El nuevo Lord Protector

Capítulo 29: Rin, ¿sabrás estar a la altura? IV


Apenas obró la resurrección del zorro y salió del templo, Sesshomaru estaba más que dispuesto a marcharse. No tenía que por qué ir perdiendo su valioso tiempo ayudando a unos débiles zorros. Ya no estarían molestando en sus territorios entendiendo que eran suyos y no tenía nada que ver con aquella serpiente asquerosa, además de que probablemente espantarían a los humanos que se adentraran en aquellos territorios salvajes. Sólo quería ir al encuentro de la dueña de la sonrisa que le encandilaba hasta tal punto de casi querer hacer cualquier cosa por ella. Eso todavía le pisoteaba bastante el orgullo, pero conociéndola, estaba completamente seguro de que ella nunca le pediría nada que fuera en contra de su honor como demonio. Por no mencionar que, con ayuda de ella, había arreglado en menos de una tarde un problema que a su ejército traía de cabeza desde hacía meses.

Comenzó a caminar para alejarse, con ella siguiéndolo obedientemente. ¿Acaso nadie lo escuchaba?

—Rin, recuerda, a mi lado.

—Oh si, por supuesto, no me olvido de lo que me ha dicho mi señor, solo que me cuesta abandonar viejas costumbres.

—Olvídate de viejas costumbres, ya no vivirás tu antigua vida.

Rin asintió y apuró el paso hasta ponerse a su lado. ¿En qué cambiaría su antigua vida? Sabía que ya no conviviría con humanos, pero le hizo saber acerca de sus costumbres para con él. ¿Sería porque se convertiría en su esposa? Ya casi lo alcanzaba, pero no pudo terminar de hacerlo, alguien tomándola de la manga de su kimono la tomó por sorpresa. El zorro que antes yacía muerto dentro del templo, víctima del veneno de Yamakachi, ahora la retenía, con la desesperación grabada en su rostro.

—¡Por favor no se vayan! —alcanzó a decir, antes de que Sesshomaru se molestara en darse la vuelta, visiblemente contrariado de que alguien osara a tocar y depositar su asqueroso olor sobre su Rin. Aun siendo sujetado ahora por las garras del daiyokai, y teniendo que soltar a la chica por ello, no optó por callarse. —¡Por favor! Yo… no debería estar aquí, yo… estaba muerto… ¡Morí envenenado! Recuerdo aún las quemaduras y el dolor indescriptible. Aún si no hubiera muerto, nunca me habría recuperado de las heridas de la noche a la mañana.

—Entonces ahora le debes la vida a mi señor Sesshomaru. —apuntó Rin, intentando mantener la compostura, era difícil no asustarse de ver a alguien en ese estado tan cerca de ella.

Mayo, ya sin ninguna herida que hubiera de notado lo que le hubiera pasado, excepto quizás por lo destrozados que traía sus ropajes de monje sintoísta, miraba horrorizado a Rin. Ahora le debía un favor a un demonio que con su simple presencia atemorizaba, por no mencionar que se le veía visiblemente molesto.

Sesshomaru comenzó a caminar directo a irse. En cuanto se cruzaron con los tengus, les dio órdenes de levantar el cerco que allí les encerraba. Las directrices eran claras: esos zorros tenían que encargarse que los humanos no se adentraran en sus territorios, no quería su olor cerca de él. Sintió a Rin temblar a su lado al dar esa orden, pero ella tenía que darse cuenta. Ella no era una humana común, ella algo que todavía no alcanzaba a catalogar la hacía diferente. La miró de reojo, y aunque su dulce rostro se veía preocupado, no era momento de explicaciones. Siguió hacia adelante, ya estaban cerca de ciudad palacio, el centro neurálgico en las salvajes montañas que su familia había comenzado a conquistar en su llegada a las islas, antes de que falleciera su padre. Tomó a Rin en brazos a la vez que comenzaba su vuelo para llegar a su destino, quería evitar a toda costa que ella lo tomara de nuevo de la mano. El hecho de que hablaran de los humanos y ver su rostro lleno de preocupación le hizo recordar algo: debía estar lejos de todo lo que fuera humano, o que lo fuera al menos en parte.

Flashback

Habían pasado unos cuantos años desde que Toga, su honorable padre y general de su familia había abandonado este mundo, dejándole en herencia aquella detestable e inútil espada sin filo. Estaba recorriendo los límites de sus territorios, en búsqueda de cualquiera que pudiera servirle de presa. Desde que su padre había muerto, muchos cobardes abandonaron su ejército, por no contar de que la mayoría lo consideraban aún prácticamente un adolescente. Hasta que un olor completamente desagradable llegó a su aguda nariz: un híbrido. Era pleno día, y vio en medio de la explanada a un niño que no debía llegar aún a los siete años, preguntándole a unos inútiles lobos si sabían donde se encontraba su padre, no paraba de insistir en que se parecía mucho a él, su madre se lo dijo. Era gracioso ver la escena, no paraban de pelear entre ellos, además de que se burlaban de él por ser tan bajito, aunque era verdad que saltaba bastante alto, y sus garras no eran desdeñables.

Hasta que de repente el niño comenzó a llorar más fuerte, gritando que tenía que encontrar a su padre, que su padre tenía a Tenseiga, la espada que curaba. Su madre estaba mal, tenía que encontrarlo. ¿Ese niño estaba afirmando ser hijo del gran general perro? ¿Estaba ese híbrido afirmando ser su hermano? Ese ser no tendría que ni formar parte de este mundo, debería haber muerto junto con su madre cuando fue dado a luz. Enfadado, pero son perder aún el control, espantó a los lobos con su látigo y se acercó hacia el niño, levantándolo sin cuidado de su brazo, para examinarlo. Tenía razón, tenía los mismos ojos dorados y pelo plateado que la rama de su familia, y unas estúpidas orejas de perro en lo alto de su cabeza que no paraba de mover sin parar. Olía a miedo, pero a la vez lo miraba asombrado, y casi a punto de echarse a llorar de nuevo.

—T-tu…. ¿Tú eres mi papá?

Sesshomaru intentó no enfurecerse más ante esa pregunta. Ese asqueroso híbrido le había preguntado si había cometido la gran estupidez de preñar a una humana, por no contar que el camino hacia la supremacía no lo iba a encontrar entre las piernas de una estúpida mujer. Comenzó a gruñir, asustando al pequeño, quien enseguida bajó las orejas en señal de sumisión.

—Lo siento, yo… no quiero ofenderlo señor, pero se parece a mí, y busco a alguien que se parece a mí, mi papá… o mi hermano Sesshomaru. Mamá dice que tengo un hermano también que se llama así… ¿Lo conoce?

Genial. Resultó que su honorable, pero aparentemente estúpido padre, le había hablado de él también a esa princesa humana. El enfado hizo que apretara más su agarre en la muñeca del niño, clavando accidentalmente una de sus garras en su delicado bracito.

—¡M-me haces daño! Lo siento, me iré y no lo molestaré más, señor, ¡pero déjeme ir! ¡Tengo que encontrar a mi padre o a mi hermano!

—Yo no tengo ningún hermano. Nunca reconoceré como hermano a una alimaña de asquerosa sangre híbrida como tú. Si tanto quieres saber, Tu padre está muerto por salvar a esa princesa que es tu madre, Tenseiga no es más que una espada inútil y sin filo, y no vuelvas más por aquí. Este Sesshomaru no es tu hermano, y si vuelves a pisar estas tierras dejando tu asqueroso olor por aquí ten por seguro de que te mataré.

Y dicho esto dejó caer al niño, quien se fue llorando, corriendo como alma que lleva al diablo. Más adelante, cuando se lo volvió a encontrar, a pesar de que había podido comprobar que su medio hermano curaba con una facilidad asombrosa y ninguna marca le quedaba nunca de ello, una cicatriz, pequeña y delgada, adornaba su muñeca izquierda allí donde se había posado una de sus garras venenosas.

Fin de flashback

Unos suaves brazos le rodearon por el cuello, poco después de que la levantara en brazos, provocándole un ligero escalofrío. Por momentos dudaba de si no sería un error tener a Rin tan cerca suyo, pero ya había tomado una decisión y la palabra arrepentimiento y equivocación no se encontraban en su lenguaje. Con ella en sus brazos llegaron hasta el campo de protección que ocultaba en la cima de una montaña lo que parecía ser una ciudad brillante. Rin dejó escapar en sus sensibles oídos suspiros maravillada de lo que estaba viendo, la chica no cabía en si de felicidad que podía ser capaz en su corta vida de ser llevada a ver algo tan maravilloso. Una serie de edificaciones se sucedían una detrás de la otra, de diferentes tamaños, todas majestuosas en la cima de una montaña boscosa y escarpada. Numerosos puentes las conectaban unos con otros entre los accidentes del terreno, los suelos cubiertos de intricados caminos y jardines. Toda esa pequeña ciudad hecha de edificios parecía rebosar de vida, llena de espíritus y criaturas que revoloteaban en todas direcciones.

En el centro del todo, donde ya había una pequeña planicie, se alzaba el edificio principal. Unas escaleras imperiales se hallaban para subir a sus numerosas puertas, un gran patio de armas, un gran edificio y numerosos jardines interpuestos entre el resto de las construcciones que parecían haberse alzado de manera más improvisada a su alrededor. Sesshomaru, con Rin en brazos, descendió hacia el centro, en un sitio que parecía hecho especialmente para recibirlo, ya que desde allí se podía ver todo, era el punto más alto que conectaba la montaña con el cielo. El mononoke la dejó delicadamente en el suelo, para que estuviera de pie, a su lado, y una vez fue rodeado por todas las criaturas que allí moraban y el ejército que le había seguido hasta allí, se pronunció:

Hemos vuelto triunfantes tras terminar la reconquista de los territorios de esta isla, territorios que el Gran General Perro conquistó para mi familia. Ahora, yo, el gran Sesshomaru he heredado el poder del clan y su título de general, yo, Sesshomaru, soy el nuevo general y el nuevo dueño de estas tierras.

Todas las criaturas reunidas se arremolinaban nerviosas, aclamando en vítores a su superior.

—La mayoría de los aquí presentes ya saben cómo se rige todo aquí, y los que no, no voy a extenderme, todo se reduce a que no os pongáis en mi camino, no hay lugar para el débil, el camino de la supremacía sólo apunta hacia adelante. El principal motivo por el que me estoy molestando en comunicarle algo a todos en persona, y que no pienso repetir, es un anuncio de especial importancia: tenéis que arrodillaros y rendir pleitesía ante alguien más, porque no he venido solo. De ahora en adelante, todos los que me obedecéis y seguís, tenéis a alguien más para obedecer y seguir. —dijo con autoridad, realizando una ligera pausa en la que tomó delicadamente la mano de Rin para adelantarla un momento ante todos, quienes observaban y escuchaban expectantes. —Ella es Rin, mi esposa.


REVIEWS REVIEWS REVIEWS REVIEWS

Hola mi gente hermosa! Tras una ausencia de casi un mes, vuelvo a publicar, ha costado bastante, pero no os preocupéis, no dejo esta historia inconclusa, ya la tengo planificada entera hace mucho XD

Ya comenzamos un nuevo arco en esta historia, pronto sabremos cómo se las arregla Rin en el palacio de Sesshomaru, y más adelantee empezaremos a saber un poco más de mis teorías sobre la infancia de inuyasha, su relación con Sesshomaru y... tachaaaan el por qué he llamado así a este fanfic :D

Por cierto, esto lo escribo principalmente para fanfiction: ¿A alguien le está gustando esta historia, estoy aburriendo a alguien? hace muchos capítulos casi nadie me escribe nada, y la verdad que desalienta bastante (muchas gracias freakin'love-sesshourin por seguirme escribiendo! :3) y es un verdadero trabajo estar subiendo la historia, ya que estoy editando para poder publicar en dos sitios a la vez, además de avisar a quienes me lo piden de las nuevas actualizaciones... Por eso, hacedme saber si queréis seguir sabiendo de mi historia, sino ya me plantearé más adelante dejar de publicar en fanfiction y sólo publicar en wattpad si veo que no tengo gente que le interese demasiado por aquí.

¡Muchas gracias por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima!