Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


BRIGHTER

Capítulo veinticincoTocón

El fin de semana elegido para la hoguera de los árboles de navidad acabó siendo lluvioso, tanto que Jasper y sus amigos lo pospusieron una semana. Originalmente, se suponía que debía trabajar en Coconuts ese viernes por la noche y la mañana del sábado siguiente, pero conseguí cambiar el turno con Siobhan cuando los planes cambiaron.

―¿Por qué no dejas Coconuts? ―preguntó Irina una tarde de esa semana.

Encogiéndome de hombros, le di un trago a mi refresco.

―Aquello me gusta. Es tranquilo. Además, fueron los primeros en darme trabajo cuando llegué aquí. Me siento un poco apegada.

―Te sientes obligada ―corrigió Irina amablemente.

―Vale, sí, algo así, pero es más que eso.

―Bueno, si alguna vez decides venir aquí a tiempo completo, sé que Edward podría darte más turnos a la hora de la comida.

Asentí, sabiendo que eso era cierto. Antes de llegar a St. Croix, nunca me había imaginado como el tipo de persona al que se le daría bien servir mesas. La mayoría de mis trabajos antes y durante la universidad habían sido de oficina. Pero servir se me hizo fácil y descubrí que me gustaba.

Al final, tendría que pensar en cómo usaría mi titulación en la vida que llevaba. Me había licenciado en comunicaciones, centrándome en organizaciones sin ánimo de lucro y cómo recaudar fondos. De adolescente, siempre me había interesado el servicio a la comunidad, más allá de lo que había sido necesario para graduarme, así que ir en esa dirección me había parecido algo natural.

Había mucha historia y cultura en St. Croix, y muchas sociedades cuyo fin principal era mantenerla con vida. Eso me llamaba.

En cualquier caso, era algo para el futuro. Por el momento, iba a ir paso a paso.

* . *

―¿Estás lista, Bella?

Asentí, cerrando la cremallera de mi mochila y cogiendo un saco de dormir del armario del pasillo.

―¿Seguro que no quieres esto? ―pregunté―. Es calentito...

―Ahí solo cabe uno. Mi tienda es perfecta. Para los dos.

Riendo, volví a echar el saco de dormir al armario.

―Vale, pero si me quedo fría esta noche, te vas a enterar.

―Eso estaba esperando ―dijo, ganándose un golpecito en el brazo... y un beso en la mejilla.

Fuera, el tocón del árbol de navidad de Edward asomaba por la parte trasera de la camioneta. Jasper, Alice y las niñas se habían ido un poco antes, queriendo asegurarse de que todo se preparaba bien en Ha'penny Beach.

Puse mis cosas en un hueco vacío en la parte de atrás antes de subirme delante con Edward.

―Estoy entusiasmada. Me encanta acampar ―dije.

Edward pasó sobre un bache en la carretera, echándome una mirada.

―¿Sí? A mí también.

―Solía ir con mi padre, en Washington. Conducíamos hasta este pequeño pueblo llamado Forks, de dónde es su familia. Aquello es precioso... los árboles más altos y verdes que jamás has visto.

―Me gustaría verlo ―dijo Edward.

―Lo harás ―prometí, añadiéndolo a mi lista mental de cosas que queríamos compartir.

Ha'Penny estaba en la costa sur. Nos llevó unos quince minutos llegar allí y luego otros cinco bajar por el camino de tierra. Ya había una buena cantidad de coches aparcados y, en la distancia, el brillo de una hoguera se hacía evidente. Edward aparcó de culo, para que fuera más fácil sacar el árbol.

Jasper se acercó -debía de habernos visto llegar.

―Hola, chicos ―nos saludó―. Déjame ayudarte, Ed.

Esperé hasta que tuvieron el árbol para encargarme de nuestras bolsas. En la playa, Leah, Rachel y muchos otros niños saltaban y jugaban, levantando la arena con sus piececitos. Un chico estaba haciendo hamburguesas y perritos en la parrilla, y se había colocado un bar improvisado formado por neveras.

Se escuchó un jaleo cuando Edward y Jasper lanzaron el árbol al fuego, y las llamas subieron hacia el cielo cada vez más oscuro. Reconocí un par de caras, pero no todas; Edward me presentó rápidamente antes ir a montar la tienda.

Fue una reunión muy tranquila, que duró hasta altas horas de la noche.

Cuando la comida se terminó, Rosalie, la chica de Emmett, trajo pinchos y nubes de azúcar -un dulce final a una noche perfecta.

Edward había tenido razón sobre su tienda; era una de esas grandes, para nada como las pequeñas tiendas en las que Charlie y yo teníamos que dormir encogidos en su día. Nos metimos cerca de las dos de la mañana, adormilados.

Hubo un momento de la noche en que Edward me despertó, sacudiéndome suavemente.

―Quiero enseñarte algo.

―¿Ahora? ―Bostecé.

―Sí, acabo de verlo al ir a mear.

―Gracias por la imagen. ―Bostecé de nuevo, siguiendo a Edward a la orilla del mar.

Metimos los pies.

―Ahí, ―susurró.

Entrecerrando los ojos en la oscuridad, intenté ver lo que Edward veía, pero no pude.

Él me agarró el brazo.

―Ahí.

Y entonces lo vi: pequeñas cosas brillantes, que se acercaban cada vez más según el agua rompía en la orilla.

―¿Qué es? ―Solté un grito ahogado, agachándome para mirar mejor.

―Bioluminiscencia ―dijo Edward, agitando un poco el agua. El brillo pareció crecer un poco en intensidad―. En realidad son algas, pero... brillan en el agua. Mola, ¿verdad?

―Es increíble ―dije con otro bostezo, deseando poder embotellar y guardar esa belleza―. Gracias por levantarme para enseñármelo.

Fuimos cogidos de la mano hasta la tienda. Y, mientras me quedaba dormida, sentí a Edward acercarme a él, apoyando mi espalda contra su pecho.

―Te quiero.

―Yo también te quiero ―susurré.


¡Hola!

Dios mío, no actualizo desde fin de año. No me había parecido que hubiese pasado tanto tiempo. Lo siento. Intentaré actualizar mañana y el viernes de nuevo.

Mientras, ¿qué pensáis de este capítulo? Sé que no pasa mucho, pero estoy deseando oír vuestras opiniones.

Y estamos ya en la recta final con esta historia. Solo quedan 9 capítulos y prometo no tardar en subirlos.

Hasta mañana.

-Bells :)