Tío, sigo echando mucho de menos a Billy en las misiones. Era un personaje tan enorme que se comía al resto con patatas. A lo mejor hago pronto un fic de "Mi Colega es un Fantasma" (serie que recomiendo, es muy divertida), ya os avisaré si lo escribo. También debo continuar con el que tengo de Batman, el de One Piece y también quisiera escribir uno pronto de Piratas del Caribe. Pero le doy prioridad a este, porque es el que me gusta más escribir, y el más ambicioso de todos. ¡Espero que este capítulo os guste!

-Lollyfan33: Ay me he reído mucho con lo de la "pena ajena" que dan Anastasia y Drizella. La verdad es que sí, pero bueno, yo las amo de todas formas. El misterio de Gantz, Hércules, Merlín y demás se irá resolviendo, como todo, poco a poco. Pero no vas mal encaminada, como siempre. La verdad es que agradezco muchísimo tus reviews porque esto es una historia que me apetece escribir mucho, y motiva mucho más hacerlo si hay gente que la lee, obviamente. Recibir comentarios tan elaborados e inteligentes como los tuyos (que otras veces hay gente que escribe reviwes que parecen mensajes de WhatsApp) es un gustazo, y motiva mucho más a seguir con la historia, y perfeccionar su calidad. En fin, muchas gracias, como siempre, y espero que este capítulo te guste también. Ya es la cuarta misión, la historia ya está empezando a hacerse poco a poco más y más compleja.

Bueno, disfrutad del capítulo, la verdad es que tardé sorprendentemente poco para lo largo que es, aunque es que estoy alcanzo unas velocidades de escritura alarmantes. Un día va a arderme la mano o algo.



MISIÓN 4: MONSTRUO MARINO (CONTINUACIÓN)

-Jajajaja ¡se ha dejado la cara ahí! ¡Ha sido la puta hostia!-rió Tadashi.

-¡JAJAJAJAJA!-Jim se frotó las lágrimas que le salían de los ojos por la risa-¡Es que… JAJAJAJAJAJA!

-Tíos, es lamentable-dijo Hans, sentándose en la barra el primero.

-Ya vienen a ponerme perdida la casa-comentó Silver que estaba fregando platos distraídamente-hay que jorobarse, rayos y truenos.

-¿Me pones vodka?-preguntó Hans señalando al fondo de la barra.

-No es para ti-replicó Silver impasible. Hans no le caía demasiado bien.

-Eh Silver, un sándwich, por fa-le pidió Jim. Con quince años rebosaba de confianza y felicidad, en el lugar donde su sueño se iba a cumplir. Todavía la capitana Amelia no se había cruzado en su camino…

-Voy, rayos, sois un pozo sin fondo-gruñó el cyborg y empezó a calentar con su brazo metálico el pan de molde distraídamente-¿hoy montabais en las tablas, no?

-Sí. Mullins se ha caído y se ha metido una hostia-le explicó Jim sentándose en la barra al lado de Silver. Después de un año juntos se habían hecho ya muy buenos amigos-creo que se ha quedado sin dientes…

-Espero que se los arreglen-comentó Tadashi, ahora un poco preocupado.

-Yo espero que no-dijo Hans cogiendo un refresco cuando Silver estaba de espaldas.

-Eso cuesta tres mickeys-dijo el cyborg, que como siempre lo veía todo con su ojo.

-No se te escapa una-bromeó Hans con una falsa sonrisa.

-No, créeme-dijo Silver secamente. Luego se volvió a concentrar en Jim-no sé, Jimbo. Pobre Mullins, a lo mejor deberías darle unas clases. A ti se te da muy bien la tabla, tienes un don increíble.

-Bueno, gracias…-dijo Jim sonriendo. Hans hizo un ruidito de burla, pero ambos le ignoraron.

-¿Qué se te daba mejor a ti, Silver?-preguntó Tadashi apoyándose también en la barra mientras le indicaba también un sándwich para él.

-La tabla no, desde luego. Yo pesaba demasiado-explicó Silver-creo que el combate con espadas. Y la navegación en mar abierto, por supuesto. En eso era un máquina.

-¿Alguna vez has estado en un abordaje?-preguntó Jim interesado. Silver todavía no le había contado su trágica historia sobre cómo había acabado siendo un cyborg, pero sí que les había dicho que en su tiempo navegó.

-Sí Jimbo, y ya te digo yo que tú no quieres estar ahí. Una batalla no es algo tan épico como lo pintan en la televisión. De hecho es un asunto muy chapucero-explicó el cyborg. Jim asintió.

-Cuando acabemos la carrera, exterminaremos a piratas-comentó Hans bebiendo distraído de su refresco-oye, parece que hay partido ahora ¿os venís?-no quería estar en esa aburrida cafetería por más tiempo.

-Sí-dijo Tadashi-¡vamos!

-Yo me quedo un rato-dijo Jim-luego voy…

-Vale, pero no tardes Jim, te necesitamos-le dijo Tadashi-hay que joder a los de segundo.

-Vale…

Jim se acomodó en la barra, aún era más bajito que con diecisiete años, y miró distraído como Silver silbaba una vieja canción mientras fregaba los platos.

De repente, lo que hasta entonces había parecido una sartén, se convirtió en una masa pequeña y rosada que repitió el silbido de Silver.

-¡Morfi! ¡Ya me tenías preocupado!-rió el cyborg-demonio…

-¡Morfo!-Jim acarició a la criaturita, risueño, mientras Silver les miraba enternecido.

-Eres un buen chico Jimbo. No te estropees con gentuza, hay gente buena de sobra-le dijo, intentando parecer indiferente, aunque sabía que era un consejo importante.

-¿Me lo dices por ti?-bromeó Jim, y Silver rió.

-Sois muy descarados… na, na, na… una fleecha de Cupido vi mi pecho atravesar… y ya nada me consuela como mi marino audaz-canturreó el cyborg mientras terminaba con la última pila de platos-eh, toma-sacó una chocolatina-sé que no os dejan tantas calorías, pero no solo de acelgas vive el hombre.

-Gracias-Jim mordisqueó la chocolatina distraído-Silver…

-Dime.

-Cuando viajabas por el mar...

El cyborg rió. Sabía lo que Jim quería. El chico se fascinaba por sus historias, y eso a él le encantaba. A todos los que tienen experiencia de vida les gusta que los escuchen, cuando más crecen más. Y a veces cuanto más solos están, más.

-Bueno Jimbo, no sé ya que contarte. Hay historias que te pondrían los pelos de punta…

-¿Piratas?-preguntó Jim interesado.

-Peor-Silver fingió un temblor al pensarlo.

-No me vengas otra vez con lo del Holandés Errante-se rió Jim-nos dijeron en clase que solo era una leyenda.

-Que sea una leyenda no significa que no sea verdad. Yo por ejemplo, soy una leyenda-dijo Silver hinchándose de orgullo-pero bueno, ya que vamos por esos derroteros podría hablarte de las sirenas…

-Las sirenas-Jim se pasó la mano por los labios, con una sonrisa burlona-Ya.

-¡Que sí, que es verdad! ¡Existen Jimbo, te lo juro por mi brazo sano!-exclamó Silver con convencimiento-mira, navegas noche tras noches hasta las cálidas aguas del sur, y allí por las noches se las oye cantar. Cada vez menos, porque temen a los piratas que las capturan para vender su carne o para aprovecharse de ellas, pues son muy, muy hermosas.

-Hermosas-repitió Jim alzando las cejas, divertido.

-Más que ninguna otra mujer. Si te enamoras de una sirena… no vas a poder enamorarte nunca más. Palabra de cyborg… y de hombre-dijo Silver. Jim asintió.

-¿Y qué viven, en los arrecifes?-preguntó, incapaz de creer que Silver le hablase tan en serio.

-No, en su ciudad submarina, se llama Atlántica-gruñó el cyborg consultando el menú de la cena. Estaba atardeciendo, tenía que empezar a ponerse-en ella está Tritón, su rey, señor de las tormentas y las corrientes marinas. Tiene muy mal humor y detesta a los humanos.

-Debiste causarle una mala impresión-bromeó Jim.

-No bromees con el rey del mar Jim, te aseguro que es cierto-dijo Silver con convencimiento. Jim miró hacia otro lado, todavía riendo, y Silver asintió, dándose cuenta de que no iba a poder convencerlo de eso-entiendo tu incredulidad. Pero cuando el viento de galena te haya cortado la piel y te haya convertido en un viejo lobo de mar como yo, entonces hablarás a tus grumetes de estas mismas historias. Sirenas…

-Creo que cuando uno está tanto tiempo lejos de casa, y de las chicas, empieza a imaginarse cosas-comentó Jim. Silver asintió, y entonces entró en la cocina hacia el despachito que tenía. Jim jugueteó con Morfo mientras lo esperaba. Al rato él estaba allí otra vez, sujetando en sus manos una brillante escama de pez, de color anaranjado.

-De una sirena-dijo Jim fingiendo creérselo.

-Sí, tú ríete, botarate-gruñó Silver-de una sirena, claro. La más hermosa que en mi vida yo vi. Pueden llegar a vivir cientos de años, porque bajo el mar el tiempo es distinto.

-¿La viste?-repitió Jim-Silver, venga ya.

-Como no te lo crees nada, dejaré esta historia-dijo el cyborg guardándose la escama en su abrigo-pero ten por seguro Jim, que algún día me darás la razón.

-Ya, ya-rió Jim dándole unas palmadas a su viejo amigo en la espalda-algún día…


Hoy era ese día. Jim miró la ciudad de Atlántica alucinado, mientras una colosal ballena pasaba por encima suyo y les hacía sombra, emitiendo su singular canto. Debajo de la ballena ocho sirenas nadaban charlando distraídamente. "Si hoy estuvieras aquí Silver…-pensó Jim, sin poder evitar emocionarse-tenías razón en todo… joder". Como echaba de menos a su viejo amigo. Si pudiera verlo ahora… je, para empezar tendría que darle la razón.

-Ojalá estuviera aquí Nanny-susurró Lilo-le gustaría mucho. Y a Stitch también. Y a David.

-Ojalá…-Jim vio a la ballena abrirse paso moviendo su gigantesca cola por una de las calles, mientras bancos de peces plateados entraban y salían por unos soportales que había debajo de una larga torre dorada. El material del que estaba hecha la arquitectura de Atlántica no era oro, pero se le parecía mucho.

Finalmente el joven sireno al que habían enviado regresó acompañado de unos gigantescos caballitos de mar que llevaban un curioso adorno en la cabeza, indicando que eran los mayordomos de palacio. Entre ellos iba un pequeño pececito de color azul de aspecto despistado, que cuando los demás se detuvieron en frente de los humanos siguió nadando al parecer sin darse cuenta de que los tenía delante.

-Ya estamos…-el capitán de los sirenos puso los ojos en blanco-¡Dory! ¡Dory! ¡Dory, ven aquí!-llamó, impaciente. El pez cirujano se dio la vuelta y miró al capitán de la guardia con curiosidad. Luego pareció caer en la cuenta de lo que estaba pasando.

-¡Ay perdona! ¡Perdona, ja, Celto, no te había visto!-rió, despreocupado el pez. Era una hembra- Es que… eeeeeh… creo que salía a dar una vuelta…

-No Dory, a ver, ¿te acuerdas? Te he llamado por los humanos-gruñó el capitán de la guardia, algo impaciente.

-Ah sí, los humanos-asintió Dory tontamente. Luego dio un respingo al asimilarlo-¡Humanos! ¡Hay que avisar inmediatamente al rey! ¡Ayayayayayay!

-El rey ya está avisado Dory, lo que te digo es si podemos pasar ya a verlo-insistió el capitán de la guardia. Dory se paró unos segundos quedando suspendida en el agua y parpadeó varias veces.

-Verlo… claro-dijo.

-Ah, bien, vale, pues entraremos-dijo el sireno, aliviado. Dory asintió y se apartó para dejarlo pasar. Sin embargo, su rostro cambió al ver al grupo de prisioneros que había detrás de ella.

-¡Eh, eh! ¿Quiénes son esos? ¡No puedes pasar con ellos, Celto!-le recordó, angustiada. Celto se llevó sus escamosas manos a la cara, desesperado.

-Dory, a ver, traemos a los humanos prisioneros, el rey quería verlos-dijo-¿está el rey ya listo para la audiencia?-preguntó intentando contener su impaciencia.

-Ay pues no lo sé, ¡es que tengo mil cosas en la cabeza!-se excusó Dory angustiada-voy a verlo y te digo, ¿vale?

-Pero Dory, es que eso ya me lo has dicho antes-insistió Celtus, nervioso-¿no podrías… hacer un esfuerzo?

-Un esfuerzo…-repitió Dory.

-Un esfuerzo-insistió Celtus.

-Muérete para esto-ironizó Timón desde atrás, y uno de los guardias le dio un buen golpe.

-Mmmmm Celtus… creo que he perdido el hilo…-se disculpó Dory y el jefe de los guardias se dio la vuelta llevándose las manos a la cabeza con desesperación-¡oh, Marlín! ¡Hola!

Un enorme pez payaso de brillantes colores naranjas nadó hasta donde estaba Dory y frenó a su lado, resoplando.

-Aaaah, Dory, a ver… no te puedes ir así sin esperarme, te lo dije-dijo con gravedad. Dory parpadeó, inocente.

-No me acuerdo-se excusó.

-Vale, vamos a ver-el pez payaso cogió aire mientras cogía de las aletas a Dory y la ponía mirando hacia el exterior del palacio- Recuerda lo que hemos ejercitado. Párate y piensa un momento. Mira a tu alrededor. ¿Qué ves?

-Veo… a Celtus-dijo Dory mirando al capitán de la guardia fijamente. Él resopló soltando un chorro de burbujas, cansado.

-Y Celtus es…-le recordó el pez payaso Marlin.

-Un sireno…-dijo Dory.

-Muy bien, y hay sirenos y…

-Y peces-completó Dory.

-Bueno, sí-cedió Marlin-y también hay…

-Gaviotas.

-Vale sí, pero otra más. Una que no nos gusta tanto…-la guió Marlin con paciencia.

-Mmmm ¿Gaviales? Pero por aquí no hay…

-Ahí hay unos humanos Dory… ¿no los ves?-dijo Marlin señalando al grupo del fondo. Ella se paró y boqueó varias veces. Luego miró a Marlin, angustiada.

-Humanos-repitió con horror-pero entonces… ¡entonces hay que avisar a Tritón! ¡Pero ya mismo!

-Pero es que ya has ido a hacerlo Dory. Fuiste conmigo ¿te acuerdas un poco ahora?-la instó Marlin, esperanzado. La sonrisa de Dory se fue borrando poco a poco, y ella agachó la mirada finalmente, avergonzada.

-No… no me acuerdo-dijo tristemente-lo siento…

En el grupo de Gantz, Jim miraba a Dory con curiosidad, y se dio cuenta de que Merlín también tenía los ojos clavados en ella. La barba del anciano ondeaba con la corriente de forma curiosa.

-Bueno Dory, no pasa nada… tranquila-dijo Marlin tomándola de la mano.

-Ejem… ¿nosotros podemos pasar?-preguntó el capitán de la guardia, algo impaciente-esto es un asunto importante.

-Sí, sí, claro-Marlin echó a Dory hacia un lado y les dejo entrar por la puerta del palacio-los está esperando en el trono…

-Genial…-el capitán Celto guió por las largos pasillos del palacio a sus hombres y a los prisioneros. Jim miraba a todas partes, mientras una extraña melodía se escuchaba por los pasillos. Parecía el canto de mil voces, susurrantes, salían de las paredes, de los suelos, y casi lo acariciaban como lo hacía el agua. Voces de ensueño. Voces de sirenas.

La arquitectura del palacio era distinta a cualquier otra que hubiera en Suburbia, y muy lujosa. El coral crecía por todas partes inundándolo todo de vida y naturaleza, pero de forma armoniosa con la construcción. Nadaron por una enorme estancia en la que había una gigantesca estatua. Era una mujer muy bella sujetando un enorme tridente en su mano izquierda, y lo que parecía una caracola en la derecha. A Jim y Aladdín lo que les llamaba más la atención eran las enormes tetas de la mujer, hechas de una perfecta piedra pulida y de un tamaño descomunal, aunque también era llamativo que llevaba una corona con afiladas puntas en la cabeza, adornada con cientos de luminiscencias que se habían adherido a ella.

Los guardias los llevaron hasta una pared en la que había un agujero, y por ella pasaban un montón de burbujas a gran velocidad en una fuerte corriente.

-Tomad en ascensor-ordenó Celtus. Los prisioneros obedecieron y se acercaron al conducto. Al hacerlo, las burbujas los arrastraban por el pasadizo a toda velocidad, hasta llevarlos a otra sala. Jim se acercó y con solo poner su mano en las burbujas, fue arrastrado por el chorro hacia arriba, zarandeándose en la corriente hasta aparecer en una sala superior.

-Es increíble-comentó Aladdín, que había subido delante de él. De los extremos de la estancia en la que estaban, muy oscura y con unas cristaleras de colores que hacían reflejos por el mar en el suelo, entraron más guardias que los apuntaron con sus lanzas y pistolas de erizos.

-Muy bien-dijo Celtus que subía detrás de ellos-ahora quiero que dejéis las armas. Todas ellas. Sin trampas.

-Ni hablar-dijo Hércules alzando los brazos-venimos en son de paz.

-La paz y las armas no son compatibles, compañero-dijo Celtus con severidad.

-Tenemos algo muy importante que hacer, y me parece que os va a beneficiar-dijo Hércules-así que lo mejor sería… que nos dejaseis hacer a nuestro modo.

Los sirenos se miraron entre ellos. El más joven que habían mandado a buscar a Dory hizo una mueca de desdén.

-Dejadnos a nosotros hacerlo del nuestro-dijo. Hércules miró a un lado y a otro. Los superaban abiertamente en número. Si se enfrentaban a ellos, con las pistolas, las espadas y los detonadores, podrían acabar con todos los sirenos, pero perderían toda su munición, y además alguno del equipo moriría, seguro. Lo que significaba que ya no volverían a confiar en él ni en su promesa de mantenerlos a todos con vida.

Miró a Merlín. El mago sí que podía acabar con todos aquellos seres sin apenas esfuerzo, pero no parecía que tuviera ninguna intención de hacerlo. Claro, para él era mil veces mejor permanecer impasible ante el peligro y dejar que pasasen los segundos. Al final esperaba sobrevivir él solo. Maldito capullo hijo de puta.

-Está bien-accedió finalmente Hércules. Aladdín, Helga y Jim lo miraron en desacuerdo-dejaremos las armas. Pero no las toquéis. Y nos las tenéis que devolver.

-Claro-ironizó Helga-si son tan amables…

-Hacedme caso-dijo Hércules con fiereza-llevo haciendo esto mucho tiempo. Dejad las armas.

-No parece que lleves tanto-le espetó Helga con dureza. Hércules sin embargo se mantuvo firme en su decisión, y dejó su pistola, los tres detonadores que había cogido y la espada en el suelo. Uno de los sirenos se acercó, pero Celtus se lo impidió.

-Esto de momento se queda aquí-le advirtió. El sireno asintió, molesto.

-Dejad también vuestras armas-pidió Hércules mirando a Aladdín y Jim con gravedad-confiad en mí… por favor.

Pero Jim no estaba dispuesto a confiar en él, ni en nadie. Cuando la vida y la muerte penden de un hilo, no puedes permitirte el hacer algo así. Aladdín miró su pistola y luego a Hércules. Asintiendo lentamente como si lo estuviera sopesando terminó por acercarse al centro de la sala y dejar sus armas también.

-Joder…-Helga terminó por ceder también, y el resto la imitaron. Jim sin embargo seguía sin soltarla.

-Escucha esto… Jim. Por favor. Confía en mí. Solo una vez-pidió Hércules. Jim le miró con desconfianza.

-No tengo por qué hacerlo-dijo, desafiante-no sabemos nada de ti. Solo que puedes entrar y salir del piso cuando te da la gana, y que sabes mucho más que nosotros. Que el viejo sea un cabrón no quita que tú nos estés engañando-dijo. Hércules asintió lentamente, no estaba ofendido, de hecho parecía de acuerdo.

-Entiendo lo que dices, y haces bien en desconfiar-dijo. Luego miró al capitán Celtus, que esperaba impaciente-pero es que si no lo haces… ellos te atacarán… y no podrás con todos… y yo no voy a poder defenderte. En realidad, ya no te queda alternativa.

Jim miró a los sirenos que sujetaban sus armas sonriendo amenazantes, y luego de nuevo a Hércules, muy cabreado. ¿Así que así iban a ser las cosas? No había llegado hasta tan lejos para morir ahora por un tontería como esa. Pero como en la misión anterior, que habían terminado siendo cebo para el experimento 626, le parecía que aquella vez acabarían también muy mal.

-Dile que nos juren que no nos van a hacer daño-le susurró Kuzco a Hércules, preocupado.

-Van a querer hacérnoslo-respondió él sin perder la calma-pero no te preocupes. Estoy aquí.

-Ya, ja, ja… eso ya lo has dicho antes-recordó Kuzco alzando las cejas y sonriendo nervioso.

El capitán de los sirenos iba a acercarse a las armas, cuando una brillante luz azulada las envolvió. Parecía un escudo de energía en torno a ellas, que él no fue capaz de tocar.

-¿Qué significa esto?-preguntó Celtus, encarándose furioso con Hércules.

-Yo no tengo nada que ver-rebatió él, calmado.

-Es un sistema defensivo de las armas-explicó Merlín, adelantándose y sonriendo con picardía-ninguno de vosotros podréis tocarlas, solo responden a nuestro tacto.

Los guardias se miraron sorprendidos, al igual que los participantes de Gantz. Aladdín miró a Jim, extrañado. Ellos sabían que eso no era así. Las armas funcionaban en las manos de quien las cogiera, nunca habían visto algo así.

Entonces mirando a Merlín Jim comprendió que era el propio mago quien lo había hecho con sus poderes. Pero si admitía que era así como lo había hecho, tal vez no lo dejarían entrar a ver al rey, por la propia seguridad del soberano, y quizás a él le matarían. Era muy útil para la misión que los atlantes no supieran que había un mago entre sus prisioneros. Jim se preguntó si conocerían la magia. En Suburbia desde luego no era un fenómeno en el que la gente creyera. Desde el día de su muerte, Jim había empezado a pensar otra cosa.

-Seguidnos entonces al salón del trono-ordenó Celtus mirando el escudo protector de las armas con enfado, y guiándoles luego. Los diez prisioneros nadaron por un corredor hasta unas enormes puertas de nácar que eran diez veces ellos. Al golpearlas Celtus con cuidado, las puertas se abrieron y dejaron entrever un largo corredero que llevaba a un gigantesco trono con forma similar a una concha, rodeado de chorros de burbujas y de un resplandeciente color dorado, que sin embargo apenas se apreciaba dada la oscuridad en la que se encontraba la sala. En el trono Jim pudo distinguir una larga y gruesa cola de sirena… que luego resultó estar unida al cuerpo de un hombre gigantesco, exageradamente musculoso.

-Joder, ese sí que está petao-observó Aladdín con envidia. Y él que se tiraba cuatro horas entrenando en el gimnasio…

-Majestad-los guardias encabezados por Celtus hicieron una respetuosa reverencia a su rey.

Físicamente el rey Tritón parecía una fusión entre Hércules y Merlín: era un hombre ya mayor, y lucía una larga barba blanca que brillaba con distintos reflejos turquesas y ámbar. Pero pese a su ya avanzada edad era tremendamente musculoso, e imponía muchísimo. Sus ojos, hasta entonces tranquilos, se abrieron con una fuerza inusual, y mirando a los diez recién llegados los fulminó, echando chispas por ellos, hasta un punto que se asustaron.

-Celtus…-dijo el rey Tritón con voz grave-son… humanos.

-Lo sé majestad, de ahí la urgencia. Tal y como nos había dicho Sebastián-dijo Celtus. Los prisioneros se miraron sorprendidos: ¿Sebastián? ¿el cangrejo?

Sebastián se asomó a un lado de Tritón y miró a los humanos con seriedad.

-Eres gilipollas tío-le dijo Aladdín al cangrejo, mosqueado-si morimos, tú también lo harás.

-Majeta eto humano me secuestraron y desían un montó de cosa mu rara-dijo Sebastián, preocupado-Arie estaba con ellos, pero ahora ya no sé dónde etá.

-¿Ariel?-repitió Jim, notando como si una de las rayas que habían visto antes le hubiese dado una descarga eléctrica.

-¿Dónde estabais?-le preguntó el rey Tritón a Sebastián.

-¿Cómo?

-¿En dónde te encontraste con ellos?-especificó el rey. Como si fuesen muñequeras, llevaba unos gruesos brazaletes dorados que tenían aspecto de pesar mucho.

-Etábamos… en la siudá majetá… en la siudá de lo hombre… vi su edificio… y la Torre-explicó Sebastián, y tembló un poco, angustiado.

-¿Y mi hija estaba con ellos?-el rey Tritón continuaba impasible, con tan solo el ceño levemente fruncido. Sebastián asintió varias veces, mirándolo temeroso.

Jim también le observaba, incapaz de creerlo. Todo aquello era tan extraordinario como increíble: así que… de verdad se había enamorado de una sirena. Había dormido con una sirena, la había besado… ¿qué decía Silver sobre los besos de las sirenas? En otra ocasión se lo había contado…

Bueno, "enamorado" era mucho decir…

-Creo que eto humano majetá… no son malo… pero algo rara pasa con ello-insistió Sebastián.

-Estamos en plena guerra… no podemos dar un paso en falso-añadió Celtus, preocupado.

-¿En guerra?-repitió Aladdín, mirando a sus compañeros sorprendido.

-Oye, nosotros no somos humanos-intervino Timón asomándose entre el grupo-¿nos podemos largar?

-No-le dijo Celtus, apuntándolo con su lanza.

-Bueno, había que preguntarlo-le dijo el suricato a Pumbaa.

El rey Tritón observó a Timón y a Pumbaa unos segundos, y luego levantó la mano con vehemencia.

-Sí, pueden marcharse-dijo. Los sirenos se miraron sorprendidos.

-Pero… señor…

-Nuestras leyes son claras: nada de hombres en nuestro reino. Pero el resto de criaturas son bienvenidas…-dijo Tritón-si no han hecho nada, no podemos castigarlos.

-Llevaban armas, señor-dijo Celtus-armas muy peligrosas.

-Hay una pitola majetá y también una epada… -empezó Sebastián-pero eran para…

Tritón alzó la mano de nuevo. Jim se fijó en que llevaba la misma corona puntiaguda que la estatua de la mujer que habían visto antes. El tridente, sin embargo, no lo tenía. Tritón nadó un poco dejando su trono atrás y con su enorme sombra cubrió a sus prisioneros. Era más alto que un humano normal.

Cuando los miró, sus ojos ardieron con una furia que no era de este mundo. Los prisioneros retrocedieron un poco, intimidados, excepto Hércules y Merlín.

-Los humanos tenéis prohibido venir a nuestro reino-dijo con voz severa.

-En realidad, no estábamos en vuestro reino-replicó Hércules educadamente.

-Merodeabais por nuestros arrecifes. Todo lo que está fuera del agua es vuestro. Más lo que vive debajo de ella… es nuestro-dijo el rey Tritón con voz ronca. Hércules no se achantó.

-No buscamos ningún mal para los habitantes de este reino ni para usted. Hemos venido en contra de nuestra voluntad, obligados por una importante misión-dijo secamente.

-Ah, sí. Sí, claro-Tritón nadó de un lado a otro, con impaciencia. A Jim le seguía pareciendo rarísimo seguir manteniendo una conversación normal con aquella criatura-supongo que esa Gantz tiene algo que ver ¿no es cierto?

Hércules palideció y miró a Merlín con sorpresa. El anciano se encogió de hombros, divertido. ¿Cómo lo sabía él?

-¿Cómo…?-a Hércules le brillaban los ojos.

-Hace ya más de un mes que otro grupo de hombres como vosotros se presentó aquí, con las mismas explicaciones. Ellos intentaron oponer resistencia, así que los capturamos. Y nos quedamos… con sus armas-indicó Tritón. Dos de sus sirenos traían pistolas de luz con ellos. Hércules tragó saliva-tenían órdenes de matar a un ser que vive en estos mares… pero ella los mató a todos.

-Fracasaron…-Jim miró a Aladdín asustado. Otro grupo como ellos… ¿qué era Gantz?

-¿Qué te dijeron ellos?-preguntó Hércules. En ese momento el rey Tritón dio un grito tremendo, haciéndolo dar un respingo. Tritón se acercó a Hércules con un gesto de rabia inhumano en su rostro.

-¿ERES TÚ QUIEN HACE LAS PREGUNTAS? ¿DÓNDE ESTÁ MI HIJA? ¿QUÉ HABÉIS HECHO CON ELLA, HUMANOS? ¿¡QUÉ!?-gritó tan fuerte que Jim notó como la cabeza le dolía. Hércules no retrocedió, y miró a Tritón furioso.

-Su hija estaba con nosotros-explicó-ella también forma parte de esto… y no puede marcharse… no hasta que no hayamos terminado.

-¡SILENCIO!-bramó Tritón. Sus sirenos también habían retrocedido, asustados. El rey alzó uno de sus dedos, gruesos y callosos, y apuntó a Hércules con él-mi hija… lleva desaparecida ya más de seis meses. Vosotros os la llevasteis. Yo ya la daba por muerta… ¡DABA POR MUERTA A MI HIJA!

Jim miró al rey angustiado. ¿Qué cojones le pasaba a la pelirroja? La hija del rey del mar. Era la puta hija del rey del mar. ¿Qué cojones…?

-Sebastián me ha dicho que la ha visto con vida. Que estaba bien…-Tritón miró al cangrejo con gratitud, y Sebastián inclinó la cabeza cordialmente-así que decidme… ¿dónde está?

Hércules miró hacia el resto del grupo, que negó con la cabeza, y luego a Merlín, que esta vez fue quien tomó la palabra.

-No lo sabemos. Probablemente esté perdida-dijo-pero, si me lo permite, eso ahora mismo no importa una mierda.

-¿Cómo?-Tritón levantó las cejas sorprendido, mientras Jim, tan sorprendido como él, miraba a Merlín perplejo. Se le había ido la pinza totalmente, o se creía que era el puto amo.

-Ese cangrejo estaba con nosotros en Suburbia porque de algún modo murió, y la esfera nos eligió a todos para completar una misión. Esta misión, es decir, asesinar a Úrsula.

Esas últimas palabras provocaron mayor impacto que ninguna anterior: los sirenos murmuraron entre ellos, intranquilos mientras Tritón fulminaba con la mirada a Merlín. Aladdín los observó intranquilo ¿quién era ella, que provocaba tanto temor entre un grupo de preparados soldados del mar, con tan solo pronunciar su nombre?

-Si no completamos la misión… todos moriremos. Incluida tu hija-concretó Merlín.

El rey Tritón se dio la vuelta, enfurecido, y les dio la espalda, mientras cavilaba sobre todo lo que acababa de escuchar.

-Si quieres más pruebas de esto, estoy seguro de que dabas por muerto a ese cangrejo hasta que lo has vuelto a ver. Eso es porque no hemos completado la misión. En cuanto lo hagamos, tú no podrás recordar que él murió, fuera del modo que fuese. ¿No es cierto, Sebastián, que tú habías muerto?-le increpó Merlín al cangrejo. Este miró a Tritón, asustado, y luego al suelo.

-Etooo… bueno… sí.

Merlín se cruzó de brazos con satisfacción, mientras el rey Tritón miraba de reojo a Sebastián y luego volvía a girarse, centrado en sus pensamientos.

-¿Estás diciendo… que mi hija está muerta?-preguntó Tritón con voz muy grave.

-Sí. Bueno no, ahora vive, o debería… en realidad… morirá… si no acabamos con Úrsula. Tenemos cuatro horas-dijo Merlín. Se escucharon murmullos entre los guardias de nuevo.

-¿Cuatro horas? ¿Para matar a la criatura más peligrosa del mar?-preguntó Celtus, perplejo-eso es imposible.

-Te sorprenderías-respondió Helga, lacónica.

-Silencio-ordenó el rey Tritón, y todos enmudecieron. Tritón miró a sus guardias con severidad-si lo que afirman es cierto, mi hija debe de estar perdida en alguna parte del mar-explicó-organizad una batida inmediata para encontrarla, por todas partes. Debajo de cada caracol marino, dentro de las fosas y las anémonas del arrecife. Que nadie descanse hasta que ella haya regresado ¿entendido?

-Sí majestad-Celtus agachó la cabeza, obediente. Luego vaciló unos instantes-pero majestad… estamos en guerra…

-¡MI HIJA ESTÁ EN PELIGRO!-gritó Tritón, y Celtus se encogió, asustado-¡ENCONTRADLA!

-Nosotros, como estamos de paso, nos marchamos ya-dijo Merlín sonriendo y nadando por el largo y oscuro pasillo hacia la salida. Dos guardias, a una señal de Tritón, le impidieron seguir avanzando.

Merlín se volvió con una frialdad escalofriante, y miró a Tritón con desafío.

-¿Qué ocurre ahora… majestad?

-Las leyes del reino… mis leyes, dictan que los humanos están prohibidos aquí. Bajo pena de muerte-concretó Tritón. Jim abrió mucho los ojos, y miró a Hércules, cabreado ¿¡para qué coño les había hecho dejar las armas?-seréis conducidos al anillo de fuego, e incinerados allí.

-Esto debe ser una broma-protestó Merlín, con sorna-¿quemáis a vuestros reos en un aro? ¿es que vivís en la prehistoria?

-Nuestro reino es una cultura ancestral que se vio amenazada con la llegada de los seres humanos hace ya dos centurias-dijo Tritón, impasible-los humanos habéis amenazado nuestro modo de vida, habéis perseguido y aniquilado a mi raza. Pero somos un pueblo orgulloso. Y no olvidamos con facilidad.

-El odio que llevas dentro te destruirá-le advirtió Merlín, muy serio de repente-igual que ha destruido a tu familia.

-¡NO TE ATREVAS A HABLAR COMO SI SUPIERAS ALGO DE MI FAMILIA!-gritó Tritón. Merlín sin embargo no se amedrantó.

-Podría mataros a todos vosotros ahora mismo-dijo el mago, arrogante-y ni siquiera tendría que mover un dedo. Así que te recomiendo que hagas lo que te pido, a no ser que prefieras que me cabreé de verdad. Yo no necesito gritar como una niña para eso.

Tritón había levantado la cabeza, asombrado por el atrevimiento de aquel humano. Por un momento los demás se temieron que fuera a gritar más. Aladdín por su parte esperaba que le partiese la cara o algo así. Pero no lo hizo. En su lugar, el enorme sireno nadó hasta su trono y volvió a sentarse de nuevo en él, acomodándose.

-Así que podrías matarnos a todos…-dijo en voz baja-creo que nos subestimas… pero te daré ese voto de confianza. ¿Qué te parece si lo hacemos de este modo? Tienes un plazo de cuatro horas para matar a Úrsula, y volver a este palacio con mi hija, sana y salva. Si lo haces, os dejaré matar a ti y a tus compañeros-ofreció-si fracasas… bueno, todos serán ejecutados en el anillo de fuego… o de un modo peor.

-¡No! ¡No, un momento!-protestó Aladdín furioso. Merlín nunca volvería a por ellos. Esperaría a que pasase el plazo y los matase a todos, y después volvería él solo a casa-¡no es justo!

-Acepto-dijo Merlín sonriendo-¿por qué no?

-¡Joder!-Jim miró a Hércules enfadado ¿por qué él no decía nada? ¿qué leches pasaba allí?

Sin embargo Hércules continuó en silencio, mirando a Tritón fijamente. Merlín se volvió hacia el resto y los miró con los ojos iluminados.

-Bueno, volveré enseguida. No os preocupéis-dijo educadamente. Aladdín avanzó hacia él para atacarle, pero Hércules le frenó.

-Merlín…-el fortachón le miró con seriedad- aquí hay una niña… ¿de verdad serías…?

-Piensas muy mal de mí, porque al igual que ellos no ves más allá. Pero no te preocupes por eso-dijo Merlín con frialdad-en las ocho (con esta nueve) misiones que llevo, me he limitado a cumplir con mi parte, y nada más. Si el resto vivís o morís, eso ya es problema vuestro. Pero tampoco voy a provocar la muerte de nadie. Así que buscaré a esa zorra, la mataré y después diré la palabra. Si seguís con vida entonces, regresaréis conmigo, y no tendréis que verme más, porque sumaré los cien puntos, y podré irme… para siempre…

-Eres muy optimista-replicó Hércules.

-Bueno, antes lo era menos, pero visto que tú los conseguiste, deduzco que podrá cualquiera-argumentó el mago, encogiéndose de hombros-Necesito menos de treinta para llegar, y ella los vale. Así que si no molestáis y os estáis tranquilitos, no os tiene por qué pasar nada. Hasta luego.

Le dio a Hércules unas palmadas en el rostro, sonrió y luego se fue de allí. El musculoso joven le vio alejarse seguido de los guardias, incapaz de creerlo.

-¡Las armas!-exclamó Aladdín preocupado-¡no se puede llevar todas!

-Creo que no lo hará…-susurró Hércules, intentando calmarlo.

-Ahora vuestro turno, humanos-dijo Tritón hablando con voz potente desde su trono una vez Merlín salió del palacio-ese arrogante compañero vuestro, sean cuales sean sus poderes, tiene pocas posibilidades de vencer a Úrsula, porque está subestimando los poderes del mar. En cualquier caso, vosotros esperaréis a vuestro destino en mis calabozos.

-Pero…-empezó Hércules.

-¡NO QUIERO NINGUNA RÉPLICA!-rugió el rey Tritón, y todos dieron un respingo, asustados-pero antes de iros, quiero que me digáis la verdad. ¿Quién os ha ordenado hacer esto? ¿Y cómo conoce el emplazamiento de nuestro reino?

Hércules se adelantó para hablar por el resto, ya que el resto no es que tuviera muchas ganas de hablar.

-No lo sabemos-dijo, preocupado-solo sabemos que… no tenemos otra opción.

-Ya… ya-Tritón cruzó sus desproporcionados brazos llenos de venas y muy peludos, y luego se dejó caer un poco hacia atrás en su trono-llevadlos a los calabozos. Que no salgan de allí-ordenó. Celtus asintió y sus sirenos agarraron a los prisioneros y los llevaron con ellos. Aladdín sin embargo se resistió un poco, y mirando enfadado a Sebastián volvió a gritar.

-¡Morirás si no lo conseguimos! ¡Moriremos todos, Sebastián! ¡Eres gilipollas!-el sireno le dio un calambre con su lanza eléctrica, y Aladdín dio un respingo y se quedó paralizado, con un leve tic en el ojo izquierdo.

Sebastián vio cómo se los llevaban fuera de la sala del trono, preocupado, y luego se dirigió a su soberano con cautela.

-Majetá yo… no intiendo na de na…

-No hay nada que entender, Sebastián-el rey Tritón tamborileó los dedos en su trono, observando los chorros de burbujas que rodeaban su trono y le calentaban el agua-él nos llevará a Úrsula, porque puede encontrarla. Y cuando eso ocurra enviaremos a las tropas contra ella, y la guerra habrá acabado.

-Y… ¿Y Arie?-preguntó Sebastián, un poco encogido dentro de su caparazón. Tritón, dado la espalda, se tomó su tiempo antes de contestar.

-La encontraremos-dijo simplemente. Sebastián le miró con un deje de desesperación. Realmente entendía a la pelirroja. Se preguntó hasta qué punto quería Tritón realmente a sus hijas…

-Majetá, yo… me alegro de volvé a esta aquí para sevirlo-Sebastián miró al rey mientras se frotaba sus gruesas pinzas de un color rojo encarnado. Se suponía que había muerto, efectivamente. Y siendo como era el compositor preferido de Tritón y uno de sus principales confidentes, la verdad esperaba algo más por parte de su rey que aquella fría bienvenida.

Pero Tritón no parecía ir a darle un cálido abrazo de bienvenida. Él era más frío que el mar. Y también más bravo.

-No te marches de aquí-le ordenó el rey mientras iba hacia la pequeña plataforma que había detrás del trono, y pulsando varios botones ocultos entre las lapas de una pared, abría un pasadizo secreto-volveré-dijo.

Nadó hacia el interior del pasadizo. Una profunda garganta submarina que llevaba a una extraña gruta iluminada por unas extrañas criaturas luminiscentes, parecidas a las luciérnagas, pero del mar. Las formaciones marinas, la costra coralina que brillaba con un extraño color verdoso y azulado, y los pequeños pececitos que nadaron apartándose de él parecían parte de un mundo onírico, de algo que no terminaba de estar allí. Ya no era el mar… era otro mundo… el cosmos. En la gruta estaban las respuestas. Y él lo sabía. Estaba más cerca de la verdad que cualquier de ellos…

-¿Y ahora qué, joder?-le espetó Aladdín a Hércules encarándose con él-¡no tenemos armas, ni podemos salir!

Él se volvió y le sonrió con calma.

-Las cosas no son siempre lo que parecen ser, amigo-dijo, optimista. Aladdín abrió la boca varias veces, sin saber que responder.

Estaban encerrados en una enorme estancia vacía, cuyas paredes eran corrientes de aguas muy densas, imposibles de atravesar. Los guardias de fuera controlaban el flujo de las corrientes, y cuando alguien quería entrar en las celdas lo cerraban para que no molestase. Pero cuando solo estaban los prisioneros, abrían el flujo, y la corriente impedía que nadasen al exterior.

-No pienso quedarme esperando mientras… no voy a poner mi vida en las manos de Merlín-dijo Jim adelantándose con decisión-hay que salir de aquí.

-¿No podemos atravesar la corriente haciéndonos invisibles?-sugirió Lilo señalando la corriente y luego llevando su mano a la ruedecita.

-¡No!-exclamó Hércules, frenándola-si lo haces, perderás la capacidad de respiración. Necesitamos toda la energía disponible del traje para esto. Y ya solo nos queda media hora…

-¿Entonces qué?-preguntó Helga, y nadó con decisión hacia la corriente, dispuesta a atravesarla. El resultado fue que salió rebotada hacia atrás y se golpeó contra el suelo-¡AAAAH!

-¡Helga!-Aladdín corrió a ayudarla-¿estás bien?

-Sí-ella le quitó las manos enseguida, furiosa. Se encaró con Hércules-¿cómo salimos de aquí?

-Sencillo-dijo él sonriendo-dejádmelo a mí.

-Vale, genial. Todo el mundo tiene aquí todo muy controlado-comentó Timón molesto-pero de momento no hemos hecho gran cosa.

-¿Qué piensas hacer?-preguntó Kuzco mirando a Hércules con extrañeza.

Hércules nadó hasta el techo de la estancia, y mirando a sus compañeros que estaban a bajo sonrió.

-Apartaos-dijo-pero antes, quiero que me prometáis que haréis todo lo que os diga después. Confiad en mí ¿vale?

-Lo prometemos-dijeron a la vez Aladdín, Jim, Helga, Lilo y Pumbaa.

-Estooo… sí, yo también-gruñó Timón cuando su compañero jabalí le dio un golpe.

-Lo prometo-dijo Kuzco mirando a Helga alertado. No quería que volviera a retorcerle el brazo.

Solo faltaba Lady Tremaine. Hércules la miró, a la espera de una respuesta.

-Necesito que me dé su palabra. Es por su bien-pidió. Ella alzó la cabeza con un desagradable gesto de desprecio en su rostro.

-Me temo que no puedo hacer eso-dijo simplemente. Hasta ahora, él solo había conseguido ponerles en mayores peligros, haciéndoles perder sus armas. Hércules la miró unos segundos, intentando entenderla. Era una mujer extraña. El tipo de sujeto que Gantz seleccionaba, y que nunca sobrevivía… aun así, ella no parecía de las que se quedaban atrás.

-Muy bien. Pero le recomiendo que me siga… si quiere sobrevivir…-dijo finalmente. Después, pegándose al techo puso sus puños apuntando en dirección hacia el suelo, y cerró los ojos en señal de concentración.

-No, no, no-Kuzco esbozó una estúpida sonrisa mientras lo miraba ahí pegado. Luego se volvió a sus compañeros, incapaz de contener la risa-venga ya, no. No va a ser tan fantasma.

Hércules respiró varias veces hondo, y luego flexionó las piernas hacia atrás para coger impuslo.

-Oh sí…-Kuzco alzó las cejas, deseoso de ver el desenlace de aquello.

-¡OOOOAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!-como si fuera un misil Hércules se dirigió directo hacia el suelo, volando los casi seis metros de altura de la sala. Cuando se estrelló en él, Jim sintió como si todo se hubiese paralizado, casi a cámara lenta. Sonó un crujido muy suave, muy suave, que siguió luego un breve silencio… y finalmente una explosión colosal. Los puños de Hércules se habían hundido en el suelo, y este se había agrietado rápidamente, mientras se hundía. Helga nadó hacia arriba, sorprendida, mientras Lilo daba un gritito y Aladdín, Kuzco y Jim miraban a Hércules hundiéndose en el suelo totalmente alucinados.

El joven había atravesado la superficie con el impacto de sus puños, hasta descender a la siguiente planta. Dividido ahora en fragmentos, el suelo se fue hundiendo con él, flotando en el agua con una increíble gracilidad, mientras aterrizaba en la planta siguiente formando una montaña de escombros.

-Hostia…-Kuzco miró a Aladdín y a Jim pasmado-¿eso lo podemos hacer?

-Que yo sepa, no-le contestó Jim. Aladdín se limitó a saltar y descender también a bajo, donde ya los esperaba Hércules.

-¡Vamos!-gritó él-¡no tenemos tiempo!

-¡CORRED!-Helga nadó también y el resto la siguieron. Afortunadamente los calabozos estaban sobre un pasillo vacío, y los nueve prisioneros nadaron por ellos a gran velocidad alejándose de los guardias que arriba ya habían retirado las corrientes y entraban en la sala, atónitos.

-¿Cómo has hecho eso?-preguntó Jim nadando al lado de Hércules, asombrado.

-¡DIGAMOS QUE… NO SOY UN HUMANO NORMAL!-respondió él gritando para que se le oyera por encima de los sirenos que bajaban ya para perseguidlos-¡NADAD, VAMOS!

-¡VIENEN!-chilló Timón que nuevamente se había subido al lomo de Pumbaa-¡NADA PUMBAAAA!

-Arf es que… ah, estoy muy cansado-jadeó él moviendo sus patas lo más rápido que podía.

-¡CORRE QUE VIEEENEN!-insistió Timón. Uno de los sirenos lanzó una bala de erizo que estuvo a punto de darle a Pumbaa en el trasero-¡EH!-gritó Timón enfadado-¡BASURA SOCIAL!

-A lo mejor… puedo acelerar…-resoplando, Pumbaa acababa de tener una idea… una de las suyas…

-¡Oh sí, hazlo! Te dije que nunca lo hicieras pero… ¡hazlo!-chilló Timón emocionado. Pumbaa cerró los ojos y apretó la boca con decisión.

-Ahíiiii vaaaa-gritó el jabalí con decisión. ¡PPRRRRRRRRRFFFFFF! Un chorro de burbujas salió disparado del trasero de Pumbaa que, increíble pero cierto, aceleró hasta ponerse en cabeza de los prófugos. Los sirenos por su parte se detuvieron cuando sus finas branquias notaron la repugnante y corrupta agua que les había dejado Pumbaa a su parte. En seguida recobraron la persecución, pero esos segundos de vacilación les sirvieron a ellos para poner tierra (o más bien mar) de por medio.

-Ha sido asqueroso, pero genial. Como el sexo-comentó Kuzco nadando al lado de Timón y Pumbaa.

-Ahórrate las comparaciones-respondió el suricato, que ahora nadaba al lado de Pumbaa para no cargarlo más.

-Por aquí-Hércules los metió por uno de los pasillos. Todos esperaron en silencio, mientras escuchaban a los soldados acercarse.

-No van a pasar de largo-susurró Jim a su lado.

-No quiero que pasen de largo-dijo Hércules con una sonrisa. Cuando los soldados llegaron a la bifurcación de pasillos, iluminaron con sus lanzas eléctricas, que chisporrotearon por la dirección en que habían ido ellos. Las lanzas percibían las partículas que otras criaturas marinas iban dejando. Así era muy fácil rastrear.

-¡Por ahí!-exclamó uno de los sirenos corriendo por el pasillo. En ese momento Hércules se abalanzó sobre él y lo tumbó de un puñetazo. Los otros cinco sirenos que lo seguían lo apuntaron con sus armas, pero Hércules fue muy rápido. Haciendo impresionantes movimientos de lucha golpeó a dos en el cuello de una patada y se plantó frente a los tres que quedaban. Una estocada de la lanza de uno le permitió arrebatársela y electrocutar a los tres con ella. Seis sirenos guardianes, tumbados por un solo hombre.

-¿No podrías haber hecho esto antes?-preguntó Kuzco, casi chillando.

-No me preocupaba yo, si no vosotros-respondió Hércules sonriendo-ahora vamos… pronto vendrán más…

-¿Cómo encontraremos las armas? Estamos perdidos-le recordó Aladdín mirando a un lado y a otro del pasillo. Ya se escuchaban a más sirenos nadando, cada vez más cerca.

-No lo sé… -dijo Hércules con impaciencia-tenemos que conseguir hacernos un plano del castillo…

-Los ascensores están por aquí-dijo Lady Tremaine, y todos la miraron con sorpresa. Señalaba a otro pasillo. Al asomarse, encontraron los conductos de burbujas con los que habían entrado en la sala del rey Tritón.

-¡Bien!-Hércules la miró radiante. Ahora solo tenían que encontrar el que llevaba hasta la sala donde dejaron las armas-¿pero cuál..? A lo mejor va a tener que ser al azar.

-No-volvió a intervenir Lady Tremaine, con su habitual calma indiscutible-el chorro que nosotros cogimos era ascendente. Aquí hay tres descendentes, y dos ascendentes.

-Es cierto…-reconoció Hércules rascándose la nuca, asombrado.

-Este conducto va hacia la derecha-observó Lady Tremaine señalando uno de ellos-este hacia la izquierda. Nosotros tomamos el de la izquierda para llegar al trono-le recordó. Hércules asintió.

-Cierto, lo tomamos-su rostro volvió a iluminarse-¿entonces es este…?

-No, porque al llevarnos a la celda bajamos por uno de la izquierda. Así que es el de la derecha-zanjó Lady Tremaine. Todos la miraron de nuevo asombrados mientras Hércules asentía con bastante corte.

-Vale sí pues… bueno, vamos-dijo acercándose al conducto. Detrás de ellos aparecieron cinco sirenos más.

-Bueno, esperad un segundo-dijo Hércules girándose hacia ellos y haciendo crujir sus nudillos. Yo tardaré un poco más…

Fuera, en una de las torres del palacio, semi oculto donde nadie podía verlo, Merlín permanecía tumbado observando la ciudad. Los peces nadaban en bancos en los que se mezclaban todas las especies e iban de un lado a otro con inquietud. El bullicio era distinto al de Suburbia. Una melodía de miles de canciones. Parecía una orquesta de un barco hundido. Atlántica era en realidad una ciudad muy hermosa. Y no era porque no fuera una ciudad de hombres.

-Qué más quisieran-rió Merlín distraído. Le gustaría aquella vista para disfrutarla ese rato. Tenía que esperar aún un poco. Un poco más…


El odio más visceral, de insuperable crueldad, vive en el frío y oscuro fondo del mar.

-No lo entiende… nosotros no tenemos nada que ver… ni siquiera vivimos en Atlántica… y Tritón… bueno, él es nuestro rey sí… es bueno con nosotros, y ha sido siempre generoso… no creo que merezcamos esto… somos una buena familia… por favor… no nos posicionamos a su favor, es cierto, pero tampoco en su contra… si ahora… si ahora me lo permiten… yo haré lo que sea… pero por favor… por favor, no es justo… nuestras tierras no importan nada… vamos… usted lo sabe… por favor… nos iremos lejos… déjenos irnos… no haremos nada… hay mar más allá… nos iremos si hace falta…

Él seguía hablando deshaciéndose en excusas, pero no parecían estar escuchándolos. Debería haber sabido que aquello era una batalla perdida. Aun así, se esforzaba en pensar una manera, en encontrar una sola razón que permitiera que los dejase con vida. Pero sabía que no hallaría razones.

-Dime Plank…-un largo y negro tentáculo se retorció cerca del cuello del sireno, acariciándoselo. Estaba demasiado cerca-¿es krill? ¿cultiváis krill?-se escucharon risas detrás de ella-será para dar de comer a las ballenas… ¿os coméis luego su mierda?

-¡Jajajajaja!-los peces detrás de ella rieron con maldad, disfrutando. Había unas enormes y negras mantas rayas. Rapes, avispas de mar y pulpos, y también peces abisales de largos y afilados dientes, de las cabezas de algunos colgaban unas extrañas luces que los ayudaban a ver cuándo se enfrentaban a la oscuridad del abismo. Por encima de ellos, unos tiburones de más de cinco metros nadaban amenazadores, disfrutando con como temblaban las sirenas a bajo, al ver sus sombras deslizarse cerca suyo.

-Por favor… nosotros no hemos hecho nada… trabajaremos para vosotros… haremos lo que queráis…-susurró Plank. Ella soltó una ronca carcajada.

-¿Y qué podéis hacer vosotros?-preguntó con sorna.

-Pues… lo que sea…-susurró Plank-Morgana… por favor…

Plank era el patriarca del respetable clan de sirenas de los Bali. Como otros muchos clanes, no vivían en Atlántica, si no en otras regiones del océano. Muchas sirenas preferían vivir aún más en consonancia en la naturaleza en bosques de algas o enormes arrecifes de coral como aquel, tan largo que cercenaba gran parte de la corteza marina hasta casi llegar a las costas de Suburbia. El clan de los Bali recolectaba krill para alimentar a las ballenas jorobadas a las que cuidaban a cambio de parte de su leche. Ellos por su parte eran vegetarianos, o la versión submarina de los vegetarianos.

Morgana por su parte era una criatura vil y siniestra de las profundidades del mar. Comandaba los ejércitos invasores de Atlántica, que se hacían llamar las Legiones del Abismo. Las legiones llevaban dando problemas al rey Tritón y su armada desde hacía ya demasiado tiempo. Después de una épica batalla habían conseguido alejarlos de Atlántica lo suficiente como para poder vivir en paz. Pero volvían a acercarse poco a poco. Y Tritón había enviado a sus mejores tropas a retenerlos. Los sirenos y tropas fieles al rey no estaban ya muy lejos de las Legiones. Que se encontrasen era ya cuestión de tiempo.

Y como buen punto estratégico para tener la ventaja en el terreno, las Legiones habían puesto sus ojos en aquel arrecife, y en la familia de Plank. Las veinte sirenas que la conformaban estaban apiñados frente a Morgana, rodeados de toda su chusma, temblando mientras ella retorcía con placer sus tentáculos y los observaba burlona.

-Creo recordar Plank, que no fuiste muy amable con nosotras cuando vinimos a pedirte ayuda tiempo atrás. Entonces no estabas tan dispuesto a compartir nada-recordó Morgana con su fría y cascada voz. Plank tragó saliva. Había pasado ya tanto tiempo. Si lo hubiera sabido por aquel entonces, las habría matado con sus propias manos a las dos.

-Perdóname por favor… haz lo que quieras conmigo… pero a ellos déjalos marchar… no te molestarán…-susurró Plank cuyas manos temblaban irresistiblemente. Las yubartas se habían alejado más hacia el sur para buscar calor para sus crías en los meses de invierno. Si estuvieran, tal vez hubiesen podido ayudarlos… pero estaban solos contra toda aquella jauría de monstruos… ojalá se hubiera entregado a la protección de Atlántica cuando había tenido su oportunidad. Siempre pensó que las Legiones no se interesarían por unos simples granjeros.

Pero las Legiones estaban sedientas de maldad, porque el mal habitaba entre ellas.

-Es que verás, no solemos hacer prisioneros…-comentó Morgana pasándose uno de sus tentáculos por el grueso labio inferior, distraído-y vosotros además, como prisioneros no valéis nada…

Plank miró a su familia, tembloroso. Su mujer, Emmaline, matriarca de la familia y su líder, se negaba a negociar con aquella escoria. Plank deseaba tener la labia de su esposa en estas negociaciones, pero por desgracia no era así. Aunque en realidad, parecía que había poco que negociar...

-Podemos preparar las provisiones-sugirió de repente, notando un leve subidón ante aquella idea. Morgana arqueó una ceja, sorprendida-tenemos jardines de cultivo no solo para el krill, también hay undarias y fucus… ¡y podemos encontraros gambas suculentas! Hay bancos cerca…

Los miembros de la Legión se miraron entre ellos murmurando, algunos interesados, otros solo interesados en ver sangre. Los tiburones, por encima, seguían con su lento paseo fantasmal por encima de sus prisioneros, abriendo de vez en cuando la boca y mostrando sus escalofriantes filas de dientes.

-Bueno, alguien que nos preparase algo en condiciones no estaría mal, es cierto-admitió Morgana atusándose su larga y puntiaguda cabellera blanca con sus tentáculos-¿sabéis cocinar anémonas? Me encantan…

-Sí, claro que sabemos-se apresuró a responder Plank, esperanzado. Morgana parecía menos fría que antes. Hasta parecía que se lo estaba pensando. ¿Se lo estaba pensand…?

-Basta ya.

La voz era fría y ronca. Venía de arriba del arrecife, de una de sus profundas grietas, pero pudieron escucharla todos a la perfección. Cuando su eco se extinguió, todos se habían quedado totalmente en silencio. De la grieta asomaron unos tentáculos negros que de forma repugnante se fueron asiendo a los extremos del arrecife dejándose ver. Eran más largos que los de Morgana, y también más gruesos.

Desde dentro de la gruta, una forma se movía. Una masa gorda y pesada se fue asomando poco a poco, mirando de lado a las sirenas que había abajo.

-Que patético-dijo la voz. Plank tragó saliva, aterrorizado. No la veía desde que las negó trabajar en su granja mucho tiempo atrás. Y desde entonces, el nombre de ella había adquirido un tinte muy distinto. Muchos en el mar temían hasta mencionarlo-Emmaline, creía que podías ofrecernos algo mejor que esta maldita porquería…

Emmaline abrazó a sus hijas, Oona y Cora, que temblaban asustadas, mientras miraba hacia lo alto de aquella gruta con decisión. No la tenía miedo… pero sí que temía por sus hijas. De repente los tentáculos impulsaron el cuerpo a fuera de la gruta, y este fue cayendo lentamente levantando una nube de burbujas hasta posarse enfrente del clan prisionero.

Úrsula siempre había sabido cómo hacer una buena aparición.

-Una granja de krill para chuparle a las ballenas sus tetillas, mientras en la ciudad en la que te criaste las mujeres comen huevos de perca y llevan perlas en los oídos-sus tentáculos se estiraron hacia los lados, y sus secuaces se apartaron de ellos, sin poder disimular su miedo-cariño… ¡creía que aspirabas a más!

Úrsula levantó sus manos apuntando hacia ella con una sonrisa burlona en su rostro. Una sonrisa diabólica. La bruja del mar era, igual que Tritón, más grande que una mujer normal. Verdaderamente, no había nada "normal" en ella. Era muy gorda, hasta niveles alarmantes, y le colgaba carne de todas partes. Unas descomunales tetas a las que tenía adheridas varias rémoras que casi actuaban como un sujetador, y los tentáculos negros que se retorcían y enroscaban de un modo repugnante haciendo sonidos ahogados, casi como si tuvieran vida propia, mientras sus ojos, muy oscuros pero con un leve destello verdoso en ellos, se movían inquietos de un lado a otro, buscando algo quizás, o alguien, a quien hacer daño.

Mientras que la piel de Morgana era de un color verdoso y gris, la de Úrsula tenía una tonalidad más viva, se movía entre lo morado y lo azul. Contoneando sus gordos hombros mientras sacudía la cabeza burlona, Úrsula se arrastró al lado de Plank sobre el que posó sus tentáculos y luego avanzó hacia Emmaline, hasta quedar muy cerca de ella. Uno de los hijos mayores de Emmaline, Fluke, intentó valientemente plantarle cara, agriando el gesto cuando ella se acercó. Esto no le pasó desapercibido a Úrsula. Sin embargo, por el momento, pareció decidir ignorarlo.

-Dime Emmaline… ¿no visitas Atlántica todos los solsticios de verano? ¿no cenas en el palacio, con Tritón y su familia, y participas en las fiestas del nuevo mar? ¿no te contoneas por Atlántica moviendo esas patéticas tetas mientras esperas encontrar a un sireno en condiciones, o aunque sea un mero, con el que poder restregar la cola y olvidarte del hambre que padeces con tu marido? No te ofendas cielo, pero no tienes pinta de ser muy bueno en esto, aunque hayáis tenido muchos hijos…

Emmaline miró a Úrsula con todo el desprecio del que fue capaz. No iba a permitir que viera el miedo en sus ojos. Cuando uno de los seis tentáculos de la bruja se posó en la cabeza de su hija pequeña, Oona, la sirena no pudo soportarlo más.

-No toques a mis hijos, puta-le advirtió, apretando los dientes. Úrsula compuso otra despreciable sonrisa, esta vez sin enseñar sus afilados dientes, si no apretando los labios que llevaba pintados de un color rojo muy fuerte-si tu problema soy yo, solucionémoslo ahora.

Hubo murmullos entre los sicarios de Úrsula. Desde arriba, uno de los tiburones soltó una risotada muy ronca que les hizo sentir a todos un escalofrío por sus escamas. Úrsula miró a sus seguidores con curiosidad, y luego volvió a concentrarse en Emmaline.

-¿Qué sugieres exactamente?-preguntó apretando los labios.

-Deja en paz a mis hijos-ordenó Emmaline, apretando los puños. Úrsula asintió lentamente.

-De acuerdo… tus hijos podrán irse-accedió-pero tú tendrás que arreglar esto conmigo. Es lo que has dicho… ¿no?

Emmaline miró a sus hijas, que temblaban de miedo. Se inclinó ante ellas, queriendo consolarlas.

-Niñas… tranquilas-susurró. Fluke le dio a su madre la mano, preocupado.

-Emmaline, no lo hagas-dijo Nerisa, la hermana mayor de Emmaline.

-Escuchadme chicas-susurró Emmaline, conteniendo las lágrimas para que no la vieran asustarse-no lloréis. ¡Nada de llorar! Ahora quiero que…

¡ZASH! Un tentáculo agarró a Emmaline del cuello y la levantó por encima de sus hijas, estampándola luego contra el suelo. Las sirenas ahogaron un grito al ver a su madre tan brutalmente golpeada.

-¡EMMALINE!-gritó su marido desesperado.

-¿Vas a enfrentarte a mí o no? Empiezo a cansarme, vida-Úrsula movió ahora sus caderas como si estuviera calentando. El tentáculo que tenía agarrado al cuello de Emmaline aflojó un poco, y entonces la sirena se soltó de él con sorprendente velocidad y dando un chillido se lanzó sobre Úrsula.

-¡YIIIIIAAAAAH!-gritó, amenazante. La agarró del pelo y tiró de él, violenta. Úrsula le agarró las manos y forcejeó con ella. Ya no sonreía. Una mueca de brutalidad había sustituido la sonrisa de su rostro.

-¡RRRRRRAAAAAAH!-Úrsula le dio un tortazo a Emmaline, consiguiendo que la soltase el cabello. Ella no desistió y le clavó los dedos en los ojos, pero Úrsula le mordió la mano haciendo que la soltara, y luego le dio otro tortazo, y otro, y luego un puñetazo en el rostro. Emmaline cayó hacia atrás mientras la sangre brotaba de su boca y ascendía hacia arriba en el agua, haciendo que los tiburones la olisquearan y sus ojos se ennegrecieran.

-Conteneos-les advirtió Morgana al ver a los escualos sonreír mientras se relamían.

-¡PUTA!-Úrsula agarró con dos de sus tentáculos las muñecas de Emmaline, y un tercero a su cintura. Entonces levantó a la sirena que se retorcía chillando y la estampó bestialmente contra parte del arrecife. Uno de los ojos de Emmaline se clavó en una ramificación del coral y se reventó, mientras en el resto de la mejilla se le quedaban clavadas conchas y lapas. Ahora le salía todavía más sangre. Los tiburones nadaban cada vez más rápido y estaban muy excitados.

-¡MAMÁ!-chilló Oona viendo a su madre caer de nuevo en el suelo marino con el rostro desfigurado por los golpes. Pero Úrsula no había acabado todavía. Sus negros tentáculos se enroscaron de nuevo en el cuerpo de la indefensa Emmaline y colocándola como si fuera un ariete la estrelló una y otra vez contra la pared del arrecife hasta abrirle la cabeza. Un golpe y otro. Uno, dos. La sangre ya teñía el agua, y Úrsula se mezcló con ella al acercarse a Emmaline.

-Iiiieeeeeh…-ella ya no podía hablar. Había perdido la visión, pero sentía muy cerca de ella a la bruja del mar. Notaba su respiración, rápida y ansiosa.

-Mira que eres guarra, je, ja, ja, ja-rió Úrsula hablando muy alto en el oído de ella-pones cachonda a mis tiburones. Te los voy a presentar. ¡Venid, chicos!

-¡NO!-chilló Oona intentando avanzar, pero su consternada tía, Nerisa, la sujetó con fuerza para que no hiciera nada. La matarían en el acto.

-¡MAMÁ!-Cora y Fluke también quisieron ir, pero entonces dos enormes morenas se pusieron en frente de ellos y les impidieron el paso, haciendo un amenazador silbido con la boca mientras les enseñaban sus afilados dientes.

-Pues mira, mira, este es Resaca-dijo Úrsula señalando al primero de los tiburones, un enorme gran blanco que era el que parecía más inquieto-¡es fuerte como la marea!

Resaca se acercó a la malherida Emmaline y le pegó un bestial bocado en el brazo, arrancándoselo de cuajo.

-¡AAAAAAAAAAAAAH!-Emmaline se retorció mientras la sangre brotaba tiñéndolo todo alrededor de ella, y Resaca se alejaba masticando su brazo.

-Y este es Glut, primo de Resaca-continuó Úrsula. El otro gran blanco se acercó y le arrancó el otro brazo a Emmaline. Retorciéndose ya totalmente descontrolada, la sirena agitó su cola con violencia, mientras daba alaridos que eran ahogados por las carcajadas de los monstruosos seguidores de Úrsula.

-Por último, Ancla y Chum-Úrsula señaló a un tiburón mako y un martillo, que con sádicas sonrisas bajaron hasta ella y cada uno le arrancó un pecho, masticándolo luego con avidez.

-Mmmmn, blandito-bromeó Chum, y todos rieron.

La mutilada Emmaline ya no podía gritar más. Su voz se había rasgado al hacerlo. Tendida en el suelo vio como los tiburones daban vueltas alrededor de su cuerpo mientras Úrsula, con una siniestra expresión del más intenso odio, la miraba con desdén.

-Pues ya está Emmaline-dijo finalmente-problema resuelto.

-Aaaaaaaaakkkkkllll…-de la garganta de Emmaline salió un sonido rasgado que nadie pudo entender. Úrsula soltó una carcajada y luego hizo una seña a los tiburones, que lo llevaban esperando ya mucho tiempo. Entonces bajaron y comenzaron a golpearse unos a otros por quien se llevaba la mejor parte, batiendo sus potentes mandíbulas en el cuerpo de la madre, mientras la carne saltaba por todos lados en pequeños pedazos.

-¡NO!-Plank, sujeto por varios peces seguidores de la bruja, se consiguió soltar y corrió hasta los tiburones intentando proteger a su mujer. Glut se giró hacia él y le pegó un mordisco en la cola, haciéndolo caer, ya incapaz de nadar-¡NOOOOOOOO! ¡EMMALINEEEEEEEEEEE!

-Aaaah… dulce Emmaline-se burló Úrsula con voz exageradamente aguda mientras hacía una mueca estúpida-una buena chica. Pero ella lo quiso así… ¿no creéis chicas?

Las dos niñas se encogieron acongojadas, pero Fluke, el mayor, avanzó hacia Úrsula furioso, incapaz de contener su enloquecida rabia.

-¡PUTAAAAAA!-gritó estirando sus brazos. Úrsula lo esquivó y tendiendo sus tentáculos lo inmovilizó totalmente.

-Ya te tenía yo el ojo echado cariño. Es una pena que no seas más mono, te perdonaría la vida. Creo que voy a empezar contigo-explicó. Sus dos hermanas se miraron horrorizados.

-Por favor, no le haga daño-pidió Nerisa, temerosa de su sobrino, y totalmente traumatizada por su hermana-déjenos ir… por favor, déjeles ir y… y yo me quedaré.

-No, imbécil, eso no pasará. Tú también eres una gilipollas vanidosa, una puta vagina de sardina que más que ayudar estorba-la espetó Úrsula-¿no te dabas cuenta de que no te querían en esta familia?

Nerisa negó, llorosa. Nada de lo que pudiera decirle podría hacerla más daño que el acabar de ver ser devorada a su hermana. Estaba desesperada.

-Déjenos ir… por favor-suplicó.

-"Por favor"-repitió Úrsula poniendo una ridícula voz de bebé. Todos rieron. Aunque ya pocos lo consideraban realmente gracioso. La verdad es que tenían miedo. Úrsula daba mucho miedo. En sus ojos ardía un deseo terrible, un odio y una maldad tan terrible que hasta los tiburones se asustaban.

-Efervium agsnatem lackb evlevt fi yu slp i sáh…-Úrsula hablaba ahora con una voz mucho más ronca. Al escuchar esas palabras sus secuaces dieron chillidos de sorpresa y se apartaron nadando a toda velocidad, a esconderse detrás de las formaciones de coral. Hasta Morgana, que parecía muy intimidada, nadó hacia arriba para alejarse de ellos. Los tiburones dejaron lo que quedaba del cuerpo de Emmaline, prácticamente solo triturados huesos, y se apresuraron a tomar distancia prudencial. Los ojos de Úrsula se habían vuelto totalmente blancos, y su regordeta cara se había hinchado aún más, volviéndose de un morado aún más fuerte, mientras su pelo se movía agitado por una corriente inexistente. La luz del suelo marino parecía haber desaparecido por completo-idn a klast ji swasl jon… jklen norw trat jil dull…

El cuerpo del chico se iluminó por una luz azulada que lo envolvió y luego se volvió de un fuerte púrpura, mientras su cuerpo se retorcía en medio del mar. Sus hermanas lloraban aterrorizadas mientras veían como el cuerpo del chicho se iba arrugando cada vez más y encogiendo. La cola se pochó y sus rastas se le cayeron, dejándolo una calva venosa que poco a poco se fue arrugando también. Lo que antes había sido un joven sireno era ahora una penosa criatura de color verdosa que siguió disminuyendo hasta quedarse de un tamaño raquítico, más o menos lo que alcanzaría al muslo de una persona de altura media.

Era lo que Úrsula llamaba un pólipo.

Acercándose a él lo cogió entre sus manos y lo miró con falsa ternura. El pólipo boqueaba de un modo terrible intentando coger todo el oxígeno que podía, pues su sistema de respiración había quedado muy dañado. Sus ojitos, pequeños y apagados, miraron a Úrsula con espanto y lo hicieron temblar hasta el punto en el que su corazoncito dio un vuelco, y murió del infarto. Úrsula hizo una mueca de fastidio mientras lo dejaba en el suelo, molesta.

-Me ha pasado más de una vez-dijo. Luego se volvió hacia Plank y lo que quedaba de su clan. Las hermanas de Fluke lloraban sin control-por suerte, aún me quedan un par de ejemplares más para mí jardín.

Y entonces alzó las manos de nuevo, y fue como si el agua se volviera más negra y fría a su alrededor.

- Efervium agsnatem lackb evlevt fi yu slp i ¡sáh idn a klast ji swasl jon… jklen norw trat jil dull!

Los chillidos pronto se apagaron. Cuando en vez de veinte sirenas, había veinte pólipos en el suelo, tratando de respirar mientras avanzaban lentamente por el suelo.

-Maffio recógelos y llévalos a mi gruta. Tengo que llevármelos a casa-ordenó Úrsula a una enorme y rechoncha langosta, que asintiendo echó a nadar hacia los pólipos y los sujetó fuertemente con sus pinzas por el cuello, llevándoselos como si fueran simples flores. El pólipo que una vez había sido la pequeña Oona miró a Úrsula con espanto una última vez, antes de desaparecer entre las grutas de lo que antes fue su hogar.

-Un destino peor que la muerte…-Úrsula se miró sus afiladas uñas, también pintadas de un fuerte color rojo-mis destinos favoritos.

-Y sin embargo hermana, no creo que eso sea tan buena idea-intervino Morgana nadando hasta ella. Morgana daba miedo, era una siniestra mujer pulpo, después de todo. Pero al lado de Úrsula no era nada, en ningún aspecto. Y ella lo sabía-ellos podrían haberse ocupado de las provisiones. Y además no nos darían fama…

-¿Fama?-repitió Úrsula, frunciendo una ceja y volviéndose hacia ella-¿fama de qué?

-Úrsula…-Morgana miró a su hermana menor con sorna-no seas ingenua: ¿crees que si en Atlántica se enteran de este tipo de cosas, alguna vez permitirán que les gobernemos? Sería mejor mostrarnos clementes… piadosas de vez en cuando… eso nos ganaría adeptos.

Úrsula miró a su hermana con asco, y Morgana levantó la cabeza, ofendida. El resto de la Legión de los Abismos estaban pendientes de ellas.

-Largo. Marchaos-ordenó Úrsula, y todos se apresuraron a obedecer, y fueron a reunirse con el resto de combatientes, para contarles lo que había pasado. Úrsula volvió a concentrarse en su hermana-en primer lugar, tú no puedes cuestionarme delante de las tropas. No eres nadie para hacerlo.

-¿Qué? ¡Ah! ¿Pero… tú quién te crees que eres?-saltó Morgana, ofendida-¡soy la comandante, claro que puedo!

Nadaron por el interior del arrecife, metiéndose por estrechos correderos hacia franjas oscuras.

-Tú solo eres lo que yo te dejo ser, hermana-replicó Úrsula con arrogancia. Luego la miró con lástima-mírate, por favor… no sabes ni hablar con las tropas… tan mayorcita y tan patética…

-¿Cómo te atreves?-preguntó Morgana, apretando los dientes. En realidad la temía, claro que sí, como todos los demás, pero al ser su hermana, tenían más confianza. Úrsula y ella siempre habían estado juntas desde niñas, cuando fueron desterradas con su madre y el resto. Siempre se las habían apañado solas, y eso las había unido mucho, pese a todo.

-Hagamos una cosa hermana…-Úrsula llegó hasta la pequeña gruta de coral donde se había instalado. Allí ya había unos cuantos pólipos más que temblaban horrorizados, frágiles y lamentables-si consigues llevarnos hoy hasta la victoria, te ganarás mi respeto…

-Ya merezco tu respeto-la cortó Morgana, furiosa. Úrsula sonrió y la miró con desdén.

-¿Y qué te parece el del resto?

Morgana miró a su hermana unos segundos, insegura, y luego asintió. Úrsula le pasó uno de sus gruesos brazos alrededor de su delgaducho cuerpo. Eran muy distintas entre las dos: Morgana era delgaducha y verde, Úrsula gruesa y violácea. Morgana era ciertamente perversa. Pero Úrsula la sobrepasaba en violencia y sadismo hasta un nivel extremo.

-Nuestra guerra ha durado ya demasiado-susurró Úrsula, apretando los puños con fuerza.

-Podría conducirlos contra las tropas atlantes…. Pero nunca me obedecerán… solo te siguen a ti-dijo Morgana, abatida-¿entonces que…?

-Tranquila-Úrsula la guiñó un ojo-eso se puede arreglar…

Morgana asintió, al parecer entendiéndolo. Entonces una sombra de duda apareció de nuevo en su rostro. Al contrario que su hermana, era bastante lenta para pillar las cosas.

-¿Pero cuando habrá un combate…? Si no nos han encontrado…-dijo, preocupada.

-No…-admitió Úrsula, y entonces, acercándose a la extraña formación rocosa que había instalada en medio de la gruta, parecida a un caldero, hizo aparecer una nube de agua en la que se veían reflejadas las tropas de Tritón, asentadas tan solo a unos kilómetros de allí, en medio de un extenso bosque de algas.

Úrsula se lo señaló a su hermana que se llevó las manos a la boca con sorpresa.

-Pero nosotros a ellos sí.


En medio del bosque de algas había un claro en el que los jefes principales de las tropas del ejército de Atlántica se habían reunido. Llevaban meses siguiendo la pista de las Legiones del Abismo. Hasta ahora había habido alguna pequeña escaramuza, pero nunca un enfrentamiento directo.

-Están cerca-dijo Gill. Era un pez ídolo moro, una especie muy rara, negro, blanco y amarillo, curtido en mil batallas. Sus ojos fríos examinaban los holomapas que le mostraban sus hombres con atención-deben encontrarse en ese arrecife.

-Entonces tienen ventaja-replicó Saleen, comandante de las fuerzas especiales sirenas-si controlan los arrecifes será muy difícil acercarnos.

-No tanto… contamos con el elemento sorpresa-replicó Gill-y ellos no saben que tenemos nuevo armamento…

-Úrsula lo sabe todo…-dijo Urchin, un joven sireno de corto cabello rubio, temblando.

-Aun así, no nos queda otra que arriesgarnos-insistió Gill con convencimiento-en ese arrecife hay muchas criaturas inocentes… no podemos permitir que los haga daño.

-Si no lo ha hecho ya…-susurró Saleen, preocupada.

-Basta-Gill nadó hasta ponerse al lado de uno de los manatís a los que pertenecía el bosque. Ellos se alimentaban de esas algas, pero ahora habían accedido a ocultarlos allí y a ayudarlos, porque también odiaban a Úrsula-lucharemos y ella morirá. Es mi última palabra. Alertad a todas las tropas. Esta batalla ha durado demasiado tiempo.

-Aquí está Gill-dijo Deb, un pez damisela azul y negro-es una cantidad estimada, claro.

Gill le echó un vistazo con interés.

UNIDADES DISPONIBLES DEL EJÉRCITO DE ATLÁNTICA

-150 delfines

-300 sirenas

-80 peces espada

-40 orcas

-7 belugas

-20 pulpos

-900 peces variados

-4 ballenas azules

-300 gaviotas

-30 narvales

Total de 1700 efectivos (aprox)

UNIDADES ESTIMADAS DE LAS LEGIONES DEL ABISMO:

-160 escualos

-7 tiburones blancos

-1 cangrejo gigante (Tamatoa)

-800 langostas

-130 morenas

-50 rapes de profundidad

-100 mantas raya

-600 medusas

-2 cecaelias (Úrsula y Morgana)

Total de 1800 efectivos (aprox)

-Vaya… Tamatoa es el premio gordo…-dijo Gill examinando el esquema.

-Hemos recibido un mensaje de Atlántica-intervino Urchin, intentando destacar porque era el más novato de los jefes-al parecer han vuelto a aparecer humanos…

-Estupendo… en el mejor momento-masculló Gill con amargura.

-Y dice que su hija sigue con vida… quiere que la encontremos…-la mirada de Urchin se iluminó. Ariel seguía con vida… le parecía imposible…

-Ahora no podemos ocuparnos de eso. Enviaré un comando de reconocimiento a buscar a la princesa perdida, pero ahora la prioridad es Úrsula-insistió Gill-esta batalla será decisiva…

-Gill-intervino Saleen, cauta-me parece que eres demasiado optimista si crees que Úrsula…

-¡MISIL!-la advertencia llegó demasiado tarde: la explosión calcinó las algas tras las que se ocultaba, y los hizo saltar por los aires. Cuatro sirenos cayeron sobre el suelo marino, muertos, mientras Gill y Saleen se alejaban, ilesos de milagro.

-¡NOS HAN ENCONTRADO! ¡CONTRAATAQUE DE EFECTO INMEDIATO!-gritó Gill nadando a toda velocidad para ponerse a cubierto. Por encima del bosque de algas se movían las maléficas langostas subidas en los tiburones, armadas con enormes cañones de erizos de mar y bombas de ácido-¡VAMOS, VAMOS, VAMOS! ¡TODOS A SUS PUESTOS!

Las sirenas obedecieron en el acto, moviéndose a toda velocidad entre las algas, en maniobra defensiva.

-¡MATADLOS A TODOS!-gritó Mafio Langosto, líder de las langostas, subido sobre el terrible tiburón Resaca. Mafio sujetaba un enorme bazooka con el que disparaba chorros de ácido que destruían las algas y quemaban el cuerpo de las sirenas.

-¡REPLEGAOS!-gritó Gill haciéndose oír por encima de todo el ruido-¡ABRID FUEGO!

-¡AHORA!-gritó Saleen a sus soldados.

Ocultos entre las algas las sirenas abrieron fuego contra los tiburones, que entre tanta alga no veían de dónde venían sus atacantes. Pronto muchos de los tiburones daban rugidos de dolor mientras los erizos que les disparaban les hundían sus afiladísimas agujas en el cuerpo, matándolos.

-¡MIERDA!-Resaca esquivó los ataques de los erizos y le devoró la cabeza a un sireno que pretendía dispararle. De un fuerte coletazo tumbó a dos sirenas detrás suyo, pero recibió el impacto de un arpón en su aleta dorsal-¡RUAAAAAAAAH!

-¡Vámonos Resaca! ¡VAMOS!-gritó Langosto intentando escapar. El tiburón dio un rugido de frustración y ascendió hacia la superficie, alejándose de los bosques de algas, donde brillaban disparos y se escuchaban gritos por todas partes. El tranquilo paraíso de los manatíes se había convertido ahora en un infierno verde donde caían miembros de los dos ejércitos.

-Ahora verás…-Gill había cogido un fusil con sus largas aletas negras, y entrecerrando su ojo izquierdo, donde relucía una larga cicatriz, apuntó hacia tres escualos que atacaban a las sirenas. De un solo tiro, consiguió atravesarlos a los tres. La puntería de Gill era legendaria.

-¡MORÍOS!-Saleene disparó una granada que hizo que siete tiburones saltasen por los aires, llenándolo todo de sangre y vísceras.

-Están cayendo...-le dijo temeroso un rape a Úrsula, que observaba la batalla desde un extremo del arrecife. Los ojos de ella se entrecerraron hasta ser tan solo dos finas rejillas.

-Les toca a las morenas-dijo.

Las morenas, congrios y anguilas eléctricas, de cuerpo alargado y viscoso, se metieron por el bosque de algas deslizándose entre ellas a toda velocidad, y atacando por sorpresa a las sirenas, cuyas colas mordían y luego arrastraban hacia abajo, devorándoles el vientre.

-¡UAAAAAAAH!-Saleene notó como una morena le mordía la cola e intentaba arrancársela, pero con una lanza la atravesó la cabeza de arriba a bajo-¡HAN ENVIADO A LAS MORENAS! ¡ALERTA POR ABAJO!

-Nos toca-dijeron los peces espada que estaban al lado de Gill, y yéndose hacia el fondo buscaban a las morenas y las atravesaban con las alargadas puntas de sus narices para evitar que siguieran boicoteando su defensa.

-¡AHÍIII VA!-el joven Urchin lanzó un misil hacia el frente de los tiburones, consiguiendo hacer que se deshiciera al matar a cinco de ellos.

-¡MIERDA!-gritaron los tiburones, mientras volvían a ponerse en formación y enseñaban sus enormes dientes, sedientos de sangre.

-¡EH! ¡LOS DELFINES! ¡YA LLEGAN LOS DELFINES!-gritó una de las sirenas, emocionada. Efectivamente, un brillo plateado en el horizonte les indicó que los delfines se estaban acercando, y venían listos para combatir.

-A por ellos-dijeron los tiburones, mirando con intenso odio a sus más acérrimos enemigos. Pronto delfines y tiburones se daban brutales golpes y mordiscos y se disparaban con brutalidad. Los delfines intentaban dar en las branquias de los tiburones, para estropearles el sistema respiratorio y ahogarlos, mientras que ellos procuraban que ninguno pudiera subir a la superficie, pues al ser mamíferos terminarían por quedarse sin aire.

-Es hora de soltar a las medusas-dijo Úrsula desde el arrecife-y tú Tamatoa, estate preparado. Ya vienen.

El gigantesco cangrejo movió sus pinzas haciendo "clack" con ellas, en señal de impaciencia. Sus ojos solamente ya eran más grandes que Úrsula.

-No puedo esperar-dijo Tamatoa, con una sonrisa enloquecida en su gigantesco rostro.


-¡Bingo!-acababan de llegar a la sala donde habían guardado las armas. Ahora había menos sirenos para vigilarlos que antes. Ellos intentaron defenderse, pero Hércules los dejó a todos fuera de combate en apenas unos segundos.

-¿Cómo eres… tan fuerte?-preguntó Jim mirándolo impresionado. Hércules se encogió de hombros con modestia.

-Entreno mucho-explicó-eso es lo más importantes.

-Pero… pero… ¡no podemos cogerlas!-protestó Kuzco señalando a las armas que seguían dentro del escudo de energía que antes había creado Merlín. Faltaban tres pistolas, una espada y el radar. El viejo debía de habérselo llevado.

-Vaya…-Hércules se inclinó al lado del escudo e intentó atravesarlo, pero solo consiguió quemarse las manos, donde pronto aparecieron unas enormes llagas-no podemos cogerlas.

-¿No puedes romperlo con tus puños del amor?-preguntó Timón con aburrimiento.

-¿Cómo vamos a ir a por esa tía si no?-insistió Kuzco.

-Te veo muy metido en esto-se burló Helga. Kuzco arqueó una ceja, molesto-hay unos vehículos fuera. Podemos robarlos. Y las armas…

-La arma puedo yo ayudaro-dijo una voz. Todos se volvieron con sorpresa. El cangrejo Sebastián se había vuelto a poner la ropa negra de Gantz que antes se había quitado, y nadaba hacia ellos.

-Vaya, el traidor…-observó Helga con desdén.

-¿Ahora has cambiado de idea? ¿Por qué será que no me sorprende?-ironizó Timón.

-Si si, háganse lo motivado, pero están tan asusaos como io-dijo Sebastián apuntándoles con una de sus pinzas-¿e verda que moriremo si no conseguimo matala?

-Tenemos cuatro horas-dijo Hércules-bueno, ahora tres y media.

-Aich-Sebastián se llevó las pinzas al cuello, angustiado-¿pero como…? ¿Cómo vamo a asé?

-Si conseguimos sacar estas armas y llegar hasta ella solo necesito tenerla a tiro-explicó Hércules-pero no sabemos dónde está.

Sebastián asintió y una sonrisa apareció en su rostro de cangrejo. Todos le miraron extrañados.

-Pero io si se donde eta… y también tengo arma de esas…

Bajaron por un conducto de burbujas hasta un largo pasillo, custodiado por enormes meros con cara de pocos amigos. Al final, había una sala cerrada con una verja de hierro.

-Etan ahí. La última ve que vinieron a por ella, lo mataron a todo-explicó Sebastián, agarrado de la oreja de Hércules y susurrándole-pero le quedaron alguna arma… nosotros la recogimo…

-Genial…-Hércules hizo crujir sus nudillos, y luego miró a Aladdín, Helga y Jim-cubridme ¿vale?

-¿Qué vas a…?-empezó Jim. Pero Hércules no esperó más tiempo.

-¡AAAAAAAAAAAAAH!-gritó lanzándose a toda velocidad sobre los meros. Estos le lanzaron descargas eléctricas con sus armas, pero para sorpresa de todos Hércules las resistió. Cogiendo una de las lanzas de los meros les golpeó a todos.

-¿Le cubrimos?-preguntó Helga mirando a Aladdín y Jim, que estaban boquiabiertos.

-No-dijo Jim.

-Parece que se las apaña bien solito-observó Aladdín-joder…

Cuando Hércules terminó había diez enormes meros en el suelo, k.o. Ellos nadaron por encima suyo, mirándolos.

-Pobrecitos…-susurró Lilo.

-¿Tú nunca matas?-preguntó Helga mirando a los meros con curiosidad. Hércules se volvió hacia ella, muy serio.

-Si puedo evitarlo, no-dijo.

-Que mono-ronroneó ella. Aladdín la miró escéptico-eh, no te pongas celoso-rió la rubia.

-Tranquila-dijo Aladdín poniendo los ojos en blanco-pero es que no me parece el momento.

-Lo que yo decía-Helga miró a Jim con sorna-está celoso.

Jim prefirió no responder. Hércules había cogido los barrotes, y apretando los dientes con fuerza hizo que sus músculos se hinchasen más y más hasta que arrancó la puerta de cuajo. Todos se miraron, impresionados.

-En serio tío. ¿Tú qué te tomas?-preguntó Kuzco.

-Frutas y verduras variadas-bromeó Hércules mientras entraban en la sala.

-¡Un momento, no, no, no!-Sebastián nadó y los frenó al momento-solo uno poco podemo acsedé a esta cámaras. ¡Si lo rayo o detecta soi humano muerto!

-¿Rayos?-Aladdín miró hacia adelante. No se había fijado al principio. Algunas zonas del agua que había enfrente suyo clareaban. La defensa debía de pasar por allí.

-Voy io-dijo Sebastián nadando hasta las armas. Luego pulsó en una pantalla una serie de comandos con sus pequeñas pincitas, y los indicó que avanzasen. En una enorme vitrina había guardadas cuatro pistolas de Gantz con etiquetas numeradas-intentaron examinarla para ver como funcionaba… pero nunca consiguieron nada-explicó Sebastián.

-¿Las dispararon alguna vez?-preguntó Hércules mirándolas a través del cristal de la vitrina.

-No, no. Son solo de un tiro, o eso dijero los científico-respondió el cangrejo nadando en círculos-así que eta nunca la dispararon.

-Vale-Hércules le pegó un puñetazo a la vitrina y cogió las cuatro pistolas. Le pasó una a Helga, otra a Aladdín y otra a Jim. Él se cogió la cuarta.

-¡Eh!-protestó Kuzco. Helga le lanzó una mirada de advertencia que hizo que se callara una vez más.

-¿Hay científicos en Atlántica?-preguntó Jim a Sebastián. Él estiró su cuellecito, al parecer indignado.

-Vaya preguta… ¡pue hay de todo! Las ciudade humana son como la nuetra… pero más fea, y más mala.

-En eso no te voy a quitar la razón-dijo Aladdín.

-Solo nos queda media hora de respiración-les recordó Hércules-¡vamos!

-En media hora no podréi llega hasta la bruja del má de ninguna manera-replicó Sebastián negando con la cabeza-ella etá má al sú, con su ejesito. Hase meses que la persiguen…

-¿No hay ninguna manera?-preguntó Hércules con preocupación. Sebastián sonrió de nuevo, satisfecho con toda la ayuda que estaba prestando.

-Pue verá… en realidad sí-dijo.

El hangar de los caparazones de tortuga tenía los vehículos más sofisticados de Atlántica (efectivamente con la forma de caparazones de tortuga) que utilizaban las tropas de Tritón. Estaba muy bien protegido por un montón de guardias. Ocultos tras una columna, Hércules y el resto vieron ir pasando a los guardias sigilosos.

-¿Cómo lo hacemos…?-susurró Kuzco impaciente.

-Si tú no vas a tener que hacer nada-siseó Helga.

-Sé que te pongo, pero déjame en paz-dijo Kuzco. Ella le miró con asco pero no dijo nada.

-Ahí hay unos paneles-observó Lady Tremaine señalando a una plataforma superior del hangar. Efectivamente, tras un cristal circular había unos sirenos controlando unas pantallas, que seguramente tenían visión de cámaras y abrían y cerraban las compuertas del hangar.

-¡Sí!-Hércules le puso una mano en el hombro a Lady Tremaine, felicitándola. Ella hizo una mueca de asco-vale, pues chicos, ese será nuestro objetivo.

Los sirenos estaban en la sala de control tan tranquilos, cuando las puertas se abrieron, y entró Sebastián.

-Anda, ¡Sebastián!-exclamaron sorprendidos-¿tú no…? creíamos que estabas muerto…

-Ya, lo que son la cosa-comentó el cangrejo y entonces Hércules entró detrás de él y los noqueó. Se colocaron en la mesa de control, desde dónde podían ver todo el hangar.

-Vale-Jim se sentó entonces y comenzó a teclear rápidamente. Era un código algo difícil, pero después de unos minutos lo tenía-ya podemos entrar en cualquier caparazón-dijo-solo queda que se vayan.

-Sí-Hércules miró por las pantallas a los guardias que custodiaban el hangar. Sería fácil.

-Viste el partido de ayer-decía uno de los sirena a su compañera de vigilancia-creo que los atunes bajan a segunda…

-ÑIEEEEEEEEEK-sonó repentinamente los altavoces del hangar. Las sirenas se volvieron, sorprendidos. Parecía que venía un mensaje importante de los de la sala de control-BUENAS NOCHES-dijo la voz de Jim en tono grave-SOY EL JIMMY Y ESTE ES MI COLEGA EL CANGREJO PUTO AMO.

-Me quiero llamá el cangrejo "amante ecarlata"-protestó Sebastián al lado de Jim.

-Vale, hostia-dijo él, volviendo a acercarse al micro-EL CANGREJO AMANTE ESCARLATA… JODER… ESTA NOCHE OS VAMOS A PINCHAR ALGUNO DE LOS MEJORES ÉXITOS DE NUESTRA CADENA… ¡PERMANECED A LA ESCUCHA!

-Ete e el mejor ¡e una composición mía!-exclamó Sebastián indicando a Jim que archivo quería que pusiera.

La música comenzó a sonar mientras las sirenas se miraban alarmadas. Cinco de ellas echaron a nadar hacia la sala de control muy serias.

-Espero que la puerta aguante-dijo Jim mientras escuchaba como las sirenas forcejeaban para abrirla-y que se den prisa.

-¿Qué pasa?-protestó la jefa de seguridad, mientras la música seguía a tope.

Tú piensa que en otro lado

La alga más verdes son

Y sueña con ir arriba

¡que gran equivocación!

¿no ve que tu propio mundo no tiene comparación?

¿qué puede haber ahí afuera que cause tal emosión?

¡Bajo el mar

Bajo el mar

Vive serena, siendo sirena, ere feliz!

Ello trabajan sin parar

Y bajo el sol, para variar

Mientra nosotros siempre cantamos

¡Bajo el mar!

-Vamos, vamos, vamos-Hércules condujo por un pasillo del hangar al resto del grupo mientras los guardias miraban distraídos a la zona de control.

-¡EH!-gritó una sirena al verlos acercarse a uno de los caparazones de tortuga.

-¡LO SIENTO!-se disculpó Hércules metiéndole tal puñetazo que la mandó a la otra punta del hangar.

-¡EH!-el resto de las sirenas nadaron hacia ellos alertadas, mientras el caparazón de la tortuga se abría y en él entraban Kuzco, Timón, Pumbaa, Lilo y Lady Tremaine. Hércules fue el último en meterse, y luego cerró el caparazón del vehículo-¡SALID DE AHÍ!-gritaron las sirenas furiosas, dando golpes en el caparazón. Pero sin el acceso de la sala de control no podían abrirlo. Jim sonrió desde arriba, viéndolas pelearse con el caparazón. Todo iba bien de momento.

-Oye, pues es pegadiza-le comentó a Sebastián-¿cómo se llama?

-Bajo el mar-respondió él.

-Ya… nunca lo hubiera adivinado-dijo Jim con sarcasmo.

-La compuse para Arie, precisamente-dijo Sebastián. Jim arqueó una ceja.

-¿En serio…?

A bajo, Hércules ya había arrancado el vehículo-tortuga del suelo, y abría fuego con ella, espantando a las sirenas.

-¡REFUERZOS EN EL HANGAR 5! ¡REFUERZOS EN EL HANGAR 5!-gritó una de ellas, nadando hacia la salida.

-¡YA ESTÁ!-las sirenas que estaban intentando abrir la sala de control acababan de conseguirlo, y avanzaban hacia Jim y Sebastián amenazanates.

-¿Sebastián?-dijo uno de los sirenos, sorprendido.

¡PAF! Desde atrás Helga y Aladdín cayeron sobre ellos y los noquearon.

-Dicho y hecho-sonrió Aladdín.

-Vamos antes de que vengan más-Jim corrió hacia la salida no sin antes abrir la compuerta del hangar que daba a la salida.

Helga y Aladdín se metieron en uno de los caparazones mientras Jim y Sebastián entraban en el otro.

-¿Vas a saber pilotarlo?-le preguntó Aladdín a Helga, sentándose a su lado.

-Por favor…-dijo ella, vanidosa.

-Vale, parece fácil…-Jim no había tardado en entender el funcionamiento de los controles del caparazón. En pocos segundos se había elevado y ya iba hacia la salida del hangar.

-¡PARADLOS!-las sirenas nadaban detrás de ellos muy deprisa con armas muy grandes para atraparlos, y "Bajo el mar" seguía sonando, pero ya era tarde. Los tres caparazones de tortuga salieron del palacio y se metieron por las calles de Atlántica a gran velocidad. Como ninguno de sus tres pilotos (Hércules, Jim y Helga) estaban demasiado familiarizados con el vehículo, iban dando tumbos y chocándose con los edificios de la ciudad submarina, provocando el pánico entre los peces.

-¡CUIDADO!-gritó un pescado con bombín cuando casi lo atropellan.

-¡A POR ELLOS!-detrás de ellos las sirenas ya se habían subido a otros caparazones y los perseguían.

-Mierda…-Jim, que era el que mejor controlaba su caparazón, empezó a hacer giros metiéndose por una avenida principal mientras esquivaba a los peces. Era más sencillo que llevar la tabla, aunque era un vehículo mucho más grande y pesado. Ningún desafío para un experto piloto como él.

-¡Se nos echan encima!-gritó Hércules-¿cómo puedo hablar con ellos?

-Aquí hay un interfono…-observó Lady Tremaine cogiendo un pequeño auricular que había en el asiento del copiloto, donde iba sentada-a lo mejor puedo conectar su frecuencia.

-¡Inténtalo!-pidió Hércules, entrando sin querer en un enorme edificio que resultó ser unas galerías de moda sirena. Se llevaron por encima joyas y adornos y a varias sirenas, que daban gritos horrorizadas.

-A ver…-Lady Tremaine comenzó a teclear, y Kuzco se asomó. Él entendía algo de aquello.

-Yo te ayudo-dijo, buscando la frecuencia mientras tecleaba en la pantalla.

-¡Están encima nuestro chicos! ¡Encima nuestroooooo!-chilló Timón, histérico.

-Estooo, Timón… ese caparazón es de los nuestros-le recordó Pumbaa-los de ellos están más atrás.

-Ah… ou…-se tranquilizó el suricato-bueno, esto eh… con vosotros uno no se aburre.

¡BANG! Detrás de ellos, los caparazones enemigos habían lanzado un torpedo contra ellos. Hércules lo esquivó por los pelos, y esté estalló en un edificio, derribando una parte. Por todas partes bancos de peces se movían chillando asustados.

-¡Nos van a dar!-exclamó Hércules, alterado-¡tenemos que despistarlos!

-¿Hércules? ¿Eres tú?-la voz de Jim sonó por el interfono del caparazón.

-Le tenemos-dijo Kuzco.

-¡Chicos! ¡Los tenemos pegados!-se escuchó también la voz de Aladdín desde el tercer caparazón-¿los disparamos?

-No, no podemos-dijo Jim-vosotros seguid… dejádmelos a mí.

-¡Pero Jim…!-protestó Aladdín. Jim sin embargo cortó la conexión. Aladdín miró a Helga, preocupado-¿crees que…? No quiero que le maten…

-Tranquilo-dijo ella poniéndole una mano en el brazo, mientras dando un fuerte volantazo esquivaba otro torreón dorado.

Jim había dado la vuelta a su caparazón, directo hacia los de sus perseguidores.

-Etooo Jim… io no quiero morí…-susurró Sebastián preocupado.

-No vamos a morir, amante escarlata-dijo Jim apretando las manos sobre su volante. Luego tiró de la palanca de aceleración. El caparazón fue directo a los de las sirenas, que asustadas se dispersaron para esquivarlo. Jim soltó una carcajada enloquecida cuando las sirenas giraron sus caparazones y comenzaron a perseguirlo solo a él. Había conseguido cabrearlos de verdad.

-¡A la izquierda! ¡A la izquierda, eso e contradirección!-exclamó Sebastián asustado.

-¿Y qué más da?-preguntó Jim sonriendo. Bajó por una larga cuesta perseguido incansablemente por las sirenas y luego zigzagueó por callejuelas. No se las conseguía despegar de encima…-vale…¿hay algún túnel en este sitio?

-Eeeeh sí, claro… pero están llenos de algas-dijo Sebastián.

-Me tienes que estar jodiendo…-Jim pegó otro giro de 360 grados y sobrevoló los caparazones enemigos. Luego bajó por una rampa circular haciendo que un montón de dorados y bonitos se apartasen aleteando a toda velocidad y chillando. La persecución que estaba teniendo lugar era tan surrealista que Jim, pese a encontrarse en peligro mortal, no podía evitar encontrarla divertida. Había salido de situaciones mucho más peligrosas. Esta no sería la excepción.

-¡DISPARA!-gritó una de las sirenas a otra. Esta tiró dos torpedos, que Jim consiguió esquivar balanceando el caparazón de un lado a otro.

-¡Aaaaaaah chico! ¿No será mejó que no entreguemo? ¡No quiero mori!-gritó Sebastián mirando por la parte trasera del caparazón a sus perseguidores.

-Bueno, tranquilo, yo tampoco-dijo Jim y volvió a girar de nuevo-¡EH! ¿Eso es un acantilado?

-Eeeeeeu… sí-dijo Sebastián-pero en qué está pensando… ¡Uaaaaaaaa!

Jim ya no podía acelerar más, pero fue directo hacia el acantilado, moviendo el caparazón a ras de suelo. Acababa de tener una buena idea…

-¡LO TENEMOS!-gritó una de las sirenas apretando la palanca de marchas de su vehículo-¡Nos echaremos sobre él cuando descienda!

Ya estaban muy cerca, y ciertamente cuando el caparazón de Jim cruzase la línea del acantilado y empezase a ir hacia abajo, los otros caparazones lo tendrían fácil para caerle encima.

Solo que Jim no fue hacia abajo, si no hacia arriba. Perplejas, las sirenas ascendieron también, pero entonces Jim giró el caparazón sobre sí mismo y fue a ellas.

-¡OOOOOOOOOOH!-Jim movió con maestría el volante del caparazón, y haciendo movimientos rotativos aterrizó sobre el primer caparazón que lo perseguía, luego sobre el siguiente y el siguiente, como si fuese dando saltitos de uno a otro. Al recibir el impacto del caparazón de Jim los otros caparazones se descontrolaron y fueron hacia abajo.

-¡NOOOOO!-las sirenas retomaron el control de los caparazones que ya se habían hundido por la larga caída del acantilado mientras Jim se posaba de nuevo en él y volvía hacia la ciudad-¡NO!

Lo habían perdido. Iba muy deprisa, no podrían alcanzarlo. Uno de las sirenas encendió el transmisor de su caparazón y buscó una frecuencia. Los tres caparazones robados aparecían en sus radares, podían huir, pero siempre sabrían dónde estaban.

-Busca la frontera-le dijo la sirena que conducía-avísales de que van para allá.

Los tres caparazones robados dejaron Atlántica atrás y elevándose un poco sobrevolaron los arrecifes de coral llenos de vida que la rodeaban.

-Una vivienda en lo arrecife cueta mucho meno que en Atlántica… por eso viven tanto aquí-explicó Sebastián-etá má en consonansia con la naturalesa…

-¿Tú vives en la ciudad, no?-le preguntó Jim mientras echaba un vistazo al coral distraído. Él no era muy sentimental, pero tenía que admitir que era precioso. Una explosión de vida, los peces se asomaban por todas partes y nadaban en un abanico de espectaculares colores.

-Sí bueno, pero tengo una concha aquí con buena vitas-explicó Sebastián-aunque no lo pareca, soy un crutaceo importante.

-Jajaja, no lo dudo-rió Jim mirándolo curioso. Era una criatura realmente extraordinaria, ese Sebastián. Entonces recordó que tenía muchas preguntas que hacerle-oye, y… y Ariel… ¿ella…?

-Eh, chicos, soy Hércules-sonó una voz por el interfono-he descubierto una cosa: si presionáis el sistema de achique en la pantalla de control, el agua del caparazón se vaciará, y así no tendréis que usar el sistema de respiración del traje. Ahorraremos más.

-A ver…-Jim buscó el sistema de achique en la pantalla.

-Es este…-Sebastián iba a pulsarlo pero Jim ya lo había encontrado. El agua del caparazón empezó a filtrarse por un orificio que la expulsaba del caparazón, y así el interior del vehículo tortuga se quedaba bien seco. Jim sintió un inesperado alivio al no notar el agua encima suyo. Realmente era agobiante pasar tanto tiempo sumergido.

-Y otra cosa chicos-sonó la voz de Hércules de nuevo por la frecuencia-Os diré lo que vamos a hacer. Sebastián, nos dirigimos al sur, donde tú dijiste que estabas.

-Eeeeh… ¡sí! ¡sí, sí, está en el sú! ¡Yo os guiaré!-dijo el cangrejo respondiendo por el altavoz.

-Perfecto, pues nosotros te seguimos. El plan es llegar hasta ella y si podemos volarla en pedazos con un torpedo, estupendo.

-No creo que podamo chico-respondió Sebastián preocupado-ella etá bien protehida por su ejérsito. No matarán si intentamo asercarno.

-¿Y cómo vamos a llegar hasta ella entonces?-preguntó Aladdín desde su vehículo, con un deje de impaciencia-no podemos burlar a todo un ejército. Y ya ha pasado una hora.

-En realidad quedan diez minutos-observó Hércules-bueno, tendremos que analizar la situación. De momento lo principal es llegar hasta donde se encuentra. Luego trazaremos un plan. ¡Vamos bien, ¿no creéis?

-No-dijeron a la vez Timón, Kuzco, Lady Tremaine y Jim y Helga desde sus comunicadores.

-Vale, vale-Hércules se concentró en la conducción, molesto-está bien vuestro optimismo…

En su caparazón, Aladdín y Helga se miraron unos segundos. Ella percibió la angustia en la mirada de él.

-No pongas esa cara de cachorrito. Pareces un niño-dijo la rubia volviendo a mirar por la pantalla del vehículo.

-Estaba pensando… en Billy-dijo Aladdín-le hubiera gustado esto…

Helga le miró de reojo, con lástima. Pero era demasiado altiva para demostrarlo.

-Billy ya no está-dijo con voz seca-y tendrás que olvidarlo si no quieres acabar como él.

-No quiero perderte Helga… no quiero que te pase como a Billy-dijo Aladdín poniéndole una mano en el muslo, y mirándola preocupado.

-¿Perderme?-se escandalizó ella, retirándosela-en todo caso te perdería yo ¿quién de los dos crees que tiene más posibilidades de sobrevivir?

-Bueno… en realidad, no lo sé…-dijo Aladdín encogiéndose de hombros-es cuestión de suerte, supongo. De mala suerte.

-De mala suerte-repitió Helga, con ceño.

En el vehículo de Hércules Timón y Pumbaa le estaban explicando a Lilo su lema, una extraña expresión suya llamada "Hakuna Matata".

-O sea, "no te angusties"-aclaró Pumbaa.

-Sí. Tu "Ohana" ese está bien, pero Hakuna Matata… Hakuna Matata es la clave de la vida-dijo Timón alzando las manos.

-Mmmm… así os va-comentó Kuzco despectivo.

-¿Qué quieres decir?-se enojó Timón-para que lo seas, melenas, Pumbaa y yo no vivimos nada mal, al menos hasta que nos mataron.

-¿Os mataron?-preguntó Lilo sorprendida.

-Ya lo creo-dijo Timón.

-No es una historia bonita. Mejor no se la cuentes a la niña-dijo Pumbaa poniendo sus pezuñas sobre Lilo, preocupado.

-No os preocupéis, os podéis saltar las partes pornográficas-dijo Lilo, ansiosa por enterarse.

-Oh, je, je cielo… de eso no hay-rió Timón escandalizado-no… creo que no hay.

-A nadie le importa como moristeis-dijo Kuzco con aburrimiento-a mí esta chusma me mató y me metió en este lío. Yo sí que debería estar enfadado.

-Te lo buscaste tú solo-dijo Lilo-¡querías darnos de comer a Stitch!

-¿Stitch?-Kuzco arqueó una ceja, sorprendido-¿te refieres a mi bichito azul?

-No es tuyo-dijo Lilo muy tranquila-ahora es mi mascota.

-Ah, ja, ja, claro-rió Kuzco, burlón-claro peque, sí… eeeeh…-de repente vio la sinceridad en los ojos de Lilo-no es broma eh… ¿o sea que lo tienes tú? ¿en serio? ¿Y no te ha matado?

-Claro que no-respondió Lilo, orgullosa de su nuevo amigo-Stitch es bueno. Solo que nadie le comprendía en esa cárcel…

-Verás, je, esa cárcel era por algo, enana-dijo Kuzco que tenía los ojos como platos-no puedo creer que… ¿cómo es que no te ha matado? No puedes estar muerta por él, porque ya lo estabas antes, claro…

-No me ha hecho nada. Es muy bueno-insistió Lilo. Luego agachó la cabeza, preocupada-aunque creo que lo están buscando.

-Mira, estooo… "Ojanas". El experimento 626 (creo que era) lo creó un científico loco de E.P.C.O.T…

-El pato-le interrumpió Lilo, recordando al profesor Von Drake.

-No, no-la corrigió Kuzco-Von Drake llegó luego. Al científico queríamos detenerlo, pero escapó. El caso es que lo hizo a partir de una serie de… bueno, no sé explicarlo y tú tampoco lo entenderías, como no fuera con marionetas.

-¿Puedes explicarlo con marionetas?-preguntó Pumbaa interesado.

-No-Kuzco le fulminó con la mirada-resumiendo… ese… ese monstruo está diseñado únicamente para matar. Si ahora está contigo, creo, que es para que lo protejas… deberías llamar a la policía, o al ejército, inmediatamente. Porque en la menor oportunidad que tenga, te matará si puede hacerlo. Y también a tu familia. Hazme caso, es muy listo. Más que muchas personas.

Lilo le miraba ahora muy asustada por lo que estaba escuchando. No, no era verdad… ¡no podía ser cierto! Stitch era bueno. Su Stitch era su amigo… llevaban ya semanas sin separarse. Lilo recordó las últimas noches, en las que habían dormido juntos. Stitch era muy blandito, como un peluche, y hacía unos ruidos muy divertidos mientras dormía.

-¡Será más listo que tú!-le espetó la niña, en un arrebato. Luego se dio la vuelta al cristal trasero de la tortuga, y se dedicó a mirar los corales, ceñudas-era más bonito nadar…

-Pfff… -Kuzco no iba a rebajarse a discutir con una niña, aunque ganas no le faltaban. Mentalmente no eran muy distintos. De hecho, ella era más madura.

-Muy interesante esto de Snitch… ¿Alguien puede decirme de qué narices va esto?-gritó Timón exasperado.

-¿Y a ti qué te pasa?-se molestó Kuzco.

-Perdónale…-le excusó Pumbaa-es que no soporta quedarse marginado en una conversación. Un defectillo suyo.

-¿Tú de qué vas?-se escandalizó Timón.

-Tranquilos chicos, llegamos enseguida-dijo Hércules conduciendo desde adelante.

-Gracias papá-respondió Timón con ironía.

Hércules echó un vistazo a su copiloto, Lady Tremaine, que contemplaba el coral con una gélida oscuridad en su mirada. Era una mujer muy distinta. Hércules sabía que no era buena. No se podía imaginar las cosas que había hecho ni que estaba por hacer, pero seguro que eran terribles. Eso era lo bueno y lo malo de Gantz: te encontrabas con gente muy distinta, algunos fantásticas personas, otros, espantosos seres humanos. Pero todos en el mismo equipo. Y todos luchando por sobrevivir…

-¿Cómo moriste?-le preguntó Sebastián a Jim. La luz de las pantallas de control del vehículo les daba una tonalidad verdosa muy extraña.

-Bueno…-Jim miró al cangrejo unos segundos, pensando su respuesta. Su muerte no había sido la peor de entre los que estaban en Gantz. Pero siempre pensaba que era la más estúpida. Un puto error de adolescente gilipollas-tuve un accidente de tráfico… pero fue culpa mía… costó la vida a más personas…

-Vaya…-Sebastián le miró sorprendido. Pareció ver algo más en la mirada de Jim, que entendió-pero no era lo que pretendías ¿verdá?

-Eeeemmm… no… no, claro que no-dijo Jim agachando la cabeza. Sebastián sonrió.

-Entonce etá a tiempo de arreglarlo.

-¿Cómo…?-Jim no quería sonar tan desesperado, pero por desgracia fue así. Sebastián sonrió.

-Tú piénsalo… la grasia está en que se te ocurra a ti.

Jim asintió y vio su propio reflejo en el cristal del caparazón. Habían dejado atrás los corales, y ahora recorrían un desierto marino, donde la arena del fondo se movía un poco a su paso. A Jim le parecían escuchar cantos extraños, voces sobrenaturales que parecían venir del mar, pero que luego pensaba que solo estaban en su cabeza… ¿serían las sirenas, o es que se estaba volviendo loco? Bueno, lo de loco ya quedaba descartado. El mundo en sí es ya una locura.

-Y tú… ¿cómo moriste?-le preguntó Jim a Sebastián. No le interesaba realmente, pero era por ser "educado".

-Oh bueno… tuve un infarto-explicó él poniendo cara de "qué le vamos a hacer".

-¿Los cangrejos tenéis corazón?-bromeó Jim.

-Me ofende la pregunta-dijo Sebastián, estirándose-pero sí… fue en mi gran concierto… el culmen de mi larga y esitosa carrera musica como directó y compositó de la Orqueta Sinfónica de Atlántica…

Sebastián aún podía recordar sus nervios aquella misma mañana. La nueva sonata que había compuesto era muy arriesgada. Pero lo había hecho con todo su afecto para el rey Tritón. Sabía que tras aquella última desgracia, solo hallaba consuelo en la música. Ojalá él hubiera podido hacer algo más por ayudar a Ariel…

-¡Sebastián! ¡Yo ya estoy lista!-gritó Mobala, la rimbombante pez de Malawi que cantaba su aria en aquel concierto. Sebastián mantenía una relación con ella, como con la mayoría de sus musas, aunque nunca era nada serio, solo el "típico" vínculo director-artista.

"Sí, pero ha tardao tre hora"-pensó el cangrejo de mala uva. Salió de su estudio con las partituras y cogió con una pinza a la cantante, arrastrándola hacia la salida de su casa. Eran unas cuantas calles hasta el Auditorio de Atlántica.

-¡Ay Sebastián! ¡Me haces daño!-protestó Mobala retirándole la aleta-tus pinzas me pinchan…-luego le susurró melosa-me pinchan mucho…

-Ay, me va a dar un infasto…-dijo Sebastián pasándose una pinza por su rugosa frente-Mobala… como salga mal…

Subieron a una caracola que tiraban dos hipocampos.

-Al Auditorio, rápido-les dijo Mobala. Los hipocampos hicieron un divertido ruidito nasal, a modo de relincho, para luego dirigirse hacia allí-no digas tontadas Sebastián. Estarás bien, y yo mejor… ¿crees que Tritón se fijará en mi do de pecho?

-Claro que sí, claro…-musitó el cangrejo-tú puede dar el do de pecho… y aún te sobra.

-Mientras no te equivoques y cojas las partituras del calipso-bromeó tontamente Mobala. Sebastián palideció.

-Oh no…-ojeó las partituras. Eran su nueva composición para el grupo de los "Bacalaos sin Espinas", un cuarteto musical. Las tocatas… estaban en casa… había confundido los papeles…

-¡AAAAAAAAAH!-gritó Sebastián al borde del colapso-¡vuelva a casa, corra! ¡VUELVA!

Los hipocampos suspiraron (acostumbrados ya a este tipo de cosas) y dieron la vuelta.

Unos minutos más tarde se volvían a dirigirse al Auditorio, mientras Mobala regañaba a Sebastián por su falta de orden y profesionalidad en el trabajo.

-¡Vete a cambiarte! ¡No vemo abajo!-Sebastián salió disparado hacia el palco real. Tritón estaría allí, y debía saludarlo.

El auditorio estaba hasta los topes. Las sirenas y peces más importantes y cultivados de Atlántica se habían reunido allí para escuchar la nueva composición del gran maestro. Moviendo sus pequeñas pincitas con inquietud, Sebastián vio como la gente hablaba en sus asientos de coral entretenida… como no les gustase… como se equivocase en un solo movimiento de batuta. "Venga ya Sebastiá… ¡ere un profesional! ¡El mejó de todos!"

Tritón estaba en un palco con sus hijas y la cuidadora de ellas, Marina. Las niñas exhibían una expresión sombría, al igual que su padre, que parecía haber envejecido diez años desde la desaparición de Ariel. De entre las seis hijas restantes de Tritón, la mayoría estaba más disgustada por el hecho de que ya no se las permitiera salir del palacio que por haber perdido a su hermana. Attina, Alana, Adela, Aquata, Arista y Andrina se observaban reflejadas en espejos y cuchicheaban entre ellas en voz baja y desagradable.

-Padre…-susurró Attina, la mayor, cuando Sebastián se acercó a saludarlo, claqueando sus pinzas servilmente.

-Su majetá-Sebastián hizo una elegante reverencia, y Tritón sonrió con tristeza.

-Sebastián… me alegro de verte-dijo con voz ronca-enhorabuena por este gran momento.

-Solo epero su aplauso majetá-dijo Sebastián inclinando la cabeza, pelota.

-Puagh…-murmuró Marina, y Sebastián la miró enfadado. La institutriz de las hijas del rey y Sebastián se llevaban mal desde hacía ya muchos años. Puede que una cita fallida o el hecho de que Marina siempre había soñado con componer tuvieran también algo que ver.

-Buena suerte, Sebastián-dijo el rey con voz monótona. Sebastián asintió y luego se alejó nadando hacia los pasillos. Debía ocupar ya su puesto de compositor.

-Ya estoy lista-canturreó Mobala que se había puesto su segundo traje de la noche para cantar. Para ser un pez, se arreglaba mucho.

-Mu bien, mu bien…-Sebastián la dio un fuerte beso en la mejilla y luego ocupó su puesto de compositor. Fue colocando sus cosas distraído mientras pensaba en el rey y en la tristeza que lo embargaba. Él continuaba buscando a Ariel en secreto. Sabía que si la encontraba, Tritón recuperaría la alegría, o al menos las ganas de vivir. Pero no sabía si la joven pelirroja podría regresar algún día a un hogar ya tan roto.

Sebastián recordó como antes las siete hijas de Tritón cantaban en el coro durante las fechas más señaladas. Ariel por supuesto tenía la voz más hermosa, aunque también la fea costumbre de aparecer más bien poco en los ensayos. "Una mezzosoprano etupenda-recordó Sebastián-su voz era como oír hablar al mimo mar".

-Espera, espera… ¿Ariel cantaba?-le cortó Jim, que había estado escuchando todo lo que el cangrejo escuchaba a medias, hasta que había escuchado mencionar a la pelirroja-¿tiene seis hermanas?

-Sí, e así, toda se parecen aunque cada una tiene el pelo de un colo, no me explico por qué…

-Joder…-Jim se calentó solo pensando en seis copias de Ariel con distintos pelos y aquellas enormes y suculentas tetas. Mierda…. Había tantas cosas que ella no le había contado. En realidad, no le había contado nada de nada.

Sebastián colocó sus partituras asegurándose tres veces de que estaban en orden y luego cogió su batuta. Le temblaban un poco las pinzas, de los nervios y la emoción. Su mayor concierto hasta la fecha… un éxito rotundo. "Mi, do, sí, sol la, la…-recordó para sí. Era el primer movimiento-re, sol, sí, sol, la, la…". Ayayayay.

Un pequeño caballito de mar de color anaranjado y voz pomposa estaba delante de él en el escenario, y comenzó a hablar con su estridente voz.

-Sirenas y peces… ¡atención, por favor!-el público se fue callando, mientras las luces de la sala bajaban. Un foco dio al caballito y a Sebastián, que intentó disimular el temblor de sus patitas-¡con ustedes nuestro querido compositor, Horacio Thelonio Ignacio Crustáceo Sebastián!

Hubo un arrollador aplauso. Sebastián apenas pudo hacer una reverencia de los nervios. Pero una decisión muy fuerte se apoderó de él, más que nunca. "Puedo hacerlo-se dijo con convencimiento-¡soy Sebastián, vamo! ¡soy un gran compositor!"

-Cuando usted nos diga, maestro-le dijo un esturión que tocaba el oboe. La fiel orquesta de Sebastián, que él mismo había seleccionado y adiestrado durante años, esperaba armados con sus fieles instrumentos al momento de empezar. Sebastián se colocó en su palestra y alzó la batuta, haciendo el primer movimiento.

-Vamo allá.

Movió la batuta como si fuese un sable, y toda la orquesta comenzó a tocar. Comenzaron con una suave melodía llevada por los violines que luego fue incrementando su sonoridad cuando entraron las trompetas y demás instrumentos de viento, hasta convertirse en una épica música casi de batalla. Sebastián era un gran admirador de Wagner. No lo hacía mal para ser humano. Pero de Wagner pasó a un estilo más propio de Vivaldi, alegre y un tanto cursi. Veía como Tritón desde arriba estaba pendiente a la música. Parecía complacido, pero todavía no lo suficiente, para el gusto de Sebastián. Con el tercer movimiento la cosa cambiaría.

A la hora y media fue el descanso. Sebastián había dirigido siete movimientos, y el aplauso había sido atronador. Se sentía feliz, muy feliz. Ya era un éxito. El aria de Mobala, por supuesto, había sido de los mejores momentos de la sala. La cantante había alcanzado un agudo imposible que había dejado al público con los oídos pitando y la piel de gallina.

Puede que ya fuese un éxito. Pero Sebastián había guardado lo mejor para el final: una bella composición melancólica para piano (en la que secretamente se había inspirado en Ariel) y un espectacular cierre orquestal con todos y cada uno de los instrumentos en su máximo esplendor, recopilando sus sinfonías preferidas (desde Mozart y Beethoven a Bizet, Tchaicovsky y Grieg). Así que de nuevo en su posición cogió el piano y comenzó a tocar. Como esperaba la melodía entristeció al público y los hizo reflexionar. Eso era lo mejor de la música. Realmente puede cambiarte la vida.

-Aaaaaah…-al terminar los aplausos duraron cinco minutos. Tritón aplaudió también. No parecía triste, estaba inexpresivo, pero Sebastián veía en sus ojos que le agradecía aquel momento. Tritón amaba la música más incluso que él, pero no la entendía ni sabía componerla. Solo la amaba, muchísimo. Era su mayor consuelo.

Llegó el turno de la pieza final. Empezó suave, pero luego fue subiendo más y más: violines, violonchelos, violas, contrabajos, trompas, trombones, oboe, harpa, triángulos, timbales, bombo, platillos, la voz de Mobala, el piano, las palmas del público… era más, y más, y más. La música subía y subía hasta que Sebastián estuvo seguro de que si un barco pasaba por arriba a miles de metros, los escucharía perfectamente.

Y así se movió más y más, frenético, alzando el sonido de los clarinetes y las tubas, llevando como si fueran un rebaño a los violines. Sudaba mucho, y temblaba. Notó el corazón latiéndole con una fuerza inusual en el pecho. Le estaba dando muy fuerte.

Y entonces, en el último movimiento, el corazón se le paró. Todos los nervios, la preparación de aquellos últimos meses y también la angustia por encontrar a Ariel se había juntado, y finalmente habían dado su resultado. Sebastián tuvo un infarto culminante justo cuando indicaba el final, y en cuanto la orquesta terminó la melodía con un fuerte golpe de platillos, cayó al suelo muerto, entre un aplauso atronador del público y el telón.

El ya no escuchó nada más, pero pronto los aplausos cambiaron por exclamaciones y gritos de terror, y Mobala se inclinó a su lado, llorando asustada, mientras los miembros de su banda corrían a socorrerle. Pero ya estaba muerto…

-Ya estaba muerto…-repitió Sebastián, mirando su reflejo en el cristal. Le disgustaba muchísimo el cómo había acabado ese concierto. Pero por otra parte ahora estaba vivo, y tenía una oportunidad. Una oportunidad de volver a dirigir, de volver a componer. Componer era maravilloso. Vertía su alma en aquellas notas. Era casi… magia. Se preguntó si el supuesto viejo mago lo entendería.

-Moriste con las botas puestas-comentó Jim, mirándole de vez en cuando, aunque concentrado en conducir-vaya…

Sebastián le recordaba a Lumière, otra criatura sorprendente dedicada al espectáculo por completo. Solo que Sebastián no se había rendido, no se había quitado la vida. Él iba a seguir luchando.

-Solo epero arreglarlo… y encontrar a Ariel-dijo el cangrejo rogando al cielo con sus pincitas.

-Ya… ¿Ariel?-decidió abordar el tema de una vez por todas. ¿Qué sabía el cangrejo? ¿Por qué se había ido ella? ¿Por qué se había suicidado? Tenía la impresión de que por fin escucharía la traumática historia de la sirena…

Pero entonces la voz de Hércules les alertó por el interfono. Jim abrió mucho los ojos, asombrado de lo que veía: era un escenario tan increíble que parecía de película. La primera batalla colosal que veía en su vida. Y joder, vaya si era impresionante.

En un extenso prado de algas de donde salían de vez en cuando malheridos manatíes huyendo despavoridos, peces de todo tipo se enzarzaban en una feroz pelea disparándose con armas, mordiéndose, golpeándose y atravesándose en medio de explosiones multicolores y sangre que flotaba en nubes por todas partes. Alguien había conseguido hacer que las algas entrasen en combustión, y aunque fuera sorprendente, estas estaban quemándose en un fuego marino.

-¡NO LES DÉIS CUARTEL!-gritó Gill a sus tropas. Los delfines habían conseguido hacer huir a los tiburones y los perseguían hacia los arrecifes donde estaban instaladas las Legiones. Pero entonces algo apareció al fondo que los hizo retroceder.

-Oh no…-dijo uno de los delfines, asustado.

-Vale chicos… ella está al final de todo esto-les dijo Hércules por el interfono-voy a adelantarme.

-¡Te darán!-le gritó Jim desde el suyo-¡no puedes!

-¡No os preocupéis por mí, en serio!-insistió Hércules desde el suyo-¡puedo acabar con ella enseguida!

-¡Llevas a Lilo!-le recordó Jim enfadado-¡si te dan…!

-Nosotros nos adelantaremos, Jim-le dijo Aladdín desde el suyo-Hércules, te abriremos paso.

Hércules miró a la niña que estaba encogida a un lado, mirando la batalla con su extraña e indescifrable expresión, y luego a Lady Tremaine, que como siempre no dijo nada.

-Por nosotros no tengas prisa-dijo Timón educadamente-no me apetece METERME EN UNA BATALLA DE MUERTE SEGURA.

-Calma Timón, calma-dijo Pumbaa acariciándole la cabeza.

-Que bicho más insoportable-gruñó Kuzco-que vayan ellos, y se ocupen. No querrás que la niña salga herida-dijo mirando a Hércules.

Por supuesto la niña le daba igual. Pero la verdad, el brutal estruendo de la batalla y los peces muertos que iban descendiendo hasta hundirse entre las algas no le alentaban mucho a querer ir hacia allí. Así que si usaba a Lilo como excusa, no pasaba nada tampoco.

-Está bien-accedió Hércules y Kuzco suspiró de alivio-pasad vosotros delante… ¡pero os seguiremos!

-Oooooh no…-gimotearon Kuzco y Timón a la vez. Lady Tremaine se limitó a agarrarse con fuerza a los posabrazos de su asiento. Iba a ser una carrera hacia el objetivo muy movidita.


-¡MEDUSAS!-los delfines disparaban contra ellas e intentaban atravesarlas con las lanzas eléctricas, pero estas no parecían afectarlas. Cientos de medusas habían salido de los arrecifes bajo la orden de Úrsula, y flotaban avanzando de modo lento y escalofriante hacia sus enemigos. Algunas eran muy pequeñitas, casi del tamaño de una uña… otras eran más grandes que un camión. Eran lentas sí… pero sus largos y viscosos tentáculos se movían con mucha rapidez.

-¡NOOOOOOOO!-chilló un delfín intentando alejarse de los tentáculos de la medusa, pero esta lo acababa de atrapar, y era mucho más grande que él. El veneno lo mató casi al instante. Al irse acercándolo a la bolsa que tenía por cabeza y boca, el delfín se fue deshaciendo por los fuertes venenos de la medusa, demasiado tóxicos incluso para su piel. Cuando la medusa se lo introdujo en su bolsa, el delfín era apenas una pasta amorfa y humeante, parecido a cuando Rourke había muerto.

-¿Por qué pollas siempre acabamos en un puto lío?-gritó Jim mientras su caparazón avanzaba hacia las medusas. Ellas estiraron sus finos tentáculos, listos para recibirlo en un cálido y mortal abrazo, pero Jim hizo un looping y las esquivó hábilmente. Aquello parecía un maldito videojuego de guerra, mientras entre estallido y estallido esquivaba medusas pequeñas y grandes que cada vez más iban hacia su caparazón con la clara intención de atraparlo-…¡para no tener cerebro son muy listas las cabronas!

-¡Son muy mala! ¡Ten cuidao, en cuanto no agarren s'habrá acabao!-gimoteó Sebastián agarrado a su brazo asustado. En medio de aquel mar de medusas, podían distinguir levemente los caparazones que pilotaban Helga y Hércules, pero estaban demasiado concentrados en esquivar a las mortales medusas como para intentar comunicarse.

-¡Nos están comiendo el terreno! ¡Vienen hacia aquí, y traen sus vehículos!-le informó a Úrsula la Vil Manta, un híbrido humanoide como ella, muy siniestro.

-Saquemos nosotros los nuestros-replicó ella secamente-y que vengan… si se atreven…

Iban a ver quien era.

-¡Todos listos! ¡Vamos!-subido a una especie de motocicleta submarina con afiladas ruedas llenas de pinchos, Vil Manta y sus secuaces salieron disparados de los arrecifes y se encontraron con las primeras sirenas y delfines que habían conseguido pasar la barrera de medusas. Vil Manta sacó una enorme cuchilla que sujetó con su mano derecha, y acelerando decapitó a dos sirenas-¡A POR ELLOS!

Atrás, en el campo de algas, la batalla se estaba decantando por el ejército de Atlántica. Los refuerzos del este y el oeste habían llegado, y aunque las Legiones jugaban sucio, los ejércitos del rey Tritón tenían un entrenamiento militar superior, y los estaban reduciendo.

-¡Que no escape ninguno!-Gill persiguió con un fusil de erizos a los tiburones Ancla y Chum, que intentaban escaparse. Una vez llegó hasta ellos, intentaron contraatacar y morderlo, pero Gill le metió a Chum un erizo en la boca y mientras este daba gritos y se desangraba le clavó una afilada lanza a Ancla en el vientre, rajándolo y eviscerándolo. Empapado en la sangre de los dos tiburones, Gill se dirigió a sus soldados, que estaban acabando de decapitar morenas.

-¡CUIDADO SEÑOR!-gritó uno de sus sirenos asustado. Gill se volvió para ver con sorpresa como un enorme tiburón blanco, Glut, abría su enorme bocaza para devorarlo. Sin embargo alguien fue más rápido que Glut. Antes de que Gill se diese cuenta, otra criatura aún más grande masticaba al tiburón blanco entre sus fauces.

-Siempre hay un pez más grande… gracias, "Manchas"-dijo Gill con alivio.

-Urp… de nada-eructó la orca, sacudiendo su descomunal aleta con bestialidad-espero haber llegado a tiempo.

-Sí, sí… están en los arrecifes-dijo Gill mirando hacia adelante.

-Pues yo no puedo acercarme allí si no me quitas a las medusas-replicó "Manchas". Era demasiado grande como para esquivar el cinturón de tóxicas asesinas.

-Tranquila… estoy en ello.

Entre las medusas los tres caparazones robados avanzaban esquivándolas a duras penas. Había también sirenas y peces espadas que intentaban acabar con las medusas o hacerlas huir para abrirse paso, sin demasiado éxito. Las medusas se movían con desesperante lentitud, y además era casi imposible tocarlas, porque la piel ardía al instante.

-¡Usad las puntas!-exclamó el joven sireno Urchin clavando la punta de su lanza eléctrica en la cabeza de una de las medusas, que sufriendo una descarga comenzó a alejarse lentamente de allí-¡eso las espanta!

-¡Las tenemos encima!-Hércules esquivó un montón de pequeñas medusas que iban hacia él y siguió avanzando. A su lado Lady Tremaine, Lilo, Kuzco, Timón y Pumbaa estaban pegados a él, encogidos por el pánico.

-¡Otra por ahí!-le avisó Lady Tremaine señalando a la izquierda. Menos mal que lo hizo, o una medusa de tamaño considerable se hubiera adherido al cristal y lo habría corroído.

-¡Nuestro caparazón es más grande… por eso vienen todas!-gritó Hércules angustiado-¡NO!

A un extremo del caparazón acababa de pegarse una. Y otras cuantas se deslizaban a toda velocidad para cogerlos. Los fundirían… tenía que hacer algo.

-¡Vale! ¡Tranquilos, escuchadme….!-intentó pensar en algo, pero ellos estaban histéricos- ¡Vamos a…!

¡BANG! Lady Tremaine acababa de pulsar el botón de torpedos, y una pequeña burbuja había salido disparada del caparazón. La burbuja, a una temperatura abrasadora, chocó contra una fila de medusas, que explotaron como globos de agua, expandiendo su líquido urticante por todas partes.

-¡UAAAAAAAAAH!-los tiburones y anguilas que estaban al lado de esas medusas comenzaron a retorcerse, quedando ciegos y malheridos por el líquido, pero también varios sirenos del ejército de Atlántica, que cayeron hacia el bosque de algas con quemaduras de tercer grado.

Todos miraron a Lady Tremaine, impresionados. Ella miró por la ventana, con indiferencia. Luego preguntó:

-¿Seguimos?

Hércules se puso de nuevo en marcha, pero las medusas giraban en torno a su caparazón cada vez más ávidas. Frente a él una red de tentáculos lo rodeaba. Disparando otro torpedo consiguió alejarlas.

-¡Por ahí! ¡Un hueco!-exclamó Urchin al ver como las medusas se iban alejando acobardadas por los disparos de Hércules.

-¡Cubridme!-gritó Hércules por el interfono-¡tenemos que pasar delante!

Aladdín y Jim tardaron en contestar. Los dos pensaban en lo mismo, claro: el que matase a la tal Úrsula se llevaba la máxima puntuación. Era una ocasión que no se podían permitir desperdiciar. Podían llegar incluso a sumar la puntuación de Merlín si lo hacían.

Pero Jim se acordó de Lilo, que iba en el vehículo de Hércules. Si a él le pasaba algo, a ella también le pasaría. Así que dio marcha atrás y fue a cubrir a Hércules, alejando a las medusas de su caparazón.

-¡Corre, vamos!-gritó por su interfono. Hércules obedeció.

-Deberíamos ayudar a Jim-le dijo Aladdín a Helga, después de ver como el caparazón de su amigo se quedaba abriendo paso a Hércules.

-Tenemos que eliminar al objetivo. Son muchos puntos-le recordó Helga enseñándole la pistola que habían robado del palacio de Tritón. Aladdín la miró con frialdad.

-Pero esos puntos no los vamos a compartir…

Hércules consiguió salir de entre las medusas seguido de cerca por Aladdín y Helga y un grupo de sirenos capitaneados por Urchin. Cerca estaba ya el arrecife de coral donde estaban teniendo lugar una serie de despiadados combates. Vil Manta y sus secuaces perseguían en sus motos a los soldados de Tritón. Aladdín al verlos no se lo pensó, y disparó un torpedo hacia allí: la caliente burbuja se estrelló contra las ruedas del vehículo de Manta, que salió disparado por el agua y se estrelló en el suelo marino. Os sirenos se apresuraron en ir a por él para atacarlo.

-¡Mira! ¡Mira!-Lilo sobresaltó al resto de sus compañeros al pegarse al cristal y señalar al fondo del arrecife. Había una silueta en él… una extraña criatura…-¡Es Úrsula!

Hércules pegó sus ojos al cristal y efectivamente reconoció a la criatura de la fotografía que les había dado la bola de Gantz. Gorda y rimbombante, Úrsula estaba en un alto del arrecife rodeada de sus seguidores, y observaba con frialdad todo lo que estaba ocurriendo, sin exhibir la descarada sonrisa que había lucido en la foto.

-¡A por ella!-dijo Hércules acelerando. No se iba a poder escapar.

Sin embargo conforme iban avanzando seguidos de los sirenos algo llamó su atención: lo que en un principio les había parecido una gigantesca roca marina había sacado unas largas patas de debajo suyo, y también unas largas y gruesas tenazas. Rápidamente fue irguiéndose hasta mostrar su verdadera forma: un descomunal cangrejo de colores morados y anaranjados con ojos saltones y unos terribles dientes cascados y manchados en sangre.

-Tamatoa…-susurró Urchin horrorizado, mientras él y sus compañeros retrocedían. No tenían unidades suficientes para enfrentarse a él…

-Acaba con ellos-le ordenó Úrsula imperiosa. Tamatoa emitió un silbido que resonó en todo el arrecife, y luego abrió sus gigantescas pinzas con rabia. Todos lo miraban, petrificados, esperando su siguiente movimiento.

-Joder…-dijo Helga, agarrando su volante con fuerza.

Tamatoa miró a un lado y a otro con sus ojos, que giraban en sus cuencas hacia todos los lados. Luego hizo lo que menos se esperaba que hiciera: empezó a cantar.

-Hace tiempo no tenía este glamour, fui un cangrejito muy soso. Pero ahora estoy feliz y en plenitud, pues soy muy bello nena ¡Pues yo soy brillante! Yo soy muy brillante, yo reluzco cual diamante o cual rubí, soy asi ¡Un tipo brillanten! un ejercito no me haría sucumbir, me vasto a mi-su caparazón, lleno de lapas y corales luminiscentes, comenzó a brillar cegando a la gente. Urchin y sus sirenos se alejaron, pero dando un salto tremendo Tamatoa cayó encima de ellos, y abriendo sus pinzas atrapó a dos sirenas a las que levantó y acercó a su boca-¡Tamatoa es brillante! ¡Brillante como el sol al amanecer, ya lo ves! ¡Brillante!-se metió en la boca a las dos sirenas y las masticó entre sus chillidos mientras los demás soldados de Atlántica le disparaban. La piel del monstruo era demasiado gruesa sin embargo para que las balas de erizo le hicieran efecto, y agitando amenazador una tenaza en el aire la estampó sobre los sirenos. Urchin consiguió alejarse a tiempo, pero sus compañeros quedaron aplastados en el suelo-¡AJAJAJAJAJAJA! ¡Tamatoa está en plena forma! ¡Brillante, ssssssí! ¡OS VOY A MATAR A TODOS!

-¡Necesito refuerzos, rápido! ¡REFUERZOS! ¡ES TAMATOA!-chilló Urchin por su intercomunicador personal. Gill recibió la advertencia, pero estaba ocupado peleándose con las medusas.

-Tamatoa…-dijo Gill entrecerrando sus finos ojos. Miró a sus hombres-¡vamos, rápido! ¡Tenemos que ayudarles!

Los sirenos se fueron abriendo paso entre las medusas consiguiendo crear un paso para la orca "Manchas" y los narvales que la acompañaban. Gill vio como a un lado Jim seguía espantando medusas disparándoles torpedos a tutiplén.

-¿Quién es ese?-preguntó el pez, extrañado.

Dentro del caparazón, Jim decidió que ya era suficiente. Dejando atrás a las medusas, se acercó hacia Tamatoa también.

-¡AAAAAH! ¡PERCEBES! ¡E TAMATOA, EL CANGREJO GIGANTE!-gritó Sebastián dando un respingo horrorizado.

-¿Pariente tuyo?-preguntó Jim mientras desplazaba el caparazón hacia el monstruo Tamatoa. No había llegado tan lejos para que ahora lo detuviera aquel ridículo marisco mutante.

-¡De ningún modo, aunque se comió a mi familia!-exclamó Sebastián asustado. Tamatoa soltó una feroz carcajada mientras intentaba atrapar a Urchin que huía de un lado a otro precavido, y a los dos caparazones que lo rodeaban.

-¡No le hacen efecto!-gritó Helga furiosa mientras descargaba con furia varias burbujas contra Tamatoa, que apenas parecía notarlas.

-¡Buscad sus puntos débiles, en las zonas blandas!-gritó Hércules por el interfono-¡la cara, el vientre!

-¡Ya lo he intentado, pero no me deja!-Helga disparó otra vez hacia la cara del cangrejo, pero Tamatoa puso una de sus pinzas acorazadas en medio, y la burbuja no le hizo efecto-¡MIERDA!

-¡Entre las patas Helga! ¡Mira!-exclamó Aladdín a su lado, señalándole las patas de Tamatoa. Estaban ligadas por unos finos tendones que apenas se apreciaban a primera vista, pero que parecían muy delicados…

-Eres el mejor-dijo Helga sonriendo, y bajó con el caparazón hacia las patas. Tamatoa se dio cuenta y enseguida se puso a la defensiva, pero con Helga atacando por abajo y Hércules por arriba le era difícil defenderse.

-Tú crees que a Tamatoa vas a dar ¡pobre soñadora! Tamatoa va a acabar contigo…. ¡AQUÍ Y AHORA! ¡MUERE!-una tenaza gigante estuvo a punto de aplastar el vehículo de Helga y Aladdín, que se salvaron por los pelos gracias a la destreza de conducción de ella. Helga disparó otro torpedo pero Tamatoa consiguió protegerse a tiempo del impacto.

-¡Maldita sea!-dijo ella dándole una patada al vehículo, frustrada.

-Solo nos quedan otros dos…-la informó Aladdín mirando la pantalla.

-¡TAMATOAAAA!-Hércules disparó contra el cangrejo varias veces, pero se quedó sin municiones, y Tamatoa consiguió darle un golpe. El caparazón de Hércules se alejó dando vueltas sobre sí mismo hasta perderse en los disparos. Dentro sus ocupantes se estamparon contra el suelo y el techo del vehículo, dando gritos.

-¡NO!-Jim aceleró hacia Tamatoa, furioso.

-¡No lo haga! ¡No matará!-chilló Sebastián aterrorizado.

-Yo le mataré-dijo Jim ceñudo. Tamatoa abrió la boca risueño al verle acercarse, pero Jim le disparó por sorpresa en la boca, y esta vez la burbuja si le dio, haciéndole saltar varios dientes.

-¡GROOOOOOOAAAAAAAAAGH! ¡JODER!-el cangrejo se tambaleó y luego miró con los ojos inyectados en sangre a Jim-¡TE MATARÉ!

-Disparadle en las zonas blandas, no desperdiciemos balas-dijo Gill que acababa de aproximarse con sus soldados. Estos abrieron fuego hacia Tamatoa, que furioso, se giró y los alejó moviendo sus pinzas con agresividad. "Manchas" intentó dispararle en un ojo pero Tamatoa apresó a la gran orca entre sus pinzas y la partió por la mitad con brutalidad.

-¡MANCHAS!-Gill se armó de valor y nadó rodeando a Tamatoa y disparándolo por todas partes. Uno de los erizos le dio al cangrejo en el cráneo, hiriéndolo, mientras otro se le clavó muy cerca del ojo.

-¡YIAAAAAA!-Tamatoa dio un salto que hizo retumbar todo el arrecife, y luego arrancó una enorme roca del suelo, que arrojó contra los ejércitos de Atlántica-¡MORIRÉIS TODOS!

-No… tú morirás-dijo Urchin, apuntando al cráneo de Tamatoa con un arpón.

-No, tú morirás-dijo una ronca y siniestra voz. Urchin se giró, pero ya era tarde: dos enormes y repulsivas morenas verdes lo habían rodeado, y aferrándose a él le mordieron el torso, clavándole los dientes y desgarrándoselo, de modo que fueron introduciendo sus fauces en su vientre y comiéndoselo.

-¡AAAAAAAAAH!-gritó Urchin, indefenso-¡SOCORRO!

Pero nadie podía ayudarle. Las dos morenas acabaron con él en cuestión de segundos, arrastrando luego su cadáver al fondo.

-Vale… lo tengo-Hércules fue el primero en recuperarse del golpe de Tamatoa, y agarrando el volante apuntó con el caparazón directo hacia el monstruo.

-Por favor, no vuelvas… vámonos a otro sitio-lloriqueó Timón, que estaba debajo de Kuzco.

-Aaaaaaay…-gimoteó Kuzco, atolondrado-¿queréis que me queje al autor?

-¡Déjalo!-protestó el autor.

"Todo esto es muy raro… todavía no hemos usado el comodín…-Hércules sacó la pequeña caracola que Gantz les había dado esta vez. Tenía un agujero en el centro, del tamaño de su ojo. Del justo tamaño de su ojo… al acercárselo Hércules se dio cuenta de que a través de la caracola lo veía todo en blanco y negro… que extraño-esto sirve para algo, como siempre… la cuestión es para qué…"

TAMATOA SE ACABA DE CANSAR, Y VOSOTROS VAIS A LLORAR!-levantando sus pinzas Tamatoa aplastó a varios peces enemigos, y luego siguió intentando cazar a Gill, sin éxito.

-Los matará a todos-dijo Úrsula, segura de sí misma-preparaos para la ofensiva final.

-¿No es un poco precipitado?-le preguntó una de las morenas, que acababa de acercarse hasta ella.

-No, no lo es-replicó Úrsula, furiosa-¡VAMOS!

Jim sobrevoló a Tamatoa buscando un modo de alcanzarlo.

-Entre sus patas Jim, tiene unos tendones… hay que acertar allí-le explicó Aladdín desde el interfono-¿listo?

-Sí…-Jim aceleró y bajó hacia las enormes pinzas de Tamatoa. A Sebastián estaba a punto de darle otro infarto. Tamatoa era para él la mismísima encarnación del diablo. Todos los cangrejos le temían y odiaban por los innombrables crímenes que había cometido.

-¡SORPRESA!-Tamatoa se giró y plantó una pinza frente a Jim, estando a punto de abollar el caparazón-¿CREÍAS QUE IBAS A DARME? ¡TE EQUIVOCASTE, HIJO DE PUTA! ¡AHORA DÉJAME MATARTE, SOLO UN POQUITITO DE NADA!

-¡NO!-Jim esquivó los golpes de Tamatoa con agilidad, y este se fue enfadando más y más, concentrándose en matarlo. Aprovechando el descuido de Tamatoa, Helga consiguió acercarse a sus patas trasera.

-¡AHORA ALADDÍN!-gritó la rubia, y el árabe pulsó el botón: sus dos últimos torpedos salieron disparados dejando un rastro de burbujitas en el agua y le dieron de lleno a Tamatoa en los tendones.

-¡UAAAAAAAAAOOOOOOOAAAAAAAAH!-Tamatoa abrió mucho la boca de forma ridícula y sus ojos se pusieron en blanco mientras se retorcía de dolor. Jim entonces descendió de nuevo, y apuntando a sus patas delanteras, le dio también-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!

-¡Ja! ¡Hasta luego!-se rió Jim, pero entonces Tamatoa le dio un tremendo golpe con su pinza. Jim perdió el control del caparazón, que dando vueltas se fue a estampar contra una pared rocosa del arrecife. Tamatoa se arrastró furioso y extendió una pinza hacia él, dispuesto a destrozarlo.

-Fuego a discreción-dijo Gill, impasible, a sus soldados. Los peces acribillaron la cara de Tamatoa a balazos, dejándole los dientes, las mejillas y los ojos hechos un colador con tantos disparos de bala. Cuando una sirena le acertó en la cavidad del cerebro, Tamatoa dio un último alarido ahogado, y luego perdió definitivamente el equilibrio, muerto.

-¡NOOOOOOO!-Jim vio como el cangrejo caía hacia ellos.

-¡UAAAAAAAAH!-a Sebastián se le salieron los ojos de las órbitas del terror, pero segundos más tarde ninguno de los dos podía gritar: Tamatoa había aplastado el caparazón, y tanto Jim como Sebastián salieron disparados al agua.

Jim notó como el gélido océano le recibía de nuevo con una cuchillada de dolor, y flotando fue arrastrado hacia el arrecife.

-"Mierda…-pensó-tengo que respirar…"-intentó girar la ruleta de su muñequera, pero entonces se dio un golpe contra la pared del arrecife, y perdió el conocimiento. Nadie sabía que estaba allí. Nadie iba a poder salvarlo. Moriría ahogado…

-¡JIM!-Aladdín buscaba con la mirada a su amigo desde su vehículo, pero con el descomunal cadáver de Tamatoa en medio y todo el polvo marino que había levantado le era muy difícil ver algo. Los soldados de Atlántica nadaban hacia el arrecife y Úrsula, que parecía bastante asustada.

-¡La batalla termina, bruja del mar!-le gritó Gill armado con una lanza y con el fragor de la guerra en la mirada.

-¡MATADLOS!-ordenó ella a sus monstruos, que descendieron enseguida prestos a defenderla. Vil Manta, que había sobrevivido, se enfrentó a Gill en una encarnizada pelea mientras los delfines y los tiburones volvían a morderse con violencia.

Úrsula se fue alejando poco a poco del arrecife, cuando una burbuja le pasó rozando, y explotó a su lado.

-¡AH!-chilló la bruja, asustada. Volviéndose vio un caparazón que avanzaba hacia ella.

-¡Es nuestra!-exclamó Hércules acelerando.

-¡Dispárala!-gritó Timón emocionado-¡vamos, acabemos de una vez!

Úrsula comenzó a nadar impulsándose con sus gruesos tentáculos y muy asustada, pero el caparazón iba mucho más rápido, y no tardó en ponerse encima suyo. La gorda bruja se filtró de modo sorprendente por una grieta para esconderse dentro de los corales, pero Hércules reventó parte de la barrera y continuó su persecución. No habían llegado hasta allí para que ahora se les escapara tan fácilmente.

-¿Qué haces? ¡¿Y Jim?!-protestó Aladdín cuando Helga giró su caparazón y comenzó a perseguir también a Úrsula.

-Recarga los torpedos, hay que darla-dijo.

-¿Y JIM?-insistió Aladdín enfadado.

-¡PRIMERO ESTO!-gritó ella.

Úrsula siguió nadando en zigzag evitando a Hércules, pero estaba agotada, y él ya estaba muy cerca. La tenían acorralada.

Entretanto Jim se estaba ahogando. Recobró la conciencia para sentir como no tenía nada de aire. Intentó moverse, pero ya no tenía el control de su cuerpo, y solo tenía movimientos espasmódicos que lo desequilibraban. El corazón estaba desbocado, y notaba como si tuviese fuego en la garganta, mientras un peso gigante le presionaba en la cabeza. Iba a morir. Moriría ahogado. Ni siquiera le podrían enterrar en tierra. Bueno, pensándolo bien eso no era tan malo…

-"Mamá…"-pensó Jim mientras se le cerraban los ojos. Joder… joder.. lo había hecho todo mal. Lo había hecho todo tan mal.

Entonces vio algo que nadaba hacia él. Debía de ser una de esas visiones de muerte que decían. Por un momento, deseó que hubiera un cielo. Pero… ¡pero si el cielo era ella! Joder, como brillaba su cabellera pelirroja bajo el mar. Era algo increíble…

Ariel cogió a Jim por las mejillas y lo incorporó del suelo marino. Ahora los dos estaban de pie sobre la arena, como si estuviesen bailando, bailando en la profundidad. Jim apenas distinguía una mancha rosada como el rostro de la joven, y su encendida melena roja que ahora fluía de un modo espectacular en el agua.

Entonces Ariel acercó sus labios a los suyos, y le besó. Jim tenía los ojos cerrados, pero los abrió de golpe al recibir su beso. Las suaves voces del mar volvían a sonar, y en medio de toda aquella catastrófica batalla la luz de la superficie los iluminaba haciendo reflejos azules en sus cuerpos, mientras ella le besaba. Jim fue notando como recuperaba la visión y la conciencia… poco a poco recobraba la visión a la perfección, y pudo distinguir perfectamente el rostro de Ariel: sus largas pestañas, sus mejillas sonrosadas, su naricita respingona y su espectacular cabello. Poco a poco fue incrementando el beso, más y más, disfrutando de sus carnosos labios. No había sabor, porque estaban debajo del agua, pero todo su cuerpo era recorrido por un tensa descarga de placer a la vez que sus manos se entrelazaban con las de ella. Se dio cuenta de que estaba desnuda. Bueno, no del todo, ahora tenía una larga cola de colores verdes y turquesas que ondeaba en el agua, pero no llevaba sostén ni nada en la parte de arriba, como las otras sirenas. Mientras seguían besándose Jim movió sus manos hacia sus tetas y las tocó, pero con el plástico traje y el agua apenas sintió el tacto. Separó las manos de los pechos y simplemente la estrechó en sus brazos. Joder, era maravilloso. Simplemente lo era. Ella. De nuevo. Con él, a su lado. Y ese beso… joder…

No quería volver a separarse de ella nunca.


¡BOOOOM! Úrsula cayó con violencia al suelo de una de las grutas de la barrera, seguida de los dos caparazones que la apuntaban ya, listos para el final.

-¡EH!-exclamó Lilo de repente-¿Y Jim?

-Vamos…-Hércules apuntó hacia ella con los torpedos. Se había acabado…

-¡AHORA!-gritó Úrsula. Resaca, el último de los grandes tiburones que les quedaba, salió de un lado y clavó sus dientes en el vehículo de Hércules.

-¡NO!-Hércules giró el volante y se sacudió al monstruo de encima, pero Resaca era muy grande y muy fuerte, y seguía dándoles golpes.

-¡VA A ROMPER EL CRISTAL!-gritó Kuzco asustado cuando el morro del tiburón golpeó con fuerza y clavó sus dientes en la ventana del vehículo.

-¡HAZ ALGO!-chilló Timón, histérico.

-¿Otro pedo?-sugirió Pumbaa.

-¡ADIÓS!-Helga se había bajado de su caparazón seguida de Aladdín, y apuntando con su arma al tiburón lo desintegró con un rayo de luz cegador.

-¡OH!-exclamó Úrsula, atónita. Helga se volvió y sonrió, perversa.

-¿Te ha gustado, puta? Ahora te toca-dijo. Úrsula tragó saliva.

-Espera un momento…-dijo, y de repente en sus manos se iluminaron unas extrañas bolas de energía rosas, que lanzó contra ella. Helga las esquivó y mirando a Aladdín gritó.

-¡MÁTALA!

-Un momento…-Hércules cogió la caracola y se la puso en el ojo.

-¿Pero qué haces?-preguntó Kuzco con impaciencia.

-Oh no…-Hércules veía todo en blanco y negro, salvo una cosa: donde se suponía que debía ver a Úrsula veía a una mujer pulpo, efectivamente, pero no la que buscaban. La que él veía tenía la piel verdosa y era mucho más delgada. Al quitarse la caracola Hércules volvía a ver a Úrsula. Era un engaño-¡EH, ESPERA!

Quiso impedir lo que Helga estaba a punto de hacer, pero fue tarde. La rubia le quitó a Aladdín su pistola de luz y disparó. Hubo unos segundos en que todo se quedó en silencio. Solo se escuchaban los quejiditos de unas extrañas y marchitas criaturas que estaban escondidas a un lado de la caverna. Luego la luz salió de la pistola y los cegó a todos de nuevo. La supuesta Úrsula soltó un alarido de horror y luego desapareció, como si nunca hubiera existido. No quedó nada en absoluto. Helga sonrió, despiadada, y luego lanzó la pistola a un lado con satisfacción.

-Hecho-dijo, triunfal-"Gantz".

-No, no está hecho-gruñó Hércules desde su vehículo-nos han engañado. Ella no era Úrsula… creo que era una compañera suya.

-¿Qué?-Helga no lo creía, pero al darse cuenta de que no desaparecían no tuvo otro remedio que darse cuenta de que era verdad-¡NO! ¡MIERDA! ¡NO!

-¡Joder, ¿y ahora qué hacemos?!-preguntó Aladdín con impaciencia-¡solo quedan dos horas!

-Y media de respiración, así que volved al vehículo y desactivadla-les dijo Hércules por el altavoz de su caparazón-va a haber que pensar en otra cosa.

-Me cago en todo-Aladdín se dejó caer en el asiento del copiloto mientras el caparazón se cerraba, y miró a Helga con cansancio-nos hemos quedado sin armas…

-Da igual-replicó ella con fiereza-pienso matarla yo misma…

Se interrumpieron porque se escuchaban vítores detrás de ellos: las Legiones Abisales se estaban retirando mientras las unidades supervivientes del ejército de Atlántica se congregaban sobre el gigantesco cadáver de Tamatoa y clamaban, eufóricas.

-¡SÍIII! ¡Lo hemos conseguido!-gritó Deb, la pez damisela azul.

-Síiii…-Saleen, la jefa de las sirenas, estaba malherida en la cola y el brazo, pero aún sujeta por dos peces espadas lo celebraba con el resto.

-Y ahora, Mafio, nos dirás dónde están vuestras últimas moradas-le dijo Gill a la langosta, que había caído prisionera junto al malherido Vil Manta-esta guerra ya ha durado demasiado.

-No hablaré-dijo Mafio, arrogante.

-¿Tú crees?-dijo Gill apuntándolo con un erizo de mar.

-Hablaré-accedió Mafio, cagado de miedo-pero quiero que me garanticéis un juicio justo.

-Aunque sea justo, lo vas a pasar mal amigo-dijo Gill-lleváoslo. Y ahora vamos a ocuparnos de esos caparazones.

-¡Los tenemos Gill!-exclamó uno de los peces espada. Él y los delfines rodeaban con armas dos caparazones de Hércules y Helga, que ya no podían escapar, bajos de munición y rodeados por tantos.

-Eeeeeh… bueno… ha estado bien libraros de las medusas-dijo Aladdín sonriendo nervioso.

-Quedáis detenidos… los humanos están prohibidos en nuestro reino-dijo Gill con voz seca-¿qué hacéis aquí?

-Todo el mundo se pregunta lo mismo, yo también-comentó Timón.

-Vamos a perder mucho tiempo repitiendo la historia-dijo Pumbaa.

-¡Un momento, eh, un momento!-Sebastián se acercó nadando a Gill. Tenía una abolladura en la cabeza debido al accidente de su caparazón, pero por lo demás parecía ileso-¡Ello son inocente! ¡No han ayudado contra Úrsula, y han acabado con Tamatoa!

-Con Tamatoa hemos acabado nosotros-dijo Gill orgulloso-bueno, es cierto… ¿cómo es que estás vivo, Sebastián?-preguntó con sorpresa.

-Larga hitoria, poco tiempo-dijo el cangrejo. Gill y él habían sido compañeros en la escuela bajo el mar-pero tenemo que encontrá a Úrsula… si es que sigue con vida…

-Sigue con vida-dijo Hércules desde el vehículo.

-Pero no sabemos dónde-replicó Gill-y es muy escurridiza. Encontrarla otra vez nos llevará meses.

-¿Me… meses?-repitió Aladdín. No tenían ese tiempo ¿dónde coño estaba Merlín? Y Jim, por cierto…-eh, Sebastián ¿has visto a Jim?

Sebastián miró a un lado y a otro, preocupado.

-Creí que etaba con vosotro…-susurró.

-Pues no.

-¿Dónde está?-insistió Lilo, angustiada-¡hay que encontrarlo!

-Emmm… señor…-Deb se acercó a Gill con un interfono militar-es el comando del norte.

-¿Qué les pasa? Ya podrían haber venido a echarnos una mano-gruñó Gill mosqueado.

-Dicen que Úrsula acaba de pasar su frontera… los ha convertido a casi todos en pólipos… pero al parecer… al parecer se dirige a Atlántica-dijo Deb preocupada. Gill arqueó una ceja.

-¿A la ciudad? ¿Se ha vuelto loca…?-miró a los humanos, que estaban expectante-bueno… por lo que parece, ya sabemos dónde está. Ahora solo queda decidir qué hacer con vosotros…

-Pues ayudarnos-dijo Hércules en tono apaciguador-porque ahora nuestra vida… depende de usted.

Gill entrecerró sus pequeños ojos. La decisión era suya.


Ariel y Jim nadaban por entre las rocas, en silencio. Ella iba deprisa, y él apenas conseguía seguirla el ritmo. No entendía por qué ahora de repente había dejado de hablarle. No entendía por qué le había besado. No entendía por qué había desaparecido antes. En realidad, no entendía nada de nada.

-Eh, eh, párate-dijo, agarrándola de la mano. Ariel se volvió y le miró con sorpresa. Jim veía en sus intensos ojos azules una vida que no había visto antes. Toda ella brillaba, estaba distinta a cuando permanecía en tierra. Su piel era ligeramente escamosa, cierto, y le parecía raro, pero tampoco le importaba demasiado, porque simplemente era ella. Su cabello rojo tenía leves tintes violáceos y rosas, y fluía de un modo espectacular con un suave vaivén en el agua. Y sus tetas… bueno, Jim las veía ahora tan carnosas y grandes como las recordaba. Joder… pese a todo la deseaba tanto. El beso… había sido uno de los momentos más intensos de su vida, no sabía por si el momento, por la alegría de reencontrarla, o por el lugar… quizás por la magia. Pero había algo que tenía claro. Ese beso… no lo olvidaría nunca.

-¿No crees que deberíamos hablar?-le preguntó Jim a la pelirroja, con un tono de voz que pretendía ser de reprimenda, pero que sonaba muy provocador.

Ella se paró y le miró, extrañada. Definitivamente había mucha más vida en ella que en tierra. Sería porque había vuelto a su elemento.

-¿Hablar de qué?-respondió. Vale, seguía siendo igual de desesperante, eso sí que no había cambiado.

-No sé…-Jim fingió pensarlo mientras le echaba un vistazo a su cola. Luego la miró sonriendo-¿no se te ocurre nada?

Ariel miró su cola y luego levantó la cabeza, levemente sonrosada. Jim arqueó una ceja. Lo que más le extrañaba es que a ella ya no parecía molestarle que le mirase las tetas. Eso sí que era raro.

-Así soy de verdad Jim-susurró Ariel mirándole fijamente. Él tragó saliva. Era tan… espectacular-no podía decírtelo… no me hubieras creído.

-Sí lo habría hecho-replicó Jim-y… bueno…-buscó las palabras adecuadas para decírselo-la verdad es que me encanta como eres…

Una leve sonrisa apareció en la comisura de los labios de Ariel. Su cola se movía lentamente para mantenerla a flote. Jim por su parte pataleaba un poco de vez en cuando, y notaba que ya no se movía tan ágilmente en su traje como antes.

-¿Por qué no volviste?-preguntó Jim, ahora más serio-¿no… no podrías… haberte quedado… conmigo?

-Me dijiste que me fuera-le recordó Ariel, frunciendo levemente el ceño.

-Me dijiste que no me querías…-Jim agachó la mirada un poco. Luego la miró con cautela-es… ¿es verdad?

Ariel miró a un lado. Al fondo un enorme banco de peces plateados giraban sobre sí mismos en una espiral hipnótica.

-No. No-dijo. Jim notó como todas las fuerzas que había recuperado se caían y se perdían en el fondo-quiero decir… no me gustas… pero si… sí que te quiero… tú… me has ayudado…

Jim se quedó en silencio, digiriendo aquellas palabras con dolor. Joder… ella no lo entendía, y en realidad él tampoco. Pero es que en aquel momento, desprendiendo la fuerza que desprendía, tan hermosa, tan impresionante… la alegría que sentía por el beso… ella lo era todo para él. No quería separarse nunca más.

Ariel había empezado a nadar de nuevo. Le miró de lado mientras sacudía su cola más fuerte para alcanzar un mayor impulso.

-Tenemos que darnos prisa… hay que llegar al palacio enseguida…-dijo. Jim dio unas brazadas tratando de alcanzarla. Irónico que en ella fuese ella la que nunca podía alcanzar su ritmo. Se la veía tan grande, tan empoderada… joder, le encantaba.

-Pero… pero me has besado-jadeó Jim mientras nadaba-me has dado un beso. ¿Por qué lo has hecho?

Ariel se detuvo de nuevo y le miró con una sonrisa triste.

-Jim… ¿no lo entiendes? ¿por qué estás respirando ahora?

El traje lo tenía desactivado. Recordó entonces una de las frases de Silver, un día que le estuvo hablando de las sirenas. "Dicen que el beso de una sirena te permite respirar bajo el agua y te alarga la vida Jimbo… no te lo puedo confirmar, por desgracia, pero oye, a lo mejor algún día".

-El beso…-Jim se llevó las manos a los labios. Así que había sido por eso…

-Tenemos ese poder-explicó Ariel. Iba a ponerse a nadar de nuevo, pero Jim la detuvo.

-Eso no me parece una explicación suficiente. No ha sido solo un "beso de la vida"-dijo.

-¡Para!-Ariel se zafó de él, enfadada. Luego se calmó un poco, mirándole con disgusto-Jim… ¿por qué no podemos llevarnos bien... simplemente?

Jim nadó hasta ella y la miró fijamente.

-Porque me gustas-dijo con seriedad. Ariel se encogió un poco, y por un momento volvió a ser aquella chica asustadiza y frágil que Jim había conocido-me gustas mucho… no quiero llevarme bien contigo… quiero que me quieras.

Ariel negó con la cabeza, e iba a decir algo más, pero sus ojos se abrieron como platos, y también su boca.

-¡JIM!-exclamó horrorizada señalando detrás suyo.

-¿Qué pas…?-Jim se giró de mala gana, pero al momento dio también un bote, y por poco se mea encima del maldito susto.

Enfrente suyo estaba el tiburón más grande que había visto en su vida. Solo su boca ya era más grande que todo el cuerpo del chico. Y su boca exhibía una terrible sonrisa con tres filas de afilados y desiguales dientes, en los que el chico pudo hasta verse reflejado.

-Hola-saludó el tiburón, con una voz grave y aterradora. Jim ni siquiera podía moverse-soy Bruce.


Ariel agarraba a Jim por los hombros, mientras él seguía temblando como una hoja de papel, con los ojos clavados en el tiburón. No tenía ni una puta arma. Pero si pulsaba la ruedecilla de su muñeca, podría desaparecerse y evitar que lo mordiera…

-¿Cómo te llamas?-preguntó el tiburón. Su voz era tan fuerte que hizo a Jim retroceder un poco. Pero seguía incapaz de decir nada. Era un monstruo realmente intimidante-oh, espera… ¿TE HA COMIDO LA LENGUA LA BARRACUDA? ¡JAJAJAJA, JAJAJAJAJAJAJAJA, JA JA JA!

Bruce comenzó a carcajearse, y se retorció en el agua, risueño. Jim parpadeó, sorprendido, y luego se giró a Ariel, que seguía mirando a Bruce, ahora extrañada.

-Ayyyy… perdóname, soy un bromista…-rió Bruce pasándose una de sus aletas pectorales por el ojo y frotándoselo-¡Ey, Ariel, hola! ¿Dónde has estado?

Ariel, perpleja, ladeó un poco la cabeza. Luego pareció asimilarlo.

-Br… Bruce-dijo, avanzando hacia él-yo… te… has cambiado mucho… vaya susto…

-Oh, si no he crecido nada-rió el tiburón de nuevo. Cada risotada suya era verdaderamente terrible, aunque parecían ser sinceras-¿a dónde vas tú con este humano? Creía que estaban prohibidos en nuestro reino… ¡CÓMO NOSOTROS! ¡JA, JA, JA, JAAAAAAAA!

Ariel miró a Jim con cara de tensión y luego a Bruce de nuevo, intentando sonreír.

-Ya sabes como es mi padre Bruce… pero tú eres un tiburón bueno-dijo. Bruce asintió, algo más calmado.

-Sí, sí, es cierto-reconoció-soy un buen escualo.

-Este humano es amigo mío-aclaró Ariel-nos dirigimos hacia Atlántica…

-¿Hacía Atlántica? ¡OH, VAYA! ¿QUIÉN PUDIERA? ¡AJAJAJAJAJAJAJA!-Bruce se echó boca arriba riendo y estuvo a punto de aplastar a Jim, que miró a Ariel asustado.

-Está como una puta cabra…-susurró al oído de la pelirroja, que soltó una leve risita.

-Sí… y aún nos queda mucho camino-le dijo Ariel a Bruce, intentando hacerle entender que se iban, pero con mucha suavidad.

-Oh sí… ya lo creo, sí…-Bruce recuperó la compostura. Jim lo observó perplejo. Nunca pensó que aquella noche terminaría con un tiburón blanco descojonándose delante suyo-claro sí, Atlántica…-el tiburón se giró, abatido-no necesitaréis a un secafiestas como yo que os entretenga, claro…

-No Bruce… no es eso…-Ariel extendió la mano, intentando buscar las palabras.

-Espera-a Jim se le acababa de iluminar su bombilla, y la bombilla de Jim era bastante peligrosa-¡tú podrías llevarnos! ¡Nadas más rápido que nosotros, ¿no?!

Bruce pegó un tremendo impulso y nadó trazando un círculo perfecto alrededor de Ariel y Jim, a una tremenda velocidad. Cuando terminó, había levantado una enorme polvareda, y se inclinó ante ellos, servicial.

-Muy pocos tienen la suerte de poder decir que han montado… en tiburón-dijo Bruce exhibiendo de nuevo aquella sonrisa tan poco favorecedora-si ustedes se dignan…

Jim miró a Ariel, sonriendo. Ella no parecía tan convencida.

-¿Qué opinas?-preguntó Jim, haciéndole un gesto. Ariel asintió lentamente.

-De acuerdo…-accedió con voz suave-muy bien.

Bruce se inclinó a un lado, y Jim montó en él. Extendió una solícita mano hacia Ariel, pero ella le sonrió desafiante, y se puso delante suyo.

-Esta vez lo llevo yo… si no te importa-dijo, con voz dulce.

-Mmmm… como quieras-Jim se agarró a ella poniéndole las manos muy cerca de los pechos, y apretándose frente a ella. Aquella misión había dado un giro radical. Sin embargo, de repente, se dio cuenta de algo-eh… un momento, escucha… ¿por qué vamos a Atlántica? Úrsula…

-Está allí Jim-dijo Ariel agarrado a la aleta dorsal de Bruce, que era tan grande como ella-Úrsula pretende atacar la ciudad porque… porque sabe que estoy aquí…

-¿Qué…?-Jim se quedó un segundo en blanco. Luego lo entendió-tú ya la conocías, claro… ella… ¿ella hizo que tú…?

-No…-Ariel no le miraba, y Jim se preguntó qué era lo que le estaba ocultando-yo… eso fue distinto… pero ella me quiere… me necesita… así que me estará esperando…

-Úrsula es muy mala, es un mal bicho-comentó Bruce mientras agitaba de un lado a otro su aleta caudal, distraído. Nadaba mucho más rápido de lo que habrían podido ellos-ella quería que me uniera a su ejército de tiburones, como hicieron Ancla y Chum… pero yo soy un tiburón vegetariano ¿sabes? Creo en la regeneración de mi especie…

Jim miró a Bruce asombrado, mientras Ariel ponía los ojos en blanco.

-Bruce ¿podrías ir hacia el este? Antes de volver a Atlántica… creo que debería hacer otra parada…-dijo la pelirroja con seriedad. Jim la miraba atónito. Nunca la había visto coger el mando así. El vínculo entre ella y Úrsula debía de ser especial. Estaba claro que ahí había pasado algo. Quería enterarse. Pero también quería terminar la misión de una vez. Y sobre todo, quería estar con ella.

Mientras Bruce giraba hacia el este y nadaba con rapidez, Jim se agarró a Ariel y cerrando los ojos esperó que todo saliera bien. Estaban juntos, de nuevo. Y ella le hablaba. Le quería. Pese a todo, le había perdonado.

Saldría bien.


-¡Papá! ¡Papá!-Andrina entró en la sala del trono ignorando los avisos de los soldados, seguida de Aquata, Adela, Alana y Arista-¡Papá….!

El rey Tritón acababa de salir de su gruta secreta, y la había cerrado a tiempo para que no la descubrieran. Furioso, comprobó que Sebastián se había ido del lugar donde lo había dejado. "Le dije que no se moviera de ahí…"-gruñó el rey para sí. ¿Es que nadie pensaba obedecer sus órdenes?

-¡Papá!-saltó Arista, la más joven de ellas, sin poder contenerse-¡Papá, Ariel ha vuelto! ¡Nos lo acaba de decir Vyla!

-¡Maldita sea, os he dicho que n…!-Marina, la institutriz de las niñas, se quedó paralizada al ver a Tritón allí, y pálida, se deshizo en excusas-estoo… eh, je, je… majestad… yo intenté detenerlas, pero…

-Me parece que voy a despedir a Vyla, y a algunas más…-gruñó el rey Tritón, y Marina se echó a temblar.

-Chicas… venid ahora mismo-dijo, temblorosa.

-Cállate-la espetó Aquata impetuosa-¡Papá! ¿Ariel está aquí?

-Tiene mucha cara de aparecer ahora…-siseó Andrina.

-¿De qué vas?-saltó Adella, indignada-¡Eres una puta!

-¿Puta? ¡PAPÁ!-chilló Andrina.

-Debería daros vergüenza comportaros así cuando vuestra hermana ha vuelto, sois unas desgraciadas-dijo Arista, deslenguada. Andrina le dio un empujón y Adella le dio un tortazo a Andrina.

-¿Qué hacéis? ¡Parad, vamos!-chilló Marina interviniendo.

-¡Estoy harta de ti, te odio!-le gritó Andrina a Adella.

-¡Pues lárgate, como Ariel!-gritó Adella-¡Y como Attina!

Tritón, que había estado mirando por una cristalera al patio interior donde tenía unos tiburones-ballena nadando, se volvió con sorpresa.

-¿Attina?-dijo, extrañado-¿dónde está?

No era ningún secreto que la hija mayor del rey del mar era también su preferida. Trabajadora, responsable, seria y obediente, Attina era un modelo a seguir que desgraciadamente sus seis hermanas habían ignorado, no solo eso, si no que hasta un punto la habían aborrecido. Tritón en cambio siempre la había tenido en mayor estima en los demás. El rey creía que verdaderamente su primogénita era la única de sus hijas que la quería en su destrozada familia. Al menos, así había sido, hasta hacía poco.

Attina no podía haberse ido…

-Se ha ido, porque no aguantaba más-dijo Arista echando su rubia cabellera a un lado, mientras miraba a las demás con desprecio-es insoportable aguantar a estas pécoras. Porque claro, ya no tienen a Ariel para joderla…

-¿Pero tú quién te crees que eres para criticarnos? ¡Encima sobre Ariel!-se indignó Andrina-¡la que peor trataba a Ariel eras tú, bonita!

-¿Me repites eso?-preguntó Arista, desafiante.

-Eres una puta-le dijo Andrina, y Arista le dio un tortazo.

¡ZAS! Hubo otro tortazo, y esta vez todas enmudecieron. Las seis mujeres se agruparon mientras Marina se echaba a otro lado, precavida. Arista y Andrina, ambas golpeadas por la mano de su padre, se frotaron sus coloradas mejillas. Todas miraron a su padre, intimidadas. Cuando él se enfadaba, solía gritar. Pero cuando no gritaba y en cambio pegaba… vaya… cuando pasaba eso sabían que había problemas de verdad. La mano de su padre era muy severa. Y el dolor no era solo físico. Aunque al físico nunca podías acostumbrarte.

-¿Dónde está Attina?-preguntó Tritón mirando a Marina, que ya se temía que la cosa terminaría en ella. Como siempre, tenía que escurrir el bulto y echarle la culpa a las niñas, claro-¿DÓNDE ESTÁ MI HIJA?

-Majestad, no lo sé. Me dijo que se iba al centro ayer… y no ha regresado…

-¿Y POR QUÉ NO ME HA ADVERTIDO DE ESTO?-rugió Tritón. Marina se encogió, alzando los brazos temerosa. Sabía que a ella Tritón no la pegaría. No, los golpes eran solo reservados para sus hijas.

-He enviado a dos patrullas a buscarla, pensaba decírselo cuando me dijeron que estaba reunido con unos… humanos… luego todo se ha precipitado-se excusó. Tritón la fulminó con la mirada.

-¿Se habrá ido con un chico?-preguntó Arista, traviesa.

-Con un ocelote, quizás…-siseó Andrina.

-Me parece que hay dos que nunca consiguen nada-se burló Adela.

Las otras dos iban a contestarla cuando Marina se metió en medio, apartándolas para evitar más líos.

-Sugiero que nos retiremos, majestad-dijo con el máximo y más pelota de los respetos.

-Sí, eso estará bien-dijo Tritón autoritario. Miró a sus hijas con una rabia abrasadora-volved a vuestros cuartos ahora mismo. Y que ni se os ocurra salir ¿entendido?

-Sí… padre-dijeron todas agachando la cabeza. Arista y Andrina le miraron con resentimiento. Había vuelto a pegarlas. Ambas se habían jurado que no le darían más motivos para hacerlo, y pese a todo habían fallado. Las cinco sirenas salieron de la sala cabizbajas, acompañadas de Marina.

-Se lo advertí-dijo uno de los guardias.

-Que te den-le espetó Arista.

-Pero entonces… ¿Ariel ha vuelto o no?-preguntó Alana, que hasta entonces ni se había atrevido a hablar.

-No lo sé…-susurró Adella, preocupada-ojalá sí… ojalá sí…

Marina las miró furibunda. Todas le devolvieron la mirada con aburrimiento. Ya se esperaban que intentaría vengarse. Marina intentaba ir siempre de amiga de ellas, pero era una mala persona y una puñetera, y entre tantas hembras no podían si no estallar un sinfín de problemas.

-Vais a estar encerradas toda la semana-dijo Marina, jadeando-casi me la gano por vuestra culpa.

-Que te crees tú eso-respondió Andrina, altanera.

-Eres una cobarde-la espetó Arista.

-¡CALLAOS!-chilló Marina furiosa-¡A VUESTROS CUARTOS AHORA MISMO! ¡O SE LO DIRÉ A ÉL!

Las cinco hermanas se miraron entre ellas, y luego se fueron, murmurando en voz baja.

-¿Y Attina? ¿de qué va?-preguntó Andrina enfadada mientras torcían por uno de los largos pasillos del fastuoso palacio de Atlántica y sobrevolaban una alfombra hecha con estrellas de mar.

-Pues no lo sé… se las estará dando de importante-supuso Aquata-creo que quiere que padre la haga caso…

-Sois unas imbéciles-dijo Arista, y apretando el paso se alejó de ellas.

-Y tú una creída-respondió Aquata, mientras sus otras tres hermanas se miraban entre ellas, sorprendidas.

Sí, todas odiaban vivir allí casi tanto como Ariel. Casi tanto…

En la sala del trono Tritón permanecía sentado en su trono, absorto en sus pensamientos. ¿Dónde estaba Attina? ¿Dónde estaba Ariel? Lo había vuelto a hacer, había vuelto a pegarlas, había vuelto a gritar, aunque se había jurado no volver a hacerlo. Pero es que simplemente no podía. La rabia fluía dentro de él como un volcán en erupción. Tenía que hacerlas entender. Tenía que educarlas. Y ese era el único modo que conocía. Sus padres le pegaban, y nunca se había quejado.

Pero al ver su mano dando sobre las finas caritas de sus hijos, notó como la vergüenza y el oprobio caían sobre él, y se llevó las manos a la cabeza, avergonzado. ¿Cómo había podido hacer algo así? Ariel lloraba, y él, sin compasión, había levantado su mano. Había sido un golpe fortísimo… ella siempre le odiaría por eso… ella le odiaba… como le odiaba todo el mundo.

-Bueno, supongo que ahora tendré su atención un momento-la voz sobresaltó a Tritón, que se incorporó de inmediato. Si intentaban hacerle algo…

Era el anciano, el mago. ¿Qué se proponía? Tritón arrugó la frente en un claro gesto de repulsión mientras Merlín nadaba hacia él con suficiencia. La energía que le permitía respirar bajo el agua de su traje se había acabado hacía rato, pero él podía respirar perfectamente gracias a la magia, todo el tiempo que quisiera. Gracias a la magia podía hacer prácticamente todo lo que quisiera, cuando quisiera.

Así que tenía todo el tiempo del mundo para estar allí. A fin de cuentas Úrsula vendría a él, o eso creía. Sujetando el radar, sonrió calmadamente.

-Creía que ibas a salvar a tus amigos… espero que vengas a decirme que has matado a Úrsula-dijo Tritón en tono agresivo.

-No son mis amigos, idiota, y sabes de sobra que se han escapado-rió Merlín. La mirada de Tritón se oscureció ante el insulto. ¿Pretendía ofenderlo…? No iba a ser tan fácil.

-Entonces tú correrás la suerte que era para ellos-le amenazó. Merlín soltó una forzada carcajada, exagerada, casi histérica.

-¡Venga ya, "majestad"! ¡Pero cuántos años tienes! ¿Vas a tirarme al "anillo de fuego"? ¿por qué no me metes en el ojete de hielo, ya puestos? ¡Vuestras medidas son lamentables!

Tritón le observó reír intentando entrever si era muy inteligente, o por el contrario estaba muy loco. Empezaba a resultarle muy incómodo estar allí con él.

-Yo también tengo poderes, mago. Y no creo que quieras medirte conmigo-le advirtió Tritón. Merlín notó como de repente, el agua de aquella estancia estaba mucho más caldeada.

-Venga ya, por favor, no me hagas reír, porque tus poderes no son nada comparados con los míos-dijo sonriendo burlón-aunque con el tridente, quizás sí tendrías una posibilidad.

Tritón asintió. Parecía muy cansado. No podía dejar de pensar en sus hijas. Siete niñas. Y ninguna le había salido bien. Ni una sola.

-Supongo que esperas que me sorprenda porque sabes lo del tridente, tal vez que quiera negártelo, o por el contrario que me enfade y lo use contra ti. Ninguna de esas cosas va a pasar-le avisó, volviendo a sentarse en su trono-no, mago humano. Esto no funciona así. En tu mundo las cosas van mucho más rápido… aquí nos paramos a pensar.

-Sí, quizás pensáis demasiado-Merlín miró a los chorros de burbujas que ascendían a los lados del trono de Tritón, climatizando la sala-y eso tampoco es bueno. Vuestro reino va más despacio, es cierto, y eso hace que el dolor también dure más tiempo. El dolor de un padre… el dolor de sus hijas… el dolor de una familia.

-¿Pero qué sabes tú de mi familia?-rebatió Tritón con cansancio-¿pretendes cabrearme, hacerme gritar? Venga ya, maldita sea. No voy a estar aguantando que me faltes al respeto. No tengo por qué permitirlo.

-Mmmm… ajá-Merlín se rascó la barba, distraído-sí, acepta mis disculpas. Es que en realidad, no he recibido una gran educación. Pero sí que quisiera hablar de ciertas cosas… tu reino me produce mucha curiosidad. Para empezar, que un asunto surgido de modo instantáneo (la aparición de unos humanos en las fronteras de vuestra ciudad) sea tratado de un modo tan rápido y tranquilo, sin alarmas, sin problemas, y siendo llevados al rey directamente, prácticamente sin intermediarios. En mi mundo, esas cosas no suceden así.

-En tu mundo hay espejismos y engaños, porque a los hombres les gusta complicarse las cosas. Para ellos es como un juego. Además, en tu mundo los gobernantes deben ser incompetentes, incapaces de lidiar con prácticamente ningún problema. Es parte del sistema.

Merlín asintió lentamente meditando las palabras del rey.

-Pero eso es una afirmación muy dura, creo yo ¿no estás siendo demasiado arrogante al creer conocer bien mi mundo? Es un lugar difícil de reinar, más que este pacífico reino.

-¿Y cómo crees que ha llegado a ser pacífico, si puede saberse? ¡Mediante normas, si no te importa! ¡Leyes del mar, leyes básicas y universales, que nosotros comprendemos y aceptamos! ¡En mi reino conviven depredadores y presas en perfecta armonía, porque siguen y entienden un equilibrio, y saben que hay unas leyes que no deben ser incumplidas! ¡Pero no las incumplen porque entienden lo que estas leyes significan!

¿No lo entiendes, mago? ¡Ahí está el error miserable de los hombres! ¡Eh aquí tu fracaso, y nuestro éxito como reino! "No toques, no mires, no hagas… no sientas, no desees… no sufras". Leyes que prohíben, que exigen, que obligan, y son tantas y tantas que los hombres terminan por restarles valor y las subestiman. Al final los hombres se saltan las leyes, pierden valor para ellos, porque realmente no las entienden. Porque el hombre se ve por encima del bien y del mal, porque el hombre no entiende lo que es la vida. Ni lo que es la naturaleza. Ni lo que es el planeta. Cuando vosotros llegasteis a este planeta nuestro reino milenario llevaba mucho tiempo viviendo en paz… y vosotros en apenas dos siglos habéis conseguido corromperlo y ponerlo en peligro. Nos habéis desequilibrado.

-Eso no es cierto-replicó Merlín. Tritón bufó, pero no dijo nada más. El mago parecía saber más de lo que decía, pese a todo. Puede que lo supiera. Tritón empezó a preguntarse quién era ese anciano. Le era muy familiar…-pero de todas formas, creo que tienes razón respecto a la formación de nuestros gobernantes…

-Yo he sido profesor, he sido guerrero, he sido filósofo, escritor y legislador antes de ser rey-dijo Tritón con voz severa-mi preparación para acceder al trono de Atlántica fue durísima, superior a la de ningún otro habitante de este reino, y por supuesto de posibles usurpadores. Comprendo el equilibrio de este reino mejor que nadie… y como ya has visto, mi única y gran dedicación es lidiar con todos los problemas de este reino, que me son notificados de inmediato, como vuestra aparición. Vuestros gobernantes… bueno, ellos no puede decirse que se dediquen tan solo al bien de su pueblo. Más bien todo lo contrario. Pero es que la codicia es el rasgo más básico de los seres humanos.

Merlín asintió con cortesía.

-To tímima tis paravíasis tis politikís kyvernátai apó tous cheiróterous anthrópous-citó el mago, orgulloso-es griego… significa…

-Ya sé lo que significa-le cortó Tritón, molesto-acabemos de una vez. ¿Qué es lo que quieres? Dilo abiertamente, porque no entiendo nada de esto.

-Yo tampoco entiendo algunas cosas, ya que lo mencionas-dijo Merlín apuntándole con el dedo índice-tus argumentos, para empezar. Me hablas de una armonía y una ley. Pero tu reino está en guerra. Me he enterado mientras estaba fuera de que ha habido una guerra terrible, y ha costado numerosas vidas…

-Esa guerra es contra los enemigos de nuestra sociedad. Aquellos que no saben vivir en ella fueron expulsados, en esperanza de que lo aprendan, y puedan regresar. Como ocurre con los humanos-dijo Tritón entre dientes-pero una fuerza más oscura que la muerte captó esas mentes débiles y consiguió unirlas. Porque el mal existe, y eso no hay ninguna norma ni ideología que pueda suprimirlo.

-Úrsula…-susurró Merlín-así que ella creó un ejército… con todos los exiliados… los marginados por tu sociedad… no sé, no parece un mal punto de vista, si te soy sincero…

-Te aseguro que lo es-dijo Tritón-tú no la conoces. Es el mal, encarnado.

-Ya. Ya, de acuerdo-Merlín miró al radar. Vaya, ya se acercaba el momento. Bueno, le daba tiempo a una última duda en aquel filosófico debate-también me has hablado de tu preparación como gobernante para ostentar el poder. De tu dignidad real como mejor candidato al trono de este reino. Pero sin embargo, yo no diría que lo seas. Por mucho conocimiento que poseas, y trayectoria digamos "profesional". Tus subordinados temen tu cólera, y te ocultan cosas para que no te enfades con ellos. Y has destruido a tu familia, a tus siete hijas, dos de las cuales ya has perdido, quizás para siempre. No creo que seas un buen rey. Si es verdad que este reino tiene una tradición milenaria me alegro, porque de otro modo creo que tú ya te lo habrías cargado.

Tritón no mudó su expresión. Le aparecieron más arrugas alrededor de los labios, mientras mantenía los puños apretados. Hubo unos minutos de largo silencio. Muy largo. Los dos se miraron lentamente. "Sé que es Gantz-pensó el rey Tritón-corre usted un grave peligro, mago. Lo corremos todos…"

-No me ha dicho nada que no me hayan dicho ya…-dijo finalmente el rey con voz ronca-sin embargo yo…

-Yo seguro que sí puedo decirte cosas que no te han dicho antes Tritón-dijo una ronca voz encima de ellos. Tritón alzó la cabeza, sorprendido, mientras Merlín se encogía de hombros. Él ya la estaba esperando.

Úrsula entró por el agujero del techo, mientras los guardias que custodiaban las entradas eran asesinados por su pequeño grupo de sicarios, y rodeaban la sala con sus armas. La enorme y gorda bruja se posó en el suelo de la estancia y miró a Tritón con una amarga sonrisa en sus labios.

-¿Tú qué opinas?-le susurró-menuda sorpresa…

-Desde luego-habló Merlín en lugar del rey, que estaba sin palabras-pero si me lo permites, me parece que va a haber más…

Mientras el anciano mago y el rey permanecían rodeados en palacio, Bruce llevaba a Ariel y Jim en su lomo hasta una cadena montañosa submarina. Entre sus grutas había una siniestra boca parecida al esqueleto de un monstruo. Ariel le indicó al tiburón que entrase por ella. Había algo allí que tenía que recuperar…

En cuanto a Hércules, Aladdín, Helga, Lilo, Kuzco, Lady Tremaine, Timón y Pumbaa iban en los dos caparazones, también en dirección a Atlántica, con una firme decisión. Les quedaban dos disparos, además de las armas que seguirían en el palacio, protegidas aún por el escudo de Merlín. Pero sería suficiente. Debía serlo.

-Ojalá no te necesite más…-dijo Hércules mirando a la rara caracola con un agujero que le había dado Gantz. La hermana de Úrsula había sido solo un cebo…

Quedaban ya menos de dos horas para que expirase el plazo.

¿Lo conseguirían?


Quedan en este capítulo un par de cabos sueltos que pueden complicarles mucho las cosas a nuestros protagonistas en la misión en un futuro. ¿Os atrevéis a hacer apuesta de lo que pasará?

Me ha gustado especialmente el momento de Jim y Silver en la memoria del chico, el beso de él y Ariel debajo del agua y el cangrejo Sebastián, que es uno de mis personajes preferidos de Disney, me parece divertidísimo y tiene las mejores canciones de su película. También me ha gustado escribir la aparición de Úrsula, que es incluso más mala de lo que había pensado en un principio. No creo que vaya a ser fácil que acaben con ella.

Si habéis llegado hasta aquí como siempre os agradezco más de lo que creéis vuestra lectura y os envío mucho ánimo de parte de un pirado escritor. ¡Un abrazo muy fuerte y pronto nos leemos!