CAPÍTULO 30

—¿Dónde estamos yendo? —Pregunto volviéndome hacia Rodrigo. Está al volante y con la mirada concentrada en la carretera. No ha hablado mucho y eso es extraño. Me esperaba algún reproche, pero nada.

—Tengo el deber de llevarte al aparcamiento de una pista de aterrizaje apartada. Tienes que ver a una persona. —Me informa.

—¿Quién es? —Pregunto alarmada. Nunca habíamos hablado de incluir a otras personas, pero algo me dice que esto formaba parte de su plan…

—No seré yo quien te lo diga, pero que sepas que es algo bueno. Parece diferente, ya no tiene ese aire arrogante que lo acompañaba la última vez. Su teléfono comienza a sonar, ambos miramos la pantalla que se ilumina. El latido del corazón acelera, mi cuerpo se paraliza. El nombre de Sasuke continúa parpadeando hasta que él no rechaza la llamada. Me muevo frenéticamente en el asiento. Me está llevando donde él, es por esto por lo que no me quería decir nada.

—Trabajas para Sasuke, ¿verdad? —Pregunto con un hilo de voz. Agarro la manilla de la puerta y durante un instante considero la posibilidad de abrirla, pero luego pienso que sería un idiota si lo hiciera. Correría el riesgo de hacer daño al niño sin contar que yo podría herirme seriamente.

—Es complicado de explicar. Verás que cuando lleguemos a nuestro destino todo se aclarará. Su tranquilidad me pone de los nervios. Reacciono instintivamente y comienzo a gritarle.

—¡No quiero ir a ninguna parte contigo!, ¡déjame bajar inmediatamente!, ¡no quiero verlo, no quiero tener nada que ver con él y su mundo! ¿Cómo he podido ser tan estúpida? Debía imaginar que detrás de todo esto estaba Alexander.

No se detiene, responde acelerando. Mi cuerpo rebota. Es un trastornado como todos los hombres que pertenecen al mundo de Sasuke. Respiro a duras penas mientras miro la carretera. Falta poco para llegar al aeropuerto y no tengo escapatoria. No puedo dejarme arrastrar de nuevo sin rebelarme. Un resquemor me invade subiendo por la garganta y saliendo en forma de grito. Golpeo las manos sobre la guantera, estoy furiosa. Mi cuerpo está fuera de control.

—¡Eh, tranquilízate! No es lo que crees —Intenta decirme mientras me posa la mano en el hombro. Lo miro con agresividad y retira la mano. Sería capaz de cometer un homicidio en este momento, lo cual no me diferenciaría de ellos.

—¿Qué debería creer?, ¡explícamelo porque mi vida es un infierno! —Grito. Me quema la garganta e instintivamente la acaricio. No entiendo de dónde sale esta parte agresiva, no es típico en mí.

—¡Fue Sasuke quien me contrató! —Declara. Me vuelvo de sopetón hacia él, estoy sorprendida. Fue él. Todo ha sido una farsa. No tenía intención de liberarme.

—¿Por qué? Nunca volveré a Rusia, él lo sabe. ¿Por qué liberarme? Niega con la cabeza disfrutando de la situación mientras mantiene la mirada fija en la carretera. No encuentro qué es tan divertido, ¡cabrón! Siento la necesidad desesperada de ponerle las manos encima, pero luego pienso que perdería, es más fuerte que yo, y encima está conduciendo.

—Porque es débil. Se ha dejado llevar por la sensación de culpa. Te ha liberado convencido de que volverías donde él. Elígeme. Eso había escrito. Aun sabiendo quién es él, quería que lo eligiera, lo esperaba. Un vuelco al corazón. Ha ido en contra de sus principios, ha dejado de lado a sí mismo por mí. Me ha dado la opción y yo me he marchado. Se esperaba una demostración que nunca le he dado.

—¿Se ha cansado de esperar?, ¿es esta la idea que tiene él de dejar escapar a las personas? —Pregunto con mal sabor de boca.

—En realidad… —Se interrumpe deteniéndose en el aparcamiento prácticamente desértico. Ha elegido una pista privada, lejos de ojos indiscretos. —Ya no trabajo para él. He recibido una oferta mejor. —Declara con expresión maléfica, Lo miro aterrorizada mientras él escribe un mensaje con el teléfono. ¡Escapa, Sakura!, grita mi conciencia, pero yo no consigo moverme. Estoy petrificada. Si ya no trabaja para Alexander, ¿para quién trabaja?

—Baja, tienes que conocer a alguien. —Ordena con seriedad. Miro por la ventana y veo a un hombre de unos cincuenta encaminarse hacia nosotros. Alto, pelo cano, mirada severa. Se coloca el abrigo negro mientras se acerca cada vez más. Parece que quiere causar una buena impresión, pero tal vez sea solo fruto de mi imaginación. Mi corazón se desboca con cada paso

que el desconocido realiza hacia mí. ¿Quién es?, ¿qué quiere de mí? Rodrigo baja y da la vuelta al coche, abre mi puerta, pero yo no me muevo. Estoy aterrorizada. El desconocido se detiene a pocos pasos de mí, inclina la cabeza y sonríe. No es una sonrisa inquietante, todo lo contrario. Qué raro. —Sakura, él es Vladan Kensko.

Mi mundo se derrumba. Dios mío, estoy a punto de morir. Rodrigo me ha servido en una bandeja de plata al peor enemigo de Sasuke. Los dos hombres me miran esperando a que reaccione. ¿Puedo escapar?, ¡no, no iré a ninguna parte! Estoy aquí por un motivo y no puedo hacer nada para cambiar las cosas.

Me pregunto cómo y cuándo me matará. Tal vez antes quiera torturarme y contar a Alexander todos los detalles. Me tiemblan las piernas, tengo miedo. No quiero morir, ¡no he hecho nada para merecerme esto! Los recuerdos afloran rápidamente como queriendo recordar por última vez mi vida antes de que todo acabe. Me pican los ojos, me entran ganas de llorar, pero me contengo. Estoy a punto de morir y estoy aterrorizada.

Miro a Vladan a los ojos y él me incita a bajar con un gesto de la mano. Obedezco como un robot. Bajo del coche, pero no me acerco. A duras penas me mantengo en pie. Estoy muriendo de miedo ya antes de que me hagan daño. Los músculos de su rostro se contraen mientras se acerca eliminando la distancia entre nosotros.

Cada paso es como una cuchillada clavada en el corazón. Voy a morir, no paro de repetirlo. Se detiene, levanta la mano y yo cierro los ojos de sopetón. ¡Que alguien me ayude, no quiero morir! La piel de mi rostro entra en contacto con algo caliente y abro los ojos de golpe. ¡Me está acariciando!, ¡esto es una locura!, ¡esta gente está enferma y retorcida!

—¡Por fin te encuentro! —Exclama satisfecho. Sucede algo que nunca habría imaginado, una situación surrealista. ¡Me abraza! Permanezco quieta como un trozo de hielo, confundida y con el corazón latiendo a mil. ¿Qué diantres está sucediendo?, ¿por qué me está abrazando? Parece cariñoso y no me explico el motivo. —Rodrigo, gracias por habérmela traído. —Se dirige a ese cabrón mientras continúa abrazándome. Me rebelo y lo empujo alejándolo.

—No me toque —Grito retrocediendo. Miro a uno y luego al otro desconcertada. Estoy desorientada y la situación solo empeora.

—¡Me has vendido aun sabiendo que me matará!, ¿Alexander no te ha dado suficiente dinero? —Grito a pleno pulmón desesperada.

—Nunca te he querido matar, ¿cómo piensas esas coas? —Protesta Vladan mirándome sorprendido.

—Uno de sus hombres me apuntó con la pistola y estaba dispuesto a matarme. ¿Qué cree que debería pensar? —Respondo. Estoy temblando, tengo miedo. Temo por mi vida y esta vez nadie vendrá a salvarme. Rezo para que ocurra un milagro, y lo peor de todo, es que rezo más que nunca para que Sasuke me encuentre. Es increíble en este momento pensar que mi única salvación es él. ¿Alex dónde estás?, ¿por qué no estás aquí?

SASUKE

Observo su foto, sus ojos me sonríen. Por primera vez estoy asustado, tengo el terror de no volver a verla nunca más. —¿Cuánto se necesita para abrir la puerta? —Mascullo irritado. Es una carrera contra el tiempo. Tengo que llegar antes que Vladan, de lo contrario será el fin, la habré perdido para siempre

. —Uspokoysya. —Dice Ivan dándome una palmadita en la espalda. Lo miro con desprecio. ¿Cómo puedo tranquilizarme? Están a punto de destruir a la mujer de mi vida y yo tengo la culpa.

—Tengo que llegar antes de él, de lo contrario, la perderé. Doy un puñetazo a la puerta, pero no ayuda a descargar la tensión. Mierda, tengo que llegar antes. Ese cabrón de Rodrigo lo pagará caro por haberme traicionado. Me fiaba, pero no del todo, por eso he controlado su teléfono en todo momento.

Cuando he escuchado la conversación entre él y Vladan se me ha derrumbado el mundo. Ese hombre, con tal de tenerla, está dispuesto a gastar cualquier cifra, y Rodrigo, como buen mercenario, ha aceptado. Tienen que verse en una pista de aterrizaje apartada, y es justamente ahí donde estoy. Es una carrera contra el tiempo y no sé si conseguiré volver a recuperar a mi Sakura.

Tengo que verla y explicarle todo antes de que lo haga él. Cuando bajamos del jet, mando a mis hombres posicionarse en la salida del aparcamiento. En el caso de que algo salga mal, tienen orden de bloquear la salida y matar a cualquiera que trate de escapar. Estamos expuestos, y por mucho que el aparcamiento esté aislado, tenemos que ser prudentes y no llamar la atención.

—¡Estamos preparados! —Me informa Liam llevándose con sé dos bolsones con armas que espero no usar, al menos en su presencia.

—Usad los silenciadores si es necesario, no tenemos que llamar la atención. Ivan, dame una 9 mm. —Digo con frialdad. No puedo dejar que las emociones se apoderen de mí, no debo mostrarme débil. ¡Ha llegado el momento de enseñar a Vladan quién es Sasuke Volkov! Una guerra que progresa desde hace años y todo por un estúpido error. Ella ha cambiado todo. Mi peor castigo ha sido enamorarme de ella.

—¡Sasuke! —Me llama mi hermano Ivan. No me había dado cuenta de que ya habíamos llegado.

—¡Ahí están! —Dice señalando dos coches al fondo del aparcamiento. La veo, es hermosa. Está en pie, ante Vladan y junto a Rodrigo. No sé cómo acabará esta vez, solo ruego que me perdone. La verdad destruirá el amor que siente, pero rezaré para que no sea así.