Ciel sentía que el mundo que había construido en esos meses se le venía encima de un solo golpe, aunque sonara un poco lamentable admitía en lo profundo de su ser que Sebastian se había convertido en su todo ya que su corazón que se suponía estaba muerto adquirió calidez y vida al estar a su lado, al reconocer que lo amaba sinceramente. Ahora todo esto le era arrebatado abruptamente, sintiendo la impotencia de no poder ayudarlo porque en el infierno su existencia era sin relevancia, un simple "nadie" que ni siquiera podía ser llamado demonio en si.
Tratando de calmarse ordenaba sus pensamientos y sentimientos mientras secaba sus lágrimas que eran clara evidencia de la angustia que le embargaba ¿Qué ganaba alterándose? ¿Llorar ayudaría a Sebastian de alguna manera? Este no era el Ciel que su demonio amaba, la fortaleza de la que siempre se jactaba y su amado admiraba. Además ponía en riesgo a su bebé si seguía llorando con tal fuerza, no quería perderlo también. Noah todavía no asimilaba toda esta repentina situación así que no encontraba las palabras para explicarle los sucesos que le esperaban, no sin alterarlo cuando este solo se estaba calmando.
—¿Qué puedo hacer para ayudarle? Haré lo que sea necesario. —Murmuraba Ciel tocándose el vientre, aunque sabía que no podía hacer algo, tener la intencion le daba un poco de calma.
—Nosotros no podemos hacer nada por ahora. Aunque...
Era la respuesta de Mathew quedándose pensativo por unos segundos, los dos jóvenes demonios le miraban expectantes a que terminara de hablar.
—¿Qué? ¿Hay algo que podamos hacer? No quiero que mi padre sea castigado.
—Lo sé Noah... Además tu padre muerto lo provocó, esto se veía venir...
—¿Qué hizo para que Sebastian se enojará así? El no es tan impulsivo, aún entre nosotros dos él es más calmado... —Susurraba Ciel con nostalgia lo último, pensando en su convivencia juntos— ¿Qué sucedió?
Ambos demonios se quedaron callados, ¿Cómo decirle que él era el motivo por el que Sebastian se enojó a tal punto de matar? Si quizás fue un impulso idiota al dejar que lo provocarán de tal modo aunque era algo que enloquecería a cualquiera.
—¿No piensan decirme? ¿Por qué se quedan callados?
Noah le tomaba la mano apretándola a la suya nuevamente, Ciel no acertaba que pensar pero intuía que no era algo bueno lo que diría, Sebastian no era de los que se dejaba llevar por su enojo a menos que lo provocaran a un extremo para cometer esta estupidez.
—Ciel... Creo que por ahora no es conveniente que lo sepas... Si te alteras más el bebé podría...
—No asumas lo que haré o no... —El joven demonio de mirada azulina que parecía destellar sutil en tono carmesi le hablaba con firmeza— Siento que la incertidumbre va a matarme de todas formas, así que no importa lo que sea sólo dímelo. No lloraré, ni me alteraré... Aunque parezca débil no lo soy... No me subestimen solo porque no soy un demonio como ustedes.
Noah y Mathew se miraron entre si, debían admitir que este chico remedo de demonio tenía algo especial, porque a pesar de estar afligido mostraba cierta fortaleza, quizás su orgullo no le permitía doblegarse al sufrimiento, era ese lado soberbio suyo que de su humanidad le quedaba. No tuvieron más opción que contarle la verdad.
—¿Estás seguro de hacer esto?
Era la pregunta que Noah largos minutos después le hacia a Ciel, cuando lo veía en la cama con el ceño fruncido mirando hacia la ventana.
—Sebastian no vendrá a verme hoy por esa ventana... Pero lo hará de nuevo un día. —Con su voz que parecía quebrarse le respondía mientras no dejaba de ver esa ventana con tristeza— Y para eso tendré que hacer este sacrificio...
—Pero... No sé... Tal vez te estás precipitando en querer hacer algo así.
—No, muy claro lo dijo Mathew mientras más pronto se aclare esto el castigo de Sebastian será menor, así no lo matarán... Lo haré por él...
—Si eso dijo pero aún así no creo que mi padre le guste esta idea alocada.
—El no tiene derecho a opinar, no está aquí... Por su idiotez está pasando todo esto. —Ciel molesto se lo aclaraba aunque el enojo era consigo mismo, sabía que esta situación en realidad era su culpa. Por su debilidad.
Noah se sorprendía por la determinación del que consideraba más que su amigo, un hermano, ahora entendía porque su padre lo amaba tanto, para ser un ser que estaba en el vilo incierto de ser demonio y humano su presencia era encantadora, deleitable. Tal como lo sentenció antes no derramó ni una sola lágrima ni siquiera al escuchar la triste verdad de su embarazo, el niño que con tanta ilusión aguardaba a que naciera no era de quien amaba, no era fruto del amor sino de un cruel acto de cobardía.
Por el momento no quería enfocarse en la repulsión que le provocaba el pensar en ese abuso sexual, el como este niño arrebataba sus ilusiones de formar una familia feliz, reprimía sus ganas de odiarlo pero era parte suya también, sangre de su sangre, pequeño ser que se alimentaba de su energía y su presencia a la que podía sentir como crecía. No quería ser asesino de su propio hijo, no caería tan bajo. Ambos jóvenes dirigieron su mirada hacia la puerta que se abría lentamente, Ciel tomando una bocanada de aire se armaba de valor para lo que haría, no quería mostrar debilidad frente al demonio que lo violó y embarazó.
—Con permiso...
Entraba hablando Mathew con voz serena quizás para no tensar más la situación venidera, detrás de este caminaba Claude que en su forma humana, como le conoció Ciel, se acomodaba los lentes. Noah contenía su enojo al verlo esto hasta para un demonio era una vileza, si un demonio tenía una deuda a pagar con otro debían enfrentarse, no utilizar a alguien más para desquitarse como este lo hizo con su amigo. El ambiente se percibía tenso en esa habitación, Ciel con la cabeza agachada no sabía como empezar la incómoda conversación o más bien el trato que plantearía según lo que Mathew le había contado.
—Bien... Me casaré contigo, es lo que querías ¿No? —Murmuraba Ciel levantando la cabeza.
—No es como si tuvieras más opción. —Claude con sarcasmo le respondía.
—Tienes razón no tengo más opción, aunque bien podría dejar morir a este bebé y así acabar con tu malicioso plan de venganza. No habría excusa para un matrimonio.
Los otros dos demonios escuchaban la extraña conversación, como Ciel les había pedido no debían interferir a menos que fuera necesario.
—¿Qué planeas? —Claude intuía que algo planeaba este joven demonio, tenía esa mirada como cuando era humano, vestigio del alma exquisita que un día lo cautivó.
—Para serte sincero quiero a Sebastian vivo.
—¿Y eso a mi en qué me conviene?
—Te conviene, ¿Para que hacer este plan sino es para ver sufrir a Sebastian?
—No caeré en tu manipulación mi querido joven amo. —Con una burlona sonrisa hacia una reverencia.
Ciel le miraba con odio al ver su patética imitación, nadie más que Sebastian tenía el derecho de llamarlo de esa manera pero en un suspiro se calmaba.
—No es manipulación es un trato... —Le aclaró con una falsa sonrisa— Alguien por ahí me dijo que lo que me hiciste también rompe varios estatutos del infierno. Someter a un demonio joven y embarazarlo no está bien visto... ¿Verdad? Sobre todo en mi condición especial, prácticamente estoy condenado a muerte por tu culpa y es fácil comprobarlo con la evidencia que crece en mi interior.
—Creo que olvidaste esa regla aunque tampoco no es una muy conocida ya que los demonios jovenes en su despertar sexual quieren hacerlo todo el tiempo. —Mathew le hablaba tal como Ciel le había dicho.
Noah con el ceño fruncido miraba mal al padre de su hijo ya que este de reojo también le miraba al aclarar ese punto de la sexualidad en los jóvenes demonios pero no era momento de discusiones entre ellos.
—¿Qué quieres decir? —Claude cuestionaba receloso.
—Yo no diré nada si tu admites que te revolcabas con el padre de Noah por eso Sebastian lo mató, una especie de crimen pasional. Eso sería menos grave que dar los verdaderos motivos, ser un demonio posesivo es entendible por eso solo le darán un castigo menor a la muerte. ¿No?
Claude pensaba en la propuesta de Ciel que inmutable lo miraba, de alguna forma se sentía entre la espada y la pared, no le convenía que se supiera la verdad que tontamente ignoraba, suponía que el demonio que murió lo sabía y no lo dijo solo para utilizarlo a su beneficio en su momento.
—Si acepto lo que te hice tendré un castigo pero no moriré en cambio Sebastian si... Como lo veo no salgo perdiendo del todo.
—No tengo la obligación de casarme contigo si admites tu castigo. —Ciel cerraba los ojos— Así que me estoy ofreciendo a cambio de la vida de Sebastian. ¿No me quieres como esposo? Soy bueno en la cama... Mi alma vibra deliciosamente cuando me lo meten... ¿Verdad? Supongo que lo sabes porque ya lo hiciste.
—Ciel... —Murmuraba Noah al oírlo hablar de esa manera, no entendía del todo el plan de su amigo, seguramente Sebastian preferiría morir que ver a quien ama en brazos de alguien más.
—¿Qué? A los demonios adultos les gusta cuando les hablan así... —Le decía en tono sarcástico viendo la mirada lujuriosa del demonio a quien se ofrecía— Entonces... ¿Aceptas o me dejarás ir como antes?
Una semana después Sebastian en su forma demoníaca se paseaba como alterado golpeándose dentro de una especie de jaula, Noah fuera de esta lo miraba con tristeza.
—Lo siento papá... Lo siento mucho...
Decía cuando era alejado por unas presencias oscuras, cuánto le dolía ver a su padre sufriendo de esa manera pero no podía hacer más que ser un mensajero por ahora.
—Ciel... ¿Cómo pudiste hacer tal estupidez? ¿Casarte con ese idiota? Tu debías casarte conmigo... —Se lamentaba Sebastian transformándose en su forma humana se sentaba sin fuerza alguna en un rincón— En esta forma si puedo llorar...
Diciendo aquello unas lágrimas rodaban por sus mejillas, no era que reprochaba la decisión que hizo su amado porque era un sacrificio de su parte para salvar su vida. No quería menospreciar el sacrificio que hacia pero... ¿Qué vida era esta sin su amado Ciel? Condenado a no poder estar a su lado era peor castigo que estar por un largo tiempo dentro de esa jaula.
Muchas gracias por seguir atentxs a esta historia ? Besos!
