CAPÍTULO 29
Jugueteo con los dedos frenéticamente. Ahora mismo no sé cómo tratar el tema, no creo que haya un modo adecuado de decírselo. Mi padre entra en casa y mi respiración se detiene. Ya está, ¡ha llegado el momento de abordar el problema! Enloquecerá cuando sepa que estoy embarazada, pero espero que pueda ayudarme a aclararme y a encontrar el modo de preservar la poca positividad que ha quedado en nuestras vidas. Soy joven y es pronto para tener un hijo, pero no estoy asustada.
Entra en la cocina pensativo y se detiene cuando me ve sentada en la mesa. Tiene el rostro demacrado y creo que es por mi culpa. No puedo culparlo después de lo que le he contado. Y por si fuera poco, las noticias impactantes no han acabado todavía. Me preparo mentalmente e intento empezar de la mejor manera posible.
—Papá, tengo que hablarte de una cosa importante. Se acomoda al otro lado de la mesa y me mira con preocupación. Alargo la mano hacia él, la rodea con las suyas y la acaricia afectuosamente.
—Estás preocupada y yo también, Sakura, tengo algo importante que contarte. Nuestras miradas se cruzan. Conozco esa mirada, se siente mal por algo. No consigo contener las palabras…
—Ya sabes que Sasuke me secuestró y yo te he contado quién es… Bueno, entre nosotros nació algo… —Realizo una pausa y con la cabeza agachada continúo la historia
—No te dije toda la verdad y no sabes cuánto me arrepiento. La situación es más complicad que todo eso y no encuentro las palabras adecuadas para decírtelo. Lo observo examinar la situación y su expresión severa no promete nada bueno.
—Me enamoré de él aun sabiendo que estaba mal, pero… —Me interrumpe el ruido de su pugno que golpea con violencia la mesa.
—¡Mataré a ese cabrón! —Grita con el rostro en llamas y los ojos parecen salírsele fuera de las órbitas. —Papá, por favor, tranquilízate. ¡Tengo un problema todavía más grande! — Digo llevándome las manos a la cabeza. E
stoy perdida, no me volverá a mirar del mismo modo. Dilo. No puedo aplazarlo, el tiempo apremia. Rodrigo insiste con lo de la fuga y Sasuke llegará de un momento a otro si no tomo una decisión.
—¡Estoy embarazada! —Confieso sacando todo el aire que tengo en los pulmones. Silencio. El corazón late con fuerza. Levanto la mirada y me topo con dos ojos llenos de rabia. Deja caer su cuerpo en la silla y sigue observándome.
—¡Dime que no esperas un hijo de ese monstruo! —Comenta autoritariamente. Lo miro sin responder, no hay necesidad, sabe que es así. Se frota la nuca frenéticamente con la cabeza agachada. Está pensando, necesita tiempo para procesarlo. Me abrazo a mí misma preocupada y desorientada. Sabía que no se lo tomaría bien, y es normal. ¿Quién aceptaría que su hija se quedara embarazada de su secuestrador?
—Tienes que abortar, resolveremos el problema. ¡No dejaré que des a luz al hijo de un mafioso! —Declara decidido. No me lo puedo creer. Está irreconocible. Nunca he considerado la opción de abortar, nunca interrumpiría la vida de mi hijo. ¿Cómo puede pensar en algo así? Por mucho que el contexto sea de los peores, no renunciaré a una criatura que crece en mi interior. Ya he perdido una vez a un hijo y no volverá a suceder. Sé que soy joven y sin futuro, pero de un modo u otro lo haré. Me pondré manos a la obra y haré cualquier cosa para criar a mi hijo con amor.
—¡No tengo intención de abortar! —Afirmo observándolo con seriedad. —No permitiré que arruines tu vida. ¡No tendrás un niño del hombre que te secuestró y que te ha obligado a hacer quien sabe qué! —Grita perdiendo el juicio. Lo miro a los ojos sin temor. Me pongo en pie y decido abordar el problema.
—¡No me ha obligado a hacer nada! —Respondo instintivamente.
—Él me ama a su manera. —Digo con un hilo de voz. No sé de dónde he sacado el valor, pero las palabras han salido del corazón, esta es la verdad. —No comprendes mi elección y te entiendo. No pienses que tomo todo a la ligera, papá. He crecido antes de tiempo, he visto cosas que no creía posibles y te aseguro que tener un hijo no me asusta.
Es fruto de un amor retorcido que va en contra de todo razonamiento lógico, pero es amor igualmente. No es fácil comprenderlo si no se vive. Por primera vez mi padre me mira con desprecio y yo quisiera desaparecer en ese momento.
—Por favor, te necesito. No pretendo que lo entiendas, sé que es difícil, pero acéptame con todos mis problemas. —Suplico. Se levanta y sentencia con indiferencia.
—No puedo aceptar que mi hija dé a luz al hijo de un monstruo. Nunca nos aceptará, ni a mi hijo ni a mí. Nunca podrá perdonarme, y esto solo significa una cosa: tendré que marcharme.
—Me iré hoy mismo. No me volverás a ver si no nos aceptas. —Digo usando el plural.
—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Eres todavía una niña y te comportas como una mujer experta. Despierta, Sakura, ¡porque te pareces a la irresponsable de tu madre! —Grita enloqueciendo. Ha nombrado a mi madre, me ha comparado con ella. Percatándose de lo dicho retrocede suspirando y sale de casa dando un portazo. Me ha abandonado, al igual que ella. Me siento incapaz de moverme con la mirada perdida.
Estoy de nuevo sola. No renunciaré a mi hijo bajo ningún concepto. Por lo que parece, no tengo alternativa, tendré que aceptar la propuesta de Rodrigo y comenzar lejos de todo. Solo tengo que pensar en el bien del niño y esperar que esta vez todo vaya bien. Durante un instante la idea de informar a Alex da un paso al frente, pero la descarto. No le diré nada del niño, sería el fin. No quiero que mi hijo crezca en ese mundo podrido. Estoy eligiendo yo por todos. Por primera vez soy yo quien decido y la decisión mejor es la de guardar silencio y seguir mi camino. El timbre suena haciéndome sobresaltar.
Miro la puerta, pero no me muevo. Será Rodrigo, que se habrá dado cuenta de que me he burlado de él. El timbre suena de nuevo, pero no logro levantarme. Si no abro, entrará de todas formas. Suspiro y me pongo la máscara de la chica fuerte. Ya he tomado mi decisión y no hay marcha atrás. Me acerco a la puerta y por última vez disfruto del momento de paz interior. La mano vacila en la manilla, abro los ojos y con un movimiento decidido la abro, consciente de que no puedo echarme atrás. Tal vez es una decisión impulsiva, podría ser incluso equivocada, pero no seré una cobarde. Si voy al infierno, que sea solo por mí.
—¡Tú! —grita apuntando el dedo hacia mí. Inclino la cabeza de lado y lo miro con indiferencia. No permitiré a nadie tratarme mal, y lo más importante: mandarme. —Vayámonos de aquí. Ahora. Frunce el ceño sorprendido mientras posa las manos en las caderas.
—¡No hay quien te entienda! Primero escapas y ahora me pides que nos vayamos… —Murmura molesto. —Rodrigo, estoy hablando en serio. Llévame lejos de aquí.
—Ordeno. —Vamos, tengo que llevarte a un sitio lo antes posible. —Comenta
colocándose la chaqueta. —Cojo los documentos y algunos vestidos. Permanece quieto en la puerta mientras entro en casa. Cuando llego a la habitación cojo algunas prendas, los documentos y voy hacia el escritorio y abro el primer cajón. Dentro de una caja roja hay algunos ahorros que había apartado para el viaje de mis sueños.
Capricho del destino quería visitar Rusia. Niego con la cabeza preguntándome si todo esto es una broma pesada del destino. A veces querría que saliera alguien y me dijera que estamos en un programa de televisión. Como en la película de El show de Truman. Cojo una hoja y escribo una carta rápida a mi padre. Seguramente se espera que me marche y parecía que la idea lo asustaba mucho.
Querido papá: Lo siento si te he decepcionado. A veces la vida no funciona como quisiéramos, pero es necesario asumir las responsabilidades de nuestras acciones. Y es por esto por lo que estoy asumiendo las mías. Me he enamorado de mi secuestrador, de un hombre con una personalidad cuestionable. No puedo cambiar lo que ha pasado y tal vez no habría querido cambiarlo.
En estos meses he cambiado, he visto cosas terribles, he experimentado emociones desconocidas. En medio de toda esta locura ha ocurrido un milagro al que no quiero renunciar. Te escribo esta breve carta para decirte que me marcho. No te preocupes, sé cuidar de mí misma. Te llamaré con la esperanza de que todavía quieras hablarme. Te quiero mucho. Sakura.
Apoyo la carta en el cojín, miro la habitación por última vez y luego salgo cerrando la puerta a las espaldas. No volveré a ser la chica que era, no volveré a retomar la vida de antes. Ahora no me queda otra que construir algo nuevo. Tengo que hacerlo por mí y por mi hijo.
