rendimiento en la materia se debía a que Potter tenía en su poder el libro de "Pociones Avanzadas" perteneciente al Príncipe Mestizo, identidad que seguía siendo un misterio para el trío. Por todo esto el joven confiaba en que lograría descubrir la verdad muy pronto, sólo tenía que encontrar el momento adecuado para conseguir dicha información.

En contraposición a la alegría que Harry mostraba su compañero Ron permanecía con un semblante taciturno, mucho más meditativo que de costumbre. Apenas había probado la comida, cosa que extrañó a Harry y a Hermione por igual. Tras preguntarle por el motivo de su silencio el joven Weasley les contó que su novia no quería volver a verle.

— ¿Cómo que no quiere saber nada de ti? — Preguntó la joven intentando comprender el extraño comportamiento de Lavender.

— No lo sé, de verdad que no lo sé — La confusión del chico era mayúscula — Tal vez la he ofendido en algo...

— Puede que el hecho de que hayáis pasado todo el día conmigo... — Interrumpió Hermione sintiéndose culpable por dividir a sus amigos.

— No, ella decidió mantenerse alejada por el momento — Explicó Ronald intentando que su amiga no se sintiese mal — Sólo sé lo que me ha dicho Parvati, Lav ha pasado la tarde encerrada en su habitación.

— No tiene sentido — Dictaminó Harry — Algo ha debido pasar.

La mirada de los tres jóvenes se dirigió hacia la zona donde estaba sentada Parvati, descubriendo que Lavender se había ausentado también de la cena.

— Estoy muy preocupado por ella, nosotros... no tenemos secretos — Confesó Ron visiblemente afectado.

— Tranquilo, te prometí que hablaría con ella esta noche — Dijo Hermione mientras acariciaba el brazo de Ronald tratando de consolarlo — Arreglaré esto.

Desde la distancia el profesor Snape no perdía detalle de cada movimiento que efectuaba la joven Granger mientras cenaba en silencio ajeno a las conversaciones de los demás docentes. Hasta esa inocente caricia a su amigo Weasley quedó expuesta ante él ya que desde su posición podía divisar al completo el plantel de estudiantes. Sintiéndose vigilada Hermione alzó la vista hasta encontrarse con los oscuros ojos de su profesor clavados en ella. De manera automática levantó la mano del brazo de Ron como si se hubiese visto descubierta por un pretendiente celoso. Snape desvió la mirada sin poder evitar sonreír ligeramente por ese gesto, la inocencia de la joven no dejaba de sorprenderle.

La cena finalizó y los alumnos se dirigieron a sus respectivas salas comunes. En breve las campanas sonarían marcando el horario destinado al sueño en Hogwarts así que los estudiantes aprovechaban ese tiempo para relacionarse con sus compañeros de casa, estrechando así los lazos de amistad que existían entre ellos. Harry y Ron tomaron asiento en un viejo sofá frente a la chimenea mientras Hermione lograba escabullirse hasta su habitación con la intención de hablar seriamente con Lavender. Durante ese lapso de tiempo disfrutarían de intimidad para hablar con sinceridad, algo que Hermione había evitado hacer desde que comenzó la relación sentimental entre la muchacha y su amigo. Justo antes de llegar al dormitorio la profesora McGonagall la descubrió dirigiéndose al ala del castillo destinada a albergar las habitaciones de los jóvenes Gryffindor.

— Señorita Granger — Escuchó Hermione a su espalda — La andaba buscando.

La joven se dio la vuelta tratando de ocultar su sorpresa al oír la voz de su profesora.

— ¿Piensa acostarse tan pronto? — Preguntó la mujer mientras dirigía su mirada a la habitación de la chica, la cual se encontraba tan solo a un par de metros de ellas.

— Sí, la verdad es que estoy agotada — Respondió Hermione fingiendo un pequeño bostezo que tapó con la punta de sus dedos.

— Lo comprendo, hoy ha reanudado las clases tras su convalecencia — Las palabras de McGonagall eran casi maternales — ¿Ha sufrido alguna molestia?

— No, no — Negó con la cabeza la muchacha — Sólo estoy cansada, por eso quería acostarme antes que mis compañeros.

La profesora asintió, era normal que Hermione aun no se encontrase en plenas facultades.

— De eso quería hablarle — La mujer apoyó su mano en el hombro de la joven tratando de reconfortarla antes de seguir hablando — Durante esta tarde Dumbledore se ha reunido con Madame Pomfrey y conmigo para hablar sobre unas nuevas medidas para su seguridad... para la seguridad de todos.

Hermione se quedó helada al escuchar eso. Minerva pareció ver el miedo reflejado en su rostro así que se apresuró a continuar con la explicación.

— Hemos decidido que a partir de ahora disponga de una habitación exclusivamente para usted y que continúe con los tónicos para el sueño — La docente sacó de un bolsillo unos pequeños frascos que contenían un líquido verdoso que ya era familiar para la joven — Poppy me ha dicho que con ellos ha curado su insomnio.

Granger los tomó entre sus manos mientras asentía. Era cierto que durante su estancia en la enfermería había tomado dicha poción para poder dormir pero pensaba que no sería necesario beberla de manera continuada.

— ¿Y porque tendré mi propio dormitorio? — Preguntó Hermione sin entender el deseo de querer aislarla de sus compañeros.

— Creemos que el tener su propio espacio será beneficioso para usted, no olvide que aún debe recuperarse por completo y necesita toda la paz que podamos ofrecerle — Explicó la mujer.

— Entiendo, prepararé mis cosas ahora mismo — Contestó la muchacha intentando ocultar lo sospechoso que le parecía esa nueva medida.

— Pasaré a buscarla en quince minutos — Anunció McGonagall antes de marcharse de allí.

Hermione decidió no darle vueltas al asunto por ahora, primero debía solucionar sus problemas con Lavender como había prometido.

Al llegar a su puerta tocó con delicadeza la misma, dando leves golpes con los nudillos. Al ver que no recibía respuesta decidió entrar, era muy probable que su compañera estuviese dormida. Al acceder al pequeño dormitorio tuvo que acostumbrar la vista a la oscuridad que allí predominaba.

Lumos — Conjuró para iluminar la habitación con la luz que emitía la punta de su varita.

Lavender se encontraba en su cama tapada con la manta, de espaldas hacia ella así que solo alcanzaba a ver sus largos cabellos cayendo sobre la almohada.

— Lav, ¿estás despierta? — Preguntó en voz baja mientras se acercaba a ella.

No obtuvo respuesta así que tomó asiento en el borde de su cama. Con la varita y sin necesidad de verbalizar el hechizo encendió algunas de las velas que se encontraban en la habitación. Tras esto susurro un "Nox" haciendo que su varita se apagase pues ya no era necesaria su luz.

— Si estas fingiendo estar dormida para evitar hablar conmigo no pasa nada, lo entiendo — Comenzó a decir Hermione — Sé que has intentado mantener esta conversación durante semanas y he sido yo quien te ha evitado.

Hermione respiró profundamente mientras pensaba que más decirle, sin saber siquiera si la chica la estaba escuchando.

— Sólo quería pedirte que... no apartes a Ron por nuestros problemas, él te quiere de verdad — La voz de Hermione se quebró ligeramente al decir esto último — Si alguien debe alejarse de vosotros soy yo.

Un leve sollozo se escuchó a pesar de que Lavender había intentado ahogarlo contra la almohada. Ya no existían dudas, la joven podía escucharla aunque parecía no querer dirigirle la palabra por el momento.

— ¿Recuerdas nuestro primer día en Hogwarts? — Preguntó Hermione mientras acariciaba con dulzura algunos de los mechones dorados de su amiga — Cuando nos asignaron esta habitación hicimos una promesa, bueno... la verdad es que Parvati y tú me obligasteis a hacerla — Rió débilmente mientras se secaba las lagrimas que comenzaban a deslizarse por sus mejillas.

Lavender se encogió un poco mientras sollozaba incapaz de controlar ya su llanto. Revivir esos primeros días junto a Hermione le hacía daño pues a pesar de todo lo sucedido ambas se tenían verdadero cariño.

— Nunca nos traicionaremos — Le recordó Hermione mientras sonreía con tristeza — Por mi parte sigue en pie la promesa.

Dicho esto se levantó de la cama respetando la intimidad que parecía necesitar en esos momentos su compañera.

Bauleo — El hechizo salió de su varita mientras efectuaba gráciles movimientos de muñeca.

Sus pertenencias comenzaron a volar por la habitación colocándose perfectamente en su baúl, hasta su ropa quedó impecablemente doblada dentro de él. En un abrir y cerrar de ojos su equipaje estaba dispuesto.

— Tal vez mañana podamos hablar — Comentó Hermione de forma más calmada — Me han asignado otra habitación así que por el momento no seguiremos siendo compañeras de dormitorio.

Lavender se mantuvo en silencio tras escuchar eso. Quería pedirle que no se marchara, decirle que podían arreglar lo que había sucedido entre ellas pero en vez de eso enmudeció por la culpa que sentía.

Baúl locomotor — Conjuró Hermione haciendo que su baúl levitase evitando así cargar con él.

Granger salió de la habitación seguida por sus pertenencias. Mientras esperaba el regreso de su mentora se dio cuenta de que a partir de ese momento estaría sola, separada de los que habían sido sus amigos durante tantos años.

No pasó mucho tiempo hasta que la delgada silueta de la maestra asomó por el pasillo, sin decir una palabra ésta le hizo un gesto para que la siguiese y Hermione obedeció tratando de alcanzar los decididos pasos de la mujer. Descendieron por la torre de Gryffindor pasando por la Gran escalera hasta llegar a estar frente a un cuadro en el que nunca había reparado la muchacha. En éste la lánguida mirada de una mujer las escudriñaba.

— ¿Quién es? — Murmuró la joven impresionada por la belleza de la fémina allí retratada.

— Elaine de Astolat — Susurró Minerva sin apartar la vista de la triste expresión que les devolvía el retrato.

Hermione examinó la pintura intentando memorizar cada detalle de la misma. En ella aparecía una mujer en una barca, acompañada de unos bellos y coloridos tapices. Aunque lo que más le llamó la atención fue la extraña expresión que mantenía esa dama.

— Lirio blanco y pergamino — Dijo McGonagall revelando así la contraseña que abría el pasadizo secreto tras el cuadro.

Minerva y Hermione accedieron al lugar, el cual parecía estar en desuso desde hacía tiempo. Ambas alumbraron el camino con sus varitas mientras caminaban por un pequeño pasadizo de piedra. No tardaron en observar una empinada escalera de caracol que se alzaba varios pisos.

— La mujer del cuadro... — Comenzó a decir Granger mientras caminaba tras los pasos de su profesora — ¿no puede hablar?

— No es como los demás retratos de Hogwarts — Aclaró McGonagall mientras subía los primeros peldaños de la escalera — Es un "eco"

Aquel término no le era familiar a Hermione a pesar de ser una de las alumnas más brillantes de la escuela.

— ¿Un "eco"? — Preguntó intrigada la joven a la espalda de la docente — ¿Qué significa?

— Lady Shalott fue una bruja contemporánea a Merlín. No se conoce mucho sobre ella, sólo su... — La mujer se detuvo a mitad de la frase y se giró hacia su alumna — No es momento de distraerse con viejas historias.

Dicho esto la mujer conjuró un hechizo para que los peldaños de la escalera se pusiesen en movimiento haciendo que ambas llegasen sin esfuerzo al final de la misma.

— ¿Qué le pasó? Por favor, me gustaría saberlo — Pidió la joven llevada por la curiosidad.

— Fue maldecida — Admitió Minerva a regañadientes.

Hermione no pudo evitar pensar en sí misma al escuchar eso. Tal vez la aflicción que reflejaba esa dama era por ser una bruja maldita, al igual que ella.

Antes de poder averiguar más sobre Lady Shalott las dos mujeres se encontraron delante de una pesada puerta de madera maciza. La profesora McGonagall sacó una llave de su bolsillo y la tendió a la joven.

— Vuelva a este lugar para descansar cada noche — Dijo la mujer con una débil sonrisa — Es uno de los lugares más seguros del castillo.

Hermione asintió mostrando su conformidad.

— Buenas noches querida — Se despidió Minerva con un halo de tristeza que no pudo ocultar a la estudiante.

Dicho esto la mujer desandó el camino dejando a Hermione sola de nuevo. Tras introducir la llave en el portón la muchacha empujó la pesada puerta para acceder a su nuevo dormitorio.

Ante ella una cuidada habitación se discernía en la penumbra. La decoración de la misma aunque sobria era totalmente funcional. Desde el umbral podía ver una cama junto a una cajonera con capacidad suficiente para albergar todas sus pertenencias. Mientras observaba el habitáculo Hermione notó como algo rozaba sus tobillos. Varita en mano saltó hacia delante apuntando con ella el animal que se abría paso hasta el interior del dormitorio.

— ¡Crookshanks! — Regañó al descubrir que se trataba de su gato.

Como respuesta solo obtuvo un maullido lastimero del felino mientras este andaba por la habitación sin prestarle atención. La joven suspiró al ver la indiferencia que mostraba su mascota y la siguió en su investigación.

— Supongo que has escapado del dormitorio de Harry — Murmuró mientras andaba tras él — Eres demasiado independiente pequeña bola de pelo.

El felino saltó a la cama y se acurrucó entre las mantas.

— Deberás compartirla — Dijo Hermione mientras acariciaba su anaranjado pelaje haciendo que el gato comenzase a ronronear.

El cansancio comenzaba a pesarle así que se tumbó junto al animal sin siquiera desprenderse del uniforme escolar. Cerró los ojos concentrándose en el murmullo que el felino emitía, ese sonido siempre hacia que conciliase el sueño rápidamente. Fue justo antes de ser vencida por él cuando se dio cuenta de cuánto echaría de menos las charlas banales de Lavender antes de dormir, el tener que sacarla prácticamente de la cama para que no llegase tarde al desayuno por que se le habían vuelto a pegar las sabanas o el consolarla cuando su último novio le rompiese el corazón. A pesar de lo diferentes que las dos jóvenes eran habían llegado a necesitarse dentro de Hogwarts.