Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
«22»
—¡Dime que no he llegado demasiado tarde!
El estrépito de la puerta al abrirse bastó para desconcertar a Hinata, pero la expresión cariacontecida de la dama hizo callar al sacerdote y causó unos cuantos gritos ahogados. Al principio Hinata creyó que era una de las antiguas amantes de Naruto que acudían para oponerse a la boda, pero entonces reconoció a la mujer excepcionalmente bien parecida con la que se había topado el otro día en el vestíbulo de los Uzumaki.
—No —contestó Kushina desde la cama—. Llegas justo a tiempo, Kaguya... ¿en caso de que seas portadora de buenas noticias?
—Las mejores, querida —dijo Kaguya, suspirando aliviada.
—Duquesa —indicó Naruto, haciendo una reverencia—. Encantado de verla, pero madre no mencionó que usted deseaba asistir a la boda.
—Porque no lo deseo, querido muchacho. En vez de eso me he asegurado de que no se celebre. Puedes agradecérmelo del modo habitual: una docena de rosas, una chuchería y... ¡adoro los bombones!
La mujer parecía absolutamente encantada de haber dicho todo eso y, o era inconsciente de la conmoción que acababa de causar, o bien esta la complacía. ¿Un tanto teatral? A lo mejor la duquesa era una actriz.
Pero el ceño fruncido de Naruto indicó que sus crípticos comentarios le
desagradaban.
—Puede que te haya engañado, Naruto, para que creyeras que aceptaría este matrimonio...
—¿Puede? —la interrumpió su hijo.
Kushina hizo una ligera mueca.
—Agradezco a lady Hinata mi recuperación, pero lo siento: la idea de que mis nietos lleven parte de sangre de los Uchiha en las venas me resulta insoportable. Le rogué a mi más querida amiga que interviniera y ofreciese una alternativa distinta al regente.
Antes de dirigirse a Naruto, Kaguya puso los ojos en blanco y soltó una risita.
—Jorge me debe dinero, así que esta mañana no se atrevió a negarse a recibirme ni a reflexionar cuidadosamente sobre nuestra sugerencia. Además, endulcé la incentiva mencionando que tú y la chiquilla Hyuga se caían bien y que de hecho se casarían, así que él no obtendría nada, ni dinero ni bienes. Pero si te libera de este matrimonio forzado antes de que se produzca entonces tú le donarás tus minas de carbón y firmarás un documento en el que prometes que no librarás más duelos con Sasuke Uchiha.
Accedió en el acto, desde luego. Sabía que lo haría.
¡Hinata estaba demasiado pasmada como para pronunciar palabra, demasiado pasmada para pensar!
Pero no Naruto, y dirigió la mirada a su madre.
—Creí que habías comprendido que ya no tomarías decisiones por mí. ¿Por qué no me informaste de este plan antes de ponerlo en práctica?
—No quería que albergaras falsas esperanzas si no funcionaba, pero funcionó y no puedes negar que estás aliviado por haber acabado con esa despreciable familia.
—Sin embargo...
—Ya basta de insultos —lo interrumpió Mikoto—. Gracias, Kushina, por devolverme a mi sobrina: se merece algo mucho mejor que vosotros.
Presa de la indignación, Mikoto arrastró a Hinata fuera de la habitación. Nadie la detuvo, y tampoco Naruto. Estaba libre; puede que estuviera enfadado con su madre por no consultarlo, pero no obstante debía estar regocijándose. De lo contrario, hubiese impedido que se marchara, le hubiera dicho que no gracias a la duquesa, se hubiera casado con Hinata pese a la intromisión de su madre...
Hinata se encontraba demasiado en shock para decir palabra, o le hubiera dicho algo a él: enhorabuena, adiós, algo... No lo odiaba, y ya se conocían muy bien tras pasar dos semanas juntos, pero las lágrimas estaban a punto de brotar. Una única palabra hubiese sido suficiente para derramarlas y ella no quería abandonar la casa de Naruto llorando.
—Después enviaré el carruaje a por tus cosas. No nos quedaremos aquí ni un instante más —dijo Mikoto mientras bajaban la escalera.
Chõji estaba en el vestíbulo y le sonrió a Hinata.
—Ah, la bella novia, pero ¿por qué se marcha, lady Uzumaki?
Antes de que Hinata pudiera responder, Mikoto exclamó en tono furibundo:
—¡No nos insultes llamándola así! Aún es una Hyuga. —Entonces, endureciendo la voz, Mikoto se dirigió al mayordomo al tiempo que este les abría la puerta—. Dile a la doncella de mi sobrina que empaque todas sus pertenencias y que se prepare para abandonar esta casa antes de una hora. No, mejor en quince minutos: envía unos criados a la habitación para que la ayuden.
Hinata todavía guardaba silencio; debería mencionar la yegua que Naruto había comprado para ella. Kurenai no estaba al corriente de ese regalo, pero se ocuparía de ello en otro momento. Necesitaba llorar, deshacerse de los sentimientos que la embargaban, pero no delante de Mikoto. Su tía no demostraría la menor comprensión y aún soltaba comentarios mordaces sobre Kushina Uzumaki y los Uzumaki en general, pero era verdad que parecía furiosa por lo que acababa de pasar.
Su tía la llevó a otra residencia situada a escasa distancia, y volvió a enviar el carruaje a la casa de los Uzumaki de inmediato antes de entrar en la casa con Hinata y subir la escalera. Supuso que era la residencia londinense de sus padres, pero le resultaba indiferente.
Al pasar junto a una puerta abierta, oyó:
—Eh, ¿qué estás haciendo aquí, muchacha?
Hinata se detuvo y vio que su tío estaba incorporado en la cama y la contemplaba con el ceño fruncido, pero su tía la obligó a seguir avanzando.
—La habitación situada dos puertas más allá es la tuya. Me reuniré contigo dentro de un momento. —Luego entró en la habitación de Fugaku y, en tono alegre, añadió—:¡Resulta que después de todo nuestra Hinata disfrutará de su temporada social!
Hinata se dirigió a la habitación indicada por Mikoto y cerró la puerta detrás de ella.
Las lágrimas brotaron con tanta rapidez que solo pudo dar un par de pasos antes de que se le nublara la vista. No sabía cuánto tiempo permaneció allí de pie, pero las lágrimas no se llevaban su pena.
Cuando notó que unos brazos cariñosos la rodeaban se volvió agradecida y sollozó:
—Él no quiso, Kurenai...
—El que debía enamorarse profundamente era él, no tú, preciosa mía.
Hinata retrocedió, consternada. ¿Consuelo por parte de su tía? Se apresuró a secarse las lágrimas y se apartó.
—Estaré perfectamente, solo que no imaginé que hoy no me casaría y encima escuchar tanta jactancia... fueron demasiadas sorpresas.
—No es necesario que me expliques nada. Creíste que él sería tu marido y entonces te permitiste amarlo. Anoche tus celos sugirieron que lo amabas, pero yo esperaba que ambos pudieran superarlo y ser dichosos.
—No comprendo. ¿Quieres que yo sea dichosa?
—Por supuesto que sí —dijo Mikoto en tono suave.
Hinata no la creyó y se enfadó consigo misma por desear que pudiera creerle.
—No finjas que me quieres a estas alturas, tía. ¡No te atrevas!
—Te advertí que ella se sentía abandonada y no querida —dijo Kurenai en tono furioso cuando entró en la habitación.
Los criados siguieron a Kurenai cargando con los baúles de Hinata, y la doncella les indicó dónde depositarlos. La interrupción impacientó a Mikoto. Hinata se volvió, procurando pensar en cualquier cosa que no fuera lo que acababa de suceder ese día.
Pero Kurenai no había acabado con la reprimenda.
—Pasó demasiados años sin amor, Mikoto. Las ocasiones en las que le prestabas atención mientras crecía, cuando Sasuke y Fugaku estaban ausentes, fueron demasiado escasas y a intervalos demasiado largos. No recuerda cuánto afecto le brindaste cuando era un bebé. ¡No recuerda nada de todo eso!, Perdió a sus padres por el amor de Dios, tú eras la única que podía darle ese amor de madre que le fue arrebatado a escasas horas de nacida.
Nunca había oído a Kurenai hablándole a su tía de ese modo, como si ambas hubieran sido amigas o confidentes durante años. Kurenai parecía tan enfadada como indicaban sus palabras mientras empujaba al último criado fuera de la habitación y cerraba la puerta.
Pero las críticas de una criada enfurecieron a Mikoto.
—¡Vete! —exclamó, indicando la puerta.
En vez de eso Kurenai se cruzó de brazos y bloqueó la puerta.
—No pienso irme. Esta vez me aseguraré de que se lo dicen. —Después, en un tono más suave, añadió—: Nuestra niña ya es una adulta, Mikoto, ya no necesita protección.
—Y luego, con voz aún más severa, añadió—: Y yo me libero de mi promesa, así que se lo dices tú o se lo diré yo.
—Este es el momento menos indicado, Kurenai —dijo Mikoto, exasperada—. Le han roto el corazón.
—Se lo han roto durante casi quince...
—¡Basta! —gritó Hinata—. ¡Diganme de qué va esta discusión o no lo hagan, pero dejen de comportarse como si yo no estuviera escuchando cada palabra!
Las dos mujeres mayores se limitaron a lanzarse miradas coléricas durante un minuto más, antes de que Mikoto le rodeara los hombros con un brazo y condujera a Hinata hasta un sofá. Ella no había notado la presencia del sofá, ni de los demás muebles, pero se sentó junto a su tía y aguardó, casi sosteniendo el aliento. Una vez más, tuvo que luchar contra las lágrimas, unas más amargas, más conocidas...
Mikoto le cogió la mano y se volvió hacia ella.
—Te quiero, siempre te he querido. Creí sinceramente que lo sabías, que lo percibías...
—Yo...
—No vuelvas a rebatirlo, por favor, hasta que haya acabado. Cuando llegaste Sasuke tenía celos de ti, demasiados celos. No sé por qué no se le pasaron cuando creció, le presté tanta atención como a ti, pero él no quería que te prestara ninguna. Ignoraba lo que él estaba haciendo, introduciéndose en tu habitación a hurtadillas por la noche.
Cuando Kurenai descubrió tus moratones me lo dijo. Intenté que te enviaran a otra parte pero tu tío no me lo permitió, así que tuve que distanciarme de ti solo para protegerte. Y ese niño siempre estaba merodeando por ahí, observando y escuchando, casi como si tratara de descubrirme en una mentira. Odiaba esa situación. No puedes imaginar cuánto me dolió tener que simular que no me importabas a pesar de lo mucho que te quería, eres lo único que me quedo de mi hermana, aunque seas mi sobrina siempre te considere mi hija, sé que no lo parece pero…
—Podrías habérmelo explicado.
—¿Cuándo? ¿Mientras aún eras una niña? Eras demasiado impulsiva y de carácter demasiado efusivo. Temía que si me abrazabas o me besabas cuando Sasuke estaba allí, él se volvería aún más malvado o provocaría un accidente grave. No podía correr ese riesgo, pero estaba contigo cuando ni él ni Fugaku estaban presentes. Lo recuerdas, ¿verdad?
—Era demasiado tarde. Lo único que recuerdo es el rechazo.
—¿Sigue siendo demasiado tarde? —preguntó Mikoto con los ojos llenos de lágrimas.
A Hinata le pareció increíble que ese día acabara consolando a su tía, pero lo único que siempre había necesitado oír eran esas sencillas palabras; resultaba asombroso con cuánta rapidez lograban aliviar todo el viejo dolor.
Muchas más cosas fueron dichas, pero ya no tenían importancia una vez que Hinata logró comprender todos los actos y las conductas pasadas de su tía. Que Mikoto impidiera que cenara con la familia solo fue para protegerla de la dureza de Fugaku.
Quien se llevó la peor parte de dicha dureza fue Sasuke. Durante las peleas tan agrias entre Mikoto y Fugaku, él incluso la golpeó algunas veces, pero cuando abofeteó a Hinata la única vez que ella se puso furiosa con su tío, Mikoto supo que debía convencerlo de que estaba de su parte en todo e idear maneras de evitar el contacto entre Hinata y su tío. Todos los días Kurenai le informaba de todo lo que Hinata hacía o aprendía y ambas se convirtieron en buenas amigas.
—Esperaba esta temporada social tuya con tanta impaciencia, y confiaba en alejarte de Fugaku para siempre, antes de que él se diera cuenta de lo preciosa que eres y empezara a urdir planes para un matrimonio que te hubiera agradado aún menos.
Cuando, en cambio, recibimos el edicto del regente confié en que serías feliz con lord Uzumaki. Estaba convencida de que caería de rodillas y le agradecería a Prinny por haberte entregado a él. Incluso reí, imaginando la escena, pero resulta que en vez de eso es un necio que prefiere la venganza antes que su propia felicidad. Así sea.
Encontraremos a alguien maravilloso para ti para que no malgastes ni un solo pensamiento más en él.
«Ojalá fuera posible. Tal vez el siglo que viene. Pero puedo intentarlo.»
—Pues ahora ella nos abandona —dijo Mikoto, poniéndose de pie y notando que Kurenai había salido silenciosamente de la habitación—. Ven. Te ayudaré a desempacar. Espero que te guste la habitación: la hice redecorar para que la ocuparas durante la temporada social.
Mikoto comenzó a abrir los baúles y llevar montones de prendas de vestir hasta una bonita cómoda tallada. Hinata se preguntó si su tía alguna vez en la vida había desempacado un baúl, pero se puso de pie para ayudarla pese a que lo hizo sin prestar atención. Ese día habían ocurrido demasiadas cosas: descubrir los motivos secretos de su tía, descubrir cuánto la odiaba Kushina Uzumaki, descubrir cuán aliviado estaba Naruto por haberse deshecho de ella, incluso si ello le costaba unas minas de carbón.
A lo mejor le había agradecido a Kushina en cuanto Hinata abandonó la habitación por hacer lo que a él no se le había ocurrido: sobornar al regente para que se marchara.
¿Por qué no se le había ocurrido a él mismo? ¿O es que se le ocurrió?
—¿Qué haces con este viejo trasto? —preguntó Mikoto cuando abrió un abanico agitando la muñeca; sonrió al ver que un papel caía al suelo—. ¿Ocultando cartas de amor?
—No, eso ni siquiera es mío —contestó Hinata en tono sorprendido—. Pertenecía a Ino Uzumaki. Debería devolvérselo a Naruto.
—Esa pobre muchacha. —Mikoto recogió el papel plegado y lo dejó en el nuevo tocador de Hinata junto con el abanico—. Debo decirle a Fugaku lo que dijiste de Sasuke anoche. Puede que quiera a mi hijo porque es mi hijo, pero no me gusta en lo que se ha convertido y si ahora trama un asesinato...
—No digas nada sobre eso —dijo Hinata—. Estaba furiosa cuando dije lo que dije y furiosa cuando Sasuke me entregó esa botellita. Solo supuse que era veneno, aunque él dijo que no lo era, y ni siquiera lo comprobé para asegurarme, así que tal vez no lo fuera. Es verdad que lo detesto, y si lo desheredan no verteré ni una lágrima. Pero no pueden acusarlo de algo peor de eso que tú ya sabes, de seducir muchachas inocentes.
Y por lo visto ha dejado de hacerlo desde que Fugaku le advirtió que cesara. Además, ahora Naruto está firmando un documento en el que promete que ya no lo retará a duelo. Eso debería ponerle punto final al asunto.
—Creo que de todos modos lo haré vigilar, solo para estar segura. No sería la primera vez que me veo obligada a hacerlo.
Primero el almuerzo y después la cena. Hinata empezaba a pensar que aquel día Mikoto no se despegaría de su lado, pero no le molestaba en absoluto, estaba acostumbrada a la interminable cháchara de su tía. Sin embargo, aquel día no parecía nerviosa, tal como Hinata la recordaba cuando era niña; ese día Mikoto se afanaba en que su sobrina no pensara en él, y casi siempre funcionaba.
—Tu tío quiere hablar contigo, soltarte una suerte de discurso formal, ahora que disfrutarás de tu temporada social.
—Preferiría que no lo hiciera.
—No, hoy no, desde luego. Le expliqué que estás acongojada y él no sabe cómo enfrentarse a la congoja, pero ¿en otro momento de esta semana? Evitará que él baje para ver por sí mismo a quién estás recibiendo.
—No estoy recibiendo a nadie.
—Sí, lo harás. Estoy aceptando todas las invitaciones que recibo y habrá muchas más una vez que anuncien que ahora serás una auténtica debutante.
—No te pases —había dicho Kurenai durante aquella discusión—. Ella necesita tiempo para superar el hecho de que el zorro no impidió que abandonara su casa.
—Tonterías. —Mikoto no estaba de acuerdo—. Necesita distraerse mucho, muchísimo, para no tener tiempo de pensar en ello...
Kurenai la había interrumpido para decirle a Hinata lo siguiente:
—Dale una semana y él acudirá y llamará a tu puerta.
Hinata le dio dos semanas, dos semanas ajetreadas, pero no vio a Naruto en ninguno de los eventos a los que Mikoto la acompañó, y, finalmente, descubrió el motivo a través de su amigo Kiba, Naruto había regresado a Konoha Park casi inmediatamente después de su... boda no celebrada. Que hubiera abandonado Londres y al parecer renunciado a ella la entristeció todavía más y deseó volver a encontrarse en Konoha Park; conservaba tantos recuerdos de los días pasados en aquella bella y salvaje región del norte: lo mucho que se divirtió conociendo a Naruto, montando en Rebel a través de los brezales y encontrando a Kitsune... ¿Cuántas veces podía rompérsete el corazón?
Pero su tía se esforzó por llenar sus días con distracciones. En cada evento estaba rodeada de pretendientes y estos no dejaban de llamar a su puerta; se volvió tan popular como Mikoto había pronosticado.
Hinata logró evitar la conversación con su tío durante al menos una semana, pasando junto a su puerta de puntillas ¿por qué siempre la dejaban abierta? o a la carrera cuando lo oía hablar con un criado. Pero, finalmente, él acabó por ladrar su nombre, obligándola a entrar en la habitación. Aún no se había recuperado del viaje a Londres y aún no estaba dispuesta a ayudarle a mitigar el dolor de sus articulaciones, que lo obligaba a guardar cama, menos aún ahora que sabía que en realidad su tía no lo quería. Hacía unos días, cuando Hinata sugirió ayudarle, Mikoto se resistió, afirmando que ella no querría que apareciera en la planta baja y ahuyentara a sus pretendientes, ¿verdad?
Pero a lo mejor sí que quería, puesto que no estaba precisamente interesada en ninguno de esos pretendientes.
—¿Tienes algunos nombres para mí? —había preguntado Fugaku cuando ella se acercó a su cama.
—¿Nombres?
—Tu madre me ha asegurado que si lo dejamos en tus manos, encontrarás un mejor partido que el que nosotros pudiéramos escoger para ti. Así que dime en quién estás pensando y alza la voz, muchacha: me estoy volviendo muy sordo.
Eso había ocurrido la semana pasada y aquel día Hinata fue incapaz de recordar un nombre, ni uno, porque en ese momento no estaba preparada para ese debut; no podía dejar de pensar en Naruto y aún tenía ganas de llorar, así que mencionó el único nombre que se le pasó por la cabeza, aunque solo había visto a ese hombre una vez más desde aquel baile al que asistió con Naruto.
—Kiba Inuzuka.
—¿De verdad? —Fugaku había parecido sorprendido—. Conozco a los Inuzuka, el marqués y yo pertenecemos al mismo club. Buen linaje, influyente, adinerado... Su hijo no es una mala opción, a pesar de que no heredará el título. ¿Quién más?.
Hinata había inventado algunos nombres más, que su padre rechazó de inmediato diciendo: «No lo conozco» y «No, a ese tampoco», y por fin, añadiendo en tono severo: «Quédate con el cachorro de los Inuzuka.»
Ella le aseguró que lo haría pese a que no tenía la menor intención de hacerlo, pero sirvió para que pudiera escapar. Había otras cosas que la ocupaban tras leer la carta oculta de Ino. Finalmente las lágrimas dejaron de brotar cuando unos días después recibió el regalo de Naruto.
En la nota que lo acompañaba solo ponía: «Por tu cumpleaños.» Sin saludo, sin felicitaciones y sin firma. Solo Naruto podría haber encargado el retrato contenido en ese relicario para ella, y debía de haberlo hecho antes de la cancelación de su boda, así como asegurarse de que se lo entregaran. Y todo ello antes de abandonar Londres. El relicario albergaba un retrato diminuto de la cabeza de un perro rojo... o de un zorro: Kitsune. Le pareció increíble que se lo hubiese enviado en vez de limitarse a tirarlo a la basura, pero fue entonces cuando Hinata decidió que lo reconquistaría buscando pruebas de que Ino no había tenido la intención de suicidarse, al menos no antes de dar a luz a su bebé. Lo único que quería era que su madre dejara de aceptar invitaciones para que Hinata pudiera...
—No te estás divirtiendo, ¿verdad? —preguntó Mikoto esa noche, durante el segundo baile al que Hinata asistió.
—No mucho —contestó ella, suspirando—. Sé que estamos haciendo lo lógico, continuar tal como lo hubiéramos hecho, pero han sucedido demasiadas cosas y...
—¡Dios mío, no vuelvas a llorar! —Mikoto se apresuró a acompañar a su sobrina a una terraza no muy concurrida—. Te prometo que eso que sientes pasará. Había confiado en que a estas alturas estos entretenimientos ya te hubieran levantado el ánimo. Otro hombre te haría olvidar a aquel, si solo le dieras una oportunidad a uno de ellos.
—¿Y si no quiero dársela?
Mikoto le rodeó el hombro con el brazo.
—Debería haber sabido que un corazón destrozado no se curaría en unas pocas semanas. Llora si quieres, cielo. Diremos que solo se debe al polvo.
Hinata casi rio, pero dijo:
—No pensaba volver a llorar. Esa carta que Ino Uzumaki escondió en el abanico supuso una distracción suficiente. Era de una abadesa que le decía a Ino que ya había encontrado una maravillosa familia, oriunda de la pintoresca ciudad de Sevenoaks en Kent, que se haría cargo de su bebé y le brindaría el mismo afecto que a un hijo propio. La abadesa esperaba que Ino no tardara en llegar a su casa de niños abandonados, donde podría dar tranquilamente a luz.
—Nadie da a luz tranquilamente —insistió Mikoto—. Es absolutamente imposible.
—Estoy segura de que la abadesa se refería a un ambiente tranquilo. Pero, sea como sea, no parecía que Ino tuviera intención de suicidarse, aunque Naruto cree que sí y, en gran parte, esa es la causa de su ira. Ahora no estoy segura de que realmente fuera su intención.
—¿Crees que primero se marchó para tener el bebé en secreto?
Hinata parpadeó.
—Puede ser. O que esa fuera su intención y murió antes de poder dar a luz.
Mikoto se quedó boquiabierta.
—¿Estás diciendo que quizá tengo un nieto o una nieta en alguna parte de Inglaterra?
—Chitón, baja la voz, tía. En realidad no lo creo en absoluto. Creo que aquel día su muerte fue un accidente. Encontraron su cuerpo y lo identificaron, así que era ella y no tuvo tiempo de tener primero al bebé. Se enamoró de Sasuke durante su primera temporada social y murió aquel otoño, hace casi dos años, antes de que nadie supiera que estaba embarazada a causa de aquella imprudencia.
Mikoto suspiró.
—Ya son dos nietos que jamás conoceré. Quiero algunos nietos, ¿sabes? Lo esperaba con mucha impaciencia.
Puesto que Mikoto lo había afirmado lanzándole una mirada elocuente que, con toda claridad, decía: «Date prisa y bríndame algunos», Hinata se apresuró a proseguir:
—Pero si estoy en lo cierto y aquel día Ino no murió por su propia voluntad, ello podría cambiar la manera en la que Naruto percibe el asunto por completo. Al fin y al cabo, Ino participó voluntariamente en la seducción, así que Sasuke solo carga con la mitad de la culpa, pese a que engañó a la muchacha. Y si yo pudiera demostrárselo tal vez acabe con el odio que siente por nuestra familia.
—No cuentes con ello, cielo. Los hombres ven estos asuntos de un modo diferente.
Para lord Uzumaki, Sasuke se condenó a sí mismo cuando se negó a casarse con su hermana.
—Sin embargo, me gustaría demostrar que mis sospechas son ciertas; a lo mejor la abadesa aún posee una carta de Ino donde les pregunta a las monjas si puede entregarles a su bebé para que ellas lo den en adopción. Después podría muy bien haber regresado a su casa afirmando que había perdido la memoria, etcétera.
—O largarse y después suicidarse de verdad... y si eso es lo que pone en su carta entonces no es algo que querrás mostrarle a Uzumaki.
—Ella no confesaría semejante cosa a una monja —insistió Hinata—. Pero quizá la abadesa sepa qué ocurrió.
—Muy bien, ¿dónde está esa casa de niños expósitos? Mañana les haremos una visita a las monjas, solo para asegurarnos.
Hinata sonrió agradecida, pese a que sabía que depositaba demasiada confianza en el resultado. Era muy posible que Ino hubiera tenido la intención de navegar hasta la casa de niños abandonados aquel mismo día, y solo simular que había desaparecido en el mar para que nadie la buscara, pero en vez de eso había quedado atrapada en la tempestad. Hinata no podía sugerirle nada más allá de eso a Naruto, no cuando recordaba cómo él repetía esas palabras de Ino que aparecían en las páginas faltantes del diario: que su intención era «hallar paz y consuelo en el mar». Ino realmente quería morir, sintió que no le quedaba otra opción, pero al parecer no había querido matar a su bebé junto con ella. Primero quiso tenerlo y asegurarse de que gozara de un buen hogar, antes de poner fin a su vida. Si era verdad, era necesario que Naruto supiera al menos eso: que la muerte de su hermana había sido un accidente.
Eso tal vez le ayudaría a reponerse de la pérdida.
Y le brindaría a Hinata un motivo para volver a verlo...
.
.
Continuará...
