Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Epílogo

Bella

Carlie apretó sus párpados en cuanto empezaron a canturrear el feliz cumpleaños. Su tiara de unicornio se corrió a su frente trayendo un poco de sus rizos cobrizos y desordenados a su rostro. Sus labios se convirtieron en un gracioso puchero, arrugó el entrecejo y su pequeña nariz. Parecía concentrada antes de soplar su vela número seis. Abrió un ojo y miró a su padre, quien levantó su dedo índice en aprobación, fue así como exhaló con todo su aire contenido en sus pulmones y apagó su velita.

Aplaudí emocionada, entretanto mi hija se arrojó a los brazos de Edward quien la cargó con entusiasmo llenando de besos sus mejillas.

No pasaron muchos minutos para que Jenks se pusiera en pie e insistiera en darle un fuerte abrazo a su nieta; Carlie no dudó en irse con él para abrazar su cuello. Era de esperar la reacción de ella al ver a abu en su cumpleaños, puesto que el estado de salud de Jenks no era indicado para estar en una fiesta.

Nos dio varios sustos a través de estos seis años. Sin embargo, con amor, cuidados médicos, sobre todo, su entereza y ganas de quedarse con nosotros lo habían sacado victorioso de todas esas batallas. Este último gran susto fueron sus pulmones, su capacidad se había reducido a tal grado que era necesario llevar con él un tanque de oxígeno portátil para cuando fuese necesario. Para Jenks fue un golpe profundo de asimilar el no poder continuar en la empresa debido a tantas complicaciones con su salud, fue algo para lo que nunca estuvo preparado después de toda su vida trabajar en lo que le apasionaba. Y tener que elegir de un momento a otro una jubilación para descansar en la soledad de su casa.

Comprendía a la perfección su sentir; vivir en solitario era deprimente. Por ese motivo nuestras visitas eran frecuentes y por largas horas, nos gustaba hacer más amenos sus largos días. Además, Carlie adora a su gran abu como ella le llama cariñosamente.

― Mira, abu ―Carlie le hizo una seña para que la pusiera sobre el piso, una vez ahí le tomó la mano para llevarlo a mirar al recién nacido que había en la carriola―. Verdad que es precioso. Pedí uno igual al soplar la vela.

Edward me observó fugazmente y yo rehusé su mirada.

Se acercó a mí, abrazando mi cintura por la espalda y nos dedicamos a contemplar a nuestra niña.

Jenks removió un poco las mantas azules y observó con ternura al pequeño Liam de solo dos semanas de nacido.

― Abu… ―dijo una presurosa Blayke, su cabello lacio y platinado estaba completamente despeinado, ella solo tenía cuatro años y era el dolor de cabeza de Tanya. Era una broma bastante tonta que Jasper hacía de su esposa, pues en aquella época Tanya empezó a padecer dolores de cabeza sin tener idea que estaba esperando sus primeras hijas, ¡sí! Jasper: el que no quería hijos; nos dejo sin palabras cuando descubrieron que tendrían gemelas idénticas. Ese sería el paso decisivo que necesitó él para pedirle matrimonio a su Tanya, en una ceremonia sencilla rodeados de amigos―. Él es mi hermanito, apenas lo sacaron de la barriga de mami ―continuó la niña.

― Oh… es bastante pequeño, Blayke ―respondió Jenks con ternura mientras con sus nudillos acariciaba el rostro del bebé―. ¿Quién lo cuida tú o Blossom?

― Lo cuida mami ―intervino Blossom llegando a ellos, le tendió los brazos a Jenks y éste no dudó en cargar su liviano cuerpo. La niña dejó un beso en la frente de él y le pidió que la pusiera de nuevo en el piso―. ¿Cómo estás, abu? ―preguntó con seriedad, así era la personalidad de Blossom una pequeña adulta en un cuerpo de niña.

― Estoy bien. Miren, ya no uso bastón.

La respuesta de Jenks hizo reír a las niñas.

Éste era el nuevo Jenks. De aquel hombre férreo que solía amedrentar con su forma de hablar no quedaba nada. Ahora sus charlas se habían pintado muy rosa, pero se miraba feliz en un mundo de niñas lleno de ternura. Tal vez con el nacimiento de Liam, él esté preparando sus mejores dotes deportivos; estaba ansiosa por verlo interactuar con él.

― Papi… ―Carlie corrió, tirando el brazo de Edward―. Vamos a patinar.

Éste la siguió sin protestar hasta la plataforma. Los miré poner sus patines con habilidad para luego deslizarse con agilidad sobre el hielo. Carlie empezó a hacer sus mejores movimientos de bailarina, ese tutu de colores pastel le daba absoluta ventaja sobre su padre, pero Edward no se dejaba opacar ante su hija, siempre mostraba absoluta seguridad y le hacía esforzarse un poco más. Lo supe, cuando se preparó recorriendo a una velocidad prudente alrededor de la pista, se deslizó hasta su hija dando vueltas y de un salto quedó en una rodilla.

Carlie se emocionó y aplaudió para después tomar la mano de su padre y recorrer juntos la pista de hielo mientras que reían por el pequeño espectáculo que él le dio.

Mordí mi labio cuando una imagen para nada parecida había sucedido hace algunos años.

Sacudí mi cabeza y evite reír.

Al volver con los invitados mi suegra se acercó a mí dándome un cálido abrazo.

― ¡Felicidades! Hoy hace seis años eres mamá. Lo has hecho estupendo, Bella.

Sonreí abochornada.

Con Esme todo había sido siempre aprendizaje y gratitud. Sin contar el amor maternal que solía darme desde que llegué a sus vidas. Ella con su franqueza se encargó de guiar y hacernos afrontar nuestras inseguridades y miedos, sobre todo, ese horrible día en el que Edward y yo estuvimos a punto de dejarlo todo.

Para mí, el tema de Kate era algo que siempre me provocaría dolor y unos terribles celos. Pero cuando Carlie cumplió diez meses decidimos llevarla a conocer la casa de su abuela en Forks, ambos queríamos crear recuerdos de la casa de Esme y nosotros como familia. Para ese entonces pensé tontamente que el tema Kate estaría olvidado, no contaba con que Edward volvería a enredarse con ella de esa forma tan estúpida y que lo descubriría un año después.

Negué. No deseaba traer a mi mente momentos tristes de mi vida con Edward. Porque tampoco estos seis años habían sido de absoluta felicidad, ambos fallamos respecto a la enseñanza y crianza de Carlie y eran lecciones de las cuales aprendimos a mejorar.

― ¿Qué ha pasado con Bree? ―indague dudosa, porque la celebración de Carlie había comenzado hace una hora y era momento que no sabía nada de mi cuñada.

― Allí está ―Esme apuntó a la entrada principal del lugar.

Bree entró a paso lento, sostuvo su bolso frente a ella y se dispuso a saludar a nuestra familia e hizo cariños al pequeño Liam tomándolo en brazos por algunos minutos, nos ubicó con su mirada, acercándose a nosotras con una tímida sonrisa.

Por su aspecto cabizbajo sabía que algo le sucedía.

Estaba más delgada y por su rostro demacrado era entendible que no había dormido bien por días.

― ¿Qué sucede contigo, jovencita? ―indagó Esme en un tono preocupado.

Últimamente no sabíamos mucho de ella. Acababa de graduar de la universidad y tomó la decisión de vivir por su cuenta, así que, rentó un apartamento a las afueras de la ciudad. Tal vez buscando distancia de nuestras reglas, sobreprotección y se fue a vivir sola. Aunque tratábamos de mantenernos en contacto a través de videollamada o mensajería instantánea.

Comprendí que al tener su independencia ella necesitaba tener su espacio, un par de días lejos no afectaba a nadie.

― Eric terminó conmigo ―confesó.

― ¿Eric? ―cuestioné― ¿qué no se llamaba Sam?

― No. Ése fue antes de Thomas.

Quedé más confundida con su respuesta. Esme parecía tan desorientada como yo, frotó el brazo de su hija en un gesto de aliento se dispuso a ir en ayuda de Tanya e intentar calmar al pequeño bebé que lloraba fuertemente en los brazos de su madre.

Me centré en mi cuñada y su dulce e inocente forma de ser.

Así era Bree. No podía sostener ninguna relación, le costaba enamorarse y muchas veces dudaba que alguna vez lo hubiera hecho. Al menos, no de todos esos chicos que conocí en estos años.

― Eric me propuso vivir juntos y no acepté ―reflexionó Bree―. No estoy preparada para dar ese paso, y él no quiso esperar. Es que, ¿por qué los hombres solo piensan en sexo?

― Quieres decir… qué, tú… ¿no? ―gesticule con mis manos.

Me sorprendí el saber que Bree se había reservado. Era un poco extraño para esta época, aunque siendo ella podía creerlo. Cuando tuvo su primer novio fue antes de su cumpleaños diecisiete, fue el mismo chico a quien ella dio su primer beso. El mismo niño que no salía de casa cada fin de semana y por lo tanto el mismo que Seth odio desde que lo conoció.

― Te lo hubiese dicho de haber ocurrido ―respondió más para sí misma―. Además, no tengo tiempo para pensar en novios. Entre mi nuevo trabajo y mis clases de maestría no dispongo de horas para siquiera dormir bien.

Bree se sentó en un taburete alto y comenzó a balancear sus pies, mirando sin interés alguno sus converse. Sonrió a la pequeña plataforma de hielo: su hermano patinaba junto a Carlie y algunas compañeritas de clase.

― ¿Dónde está el fastidioso de Seth? ―sus ojos buscaron por todo el salón de juegos.

Hundí mis hombros.

― No estoy segura que vaya a venir. Aunque, se lo prometió a Carlie.

Cuando Bree nos sorprendió con su primer novio para Seth fue una fuerte desilusión porque él estaba por declarar su amor a ella. Siendo adolescentes y viviendo su primer desilusión lo primero que se le ocurrió fue buscarse también una chica. Al contrario de Bree; él se mantuvo por bastante tiempo con su relación hasta que llegó la separación, le tomó su tiempo volver a tener otra novia. Sin darse cuenta su adolescencia se fue alejando de ellos, llevándolos a una vida más adulta y la admisión en la universidad fue la separación definitiva para ambos.

Bree optó por estudiar Neurociencias en la Universidad de la ciudad, mientras tanto Seth prefirió viajar a California y allí estudiar finanzas, desde entonces no era tan fácil coincidir para ellos. Pues siempre que Seth venía a visitarnos Bree viajaba a Forks a ver a Esme. Tal vez esta vez sería diferente porque Seth acababa de volver a Miami apenas un par de días y estaba enfocado en desempeñar su trabajo con eficiencia en la Corporación bajo las órdenes de Edward quien había vuelto a dirigir la empresa. Aunque ellos aún no tenían ningún encuentro después de tiempo, esperaba que este fuese el momento que ambos necesitan, ya sea para retomar su amistad o lo que ellos decidieran.

― ¿Por qué? Seth nunca dejaría plantada a Carlie y menos en su cumpleaños.

― Con qué hablando de mí, ¿eh? ―murmuró Seth, cubriendo con sus manos los ojos de Bree. Era un chico demasiado alto que le gustaba entrenar duro en el gym y su cuerpo musculoso lo decía todo. Pero seguía siendo un tanto infantil y bastante bobo cuando se trataba de Bree―. ¿Cómo estás, fea? ―preguntó, besando dos veces sus mejillas.

La sonrisa de mi cuñada no pudo ser más extensa, se volvió a él y se abrazaron con evidente emoción. Seth por su parte prefirió molestarle, llevándola a su altura cuando la sujetó de la cintura.

Era su momento.

Y no debía estorbar.

Volví a reunirme con algunos padres de las compañeros de mi hija, ellos me agradecieron por el buen rato que estaban teniendo junto a sus hijos, solo pude sonreír y compartir algunas charlas sobre nuestros pequeños.

El festejo siguió en marcha con diferentes actividades para compartir entre adultos y niños. La pizza fue la comida favorita para los más pequeños, mientras nosotros degustamos diferentes pastas y ensaladas.

― Cielo, no te he visto probar bocado en toda la tarde ―dijo mi padre con una sonrisa, tiró de mi mano y me hizo sentarme junto a él ―. Anda, come conmigo.

― Te estás divirtiendo ―bromeé un poco cuando le dio un mordisco a su rebanada de pizza, fue gracioso ver esa mariposa de pintura sobre uno de sus pómulos. Él asintió limpiando con cautela la comisura de sus labios.

― Ella es una parte de mi felicidad ―esto último lo menciono contemplando con gran cariño a Carlie.

Suspiré, ahora mi hija se entretenía haciendo grandes burbujas con la ayuda de Edward.

― ¿Por qué no la trajiste?

Mi pregunta lo paralizó, acaso, ¿estaba nervioso?

― ¿A quién? ―se hizo el desentendido y volvió a morder de su pizza.

― Papá… sé que estás saliendo con alguien. Quiero conocerla, saber si es una buena persona.

― Se llama Elizabeth ―murmuró sin mirarme, su rostro abochornado era un rojo profundo―. Trabaja en el hospital infantil de la ciudad, es la directora del área pediátrica. Tiene un hijo que hoy en día está casado y con dos niños casi de la edad de Carlie ―sus ojos hicieron contacto con los míos y esbozó una enorme sonrisa― ella también es abuela, pero es muy hermosa y joven. De hecho, soy mayor por cinco años. Ella es divorciada.

― Por qué no me habías dicho nada. Tengo derecho a saber con quién sales, papá.

― Bella, no soy un chiquillo al que hay que reprender. Me avergüenza estar hablando de esto contigo.

― ¿Por qué?, ¿qué tiene de malo que me platiques de tu vida amorosa?

― ¡Eres mi hija! Mi niña aunque estés casada y seas madre ―su mano acunó mi mentón y me sonrió―. Estoy feliz junto a ella. Pero tengo terror porque me llevará a conocer a su hijo y familia, estoy un poco nervioso, cielo.

Puse mis codos en la mesa y cubrí mi rostro con mis palmas.

Mi padre parecía un adolescente que por primera vez conoce a los padres de su novia.

Era un tanto curioso para mí. Pasé mi vida viéndolo trabajar y sin hablar de ninguna mujer, sin embargo me hacía feliz. Realmente estaba emocionada por él.

― Es mejor que te prepares ―señaló― porque he decidido hacer una cena para que Seth, tú y tu familia la conozcan.

― Por mí encantada.

― Cambiando de tema. Te ha dicho Seth que se irá de casa. Apenas volvió a la ciudad y ya quiere mudarse por su cuenta.

La voz de mi padre sonaba un poco a reproche. Era de esperarse su descontento, entre él y Seth había surgido una buena relación en estos años. Charlie aprendió a ver a Seth como un hijo más, al cual guió y apoyó cuando fue necesario.

No podía dejar de lado a Jenks. Entre él y mi padre supieron ser el mejor tutor, amigo para Seth. Hicieron de él un chico disciplinado y con aspiraciones por cumplir.

― ¿Te molesta que quiera irse?

― No es eso. Simplemente me hará mucha falta. La mayoría de las veces que venía de visita se la pasaba con ustedes. No lo juzgo, ahora es un muchacho de veintitrés años y es normal que quiera vivir solo. Lo importante es que estará en la misma ciudad.

Los dos nos centramos en Seth. Éste seguía conversando a risotadas con Bree en la esquina del pequeño salón.

― Ojalá y se le haya quitado lo atolondrado y de una vez se anime a declararse a Bree.

Reí a las palabras de Charlie. ¿Qué le podía decir? Yo también deseaba lo mismo.

― Abuelito… ―la dulce voz de mi hija nos hizo virar, su cabello era un desorden hermoso―. ¿Quieres bailar en el salón de flúor? Allí vamos a ponernos pintura neón y vamos a brillar en la oscuridad, ¿quieres hacerlo? El abuelito de mi amigo Max estaba bailando ya.

― Por supuesto, solecito. ―Papá se puso de pie y sujetó la pequeña mano de Carlie―. Ahora verás que el abuelo Charlie tiene mejores pasos que todos los demás. De algo debe servir las pastillas de hierro que tomo a diario.

Carlie dio un par de saltos emocionada y su tiara de unicornio volvió a caer sobre su frente, con su mano libre despejó sus ojos removiendo algunos rizos y nos sonrió con ese pequeño hueco en su perfecta y blanca dentadura.

― Dime que no lo va a hacer ―susurró Edward en mi oreja. Sabía que se refería a mi padre bailando.

― Lo hará ―respondí mordiendo mi labio inferior cuando divise a Charlie brincando junto a su nieta antes de entrar al salón fluorescente.

Edward rodeó mi cintura y mordió mi lóbulo.

― Crees que debemos cumplir el deseo de Carlie. Habíamos dicho que esperaríamos a que ella tuviese diez años para encargar otro bebé, pero ella lleva más de dos años pidiendo lo mismo y no sé qué pensar al respecto.

Me enfrente a mi esposo y acaricié su rostro, respire hondamente.

― Quizá no vamos a esperar mucho tiempo para cumplir su deseo.

Los ojos de Edward se agrandaron e instintivamente miró mi vientre plano, ahora cubierto por la tela de mi blusa.

― ¿Estás diciendo qué…?, mi amor… ¿qué quieres decir?

Levanté mis palmas y lo tranquilice.

― ¡No! No estoy embarazada, aún. Hace seis meses fui con mi ginecólogo y le pedí que me removiera el DIU. Me explicó que si quería tener otro hijo debía empezar a tomar vitaminas y ácido fólico, sobre todo, me dijo que debo dejar de pensar cada mes en un embarazo. Y así, lo he hecho. No estoy obsesionada con la idea de que pudiste haberme embarazado cada vez que tenemos sexo.

― Pero, eso fue hace seis meses, Isabella. ¿Es normal que no hayas salido? ―Llevó una mano a su cara, la frotó y siguió con su pelo. Estaba nervioso.

― Es totalmente normal ―sujeté sus manos y le di un apretón para que mirase mis ojos―. Escúchame… ¿tú, quieres tener un hijo?

― Sí, sí quiero, ¿por qué no iba a querer?

― Porque la mayoría de los meses nos la pasamos viajando a causa de nuestro trabajo. ¿Recuerdas que hace cuatro años me pediste el divorcio? ―desvió su mirada con incomodidad―. A causa de ello hemos arrastrado a nuestra niña en cada viaje para no dejarla al cuidado de nadie. Y aunque hemos hecho lo posible por darle una vida normal. Sabemos que Carlie necesita estabilidad, ella tiene que estar en su colegio y con sus amigos, no podemos seguir sacándole de clases cada que tengamos que viajar. Estamos siendo injustos, Edward.

Exhale; tratando de hallar las palabras apropiadas.

― Es por esto que te pregunto nuevamente, ¿quieres otro hijo? En realidad, ¿lo deseas? Porque si es así, yo no…

― Deja te recuerdo que no fui quién pidió el divorcio. Tú lo sugeriste y yo accedí. ―Aclaró entre dientes―. ¿A qué viene toda esta plática? No comprendo. Si es por Kate ni siquiera la he vuelto a ver desde esa vez. No sé qué fue de ella. ¡Dios!, porque estamos hablando de esto justo en este día. ¿Qué pasa contigo, Isabella?

― Fuiste tú quien la mencionó ―reprimí una risa, el rostro de Edward estaba pálido―. Además, sé que se casó hace algunos meses porque Esme me lo dijo. Y con uno de tus mejores amigos de la infancia.

Edward rodó los ojos. En una acción bastante infantil para un hombre de casi treinta años. Aún así me gustaba mucho hacerlo enojar.

Era verdad. Kate se había casado después de graduar de la escuela de medicina. Esme mencionó que su ahora esposo se llama Jacob y que era buen tipo, ella también me confió que habían coincidido en la Facultad de medicina y que el chico la cortejó por años hasta que consiguió un sí definitivo.

― Hablemos de nosotros. ―Pidió con calma―. Sí, sí quiero otro hijo, pero veo que tú no.

― A eso voy. ¡Claro que quiero otro hijo! Mas, no bajo las mismas condiciones, es decir. Desde el momento que descubra que estoy esperando un bebé me voy alejar de la Corporación. No quiero hacerlo vivir de la misma manera que Carlie, no es justo. Prometimos ser mejores y no lo estamos siendo, Edward. Estoy de acuerdo en que no seremos perfectos, pero si en nosotros está mejorar, es nuestra obligación corregirnos. Así que, quiero tener una vida normal con mis hijos y ser una mujer de hogar, llevar a Carlie al colegio cada día, esperarte a ti cada tarde con una cena diferente, estoy emocionada con volver hacer el super y cosas que quizás para otros son insignificantes y para mí lo son todo.

Medité.

― Aunque estoy consciente que para lograr mis objetivos no nos seguiremos viendo, ya no estaremos tanto tiempo juntos y también me duele.

― No quiero terminar como Jenks que lo dio todo por una empresa y ahora mira cómo vive en la completa soledad. Tampoco quiero cometer los mismos errores de mi padre, ¿recuerdas? Tú mismo me lo echaste en cara aquella vez.

Cuando terminé de hablar Edward seguía pensativo. Sus ojos a pesar de estar atentos en mí no me miraban directamente, sabía que estaba a de distancia de este lugar.

Esbozó una sonrisa.

― También haré mi parte, mi amor. Somos un equipo, ¿no? Entonces, buscaré un sucesor, alguien que cubra mis viajes. No prometo que no viajaré más porque sabes que a veces es indispensable mi presencia. Pero, mientras pueda trataré de evitar dejarlos solos.

― Edward, tú amas tu trabajo. Sé lo mucho que te ha costado ganarte el respeto y el reconocimiento de los más grandes financieros. ¿En serio, harías eso por nosotros?

Se acercó y tocó mis labios en suave y fugaz beso.

― Por ustedes haría una y mil cosas. No soy una elección, son mi vida entera. Y si hay que empezar de nuevo, lo haré con todo mi amor ―acunó mi cara entre sus manos―. Cuando decidimos continuar juntos, supe que no todo podría ser felicidad y aunque he sido inmensamente dichoso a tu lado. También me ha estado pasando lo mismo que a ti, a veces me siento sumamente rebasado, extasiado con tanto viaje. Estoy en un punto que también quiero estabilidad, quiero a mi mujer y no a mi compañera de trabajo.

― Vaya, no fue tan difícil como creí.

― Sí existe solución, hagámoslo bien. ¿Y qué hay de mi bebé?

Lo miré confundida.

― Edward, te dije que no estoy embarazada.

Me erguí sobre mis pies y mi marido me detuvo, sostuvo mi mano, mirándome con una mueca traviesa.

― Eso no es ningún problema ―me tomó en sus brazos, haciéndome soltar un chillido― podemos empezar a practicar desde ya.

― Estás loco, ¡bájame! Estamos celebrando el cumpleaños de Carlie.

― Hemos sido los mejores anfitriones de la tarde, de lo demás se puede encargar Sue, mamá o Charlie. ―Sentenció, llevándome en sus brazos, no quise mirar a nadie, solo pude esconder mi rostro en su pecho.

Era un hecho que Edward no me daría tregua hasta no saber que estaba embarazada.

.

.

(Tres meses después…)

― ¿Está enfermo papi? ―preguntó mi niña sin soltar mi mano. Su tono un tanto preocupado me hizo ponerme a su altura, acaricié su hermosa carita, mientras sus ojos verdes me escudriñaron con duda―. ¿Es por eso que van con el médico? Para que papi deje de comer pollo cocido todos los días, es que... si es feo mirarlo comer eso todo el tiempo, mami.

Negué.

― Carlie. Hoy tengo una consulta médica de rutina y papi decidió ir conmigo.

― ¿Estás enferma, mami? ¿Es por eso que te quedas dormida? ¿El doctor te va a curar y ya no dormirás mucho? A mí no me importa si duermes todo el tiempo, mami. Estoy feliz de que estés conmigo y vayas por mí al colegio.

Sus brazos me apretaron con tanto entusiasmo.

― Escúchame, Carlie. ―Ella se puso seria y yo sonreí―. No puedo decirte mucho, mi pequeña, tal vez, cuando regresemos del médico pueda hacerte muy feliz.

― Yo soy feliz contigo y papi ―su honestidad me hizo besar sus mejillas―. Prometo no molestar a tía Bree, me portaré muy bien hasta que regresen por mí.

― ¡Mira! ―con su pequeño dedo, apuntó atrás de mí― allí está papi.

La solté para que fuera con él, se echó a sus brazos y Edward gustoso la cargó.

― Pensé que ya habías dejado a Carlie con mi hermana ―besó mis labios y tomó mi mano para caminar juntos hasta el apartamento―. Estamos un poco atrasados con el tiempo. Debemos darnos prisa.

― Lo sé, no entiendo porque Bree no ha respondido mensajes ni llamadas. ¿Crees qué haya olvidado que cuidaría de Carlie?

― Es lo más probable ―murmuró Edward cuando llegamos a la puerta y después de tres largos timbres no obtuvimos respuesta―. ¿No le habrá sucedido algo? Tiene dos días que no sabemos de ella.

Busqué en mi bolso y encontré la llave extra del apartamento, la tendí a mi esposo y éste abrió con facilidad. El lugar estaba en completo silencio y orden. Excepto por alguna ropa esparcida por el estrecho pasillo y que Carlie exhibió como si fuese modelo.

Edward y yo nos miramos.

Quise detenerlo y fue demasiado tarde cuando comprendí a quién pertenecía esa camisa. Edward había corrido hasta la habitación de su hermana y estaba echando gritos como un loco.

No tardó mucho para que Bree apareciera enredada en una sábana y con su rostro totalmente enrojecido y lleno de lágrimas.

― ¿Por qué tía Bree estaba dormida con tío Seth? Y no tenían ropa, a mí no me dejas dormir así, mami.

Traté de mantener la calma.

― Carlie, abraza fuerte a tía y no vayas por ningún motivo a la habitación.

Ella asintió y fue corriendo a consolar a Bree.

― ¡Es mi hermana! ―exclamó Edward, la vena en su frente estaba totalmente hinchada, sujeté con fuerza su antebrazo antes de que se fuera sobre Seth―. ¿Cómo pudiste hacernos esto?

― Lo siento. Bree y yo estamos juntos desde hace tres meses. Nosotros íbamos a hablar con ustedes. Pero... ya... no hubo tiempo..., ¡Ella está embarazada!

Edward dio un fuerte golpe a la pared antes de salir del dormitorio.

Me volví a Seth. Él estaba cubierto con una manta de la cintura para abajo. Inclinó su cabeza.

Mi niño dulce, ¿en qué momento había crecido?

Se sentó en la cama y cubrió su rostro.

― Perdóname.

Anduve hasta él y froté su espalda.

― No tengo nada qué perdonar, Seth. Vístete, te espero en la sala.

― Para esto querías tu independencia, ¿verdad? Para quedar embarazada a la primera.

Bree mantuvo su rostro inclinado y seguía envuelta en la sábana, la cual aferraba con toda su fuerza a su pecho.

― ¿Dónde está Carlie?

― La llevé a la habitación continúa, le presté mi móvil para que se entretenga con sus vídeos ―explicó Edward con sus manos en la cintura.

Seth llegó silencioso y vestido, rodeó protectoramente a Bree.

― Lamento mucho que nos hayan encontrado de esta forma ―empezó a decir Seth. Besó la cabeza de su chica y la acercó a su pecho dejándola llorar en su camisa―. Tenemos tres meses viviendo juntos.

― Qué estén juntos no es de mi incumbencia. Eres suficientemente adulta para tomar tus decisiones. Lo que me duele es la mentira. No había necesidad de esconderse, Bree ―rascó su nuca―. Ahora tendrán qué afrontar las consecuencias de sus niñerias. ¡Y lo harán cómo adultos!

― ¡Basta! Deja de gritar, Edward. No son niños para que les digas qué hacer y qué no. Estoy de acuerdo contigo en que no fue buena idea ocultar su amorio. Siendo realista tampoco estaban obligados a decirnos nada sobre sus vidas. Ellos sabrán qué decisión tomar respecto a su bebé y su relación. Aquí lo único que importa, es que Bree esté bien. ¿Has ido a una consulta?

Me senté junto a Bree y le sonreí.

― Sí. Tengo ocho semanas. Estoy tomando vitaminas y esas cosas ―sonrió con timidez―. Lo descubrimos hace unos días porque vómito cada mañana.

― Oh, Bree ―fue inevitable no abrazar a mi chica dulce y futura mamá―. Estaré contigo, entre todos cuidaremos mucho de ti, mi niña.

― Se ha vuelto muy sensible a los olores fuertes ―comentó Seth más animado.

Edward rió más relajado. Nosotros lo miramos, tal vez su enojo había mermado.

― Lo más probable es que Isabella esté embarazada.

― ¿¡En serio?! ―dijeron al unísono, sus ojos curiosos buscaron mi vientre.

― Se supone qué hoy salíamos de dudas ―respondí.

― Vámonos, quizá se pueda hacer algo ―mi esposo tendió su mano y me ayudó a ponerme de pie―. Será mejor llevar a Carlie con nosotros.

Mi niña salió un poco cohibida dejando un abrazo a cada uno de sus tíos.

― Cuídala. Ella ahora es tu responsabilidad ―dijo tajante mi marido. Seth asintió.

Bree corrió y abrazó a su hermano, volviendo a llorar cuando éste correspondió con gran cariño su abrazo.

― Mi pequeña hermana está embarazada. Tengo que abrazarte ahora que aún puedo rodearte con mis brazos.

― Eres un tonto, Edward. Pero, te quiero aunque me regañes porque me lo merezco. Por favor, no le cuentes a mamá ―pidió―. A Seth y a mí nos corresponde hacerlo, al igual que también lo haremos con Charlie.

― Suerte con ello, enana.

Edward podría estar todo lo enojado que quisiera. El amor por su hermana siempre estaría por encima de cualquier noticia inesperada.

Creo que mis expectativas sobre Seth y Bree fueron más allá de todo cuánto mi cabeza había imaginado.

-0-

― ¿Qué te dijo Esme?

Edward quitó sus anteojos de leer y frotó sus párpados, cerró el libro poniéndolo sobre la mesilla de noche.

― Está encantada con la noticia. Se escucha feliz que ya está haciendo planes igual que mi suegro. Parece que soy el único que no lo tomó de buena manera ―palmeó un lado del colchón para que le hiciera compañía―. ¿Crees qué haya exagerado? No creo, porque he tenido pesadillas de lo qué fui testigo. Es qué... encontrar a mi hermanita de esa forma es demasiado para mí. ¡Es una niña! Y Seth estaba encima de ella. ¡No! No quiero recordar ese día, nunca.

Se ocultó por completo con las sábanas, estuvo así unos segundos y luego se descubrió, mirándome.

― Comprendo a la perfección lo que sintió mi suegro cuando nos encontró en su despacho. La diferencia es que estábamos casados.

― También estábamos muy ebrios ―le recordé.

― Es que su mirada asesina de ese momento fue escalofriante, amor. Te acuerdas de todos los pretextos que inventamos por meses para no verle.

― Nunca olvidaré ese día porque fue nuestra reconciliación.

― ¡Qué gran reconciliación! ―concordó, llevándome a su pecho, no pasó mucho rato para que empezara a sobar mi cuero cabelludo con sus dedos―. ¿Cuándo le daremos la noticia a Carlie ?

Estaba por cerrar los ojos, amaba que tocaran mi cabeza, eso me provocaba un placer culposo y mucho sueño. Entonces unos ligeros golpes en la puerta me alertaron.

― ¿Puedo dormir aquí? ―mi niña anduvo despacio hasta la cama, su pijama estaba mal puesta y sus trenzas desordenadas, cargaba su peluche de unicornio y lo abrazaba fuertemente aferrándose a él―. Los truenos y los relámpagos no me dejan dormir.

― Ven aquí, pequeña de mamá ―le ayudé a subir, ubicándola en medio de los dos.

Edward la rodeó con sus brazos a la vez que besaba el tope de su cabeza.

Carlie cerró sus hermosos ojos, su carita llena de cansancio por el sueño perturbado, impidió decirle la buena nueva. Me uní a ellos y me apretuje fuertemente. Sentí un beso en mi frente y sonreí.

― Las amo ―susurró Edward, poniendo su mano en mi vientre.

Abrí mis párpados.

Nunca tendría suficiente de ellos.

Habíamos cometido errores en estos años y quizá, seguiríamos haciendo una que otra cosa mal, lo importante es que continuamos juntos, corrigiendo y aprendiendo en esta historia llamada vida. Fin.


Hey! Aquí me despido de ustedes, no sin antes agradecer por siempre acompañarme en cada capítulo. Muchísimas gracias por ser parte de esta historia, les debo un outtake que será publicado en estos días.

Sus comentarios son parte importante para mí, son el aliciente perfecto para continuar. Así que, GRACIAS.

A cada chica que se atrevió a escribir y dejar sus opiniones, a las que solo leyeron y no pudieron escribir, a quienes les gustó, a quienes no les gustó, a quienes me agregaron a sus favoritos, a quienes vendrán más adelante y se unirán a esta historia INFINITAS GRACIAS.