-Oh, Potter…

De entre medio de la oscuridad, surgieron dos figuras. Una de ellas era Harry, un muchacho de veinte años cuyas cicatrices denotaban todo lo que los años habían hecho con él, una imparable lucha por el mundo mágico y también el muggle que jamás parecía terminar. Su cabello, que en esos meses de viaje había crecido descontroladamente, llegaba hasta sus hombros ahora, y caía empapado sobre su cara y su barba.

Harry alzó la mirada, sus ojos verde esmeralda hacia su agresor. La mirada de Harry no transmitía temor, pero incluso su infinita valentía perdía importancia ante la temible figura que se alzaba ante él.

-Tanto tiempo esperé este momento… -dijo aquella voz, al tiempo que una varita mágica asomaba por debajo de la manga de una túnica negra-. Tanto tiempo estuve planeándolo…

Harry sacó su propia varita y la sostuvo hacia adelante, lista para atacar.

Una carcajada siniestra resonó en la noche, y ambos empezaron a moverse en un círculo, uno enfrentado al otro, se movían en el mismo sentido, sus varitas hacia adelante, sus miradas conectadas por algún hechizo invisible. Una chispa los separaba de la explosión que se avecinaba y el relámpago que resonó sobre ellos fue un disparo que marcaba la hora de empezar, que se acercaba cada vez más.

La tensión se olía en el aire.

-Por fin, Potter, acabaré contigo… Esta vez, nada lo va a impedir… Esta vez, no vas a escaparte.

Harry apretó su varita con todas sus fuerzas, buscó el poder en su interior, se preparó para la batalla.

-Y cuando eso haya pasado… -continuó la misteriosa figura encapuchada ante él-, entonces, yo gobernaré a todo el mundo mágico y muggle. Todos responderán a mí. Se inclinarán ante mí. Voy a matar a tus amigos, Potter. Escupiré sobre sus cadáveres. Los pisotearé a todos ellos, y me burlaré de sus patéticas muertes.

La carcajada maligna hizo eco todo alrededor de una forma siniestra y malvada.

-Y tú… -hizo una pausa antes de finalizar su discurso-. Tú, Potter… Tú vas a estar muerto mucho antes de todo eso. Esta vez, no habrá jugadas a tu favor. No habrá segundos de ventaja para que te escondas tras una lápida. No habrá complejas artimañas de varitas ni magias extrañas que impidan que el maleficio asesino te golpee. No habrá nadie saltando ante ti para salvarte, ni peleando para defenderte. Porque esta vez, Potter, esta vez estás solo. Solo aquí conmigo. Tu varita y la mía no tienen relación. Tu cuerpo y el mío no tienen conexiones. Solo eres un pobre muchacho sin fuerzas, solo en medio de la nada, solo sin nadie, y conmigo. ¡Y AHORA, MORIRÁS!

Ambas varitas se alzaron adelante a la vez, y dos gritos resonaron en el aire al tiempo que los hechizos salían disparados de sus varitas:

-¡EXPELLIARMUS! -gritó Harry, saltando a un lado y tratando de protegerse de los rayos de luz que se acercaban a él a toda potencia.

-¡AVADA KEDABRA!


Harry Potter y el Magic World Tour

Parte 3: Asia

Febrero 2020